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El laboratorio NBA: diseccionando a Paul George

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Es uno de los nombres de moda en el mercado veraniego, y uno de los grandes anotadores de referencia que pueblan la NBA actual.

Los dos grandes polos de atracción situados a una y otra costa del país, Boston y Los Ángeles, ya han preguntado por él; y el jugador, buscando adherirse a proyectos más ambiciosos, ya ha comunicado a la gerencia deportiva de Indiana Pacers sus intenciones de abandonar el equipo cuando se convierta en agente libre en el ciclo estival de 2018. De esta manera, todo apunta a que los Pacers tratarán de traspasarle este mismo verano para evitar que se marche a cambio de nada en el próximo.

Sea como fuere, en el laboratorio NBA de hoy nos proponemos diseccionar por completo su juego, en busca de entender porque constituye una de las piezas más valoradas del panorama baloncestístico actual. Y al igual que en la anterior edición, enfocaremos nuestro análisis bajo tres prismas bien diferenciados: anotación, pase y defensa. Al ser estos los tres grandes bloques que componen la construcción físico-técnica de nuestra superestrella.

Hoy toca hablar, por lo tanto, de Paul George.

Cuando en agosto de 2014 el alero californiano se fracturaba la pierna derecha en una acción terrible y desafortunada, parecía que la oscuridad se postraba sobre un tipo que, en los dos últimos años, había tratado de pelearle al mismísimo LeBron James la hegemonía de la Conferencia Este. Aquella accidental maniobra, además, se había producido en el transcurro de un partidillo que estaba llevando a cabo Team USA de cara a prepararse para el Mundobasket de España. No sólo George vería truncado su sueño inmediato de participar con la selección norteamericana en un gran campeonato internacional, sino que también se perdería casi al completo la temporada siguiente. Nadie sabía cuando volvería, y más importante aún, en qué condiciones lo haría.

Pero volvió.

Terminando la 2014-2015 se reengancharía a los seis últimos partidos, y para la 2015-2016 ya estaría plenamente operativo. En las dos últimas temporadas no sólo hemos visto a un George completamente recuperado, sino que se ha transformado en un jugador aún más dominante en todos los aspectos, haciendo gala de una mayor gama de recursos y elevando su producción bruta con respecto a lo visto antes de la lesión. Hoy por hoy, no es descabellado afirmar que ocupa un lugar entre los cinco mejores aleros de la NBA (una de las posiciones más cargadas de talento que tiene la competición), junto a LeBron, Durant, Leonard y quizá el prometedor Antetokounmpo. Formar parte de esa conversación ya supone un triunfo enorme en sí mismo.

Vamos a desentrañar, por tanto, los motivos de que esto sea así.

Paul George

Foto: USA Today

ANOTACIÓN

Es quizá el aspecto donde George brille con más luz propia. Su capacidad para anotar de diversas maneras y generarse su propio tiro en cualquier situación, y ante cualquier rival, le convierte en uno de los mejores generadores de puntos que tiene la NBA.

Este año ha alcanzado cifras tope de anotación en su carrera, con 23.7 puntos/partido, convirtiéndole en el quinto mejor anotador del Este sólo por detrás de DeRozan, James, Irving y Butler. Nuestro protagonista, además, ha demostrado una habilidad para incrementar sus números en el escenario más complicado de todos, la postemporada, como demuestran los 28 puntos/partido que promedió en primera ronda ante Cleveland, o los 27.3 puntos/partido que le endosó a Toronto el año pasado. Es de esperar, por otra parte, que George logre eliminar por completo esos valles de productividad por los que a veces atraviesa durante la competición regular, y que un día logre superar la barrera de los 25 puntos/partido en temporada regular.

Capacidad tiene de sobra para ello.

ANOTACIÓN SIN BALÓN

Para desentrañar las claves del alero en este aspecto, habría que detenerse, primero de todo, en cómo ha logrado perfeccionar el complicado arte del catch and shoot, es decir, las secuencias del recibir y tirar (traducido al castellano). Un recurso en apariencia sencillo y poco glamuroso, pero que constituye uno de los grandes pilares en los que se apoyan los mejores anotadores y tiradores de la NBA actual. En una competición donde prima el aprovechamiento de los espacios, la actividad sin balón, y el lanzamiento exterior, dominar esta acción resulta fundamental.

Casi de manera un tanto silenciosa, George ha logrado consolidarse como uno de los mejores jugadores que existen en el catch&shoot, y eso que en principio no partía como un tirador puro (lo que refleja su gran ética de trabajo). Durante la pasada temporada, un 35.9 % de sus lanzamientos fueron de esta naturaleza, acertando con una efectividad real (EFG %) del 60.1 %, y logrando aguantar la comparación con algunos de los grandes especialistas en este particular aspecto, como Thompson, Korver, Curry, Middleton, CJ McCollum o Durant. En la siguiente tabla se reflejan los datos obtenidos y el comportamiento de estos jugadores en situaciones de recibir y tirar.

JUGADOR FRECUENCIA FG % EFG %
Stephen Curry 33.4 46.8 67.4
Kevin Durant 33.4 48.1 63.7
Paul George 35.9 43.6 60.1
Kyle Korver 26.2 45.5 63.7
CJ McCollum 34.9 43.1 61.6
Khris Middleton 30.7 44.7 63.6
Klay Thompson 34.0 45.4 62.1

No hay que olvidar, además, que George no cuenta con las facilidades (en términos de espacios, atracción y sofisticación táctica) que si disfrutan algunos de los nombres mencionados en esta tabla; y a pesar de todo, logra moverse en cifras similares de efectividad.

El secreto de PG13 radica en su habilidad para ejecutar el catch&shoot saliendo desde los bloqueos (normalmente colocados por un interior), y partiendo en muchas ocasiones desde un lado de la cancha (en este caso el derecho) para acabar lanzando desde la zona del semicírculo.

Su maestría para frenarse en seco y cuadrarse perfectamente (torso inferior alineado con el superior) en una sola secuencia rápida, le convierte en un jugador muy efectivo en este tipo de situaciones, y además suele pillar por sorpresa al defensor, que en numerosas ocasiones acaba cometiendo la falta.

Esta es una de las grandes claves para comprender el mecanismo que siguen los tiradores más dominantes del planeta: la frenada en seco, la colocación del cuerpo formando un ángulo recto con el aro, y el ‘shot-release’ (mecánica de tiro) rápido, armado en centésimas de segundo pero evitando al mismo tiempo sacrificar efectividad.

