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Objetivo Europa

Virtus contra Fortitudo. Montescos contra capuletos

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Se dice que Bolonia es una ciudad ambiciosa, un lugar donde se han desarrollado peleas de todo tipo y que ponen de manifiesto el carácter orgulloso de sus gentes. Se dice que “tan pronto abres una botella de champán, ya hay gente obligándote a cerrarla”. Cuna de la que se cree la universidad más antigua del mundo, la capital de la Emilia-Romaña ha albergado durante los últimos 50 años una de las peleas deportivas más reconocidas del Viejo Continente, pelea que pareció tener su punto final hace casi ocho años pero que, como salida de algún callejón oscuro, volvió a fraguarse hace apenas un par de meses. Como las dos torres que se alzan en pleno centro de la ciudad, dos ilustres del pallacanestro italiano volvieron a verse las caras después de mucho tiempo, soñando por volver a recuperar los años dorados en que eran símbolos tanto en Italia como en Europa. La Virtus frente a la Fortitudo. La clase burguesa frente a la clase obrera. Los “Forever Boys” frente los “Fossa di Leoni”. Los que se mudaron a jugar a Casalecchio di Reno frente a los que aún juegan en Piazza Azzarita. El blanco y el negro frente al blanco y azul. La virtud frente a la fuerza.

Cada vez que Virtus y Fortitudo se ven las caras, los cerca de 400.000 boloñeses se dividen para seguir a cada uno de estos gigantes en el Derby, una rivalidad deportiva que no entiende si se está dando en un playoff de Euroliga o en un partido de liga regular de la Serie A2 italiana. Da igual. Ambos contendientes siguen combatiendo con odio pero, al mismo tiempo, sabiendo que se necesitan mutuamente para prolongar esta rivalidad. Bolonia llegó a albergar en su día cerca de 200 torres, cada una de ellas levantada por una familia diferente para mostrar su poder. Entre las pocas que sobreviven, hay dos que continúan juntas. La Torre Asinelli, delgada, con una leve inclinación y símbolo de la aristocracia, se dice que representa a la Virtus. Junto a ella, la Torre Garisenda, corta, sólida y con una mayor inclinación, se dice que representa a la Fortitudo. Un viajero francés del siglo XIX las describió como dos viejos amigos que se habían aventurado fuera de la ciudad en busca de diversión y que habían vuelto tiempo después borrachos. Se puede decir que el centro de Bolonia ha sido siempre más de la Virtus, mientras que la periferia de la ciudad y la provincia sienten más simpatía por la Fortitudo. Sin embargo, la diferencia más llamativa siempre se ha visto en la apariencia y en la manera de animar de ambas aficiones. Vestidos con trajes de etiqueta y más comedidos los burgueses de la Virtus; con el torso al aire y más entusiastas los trabajadores de la Fortitudo.

Hoy en día la rivalidad se ve de una manera diferente a la que acontecía en los 90 o en la primera década del siglo XXI, cuando el derby dejaba insultos en las calles y alguna que otra pelea entre ambas aficiones, porque los dos equipos viven momentos difíciles.

El mito de la Virtus comenzó a forjarse en 1871, cuando se fundó en la ciudad la Sociedad de Gimnasia bajo la iniciativa de Emilio Baumann, considerado el padre de la gimnasia moderna italiana. Albergando a diferentes modalidades deportivas como atletismo, ciclismo, esgrima o natación, el baloncesto comenzó a practicarse en la década de los 20, en los muros de la Iglesia de Santa Lucía para, en 1929, fundarse la sección de baloncesto. La década de los 30 y principios de los 40, sirvieron a la Virtus para posicionarse entre los equipos punteros del país, consiguiendo cuatro subcampeonatos nacionales, siempre a la sombra de los equipos de Milán, Roma y Venecia. El final de la II Guerra Mundial trajo consigo el traslado a la mítica Sala Borsa, lugar donde se hacían negocios y se instalaba el mercado durante el día, para pasar a albergar los partidos de la Virtus por la noche. Jugando en su primitivo suelo de azulejos en forma de rombos, la escuadra comenzó a lograr sus primeros éxitos, alzándose con cuatro títulos consecutivos entre 1946 y 1949. Con jugadores como Canna, Gambini, Calebotta o Lamberti, nadie pudo hacerles frente en esos años, comenzando “El mito de la Virtus”.

Paralelamente, la Fortitudo había sido fundada en 1901 por sacerdotes católicos con el objetivo de proporcionar un lugar de ocio y deporte a las juventudes de las clases trabajadoras afincadas en la parte oeste de la ciudad. La sección de baloncesto nacería en 1932, con unas cestas improvisadas que colgaban de las paredes del Gimnasio Canetoli, en la Vía de San Felice. El equipo viviría años muy lejos del profesionalismo hasta que, a comienzos de la década de los 60, consiguió el ascenso a la Serie B tras derrotar al Libertas Forli después de una dura batalla en la cancha y en las gradas. De esta época cabe destacar la figura de Gianni Paolucci, speaker del equipo durante muchos años después, y Beppe Lamberti, posterior entrenador durante más de una década. El 12 de agosto de 1966 la Fortitudo pasaría a formar parte de la máxima categoría del baloncesto italiano tras comprar los derechos de otra escuadra boloñesa, el Sant’Agostino. La transacción, llevada a cabo a medianoche en un restaurante de la ciudad, tendría un coste de 20 millones de liras.

Foto: Archivo SEF Virtus

Así, el 15 de diciembre de 1966, en la cancha de Piazza Azzarita nace el primero de los 104 derbis disputados hasta la fecha por ambas escuadras, medio siglo de feroces batallas y rivalidades entre dos equipos opuestos. Anteriormente solo se habían visto las caras en algunos amistosos o torneos de verano, pero aquel jueves de diciembre fue el primero en la máxima categoría. Virtus acabaría ganando (73-66) un apretado partido que tuvo poca repercusión en las gradas y en los medios de comunicación de la época. Tres meses después, Dewey Andrew, primer americano de la historia de la Fortitudo, se desquitaba de su mala actuación en la primera vuelta anotando 26 puntos para dar la victoria a la Fortitudo en el segundo derby (78-63). Estaba comenzando la historia pero nadie lo sabía.

