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Revolución francesa en el Estudiantes

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19 de marzo de 2017. Jornada 25 de la liga ACB. Acabamos de presenciar en 40 minutos un breve de la resumen de lo que es la película del Estudiantes esta temporada. Un resultado inesperado, con Edwin Jackson a los mandos absolutamente desatado.

El equipo del Ramiro asaltó el Martín Carpena con 27 puntos del francés, cortando así la excelente racha ganadora de la que venían los malagueños. Decimos “resultado inesperado” porque, lamentablemente, desde hace ya algunos años las expectativas a principio de temporada de los estudiantiles no pasan por ganar en las pistas más importantes de la liga. Hace ya demasiado tiempo que Estudiantes se agarra a la permanencia como a un salvavidas en un naufragio, ya sea en la pista o en los despachos.

Pero este año se respiran otros aires en el Magariños. Sin hacer un temporadón, parece que, por lo menos, el Estudiantes respira y con una buena dosis de optimismo puede hasta oler los “playoff”. Una tranquilidad relativa se ha instalado en el club a nivel deportivo y gran parte de la culpa la tiene Edwin Jackson. El escolta francés se ha erigido este año como uno de los mejores jugadores de la competición (no en vano es el máximo anotador y el segundo en valoración). Habiendo pasado por sendas etapas fallidas en Barcelona y Unicaja, nos preguntamos el motivo por el que ha explotado en Madrid después de sus malas experiencias anteriores.

“Es mi trabajo, me pagan para anotar”, afirma Jackson. Como si fuera tan fácil. Una explicación demasiado tosca y falta de contenido, por lo que nos hemos atrevido a analizar un poco más a fondo la figura del escolta francés con el fin de arrojar algo de luz sobre su espectacular rendimiento de esta temporada.

¿Quién es Edwin Jackson?

El bueno de Edwin nació el 18 de septiembre de 1990 en Pau (Francia), hijo del ex baloncestista internacional francés Skeeter Jackson. Con su padre, un auténtico trotamundos, aprendió en qué consistía el baloncesto profesional tanto a nivel de exigencia deportiva como de movilidad geográfica. Es un escolta de 1,90 metros, hábil y difícil de defender en el baloncesto FIBA. Tiene un buen físico y se siente cómodo tanto penetrando a canasta como en el tiro exterior.

Tras un primer periplo en la liga francesa entre el Asvel Villeurbanne, el Nanterre y el Rouen Basket, es finalmente en el Asvel (uno de los juguetes rotos del baloncesto europeo) donde Jackson encontrará cierta estabilidad (eso sí, tras un primer año complicado). Durante ese primer año, su amistad con Tony Parker (dueño del equipo) y la fe que este depositó en él, serán claves para su continuidad.

Edwin Jackson Falso 9

Foto: Pro A

En sus primeras temporadas, aunque joven, ya apuntaba maneras. En 2011 decide presentarse al “draft”  pero tras participar en una serie de entrenamientos con los Nets decide retirar su nombre del sorteo. En la siguiente campaña, la 2012-2013, se asentará como estrella indiscutible de su liga, siendo nombrado MVP con 16 puntos anotados por partido y casi 15 créditos de valoración.

El curso 2013-2014 es, hasta su actual explosión anotadora, la mejor de su carrera. Bate por dos veces (34 y 44 puntos) su récord de anotación en un partido, es segundo en la carrera por el MVP de la liga y lidera la tabla de realizadores con 18 puntos por partido. Además, aunque sin mucho protagonismo en aquella cita, se cuelga al cuello la medalla de bronce en el Mundial de Baloncesto de España. Tanto talento no pasa desapercibido para los peces gordos, y en el mes de diciembre el Barcelona se hace con sus servicios. Es en Catalunya, Jackson iniciará su particular travesía por el desierto.

Barcelona y Málaga: la irregularidad por bandera

Corrían las Navidades de 2014 y el Barcelona decidió hacerse un regalo. Edwin Jackson estaba en el apogeo de su carrera, era la estrella indiscutible de su equipo y era cuestión de tiempo que algún grande lo cazara. El Barcelona, con Eriksson, Oleson, Abrines y Navarro lesionados, vieron en él a un recambio de garantías que además haría subir la competitividad y el nivel en la lucha por un puesto en el perímetro. ¿El precio? 300.000 euros. El francés, aunque aterrizaba como el principal referente de su anterior equipo, nunca había asumido un reto de esa magnitud y era una incógnita como respondería a la presión. Y cuando se desveló el misterio las noticias no fueron buenas para nadie. Edwin no se adaptó, Pascual nunca acabó de confiar en él y le fue imposible asumir el papel de líder al que estaba acostumbrado. Cuando los exteriores culés se recuperaron, el banquillo se convirtió en el hábitat natural de Jackson, quien acabó con una media de apenas 6 puntos en liga y 3 en Euroliga, sin rastro alguno de aquel “killer” que asaltaba las canchas francesas solo unos meses atrás. Aunque su actitud era buena, no supo jugar nunca el rol de jugador de banquillo, por lo que fue traspasado a Unicaja la siguiente temporada.