Por otro lado, es tanto el talento como tirador que atesora Paul George, que tampoco necesita como condición imprescindible cuadrar perfectamente su cuerpo para acertar un catch&shoot. También es capaz de ser efectivo en situaciones de desequilibrio físico, con un defensor muy encima y cayéndose hacia atrás. Como ejemplo podría valer la siguiente secuencia. A destacar el paso final que realiza de cara a impulsarse lo máximo posible en su suspensión:

Otro aspecto recurrente en la paleta de recursos técnicos manejada por el alero de los Pacers es su capacidad para maximizar todo lo posible la efectividad desde las esquinas, uno de los lanzamientos con más potencial efectivo que existe en el baloncesto profesional. Normalmente se muestra más cómodo lanzando el triple desde la esquina derecha, aunque también puede encestar desde el lado opuesto. A destacar su habilidad para ejecutar con pies parados y con el cuerpo perfectamente enfilado hacia el aro.

En esta carta de tiro que recoge los porcentajes obtenidos por zonas en la pasada temporada, podemos observar claramente la altísima efectividad con la que lanza Paul George desde la esquina derecha, convirtiéndole en uno de los jugadores más peligrosos de la competición desde ahí.

Paul George Shot Chart

Por otro lado, en su sofisticada actividad sin balón también juega un papel importante los cortes hacia dentro y la depredación del aro, expresada en este caso por medio de una capacidad atlética y vertical bruta nada desdeñable.

Potencial finalizador que hoy día se mantiene más atemperado (este curso pasado culminó 31 mates por los 69 y 71 que cosechó en 2014 y 2013 respectivamente), pero que en cualquier caso sigue latente y no debe menospreciarse. Si acaso, la versatilización técnica de George le permite conservar mejor su físico y distribuir más sus mates.

ANOTACIÓN CON BALÓN

Si George ha logrado convertirse en un monstruo de la ejecución sin balón a base de trabajo y repetición, no menos espectacular es su dominio del lanzamiento tras bote, es decir, cuando tiene que generarse sus propios tiros partiendo desde el balón. Es este quizá el aspecto decisivo a la hora de separar a los buenos jugadores de las grandes superestrellas, al ser un escenario que depende casi exclusivamente del talento individual, y que se aisla de cualquier estructura táctica soportada por el colectivo. Un aspecto que, en muchos sentidos, determina su mayor diferencia en el contexto de la postemporada, donde las defensas aprietan más y los márgenes de error se reducen.

Para empezar a comprender la destreza de George en este apartado, habría que empezar por catalogarle como ‘crafty’, ese término tan repetido en la literatura deportiva norteamericana y que vendría a definir un jugador que, ante todo, consigue sus objetivos desde la astucia, el ingenio y el dominio tanto de los tiempos como de los ángulos. Según definición oficial:

‘crafty’: ingenioso a la hora de alcanzar objetivos por medio de métodos indirectos o que engañan al rival.

Y es que, aunque el potencial físico y atlético de George es innegable, prefiere en muchos sentidos aprovecharse de su astucia técnica para sortear la resistencia enemiga, al igual que lo hacían jugadores como Paul Pierce, Larry Bird, Steve Nash o Tim Duncan. Es habitual ver al alero de Indiana entender perfectamente la utilización del bloqueo, la preservación constante del equilibrio, y la ejecución de la jugada a un ritmo personal que no tiene por qué ser el más veloz o explosivo, pero que si es el más conveniente a cada momento.

Esa excelsa habilidad para generarse espacios de cara a probar su pull up jumper (levantarse y tirar en suspensión) se relaciona directamente con su condición de ‘indefendible’ desde la media distancia. Observemos por ejemplo como logra sortear en esta secuencia a Avery Bradley, uno de los defensores de perímetro más intensos y pegajosos que existen en la NBA actual, y que sin embargo no puede hacer absolutamente nada ante la ejecución de George.

Se da la circunstancia, además, de que ese craftiness le hace sentirse muy cómodo en situaciones donde el defensor le aprieta lo máximo posible. Según el ‘tracking’ recogido por NBA.com, Paul George es muy efectivo cuando un rival le defiende a 60 centímetros o menos del cuerpo (49.7 % en TC), o en otras palabras, cuando se encuentra completamente pegado a él. De hecho, es más efectivo en estas situaciones que cuando el defensor le acosa con una distancia de separación mayor. Lo cual da cuenta de una situación completamente anómala y paradójica que se manifiesta en muy pocos jugadores. Dichos datos, no obstante, reflejan todo tipo de situaciones ofensivas (penetración, cortes, etc), y no sólo los lanzamientos de media distancia. En lo respectivo a esto último lanza con un más modesto 37.2 % frente a una defensa extremadamente pegada, aunque se va hasta el 44.5 % de efectividad cuando el defensor le aprieta con un margen de distancia entre los 60 centímetros y los 1.21 metros. No está nada mal.

En otras ocasiones brota de esa condición natural como crafty su capacidad para añadir el ligero paso/inclinación hacia atrás en el momento de ejecutar el lanzamiento, lo que le genera un espacio extra de separación con respecto al defensor, e incrementa sus opciones de acertar.

También ha venido siendo muy habitual que los Pacers utilizaran mucho a George en aclarados, que idealmente se jugaban desde la zona de los codos. De esta manera, su equipo le concedía el mayor rango de espacio posible para manifestar su magia. En este tipo de secuencias podemos observar su dominio de la amenaza triple (botar, pasar o tirar), el uso constante de las fintas y un imparable cambio de ritmo. En esta penetración concreta recuerda mucho a las habilidades que ponían/ponen en práctica exteriores como Pierce, el mejor Carmelo o incluso el actual Kawhi Leonard.

Por último, y no menos importante, resulta de vital importancia su excelso manejo de balón, muy desarrollado para un jugador de su posición, y que le permite generar cuantiosas situaciones de desequilibrio frente al defensor. Recordemos, sin ir más lejos, que a pesar de su alto porcentaje de uso (USG %) no pierde demasiados balones como se podría esperar de un jugador cuya función principal (aunque si secundaria) no es la de ser un ‘playmaker’. Resulta interesante comparar esta circunstancia (porcentaje de uso frente a porcentaje de pérdidas o TOV %) en algunos de los mejores aleros de la liga.

JUGADOR USG % TOV % PÉRDIDAS/PART.
Antetokounmpo 28.3 13.3 2.9
LeBron James 30.0 16.1 4.1
Paul George 28.9 12.6 2.9
Kawhi Leonard 31.1 9.1 2.1
Kevin Durant 27.8 10.4 2.2

Como ejemplo de todo ello podríamos poner esta secuencia, donde se genera una canasta sencilla gracias a su manejo de balón, y en el que juega un papel predominante el crossver limpio, el cambio de manos, y la manipulación interesada del ritmo. Astucia en su máxima expresión.

