Competir nadando a contracorriente de las tendencias de la nueva NBA del pace & space, sin la participación del mejor jugador de un róster justo de talento individual y sobrado de años en las piernas y espaldas de jugadores importantes en la rotación. Seguramente el reto más grande de una carrera eterna en el banquillo de San Antonio.

El tiempo asediaba a Gregg Popovich y, como el ejército mexicano en el célebre asedio a la fortaleza del Álamo, tenía todas las de vencer.

Pero el viejo zorro tenía otros planes, y reinventó por enésima vez el libreto para resguardarse tras las endebles murallas con el personal disponible parapetado, y resistir el temible asalto. Comenzando por la reunión estival con un LaMarcus Aldridge que albergaba serias dudas sobre si continuar en el equipo era lo mejor para su carrera (tras las críticas masivas recibidas ante su muy mejorable rendimiento en la final de conferencia ante los Warriors), recomendando al gigante tejano que pensase menos y confiase más en sus impulsos sobre la pista, emanaciones directas tanto de su lectura del juego como del engranaje coral. Con un Kawhi Leonard desconectado del equipo y cuya mayor y única preocupación era salvaguardar su salud futura, gran parte del peso ofensivo de un grupo justo de recursos recaería sobre las espaldas de LaMarcus.

“We are not the most talented team in the league. He´s the one with the real resources.”
Manu Ginóbili, acerca de su compañero Aldridge.

En una competición acelerada ante la apuesta indiscriminada por ritmos de juego cada vez más altos, y con el tiro desde la media distancia proscrito por ineficiente ante la dictadura conjunta de triples y lanzamientos en la pintura, San Antonio juega con el penúltimo ritmo más lento de toda la NBA (98.2 posesiones por partido a cierre de líneas, únicamente por encima de los desheredados Memphis Grizzlies), anota 8.5 tiros de 3 por partido (28º registro de la competición) y lanza 24 (27º). En los recursos clave que son tendencia en el paraíso de la estadística avanzada, los Spurs se sitúan en el pozo más oscuro e insondable de la asociación.

Y, con todo, a base de competir noche tras noche han logrado mantener con vida una racha eterna de 21 temporadas seguidas con billete en propiedad para los playoffs, con la 3ª defensa más eficiente de la liga y un admirable ejercicio de supervivencia en ataque. ¿Cómo es ésto posible?.

La respuesta, una vez más, duerme en la cabeza del maestro táctico que ocupa su banquillo.

En el róster de los Spurs coexisten jóvenes en proceso de formación como Dejonte Murray (poderoso físicamente, pero sin tiro exterior y aprendiendo aún los recovecos del noble y complejo oficio de armador), jugadores de rol (Patty Mills, Danny Green, Rudy Gay, Davis Bertans), tipos que difícilmente sobrevivirían fuera del “ecosistema Popovich” en una NBA que exige velocidad terminal en movimientos y toma de decisiones (caso de Kyle Anderson, que vive a cámara lenta), veteranos ilustres que combaten el inexorable desgaste inherente al paso del tiempo a base de talento e inteligencia (Pau Gasol, Manu Ginóbili, Tony Parker)… y el único elemento realmente diferencial de la tropa: el gigante que mantuvo aquella charla veraniega con su sempiterno maestro.

Foto: NBAE

La única posibilidad de sobrevivir era agarrarse al asidero de Aldridge en ataque, y Popovich apartó a un lado la demonización del juego al poste bajo (que supone decelerar el ritmo y deriva en una gran cantidad porcentual de pérdidas de balón, en una liga con físicos cada vez más rápidos y longuilíneos perfectos para la anticipación) y de la media distancia, fortalezas ambas de un esteta como el ex de los Blazers. Así, LaMarcus lidera la NBA en lanzamientos desde el poste bajo (7.6 por partido, 1 más que Joel Embiid y a una distancia sideral del 3er clasificado, el lesionado Kristaps Porzingis), acreditando un buen 46.7% de acierto en dichos intentos. Si fijamos el foco en un rango de entre 10 y 14 pies de distancia con respecto a la canasta, la midrange por antonomasia, el gólem de San Antonio se sitúa 2º en tiros por partido (3.9, por encima de DeMar DeRozan y tras el dañado unicornio letón de los Knicks), con un letal 44.7% de acierto.

23.4 puntos por noche (igualando el mejor registro de toda su carrera), con un 51.4% de acierto en tiros de campo (tope de su trayectoria) en apenas 33.6 minutos en pista.

El curso 17/18 ha visto perecer algunos récords surrealistas de los inmortales Spurs, como el de las 18 temporadas consecutivas alcanzando las 50 victorias en temporada regular o las 20 con récord positivo como visitante, pero seguramente estemos asistiendo al más impresionante ejercicio de liderazgo y maestría desde el banquillo de un tipo con 5 anillos de campeón y dos décadas de dominio desde múltiples registros en el zurrón.

En el AT&T Center volverán a presenciar en directo la emoción de las eliminatorias por el título, el Win or Go Home que ya disfrutaran en el colosal Alamodome desde tiempos inmemoriales.

Y esta vez el hecho no se aleja mucho de la categoría de milagro.