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Liga ACB

Tornike Shengelia, el largo viaje del carácter baskonista

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8 de febrero de 2009 y en el Pabellón Fuente de San Luís se disputa el Pamesa Valencia – Vive Menorca de la jornada 22 de la ACB. A los pocos minutos de juego, el entrenador Neven Spahija hace debutar a un nombre desconocido de 17 años, sorprendido por la decisión, con la camiseta ‘taronja’. En casi nueve minutos de juego, el joven anota 7 puntos, captura 2 rebotes y da una asistencia para certificar el mejor debut anotador tras Fred House hasta el momento. Regresa al banquillo entre aplausos, ovacionado por el público que ocupa las gradas, rendido ante su desparpajo en su breve presencia en pista. Tornike Shengelia se presentaba en sociedad en la ACB a más de 500 kilómetros de donde ahora es un líder, nueve años después.

El nacimiento de unas raíces

Tornike nació en octubre de 1991, en una Georgia que solo hacía unos meses que había conseguido su independencia de la Unión Soviética. Un momento de cambio se abría en su entorno sin que él fuera consciente de ello. El pequeño vino al mundo en el contraste de Tiflis, la capital georgiana, pero sería el baloncesto lo que protagonizaría la infancia de Toko, como se conoce al jugador.

Estaba destinado al deporte de la canasta al nacer en una familia relacionada con el baloncesto. Kakha Shengelia, el progenitor, era un jugador interior de 2’11 metros, considerado el mejor baloncestista de Georgia en su momento, que incluso se llegó a presentar al Draft en 1994, aunque no llegó a ser elegido por ninguna franquicia. Fue él quien entrenaba al pequeño Tornike en la casa familiar, donde el niño no soltaba el balón, eterno compañero de juegos. Activo pero tranquilo a la vez, la infancia del georgiano no se entiende sin el baloncesto, pero tampoco sin su entorno. Allí, en Georgia, en sus inicios, se forjó un carácter que aún le caracteriza. Sin embargo, el país se quedaba pequeño para lo que Toko tenía que ofrecer y, como muchos jóvenes, se vio obligado a emigrar, consciente de que Georgia debía quedar lejos si quería continuar dando pasos en su sueño.

Valencia, el origen del jugador

Un adolescente Shengelia aterrizó en Valencia con tan solo 16 años. No fue fácil el comienzo para el joven, duro precio a pagar sin su familia y en un país completamente distinto al suyo por el sueño de una exitosa carrera en el baloncesto profesional. Momentos complicados que parecieron tener su recompensa aquel febrero de 2009 con el debut ACB. Spahija confió en él durante esa temporada, la 2008-09, no solo en la liga, también en EuroCup. El camino no pintaba nada mal para el chico georgiano que empezaba a saber lo que significaba ser un jugador de baloncesto.

Tras dar sus primeros pasos en la ciudad del Turia, la oportunidad de afianzarse en el primer equipo cobraba fuerza para la temporada siguiente. Desde el club contaban con Shengelia para dar el salto a ACB, aunque sucedió algo inesperado. Con el georgiano disfrutando de sus vacaciones en su país natal con su familia, el Sutor Montegranaro anunció el fichaje de Tornike Shengelia. En Valencia se mostraron incrédulos con la noticia al contar con el jugador durante todo lo que le quedaba de contrato, y porque desconocían la existencia de una negociación previa. Lo que se llamó el “culebrón Shengelia” por la prensa valenciana terminó con un comunicado del propio equipo italiano. Todo se debió a que el agente de Shengelia contactó con el conjunto transalpino con una rescisión al parecer firmada por el propio georgiano. Acabó como un malentendido, pero la temporada siguiente no se daría como Toko esperaba.

La liga EBA volvió a ser un habitual para el joven, que seguía sin perder la esperanza de conseguir una mayor oportunidad en ACB. Lejos de eso, solo pudo demostrar su valía en EuroCup. Fue campeón de la competición europea con el club valenciano, pero la falta de minutos en ACB tras sus prestaciones del primer año le hicieron plantearse la idea de marcharse en busca de continuar su progreso como jugador.