Joan Plaza y Edwin Jackson nunca fueron los mejores amigos. Desde el primer momento no hubo “feeling” entre ellos y el escolta tampoco supo asumir la vitola de estrella que se le suponía. Edwin necesita estructuras ofensivas que le permitan tener el balón muchas veces y mucho tiempo, y eso con Plaza no era posible. Además, otros jugadores como Nedovic rendían a un buen nivel en su misma posición. Aunque se adaptó bien al equipo y al entorno (a muchos jugadores de esa plantilla les considera sus “hermanos”), en los 34 partidos que jugó en liga nunca pasó de los 20 puntos (tan solo una vez, en Euroliga, ante CSKA).

Tanto Pascual como Plaza insinuaron alguna que otra vez que el principal problema de Jackson recaía en su cuestionable rendimiento en defensa, aspecto que le lastró con dos entrenadores que tanto peso específico dan a ese apartado. Así que sin confianza en él, Jackson tuvo que buscar aires nuevos y demostrarse a si mismo que a la tercera iba la vencida. Y así ha sido, en Estudiantes.

Explosión en el Estudiantes

Por fortuna para los aficionados al baloncesto, parece que la redención le ha llegado, por fin, en Estudiantes. Durante esta temporada, el escolta francés está firmando unos promedios históricos. Tanto es así, que a falta de diez partidos (10/03/2017), manteniendo sus rivales los promedios de anotación y quedándose él en el sofá de su casa durante los partidos, acabaría igualmente como líder de la competición en ese aspecto. Increíble.

Jackson presenta una media de 23,1 puntos, cifra que no se veía en la ACB desde hace doce años, cuando el bueno de Charlie Bell, por aquel entonces en el Breogán, alcanzó los 27 tantos por velada. Ha llovido.

El francés tiene a tiro también el superar a Rudy Fernandez como el mejor promedio anotador de la liga en los últimos diez años (21,2 puntos de Rudy en la 07-08). No está mal como compensación. Y si comparamos estadísticas referentes tan solo al club madrileño, los números son aún más sorprendentes: Edwin Jackson se ha erigido como el mejor anotador de la entidad desde hace casi 25 años. Casi nada.

Como guinda del pastel, destacar sus actuaciones individuales contra sus ex equipos, aquellos donde no pudo alcanzar su auténtico nivel. 32 puntos le metió al Barcelona ante su nueva afición y 27 al Unicaja en el Martín Carpena. “Siempre es especial jugar contra tu ex equipo, especialmente cuando no te han renovado”, declararía el jugador. Dulce venganza.

Así pues, casi con total seguridad, Jackson conquistará el título honorífico como máximo anotador de la liga y ya veremos también si el del MVP, con el permiso de Tomic y el omnipresente Llull. Pero la pregunta es… ¿por qué? ¿Qué ha cambiado en la figura de Jackson, así como en su entorno, para que su talento haya vuelto a relucir? Presentamos algunas hipótesis. Repetimos: hipótesis, porque no hay ciencias exactas en el baloncesto. Por eso nos gusta tanto.

Edwin Jackson

Foto: ACB Photo

¿Por qué?

Nos remitiremos a nuestros queridos y odiados tópicos para pensar que el rendimiento de un jugador depende de múltiples factores.

Tanto la situación personal, como el puro talento del que disponga, el entorno y la situación que se encuentre en un equipo. Edwin Jackson ya ha demostrado que va sobrado de talento, así que, tomando como referencia las distintas versiones que ha mostrado en los equipos cuya camiseta ha defendido, suponemos que el entorno ha supuesto un factor determinante a la hora de que el escolta se sintiera cómodo para desplegar su mejor baloncesto. Estos son algunos aspectos que pueden haber influido en su explosión:

  • Presión

Sin desmerecer en absoluto a la liga francesa, no sería justo pensar que el nivel de exigencia en el Asvel Villeurbanne es el mismo que en Barcelona o Unicaja, tanto a nivel de rivales como de propio equipo. Asumir los partidos sabiendo que estás obligado a ganarlos tengas delante a un CSKA o a un Olympiakos es algo con lo que hay que aprender a convivir y con lo que no todo el mundo puede lidiar. Y eso sucede en Barcelona y en Málaga, donde, afortunadamente, hace ya años que se acostumbraron a competir con los grandes.

