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Análisis

Mario Hezonja: Un talento problemático

pablobaena93@gmail.com'

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Las prisas nunca fueron buenas. Esto, quizás, se pueda aplicar a casi todas las situaciones de la vida. De Dubrovnik a Zagreb y de Zagreb a Barcelona con tan sólo 17 años. Cuando llega a las dos decenas de vida, los Magic se lo llevan a Florida eligiéndole en el Top 5 del Draft.

Quizás ahí esté uno de los principales problemas para Hezonja. Su evolución de promesa a estrella siempre estará supeditada a su elección en el Draft de 2015. Pero una gran elección también tiene una cara oculta: la presión a la que estará sometido el jugador croata para cumplir las expectativas creadas en torno a él.

Entra en juego, además, el cambio de estilo en los Magic. De Skiles a Vogel. De proyecto a fuego lento a buscar resultados inmediatos. En un proyecto a corto plazo la paciencia en el desarrollo de las promesas se reduce en favor de los resultados, de las victorias.

Fournier, Gordon, Ibaka y Vucevic serían las piezas más destacadas de los nuevos Magic. Hezonja buscaría sus minutos desde el banquillo, aprovechando lesiones y descansos en los jugadores principales. Hasta ahora –en el momento de escribir estas líneas–, el proyecto de los Magic no ha terminado de arrancar. Con un pobre balance (18-29) para, siquiera, meterse en Playoffs, lo último que se diría del conjunto dirigido por Vogel es que sacrificaron la paciencia para buscar resultados.

En el caso de Mario Hezonja, la exigencia en forma de victorias no es lo más conveniente para su evolución como jugador. Sin embargo, hasta ahora, el croata tampoco es que haya hecho méritos para ganarse, al menos, un poco de paciencia en un proyecto, como se supone, en busca de resultados inmediatos. Ni en Barcelona ni en los Magic llegó a demostrar una pizca de regularidad que dejara entrever que podía ser el líder de una futura plantilla. Sí demostró una gran calidad durante ciertos momentos y partidos, minutos donde atraía todas las miradas de los presentes. Tanta calidad tuvieron esos momentos que darían a Hezonja una gran posición en el Draft, una gran confianza por parte de su franquicia y una gran presión de todo lo que rodea al jugador.

Para un rookie elegido en los primeros puestos del Draft sólo existen dos opciones: triunfar o defraudar. Por un lado tenemos a Porzingis; en el otro extremo, a Hezonja.

En su temporada como novato, el croata ya comenzó a dejar sensaciones que no casaban con su puesto en el Draft. Con el paso del tiempo, las sensaciones se fueron tornando en realidad. Tuvo partidos para demostrar su calidad (jugó 79 partidos, 9 de ellos como titular), aunque no contó con el tiempo deseado: en solo 18 minutos por partido, Hezonja apenas llegaba a los 6 puntos, 2 rebotes y 1 asistencia por noche. Números muy pobres para lo que debiera ser su impacto en el juego de unos Magic que confiaban parte de su futuro en la perla balcánica.

Los murmullos corrían por el Amway Center de Orlando. Quizás era cuestión de tiempo que el joven Mario, aquel croata que llegó desde Barcelona, comenzara a funcionar.

El cambio de rumbo llega a los Magic. Skiles es sustituido por Vogel. Además, Oladipo, Ilyasova y el joven Sabonis se marchan a Oklahoma City a cambio de Ibaka. El futuro de la franquicia se confiaba en hombres como Gordon o Vucevic. El giro de la franquicia no afectaba, al menos directamente, a Mario Hezonja. El croata tendría una segunda temporada para demostrar su valor.

Mario Hezonja

Foto: Orlando Magic Daily

Si bien, las dudas y los murmullos no tardaron en correr por los despachos de los Magic. Los números de Hezonja en su temporada sophomore han descendido considerablemente hasta la mitad de su anterior campaña: en 9 minutos por partido, apenas llega a los 3 puntos, 1 rebote y 0’5 asistencias. La paciencia por el croata va llegando a su fin y no se divisa ninguna opción en el horizonte. Al menos, una opción correcta y que permita al jugador evolucionar como debiera.

En los últimos tiempos, las ausencias de Fournier, Jodie Meeks o C.J. Wilcox daban esperanzas para que Hezonja aprovechara esos minutos en pista y pudiera dejar motivos que generaran confianza. Hasta ahora, nada más lejos de la realidad: sigue sin estrenarse como titular y sus minutos no han aumentado como debieran, ocupando la mayoría la pareja Augustin – Payton.

