Este fin de semana está teniendo lugar en Nueva Orleans el All Star de la NBA, la gran fiesta del baloncesto norteamericano. Una serie de eventos en un ambiente distendido en el que, por encima de todo, prima el espectáculo y el deleite del espectador.

El show dio comienzo esta pasada madrugada con el partido de jugadores de primer y segundo año divididos en dos equipos: Estados Unidos contra el resto del mundo. Hoy sábado, y antes del gran partido de las estrellas de mañana, podremos disfrutar de los concursos, principales atractivos del evento. Triples, mates y… habilidades. Uno de los concursos más recientes y que más se ha renovado durante los últimos años. El “concurso piloto”, el más innovador y el menos tradicional, en el que los participantes han de completar un circuito con ejercicios de tiro, pase, bote y entrada a canasta antes que sus oponentes.

Los ganadores de las pasadas ediciones de este concurso, el cual fue instaurado en 2003 son, por orden cronológico: Jason Kidd, Baron Davis, Steve Nash, Dwyane Wade en dos ocasiones consecutivas, Deron Williams, Derrick Rose, Steve Nash, Stephen Curry, Tony Parker, Damian Lillard, Trey Burke y nuevamente Damian Lillard (hubo dos ganadores en la edición de 2014), Patrick Beverley y Karl-Anthony Towns. Observamos que todos los ganadores, menos el del año pasado, son bases o jugadores exteriores. Pura lógica. Los jugadores más habilidosos, sobre el papel, son los más rápidos, los que tradicionalmente mejor botan, pasan y tiran.

No obstante, el año pasado, en el All Star de Toronto 2016, la NBA introdujo un nuevo formato para este concurso, en el cual se dividió a los participantes en dos equipos: exteriores contra interiores, bajitos contra grandes. Esta configuración generó mucho interés por parte del aficionado al baloncesto, no solo por la novedad introducida, sino por lo que conlleva. La diversión y el entretenimiento de ver a pívots compitiendo en el terreno de los bases. El resultado de este “experimento”, además, fue inesperado. Aunque, a priori, no pensaríamos en un ‘5’ de la NBA como un jugador excesivamente habilidoso, Karl-Anthony Towns demostró que los pivots actuales son más polivalentes que nunca y se alzó con el trofeo tras vencer a Isaiah Thomas, uno de los jugadores más rápidos y habilidosos del mundo.

El triunfo de Towns sobre Thomas, si bien no deja de ser un resultado simbólico fruto de un duelo de unos treinta segundos de duración, incita a la conversación sobre el desarrollo del baloncesto actual. La NBA tomó una decisión sumamente acertada al adoptar este nuevo formato que demuestra hacia dónde está evolucionando este deporte. ‘Grandotes’ que manejan el balón, que no dudan en lanzar triples porque sus porcentajes son respetables, que pueden igualar al mejor base en cuanto a visión de juego y pases. ¿Alguien se habría imaginado esto en la época de los Bill Russell, Kareem Abdul-Jabbar, Moses Malone, o incluso en la más reciente de Shaquille O’Neal o Yao Ming? Por supuesto que existían pivots habilidosos -el mismo Yao, por ejemplo, poseía una rapidez y un tiro admirable para alguien de 2,29 metros de altura-, pero no era la norma, ni mucho menos. En la NBA de hoy, es complicado que un pívot que carece de habilidades como el tiro, el bote y el pase dispute una cantidad significativa de minutos. No es suficiente con poder completar alley-oops, hundir el balón en el aro, o dominar, ya sea en ataque o en defensa. Es necesario saber jugar como un jugador exterior para destacar en la competición.

Dwight Howard, jugador de los Atlanta Hawks, es el perfecto ejemplo del pívot puramente interior, casi obsoleto. Capacidades atléticas envidiables, aptitudes defensivas y de rebote de libro, pero nulo acierto en el tiro, escasa movilidad y manejo de balón inexistente. Otros ejemplos de torres en peligro de extinción son Andre Drummond o DeAndre Jordan, quienes, pese a ser grandes jugadores, no pertenecen a la élite de su posición precisamente por su carencia de otros fundamentos.