Existe la posibilidad de una acomodación inconsciente a una presión asequible, en la que, aunque siempre es preferible ganar, ésto no suponga una obligación máxima y la prensa no vaya a hacer sangre si no se consigue. No es que pensemos que a la Demencia no les gusta ganar, pero perder contra Baskonia, Barcelona o Madrid, o incluso algunos partidos más, entra dentro de los planes de la temporada y ese margen de error puede suponer un alivio para los jugadores en algunos momentos.

  • Confianza

No descubrimos nada si decimos que cualquier deportista necesita la confianza de su entrenador para rendir al máximo. El juicio constante de un entrenador receloso es una pesada carga para la mochila de un jugador. Si, además, tu entrenador te exige en tu punto débil (como hacían con la defensa Plaza o Pascual) esa sensación se multiplica.

Con Maldonado, Jackson ha encontrado la horma de su zapato. El catalán le da plenos poderes ofensivos e incluso ha salido al paso en el aspecto en el que otros siempre le atacaron, la defensa. “Si miras las estadísticas, Jackson es un jugador que contribuye defensivamente. Es un jugador de equipo”. Entendemos que la liberación que habrá supuesto para Jackson encontrar un entrenador que le dé minutos y le deje jugar a su aire, habrá supuesto una comodidad que sin duda es clave para jugar como lo está haciendo. El mismo Jackson ha achacado a la confianza del entrenador el cambio experimentado durante este año.

  • El rol

Sabido es que Edwin Jackson lleva el número ‘1’ porque no pudo llevar el 11 de Navarro, su ídolo. Es simbólico, pues compartir vestuario con tu referente y cabeza visible del vestuario, probablemente signifique que tú no vas a ser el líder. Y eso le ocurrió a Jackson en Barcelona y Málaga. Venía de Francia acostumbrado a que todas las acciones ofensivas pasaran por sus manos. Era siempre la primera opción. Era el Westbrook del Asvel. En Barcelona y Málaga todo fue distinto. Había varias opciones por delante de él y Jackson no estaba acostumbrado a ello.

“Es imposible meter 20 puntos saliendo del banquillo”, declaraba recientemente cuando se le preguntaba por su reciente explosión. “La importancia va unida a los minutos”. Así pues, al llegar a Estudiantes ha encontrado un sitio en el que retomar ese papel. Nadie tira más que él, nadie recibe más que él, y eso es lo que necesita para sentirse cómodo. Si además los tiros entran, el resto viene rodado.

Podemos deducir, entonces, y teniendo en cuenta sus propias palabras, que no vamos mal encaminados en nuestro análisis. Su rendimiento se basa en la comodidad que le otorgan su papel en el equipo, la confianza del entrenador y el poder estar liberado de toda la presión que le rodeó a su llegada.

¿Futuro en Madrid?

Es imposible saber a ciencia cierta cuánto tiempo más podrá disfrutar la afición estudiantil del Edwin Jackson. Cada vez más preguntado por una hipotética renovación con el club madrileño, el jugador repite siempre las mismas palabras: “estoy centrado en el presente”. De momento, ya han sonado contados de sirena de un posible regreso a Barcelona, aunque, actualmente, no parece el mejor destino para él, ni para nadie.

Mientras, podemos seguir aplaudiendo cada una de las exhibiciones que vaya realizando de aquí a final de temporada, sin descartar los “playoffs”. Por dos motivos: porque eso agrandaría todavía más su magnífica temporada y, por otro lado, porque ver a Estudiantes otra vez en la ronda final de la competición se convertiría en una alegría para todo el baloncesto español.

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La Bomba Navarro, ahora en formato audiovisual

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Hay jugadores que marcan una era, eso es innegable. Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, LeBron James o Karl Malone serán recordados hasta por aquellos para los que el baloncesto solo es un deporte más. Hay otros que van un paso más allá y ya han escrito su nombre en la historia. Michael Jordan es, sin lugar a dudas, el hombre que lidera este segundo grupo de jugadores. Su trayectoria ha sido tan espectacular, que para muchos es el mejor jugador que la NBA tendrá nunca. Su leyenda es tal, que se ha convertido en el protagonista de videojuegos, libros o cómics y se han hecho infinidad de documentales sobre él, el último de ellos se espera para 2020 y ahondará no solo en su carrera deportiva sino en la vida personal del jugador, en el ámbito más íntimo de una estrella conocida en todo el planeta. “The Last Dance”, apuntaros el título porque esta producción de ESPN dará mucho de qué hablar el próximo año.

En el caso del baloncesto español es más complicado encontrar jugadores que se engloben en este segundo grupo, pero sí que contamos con deportistas que marcaron toda una época en este deporte. Uno de ellos es Juan Carlos Navarro, a quien su equipo de toda la vida acaba de homenajear con un documental sobre toda su carrera deportiva bajo el título de “Es la bomba”.

