Es uno de los nombres de moda en el mercado veraniego, y uno de los grandes anotadores de referencia que pueblan la NBA actual.

Los dos grandes polos de atracción situados a una y otra costa del país, Boston y Los Ángeles, ya han preguntado por él; y el jugador, buscando adherirse a proyectos más ambiciosos, ya ha comunicado a la gerencia deportiva de Indiana Pacers sus intenciones de abandonar el equipo cuando se convierta en agente libre en el ciclo estival de 2018. De esta manera, todo apunta a que los Pacers tratarán de traspasarle este mismo verano para evitar que se marche a cambio de nada en el próximo.

Sea como fuere, en el laboratorio NBA de hoy nos proponemos diseccionar por completo su juego, en busca de entender porque constituye una de las piezas más valoradas del panorama baloncestístico actual. Y al igual que en la anterior edición, enfocaremos nuestro análisis bajo tres prismas bien diferenciados: anotación, pase y defensa. Al ser estos los tres grandes bloques que componen la construcción físico-técnica de nuestra superestrella.

Hoy toca hablar, por lo tanto, de Paul George.

Cuando en agosto de 2014 el alero californiano se fracturaba la pierna derecha en una acción terrible y desafortunada, parecía que la oscuridad se postraba sobre un tipo que, en los dos últimos años, había tratado de pelearle al mismísimo LeBron James la hegemonía de la Conferencia Este. Aquella accidental maniobra, además, se había producido en el transcurro de un partidillo que estaba llevando a cabo Team USA de cara a prepararse para el Mundobasket de España. No sólo George vería truncado su sueño inmediato de participar con la selección norteamericana en un gran campeonato internacional, sino que también se perdería casi al completo la temporada siguiente. Nadie sabía cuando volvería, y más importante aún, en qué condiciones lo haría.

Pero volvió.

Terminando la 2014-2015 se reengancharía a los seis últimos partidos, y para la 2015-2016 ya estaría plenamente operativo. En las dos últimas temporadas no sólo hemos visto a un George completamente recuperado, sino que se ha transformado en un jugador aún más dominante en todos los aspectos, haciendo gala de una mayor gama de recursos y elevando su producción bruta con respecto a lo visto antes de la lesión. Hoy por hoy, no es descabellado afirmar que ocupa un lugar entre los cinco mejores aleros de la NBA (una de las posiciones más cargadas de talento que tiene la competición), junto a LeBron, Durant, Leonard y quizá el prometedor Antetokounmpo. Formar parte de esa conversación ya supone un triunfo enorme en sí mismo.

Vamos a desentrañar, por tanto, los motivos de que esto sea así.

Paul George

Foto: USA Today

ANOTACIÓN

Es quizá el aspecto donde George brille con más luz propia. Su capacidad para anotar de diversas maneras y generarse su propio tiro en cualquier situación, y ante cualquier rival, le convierte en uno de los mejores generadores de puntos que tiene la NBA.

Este año ha alcanzado cifras tope de anotación en su carrera, con 23.7 puntos/partido, convirtiéndole en el quinto mejor anotador del Este sólo por detrás de DeRozan, James, Irving y Butler. Nuestro protagonista, además, ha demostrado una habilidad para incrementar sus números en el escenario más complicado de todos, la postemporada, como demuestran los 28 puntos/partido que promedió en primera ronda ante Cleveland, o los 27.3 puntos/partido que le endosó a Toronto el año pasado. Es de esperar, por otra parte, que George logre eliminar por completo esos valles de productividad por los que a veces atraviesa durante la competición regular, y que un día logre superar la barrera de los 25 puntos/partido en temporada regular.

Capacidad tiene de sobra para ello.

ANOTACIÓN SIN BALÓN

Para desentrañar las claves del alero en este aspecto, habría que detenerse, primero de todo, en cómo ha logrado perfeccionar el complicado arte del catch and shoot, es decir, las secuencias del recibir y tirar (traducido al castellano). Un recurso en apariencia sencillo y poco glamuroso, pero que constituye uno de los grandes pilares en los que se apoyan los mejores anotadores y tiradores de la NBA actual. En una competición donde prima el aprovechamiento de los espacios, la actividad sin balón, y el lanzamiento exterior, dominar esta acción resulta fundamental.