PASE y PLAYMAKING

Durante prácticamente toda su carrera NBA, aunque siempre en relación a los minutos y toques de balón otorgados, Paul George ha demostrado un feeling considerable a la hora de crear para los demás. Aunque su función principal en los Pacers ha sido la de ser un ejecutor, su habilidad para disfrazarse de point-forward (alero creador) y generar anotación para sus compañeros está más que contrastada.

Es cierto que el haber compartido vestuario con numerosos manejadores de la bola en el pasado y en la actualidad (Hill, Teague, Ellis, Stuckey, Stephenson) ha hecho que sus promedios brutos de asistencias por partido no deslumbren en exceso (3.3 asistencias/partido el curso pasado y 4.1/partido en su mejor temporada). No obstante, sería un error identificar automáticamente el número de asistencias con la capacidad creadora y el toque natural para el pase. A veces son dos elementos que van estrechamente unidos, pero en otras ocasiones no, puesto que como ya hemos dejado entrever, los números brutos en lo respectivo a las asistencias dependen mucho de la función que realizas en un determinado equipo, y del tiempo que logras amasar el balón. Por citar un ejemplo clásico, nadie en su sano juicio podría argumentar que Ty Lawson, cuyo pico de asistencias/partido fue de 9.6 en 2015, es mejor pasador puro que Larry Bird, a pesar de que su pico se sitúa en 7.6 durante la temporada 1986-1987.

Con George ocurre un fenómeno parecido, es mucho más apto como pasador de lo que refleja la estadística básica, pero aún podría ser incluso mejor minimizando cierto tipo de errores.

Una de las secuencias favoritas de Paul George es crear desde zona frontal, puesto que de esta manera adquiere una visión panorámica de lo que acontece en cancha, y puede rastrear el posicionamiento de sus compañeros en pista (sobre todo si son interiores).

Está dotado también para anticiparse a la jugada (velocidad mental) y encontrar al hombre abierto en segundas ocasiones. A destacar su privilegiado toque de muñeca, que le permite generar una trayectoria rápida y precisa en el pase, y que le ayuda a ejecutar asistencias en situaciones de presión, donde deben tomarse decisiones de manera casi instantánea.

Esta predisposición a crear desde la zona frontal le lleva, no obstante, a cometer errores de manera intermitente. Su relativa obsesión por situarse ahí favorece (en sentido negativo) la aparición de la ‘visión túnel’, como en esta acción donde fuerza el pase hacia dentro y en línea recta, y no logra ver a Monta Ellis completamente liberado en el lado izquierdo.

Este margen de mejora en su capacidad para ejercer de point-forward a tiempo completo lo refleja, de manera parcial, el porcentaje de sus jugadas que terminan en asistencias, concretado en un 16.1 % que aún se sitúa lejos del 41.3 % cosechado por LeBron James, el 26.6 % de Giannis Antetokounmpo, o incluso el 18.9 % de un Kawhi Leonard que, en principio, tampoco ha destapado todavía todo su potencial como alero creador. No obstante, en justicia habría que mencionar el efecto que ejerce el sistema empleado por McMillan en Indiana, que en cuanto a sofisticación colectiva se aleja mucho de lo visto en equipos como Golden State, Milwaukee o San Antonio. En la última temporada, los Pacers se situaron 15º de la liga en asistencias/partido con 22.5. Tampoco destacaron por mover el balón en exceso (más bien se movieron en la zona media de la tabla):

EQUIPO PASES/PARTIDO ASIST.SECUNDARIAS PTS. GENERADOS POR ASISTENCIAS
Cleveland 280.1 6.0 57.4
Indiana 288.3 5.4 53.4
Golden State 317.2 9.6 72.2
Milwaukee 292.4 5.8 57.8
San Antonio 317.0 6.3 57.1

Otro de los aspectos en los que George brilla gracias a su poder creador es en las situaciones de drive and kick, o traducido al castellano, penetrar y doblar hacia el compañero. Es decir, su condición como foco ofensivo logra atraer a la defensa del rival, que normalmente colapsa sobre él, y dicha circunstancia acaba generando espacios abiertos para los demás.

Aquí otro ejemplo de lo expuesto anteriormente:

ACTIVIDAD DEFENSIVA

En los últimos años, Paul George se ha consolidado como uno de los mejores two-way players (jugador de impacto en ambos lados de la pista) que existen en el panorama baloncestístico actual. Su impacto en pista va mucho más allá del aspecto ofensivo, y logra también penetrar profundamente en el mundo de la contención defensiva, tanto en su vertiente individual como en lo referente a la defensa colectiva y de ayudas.

Para desentrañar las claves que caracterizan a este bloque habría que empezar por enumerar sus cualidades físicas, marcadas por una envergadura soslayable (211 centímetros), un físico de corte liviano y dinámico que le permite desplazarse por la cancha con gran rapidez, y una buena velocidad de piernas, que le salva de perder el equilibrio ante las embestidas del rival.

Observemos la siguiente secuencia ante Charlotte Hornets, donde su presión, anticipación y envergadura a la hora de jugar líneas de pase le permite forzar un robo (promedió 1.6 robos en la última temporada, 5º de la liga en su posición sólo por detrás de Covington, Ariza, Leonard y Antetokounmpo):

O en esta otra, donde a pesar de que parte desde una situación inicial de desventaja debido al frenético cambio de ritmo realizado por Jeremy Lamb, logrará recuperarse gracias a su increíble velocidad de piernas, que le permitirá recuperar el equilibrio, y acabará realizando un buen punteo al lanzamiento rival:

Y es que durante la última temporada, Paul George dejó a su rival defendido en un más que respetable 45.7 % de acierto, similar a lo cosechado por grandes especialistas de la defensa individual perimetral como Kawhi Leonard (45 %), Tony Allen (44.6 %), Trevor Ariza (46 %) o Avery Bradley (46.5 %). A recordar, en todo caso, que dichos registros estadísticos sólo ofrecen una visión orientativa de la actividad defensiva, puesto que en esencia premian el fallo del rival y no el verdadero esfuerzo defensivo llevado a cabo (es posible defender bien y que aún así el atacante acabe encestando).

Además, y en término medio, George se las arregló para no permitir que los rivales mejoraran sus porcentajes ante su defensa individual (tampoco lo empeoraron), con un 0.0 % de diferencia. Por establecer una comparación directa, Kawhi Leonard consiguió que los rivales empeoraran sus porcentajes en un modesto 0.8 %, lo cual da buena cuenta de lo complicado que resulta esta tarea, y la innumerable cantidad de factores que entran en juego.