Navarro comenzó dando sus primeros pases en la cantera del FC Barcelona de baloncesto para dar el salto al primer equipo de la ACB en 1998. Fue precisamente durante su paso por las categorías inferiores cuando se ganó el apodo de “La bomba”, gracias a su capacidad de cambiar la ruta del partido con tiros lejanos. Conocido ahora como Barça Lassa y situado entre los favoritos para hacerse con el título según medios especializados como Oddschecker, el equipo lo vio crecer como jugador durante 10 temporadas en las que coincidió con otro grande del baloncesto español, Pau Gasol. Fue precisamente el de Sant Boi el que lo animó a dar el salto a la NBA y en la temporada 2007-2008 Navarro pasó a formar parte de los Memphis Grizzlies, el mismo equipo en el que militaba Gasol. Fue una decisión muy comentada en su día, puesto que el experto en triples contrajo una deuda millonaria con el FC Barcelona para poder marcharse a la liga americana, lo que lo convirtió en uno de los jugadores peor pagados de la NBA. No obstante, la estancia de Navarro al otro lado del charco no fue muy dilata en el tiempo, y es que solo duró en la liga americana esa temporada. Aunque muchos aluden a cuestiones económicas como el principal motor de la vuelta de Navarro a España, el jugador afirmó en varias entrevistas que el motivo de su regreso había sido más bien sentimental. De esta forma, en la temporada 2008-2009 la Bomba volvió a lucir la camiseta del FC Barcelona sobre las pistas, y lo haría así en las siguientes 9 campañas. En total fueron 20 las temporadas que el catalán jugó con el equipo que lo formó desde pequeño, años en los que consiguió un total de 35 títulos, entre ellos 8 Ligas, 7 Copas y 2 Euroligas.

En agosto de 2018 el club anunció su retirada y un mes más tarde el Palau Blaugrana se llenó de aficionados, directivos del club, antiguos compañeros y diversas personalidades del mundo del deporte para despedir al que ya ha sido bautizado como el jugador de basket más importante del Barcelona. Fue precisamente durante este homenaje cuando el presidente del club anunció que Navarro contaría con una estatua ante la puerta del Palau y con un documental.

La primera de las promesas del presidente todavía no se ha hecho realidad, pero sí la segunda. El pasado 7 de marzo el canal de televisión del club, Barça TV, estrenó “Es la Bomba”. En poco más de una hora, el documental hace un repaso por la trayectoria profesional del jugador explicada por el propio Navarro. Además, su discurso se apoya en las intervenciones de diferentes jugadores y entrenadores que coincidieron con él durante sus años en el Barça, como Pau y Marc Gasol, Víctor Sada, Gianluca Basile, Miguelito López Abril, Xavi Pascual o Joan Montes.

Tras su estreno, y su reposición los días 8 y 9 de marzo en diversos eventos, “Es la Bomba” está disponible en el sitio web del club para que cualquier persona pueda disfrutar de él. Sin duda una muy buena oportunidad de acercarse a una de las leyendas del baloncesto español.

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2011-2019: la Copa del Rey regresa al Palacio

La Copa del Rey vuelve a Madrid ocho años después. Un período en el que el conjunto de Laso ha dominado Europa y llega para triunfar en casa, como hiciera en la F4 de 2015.

jakonako10@gmail.com'

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La Copa del Rey regresa al Palacio de los Deportes de Madrid –WiZink Center por caprichos del mundo del patrocinio- ocho años después. Casi una década más tarde – y más de 300 partidos entre las distintas competiciones nacionales – el baloncesto español no ha cambiado tanto. O quizá sí. Hagamos un pequeño viaje atrás en el tiempo.

Noches de llantos y alegrías

16 de enero de 2011. Ronda de partidos matinal, apenas media hora después del mediodía. Seis equipos inician la jornada con las esperanzas coperas todavía intactas. Dos horas más tarde el panorama es completamente opuesto para unos y otros.

La mayor fiesta se vive en Valladolid. El Blancos de Rueda no solo asegura su participación en la cita de Madrid, sino que su victoria ante el Baskonia (78-64) le asegura ser cabeza de serie gracias a un balance de 11-6 en la primera vuelta, el mismo que el del conjunto vasco. Bilbao y Valencia – pese a la derrota de este último ante el Estudiantes – acompañarían a los vallisoletanos tras una velada más apacible, mientras el verdadero drama se vivía en Málaga, Badalona y Madrid.