Pero, ¿cuáles son las opciones que tienen los Magic para sacar provecho a Hezonja? En este momento se abren tres caminos bien diferenciados.

En primer lugar, buscarle acomodo en los Erie BayHawks, equipo afiliado a los Magic en la D-League. Trabajar en su evolución y vuelta a la confianza en un equipo donde pueda contar con minutos para explotar su calidad. Pero la fórmula de la D-League lleva consigo sus problemas: hasta el día de hoy, Hezonja no ha demostrado una fortaleza mental que le permita soportar un paso por la Liga de Desarrollo. El no saber cómo reaccionará el croata ante tal situación sólo hace crecer las dudas sobre si es la elección correcta.

Tras un año y medio esperando su explosión, ¿qué más da esperar unos meses más? La segunda opción pasaría por armarse de paciencia, dotarle de minutos y confiar en que todo salga bien, que la confianza llegue. Para mantener en plantilla a Hezonja habría que modificar rotaciones, darle minutos de calidad y buscar opciones ofensivas donde el croata sea protagonista. Y que el jugador responda con concentración y confianza.

Por último, existe la opción de continuar con el proyecto: si ya los Magic se han deshecho de grandes piezas de futuro en busca de piezas para el presente, ¿por qué no hacerlo con Hezonja también? Buscar un trade protagonizado por un Top 5 del Draft, con un gran talento y con sólo 22 años. Esto sería admitir la equivocación con la elección de Hezonja en un puesto tan alto y la señal definitiva de un proyecto a corto plazo en los Magic. Pero claro, también significaría desprenderse de un gran talento de tan solo 22 años…

Quién diría que tener una pieza como Hezonja en tu equipo podría suponer más dolores de cabeza que saltos de alegría. La decisión que deben tomar los Magic en un futuro próximo no es sencilla, lo mismo que ocurre con gestionar tanto talento a tan corta edad con una mentalidad no preparada para ello. Quizás, la solución sea gestionar mejor la cabeza de Hezonja antes que un talento que permanece latente esperando un momento para salir a superficie y explotar.

Pero ese momento llegará y entonces podremos disfrutar del mejor Mario Hezonja. Hasta entonces, solo cabe gestionar y preparar bien una mente que permita, tanto al croata como a nosotros, disfrutar de un gran talento para el baloncesto.

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Análisis

Dwight Howard y su camino a la redención

“Mi ego ha muerto”. Tras años vagabundeando por la NBA, alejado del cariño que antaño le profesaban los fans, Dwitght Howard regresa a la ciudad donde todo se precipitó.

jaime.eguen@gmail.com'

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Conocemos la redención como el camino a tomar para liberarse de algo. En la doctrina cristiana, por ejemplo, se usa este término para referirse al perdón de los pecados y el objetivo de alcanzar la vida eterna. Según cuenta el cristianismo, Jesús murió en la cruz para salvar el mundo y, con su muerte, poder vencer la imperfección humana. Una tarea que fue desarrollando a lo largo de su vida y culminó con su crucifixión. Como Jesús, son muchos los que inician caminos de expiación para limpiar los malos actos pasados y comenzar en paz una vida nueva.

Dwight Howard, una persona profundamente religiosa, ha iniciado su propia peregrinación. El pívot que tanto dominó la NBA durante su etapa en los Orlando Magic, nunca escondió su intención de evangelizar la liga y su profunda relación con Dios. En una entrevista concedida a The Undefeated, el ahora jugador de los Lakers reconoció sentirse perseguido cuando cometió errores a lo largo de su vida y carrera profesional. Su asesor espiritual, el pastor Calvin Simmons es una figura clave en su día a día y según cuenta Howard, su fe actualmente está pasando por su mejor etapa.

“Ahora es más fuerte, mucho más fuerte de lo que era en aquel entonces. He pasado por tantas pruebas. No tienes más remedio que hacerte fuerte”.

Dwight Howard hablando de su fé (víaThe Undefeated’ ).

Dejando a un lado la moral cristiana, el pívot ha regresado a la ciudad de Los Ángeles y ha comenzado su propia redención con la camiseta ‘oro-púrpura’. Como si se tratase de un cuentagotas, se ha ido filtrando información acerca de cuáles fueron los motivos que llevaron a esos Lakers a fracasar de manera tan estrepitosa en su primera etapa en la franquicia angelina. Un quinteto formado por Steve Nash, Kobe Bryant, Metta World Peace, Pau Gasol y el propio Howard, que estaba llamado a marcar una época en la NBA y acabó disolviéndose por la puerta de atrás del Staples Center. La conversión de ‘Superman’ ha sido larga, desde su salida hasta su regreso como hijo pródigo.