Casi de manera un tanto silenciosa, George ha logrado consolidarse como uno de los mejores jugadores que existen en el catch&shoot, y eso que en principio no partía como un tirador puro (lo que refleja su gran ética de trabajo). Durante la pasada temporada, un 35.9 % de sus lanzamientos fueron de esta naturaleza, acertando con una efectividad real (EFG %) del 60.1 %, y logrando aguantar la comparación con algunos de los grandes especialistas en este particular aspecto, como Thompson, Korver, Curry, Middleton, CJ McCollum o Durant. En la siguiente tabla se reflejan los datos obtenidos y el comportamiento de estos jugadores en situaciones de recibir y tirar.

JUGADOR FRECUENCIA FG % EFG %
Stephen Curry 33.4 46.8 67.4
Kevin Durant 33.4 48.1 63.7
Paul George 35.9 43.6 60.1
Kyle Korver 26.2 45.5 63.7
CJ McCollum 34.9 43.1 61.6
Khris Middleton 30.7 44.7 63.6
Klay Thompson 34.0 45.4 62.1

No hay que olvidar, además, que George no cuenta con las facilidades (en términos de espacios, atracción y sofisticación táctica) que si disfrutan algunos de los nombres mencionados en esta tabla; y a pesar de todo, logra moverse en cifras similares de efectividad.

El secreto de PG13 radica en su habilidad para ejecutar el catch&shoot saliendo desde los bloqueos (normalmente colocados por un interior), y partiendo en muchas ocasiones desde un lado de la cancha (en este caso el derecho) para acabar lanzando desde la zona del semicírculo.

Su maestría para frenarse en seco y cuadrarse perfectamente (torso inferior alineado con el superior) en una sola secuencia rápida, le convierte en un jugador muy efectivo en este tipo de situaciones, y además suele pillar por sorpresa al defensor, que en numerosas ocasiones acaba cometiendo la falta.

Esta es una de las grandes claves para comprender el mecanismo que siguen los tiradores más dominantes del planeta: la frenada en seco, la colocación del cuerpo formando un ángulo recto con el aro, y el ‘shot-release’ (mecánica de tiro) rápido, armado en centésimas de segundo pero evitando al mismo tiempo sacrificar efectividad.

Por otro lado, es tanto el talento como tirador que atesora Paul George, que tampoco necesita como condición imprescindible cuadrar perfectamente su cuerpo para acertar un catch&shoot. También es capaz de ser efectivo en situaciones de desequilibrio físico, con un defensor muy encima y cayéndose hacia atrás. Como ejemplo podría valer la siguiente secuencia. A destacar el paso final que realiza de cara a impulsarse lo máximo posible en su suspensión:

Otro aspecto recurrente en la paleta de recursos técnicos manejada por el alero de los Pacers es su capacidad para maximizar todo lo posible la efectividad desde las esquinas, uno de los lanzamientos con más potencial efectivo que existe en el baloncesto profesional. Normalmente se muestra más cómodo lanzando el triple desde la esquina derecha, aunque también puede encestar desde el lado opuesto. A destacar su habilidad para ejecutar con pies parados y con el cuerpo perfectamente enfilado hacia el aro.

En esta carta de tiro que recoge los porcentajes obtenidos por zonas en la pasada temporada, podemos observar claramente la altísima efectividad con la que lanza Paul George desde la esquina derecha, convirtiéndole en uno de los jugadores más peligrosos de la competición desde ahí.

Paul George Shot Chart

Por otro lado, en su sofisticada actividad sin balón también juega un papel importante los cortes hacia dentro y la depredación del aro, expresada en este caso por medio de una capacidad atlética y vertical bruta nada desdeñable.

Potencial finalizador que hoy día se mantiene más atemperado (este curso pasado culminó 31 mates por los 69 y 71 que cosechó en 2014 y 2013 respectivamente), pero que en cualquier caso sigue latente y no debe menospreciarse. Si acaso, la versatilización técnica de George le permite conservar mejor su físico y distribuir más sus mates.