En cuanto a la defensa de ayuda, el tamaño y la solidaridad de George le permitió acudir a los cambios de manera constante, y ejerció una influencia directa a la hora de corregir los errores de sus compañeros. De nuevo hay que poner énfasis en su tamaño y envergadura, que le dota de una versatilidad defensiva extra (capaz de sujetar varias posiciones en cancha) y que le facilita aguantar a jugadores más altos en los cambios. Una cualidad muy valiosa teniendo en cuenta la fisionomía que ha adoptado el baloncesto moderno.

Obsérvese esta interesante secuencia ante Boston. En principio se queda en el cambio con el pívot de los Celtics, Al Horford, que le supera considerablemente en peso y estatura; sin embargo, logra fijar muy bien su posición y evitar que reciba la bola en el poste, lo que en última instancia forzará un lanzamiento muy difícil de Crowder. La canasta termina entrando, pero tanto Indiana como George han logrado solventar la ejecución del cambio defensivo con nota. No podían hacer nada más.

O en esta otra jugada donde lee muy bien las necesidades defensivas de su equipo, dejando a su hombre libre en el momento preciso y acudiendo para ayudar a Myles Turner en la intimidación del lanzamiento.

En cualquier caso, sería erróneo dibujar una imagen de infalibilidad en la defensa de Paul George. Siendo uno de los mejores de la competición en este aspecto, también comete errores en ciertas ocasiones, sobre todo relacionados con la concentración mental y con el desgaste generado tras ser la recurrente opción principal en ataque. Un ejemplo de todo ello sería esta secuencia ante Cleveland, donde se queda perdido en los bloqueos y permite un lanzamiento muy liberado a LeBron James.

Por otro lado, y aunque evidentemente esta circunstancia no depende en exclusiva de George, sería preciso mencionar que la defensa de Indiana Pacers no constituyó nada del otro mundo en la pasada temporada, siendo 16º en ratio defensivo (108.8) y 14º en puntos concedidos/partido (105.3). Todo ello a pesar de que su nuevo técnico, Nate McMillan, venía precisamente a recuperar la mejor versión en defensa de un equipo que había alcanzado la excelencia años atrás con Frank Vogel. Nada más lejos de la realidad.

CONCLUSIONES FINALES

Para culminar esta pieza no queda otra que retomar, de manera sucinta, las grandes líneas maestras dibujadas a lo largo de este análisis.

Y es que George, por su enorme influencia en los tres aspectos troncales del juego, supone un plato apetitoso para cualquier equipo, y una pieza muy atractiva en el mercado de fichajes. En anotación ha demostrado una productividad y portabilidad muy destacada, pudiendo generarse ataque por su cuenta o mostrando capacidad para adaptarse a la propuesta de los demás. Con respecto al pase y la defensa, aunque aún tiene margen para seguir mejorando, también ha mostrado dotes destacadas, y que sin duda le convierten en uno de los aleros más versatiles y multidisciplinares de la NBA. A este último respecto habría que destacar su potencial para jugar en varias posiciones, entre ellas la de ‘4’, una idea experimental surgida ya hace tiempo y que vendría a explorar su capacidad para generar desajustes en contextos de small-ball (baloncesto de quintetos pequeños).

En cuanto a su legado individual y colectivo, es cierto que todavía debe seguir construyéndose. Su situación personal, y el gran clima competitivo por el que atraviesa la liga, le ha impedido colarse todavía en un top-5 para la votación del MVP, y tan sólo ha logrado alcanzar el top-10 en una ocasión (temporada 2013-2014). Ha sido premiado, eso si, como jugador del mes varias veces (la última de ellas en abril de este año), ha sido all-star en cuatro ocasiones (y probablemente no lo fue en cinco, de manera consecutiva, debido a la lesión), y su enorme ética de trabajo también ha encontrado recompensa tangible, como muestra el premio al Jugador Más Mejorado del Año que recibió en 2013. Colectivamente alcanzó su mejor momento en los Pacers de 2013 y 2014 con Vogel, que terminaron dinamitando, de manera un tanto brusca, un proyecto sumamente atractivo.

Paul George

Foto: NBA

En la actualidad, juega para un equipo con capacidad para alcanzar los últimos puestos de Playoffs (y así ocurrió este año), pero sin aspiraciones reales más allá de eso. No debe extrañar, por tanto, que se sume a otro proyecto más suculento como ya mencionamos en la introducción. Pase lo que pase, una cosa está meridianamente clara: el equipo que se lo lleve multiplicará, de manera instantánea, sus opciones de pelear por el título (sobre todo si parten de una buena situación inicial, como es el caso de Boston). De ahí que el papel que pueda jugar en el organigrama NBA resulte absolutamente clave.

Y es que Paul George, por su incontestable talento, representa una joya de valor único.

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Graduados en las aulas… y en el parquet

¿Cuántos jugadores de la NBA se han graduado en la Universidad? En una etapa en la que el one and done es la ley, nos acercamos a algunos de los últimos ejemplos.

jon@skyhook.es'

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Deporte de élite y estudios no son dos conceptos que acostumbran a intimar con frecuencia. En la cultura norteamericana, la etapa universitaria es esencial antes de dar el salto definitivo al profesionalismo. La National Collegiate Athletic Association, cuna de grandes talentos que desembarcan en la NBA, está repleta de jugadores que tienen un paso fugaz por la competición en busca de cotas mayores.

No es tarea fácil combinar un nivel académico ejemplar con la constante exigencia del rendimiento deportivo. Sin embargo, la NBA cuenta con varios jugadores que, más allá de establecerse como habituales de la liga, lograron obtener una licenciatura universitaria. 

Siempre ha existido cierto estigma que cataloga a los deportistas de alto rendimiento como si todos fuesen estúpidos. Nada más lejos de la realidad, algunas de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos han colado alumnos en la mejor liga de baloncesto del planeta. Duke, Harvard o Vanderbilt son reflejo de ello.

Jeremy Lin – Economía

Más conocido como “Linsanity”, tuvo una irrupción meteórica en su año sophomore en la NBA. Con apenas protagonismo en Oakland, el jugador de origen taiwanés explotó cuando vestía la elástica de los Knicks, creando una expectación que no se tradujo en una carrera all-star. No obstante, pese a un camino con la irregularidad de una montaña rusa, Lin se convirtió en un buen jugador de rotación en la liga. 