El ‘superequipo’ que nunca llegó a ser

Año 2012. La ciudad de Los Ángeles, siempre conocida por su fama y conexión con Hollywood, se preparaba para vivir una emocionante temporada. Los Lakers venían de caer de manera consecutiva en Semifinales de la Conferencia Oeste y se comportaron de manera agresiva en el mercado veraniego. Hecho que les llevó a conseguir Dwight Howard y a Steve Nash, ilusionando a un pabellón que aún tenía recientes los dos Anillos consecutivos. De esta forma, montaban su particular ‘superequipo’, uniendo a uno de los mejores anotadores de la historia, un dos veces MVP, Pau Gasol y el mejor interior del momento, Dwight.

Una plantilla que les colgaba el cartel de favoritos e, incluso, el de equipo invencible. Nada más lejos de la realidad. Los Lakers naufragaron de manera estrepitosa y el proyecto se iba desmoronando a cada día que pasaba. La llegada de una nueva semana conllevaba escándalos que se acabaron traduciendo en la destitución de hasta dos técnicos y el hundimiento de una franquicia que estaba llamada a marcar una época. Un desastre que llevan arrastrando durante muchos años y que, desde esa campaña, les mantiene alejados de Playoffs. Con el paso de los años, poco a poco, han ido saliendo los motivos por los cuales el proyecto no cuajó.

El propio Nash, uno de los tres pilares del proyecto, atendió a ‘The Ringer’ y aportó su propia perspectiva de lo vivido con el conjunto ‘oro-púrpura‘. El base fue autocrítico y reconoció que nunca volvió a ser el mismo tras la lesión que lo mantuvo alejado en el primer tramo de la temporada. A esto se sumó los problemas crónicos que venía arrastrando Howard y la tremenda lesión que apartó a Kobe Bryant de los Playoffs. Además, Pau Gasol, “llegó a esa temporada agotado por jugar con España durante los últimos veranos”, según comentó el canadiense. Una plantilla asolada por las lesiones que, precisamente, no solo contó con ese contratiempo.

Es una realidad que un equipo falto de química está abocado al fracaso. Sin ella, los cambios, las ayudas, la circulación de balón y muchos otros aspectos; resultan tremendamente más complejos. Egos absolutamente incontrolables que dinamitaron un vestuario que no supo adaptarse por el bien común y remar hacia un mismo sentido. El dos veces MVP de la NBA no dudó en señalar la falta de adaptación al principal problema del fiasco: “no sé si habría funcionado. Éramos muchos gallos en el mismo gallinero y todos sabemos lo importante que es la química entre todos los jugadores para que un equipo funcione. Aunque no hubiésemos tenido todos esos problemas, no sé si hubiese funcionado”.

Kobe-Howard, un matrimonio abocado al divorcio

El amor, las relaciones, las amistades… son relaciones que dependen del respeto mutuo y entendimiento por ambas partes. La comunicación y la compatibilidad son la base sobre la que se debe sostener todo, con esas características cumplidas, se puede comenzar a construir. Pues bien, la relación ‘Howard-Kobe’ estuvo ausente en todos estos campos. Dos personalidades muy dispares que jamás gozaron de entendimiento y no supieron comunicarse para poner parches a las numerosas grietas.

Con Dwight Howard ya establecido en Houston, y en una de sus primeras batallas contra Kobe Bryant tras su salida de Lakers. Se vivió una confrontación en la que ambos jugadores discutieron acaloradamente. Precisamente fue en esa ocasión en la que Kobe llamó “soft” al entonces interior de los Rockets. Un jugador que, desde su llegada a la ciudad angelina, vivió una decadencia constante que culminó con su horrendo pasó por los Washington Wizards. De esta forma, Dwight Howard, pasó de ser el pívot más dominante y heredero de Shaquille O’Neal, a buscar equipo y naufragar en la liga.