ANOTACIÓN CON BALÓN

Si George ha logrado convertirse en un monstruo de la ejecución sin balón a base de trabajo y repetición, no menos espectacular es su dominio del lanzamiento tras bote, es decir, cuando tiene que generarse sus propios tiros partiendo desde el balón. Es este quizá el aspecto decisivo a la hora de separar a los buenos jugadores de las grandes superestrellas, al ser un escenario que depende casi exclusivamente del talento individual, y que se aisla de cualquier estructura táctica soportada por el colectivo. Un aspecto que, en muchos sentidos, determina su mayor diferencia en el contexto de la postemporada, donde las defensas aprietan más y los márgenes de error se reducen.

Para empezar a comprender la destreza de George en este apartado, habría que empezar por catalogarle como ‘crafty’, ese término tan repetido en la literatura deportiva norteamericana y que vendría a definir un jugador que, ante todo, consigue sus objetivos desde la astucia, el ingenio y el dominio tanto de los tiempos como de los ángulos. Según definición oficial:

‘crafty’: ingenioso a la hora de alcanzar objetivos por medio de métodos indirectos o que engañan al rival.

Y es que, aunque el potencial físico y atlético de George es innegable, prefiere en muchos sentidos aprovecharse de su astucia técnica para sortear la resistencia enemiga, al igual que lo hacían jugadores como Paul Pierce, Larry Bird, Steve Nash o Tim Duncan. Es habitual ver al alero de Indiana entender perfectamente la utilización del bloqueo, la preservación constante del equilibrio, y la ejecución de la jugada a un ritmo personal que no tiene por qué ser el más veloz o explosivo, pero que si es el más conveniente a cada momento.

Esa excelsa habilidad para generarse espacios de cara a probar su pull up jumper (levantarse y tirar en suspensión) se relaciona directamente con su condición de ‘indefendible’ desde la media distancia. Observemos por ejemplo como logra sortear en esta secuencia a Avery Bradley, uno de los defensores de perímetro más intensos y pegajosos que existen en la NBA actual, y que sin embargo no puede hacer absolutamente nada ante la ejecución de George.

Se da la circunstancia, además, de que ese craftiness le hace sentirse muy cómodo en situaciones donde el defensor le aprieta lo máximo posible. Según el ‘tracking’ recogido por NBA.com, Paul George es muy efectivo cuando un rival le defiende a 60 centímetros o menos del cuerpo (49.7 % en TC), o en otras palabras, cuando se encuentra completamente pegado a él. De hecho, es más efectivo en estas situaciones que cuando el defensor le acosa con una distancia de separación mayor. Lo cual da cuenta de una situación completamente anómala y paradójica que se manifiesta en muy pocos jugadores. Dichos datos, no obstante, reflejan todo tipo de situaciones ofensivas (penetración, cortes, etc), y no sólo los lanzamientos de media distancia. En lo respectivo a esto último lanza con un más modesto 37.2 % frente a una defensa extremadamente pegada, aunque se va hasta el 44.5 % de efectividad cuando el defensor le aprieta con un margen de distancia entre los 60 centímetros y los 1.21 metros. No está nada mal.

En otras ocasiones brota de esa condición natural como crafty su capacidad para añadir el ligero paso/inclinación hacia atrás en el momento de ejecutar el lanzamiento, lo que le genera un espacio extra de separación con respecto al defensor, e incrementa sus opciones de acertar.

También ha venido siendo muy habitual que los Pacers utilizaran mucho a George en aclarados, que idealmente se jugaban desde la zona de los codos. De esta manera, su equipo le concedía el mayor rango de espacio posible para manifestar su magia. En este tipo de secuencias podemos observar su dominio de la amenaza triple (botar, pasar o tirar), el uso constante de las fintas y un imparable cambio de ritmo. En esta penetración concreta recuerda mucho a las habilidades que ponían/ponen en práctica exteriores como Pierce, el mejor Carmelo o incluso el actual Kawhi Leonard.