Creció en la bahía de San Francisco, donde su buen hacer en el instituto le permitió ingresar en Harvard, prestigiosa universidad ubicada en la ciudad de Cambridge (Massachusetts). Allí completó sus cuatro años, desde 2006 hasta 2010, obteniendo una Licenciatura en Economía. Su capacidad para meter puntos no era el único talento que atesoraba.

Mason PlumleePsicología y Antropología Cultural

El pívot de los Nuggets representa un gran ejemplo de simbiosis atlética y académica. Durante su adolescencia estudió junto a su hermano Myles en el internado Christ School de Arden, Carolina del Norte. Haciendo honor al perfil de pívot de toda la vida, fue nombrado McDonald’s All-American en 2009, además de lograr varias medallas con las categorías inferiores de la selección de Estados Unidos.

Su indudable potencial le brindó la oportunidad de estudiar en la Universidad de Duke, institución conocida por sus rigurosos estándares académicos y un exitoso programa de baloncesto. The Sportster lo definió como un “representante perfecto de la reputación del centro en ambos aspectos”. Durante su estancia en el college, Mason se especializó en Psicología y Antropología Cultural.

Roy Hibbert – Gobernanza

Retirado prematuramente en 2018, fue uno de los jugadores dominantes en la Conferencia Este hace apenas un lustro. Sin embargo, siempre quedará la sensación le faltó hambre para ser el mejor pívot de la competición.

Sus padres, asentados en Queens, lo introdujeron al baloncesto tras probar suerte con el golf, el tenis e incluso el piano. Pese a los intentos en estas disciplinas, su imponente físico estaba destinado a brillar en una cancha de baloncesto.

Desde su época de instituto siempre tuvo muy claro que quería graduarse en la universidad. Siguiendo la estela de otros hombres altos como Patrick Ewing , Alonzo Mourning o Dikembe Mutombo, el jugador de origen jamaicano cursó sus cuatro años en Georgetown. Siendo elegible para el Draft de 2007, prefirió regresar para completar su año senior y obtener un título en Gobernanza.

Dwight Powell – Ciencia, Tecnología y Sociedad

A sus 28 años, y tras cinco campañas en la liga, todavía no ha conseguido tener un papel protagonista en la NBA. Apuntaba a que podía convertirse en un hombre de banquillo para los Mavs, pero su falta de constancia le ha privado de gozar de más minutos a las órdenes de Rick Carlisle.

Pese a ello, se trata de un jugador que de no haber recalado en la competición, podría haber prosperado en varios campos. El center canadiense obtuvo un título en Ciencia, Tecnología y Sociedad por la Universidad de Stanford, donde cursó sus cuatro años antes de ser elegido en el Draft de 2014 por los Charlotte Hornets.

Andrew Nicholson – Física

No tuvo suerte durante su experiencia en la liga norteamericana y se vio obligado a emigrar a China. El actual jugador de los Fujian Sturgeons es una rara avis en la NBA. Obtuvo su graduado en St. Bonaventure antes incluso de ser seleccionado en la primera ronda del Draft.

Asimismo, lo hizo mientras se especializaba en una de las consideradas “carreras más difíciles”: Física. Nunca ocultó su amor por las matemáticas, hecho que le llevó a elegir dichos estudios. Además, confesó que la mecánica cuántica era una de sus asignaturas predilectas. Un auténtico cerebrito.

Victor Oladipo – Comunicación deportiva

Tras ser elegido en segundo puesto en el Draft de 2013, no logró explotar su máximo potencial hasta que regresó a su apreciada Indianapolis. Hijo de un sierraleonés y una nigeriana, el escolta de los Pacers se crió en Upper Marlboro, Maryland. Allí asistió al DeMatha Catholic High School, en el que destacó por sus buenas notas de la misma forma que sobre el parquet.

Dadas sus capacidades baloncestísticas, Oladipo rechazó ofertas de centros como Notre Dame, Maryland o Xavier antes de firmar con la Universidad de Indiana. Estaba decidido a convertirse en jugador profesional, pero no dejó de lado los estudios. Obtuvo un título en Comunicación Deportiva antes de firmar su primer contrato NBA. Igualmente, durante su último semestre, logró 19 créditos para terminar el grado mientras jugaba para los Hoosiers, a quienes guió a un título de conferencia.

Festus Ezeli – Economía

Desde muy temprana edad, el nigeriano fue un estudiante aplicado, dada la influencia de sus padres. Tanto es así que se graduó en secundaria a los 14 años. Aspiraba a ser médico, de modo que vivió en Yuba City (California) junto a su tío pediatra. Este animó al joven Festus a probar el baloncesto, con el que tuvo dificultades en sus inicios.  

Comenzó a estudiar en el Yuba Community College a tiempo parcial porque necesitaba tiempo para entrenar con un modesto equipo de la Amateur Athletic Union y pulirse como jugador.

Dado su buen nivel en el circuito, varias universidades llamaron a su puerta. Sin embargo, y contra el deseo de sus progenitores, Ezeli prefirió Vanderbilt antes que Harvard, basándose en su sólida reputación académica y la experiencia reciente con jugadores internacionales. Aunque comenzó a obtener un título en Biología, finalmente cambió su especialidad a Economía.

Tyler Zeller – Administración de empresas

Oriundo de California, fue criado en Washington (Indiana) donde asistió al Washington High School. Allí destacó durante toda su estancia, en especial en su último año. Sus grandes guarismos llamaron la atención de varios centros que quisieron reclutarlo para la NCAA.

El deporte le viene de familia, ya que su tío Al Eberhard fue también jugador NBA, al igual que dos de sus hermanos, Cody y Luke. Por otro lado, Tyler fue nombrado Mr. Basketball de Indiana cuando finalizó su etapa de high school, honor más alto del estado para los jugadores de educación secundaria.

Además de demostrar sus habilidades en la cancha, siempre estuvo comprometido en labores académicas. Tras cuatro cursos en la Universidad de Carolina del Norte se especializó en Administración de Empresas, registrando una nota que le valió el reconocimiento Academic All-America por dos años consecutivos.

Kelly Olynyk – Contabilidad

El pívot canadiense se labró un nombre desde muy joven, cuando estudió en South Kamloops Secondary School. Allí dio el salto al escaparate estadounidense, jugando en la AAU durante su andanza en secundaria, así como en otros torneos a lo largo del país. Asimismo, y dada su presencia en el combinado Junior de Canadá, Olynyk recibió becas por parte de Syracuse, Providence College o North Carolina State, entre otras.