Tras ganar la EuroCup comenzó a soñar con disputar la Euroliga con el Valencia Basket, sin embargo, se quedó en eso, en un deseo, pues su primer partido en la máxima competición europea en la Fonteta sería defendiendo la camiseta del Baskonia. Pero Valencia siempre guardará un lugar importante en la carrera de Toko, quien reconoce que cada vez que pisa el parqué de la Fonteta siente algo especial. En verano de 2010, el camino entre Tornike Shengelia y el club ‘taronja’ se rompió. El georgiano sigue visitando una ciudad que le gusta, donde mantiene amigos y familia, y es que Valencia fue el primer capítulo de su carrera.

El Charleroi sería su siguiente destino, y tras una breve cesión en el Verviers-Pepinster, en Bélgia sería donde Shengelia disputaría el máximo nivel del baloncesto europeo, la Euroliga, en los mejores días del Charleroi en los últimos tiempos. Su debut fue un 20 de octubre de 2011, en el Spiroudome, ante el Real Madrid. El encuentro no tuvo el mejor final, con una contundente derrota de Charleroi, 76-100, pero Toko se presentaba a la élite europea con la segunda mejor actuación de su equipo. En 27 minutos pudo anotar 11 puntos y capturar 9 rebotes.

Solo disputó la fase de grupos, pero bastó para que el georgiano diera un salto en su carrera. Sus mejores números coincidieron con los dos partidos ante el Partizan de Belgrado, con 16 y 17 puntos respectivamente. Toko no se queda con las estadísticas, sino con la experiencia que supuso jugar Euroliga, ante los mejores jugadores de Europa y los mejores equipos. “Ir a Bélgica fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi carrera”, afirma con contundencia.

Georgia no está en Estados Unidos

Y fue entonces cuando Toko se sintió preparado para un nuevo paso ese mismo verano. Acudiría a la suerte del Draft, a poder abrir aquellas puertas que a su padre se le cerraron 18 años antes. En aquel Prudential Center de Newark, Nueva Jersey, Tornike Shengelia escuchó cómo su nombre sonaba en la posición 54, en la segunda ronda, cuando ya pocas esperanzas quedaban en él. Compartió la alegría con su familia, una franquicia había apostado por él, la fortuna ahora sí sonreía a un Shengelia en su camino hacia la NBA.

Foto: NBAE

El joven debutaría en la mejor liga del mundo con 21 años, de la mano de los Brooklyn Nets, equipo que se había hecho con sus derechos. Era un inexperto en medio de una plantilla veterana que miraba al anillo como utópico objetivo, por lo que le costó encontrar su sitio. Disfrutó de alguna jugada que se quedará en su recuerdo, pero los minutos fueron a menos y el sueño americano se iba desvaneciendo. Disputó la mayor parte de los partidos con el equipo D-League, Springfield Armor, y en 2014, en su segunda campaña en América, fue traspasado a los Chicago Bulls. Tampoco tuvo en esta franquicia su momento, y en la cabeza de Toko la idea de regresar a Europa cada vez cobraba mayor fuerza. Baskonia aprovechó ese momento.

El jugador no ve la NBA como un fracaso en su carrera, todo lo contrario, forjó en él un carácter que ha hecho que actualmente sea capitán y líder de Baskonia. “Gané mucha experiencia -afirma en una entrevista- aprendí a ser un líder y un buen profesional y lo he aprovechado en mi carrera en ACB”. Shengelia volvió a Europa siendo un jugador totalmente distinto al que era, con mayor experiencia y músculo.

Capitán Shengelia pone el ancla

En el Fernando Buesa Arena esperaban la llegada de Tornike Shengelia tras su periplo americano. El club lo tuvo en su agenda desde su tiempo en Brooklyn, y seguían paso a paso su aventura por la NBA. Cuando Europa volvió al horizonte del georgiano, Vitoria sonaba con fuerza y, al final, se convirtió en su próxima casa.