(Vía @Stadium)

El entonces ‘12’ de los Lakers, siempre estuvo señalado por su actitud infantil y su falta de competitividad. Unas características que contrastaban con todo lo que representaba Kobe Bryant, que siempre fue un competidor obsesivo y un amante de la ética de trabajo. Dwight Howard reconoció encontrarse en una dimensión distinta a la del escolta y no coincidir en la forma de entender el baloncesto: “Nunca había visto a una persona como yo. Alguien que pudiera disfrutar del baloncesto, pero al mismo tiempo no ser tan serio”. Una mezcla que terminó explotando y con el pívot saliendo de la plantilla sin demostrar el nivel alcanzado durante su etapa en los Orlando Magic. Una relación rota y que, hasta hace escasos meses, parecía irreparable.

Los Lakers creen en las segundas oportunidades

Las segundas partes nunca fueron buenas, o al menos eso se suele decir. Cuando una persona te ha fallado una vez, tiende a repetirlo en más ocasiones. En el cine ocurre más o menos lo mismo, son muchos los críticos que reprochan las continuaciones de una buena película y no dudan en criticar esta. Pues bien, los Lakers han roto el tópico y han decidido adoptar a Howard como el hijo pródigo que se equivocó y vuelve a casa con ganas de redención. Una vuelta que cierra el círculo y llega en un momento crucial para la carrera de ‘Superman’.

El pívot de los Lakers presume de haber cambiado todas las actitudes tóxicas que dañaron a la franquicia durante su primera etapa. Abandonado su ego y asumiendo su ‘rol’ de jugador secundario y con labores de ‘albañilería’, se reengancha a la NBA tras tener serios problemas para encontrar equipo durante el verano. Un cambio de actitud que le ha llevado a “enterrar su ego” y declararse al completo servicio del equipo. Un cambio que va acorde con su intención de limpiar su nombre de jugador problemático y que, según ha comentado, viene acompañado del olvido de sus problemas crónicos en el apartado físico. Además, cuenta con la bendición de Kobe Bryant que sorprendió con unas declaraciones en las que mostró su total apoyo a su ex-compañero.

Creo que realmente Dwight aprecia esa oportunidad y que va a tener un gran impacto en el juego“.

kobe bryant sobre el regreso de howard (vía los ángeles times).

Lo cierto es que, en este arranque de campaña, ha demostrado ser un activo valioso para los angelinos y cuenta con la confianza de Frank Vogel. Su futuro dependerá de aprovechar una oportunidad que llegó gracias a la lesión de un Cousins que, probablemente, pueda regresar para los Playoffs (si es que Lakers consigue entrar). La versión que ha mostrado durante este arranque de la temporada es completamente distinta a la de su primera etapa. Ya no cuenta con esa obsesión por demostrar su juego al poste como antaño y Howard deberá, día a día, convencer a sus superiores de su valor en cancha.

De hacerlo, se uniría al selecto grupo de nombres que consiguieron ser ‘una segunda parte de calidad’ como ‘El Imperio Contraataca’, ‘El Caballero Oscuro’, ‘Terminator II’ o la segunda parte de “El Padrino”. Una oportunidad que llega a sus 33 años y que, esta vez sí, puede ser la última. El camino a la redención acaba de comenzar, y muy probablemente sea su prueba más compleja.

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Análisis

L.A. 2020: la gran batalla de nuestro tiempo

La rivalidad en Los Ángeles, por llamarla de alguna forma, ha sido siempre la gran omitida por la historia. Los Clippers nunca representaron una amenaza para los Lakers… Hasta que Kawhi Leonard, el ‘matarreyes’ apareció en la ciudad.

jon@skyhook.es'

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Getty Images

Desde sus lujosos sillones esparcidos por todos los rincones de Estados Unidos, los aspirantes observaron con asombro la caída del Rey que los había sometido sin piedad. Kevin Durant, que había forzado para estar en el quinto choque de las Finales, veía como su tendón de Aquiles se rompía y, para más inri, privaba a su equipo de conseguir el tan ansiado three-peat. Los Warriors habían gobernado con puño de hierro la Conferencia Oeste durante el último lustro, entrando en el debate del mejor equipo de todos los tiempos por derecho propio. Sin embargo, ahora que las campanas tañían para anunciar el desplome de su reinado, todos los aspirantes volverían a tomar las armas.

Se había erigido un nuevo monarca en el Norte. Kawhi Leonard, tras sus vaivenes con Popovich y los Spurs, puso rumbo a Toronto para llevar a Canadá el primer anillo de su historia, en un relato con aires épicos que quedará grabado en los anales de la NBA. Lo tenía todo al alcance de la mano: el estrellato, un equipo compacto y potencial para revalidar el título. No obstante, los atractivos de los Raptors no fueron suficientes para retener a su jugador franquicia, que, bajo un secretismo sin precedentes, decidió retornar a casa.