No fueron años de éxitos para los dos equipos boloñeses. La Virtus no lograba alzar más títulos, siempre a la sombra de los grandes dominadores de la época, Varese y Milán, mientras que Fortitudo trataba de aguantar a duras penas en la máxima categoría del baloncesto italiano. Sin embargo, fueron años donde se empezó a forjar y endurecer la rivalidad entre ambas escuadras. Quizá el primer gran derby que se recuerda fue el de las navidades de 1969, “el derby de la sangre”, disputado ante 9.000 espectadores, y donde la Fortitudo se impuso por un escueto 69-66. De aquel partido ha quedado para el recuerdo la actuación de Gary Schull, “El Barón” como le llamaban los aficionados de la Fortitudo, la primera gran estrella en la historia del club, cuya fotografía al final del choque con los brazos en alto y la camiseta empapada de sangre es parte ya de la historia de esta rivalidad.

La llegada de Gianluigi Porelli a la presidencia de la Virtus en 1968 sirvió para relanzar al equipo dentro de la competición nacional. Apodado “Robespierre” por sus tajantes medidas a la hora de gestionar el club, apostó por un, hasta entonces, desconocido Dan Peterson como entrenador y firmó un acuerdo de patrocinio con la marca electrónica Sinudyne. Los resultados deportivos no tardarían en llegar, alcanzando la Copa de 1974 y las Ligas de 1976, 1979 y 1980 con jugadores como Terry Driscoll, Marco Bonamico, Renato Villalta, Gianni Bertolotti o Kresimir Cosic.

Al otro lado de la ciudad, Fortitudo vivía una década oscura, con apuros económicos, viéndose obligada a desprenderse de sus jóvenes promesas y sufriendo varios descensos a la segunda categoría. Aún así, tuvo un breve momento de gloria cuando alcanzó la Final de la Copa Korac en 1977 en su primera participación en una competición europea. Disputada en Génova ante la Jugoplastika, el partido estuvo marcado por la decisión de la FIBA de inhabilitar a Carlos Raffaelli, estrella italo-argentina del equipo, tras negarse a jugar con Argentina en el anterior Campeonato Sudamericano. La decisión se interpretó como una maniobra de Borislav Stankovic para favorecer a los yugoslavos, con lo que se vivió un ambiente muy tenso durante toda la Final. Los italianos sufrieron la eliminación de varios de sus jugadores por faltas y el partido se vio interrumpido varias veces por lanzamientos de objetos, concluyendo con un apurado 87-84 a favor de los balcánicos, quienes tuvieron que recoger el trofeo en el vestuario tras la irrupción de los tifossi en la pista y la agresión al árbitro principal Mainini.

Como anécdota, unos meses después, en septiembre de 1977, aterrizó en el club una leyenda como Connie Hawkins, como fichaje estrella de la entidad. Sorprendiendo a todos en la pretemporada por sus movimientos y recursos, finalmente fue cortado antes de iniciarse la temporada debido a las dudas sobre su estado físico. Hawkins había aterrizado solo y, lejos de volverse a EE.UU, se quedó en Bolonia hasta primavera, disfrutando de la vida y contándole a su mujer por teléfono historias ficticias sobre partidos en Italia en los cuales nunca llegó a participar.

La década de los 80 comenzó con la Virtus disputando su primera final europea, la de la Copa de Europa de 1981 ante el Maccabi. Jugando sin Jim Mcmillan, lesionado en una de sus rodillas, aguantaron el marcador hasta el final, pero una inexistente falta en ataque señalizada a Bonamico en los últimos segundos le privaron de la gloria, cayendo por 80-79. El equipo alcanzaría Liga y Copa en 1984, ya con Brunamonti, Van Breda Kolff o Binelli, y la Recopa ante el Real Madrid en 1990, con Micheal Ray Richardson en la plantilla. En el otro barrio de la ciudad, la Fortitudo vivía unos 80 amargos, sufriendo varios descensos de categoría, estando muy lejos de los equipos punteros del país. Las temporadas se salvaban dependiendo de si se lograba la victoria en el derby de la ciudad. Dentro de la rivalidad entre ambos, destacó para siempre el recibimiento que los ultras de la Fortitudo hicieron a la Virtus en el último derby de aquella década, formando una “V” en la grada con los pantalones bajados. Roberto Brunamonti, mito de la Virtus, recordaba que “la dimensión económica era importante, pero había una mayor espontaneidad y sinceridad. Un apretón de manos valía la pena. Luego todo fue diferente. El interés económico estuvo por encima de todo y el baloncesto se convirtió en una especie de compromiso”.

Los 90 fueron el inicio de la máxima rivalidad entre ambos clubes, derbis que dividían la ciudad y que marcaron una época en el baloncesto trasalpino. La Fortitudo pasó de ser un equipo del montón gracias a la llegada de Giorgio Seragnoli, dotando al club de un poder económico que nunca antes en su historia había conocido. Eso le permitió incorporar jugadores de prestigio que posibilitaron el salto de calidad que el club andaba buscando para luchar por éxitos mayores. Vincenzo Esposito, Djordjevic, Carlton Myers, Scariolo, hacen que el equipo alcance las Finales de Liga en 1996 y 1997, pero no logra alzarse con el título ante Milán y Treviso, Antes, la Virtus ha empezado ya su propio camino, consiguiendo tres títulos entre 1993 y 1995, con Messina en el banquillo, Danilovic en pista y las míticas Knorr y Buckler en las camisetas. Nino Pellacani, ilustre jugador en la historia de la Fortitudo, recordaba que “la semana anterior al derby las familias se dividían dependiendo de a quien animases. Los hermanos se peleaban y los padres e hijos iban a los partidos separados. Para nosotros era el partido del año, el pico de la temporada. Éramos un equipo joven  que sentía la atmósfera que se respiraba, por lo que sabíamos muy bien lo que significaba para el aficionado ganar o perder”. Eran los años en los que los aficionados de la Fortitudo acudían a los partidos con camisetas en las que se leía “No me gusta la sopa”, en alusión a la mítica Knorr, sponsor del rival.

Foto: Roberto Serra / Iguana Press

En el verano de 1998 se vive un espectáculo de fuegos artificiales en la ciudad, con los dos equipos tratando de conseguir los mejores jugadores del país y del continente a base de liras. A la Virtus vuelve Danilovic después de su experiencia en la NBA, mientras que la Fortitudo apuesta por David Rivers, Dominique Wilkins y Gregor Fucka. Posiblemente sean los dos mejores equipos de Europa y van a acabar chocando en todas las competiciones.

