“He’s the best passing big I’ve ever played with. At any level”

La situación no tenía ya solución de continuidad: formar en la pintura con la pareja de interiores que mejores porcentajes de acierto permitían a sus rivales en las cercanías del aro era incompatible con la noción de competir. Y las sangrías constantes en la zona, amén de la falta de espacio para que los dos gigantes operasen con libertad en fase ofensiva, acabó primero con nuestro protagonista formando parte de la segunda unidad, y meses después con el bosnio Jusuf Nurkic haciendo las maletas rumbo a Portland.

Porque los Nuggets, como bien se deduce de las palabras de su más veterano jugador (Jameer Nelson firma la cita con la que abríamos esta pieza), eran perfectamente conscientes de contar con un pilar en torno al cual construir su futuro: uno de 2’11 metros, procedente de Serbia.

Foto: Mile High Sports

“He’s a below-the-rim player”

En una era plagada de exteriores dominantes y ‘freaks’ físicos, Nikola Jokic navega a contracorriente de toda tendencial actual. Bien haríamos en catalogar al center nacido en Sombor como un ‘freak’ técnico, uno muy alejado de contar con unas herramientas físicas exuberantes en su repertorio. Y en defensa esas carencias penalizan y mucho al chico de 22 años, que trata de suplir su inoperancia a la hora de proteger el aro con el uso de su inteligencia y comprensión del juego para ofrecer buenas rotaciones defensivas y anticipaciones basadas en la lectura de la jugada que el rival pretende poner en práctica.

Pero la fortaleza de Jokic nunca estuvo en despegar los pies del suelo. ¿Para qué soñar con volar cuando eres un mago que ve el mundo desde una atalaya cercana a los 7 pies?

Desde el momento en el que Nikola ocupó el puesto de ‘5’ titular en el equipo de Mike Malone, los Denver Nuggets pasaron a liderar la NBA en rating ofensivo. Un ataque fluido con el gigante como canalizador, aprovechando su privilegiada combinación de creatividad y visión de juego. Pesadilla total en el pick & roll (pudiendo continuarlo, abrirse para el pick & pop o encontrar al tirador libre en pleno camino hacia la canasta), con mil recursos al poste bajo (excelentes movimientos de pies, capaz de finalizar con ambas manos), buen tiro desde la media distancia y trabajando activamente en su tiro de tres (ha pasado de lanzar 1’1 por partido en la temporada 2015-16 a casi 2 en la última, con un 32’4% de acierto que va en aumento), Jokic promedió un doble-doble en puntos y rebotes durante los meses de enero, febrero, marzo y abril, además de 6’1 asistencias por noche desde el parón del All-Star. Con un PER de 26’4 y un acierto real en sus tiros del 64% (en apenas 27’8 minutos en cancha al final del curso), el monstruo ofensivo acaudilló a los Nuggets en una lucha por un billete para los Playoffs que duró hasta los estertores de la campaña.

Y el futuro en Colorado se presenta tan brillante como en los mejores tiempo de la fiebre del oro.

Aun sabiendo convivir con sus limitaciones en ese campo, Jokic debe trabajar en su físico para incrementar su resistencia, factor clave una vez inmerso en ese maratón infernal de partidos que es el calendario NBA. Un análisis pormenorizado de su último curso arroja el incremento brutal tanto de sus porcentajes de acierto (65’3% en tiros de campo, 50% en triples) como de su media de puntos (18) en duelos con dos días de descanso (en una muestra de 11 partidos). La comparación con los guarismos en los 15 ‘back-to-backs’ (55% de acierto en tiros de campo y 20% en triples, para 14’9 puntos anotados de media) es odiosa y, pese a que el nuevo calendario lucha descaradamente contra las citas sin descanso, Jokic tiene aquí un área de mejora clara.

Su contrato (posiblemente el más rentable de toda la liga, con menos de millón y medio de dólares de salario para la 2017-18 y poco más para la siguiente) y el combo a futuro que se dibuja entre el gigante serbio y Jamal Murray (cuyas aptitudes como anotador, tanto desde el perímetro como manejando el balón, se verán potenciadas moviéndose alrededor de un generador como Nikola), se acumulan en la montonera de razones para que la franquicia deje su futuro en las manazas del ‘Joker’. A nosotros nos sobran los motivos para no perder de vista a uno de los perfiles visualmente más disfrutables del baloncesto actual, un gólem cuyo talento pasador es un cheque al portador para cualquier compañero activo y capaz de ocupar las esquinas o cortar sin balón hacia la canasta.

Y, por si todo lo anterior fuera poco, al combo de futuro del equipo se le une Paul Millsap, otro de los interiores más inteligentes y versátiles de toda la liga. Una pintura con el ex de los Hawks y el protagonista principal de esta pieza disparará el consumo de ibuprofeno entre el sufrido gremio de entrenadores NBA, ante el foco de dolores de cabeza que suponen dos ‘big fellas’ con esa capacidad para distribuir y manejar el balón. Pesadilla para los rivales, parque de atracciones para tiradores capaces como Gary Harris (42% de acierto desde la línea de 3 puntos en la 2016-17), Darrell Arthur (45’3%, mientras las lesiones le respetaron), Juancho Hernangómez (40’7%) o Wilson Chandler.

“I´m not a monster. I´m just ahead of the curve”

The Joker (The Dark Knight, Christopher Nolan)

Jokic es otro gigante que se resiste a la extinción a la que parecía abocarles la proliferación de perfiles exteriores dominantes y tan diferentes entre sí como los de Curry, Westbrook, Antetokounmpo, Leonard o LeBron James. Pero su caso es diferente al de Anthony Davis, Karl-Anthony Towns, Kristaps Porzingis o Joel Embiid.

‘The Joker’ se hace indispensable a golpe de virtuosidad técnica.

Y eso le convierte en un especímen único, merecedor de las mayores loas.