Foto: Ekaitz Otxoa / ACB Photo

Han pasado casi cuatro años y ya Toko no solo es un líder en el campo, también el jugador que representa más que nadie el carácter de todo un equipo. Además, en la presente campaña, el baloncestista está anotando los mejores números de su carrera. En ACB promedia 17’7 puntos y 21’1 de valoración en 19 partidos, mientras en Euroliga son 14’4 puntos, 6’3 rebotes y 19’1 de valoración en 23 partidos. Al fin las lesiones le han dado una tregua y le dejan disfrutar de su gran pasión y su trabajo.

A su exigente carácter desde la infancia le viene como anillo al dedo su condición de capitán. Trabajador incansable en el gimnasio y en las sesiones de tiro, el baloncesto lo es todo para él,y sabe cuál es el camino a seguir: “si no doy el extra, alguien más lo hará”, declara en un reportaje para su club. Es el referente en el que se miran los jóvenes del equipo, como lo fue su padre para él en la infancia.

Jugador serio y responsable, con mucho carácter, bajo cuya faceta se esconde una persona alegre y cariñosa con los suyos. Un completo baloncestista con el que la afición se siente identificada. Toko lo tiene claro, Vitoria le gusta, es su segunda casa: “Es ideal para vivir, con zonas verdes. Y respira baloncesto”. Al fin, encontró su Georgia baloncestística.

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Retrospectivas ACB

El jinete pálido

Barba hirsuta, aspecto frailuno, mirada de fuego y nervios de hielo. No, no es Juego de Tronos, es Marko Popovic, el último referente histórico del Baloncesto Fuenlabrada.

theobaldphilips@hotmail.com'

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Y contemplé un caballo pálido; y el nombre de su jinete era La Muerte. Y el infierno le seguía.

(Apocalipsis, 6:8) 

Todo parecía desmoronarse. No solo estaban a punto de ser expulsados de lo que había sido su hogar durante los últimos diez años, sino que el clima interno se había vuelto prácticamente irrespirable, saturado de agrias y mutuas recriminaciones.

Y, de repente, como si fuera la respuesta a una muda plegaria, apareció en el horizonte aquel tipo de barba hirsuta, aspecto frailuno, mirada de fuego y nervios de hielo. Traía bajo el brazo el pan de una esperanza recién nacida y su sola presencia, la fama que le precedía, hizo a muchos recobrar la fe perdida, como si la imagen de aquel pistolero infalible que nunca sonreía y que, muchos años antes, había sacado al pueblo del pozo, se hubiese bajado del pendón que adornaba las paredes y se hubiera hecho carne. Fue una inyección de ilusión que restañó definitivamente las heridas, la rúbrica de un armisticio que permitió que, en Fuenlabrada, todos remasen en la misma dirección y se pudiese aprovechar la oportunidad que los vericuetos administrativos les habían conferido.

Con el bagaje de mil batallas en los que su puntería había estado al servicio de grandes potencias europeas, con la culata de su revólver marcada por innumerables títulos colectivos y galardones individuales, era lógico que el de Zadar se convirtiese en la principal referencia del proyecto. Pero, muy pronto, Marko Popovic se convirtió en algo más que el go-to-guy de los del sur de Madrid. Como el reverendo de Eastwood, o el Shane de George Stevens del que aquel es trasunto, la importancia del escolta fue más allá de lo que sus balas podían hacer; se convirtió en el líder de aquel grupo, en el inspirador y guía de un espíritu y una cultura que consolidó en la cancha aquella ilusión que, entre los aficionados, nació de un simple titular de prensa. 

La primera temporada estuvo repleta de alegrías, con la estructura colectiva que diseñó Zan Tabak, y que luego Jota Cuspinera consolidó, jugando un baloncesto alegre en el que el protagonismo pasaba de mano en mano sin descanso, teniendo siempre detrás la seguridad de que, llegado el momento, si los problemas acuciaban, contaban con que su número 2 terminaría ejecutando. Popovic ejercía el liderazgo del ejemplo, corriendo más kilómetros que nadie en los partidos, fajándose atrás, donde más sufre, siendo casi un entrenador más cuando le tocaba sentarse, animando, aconsejando a jugadores y técnicos, haciendo equipo.