Unidos por California

Oriundo de Riverside, nunca fue un secreto que Kawhi Leonard algún día volvería a su California natal. Como a todo gran jugador, siempre se le relacionaba directamente con Los Angeles Lakers, franquicia que ha acogido a varios de los más grandes a lo largo de los años. El glamour, la historia, la influencia de leyendas como Kobe Bryant o Magic Johnson, etc. Muchas son las razones por las que The Claw hubiera podido acabar vistiendo el púrpura y oro. En un intenso pulso que se prolongó más de lo esperado, Lakers, Clippers y los propios Raports trataron de hacerse con los talentos de Leonard, quien desojó la margarita hasta el último instante.

Finalmente, y para sorpresa de gran parte de los seguidores, optó por los Clippers. Una franquicia históricamente denostada, considerada el “patito feo” de la liga durante muchos años. No estaría solo en su misión, ya que Paul George, otro californiano con ansias de volver a competir por el anillo, pondría rumbo a Los Ángeles tras su fallido idilio con Russell Westbrook y los Thunder. Después de su mejor campaña en la liga, el de Palmdale decidió unir fuerzas con Leonard para suplantar a los Lakers como equipo principal de la ciudad.

El eterno segundón

Afincada previamente en San Diego, la franquicia de los Clippers se mudó a L.A. en 1984, después de seis campañas. En aquel momento, la existencia de dos equipos en la ciudad generó una expectación que no se convertiría en realidad en los años siguientes, dadas las notorias diferencias competitivas. Los Lakers representaban el poder, con una plantilla plagada de estrellas, mientras que los Clips se posicionaron como “el equipo del pueblo”, poniendo incluso precios más asequibles para los espectadores.

Entre 1986 y 1999, jugaron como locales tanto en el Los Angeles Memorial Sports Arena como en el Arrowhead Pond de Anaheim. Realmente nunca hubo una gran rivalidad, ya que el balance era inmensamente favorable para su equipo vecino. De esta forma, en 1996 la franquicia angelina declinó un acuerdo para establecerse en Anaheim, para después unirse a los Lakers en el Staples Center, que se inauguraría en 1999. Desde entonces ambos equipos han compartido pabellón. La superioridad de los de púrpura y oro no dejó de existir e incluso tuvo el culmen de cinco campeonatos desde que comenzara el nuevo milenio. Una preeminencia inmutable hasta la llegada de Glenn Rivers al banquillo clipper.

El otrora entrenador de los Celtics, y verdugo de los Lakers en 2008, arribó con las ideas claras para cambiar la cultura de aquel equipo sumido en un eterno segundo plano. Desde que el técnico de Chicago cogiera los mandos, siempre han quedado por delante en temporada regular. Al mismo tiempo, en el otro bando todo se volvió dolor y sufrimiento, con cinco cursos consecutivos sin disputar la postemporada. La inercia se había invertido por primera vez.

Los Clippers se colocaron en el mapa NBA bajo el nombre de Lob City. Sus aficionados por fin saboreaban las victorias con asiduidad. Por su parte, en octubre de 2013 Doc decidió tapar con posters los títulos de los Lakers colgados de lo alto del Staples. Decisión que generó gran controversia en el seno de la ciudad y de la liga. Lo veía como algo humillante, reflejo de la situación que había vivido aquel humilde conjunto, siempre a la sombra. Si querían establecer una identidad ganadora, no podían esgrimir los éxitos de su enemigo dentro sus propios muros. Al mismo tiempo, la filtración de unas declaraciones racistas vertidas por Donald Sterling, propietario desde 1981 hasta 2014, no ayudaron lo más mínimo a mejorar la imagen de la franquicia. Más bien tuvieron el efecto contrario. Finalmente, la NBA decidió suspender de por vida al magnate norteamericano, viéndose obligado a poner los Clippers en venta.

Con el paso del tiempo, el proyecto fue quedándose sin margen, cayendo antes de tiempo en playoffs en más de una ocasión. Los Paul, Griffin y Jordan harían las maletas para poder reconstruir el equipo. Una reestructuración con la mirada puesta en el pasado mercado estival, en el que fueron los grandes ganadores. A un plantel que se mostró muy competitivo el último año frente a Golden State, se le unen dos superestrellas superlativas. Probablemente los dos mejores two-way players de la competición a día de hoy. Acompañados de Beverly, Harkless o Harrell, el potencial defensivo de los Clippers es uno de los más elevados de toda la competición. El mundo los mira con otros ojos, de modo que su objetivo es claro: asaltar el Campeonato.