El Joventut sellaría su clasificación ante el CAI Zaragoza pese al arreón final del conjunto maño, que no se jugaba nada. Un logro que rozó con sus dedos el Fuenlabrada. A dos segundos para el final, eran equipo de copa. Parpadeo, canasta de Sergio Llull, nuevo parpadeo, 76-75 para el Real Madrid. En el Martín Carpena, el Gran Canaria 2014 estallaba en júbilo tras recibir la noticia desde el Palacio. Ellos habían solventado con facilidad su trámite ante Unicaja (50-67). Estarían en la Copa. Un sueño que, una vez más –al igual que en esta edición de 2019- se le escapaba al Fuenlabrada en el último suspiro.

Real Madrid y FC Barcelona, como siempre, miraban al resto por encima del hombro, con un balance similar en lo más alto de la tabla (14-3) y el objetivo culminado varias semanas atrás.

La hora de la verdad

El sorteo deparó dos derbis en cuartos de final y un cuadro que ‘invitaba’ a una nueva final entre Real Madrid y FC Barcelona. Ambos habían luchado por el título en 2010 en Bilbao, aquella misma final de los 14.814 espectadores en el Bizkaia Arena y el doloroso – y récord – +19 a favor de los culés.

FC Barcelona y DKV Joventut, por un lado, y Baskonia y Bilbao Basket, por otro, serían los encargados de poner el morbo en aquella ronda inicial.  Muy fácil para los blaugranas (86-66), bastante menos para los de Vitoria (76-74), pero ambos pasarían a semifinales.

Les acompañarían Real Madrid, tras sobrevivir al Gran Canaria 2014 –y los 30 puntos de un Jaycee Carroll que reclutarían poco después-, y Valencia Basket, quienes destrozarían sin piedad el sueño de los Eulis Báez, Van Lacke, Slaughter, Nacho Martín y compañía (83-60).

Curiosamente, las semifinales volverían a reunir a los cuatro equipos de la anterior edición, pero con distinto emparejamiento. Baskonia y Valencia –con orden invertido en 2010- serían los rivales de Barcelona y Real Madrid, respectivamente. Dos atractivos duelos, sobre el papel, que, sin embargo, terminarían siendo méritos trámites para placer de los vencedores. Y aburrimiento y desidia en las gradas. Al menos para uno de ellos.

Juan Carlos  Navarro borraría cualquier intento de rebelión baskonista con 26 puntos, bien escoltado por Alan Anderson – elegido MVP apenas 24 horas después, con 17 tantos -. 92-73 y los de Ivanovic que regresaban a casa nuevamente humillados después del -28 de Bilbao ante el Real Madrid.

Más sufrió el Real Madrid para doblegar a los de Pesic. Rafa Martínez y Omar Cook fueron una auténtica pesadilla que permitió al Valencia irse al descanso con un buen resultado (27-35).

Sin embargo, la arenga de Messina –si, eran años duros en el seno del club blanco- surtió efecto y el Real Madrid devolvió la bofetada en el tercer cuarto (19-13) y aplicó la estocada final en el último (23-11). Mirotic fue el jugador más valorado de los blancos, con 18 créditos, en un partido en el que también brilló Carlos Suárez, con 16 puntos, y en el que pasaron, con más pena que gloria, Sergio Rodrígurz (cinco puntos) y Ante Tomic (dos puntos).

Por segundo año consecutivo, Real Madrid y FC Barcelona volverían a verse las caras en la lucha por el título.

La gran final

El formato de la Copa del Rey atribuye una condición volátil y azarosa a la competición, cuna de grandes sorpresas y ‘machadas’ a lo largo de la historia.

Aún así, también existe un factor psicológico y el Real Madrid no las tenía todas consigo. Tres derrotas en los últimos dos enfrentamientos ante los blaugranas -incluidas las finales de 2006 y 2010- en un trofeo que no levantaban desde 1993, en La Coruña, con Arlauckas como MVP. Había llovido. Y mucho. La pequeña sequía en liga tampoco ayudaba, mientras el la sala de trofeos del FC Barcelona se llenaba de forma vertiginosa de la mano de Xavi Pascual.

Dudas, complejos, temor. “Vamos a salir al 100%”, conjuraban, sin embargo, todos los componentes de la plantilla blanca, antes del partido, mientras el técnico blaugrana destacaba que “será una final bonita” y Juan Carlos Navarro optaba por un cauto “en una final no hay favoritos”.

Pero el despertador del Real Madrid volvió a sonar a las seis de la mañana con la canción ‘I Got You Babe’ como un deja vú de enfrentamientos previos.

El FC Barcelona asfixio en su telaraña defensiva al Real Madrid y tan solo la inolvidable primera mitad de Juan Carlos Navarro -con -4 de valoración al descanso- y la insistencia de Tomic evitaron que los blaugranan pudieran tomar el control del partido antes de la primera mitad.