Al final, optó por jugar para la Universidad de Gonzaga, en parte para permanecer más cerca de casa. En su segundo año no jugó partidos, lo que facilitó su camino académico. Trabajó duro para completar su licenciatura en Contabilidad y estaba a sólo dos semestres de lograr una Maestría en Administración de Empresas antes de presentarse al Draft de la NBA en 2013. Su buen hacer en la aulas le hizo merecedor del Academic All-America, al igual que Tyler Zeller.

Kyle Korver – Comunicación audiovisual

Nacido en Paramount, California, el shooter por excelencia creció viendo los Lakers del Showtime. Su fanatismo por Magic Johnson y Kareem Abdul-Jabbar le llevó a enamorarse del baloncesto a muy temprana edad, de modo que estaba convenido a llegar lejos. Se mudó con su familia a Iowa en 1993 y allí obtuvo su título de secundaria en el Pella High School.

Ya apuntaba maneras, por lo que la Universidad de Creighton reclamó sus servicios. Allí se pasaría sus cuatro años de college, en los que dejó una huella imborrable. El californiano dio el salto a la NBA en 2003, siendo el cuarto máximo anotador y el máximo triplista en la historia de la universidad. Asimismo, pese a ser un tirador letal en su etapa pre-profesional, encontró tiempo para graduarse en Comunicación audiovisual.

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De Wade a Huerter: el último cruce de generaciones NBA

Asistimos a un momento de especial emotividad en la NBA. Una vez más, dos generaciones se dan la mano para pasarse el testigo. Los últimos coletazos de los 90 y los 2000 aún retumban entre milenialls y nativos digitales.

maanuf96@gmail.com'

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Los años 90… Qué bonitos tiempos para los amantes del baloncesto; quizá pudo ser la mejor época o, al menos, una de ellas. El deporte brillaba por encima de lo económico, permitiendo al espectador respirar un ambiente completamente distinto al actual. Lo que ocurría mientras el reloj de juego corría, siempre tuvo más valor que lo que pudiera pasar después, al contrario de lo que sucede hoy en día, con grandes nombres azotando la competición y otros incorporándose a la misma con ganas de crear su legado. Los que antes eran jóvenes promesas, hoy son conocidos y venerados como leyendas.

Algunas de estas legendarias figuras, que incluso compartieron los últimos coletazos de Michael Jordan, apuran su último aliento como profesionales. Tanto Vince Carter como Dirk Nowitzki han alargado sus carreras hasta el presente por puro amor al baloncesto. Dos hombres que han visto pasar, al menos, a tres generaciones por delante de sus ojos y ahora ejercen de mentores para enseñar lo que no se aprende en la escuela: el conocimiento de la experiencia. El caso del alemán quizá es más que evidente al compartir vestuario con sus dos sucesores europeos pero “Vinsanity” cumple casi con el rol de segundo entrenador en un equipo en plena reconstrucción.

En Atlanta, se encuentra un mentor que llegó a la liga en el año 1998, justo cuando nació uno de sus compañeros, Kevin Huerter. Un chaval que creció viendo jugar a gente como Kobe Bryant, LeBron James, Carmelo Anthony, o los dos ya mencionados anteriormente. El pelirrojo vive un sueño vistiendo la misma camiseta de uno de los referentes de la liga que seguía por la televisión. La sensación de vivir en primera persona lo que solamente disfrutabas detrás de la pantalla debe de ser muy difícil de describir con palabras después de todo el esfuerzo que supone conseguirlo.

Aunque Carter fuera un icono para todos los niños que nacieran cuando se presentaba eligible para el draft el jugador al que idolatraba el escolta de los Hawks, era como no, el más dominante en su posición de los primeros años en los que vio basket: Dwyane Wade. Quien sería su ejemplo a seguir, y no en estilo de juego, sino en la meta a cumplir cuando finalice su trayectoria. Como juega “Flash” es algo muy complicado de imitar, y más sin las características físicas necesarias para hacerlo, lo que aleja a Huerter la idea de intentar reflejar en la pista los movimientos del mágico número 3 de los Heat.

Kevin Huerter en el último partido de Wade en Atlanta | Foto: NBA

El día de cumplir un sueño

El 5 de marzo de 2019, los Hawks visitaban el American Airliness Arena en lo que parecía un partido sin transcendencia de la regular season. Un equipo se luchaba por entrar en los Playoffs y otro ya descolgado que solamente busca seguir dando la mejor imagen posible mientras sus jóvenes eclosionan. Un encuentro que para la mayoría de los componentes de los planteles no iba a ir más allá de una victoria o una derrota, como la mayor parte de la inagotable catarata de partidos de las temporadas regulares de la NBA que terminan sepultados por el peso de cada nuevo año.

Quien afrontaba la noche con otra idea totalmente distinta es el rookie de la Universidad de Maryland, que tenía delante a la persona que aparecía en los pósters de su habitación. Enfrentarse a Wade no podía ser un juego más para Huerter sabiendo que, además, sería “su último baile”. No todos los días se tiene la oportunidad de marcarse y mover las piernas un rato con tu deidad. Los de Miami se llevaron el triunfo por un punto, con un marcador de 114-113 con un partido bastante aceptable por parte de Kevin. El verdadero premio para el shooting guard de Atlanta iba más allá de lo que marcara el electrónico; él quería llevarse la camisa de su héroe como recuerdo de haberse visto las caras.

Un amigo de Dwyane le había comentado antes del cruce que el chaval de los Hawks llevaba el dorsal y las botas en su honor, y Wade fue directo en su búsqueda nada más acabar el encuentro para dar con su pupilo indirecto e intercambiar la elástica, algo a lo que el novato no supo como reaccionar. La cara de incredulidad de Huerter queda para la posteridad.

La sucesión de las estrellas

Ante las inminentes retiradas de los baloncestistas históricos que hemos ido nombrando, se podría decir que se van los últimos resquicios de una generación dorada para el baloncesto americano y mundial. Situación que dejó paso a que nuevas caras llegaran a conquistar lo que ellos defendieron hasta que la edad, o las ganas de competir en otros casos, les permitieron. Los mates o tapones eléctricos de Wade o esa determinación y fiabilidad en el tiro por parte de Nowitzki ya forman parte de los recuerdos y no de lo que se vive con sus actuaciones en los partidos.

Son otros como Stephen Curry, Giannis Antetokounmpo o James Harden los candidatos al premio del MVP y nos los habituales hace diez años. Las nuevas tendencias de juego han gobernado por encima de todo, quedando muchos nombres y formas de ver el baloncesto en los libros de historia. Lo que vimos hace una década, aunque parezca cercano en el tiempo, ya no es lo mismo que vemos. No debemos dejarnos engañar por el renacimiento de Derrick Rose, lo que era antaño la NBA no es sino un espejismo de la contemporánea al “Small ball”.