El reto para Leonard será mayúsculo, más incluso que el alcanzado la última temporada portando la elástica de los Raptors. Los Clippers nunca han jugado unas Finales de Conferencia. Kawhi, de la mano de un escudero de lujo como George, deberá rebasar esa barrera para poder brindar a su nueva familia el primer anillo de su historia. Ya lo hizo en Toronto, neutralizando grandes potencias como los Sixers o los Bucks por el camino. Esta vez, la competencia será más dura que nunca, empezando por su rival más cercano e inmediato.

Tras la estela de Jordan

Frente a Leonard estará un hombre en busca de la leyenda. Un rey que perdió su corona, si bien su reinado está aún por concluir. Tras una primera temporada tumultuosa en la disciplina laker, LeBron James regresa más descansado que nunca. El de Akron no se perdía las eliminatorias por el título desde su segunda campaña en la NBA. Su físico lo agradecerá, ya que el año pasado mostró por primera vez síntomas de que el tiempo pasa para todos. El ‘23’ sufrió una lesión en la ingle justo el día de Navidad, en un triunfo ante los Warriors. Por aquel entonces, el equipo se había mostrado notable bajo su liderazgo. No obstante, el problema se dilató en el tiempo e impidió ver al mejor James de vuelta.

En esta ocasión no estará solo al timón. Anthony Davis, gran deseado por la franquicia, llegó para formar una de las mejores parejas de la liga. El coste fue elevado, teniendo que deshacerse del núcleo joven de la plantilla casi al completo, a excepción de Kyle Kuzma. La ceja, talento diferencial en ambos lados de la pista, aterriza como pupilo de un James que podrá delegar en él gran parte del peso ofensivo del equipo. Una vez este decida colgar las botas, los Lakers serán del ex de los Pelicans.

Un James que continúa persiguiendo aquel fantasma de Chicago. La influencia de Michael Jordan en él ha sido algo recurrente durante su largo trayecto hacia el Olimpo. Entró en la competición antes de cumplir los 19, con una presión absolutamente ridícula para un pipiolo de su edad. Pese a los críticos, superó las expectativas. En su sueño por convertirse en el mejor de todos los tiempos, sabe que este puede ser su último viaje y no quiere retirarse antes de lograr otro anillo. Sería el cuarto para él, tercero con una franquicia distinta.

En una mezcla de talento y veteranía, los Lakers han rearmado el equipo de cara al presente curso. Todavía con la herida del rechazo de Kawhi reciente, firmaron a jugadores de renombre como Danny Green, Avery Bradley o Dwight Howard. Gente experimentada que dará un plus defensivo al plantel. El propio Frank Vogel, nuevo entrenador tras la abrupta salida de Luke Walton, aseveró recientemente que pretende construir un cuadro duro. “Quiero ver jugadores por el suelo, si no es que no estamos haciendo nuestro trabajo”, aseguró.

Tras aquel fatídico 13 de abril de 2013, en el que Kobe Bryant se rompió el tendón de Aquiles, los Lakers han vagado sin rumbo por el desierto. Malas decisiones en los despachos, unidas a la baja competitividad de una plantilla huérfana de líderes. Por ello, la presión que James y Davis tendrán que soportar será mayor que nunca. Este año no habrá excusas para no lograr el billete para los playoffs y, además, tendrán que hacerlo en posiciones nobles.

Los detractores estarán ahí, a la espera en su trinchera. Para una institución con 16 anillos de campeón y 15 Finales en su haber la exigencia siempre es máxima. Más aún si se trata de la franquicia más atractiva de la NBA. West, Jabbar, Magic, Shaq o Kobe lograron alzarse victoriosos soportando el peso de la camiseta dorada. LeBron no quiere ser menos.

Con los Warriors (aparentemente) un peldaño por debajo del nivel establecido desde 2015, los Lakers ingresan de lleno en la terna de favoritos al título. Pese a su gran plantilla, también miran de reojo como sus vecinos, los Clippers, han creado otro equipo capaz de competirles de tú a tú. Cada encuentro será una batalla sin cuartel en la que la victoria no será lo único que esté en juego.