En la segunda, el escolta entró en escena con siete puntos, aunque recaería en Alan Anderson -quien ya había valorado 40 ante los blancos con el Maccabi- y Víctor Sada el honor de dar la puntilla al eterno rival a comienzos del último cuarto y gestionar las diferencias hasta el 60-68 final.

La desidia y los fantasmas del pasado volvieron a hacer acto de presencia. Un equipo frustrado y entregado, en una situación que refleja a la perfección la actuación de Sergio Llull aquella noche: cero y -2 de valoración.

El FC Barcelona revalidaba el título con un sabor especial: poner punto y final a una hegemonía de más de medio siglo del Real Madrid, con quienes empataban en lo más alto del palmarés de la Copa del Rey, con 22 entorchados -aunque poco duraría la gesta, con cinco títulos de los blancos en las seis siguientes ediciones-.

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Ocho años después, Madrid vuelve a vestirse de gala para recibir la fiesta de la Copa del Rey. Curiosamente, los tres equipos que lideran la clasificación son los mismos que aquel año y en el mismo orden (FC Barcelona, Real Madrid y Baskonia), y el último cabeza de serie, una de las sorpresas de la temporada (Valladolid en 2011, CB Canarias en 2019).

En aquella ocasión, el FC Barcelona revalidaría el título, aunque en una dinámica muy diferente a la actual. El Real Madrid clamará venganza y buscará recuperar el cetro de la mano de un Pablo Laso coleccionista de trofeos.

Mientras tanto, los Baskonia, Valencia, Tenerife, Unicaja, Joventut y Estudiantes tratarán de aprovechar sus respectivas oportunidades y protagonizar ese sorpresa que devuelva a la Copa -y que tanta falta le hace- el denominativo de ‘Torneo del K.O.’, con las mil y unas sorpresas que inundan el recordatorio colectivo.

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Reiniciando a Alessandro Gentile

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Las grandes sagas de videojuegos acostumbran a almacenar enormes datos de información. Cada inicio de partida es precedido por un tiempo de carga. Si es tu primera partida del día, ese momento denota ilusión. Si ya llevas unas cuantas, es un espacio para el sosiego y la pausa mental. Para la paciencia y la planificación futura. ¿Qué he hecho mal en la anterior partida? ¿Ha valido la pena dejar atrás los logros, reiniciar y volver a empezar?

Esperando esa respuesta se encuentra Alessandro Gentile. Él, que ha jugado en las mejores consolas del mercado; él, que alcanzó niveles inmensos a muy corta edad; él, al que le va en la sangre -paterna- esto de jugar; él, que se prometió el cielo y está muy lejos de ni siquiera rozarlo; él, Gentile, sumido ahora en una incesante búsqueda de uno mismo, cual monje budista, en uno de los templos del baloncesto europeo como es el Antonio Magariños.

El italiano, que acaba de cumplir 26 años, iba para superestrella y se ha quedado por el camino. El Estudiantes es el sexto equipo de su carrera, aunque la inestabilidad es reciente: la colegial será la quinta camiseta que defienda en los dos últimos años.

Un ascenso meteórico

Ferdinando Gentile es considerado uno de los mejores jugadores de baloncesto que Italia ha dado al mundo. Él inculcó a Alessandro, desde muy pequeño, la pasión por la canasta. Pronto siguió sus pasos. Gentile junior, desde su etapa infantil en Treviso, fue uno de los mejores jugadores de su generación. El Olimpia Milan le reclutó con 19 años en el año 2011. Un año después, ya era el capitán del equipo.

La proyección de Gentile parecía imparable. Sobrado de talento y con una cualidades físicas inmejorables para el nuevo siglo. Un ‘3’ alto con capacidad de sumar en ambos lados de la pista y con una cabeza, que por aquel entonces, no suponía más problema que el carácter cambiante de un joven rebelde. Nada de lo que preocuparse. Por el momento.

FIBA

Pese a ser el gran foco de atención del basket italiano, Gentile no sintió presión alguna y se convirtió en una pieza fundamental en Milán a los pocos meses de llegar. El alero fue un soplo de aire fresco en el país mediterráneo, que pronto le consagró como uno de sus referentes. Los números no engañaban: valores superiores a los 15 puntos en la liga italiana y en la Euroliga, sin haber cumplido aún los 22 años. Sandro Dell’Agnello, exjugador, exinternacional italiano y luego entrenador de una decena de clubes, llegó a compararle con LeBron James: “Alessandro es un campeón y añado que en Italia marca las diferencias como LeBron lo hace en la NBA”.