La Fortitudo alcanza el primer título de su historia el 1 de febrero de 1998, alzándose con la Copa ante Treviso en un Palamalaguti lleno. La imagen de Carlton Myers levantando el trofeo en el centro del campo con miles de aficionados enloquecidos a su alrededor representa la alegría de un club que ha esperado más de 30 años para vivir un momento como ese.

Ambos vecinos se ven las caras de nuevo un mes después en los cuartos de final de la Euroliga. En una serie a cara de perro, es la Virtus la que se alza con la victoria final después de una pelea memorable, consiguiendo su billete a la Final Four de Barcelona donde conseguirá su primer entorchado europeo ante el AEK de Atenas. Es la Virtus de Rigadeau, Danilovic, Sconochini, Binelli, Nesterovic,…

El acto final y quizá el que más se recuerda entre ambos clubes, se da en el quinto partido de la Final de Liga. Fortitudo domina todo el choque, aunque con ventajas mínimas, y llega a los últimos segundos con 4 puntos arriba en lo que parece ser el primer Scudetto de su historia. Sin embargo, Danilovic se eleva más allá de siete metros para anotar un triple con falta adicional de un Dominique Wilkins que firma el peor partido de su vida. La Virtus fuerza la prórroga en la que consigue su 14º campeonato, mientras que la Fortitudo empieza a pensar en una maldición después de perder su tercera Final consecutiva.

Un año después, ambos equipos se ven las caras en las semifinales de la Final Four, con victoria de nuevo para la Virtus, aunque el título se lo acabará llevando Zalgiris. Es el preludio del éxito de la Fortitudo, el cual llega, por fin, en 2000, bajo las órdenes de Recalcati: “Era el mejor equipo que he entrenado nunca”. Los Myers, Karnisovas, Vrankovic, Fucka, Basile, Galanda o Jaric se imponen a Treviso 3-1 en el que es el primer Scudetto de su historia. Con el Palaverde invadido por los aficionados boloñeses, Fabrizio Pungetti, voz de los partidos de la Fortitudo lanza sus repetidos gritos estrangulados cuando empieza la cuenta atrás: ¡Campeones de Italia, campeones de Italia, la Fortitudo es campeona de Italia!

El año siguiente será el año de la Virtus, la cual se hace con unos jóvenes Ginóbili, Smodis y Jaric. Los de Messina lo ganan todo, en la que es la mejor temporada de su historia. Desde el primer momento mostraron una gran determinación para ganar, encadenando 33 victorias consecutivas entre Liga y Euroliga. El primer título llegó en Forli, con la Final de Copa ante Pésaro. Tras batir a sus vecinos en las semifinales de la Euroliga por un contundente 3-0, el segundo título llega con la victoria en la Final ante el TAU Vitoria. Finalmente, el triplete llega con la Liga número 15 en junio, tras derrotar en el tercer choque otra vez a la Fortitudo por 83-79. Es la última Liga de su historia hasta ahora.

El último Scudetto para la ciudad lo logra la Fortitudo en 2005, después de perder tres Ligas consecutivas y de alcanzar la Final de la Suproliga en 2004, cayendo de manera contundente ante el Maccabi de Jasikevicius. El título llega quizá cuando nadie lo esperaba ya que el equipo era bueno pero no el principal favorito en la carrera hacia el título. Con Repesa en el banquillo, Basile como capitán y jugadores como Bagaric, Rubén Douglas, Smodis y los jóvenes Mancinelli y Bellinelli, el equipo se caracteriza por una gran defensa e intensidad en su juego, alcanzando la final de Liga ante Milán, liderado por Djordjevic. En el cuarto partido de la serie, la Fortitudo acabó con sus fantasmas y con su leyenda de ser un equipo perdedor tras imponerse en la Final gracias a un triple sobre la bocina de Douglas que necesitó del instant replay.

A partir de ahí, los tiempos de las grandes inversiones y de los costes desmesurados en las gestiones desaparecieron, viéndose ambos clubes avocados a un progresivo descenso en su poder deportivo y económico dentro del baloncesto italiano, al igual que el sufrido por otros ilustres como Treviso, Siena o Roma. El último derby en la máxima categoría, el 103 en la historia, se disputó el 29 de marzo de 2009, con triunfo final de la Virtus por un solo punto gracias a un triple de Dusan Vukcevic. Nadie podía imaginar que habrían de pasar casi ocho años para presenciar el derby 104 y que éste se jugaría en la Serie 2, después de la grave crisis financiera arrastrada por ambos clubes. Ya no estaban los Danilovic, Myers, Ginóbili, Basile, Messina o Recalcati, pero sí la atmósfera que ha rodeado siempre este derby en Bolonia. Con la ciudad engalanada, las entradas vendidas en pocas horas y unos 9.000 espectadores en la grada, el derby número 104 tuvo idéntico desenlace que su predecesor, la victoria de la Virtus en la prórroga por un solo punto de diferencia.

Volver a la Serie A y a Europa es ahora el objetivo de ambos clubes en una ciudad donde el fútbol no es el deporte rey. Nunca lo ha sido. Marco Belinelli, formado en la Virtus pero jugando sus mejores años en Europa en la Fortitudo, veía el derby al otro lado del Atlántico antes de que sus Hornets se enfrentaran a los Spurs de Messina y Ginóbili. “Ocho años sin un derby han sido largos, pero nadie en la ciudad ha dejado nunca de hablar de él. Lo dice todo sobre el valor de esta rivalidad: los grandes jugadores, las aficiones, las burlas… No importa si ahora el derby es en la A2, pronto volverá a ser en finales como en los 90”. Derbis que marcaron la identidad de una ciudad entera. “Cuando aquí en EE.UU. la gente me pregunta qué hay en Bolonia, yo siempre contesto lo mismo: las dos torres, los tortellini y el derby”. Porque, después de medio siglo, la ‘V’ y la ‘F’ no son simples letras. Son mucho más.

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La hora cero del CSKA

El campeón de la Euroliga afronta una revolución inesperada. A la marcha de Nando de Colo y Corey Higgins se le puede sumar alguna más. Tocará mover ficha en Moscú.