Foto: ACB Media

Era uno más de la falange, aunque consciente de que su puesto estaba en el lado derecho, el más desguarnecido y de más responsabilidad, siendo al que le toca sostener la línea cuando las cosas van mal dadas. ¡Bang, bang!, un triple en Zaragoza para ir a la Copa, ¡bang, bang!, otra victoria para alcanzar los playoffs; lejos del clasicismo y de la elegancia de la leyenda fundacional, el jinete pálido desenfundaba y disparaba como si le estuvieran dando un latigazo, como si cada acierto costara trabajo, como si proviniera de un parto o de una agonía, lo que daba casi a cada una de sus acciones un toque épico que, además de levantar a sus compañeros, conectaba directamente con el corazón de la gente y regaba con gasolina el fuego de aquella esperanza y aquella fe que su llegada había traído. 

El segundo año, sin embargo, fue muy distinto. Los resultados adversos, los problemas con las lesiones, rompieron la buena racha del equipo y llevaron a Marko Popovic a un tipo de liderazgo más negativo. Su compromiso era el mismo, su esfuerzo también, su calidad no había decaído, pero la luz de su faro no guiaba de la misma forma.

Ansioso por no haber podido ayudar a los suyos mientras los doctores no le permitieron pisar el parqué, se dedicó a amasar el balón en exceso, a cambiar la formación en falange por el singular combate, a agotar el oxígeno de un equipo que vivía del esfuerzo colectivo e ir, de forma inconsciente, agravando la desconfianza de sus compañeros. Sin quererlo, cuanto más se esforzaba en romper el círculo vicioso más perfilaba su diámetro. Aprendió, con los sinsabores de un año de muchos nervios, que no basta con ser el mejor para ser un buen líder. 

Y esas enseñanzas le valieron en la siguiente temporada para, a sus 35 años, mejorar. El jinete pálido que se encontró el equipo del Che García era otra vez aquel que, incluso en una plantilla con más calidad que aquel con el que había empezado su andadura en Fuenlabrada, el equipo necesitaba. Un líder generoso que, hasta hoy mismo, con su cuerpo cada vez más castigado, transmite a sus compañeros y a las gradas confianza y seguridad, un pistolero que no deja una gota de sudor por derramar y que hace con su ejemplo todavía más que con su puntería. 

El tiempo pasa inexorable y, en esta 2018-2019, está pasando a nuestro protagonista una factura cada vez más alta que nos está impidiendo verle con la asiduidad que queremos los que amamos el baloncesto. Disfrutemos de cada lección que le queda por darnos porque, desgraciadamente para nosotros, está cada vez más cercana la fecha en la que, como Shane en “Raíces profundas”, como el jinete pálido, Marko Popovic se alejará cabalgando en el horizonte, convirtiéndose en leyenda y dejándonos con la sensación de estar perdiendo algo precioso.  

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Retrospectivas ACB

Ante Tomic, el hombre desenfocado

De las comparaciones con Pau Gasol al estigma de frío. Ante Tomic ha echado una carrera al baloncesto moderno y ha terminado por encontrar el foco en su carrera.

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En el largometraje “Deconstructing Harry” (Woody Allen, 1997), nota del articulista: sí, otra referencia cinéfila, qué pasa, Robin Williams encarna a un personaje perteneciente a una ficción dentro de la ficción, una especie de inception actoral: en uno de los relatos cortos del escritor protagonista (Harry Block, interpretado por el propio Allen), Williams es un actor que se vuelve borroso, cuya imagen se muestra desenfocada tanto dentro como fuera de plano.