Pasaban las temporadas y Gentile gozó de una estabilidad que le permitió aumentar sus galones en el equipo. En Milán ganó dos Legas (2013-14 y 2015-16), una Coppa (2015-16) y una Supercoppa (2016-17). Líder, responsabilidad y mando en un conjunto jerarquizado. Sus compañeros jugaban para él, y él para si mismo. Ese siempre ha sido su baloncesto y no habrá otro. Amasar posesión, crearse sus propios tiros. A su favor, que anota con suma facilidad -salvo en el triple, su gran escollo- y gana partidos. En el baloncesto de Gentile, un egoísta productivo, lo mental guarda un papel fundamental. Se avecinaban delirios de grandeza.

Los nubarrones llegaron para quedarse en la mitad de la temporada 2015-2016, aún siendo ésta la más gloriosa para el equipo de Milán, entrenado por Jasmin Repesa. Gentile vivía su mejor momento profesional, llegando a promediar 20 puntos en la Euroliga. Era uno de los jugadores más determinantes del Viejo Continente…hasta su primera lesión, de la que recayó en tres ocasiones. Problemas en la mano apartaron a Gentile del equipo y su relación con sus compañeros, ya fría de por si, acabó por congelarse.

A los problemas médicos se sumaron los psicológicos. El demonio ganó la partida al ángel en la cabeza bipolar de Gentile: el italiano se ausentó de varios entrenamientos con el Milán, argumentando razones físicas. Las relaciones entre directiva y estrella, hasta entonces cordiales, no fueron lo mismo. Los dirigentes pensaban que Gentile estaba más pendiente de su posible marcha a la NBA que de la temporada actual. Al final de la misma, el Armani Milán se alzó con el título de liga. Gentile, tras el encuentro, habló en rueda de prensa. “Estos cinco años en el equipo han sido muy intensos. He dado todo por esta camiseta ganando dos Ligas y una Copa. Creo que para un jugador de 23 años los resultados son satisfactorios. Y soltó la bomba: “Este campeonato es para mi familia. Mi madre y mi padre siempre han estado conmigo en los momentos más difíciles, cuando todo el mundo me dio la espalda. Sólo yo y mi familia sabemos lo que he sufrido este año

Un sueño truncado

Gentile había sido elegido por Minnesota en el Draft de 2014 (pick 53), aunque sus derechos recayeron en Houston. Los Rockets intentaron su fichaje en el verano de 2016, en el momento cumbre en la carrera de Alessandro. Su principal valedor: Mike D’Antoni, entrenador en la franquicia tejana y leyenda en Milán, donde jugó durante 13 temporadas.

Pero algo no les convenció, y nadie sabe muy bien el qué. Ni siquiera el propio D’Antoni encuentra una respuesta firme: “No sé porque no llegó Gentile. No era mi trabajo hacer que llegase aquí: yo soy el entrenador, no el director deportivo. Y me sabe fatal, me habría encantado tener un italiano más en la NBA. No me lo sé explicar, quizás nuestros dirigentes querían seguir un camino distinto. Me gusta mucho como jugador y creo que habría encajado bien en nuestra plantilla: es un gran atleta y con un gran sentido del juego, y luego viene de la familia del Olimpia…

El sueño americano de Gentile se esfumó y el italiano inició su cuesta abajo. Ya saben: cuanta más alta es la subida, mayor es el descenso. Si Gentile llegó a ser uno de los mejores ‘prospects’ europeos de esta década, tras su fracasado fichaje por los Rockets se convirtió en un jugador más.

Euroleague

No jugar en la NBA fue un golpe duro para él, pero el punto de no retorno representó la pérdida de la capitanía en Milán en favor de Andrea Cinciarini, nada más iniciar la temporada siguiente. Livio Proli, mandamás milanés, avivó el fuego: “Alessandro necesita decidir si sigue siendo un chico o un hombre maduro”. Órdago lanzado, pero hubo más: “Hizo algunos comentarios muy egoístas y dañó al equipo. El año pasado tuvo lesiones, sí, pero perdió confianza en su tiro y durante los playoffs sufrió un colapso psicológico. Ser profesional significa que aprendes para ser una persona madura. Tienes que ser serio y respetuoso con el equipo y fuera de la pista”.

Era evidente: Gentile abandonó el ambiente volcánico de Milán y se marchó, en calidad de cedido, a Grecia, al Panathinaikos. Nada mejoró: Sandro solo jugó ocho partidos en el equipo de Xavi Pascual. En marzo de la misma campaña, otra cesión, al Hapoel de Jerusalén -coincidió con y Amar’e Stoudemire -, y nuevo batacazo con apenas seis encuentros disputados.

Volvió a Italia alegando razones personales y rompió definitivamente con el equipo que le fichó con 19 años, a pesar de que aún les unía un año más de contrato. La situación era insostenible y no había vuelta atrás: Sandro Gentile estaba libre para firmar por cualquier equipo.