Los Golden State Warriors, como principales referentes de esta última era en el baloncesto de USA, se han convertido en una dinastía que será eterna. Estamos ante una situación de transición, lo que hace que los que ahora son candidatos a ser el mejor jugador del mundo son aspirantes a ser Hall of Fame y recordados en la memoria colectiva de los fanáticos. Los hombres que vemos como viejas glorias en su momento fueron lo que ahora puede ser Paul George, Kevin Durant, Joel Embiid o Chris Paul.

La cuarta generación del siglo

En el año 2000 existían grandes dominadores de la pintura como Shaquille O’Neal o Tim Duncan acompañados de grandes exteriores como Allen Iverson o Steve Nash. Los últimos supervivientes de los años 90 seguían siendo los reyes de la competición en las Finales año tras año, sin dejar hueco a otros. Teniendo que pasar varias temporadas hasta que nuevos guerreros levantaran a sus franquicias hasta la gloria.

Kobe Bryant, Paul Pierce, Derrick Rose o LeBron James son nombres que para el público de cualquier edad se encuentran muy presentes. Una segunda generación en el siglo XXI que marcó unas de las eras más bonitas de la NBA en toda su amplia galería de grandes equipos desde 1946 que se fundó. Una competitividad por el anillo entre Boston Celtics y Los Ángeles Lakers que se puede catalogar de mítica junto a otros muchos hitos que se sucedieron a la par.

Mientras los de oro púrpura y los verdes estaban en la élite del baloncesto viéndose de tú a tú, en las noches del draft se incorporaban a la liga los que iban a ser los nuevos soberanos hasta lo que conocemos ahora mismo por mejor competición de baloncesto. Unos veranos en los que llegaron Kawhi Leonard, los francotiradores de La Bahía o el jugador con mejor manejo de balón, Kyrie Irving. En resumen, los responsables de que el basket coetáneo a este texto sea el espectáculo que es y permitiendo a los novicios que tengan de quien aprender para seguir sus pasos.

Unos muchachos, que aunque alguno se encuentre a las puertas de ser una estrella como Ben Simmons, Jayson Tatum o Luka Doncic, son el futuro del deporte de la naranja. La cuarta metamorfosis del siglo viene cargada de talento con infinidad de nuevos apelativos, además de los tres anteriores, como Trae Young, Donovan Mitchell, Kyle Kuzma, De’Aaron Fox, o de menor calibre como el ya citado pelirrojo de Albany. Unos zagales que deben crecer hasta ser ellos sean los corrientes en la candidatura al MVP. Un proceso que puede ser muy complicado, ¿pero qué es el cielo para un pájaro con vértigo?.

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Laboratorio

‘Thadding’, la encarnación del glue guy

La figura del glue guy es una de las más valoradas dentro de la NBA. Thaddeus Young ha encontrado su sitio en unos Pacers necesitados de capitán, dentro y fuera de la pista.

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Sumergidos en una NBA en la que prácticamente por imposición todos los jugadores se han de adaptar al perímetro, los perfiles que sobreviven a esta dulce pandemia recobran un mayor valor sentimental. Y con el romanticismo a flor de piel tendemos a abrazarlos con mucho mimo, aunque no llegamos a ser del todo justos con el aporte menos tangible. El caso de Thaddeus Young merecería una filmografía entera, pero la síntesis de todo aquello que pone sobre el mapa del tesoro que guarda tras su cinturón de cuero Nate McMillan también merece un pedacito de nuestro tiempo, ya sea en cuestión de análisis, visionado o lectura.

Corría una despiadada madrugada el 24 de enero de este mismo año, y tras una descalabrada transición y lo que sería un banal intento de frenar a Pascal Siakam a campo abierto, la rodilla de Victor Oladipo decía basta. Ningún tipo de recuperación a medio o corto plazo habían surtido efecto sobre su mermada pierna. El vestuario al completo, incluido el propio Nate, no podían creer lo sucedido: Victor Oladipo se despedía de la presente campaña. Todos menos Thad.

Thad aglutinó al equipo al término del segundo cuarto en el vestuario y comprimió la niebla que cubría el vestuario en un discurso que a la larga dejaría huella en la propia temporada Pacer’.

Victor ha caído. Obviamente no va a volver en este partido, así que tenemos que ocuparnos nosotros del trabajo. Estamos aquí, así que debemos continuar ejecutando y haciendo lo que tenemos que hacer. Tendremos que imponernos al partido y ayudarnos mutuamente. Eso es lo más importante. Si estamos unidos es difícil derrotarnos, con o sin Victor.

Jim Ayello sobre Young

Y así fue: victoria frente a Toronto (rival directo) en ausencia de la rueda capital de la caravana Pacer’ y un mundo por recorrer sin su compañía sobre el parqué. Porque Thad lleva al extremo el concepto de glue guy, pues su asignación como capitán dentro del núcleo del equipo va más allá de sellar un par de firmas y voces sobre el parqué -que las da- tras un desajuste. Es el pegamento que mantiene todas las piezas unidas, y el respaldo de todo aquel que dude sobre el rumbo que ha de llevar la franquicia o de su propio estatus en el seno del equipo. El atril que sostiene la partitura sobre el piano.

En materia estrictamente deportiva, y a su consonancia con el sistema de McMillan me remito, podemos fragmentar su aportación en tres pilares fundamentales: como blindaje defensivo y su aporte tanto en la circulación como en la homogeneización de la propia ofensiva Pacer’.

El candado más férreo del viejo Nate

Toda estructura de lujo requiere unas medidas de seguridad a su altura. Una cobertura tan competente y poderosa que sea capaz de perseverar el contenido de la misma, y en la figura de Thaddeus Young encontramos todos los requisitos de un perfil que sepa canalizar, catalizar y ajustar el sistema defensivo planteado por McMillan.

En primera instancia, y remitiendome al molde en sí, nos encontramos con un rara avis entre los perfiles que abarcan tanto el tres como el cuatro (posicional), ya que su tallaje de corte medio se compensa la perfección con una envergadura interminable y de fisonomía gruesa. Su perfil físico es uno de los más ambiciosos para abarcar una de las situaciones más comunes e incómodas de toda la competición: el cambio.