La única solución a corto plazo que le ofrece el médico al que acude para solucionar el problema es darle unas gafas especiales a su familia para que, por lo menos ellos, le puedan ver correctamente. El psicólogo del protagonista infiere de este relato que el autor, el susodicho Harry Block, pretende que el resto del mundo se adecúe a su manera de pensar y proceder.

Probablemente el Woody Allen director y guionista buscaba una interpretación distinta, pero esto no es el Fotogramas y yo no soy Carlos Boyero, así que no voy a profundizar en ello. Saco a colación este sector de esta película en concreto porque, de alguna manera, se presentó en mi cabeza al día siguiente de la final de Copa de este 2019 (“¡baloncesto! ¡por fin!”, recitó el coro griego de lectores del artículo con renovada energía), mientras trataba de entender las últimas decisiones arbitrales de aquel partido a través de unas sencillas operaciones matemáticas (una derivada fraccional por aquí, una integral trigonométrica por allá) y la lectura recitada de “El libro rojo” de Carl Gustav Jung.

Y llegó a mi cerebro al caer en la cuenta de que Ante Tomic, el vilipendiado, fustigado, ninguneado, ridiculizado y menospreciado por buena parte de la afición madridista Ante Tomic, había conseguido lo que en cualquier otra circunstancia, o cúmulo de circunstancias, habría significado no solo una venganza en toda regla, un majestuoso “yippee-ki-yay, motherfuckers”, sino una jugada, una canasta que le habría trasladado a un olimpo imaginario de héroes, en este caso azulgranas, que parecía serle vetado para siempre por causas que serán desarrolladas (lo juro por el protector bucal de don Stephen) en posteriores párrafos.

En lugar de ello, el guardián de dicho olimpo le objetó a Tomic no sé qué de unos calcetines blancos y le impidió el paso; y aceptó, sin embargo, a un tal Instant Replay, un extraño infraser que se presentó con apenas dos de sus once extremidades sanas.

Y así, de esta rocambolesca manera, el jugador croata, cuya final fue destacable (incluyendo un tremebundo mate sobre Ayón a 40” del final, absolutamente fuera de guion) volvía a quedar apartado de un foco que en sus inicios de carrera parecía inevitable que abarcara, y que le ha estado esquivando y lacerando durante su trayecto en la élite.

Apartado de un foco.

Desenfocado.

¿Lo pilláis ahora?

(“Que no seamos suscriptores de Skyhook/no significa que seamos idiotas”, canta, resignado, el coro griego)

Vale, vale, perdón. Un puntito y aparte y desarrollamos.

Ante Tomic en la última Copa del Rey | ACB Photo

El Gasol de Dubrovnik

Me permitirá el paciente lector que corretee de puntillas sobre la vida y milagros de Ante Tomic, alumbrado hace 32 años en la ciudad croata de Dubrovnik, la “Atenas dálmata”, lugar de nacimiento de otras personalidades destacadas de la pelota naranja tales como Nikola Prkacin, Andro Knego (y su legendaria alfombra de pelo pegada a la espalda), y un tal Mario Hezonja que aparecerá como estrella invitada dentro de un rato.

Me ahorraré que salió de Dubrovnik para empezar a destacar en el KK Zagreb, donde desarrolló su juego y se ganó convocatorias para las selecciones inferiores croatas (vaya, al final no me lo he ahorrado); y saltaré a enero de 2010, donde unos magníficos promedios de 18 puntos y 9 rebotes deciden al Madrid de Messina y Maceiras a pagar un millón de euros de buyout para que palie la larga lesión de Van den Spiegel y adelantar un fichaje acordado para junio. En su presentación, el propio Maceiras empieza a anudarle las cadenas que el bueno de Ante va a arrastrar durante toda su carrera deportiva:

“Tiene una gran versatilidad, aunque su peso puede no ser lo que necesita el equipo; pero tiene una gran perspectiva de futuro”.

Él, por su parte, ya despejaba balones cuando le comparaban con Pau: “es una exageración compararme con él”.