Por último, y no menos importante, resulta de vital importancia su excelso manejo de balón, muy desarrollado para un jugador de su posición, y que le permite generar cuantiosas situaciones de desequilibrio frente al defensor. Recordemos, sin ir más lejos, que a pesar de su alto porcentaje de uso (USG %) no pierde demasiados balones como se podría esperar de un jugador cuya función principal (aunque si secundaria) no es la de ser un ‘playmaker’. Resulta interesante comparar esta circunstancia (porcentaje de uso frente a porcentaje de pérdidas o TOV %) en algunos de los mejores aleros de la liga.

JUGADOR USG % TOV % PÉRDIDAS/PART.
Antetokounmpo 28.3 13.3 2.9
LeBron James 30.0 16.1 4.1
Paul George 28.9 12.6 2.9
Kawhi Leonard 31.1 9.1 2.1
Kevin Durant 27.8 10.4 2.2

Como ejemplo de todo ello podríamos poner esta secuencia, donde se genera una canasta sencilla gracias a su manejo de balón, y en el que juega un papel predominante el crossver limpio, el cambio de manos, y la manipulación interesada del ritmo. Astucia en su máxima expresión.

PASE y PLAYMAKING

Durante prácticamente toda su carrera NBA, aunque siempre en relación a los minutos y toques de balón otorgados, Paul George ha demostrado un feeling considerable a la hora de crear para los demás. Aunque su función principal en los Pacers ha sido la de ser un ejecutor, su habilidad para disfrazarse de point-forward (alero creador) y generar anotación para sus compañeros está más que contrastada.

Es cierto que el haber compartido vestuario con numerosos manejadores de la bola en el pasado y en la actualidad (Hill, Teague, Ellis, Stuckey, Stephenson) ha hecho que sus promedios brutos de asistencias por partido no deslumbren en exceso (3.3 asistencias/partido el curso pasado y 4.1/partido en su mejor temporada). No obstante, sería un error identificar automáticamente el número de asistencias con la capacidad creadora y el toque natural para el pase. A veces son dos elementos que van estrechamente unidos, pero en otras ocasiones no, puesto que como ya hemos dejado entrever, los números brutos en lo respectivo a las asistencias dependen mucho de la función que realizas en un determinado equipo, y del tiempo que logras amasar el balón. Por citar un ejemplo clásico, nadie en su sano juicio podría argumentar que Ty Lawson, cuyo pico de asistencias/partido fue de 9.6 en 2015, es mejor pasador puro que Larry Bird, a pesar de que su pico se sitúa en 7.6 durante la temporada 1986-1987.

Con George ocurre un fenómeno parecido, es mucho más apto como pasador de lo que refleja la estadística básica, pero aún podría ser incluso mejor minimizando cierto tipo de errores.

Una de las secuencias favoritas de Paul George es crear desde zona frontal, puesto que de esta manera adquiere una visión panorámica de lo que acontece en cancha, y puede rastrear el posicionamiento de sus compañeros en pista (sobre todo si son interiores).

Está dotado también para anticiparse a la jugada (velocidad mental) y encontrar al hombre abierto en segundas ocasiones. A destacar su privilegiado toque de muñeca, que le permite generar una trayectoria rápida y precisa en el pase, y que le ayuda a ejecutar asistencias en situaciones de presión, donde deben tomarse decisiones de manera casi instantánea.

Esta predisposición a crear desde la zona frontal le lleva, no obstante, a cometer errores de manera intermitente. Su relativa obsesión por situarse ahí favorece (en sentido negativo) la aparición de la ‘visión túnel’, como en esta acción donde fuerza el pase hacia dentro y en línea recta, y no logra ver a Monta Ellis completamente liberado en el lado izquierdo.

