Hace algo más de tres años, Mark Jackson (hoy comentarista estrella en la televisón americana) detallaba en una entrevista el que era su podio particular de los mejores escoltas de la historia de la NBA. Michael Jordan figuraba encaramado al primer lugar del cajón, con Kobe Bryant a su lado. Hasta aquí nada extraordinario, una opinión bastante extendida entre los habitantes del planeta basket. Fue a la hora de designar el tercer lugar cuando la valoración subjetiva del exbase de Knicks y Pacers (entre otros) desencadenó el debate: el playmaker neoyorkino otorgaba ese honor a su excompañero Reggie Miller.

Varios nombres fueron lanzados sobre la mesa para enriquecer la discusión: Jerry West, Dwayne Wade, Allen Iverson, Ray Allen… El talento en el puesto de escolta ha sido y es inabarcable. Pero hay un factor decisivo para entender la opinión de Jackson: como ya hemos indicado, Mark compartió cancha con Miller, y pudo presenciar en primerísima persona los milagros varios del tirador californiano y sus profanaciones varias de una pista en especial: el Madison Square Garden, catedral del basket mundial y hogar de los New York Knicks.

Jackson estaba allí aquel 7 de mayo de 1995, en el primer partido de las Semifinales de la Conferencia Este entre Knicks y Pacers. También lo estaban Spike Lee, John Starks y el resto de la imaginería y equipo de los Knickerbockers, así como su parroquia en un Garden a rebosar. Pero, como previa al relato de ese milagro, conviene ponerse en antecedentes y retroceder en el tiempo un año antes (cuando el base aún no formaba parte del roster de los Pacers). Abrochémonos los cinturones y arranquemos el DeLorean…

Reggie Miller vs The New York Knicks, Parte I

Finales de la Conferencia Este, año 1994. Con Michael Jordan jugando al béisbol tras la primera de sus retiradas interruptus, la Gran Manzana se halla en combustión, ante la posibilidad de que sus Knicks se planten tras una larga espera en unas Finales de la NBA. Los Indiana Pacers de Larry Brown resultan ser un importante escollo en el escalón previo, desatándose las hostilidades en una serie más parecida a una batalla campal entre dos equipos extremadamente agresivos en fase defensiva. Con la serie igualada a 2 y el clásico basket macarra del Este dictando su ley, la ciudad de Nueva York se engalana de cara al quinto partido. Había nacido una rivalidad que sobrepasaba el plano deportivo, para extenderse al cultural e ideológico.

El público del Garden redobla su implicación para aturdir a los Pacers y a su estrella, un virtuoso del trash talking: Reginald Wayne Miller. El cineasta Spike Lee, dueño perenne de una butaca a pie de pista, no para de incordiar a un Miller especialmente fallón durante toda la velada, y los de Indiana entran en el último cuarto 58-70 abajo, sin demasiadas esperanzas de levantar el duelo. Al menos la mayor parte de ellos…

Foto: NYPost.com

A esas alturas de la cita Reggie jugaba ya dos partidos de baloncesto: uno frente a los New York Knicks, el otro frente a un Spike Lee tan charlatán como él mismo. Y en aquellos 12 minutos finales la capital de mundo presenciaría una exhibición insólita en una batalla de esa trascendencia.

Indiana se entrega a su #31, que comienza a encadenar un triple tras otro ante la impotencia de un John Starks superado una y otra vez por su más odiado rival. Y, tras cada canastón, miradas, bravuconadas y gestos dedicados a Lee (incluido varios de mal gusto que llegan a escandalizar a la mujer del director). 34 puntos para los visitantes en ese último parcial, 25 de ellos producidos directamente por su escolta (para un total de 39 en su casillero particular). Una gloriosa explosión anotadora que se lleva por delante a la tropa de un alucinado Pat Riley: su escuadra, brutal e inmisericorde tal y como él la había concebido, claudicaba ante la misión de detener a un Miller en combustión.

Los periódicos neoyorquinos apuntarían hacia Spike Lee con su dedo acusador a la mañana siguiente, culpabilizándole directamente de la derrota por haber despertado a la bestia competitiva que anidaba en el interior de Reggie Miller. La realidad es que los Knicks se acabarían llevando la serie tras ganar los dos partidos siguientes por diferencias mínimas, pero la leyenda de “The Killer” en el Madison había ingresado ya con letras de oro en el libro de historia de la NBA. Y aquel sería el primero de los episodios.

Foto: Manny Milan / Sports Illustrated