Sí, claro. El archivo sonoro de los deportistas de élite está lleno de obviedades de este tipo, pero lo cierto es que en aquellos momentos lo de “El Gasol del Este” sonaba bastante. Por supuesto que era una exageración, pero las primeras impresiones fueron positivas y permitían que el nuevo batacazo masivo de aquella temporada no opacara las esperanzas puestas en el joven Tomic. El siguiente curso confirmó las buenas impresiones del jugador, pero no las del equipo, que a pesar de cargarse a Messina en marzo volvió a quedarse en blanco.

En 2011 llegaban Pablo Laso y Sergio Rodríguez, y el periplo blanco de Ante iba a decolorarse hacia un inerte gris. Sus números bajaron, las sensaciones aún más, y el peso de su falta de físico, la escasa potencia de su tren inferior y un lenguaje gestual más bien plañidero se imponían en la psique baloncestística generalizada; el estilo de juego instalado por Laso, y, por ende, el toque de corneta impuesto por los Sergios, superaban a un Tomic que para explayarse requería de tiempo, espacio y dedicación. Su nefasta final contra el Barcelona acabó por sentenciarle, pero el destino le iba a ofrecer un jugoso requiebro.

Ante Tomic a su paso por el Real Madrid | ACB Photo

De Troya a Grecia

Pervive cierto relato según el cual Ante Tomic dejó el Real Madrid por el Barcelona para, según sus palabras, ganar los títulos que hasta entonces se le habían negado. Dicho relato se utiliza una y otra vez para atizar al de Dubrovnik, pero basta repasar sus declaraciones de aquella época para comprobar que fue el club blanco el que no le quiso, y que él tan solo expresó su voluntad de ganar trofeos con su nuevo club. Solo faltaría. Ante estaba convencido de que su juego, con Xavi Pascual, mejoraría sustancialmente, y así fue.

Por otra parte, Pablo Laso estaba convencido de que sin Tomic el juego de su equipo mejoraría sustancialmente, y así fue, hasta el punto de que se dio inicio a la época más exitosa del club en la era moderna. Justo mientras, coincidiendo con la llegada del pívot croata, el Barcelona entraba en una espiral de descomposición de la que, a pesar de los decentes resultados de esta temporada, no tengo nada claro que haya salido.

¿Era culpable Tomic de los malos resultados del Madrid hasta su despedida? No. ¿Ayudó su salida a mejorar el equipo? Sí, puesto que no encajaba con el estilo de juego que pretendía imponer su técnico. ¿Es culpable Tomic de los irregulares resultados del Barcelona desde su llegada? No, en absoluto. ¿Voy a cerrar este bucle de preguntas y respuestas en el que he entrado y voy a pasar de una puñetera vez al siguiente párrafo? Sí, antes de que venga el coro griego a dar por saco.

Deconstructing Tomic

El momento elegido, o forzado a elegir, para saltar de Real Madrid a Barcelona ejemplifica a la perfección mi metáfora woodyalleniana: justo cuando el foco se trasladaba a la capital española, Ante Tomic se apartaba de él en la catalana. Pero no es el único desenfoque apreciable en su carrera. Su mismísimo perfil de jugador, un center poco móvil, muy alto, con facilidad para el juego de espaldas al aro y con una inestimable capacidad para el pase, de la estirpe de los Sabonis, Tomasevic o Vujcic, resulta muy a contracorriente del que prevalece, desde algunos años, en el baloncesto europeo.

Un baloncesto que requiere de cincos móviles que puedan cambiar en defensa con cierta facilidad y se desplacen veloces en el pick&roll (Hines, Dunston, Ayón); o, en todo caso, torres que dominen defensivamente (Vesely, Tavares). Un baloncesto que permite a Tomic ser considerado uno de los mejores centers del continente pero no dominarlo, bajo la creencia, basada en estadísticas avanzadas, de que el juego al poste es menos eficaz, más defendible, que cualquier otra opción ofensiva. Esto, junto a las perennes y estigmatizadas acusaciones de blandura e incapacidad defensiva, nos han llevado a todos a proclamar, y ahora por fin el coro griego me resulta útil:

“¡No se puede edificar/un proyecto sobre Tomic!”