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Han vuelto a ser el primer equipo en Rusia un año más, lo que ciertamente no es bueno para el baloncesto ruso, pero no deja de ser una realidad inapelable: ganan porque son de largo el mejor equipo y porque disponen de un colchón de más de diez millones de euros en relación al presupuesto del resto de “contenders”. Hasta ahí todo bien. Sergio Rodriguez, nos contaba en Skyhook #14 que “hay que quitarse de la cabeza la palabra fracaso por no ser campeones de la Euroliga” palabras comprensibles cuando vienen de un jugador….pero que se lo vaya a decir a Vatutin. Hace ya mucho tiempo que en las oficinas de la Leningradsky no basta con ganar la VTB. Tampoco con caer en semifinales de la F4 ante el Olympiakos o el Real Madrid de turno.

La derrota en Belgrado en la Final Four de 2018 supuso un punto de inflexión. Tras la derrota ante el Real Madrid muchos pidieron abiertamente el despido de Itoudis, de quien podemos decir que ese verano tuvo pie y medio fuera del club. Sin embargo, la figura salvadora de Andrei  Vatutin , presidente del club. hace que Itoudis se queda en Moscú, diseñe una campaña con una minipretemporada incorporada en los meses de enero y febrero, y posibilita que el CSKA llegue en plena forma a Vitoria para alzarse con la segunda Copa de Europa en cinco años para Itoudis.

El Buesa Arena supuso el punto de inflexión. Vatutin e Itoudis se abrazaban en un estado de éxtasis en el medio de pista mientras Vatutin le dice al griego: “.Me prometiste que me iba a sentir orgulloso de ti”. Parece que Itoudis es un hombre de los que respaldas las palabras con hechos, pero en Vitoria comenzaba el día uno de la nueva realidad del CSKA.  Nueve jugadores terminaban contratos, Itoudis también y ni siquiera la continuidad de Vatutin estaba asegurada si nos atenemos a las declaraciones que recoge el portal “CSKA.news”: Prometo que terminare la temporada y en ese momento me parare a pensar en el futuro. Después de una gran victoria como esta, siempre se pueden extraer muchas conclusiones positivas, pero tampoco hay que olvidar que conllevan mucho sacrificio y mucho “stress” personal”. No es un trabajo sencillo”.  Desde ese momento, no se ha oído nada más al respecto, por lo que la continuidad del hombre fuerte en los despachos parece probable y este es un hecho importante de por sí, por que pase lo que pase este verano en Moscú, “el factor Vatutin”, influirá en ello.

Con 9 jugadores de los 14 de la primera plantilla finalizando contrato, se sabía que el verano iba a ser movido en Moscú. Tradicionalmente el CSKA trata de cambiar dos o tres piezas anualmente, intentando evitar de esta forma tanto las revoluciones drásticas como los estancamientos en la plantilla.  Tan solo De Colo, Vorontsevich, Kurbanov, Higgins y Kyle Hines, campeones en 2016 en Berlin, sobrevivían en la plantilla campeona este año .

Parece lógico que la primera piedra angular del CSKA fuese la renovación de Itoudis tras proclamarse campeón de Europa. A la hora de valorar la plantilla, la cosa tiene innumerables matices. Todos los extranjeros a excepción de Daniel Hackett terminan contrato y dos de ellos, Corey Higgins y Nando de Colo han anunciado su salida. Dos piezas claves que pierde el equipo del ejército en el perímetro y que obligan a la dirección del club a  buscar reemplazos de entidad. Ambas salidas se llevaban meses especulando en distintos medios, y finalmente se han confirmado. Dos hombres que acumulaban nueve temporadas entre los dos en el CSKA y que en decisiones personales han decidido no renovar con el club. Higgins, una apuesta personal de Itoudis tras su paso por la liga turca, llegó al CSKA procedente del Royal Gaziantep turco. Fue un fichaje que llegó sin hacer demasiado ruido y creció de forma exponencial en Moscú. En su caso se sabe que vestirá la camiseta del Barca Lassa la próxima temporada, algo que a día de hoy se desconoce en el caso de Nando de Colo.

Han sonado varios destinos para el genial escolta francés, pero a día de hoy su futuro parece más cercano a Valencia más que a ningún otro punto del mapamundi. Razones familiares parecen pesar en un hombre que acumula cinco inviernos con su familia viviendo las particularmente crueles heladas y nevadas  con las que el implacable invierno ruso obsequia a los residentes en la antigua URSS. Nada que ver los inviernos de Moscú con los de Madrid, Barcelona o Valencia.

A pesar de que el CSKA es un equipo relativamente joven donde nadie supera los 32 años de edad, va a ser dificil que tras estas dos salidas el CSKA pueda seguir apostando por su política de no cambiar demasiadas piezas. A pesar de ser las dos salidas confirmadas y de llevar su nombre meses sonando en los mentideros, ni Higgins ni De Colo eran las dos salidas que se planteaban más inmediatas. Otros dos nombres sonaban con fuerza : Alex Peters…..y Sergio Rodríguez.

Alex Peters llegó a Moscú con el cartel de joven y prometedor jugador. Mostró un aceptable rendimiento en el primer tramo de competición, revelándose como un buen lanzador exterior, pero lo cierto es que su rendimiento ha ido de menos a más , reduciéndose sus minutos  hasta pasar prácticamente inadvertido. La Final Four puso de manifiestos sus limitaciones defensivas en el poste, siendo uno de los pocos jugadores del equipo campeón que salió devaluado. Itoudis está bastante decepcionado con su rendimiento por lo que no Peters tiene todas las papeletas para salir del equipo también.

Si bien en España la presencia del “ Chacho”, es habitual en los hightlights de diversos portales, su rendimiento bien merece un análisis más profundo. Hay ciertos sectores donde su desempeño no termina de convencer.  El publico moscovita disfruta del “Chacho”, de su desenfadado juego, de sus gestos a la grada, de su manera de vivir el baloncesto….pero en la prensa escrita se le acusa de ser demasiado irregular y representar el lado más débil en el escalón defensivo del CSKA. Más allá de todo eso, a nadie en Moscú de mis colegas de prensa a los que he preguntado les consta que Itoudis le haya dicho al base canario que quiere que se quede en el equipo, lo que invita a pensar que el griego está buscando otro tipo de jugador. En este punto, todo indica que el “Chacho”, será el siguiente  en salir del CSKA.

Daniel Hackett, Nikita Kurbanov, Joel Bolomboy, Ivan Ukhov y Andrei Vorontsevich son los cinco jugadores con contrato en vigor. Will Clyburn , Semen Antonov y Kyle Hines han estampado su renovación. Andrei Lopatin, el prometedor prospecto ruso debería tener ficha con el primer equipo la próxima temporada. Su brillante progresión lo demanda. A expensas de concretarse el futuro  de Peters, Othello Hunter  y Sergio Rodríguez, se espera el verano más movido en las oficinas del CSKA desde hace muchos años.        