Un tren inferior poderoso y más ágil de lo aparente se suman a una espectacular velocidad de brazos para poder acaparar cualquier perfil que se poste frente a él. Y ha sido en la prueba de fuego por excelencia en el este, con su cobertura sobre Giannis, cuando hemos podido disfrutar de la armonía absoluta de su rendimiento defensivo. El planteamiento a realizar sobre el griego debe llevar una consigna grabada a fuego previa al duelo: Giannis Antetokounmpo es irrefrenable en cualquiera de los carriles, y la única forma de contrarrestarlo es impedir que llegue a tomar esos carriles, es decir, coartar cualquier línea de penetración.

Y este pequeño mantra se lo hemos visto llevar al límite a Thad frente al griego -sin llegar a frenarlo ni en una tercera parte de su potencial, situación con escasos precedentes- con acciones defensivas a una distancia respetuosa, exprimiendo al máximo su envergadura, copando de paciencia la situación e invitándole a bailar al poste en una de las pocas situaciones en las que el griego es más intención y brutalismo que hechos.

Es en este apartado, el defensivo, donde inteligencia (Basketball IQ) y dotes físicas llegan a su pico de unión más elevado, ya que además de ser un fabuloso stopper individual también es la manifestación neta más útil dentro del bloque medio de ayudas que sustenta el sistema de Nate McMillan -más aún sin las piernas de Victor dentro del circuito-.

Es un maravilloso lector de ayudas cortas bajo tabla -algo menos al perímetro-, posee una perfecta concepción de su envergadura para cortar líneas de pase y dentro del encorsetado entramado Pacer’ es uno de los eslabones que mejor emplean los abandonos para robar y ejecutar a campo abierto en las pocas acciones que se prestan.

Por no olvidar el increíble valor intangible que tiene como corrector oral (y no tan oral) dentro de los escasos desajustes a los que se enfrenta el conjunto de Indianápolis cuando se sitúa, o bien Domantas como único interior puro frente a grandes de mucho peso en pintura, o bien se arroja a Collison o Holiday contra guards de corte físico. A fin de cuentas es la costura, gasa y medicamento del bloque defensivo Pacer’.

Concepción del pase y lectura a los tres niveles

Si bien el perfil de Young, básicamente por dotes técnicas y molde, no invita a pensar en un jugador con cuotas elevadas en lo que a creación y lectura se refiere, es este otro apartado en el reluce aún más el codicioso concepto de Basketball IQ.

En Thad se reúnen las tres alturas de lectura ofensiva en el baloncesto: poste bajo, medio y alto, cada una con su grado y calidad de uso, pero ninguna se queda exenta de ser empleada vía pase. En acciones de poste bajo nos hemos encontrado con una increíble gestión a la hora de interpretar y nutrir los cortes tras indirecto de perfiles como Bojan o McDermott, que se encargan de producir alternativas off-ball de forma continuada. Y en estas acciones la concepción de los espacios y la creación de los mismos mediante contundentes y ligeros movimientos de espalda son elementales para generar líneas de pase limpias y evitar la reacción de su par.

Es en el poste medio donde vemos a un Thad menos sobreexplotado por McMillan, salvo en acciones de codos, donde también exprime realmente bien su percepción de los espacios y los carriles, o en prolongaciones tras penetrar a otro cortador o abrir a las esquinas, acciones de marca registrada para un Thad que marca realmente bien los pasos y siempre se presta a la posibilidad del extra-pass, la presencia de Young está más orientada a ejecutar que a facilitar la ejecución de sus compañeros.

El pico como generador, más por dificultad que por volumen, llega en el poste alto y perímetro, donde ha demostrado que su visión de juego es bastante más que una determinante gestión de los espacios vacíos, ya que sin ser un excelso facilitador es capaz de proyectar auténticos misiles a los cortes desde las esquinas o lanzadores tras el indirecto en poste alto. Siempre agota hasta el último pedazo de su valor físico, ya que por altura y envergadura accede a determinados ángulos y líneas de pase a las que otros generadores no llegarían sin ser predecibles o sobreemplearse.

Porque se puede generar vía pase sin poseer un arsenal de recursos infinito, y se puede sumar a la circulación sin sobrecargar tu aportación.

Homogeneidad del sistema y pegamento ofensivo

Hablar de Thaddeus Young como ejecutor es hablar de seguridad, soporte y apoyos. Es un permanente salvavidas en acciones sin rumbo o segundas oportunidades, y todo nace de su condición de no-protagonista. Sin llegar a copar un volumen alto de acciones primarias ejecutadas sigue siendo un activo de un valor incalculable para finalizar por aglutinar el binomio de piernas y manos; tren inferior y superior.

El primer paso es prácticamente cultura para Thad en términos de penetración o corte, y no tanto por la velocidad del mismo sino por su potencia, el torrente que acompaña a ese primer paso es lo que hace imposible a la mayoría de sus defensores recuperar tras recepción. Porque sin tener un bote técnico si lo es perforante, y esto complica infinitamente la tarea de soltar la mano en el momento adecuado.

Y la envergadura; una vez más la envergadura es un factor diferencial dentro de su arsenal (tanto ofensivo como defensivo), ya que complementa a la perfección las dos características previas y hace de sus penetraciones acciones más cortas de lo normal. Además, minimiza al máximo la posibilidad de cerrar el aro a su par. Un ‘slasher’ bajo el radar, pero efectivo hasta lo grotesco y que brinda un abanico de alternativas -porque al fin y al cabo no son primeras opciones en su mayoría, a no ser que sean autóctonas- a la ofensiva Pacer’.

Y la cima como perfil homogeneizador llega a la hora de reparar o reactivar acciones malgastadas por sus compañeros, pues en Thaddeus Young reside uno de los activos más diferenciales en situaciones de diferencial corto en el marcador: el putback. Thad es una máquina expendedora de segundas oportunidades, acción que se complementa a la perfección con su condición de finalizador bajo seguro.

Pero es que la gama de recursos tras rebote ofensivo -no todos ellos ortodoxos en esencia- es inagotable, desde un semigancho hasta un mate a dos manos sobre los dos interiores rivales. La contundencia de estas acciones es tal que frenarlas tiende más a ser un fallo del propio Thad que un acierto de su par. Y por último, el ansiado perímetro. Una larga distancia a la que sin ser su mayor adepto, también se ha logrado adaptar e incluso hemos podido llegar a ver en acciones de pick and pop como alternativa de eficiencia media. Porque la modernización también entraba dentro de los ambiciosos planes de Young.

Thad es alma, pero también talento y eficiencia. Porque además de un pegamento sentimental también lo es sobre el parqué. Y lo que es más importante: Thaddeus Young es la prolongación más fidedigna de lo que es McMillan en el banquillo. Thadding.

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