Gracias majos, e id a lavar las túnicas, haced el favor.

Sí, a Ante Tomic probablemente no le da para aguantar sobre sus espaldas una estructura dominante en Europa, pero eso no valida necesariamente los demás mantras que le persiguen. Por ejemplo, con los años se ha convertido en un gran defensor y se le reconoce muy poco. Su tren inferior da para lo que da, su capacidad de salto e intimidación es endeble; pero ha conseguido ser bastante difícil de superar en el 1×1, sabe cuándo y cómo lanzar flashes y es un gran reboteador defensivo. A base de IQ y constancia ha conseguido mejorar drásticamente sus prestaciones en este sentido, hasta el punto de que, le traigan a quien le traigan como compañero de posición, él siempre es el mejor center defensivo de la plantilla. Sí, también con Joey Dorsey.

Por otro lado, afirmar que Ante Tomic tiene un problema de carácter es, de nuevo, simplificar el asunto y adherirse al relato establecido, basándose en sus carencias físicas y su lenguaje gestual (declaraciones de Pesic, hace nada: “Tomic tiene calidad, táctica y cojones”). En la opinión de este perpetrador de artículos, el mayor déficit de su talante es la necesidad de sentirse importante para dar un rendimiento acorde a su capacidad.

Lo hemos visto no hace mucho, al inicio de la temporada pasada, cuando la llegada de Seraphin parecía quitarle minutos y protagonismo, y decayeron sus prestaciones; fue llegar Pesic y entregarle galones, junto a la grave lesión del francés, y Ante retornó a sus números y rendimiento de todos estos años. También lo hemos podido comprobar durante su periplo en la selección croata, donde, rodeado de una atmósfera de caos, desorden, terroristas del aquí llego y aquí me la tiro, y entrenadores que lo permitían, ha sido incapaz de siquiera acercarse a un nivel cercano a su capacidad.

El tenebroso Eurobasket de 2015 fue su canto del cisne; renunció a ser seleccionado para el preolímpico de 2016, sin que se conocieran las razones concretas, y no ha vuelto a la selección. Pero esto no significa que carezca de personalidad ni predicamento en un vestuario: eran épicas las broncas con las que reprendía, en la misma pista, a su conciudadano Mario Hezonja. Además, su constancia en cuanto a números (siempre entre los jugadores más valorados de cualquier competición en la que participe), presencias en pista (no ha tenido ninguna lesión larga, no falla casi nunca, una rara avis en el basket europeo tan sobrecargado de hoy en día) y aguante en un club tan inestable, da a entender una resiliencia que no por desenfocada deja de ser genuina.

Ante Tomic con Croacia | FIBA Photo

Epílogo, porque ya, total…

Volvemos a la final de Copa. El plano master televisivo acompaña el vuelo del último balón lanzado por Llull desde su campo a la desesperada; Tomic es el único jugador azulgrana en su mitad de pista, y observa el arco que dibuja la pelota con los brazos en jarra, aceptando el designio del destino con cierta resignación, porque la dirección es la correcta y podría acabar dentro del aro. El balón se regodea antes de salirse enérgicamente; el Barça es campeón, pero Ante no reacciona. Se queda contemplando el otro lado de la cancha, quizás resoplando internamente, o puede que alcanzando una paz interior que se le ha estado negando durante demasiado tiempo. No sabemos si se dispone a abrazarse a sus compañeros, a bailar reggaetón o a levitar presa de un trance chamánico, porque la cámara decide, una vez más, retirarle el foco.