Será el verano de la hora cero del CSKA. Un momento  crucial : algo muy concreto llega a su fin , y algo nuevo comenzará. A partir de Vitoria mucha gente piensa que todo va a ser diferente. Y así parece que va a ser.

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Los renglones torcidos del baloncesto

Si vas a Dubrovnik, podrás visitar una maravillosa e hipnótica asimetría, que, como no podía ser de otra forma en esa tierra, esconde una exquisita historia detrás.

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Wikimedia

Información de interés público: este no va a ser un artículo sobre la última temporada de “Juego de Tronos” aunque haga un cameo Daenerys Targaryen en algún momento; ni va a ser un post de cariz turístico-publicitario, aunque haya alguna foto de bucólicos paisajes amurallados esparcida por el artículo; y desde luego no va a ser un ejercicio de nostalgia aunque en algún momento puede que acaricie cierta ñoñería (y por favor disparadme entre las cejas si llego a esos niveles).

Tampoco estoy completamente seguro de que vaya a ser un post sobre baloncesto per se: puede que el deporte favorito de usted, querido lector, y de aquí su seguro escribano, no sea esta vez más que una excusa para cruzar desde las murallas de Dubrovnik a los cerros de Úbeda en menos tiempo que Flash sale a comprar helado de pistacho. O quizás no, quizás el deporte de la pelota gorda sí sea el centro neurálgico del artículo y yo esté balbuceando cual personaje de Woody Allen y echando a perder este primer párrafo. No sé a dónde va a parar esto, así que invito al amable lector (tal como va la cosa, a estas alturas ya solo debe de quedar uno. Un lector, digo) a acompañarme por el existencial vacío de la página en blanco.

Podríamos principiar por la idea. La idea provino de la columna sobre Ante Tomic que acometí hace un par de meses. En plena investigación (sí, investigación, ¿qué pasa? ¿a qué vienen esas risas?) sobre el jugador azulgrana y sus orígenes, me tropecé con un par de peculiaridades sobre su ciudad de nacimiento que me llamaron poderosamente la atención.

La primera la explicité en el texto referido: en el reparto de jugadores croatas de éxito, a Dubrovnik le ha tocado, extrañamente, la pedrea; y quizás por ese motivo se ha convertido en una localidad de tradición más waterpolista (o al revés: el orden de los factores-etcétera). Como enumeré en su momento, aparte de Tomic, podemos recordar a Prkacin, Andro Knego, Mario Hezonja… y ya. Sí, Luksa Andric jugó en Manresa, lo sé, malditos frikis, pero estaremos todos de acuerdo en que that’s. Not. The. Point.

La otra curiosidad con la que me topé fue una foto de una pista de baloncesto de la ciudad que saltaba inmediatamente a los ojos por su hipnótica asimetría y por el inaudito paraje en el que se encuadraba. En un primer momento me imaginé a un arquitecto estrábico diseñando la cancha; luego sumé dos más dos y concluí que aquello debió derivar de un maravilloso accidente o de una solución provisional que las circunstancias habían mutado a definitiva.

Después de darme un par de palmaditas en la espalda por semejante deducción herculespoirotiana (hola RAE, he venido a darte algo de trabajo), añadí a mi bucket list “visitar Dubrovnik” y me dispuse a ver el making of del penúltimo episodio de la temporada final de “Juego de Tronos”, ese en el que a Daenerys, Madre de Dragones, Rompedora de Cadenas y Hacedora de Barbacoas, le entra un calentón (pun intended) y arrasa Desembarco del Rey, la capital de los Siete Reinos, que ha sido siempre escenificada en la pequeña ciudad del litoral dálmata. Juraría que en una de las panorámicas del minidocumental atisbé la singular cancha de baloncesto. Y el resto es historia.

Nota del articulista: el párrafo anterior es una reinterpretación con fines dramáticos. El desarrollo de los hechos no se dio así EN ABSOLUTO pero y lo bien que me encaja todo.

Una historia que explica mucho mejor que yo José Manuel Puertas en este estupendo artículo, así que no lo voy a intentar. Pero sí resumir en pocas palabras. Alehop: al principio del siglo XIV se erigieron las dos torres fortificadas que actualmente escoltan la cancha, y en el XV se construyó una pared que conectaba esas torres; esa pared se convertiría con el tiempo en la singular pista de la que os estoy hablando, pero en aquel momento se aprovechó para construir una fundición.

El terremoto que en 1667 asoló la ciudad de Ragusa (nombre croata de Dubrovnik) arrasó dicha fundición, como tantas otras cosas, y sus ruinas fueron tapadas por las de las casas adyacentes; se decidió recubrir ese espacio, que empezó a ser utilizado por los niños como lugar de juegos, hasta que el colegio del casco antiguo decidió acondicionarlo como espacio de recreo para sus alumnos.

Finalmente, en 2008, después de excavarse la zona buscando (y encontrando) la antigua fundición, se decidió crear un remozado espacio deportivo público en el que era innegociable una pista de baloncesto. Viendo que las medidas no permitían diseñar una cancha tradicional, se preceptuó una configuración en la que se facilitara el poder jugar 2×2 y 3×3, de espíritu tan callejero. Vaya, no han sido tan pocas palabras.

Sí, solo pensar en jugar al baloncesto con esas solemnes, fastuosas vistas de la ciudad, a uno se le relamen los sentidos; no en vano, Vogue la incluyó en su “lista de las diez pistas de baloncesto mejor diseñadas” (y si os preguntáis por qué Vogue tiene una lista de las diez pistas de baloncesto mejor diseñadas, bienvenidos al club de debate).

Un partido en el que cada vez que ataques tengas que poner el intermitente puede dar para reguero de anécdotas y cachondeíto. Pero nada de esto es lo que me inspira a canturrear en Skyhook la poesía de la bella y adriática Ragusa; y ni siquiera estoy muy seguro de saber de dónde procede el impulso, pero me voy a aventurar, que aventurar no engorda.