Este margen de mejora en su capacidad para ejercer de point-forward a tiempo completo lo refleja, de manera parcial, el porcentaje de sus jugadas que terminan en asistencias, concretado en un 16.1 % que aún se sitúa lejos del 41.3 % cosechado por LeBron James, el 26.6 % de Giannis Antetokounmpo, o incluso el 18.9 % de un Kawhi Leonard que, en principio, tampoco ha destapado todavía todo su potencial como alero creador. No obstante, en justicia habría que mencionar el efecto que ejerce el sistema empleado por McMillan en Indiana, que en cuanto a sofisticación colectiva se aleja mucho de lo visto en equipos como Golden State, Milwaukee o San Antonio. En la última temporada, los Pacers se situaron 15º de la liga en asistencias/partido con 22.5. Tampoco destacaron por mover el balón en exceso (más bien se movieron en la zona media de la tabla):

EQUIPO PASES/PARTIDO ASIST.SECUNDARIAS PTS. GENERADOS POR ASISTENCIAS
Cleveland 280.1 6.0 57.4
Indiana 288.3 5.4 53.4
Golden State 317.2 9.6 72.2
Milwaukee 292.4 5.8 57.8
San Antonio 317.0 6.3 57.1

Otro de los aspectos en los que George brilla gracias a su poder creador es en las situaciones de drive and kick, o traducido al castellano, penetrar y doblar hacia el compañero. Es decir, su condición como foco ofensivo logra atraer a la defensa del rival, que normalmente colapsa sobre él, y dicha circunstancia acaba generando espacios abiertos para los demás.

Aquí otro ejemplo de lo expuesto anteriormente:

ACTIVIDAD DEFENSIVA

En los últimos años, Paul George se ha consolidado como uno de los mejores two-way players (jugador de impacto en ambos lados de la pista) que existen en el panorama baloncestístico actual. Su impacto en pista va mucho más allá del aspecto ofensivo, y logra también penetrar profundamente en el mundo de la contención defensiva, tanto en su vertiente individual como en lo referente a la defensa colectiva y de ayudas.

Para desentrañar las claves que caracterizan a este bloque habría que empezar por enumerar sus cualidades físicas, marcadas por una envergadura soslayable (211 centímetros), un físico de corte liviano y dinámico que le permite desplazarse por la cancha con gran rapidez, y una buena velocidad de piernas, que le salva de perder el equilibrio ante las embestidas del rival.

Observemos la siguiente secuencia ante Charlotte Hornets, donde su presión, anticipación y envergadura a la hora de jugar líneas de pase le permite forzar un robo (promedió 1.6 robos en la última temporada, 5º de la liga en su posición sólo por detrás de Covington, Ariza, Leonard y Antetokounmpo):

O en esta otra, donde a pesar de que parte desde una situación inicial de desventaja debido al frenético cambio de ritmo realizado por Jeremy Lamb, logrará recuperarse gracias a su increíble velocidad de piernas, que le permitirá recuperar el equilibrio, y acabará realizando un buen punteo al lanzamiento rival:

Y es que durante la última temporada, Paul George dejó a su rival defendido en un más que respetable 45.7 % de acierto, similar a lo cosechado por grandes especialistas de la defensa individual perimetral como Kawhi Leonard (45 %), Tony Allen (44.6 %), Trevor Ariza (46 %) o Avery Bradley (46.5 %). A recordar, en todo caso, que dichos registros estadísticos sólo ofrecen una visión orientativa de la actividad defensiva, puesto que en esencia premian el fallo del rival y no el verdadero esfuerzo defensivo llevado a cabo (es posible defender bien y que aún así el atacante acabe encestando).

Además, y en término medio, George se las arregló para no permitir que los rivales mejoraran sus porcentajes ante su defensa individual (tampoco lo empeoraron), con un 0.0 % de diferencia. Por establecer una comparación directa, Kawhi Leonard consiguió que los rivales empeoraran sus porcentajes en un modesto 0.8 %, lo cual da buena cuenta de lo complicado que resulta esta tarea, y la innumerable cantidad de factores que entran en juego.

En cuanto a la defensa de ayuda, el tamaño y la solidaridad de George le permitió acudir a los cambios de manera constante, y ejerció una influencia directa a la hora de corregir los errores de sus compañeros. De nuevo hay que poner énfasis en su tamaño y envergadura, que le dota de una versatilidad defensiva extra (capaz de sujetar varias posiciones en cancha) y que le facilita aguantar a jugadores más altos en los cambios. Una cualidad muy valiosa teniendo en cuenta la fisionomía que ha adoptado el baloncesto moderno.