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Actualidad

La Bomba Navarro, ahora en formato audiovisual

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Hay jugadores que marcan una era, eso es innegable. Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, LeBron James o Karl Malone serán recordados hasta por aquellos para los que el baloncesto solo es un deporte más. Hay otros que van un paso más allá y ya han escrito su nombre en la historia. Michael Jordan es, sin lugar a dudas, el hombre que lidera este segundo grupo de jugadores. Su trayectoria ha sido tan espectacular, que para muchos es el mejor jugador que la NBA tendrá nunca. Su leyenda es tal, que se ha convertido en el protagonista de videojuegos, libros o cómics y se han hecho infinidad de documentales sobre él, el último de ellos se espera para 2020 y ahondará no solo en su carrera deportiva sino en la vida personal del jugador, en el ámbito más íntimo de una estrella conocida en todo el planeta. “The Last Dance”, apuntaros el título porque esta producción de ESPN dará mucho de qué hablar el próximo año.

En el caso del baloncesto español es más complicado encontrar jugadores que se engloben en este segundo grupo, pero sí que contamos con deportistas que marcaron toda una época en este deporte. Uno de ellos es Juan Carlos Navarro, a quien su equipo de toda la vida acaba de homenajear con un documental sobre toda su carrera deportiva bajo el título de “Es la bomba”.

Navarro comenzó dando sus primeros pases en la cantera del FC Barcelona de baloncesto para dar el salto al primer equipo de la ACB en 1998. Fue precisamente durante su paso por las categorías inferiores cuando se ganó el apodo de “La bomba”, gracias a su capacidad de cambiar la ruta del partido con tiros lejanos. Conocido ahora como Barça Lassa y situado entre los favoritos para hacerse con el título según medios especializados como Oddschecker, el equipo lo vio crecer como jugador durante 10 temporadas en las que coincidió con otro grande del baloncesto español, Pau Gasol. Fue precisamente el de Sant Boi el que lo animó a dar el salto a la NBA y en la temporada 2007-2008 Navarro pasó a formar parte de los Memphis Grizzlies, el mismo equipo en el que militaba Gasol. Fue una decisión muy comentada en su día, puesto que el experto en triples contrajo una deuda millonaria con el FC Barcelona para poder marcharse a la liga americana, lo que lo convirtió en uno de los jugadores peor pagados de la NBA. No obstante, la estancia de Navarro al otro lado del charco no fue muy dilata en el tiempo, y es que solo duró en la liga americana esa temporada. Aunque muchos aluden a cuestiones económicas como el principal motor de la vuelta de Navarro a España, el jugador afirmó en varias entrevistas que el motivo de su regreso había sido más bien sentimental. De esta forma, en la temporada 2008-2009 la Bomba volvió a lucir la camiseta del FC Barcelona sobre las pistas, y lo haría así en las siguientes 9 campañas. En total fueron 20 las temporadas que el catalán jugó con el equipo que lo formó desde pequeño, años en los que consiguió un total de 35 títulos, entre ellos 8 Ligas, 7 Copas y 2 Euroligas.

En agosto de 2018 el club anunció su retirada y un mes más tarde el Palau Blaugrana se llenó de aficionados, directivos del club, antiguos compañeros y diversas personalidades del mundo del deporte para despedir al que ya ha sido bautizado como el jugador de basket más importante del Barcelona. Fue precisamente durante este homenaje cuando el presidente del club anunció que Navarro contaría con una estatua ante la puerta del Palau y con un documental.

La primera de las promesas del presidente todavía no se ha hecho realidad, pero sí la segunda. El pasado 7 de marzo el canal de televisión del club, Barça TV, estrenó “Es la Bomba”. En poco más de una hora, el documental hace un repaso por la trayectoria profesional del jugador explicada por el propio Navarro. Además, su discurso se apoya en las intervenciones de diferentes jugadores y entrenadores que coincidieron con él durante sus años en el Barça, como Pau y Marc Gasol, Víctor Sada, Gianluca Basile, Miguelito López Abril, Xavi Pascual o Joan Montes.

Tras su estreno, y su reposición los días 8 y 9 de marzo en diversos eventos, “Es la Bomba” está disponible en el sitio web del club para que cualquier persona pueda disfrutar de él. Sin duda una muy buena oportunidad de acercarse a una de las leyendas del baloncesto español.

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