¿No es hermoso que esta deslumbrante singularidad haya nacido en el caldo de cultivo de algo tan simple y primordial como la necesidad de unos críos de practicar su deporte favorito en su barrio? Al fin y al cabo, un ritual de comunión social infantil que nace y crece con absoluta naturalidad, que en su versión más básica nos cincela el carácter, y en la premium nos pavimenta un futuro hacia, pongamos, unas Finales de Conferencia. Creo que esta es la escena que se ha incrustado en mi imaginación, un poco al estilo de aquellos montajes de la inefable “Érase una vez el hombre”: un terremoto devastador del que nace, piedra sobre piedra, voluntad sobre voluntad, como caldo primordial originado sobre tierra quemada, un brote de belleza alrededor de una pelota naranja.

Y se me ocurre que este es el baloncesto real. Más que el de los pases imposibles de Magic, las suspensiones congeladas de Jordan, los dribblings enloquecidos de Curry o los contraataques-tuneladora de LeBron, el basket que aprendimos a amar es el de hordas de mocosos que se emperran, los muy plastas, en botar, saltar y lanzar sobre los escombros de una ciudad perdida, día tras día, año tras año, generación tras generación, hasta que consiguen, a través de la revolución más pacífica que pergeñar se pueda, que les construyan una pista de baloncesto imposible.

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Milos Teodosic, el ilusionista de Valjevo

Un genio controvertido como pocos. Su actitud siempre ha sido un asterisco en su carrera, al igual que las derrotas en la F4. Pero Teodosic ha sido uno de los mejores bases del continente de la era moderna.

jon@skyhook.es'

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Mayo de 2005. Rondas eliminatorias de la Liga del Adriático. Realmente, nadie esperaba ver a aquel chico disputar ningún minuto. No obstante, en su fugaz participación los congregados pudieron vislumbrar destellos del talento que aquel cuerpo de 1,95 de altura atesoraba, siendo uno de los puntos positivos del torneo de cara al futuro más próximo.

Contra todo pronóstico, Bosko Djokic, entrenador del  BC Reflex, había decidido dar algunos minutos a un base canterano con 18 años recién cumplidos. Pudo haberlo hecho meramente por ver cómo respondía el joven ante su primera gran competición profesional, pero la actuación de aquel adolescente callado y de semblante inexpresivo dejó atónito al público.

La forma en la que cuidaba el balón, un excelso tiro exterior y su innata facilidad a la hora crear juego para sus compañeros era algo fuera de lo común. Además, su desparpajo para buscar la canasta quedó patente: 17 puntos en apenas 15 de minutos de juego repartidos en dos noches. “Juega como un veterano, se ve que tiene una gran confianza en sí mismo”, apuntaban algunos scouts por aquel entonces. Los ojeadores ya seguían los pasos del nuevo diamante del baloncesto serbio de cara al Draft de la NBA.

“No debería estar antes de 2007, pero conviene recordar su nombre. Muestra un equilibrio especial en su juego, como si tuviera todo bajo control”.

DraftExpress

No era otro que Milos Teodosic.

Los orígenes

Nacido el 19 de marzo de 1987 en Valjevo (República Federativa Socialista de Yugoslavia), una de las casas tradicionales del baloncesto serbio, Milos estaba destinado a convertirse en un jugador de renombre. Aquella era una pequeña ciudad ubicada en el distrito de Kolubara, y como en el resto del estado yugoslavo, la canasta estaba a la orden del día.

Ya desde muy joven estaría en contacto con la pelota, dada la influencia de su hermano mayor Jovan, también jugador profesional. De esta forma, sus progenitores, Miodrag y Zorana, decidieron apuntar al menor de sus hijos en un equipo local, a la edad de seis años. Milos iría quemando etapas, mostrando unas aptitudes de las que el resto de compañeros carecían. Su ídolo de la infancia: Pedrag Danilovic, de quien admiraba “su forma de pensar en la pista y su gran deseo por ganar”.

“A diferencia de muchos guards, es más un distribuidor de perímetro que otra cosa. No es particularmente atlético, no muestra gran rapidez y, a pesar de tener buen manejo de balón, le cuesta superar las defensas. Por lo general, trata de aprovechar las pantallas o situaciones en las que su defensor está desequilibrado, lo que consigue con la simple amenaza de su tiro exterior. Este es uno de sus déficits más grandes cuando se habla de su potencial para la NBA”.

15 de agosto de 2005

Su carrera echó a andar cuando el modesto Vujic Metalac se fijó en él. Valjevo estaba viendo nacer a su hijo pródigo, alguien que tuviese la proyección como para colocar a la ciudad en el mapa. Siguió superando categorías a la vez que cursaba sus estudios. No sería hasta el año 2001 cuando su vida cambiaría para siempre. El FMP de Belgrado no perdía la pista a un base emergente que apuntaba maneras. Milos se vería obligado a abandonar su hogar por primera vez para emprender un viaje que a día de hoy no ha terminado. En la capital, alejado del núcleo familiar, continúo formándose como estudiante a la vez que dominaba las categorías inferiores del baloncesto serbio. Por otro lado, su condición de deportista de élite le facilitó el acceso a la universidad privada John Naisbitt. Había llegado el momento de firmar su primer contrato profesional. Lo tenía todo de su parte, en especial la confianza del entrenador.

Uno de los escasos documentos visuales del paso de Teodosic por Belgrado

Tras el primer contacto con Djokic su progresión se dispararía. Sin embargo, debido a su corta edad y a la competencia dentro de la plantilla, se decidió ceder a Teodosic por una temporada al KK Borac Čačak, donde el jugador podría curtirse antes de regresar a las filas del club que lo formó. En aquellos momentos, se antojaba complicado que el jugador pudiese continuar progresando sin apenas gozar de minutos. Pese a su juventud, este cumplió con las expectativas y el cuadro belgradense decidió reclamar sus servicios.

2007 sería el año de su eclosión profesional. Si bien su debut en la Copa ULEB fue en la campaña 2004-05 (14 minutos frente al Vertical Vision Cantu italiano), fue entonces cuando Milos empezó a fraguarse un nombre en las plazas europeas. Con Aleksandar Rasic como base titular, Teodosic sería un combo-guard de lujo en aquella plantilla. Tanto fue así, que a sus 20 primaveras atrajo el interés de varios clubes de renombre en Euroliga. Finalmente, el atractivo de Olympiacos lo sedujo, firmando un contrato de cinco temporadas por valor de 2,8 millones de euros.