En cambio, si miramos a los pivots más exitosos de la NBA, es raro encontrarse con un ejemplo que no disponga del “pack” completo de pase, bote y tiro del que estamos hablando. Marc Gasol, DeMarcus Cousins, Anthony Davis, Joel Embiid, Karl-Anthony Towns, Kristaps Porzingis… Además de ser verdaderos tanques y jugadores tremendamente dominantes en el interior de la zona, todos ellos son capaces de tirar desde largas distancias, de convertirse en creadores de juego a través de sus asistencias o de amagar el tiro para después usar el bote y penetrar a canasta. Incluso a menudo son ellos los que inician el contraataque tras recoger el rebote defensivo en su propio aro. Son jugadores ágiles, habilidosos, que, si bien no cuentan con el prodigioso manejo de balón y la velocidad de algunos bases, son más que capaces de usar su bote para realizar cambios de ritmo y dirección, algo que no veíamos a menudo hace apenas cinco o diez años en la NBA.

Atrás han quedado los días en los que entrenadores y equipos se daban con un canto en los dientes si disponían de los famosos “stretch-4s”, ala-pivots (4s) capaces de abrirse (stretch) para ampliar el campo de juego de su equipo. Dirk Nowitzki, Kevin Garnett, Boris Diaw, LaMarcus Aldridge, Paul Millsap… Son algunos de los ejemplos más recientes de este tipo de jugador. Los stretch-4 eran considerados grandes recursos ofensivos, dado que son capaces de jugar en el poste bajo ante defensores más pequeños, y también de abrirse para tirar o penetrar en caso de enfrentarse a alguien mas grande. Sin embargo, en la NBA actual, en la que la versatilidad es el estándar o al menos el sistema al que todos los equipos quieren llegar, este tipo de jugadores ya no son una novedad, sino piezas indispensables. No solo eso, sino que también estamos presenciando la explosión de los “stretch-5s”, los pivots polivalentes, verdaderamente hábiles y capaces de jugar abiertos, casi como bases.

La razón por la cual el pívot modelo de hoy en día es capaz de hacerlo todo es la revalorización, el “boom” del tiro de tres puntos. Movidos por el uso de la estadística avanzada, numerosos equipos están pasando a basar el peso de su ataque en el triple. Esto implica ataques rápidos y constante transición entre ataque y defensa. El baloncesto está derivando en un deporte mucho mas rápido y dinámico, en el que los entrenadores quieren que los cinco jugadores sean capaz de correr como el más rápido de los point-guard. Si cualquier jugador (incluido interior) que se esté preparando para llegar a la NBA no desarrolla en profundidad el tiro, el pase y el bote (sobre todo el tiro), sus opciones son muy limitadas. Estamos presenciando el ocaso de la especialización y el auge de la multidimensionalidad. Los jugadores puramente defensivos, aquellos que basan su juego en su físico, o los especialistas en el rebote, por ejemplo, siguen siendo valiosos para los equipos, pero este valor está siendo claramente superado por el del jugador total, el que es capaz de hacerlo todo.

Es una obviedad que, cuanto más completo sea un jugador, más triunfará. Lebron James, Kawhi Leonard o Paul George, tres de las mayores estrellas de la liga en gran medida por ser muy completos. No obstante, el fenómeno al que nos referimos en este artículo es diferente, puesto que estamos viendo florecer esta polivalencia en jugadores interiores que antaño podríamos imaginar como dominantes pero torpes, pozos en los que el equipo depositaba el balón para que jugase al poste bajo y terminase machacando el aro, o mastodontes utilizados para controlar el rebote o frenar al pívot rival. Ya no. Ahora son navajas suizas del baloncesto, recursos para la fluidez del movimiento del balón, cajas llenas de recursos y posibilidades para hacer lo que el entrenador necesite de ellos.

No diga habilidades, diga evolución