Las guerras venideras

Dos hombres en una misma misión. Uno, devolver la grandeza a una franquicia que perdió su luz hace más de un lustro. El otro, como ya hiciera en Toronto, brindar a un equipo su primera gran gloria. Si la empresa de cualquiera de los dos resultase exitosa, elevaría al jugador a un altar nunca antes hollado: 3 anillos y 3 MVPs de las Finales (siempre que lo lograsen) con tres equipos distintos. Un hito sin precedentes.

Sobre el papel, los Lakers partirán con un mayor potencial ofensivo, teniendo enfrente a lo que aspira a ser una trituradora en defensa. Las opciones en el perímetro del combo Beverly-George-Leonard serán determinantes. Un trío perfecto para intentar neutralizar a LeBron, el mejor generador de los suyos. A sus casi 35 primaveras, King James tendrá un nuevo reto que superar, acostumbrado a lidiar con grandes redes defensivas como las de los Warriors o los antiguos Spurs. Pese a su previsible capacidad anotadora, los de Vogel también pueden presentarse como un gran equipo atrás, con protectores de aro del calibre de Howard o Davis, además de los Bradley, Green o Caldwell-Pope en tareas exteriores. El botín para el vencedor podría ser el trono del Oeste.

Hubo un tiempo en el que James convirtió la Conferencia Este en su coto de caza privado. No tuvo oposición durante ocho campañas consecutivas hasta que Kawhi recogió su testigo por un año. “Por ahora solo pienso en llevar a los Clippers a las Finales”, afirmaba el propio Leonard hace escasos días. Esta vez se verán las caras hasta en cuatro ocasiones en temporada regular, en  la carrera más feroz que se recuerda en la Conferencia Oeste. Nuggets, Rockets, Jazz o los propios Warriors completarán una lucha en la que no se vislumbra un vencedor claro.

La NBA, referente indiscutible en el cuidado de los aficionados, pensó oportuno comenzar la temporada programando uno de sus platos fuertes para su jornada inaugural. Una fecha marcada en el calendario: 22 de octubre, con los Clippers con el cartel de locales. El segundo capítulo, el día de Navidad. Serán cuatro noches en total. Un mismo campo de batalla para una lid que puede definir el sino de la temporada.

Como diría un viejo mago de barba desaliñada y sombrero picudo: “el tablero está listo”.

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Análisis

Vuelve la burbuja inmobiliaria a la NBA: la moda de las hipotecas

Concentración de mercado, hipotecas, proyectos de capital riesgo a corto plazo, sobrecostes en forma de impuestsos de lujo… La NBA se mueve y la burbuja del mercado no deja de crecer.

acarretero@skyhook.es'

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Allá por 2013, cuando los informativos aún nos recordaban que había una crisis económica, había una expresión que monopolizaba todas las conversaciones. Seguramente, el ciudadano de a pie no sabría definir a ciencia cierta qué era aquella burbuja inmobiliaria, pero qué más daba. Le habían inoculado el término y sabía lo que tenía que saber: era malo. Oda al simplismo de la sociedad.

Una vez más, nos remontamos a aquel fatídico traspaso, al que ahora, tras la reconstrucción de récord Guinness de Sean Marks, ya sí puede ser nombrado. Cuatro primeras rondas que viajaron a Boston y que hipotecaron el futuro a corto plazo de los Nets pero, sobre todo, cuatro picks que marcaron un punto de inflexión en la NBA. Nunca antes se habían evidenciado de forma tan salvaje las consecuencias de traspasar el máximo de rondas permitidas. Nunca… Salvo con los Cavaliers de los 80.

No son pocas las normas de la NBA que nacen bajo seudónimo, por la necesidad de adaptar la regulación a fenómenos sin precedentes en la liga. Desde La Jordan Rule, la Rose Rule… reglas que pasan a ser conocidas en el imaginario popular por el jugador que obligó a crearlas y que, dicho sea de paso, favorecen su recuerdo y asociación, en lugar de complejizar los términos. Ahora bien, para que una que limita el traspaso de rondas consecutivas de Draft lleve tu nombre, como sucedió entonces con Ted Stepien, hay que ser muy cenutrio.

El entonces propietario de los Cavs puso en el mercado cuatro picks seguidos, casi lleva el equipo a la quiebra y traspasó la hipoteca a otro dueño antes siquiera de acabar de pagarla. Más o menos, lo que intentó Prokhorov hace cinco años. Tras utilizar a los Nets como activo financiero para especular con otros negocios particulares quiso saltar el barco antes de que se hundiese hasta el fondo del mar.