“No es lo suficientemente rápido. Sufre en defensa. Esto no supone nada que no supiéramos de antemano, es probablemente el jugador al que menos favorece el juego de la NBA entre los jugadores internacionales de gran talento. Alguien podría estar interesado en él en segunda ronda, pero eso no es un hecho”.


4 de abril de 2007

Ante las aguas del Egeo

Eran años difíciles en el Pireo. Pese a sus buenos jugadores, todavía permanecían a la sombra del gran gigante heleno, Panathinaikos. Durante la década de los 2000, Grecia y Europa estuvieron bajo el yugo del equipo de Zeljko Obradovic y Dimitris Diamantidis. Nada más aterrizar en Atenas, Milos empezaría a sufrir las consecuencias de jugar en uno de los equipos pudientes del continente. No siempre hay espacio para los jóvenes al más alto nivel. Olympiacos, en su ansia por equipararse a los más grandes de la competición, firmó al anotador Lynn Greer. Pésima noticia para Teodosic, ya que el norteamericano sería el puntal ofensivo del equipo. Sin embargo, y pese a la competencia con Roderick Blackney, el técnico Pini Gershon utilizó eventualmente al serbio como escolta, aprovechando su tamaño y rango de tiro. Fue una campaña en la que no careció de minutos, pero tuvo menos peso creativo de lo habitual.

Por el momento, el balance positivo. No fue fácil aclimatarse a la actividad en Grecia tras toda una vida en los Balcanes. La incorporación de Yotam Halperin, proveniente del Maccabi, y la sobrepoblación en líneas exteriores restaron protagonismo a Teodosic. Fue un año muy duro para él, pero le sirvió para madurar y ver realmente cual era el coste del éxito. Por tercer curso consecutivo, Olympiacos se tendría que conformar con el subcampeonato liguero, para mayor gloria de su eterno rival. No obstante, una derrota por 82-84 en semifinales de Euroliga, también ante Panathinaikos, fue lo que realmente hizo daño en el Estadio de la Paz y la Amistad. Era hora de cambiar la tendencia. En 2009 se presentaría al Draft de la NBA, sin ser elegido por ningún equipo. Su estilo de juego no gustaba en demasía en la liga norteamericana y las franquicias eran muy escépticas sobre su hipotética adaptación.

Año 2010. Al fin, con 22 años, el mando era suyo. Milos adquirió las riendas de aquella plantilla desde el primer de día de pretemporada. Bajo las órdenes de Panagiotis Giannakis y formando un trío demoledor con Linas Kleiza y Josh Childress, Olympiacos ya provocaba miedo en sus contrarios. Cuajaron una Euroliga casi perfecta, pero tras una gran campaña faltó el broche final. Teodosic no pudo celebrar su MVP de la temporada, ya que en la final de la Euroliga se encontraron con un FC Barcelona muy superior (86-68). Asimismo, fue elegido ‘Jugador del Año Europeo de la FIBA’, por delante de Pau Gasol y Dirk Nowitzki. Su estrellato era una realidad, si bien no faltaban detractores que lo tachaban de ser excesivamente frío, poco menos que indolente a la trascendencia de los partidos.

Milos Teodosic nunca ha renunciado a la selección | FIBA Photo

Aquel verano, Milos grabaría una marca a fuego en la piel de la parroquia española. Copa Mundial de Baloncesto de la FIBA, Turquía. 89-89 en el marcador con 25 segundos por jugarse. Las indicaciones de Dusan Ivkovic no dejan cabos sueltos. Hay que agotar el reloj de posesión. El balón, en manos de la estrella, quema. Llull aprieta, pero un bloqueo de Velickovic permite que Teodosic y Jorge Garbajosa queden emparejados. No hará falta acercarse a canasta.

El serbio se levanta desde nueve metros y anota. La derrota en la final del EuroBasket de 2009 estaba vengada. En semifinales el plantel serbio caería ante la selección anfitriona, pero todavía hay quien sueña con aquella suspensión imposible. “Pensar mientras juegas no te sirve para nada. Todo sale solo. Eso me pasa a mí. Simplemente, vi la canasta enfrente y decidí tirar. Así, sin más. En ese momento es lo que se suponía que debía hacer”, declaró el propio jugador en una entrevista.

La siguiente campaña tocaría reponerse, con la llegada del que, a la postre, sería el mejor jugador de la historia del club: Vassilis Spanoulis, proveniente del mismísimo Panathinaikos. Teodosic compartiría el liderazgo con el heleno, mucho más idolatrado por la parroquia ateniense. La temporada resultó decepcionante, con una Copa griega que supo a poco. Milos bajó sus prestaciones al mismo tiempo que Kill Bill se erigía como la gran estrella del roster. El dúo de bases, por muy atractivo que sonase, no funcionó.

En las filas del Ejército Rojo 

Algunos rumores apuntaban a cierto interés por parte de San Antonio Spurs, que no habían dejado de seguir la pista del jugador balcánico. No parecía un mal momento para cambiar de aires. Con todo, tras cuatro cursos en el Ática, en Moscú se estaba fraguando un proyecto para volver a dominar Europa. Andrei Kirilenko, Alexey Shved, Sasha Kaun, Victor Khryapa, Ramunas Siskauskas o Nenad Krstic. Núcleo soviético rodeado de algunos los mejores nombres del torneo continental. Escuela lituana en el banco con Jonas Kazlauskas. El plan era claro. Revalidar la Euroliga. Cetro que no levantaban desde el año 2008, perdiéndose tan solo la Final Four del año anterior.

El recorrido era un cuento de hadas. Tras eliminar en playoffs a Bilbao Basket (3-1), después se deshicieron de un correoso Panathinaikos. El destino quiso que Milos se enfrentase a su amado Olympiacos en la gran final. Los rusos eran claros favoritos e hicieron gala de ello. Todo eran risas con 53-34 a dos minutos de concluir el tercer cuarto. Pero nunca subestimes el corazón de Olympiacos. Punto a punto, el equipo griego fue acercándose en el luminoso, hasta que Giorgios Printezis convirtió una especie de bomba que es historia del baloncesto contemporáneo (funesto Siskauskas desde la personal). La eventualidad quiso que el conjunto del Pireo volviese a reinar, y lo hiciese sin Teodosic en sus filas.

El propio Milos, denotando una excesiva prisa en su juego cuando debía imperar la calma, fue uno de los grandes señalados en aquella derrota. Además, con 61-58 y 20 segundo por jugarse, erró un tiro libre que hubiera sido decisivo. Los años venideros serían un dejà vú continuo en el seno del equipo ruso.