El hijo de Ferdinando fichó por un grande venido a menos: la Virtus de Bolonia. Por fin, aparecía un halo de luz entre tanta negrura: 16,8 puntos, 3,4 rebotes y 6,5 asistencias de promedio para liderar al equipo junto con Pietro Aradori. Gentile había recuperado sensaciones, pero no abandonaba hábitos negativos. Tanto deportivos (23% de acierto en triple) como de conducta: se peleó con un rival y le costó dos partidos de sanción. La Virtus no se clasificó para Playoffs y decidieron acabar su relación contractual.

Con la selección italiana tampoco ha tenido grandes alegrías. En sus primeras apariciones cogió el relevo de Gianluca Basile y maravilló a los aficionados. Pero la alta responsabilidad le pasó factura, con dos momentos trágicos en su carrera internacional: tanto en los cuartos de final del Eurobasket 2015 contra Lituania como en la final del preolímpico disputado en julio de aquel año frente a Croacia, Gentile tuvo en sus manos balones importantes a final de los partidos que, de haber anotado, habría clasificado a los azurri a disputar la semifinal del Eurobasket frente a Serbia y, sobre todo, a participar en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Después fue excluido del Eurobasket 2017, aunque regresó más tarde para disputar los partidos de clasificación para el Mundial 2019. Sin embargo, este mismo verano, Gentile decidió volver a probar suerte con los Rockets en la liga de verano. Como en 2016, no hubo firma de contrato. Gentile lo achacó a su famosa lesión en los dedos: “Hace dos años, después de la primera operación, volví antes de tiempo para ganar el ‘scudetto’ y el pulgar no recuperó bien. Después de la segunda operación, el dedo ha recuperado estabilidad. No aceptaba la idea de que el problema fuera tan serio, pero lo era. Reto a cualquiera a sujetar cualquier cosa con la mano sin usar el pulgar.

“Probablemente buscaré equipo fuera de Italia, donde piense que pueda expresarme más fácilmente”, terminó aquella entrevista. En Italia se han creado algunos prejuicios sobre mí, también por mi culpa. De nuevo, en la agencia libre.

Apuesta doble en Serrano

Hasta octubre, Gentile rehacía su vida en una pequeña localidad de Lombardía, Treviglio, entrenando con un equipo de la Serie A2, la Blue Basket. Hablaba diariamente con Pietro Aradori, confiándole sus dudas y temores profesionales. Él fue quien le recomendó el Estudiantes, que no había iniciado bien la temporada en la Liga Endesa.

El conjunto madrileño necesitaba un golpe de efecto y Gentile recuperar su baloncesto. En su cabeza, relanzar -o reordenar- su carrera. Está en el sitio ideal, otros lo han logrado anteriormente: Edwin Jackson, Sylven Landesberg o el propio Pietro Aradori. Hubo firma.

Willy Villar, director deportivo colegial, definió el fichaje como un “efecto llamada”. Acostumbrado a acertar, ésta es su apuesta más arriesgada. Apostar por un jugador como Gentile, con su historial, en plena decadencia profesional: la cabeza del italiano no es la de Jackson o Landesberg. Le otorga, desde hace un mes, las llaves del Ramiro, donde viven semanas convulsas con el descenso acechando.

Gentile también ha sido valiente: aceptar el reto de rescatar a un equipo histórico en la mejor liga de Europa, en la que la posibilidad de adaptación rápida es baja. Cuando se escriben estas líneas, nada ha demostrado. Lejos del ‘hype’ de su llegada a Madrid, los primeros partidos como demente no invitan al optimismo. Se le ve desganado, desacertado, con una lentitud evidente y a la gresca con los colegiados. Él, Sandro, ávido de balones, es un generador y finalizador casi continuo. Necesita paciencia y adaptación a los esquemas de un nuevo equipo, en el que además la continuidad del entrenador está en duda. El proceso será más lento de lo previsto.

ACB Photo / E. Candel

Cunden las alarmas en Magariños, no por Gentile, si no porque esas sensaciones las experimenta todo el grupo. La temporada apremia y el ‘Estu’ necesita sus servicios, más aún cuando se ha truncado el despegue de Edgar Vicedo -que renovó con honores la pasada- y Gian Clavell no es el anotador que se presuponía. Más allá de Darío Brizuela, el equipo madrileño no tiene un referente ofensivo.

En Serrano confían en el currículum y en el talento superlativo de Alessandro, aunque la clave, como en toda actividad humana, está en la testa. El tiempo proveerá las respuestas. Por ahora, la partida está en juego, con Gentile a los mandos de la consola estudiantil. Tras anhelos perdidos y muchas frustraciones, ha decidido pulsar la opción de reinicio. En la pantalla, de manera intermitente, solo una palabra cuyo significado siempre esconde dudas e incógnitas: loading…loading…loading…

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