Obsérvese esta interesante secuencia ante Boston. En principio se queda en el cambio con el pívot de los Celtics, Al Horford, que le supera considerablemente en peso y estatura; sin embargo, logra fijar muy bien su posición y evitar que reciba la bola en el poste, lo que en última instancia forzará un lanzamiento muy difícil de Crowder. La canasta termina entrando, pero tanto Indiana como George han logrado solventar la ejecución del cambio defensivo con nota. No podían hacer nada más.

O en esta otra jugada donde lee muy bien las necesidades defensivas de su equipo, dejando a su hombre libre en el momento preciso y acudiendo para ayudar a Myles Turner en la intimidación del lanzamiento.

En cualquier caso, sería erróneo dibujar una imagen de infalibilidad en la defensa de Paul George. Siendo uno de los mejores de la competición en este aspecto, también comete errores en ciertas ocasiones, sobre todo relacionados con la concentración mental y con el desgaste generado tras ser la recurrente opción principal en ataque. Un ejemplo de todo ello sería esta secuencia ante Cleveland, donde se queda perdido en los bloqueos y permite un lanzamiento muy liberado a LeBron James.

Por otro lado, y aunque evidentemente esta circunstancia no depende en exclusiva de George, sería preciso mencionar que la defensa de Indiana Pacers no constituyó nada del otro mundo en la pasada temporada, siendo 16º en ratio defensivo (108.8) y 14º en puntos concedidos/partido (105.3). Todo ello a pesar de que su nuevo técnico, Nate McMillan, venía precisamente a recuperar la mejor versión en defensa de un equipo que había alcanzado la excelencia años atrás con Frank Vogel. Nada más lejos de la realidad.

CONCLUSIONES FINALES

Para culminar esta pieza no queda otra que retomar, de manera sucinta, las grandes líneas maestras dibujadas a lo largo de este análisis.

Y es que George, por su enorme influencia en los tres aspectos troncales del juego, supone un plato apetitoso para cualquier equipo, y una pieza muy atractiva en el mercado de fichajes. En anotación ha demostrado una productividad y portabilidad muy destacada, pudiendo generarse ataque por su cuenta o mostrando capacidad para adaptarse a la propuesta de los demás. Con respecto al pase y la defensa, aunque aún tiene margen para seguir mejorando, también ha mostrado dotes destacadas, y que sin duda le convierten en uno de los aleros más versatiles y multidisciplinares de la NBA. A este último respecto habría que destacar su potencial para jugar en varias posiciones, entre ellas la de ‘4’, una idea experimental surgida ya hace tiempo y que vendría a explorar su capacidad para generar desajustes en contextos de small-ball (baloncesto de quintetos pequeños).

En cuanto a su legado individual y colectivo, es cierto que todavía debe seguir construyéndose. Su situación personal, y el gran clima competitivo por el que atraviesa la liga, le ha impedido colarse todavía en un top-5 para la votación del MVP, y tan sólo ha logrado alcanzar el top-10 en una ocasión (temporada 2013-2014). Ha sido premiado, eso si, como jugador del mes varias veces (la última de ellas en abril de este año), ha sido all-star en cuatro ocasiones (y probablemente no lo fue en cinco, de manera consecutiva, debido a la lesión), y su enorme ética de trabajo también ha encontrado recompensa tangible, como muestra el premio al Jugador Más Mejorado del Año que recibió en 2013. Colectivamente alcanzó su mejor momento en los Pacers de 2013 y 2014 con Vogel, que terminaron dinamitando, de manera un tanto brusca, un proyecto sumamente atractivo.

Paul George

Foto: NBA

En la actualidad, juega para un equipo con capacidad para alcanzar los últimos puestos de Playoffs (y así ocurrió este año), pero sin aspiraciones reales más allá de eso. No debe extrañar, por tanto, que se sume a otro proyecto más suculento como ya mencionamos en la introducción. Pase lo que pase, una cosa está meridianamente clara: el equipo que se lo lleve multiplicará, de manera instantánea, sus opciones de pelear por el título (sobre todo si parten de una buena situación inicial, como es el caso de Boston). De ahí que el papel que pueda jugar en el organigrama NBA resulte absolutamente clave.

Y es que Paul George, por su incontestable talento, representa una joya de valor único.