2013, 2014 y 2015. Las semifinales fueron lo máximo. Aquel equipo que durante los meses que duraba la temporada era una apisonadora ofensiva, se hacía pequeño a la hora de la verdad. Los automatismos colapsaban, las cabezas se nublaban y el nerviosismo ante otro fracaso se apoderaba de los jugadores. Se fichaba a las máximas estrellas para remediarlos, pero en el torneo del K.O. siempre había quien lograba tumbarlos. Su bestia negra en la historia reciente: el Olympiacos de Spanoulis. Aquel que tantas pesadillas ha provocado a Andrey Vatutin, presidente del club ruso.

Multitud de decepciones, éxitos en la VTB United League aparte, hasta que llegó el 15 de mayo de 2016. El día que cumplió su misión. CSKA y Fenerbache se enfrentaron en una noche histórica. Los moscovitas llegaron a liderar el marcador por 23 puntos en el tercer periodo, pero hizo falta una heroica canasta de su capitán, Khryapa, para forzar la prórroga y por fin a tantos años de maleficio. Moscú dominaba Europa ocho temporadas después. Milos fue el jugador más valorado de aquel partido (29), pero el MVP fue a parar a manos de su compañero Nando De Colo. No le hacía falta. Su valía estaba demostrada.

Destino L.A.

Una nueva derrota en semifinales frente a Olympiacos en 2017 supondría el adiós de Teodosic a la disciplina rusa. Lo había conseguido casi todo a nivel europeo y la NBA seguía llamando a su puerta. ¿Por qué no intentarlo en plena madurez deportiva? Varios equipos tentaron al serbio con sumas de lo más atractivas, pero se decidió por Los Ángeles Clippers.

La franquicia angelina esperaba ocupar la ausencia de Chris Paul con el IQ baloncestístico del ex del CSKA. Tremenda amenaza desde el triple en pleno auge de la larga distancia, además la mejor capacidad de pase de toda Europa. La NBA, aquella competición que le fue negada desde su eclosión, era un sueño hecho realidad.

Su desembarco en California generó todo tipo de sensaciones. La expectación era alta. Patrick Beverly, antiguo compañero suyo en Olympiacos, dijo que se trataba del “mejor pasador del mundo”. Matadores del calibre de DeAndre Jordan y Blake Griffin estaban deseosos de poder disfrutar de las asistencias imposibles de Milos. Mientras estuvo sano, disfrutó de minutos, siendo titular en 36 (22 victorias) de los 45 partidos que disputó en la 2017-18. Compartió labores de dirección con Austin Rivers y Lou Williams, pero para su desgracia, una fascitis plantar empañaría el primer año bajo los focos del Staples Center.

“En el pasado sentí que jugar en la NBA no era algo muy cercano a mí.  Tal vez ahora esté más listo mentalmente. Sé lo que puedo hacer. Quiero sentirme importante y ver que un equipo tiene un proyecto para mí. No pienso ir a la NBA solamente para decir que he estado allí, quiero ir y contribuir”.

Milos Teodosic, 2017

Las lesiones tampoco desaparecieron el siguiente curso, todavía por concluir. Desde el comienzo de la temporada, Teodosic arrastró molestias en los isquiotibiales, que le dificultaron tener mayor presencia en la rotación del equipo. Con Patrick Beverly recuperado, la adquisición de Shai Gilgeous-Alexander relegaba al serbio a un rol residual. Además, su carencias defensivas provocaban notorios desajustes ante los bases más físicos de la competición. Bagaje final: 15 escasos partidos, en los que apenas fue protagonista.

“Llegué, vi lo que había y de alguna manera me di cuenta de que disfruto más en Europa”.

El propio jugador lo veía con nitidez. Su lugar era otro. Finalmente, tras su completa ausencia en la distribución de minutos, los Clippers cortaron a Teodosic, el 7 de febrero de 2019. Adiós a un sueño de lo más efímero.

LOS ANGELES, CA – OCTOBER 09: Los Angeles Clippers Guard Milos Teodosic (4) looks on during an NBA preseason game between the Denver Nuggets and the Los Angeles Clippers on October 9, 2018 at STAPLES Center in Los Angeles, CA.

Cuando la prensa apuntaba a un inminente retorno a Europa de la mano de un aspirante, el de Valjevo sorprendió a propios y extraños diciendo que no jugaría en ningún club en lo que resta de calendario. Lo hará, en cambio, con su selección en el Mundial de China. Una Serbia capaz de todo: platas en el EuroBasket 2009, Mundial 2014 y Juegos Olímpicos 2016. Solo España y Estados Unidos han evitado que esta generación se cuelgue una medalla de oro. Mientras tanto, Teodosic se dedicará a entrenar por su cuenta, meditando sobre qué hacer la siguiente campaña. Le lloverán las ofertas, pero tiene claro que quiere un compromiso competitivo y a medio plazo.

Después de sacarse la espina de la Euroliga, Milos ya no volverá a jugar con aquella losa que recayó sobre sus hombros durante tanto tiempo. Había cumplido su tarea. Tras aquello, la opinión pública era clara: un jugador de su talento no podía quedarse sin probar suerte en la NBA. Al igual que continúa sucediendo con Sergio Llull, expertos y aficionados querían ver qué tal se desenvolvía en la liga norteamericana. Sin embargo, la realidad ha vuelto a dejar claro que hay tipos hechos para el baloncesto FIBA, como Nando De Colo, Aleksandar Djordjevic, Sarunas Jasikevicius, Sergio Rodríguez o el propio Vassilis Spanoulis. Auténticas estrellas que no brillaron al otro lado del Atlántico.

Lo decían los scouts cuando apenas era mayor de edad. Se trataba de un jugador que podía sufrir mucho contra los exuberantes físicos de la NBA, más de lo proyectado incluso en la actualidad. El caso es que Milos Teodosic ya jugaba por aquel entonces como un auténtico veterano. Pausado, leyendo el juego, amasando balón y sin correr más de lo debido. Su sitio era Europa. Un genio con un don especial para leer el juego, para ver huecos que nadie más percibe. Siguen apareciendo críticos con su estilo de juego. Es cierto, puede pecar de frialdad en ocasiones. Cuando salta al parquet parece recién levantado de la siesta. Pero es lo que tienen los genios, a veces sus mentes son inescrutables.

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