Hasta aquellos Nets recién llegados a Brooklyn no hubo otro equipo que se atreviese a firmar una hipoteca de semejante magnitud. Como tampoco lo ha habido en estos últimos años. Pero, como siempre pasa en la economía capitalista, es cíclica; la burbuja siempre vuelve. Ahora, a cinco años vista y tras los últimos movimientos del mercado, se puede apreciar que no fue un hecho aislado, sólo desafortunado en su ejecución. Hasta 2018 nadie se ha atrevido a mover tantos activos a futuro por una estrella, acogiéndose al fracaso de los Nets.

Especulación, hipotecas y fondos buitre

El mercado financiero (de traspasos) de la NBA estaba marcado por la incertidumbre y por la presencia de dos fuerzas hegemónicas que aumentaban el riesgo de la inversión, como eran los Warriors y LeBron James, allá donde estuviera. No era, pues, la situación más propicia para pagar hipotecas a futuro, por lo que los proyectos deportivos apretaron el botón del pause hasta que mostrasen los primeros síntomas de debilidad. Y, efectivamente, así ha sido.

Con ambos ejes gravitacionales desplazados y con un tercio de jugadores de la NBA siendo agentes libres este verano, entre ellos cinco top ten de la liga y, al menos, otras diez superestrellas más, alguien tenía que romper la baraja. Ya no hay apuestas seguras, pero la incertidumbre tampoco es un lastre. El riesgo es inherente al nuevo mercado NBA y quienes mejor han sabido jugar con él, han sido los triunfadores.

Ya lo intentó Daryl Morey el año pasado, con sus cuatro picks por Jimmy Butler. Secos, como el vodka en Rusia. También lo previeron este año en Utah, que agilizaron el traspaso de Conley para que Dios cogiera a los mormones confesados en verano. Es cierto que la burbuja crece sin control y que la tendencia alarma a la propia NBA. Pero, por otro lado, qué éxtasis embarga a Silver y su equipo. La NBA más global, la reina del verano. Apenas ha terminado la temporada y no puede haber más expectación porque empiece de nuevo. A quién le importa ahora la burbuja, eso será problema de la futura NBA.

Empoderamiento: una nueva era

Uno a uno, los agentes libres han decidido su futuro en cascada, como un Fantasy Draft en el 2K, que deja tres lecturas claramente diferenciadas. Primero, y más reciente, la especulación, la inflación creciente del precio a pagar por las estrellas tras tres años a la baja. Proyectos corto y medioplacistas, con concentración de estrellas, que vuelven a hipotecar sin miedo el futuro más inmediato, como los Nets o los Clippers. Masai Ujiri y su “alquiler” de Kawhi Leonard han sentado cátedra, como lo hicieron sin suerte Paul George y los Thunder.

Segundo, las apuestas de capital riesgo ya no sólo vienen predeterminadas por el papel de propietarios y general managers, sino que son los propios jugadores los que fuerzan estas operaciones. Son ellos los que han comprendido que tienen el poder de negociación en sus manos, que son los verdaderos y únicos protagonistas; y que, al fin, en vez de ser tratados como meras inversiones inmobiliarias, casas sin caras, sin humanizar, ahora no sólo eligen su futuro, sino el de toda una franquicia. Estamos ante una nueva era de empoderamiento, que en este caso inició LeBron James allá por 2010, no de la mejor forma posible, pero que casi una década después ha alcanzado su clímax.

Finalmente, la tercera lectura y quizá la más destacada desde el punto de vista de las franquicias, es la necesidad de un proyecto. Ya no vale con ser un gran mercado. Las hermanas menores y tradicionalmente apestadas de New York y Los Angeles se han coronado reinas gracias a su gestión. Han saneado sus cuentas de inmuebles tóxicos como Chris Paul, DeAndre Jordan e incluso de los Mozgov y Crabbe para jugar su baza al presente más inmediato, con el futuro en entredicho. Otras como los Warriors decidieron pagar los sobrecostes en forma de impuesto de lujo para preservar su hegemonía. Pero con qué gusto se va a pagar la hipoteca del futuro si el presente sabe a gloria.

Ya lo dijo Homer Simpson, el oráculo omnisapiente de la sociedad moderna: “El futuro ha ganado, el pasado nunca tuvo una oportunidad”.

In memoriam: Sam Hinkie y su gerencia de capital riesgo.

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SKYHOOK #18

Skyhook #18 | Tras la estela del Doctor J.

Pelo afro, mates imposibles, aroma de estrella. Julius Erving nos demostró que el baloncesto se podía disfrutar con los cinco sentidos.

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