Las grandes sagas de videojuegos acostumbran a almacenar enormes datos de información. Cada inicio de partida es precedido por un tiempo de carga. Si es tu primera partida del día, ese momento denota ilusión. Si ya llevas unas cuantas, es un espacio para el sosiego y la pausa mental. Para la paciencia y la planificación futura. ¿Qué he hecho mal en la anterior partida? ¿Ha valido la pena dejar atrás los logros, reiniciar y volver a empezar?

Esperando esa respuesta se encuentra Alessandro Gentile. Él, que ha jugado en las mejores consolas del mercado; él, que alcanzó niveles inmensos a muy corta edad; él, al que le va en la sangre -paterna- esto de jugar; él, que se prometió el cielo y está muy lejos de ni siquiera rozarlo; él, Gentile, sumido ahora en una incesante búsqueda de uno mismo, cual monje budista, en uno de los templos del baloncesto europeo como es el Antonio Magariños.

El italiano, que acaba de cumplir 26 años, iba para superestrella y se ha quedado por el camino. El Estudiantes es el sexto equipo de su carrera, aunque la inestabilidad es reciente: la colegial será la quinta camiseta que defienda en los dos últimos años.

Un ascenso meteórico

Ferdinando Gentile es considerado uno de los mejores jugadores de baloncesto que Italia ha dado al mundo. Él inculcó a Alessandro, desde muy pequeño, la pasión por la canasta. Pronto siguió sus pasos. Gentile junior, desde su etapa infantil en Treviso, fue uno de los mejores jugadores de su generación. El Olimpia Milan le reclutó con 19 años en el año 2011. Un año después, ya era el capitán del equipo.

La proyección de Gentile parecía imparable. Sobrado de talento y con una cualidades físicas inmejorables para el nuevo siglo. Un ‘3’ alto con capacidad de sumar en ambos lados de la pista y con una cabeza, que por aquel entonces, no suponía más problema que el carácter cambiante de un joven rebelde. Nada de lo que preocuparse. Por el momento.

FIBA

Pese a ser el gran foco de atención del basket italiano, Gentile no sintió presión alguna y se convirtió en una pieza fundamental en Milán a los pocos meses de llegar. El alero fue un soplo de aire fresco en el país mediterráneo, que pronto le consagró como uno de sus referentes. Los números no engañaban: valores superiores a los 15 puntos en la liga italiana y en la Euroliga, sin haber cumplido aún los 22 años. Sandro Dell’Agnello, exjugador, exinternacional italiano y luego entrenador de una decena de clubes, llegó a compararle con LeBron James: “Alessandro es un campeón y añado que en Italia marca las diferencias como LeBron lo hace en la NBA”.

Pasaban las temporadas y Gentile gozó de una estabilidad que le permitió aumentar sus galones en el equipo. En Milán ganó dos Legas (2013-14 y 2015-16), una Coppa (2015-16) y una Supercoppa (2016-17). Líder, responsabilidad y mando en un conjunto jerarquizado. Sus compañeros jugaban para él, y él para si mismo. Ese siempre ha sido su baloncesto y no habrá otro. Amasar posesión, crearse sus propios tiros. A su favor, que anota con suma facilidad -salvo en el triple, su gran escollo- y gana partidos. En el baloncesto de Gentile, un egoísta productivo, lo mental guarda un papel fundamental. Se avecinaban delirios de grandeza.

Los nubarrones llegaron para quedarse en la mitad de la temporada 2015-2016, aún siendo ésta la más gloriosa para el equipo de Milán, entrenado por Jasmin Repesa. Gentile vivía su mejor momento profesional, llegando a promediar 20 puntos en la Euroliga. Era uno de los jugadores más determinantes del Viejo Continente…hasta su primera lesión, de la que recayó en tres ocasiones. Problemas en la mano apartaron a Gentile del equipo y su relación con sus compañeros, ya fría de por si, acabó por congelarse.

A los problemas médicos se sumaron los psicológicos. El demonio ganó la partida al ángel en la cabeza bipolar de Gentile: el italiano se ausentó de varios entrenamientos con el Milán, argumentando razones físicas. Las relaciones entre directiva y estrella, hasta entonces cordiales, no fueron lo mismo. Los dirigentes pensaban que Gentile estaba más pendiente de su posible marcha a la NBA que de la temporada actual. Al final de la misma, el Armani Milán se alzó con el título de liga. Gentile, tras el encuentro, habló en rueda de prensa. “Estos cinco años en el equipo han sido muy intensos. He dado todo por esta camiseta ganando dos Ligas y una Copa. Creo que para un jugador de 23 años los resultados son satisfactorios. Y soltó la bomba: “Este campeonato es para mi familia. Mi madre y mi padre siempre han estado conmigo en los momentos más difíciles, cuando todo el mundo me dio la espalda. Sólo yo y mi familia sabemos lo que he sufrido este año

Un sueño truncado

Gentile había sido elegido por Minnesota en el Draft de 2014 (pick 53), aunque sus derechos recayeron en Houston. Los Rockets intentaron su fichaje en el verano de 2016, en el momento cumbre en la carrera de Alessandro. Su principal valedor: Mike D’Antoni, entrenador en la franquicia tejana y leyenda en Milán, donde jugó durante 13 temporadas.

Pero algo no les convenció, y nadie sabe muy bien el qué. Ni siquiera el propio D’Antoni encuentra una respuesta firme: “No sé porque no llegó Gentile. No era mi trabajo hacer que llegase aquí: yo soy el entrenador, no el director deportivo. Y me sabe fatal, me habría encantado tener un italiano más en la NBA. No me lo sé explicar, quizás nuestros dirigentes querían seguir un camino distinto. Me gusta mucho como jugador y creo que habría encajado bien en nuestra plantilla: es un gran atleta y con un gran sentido del juego, y luego viene de la familia del Olimpia…

El sueño americano de Gentile se esfumó y el italiano inició su cuesta abajo. Ya saben: cuanta más alta es la subida, mayor es el descenso. Si Gentile llegó a ser uno de los mejores ‘prospects’ europeos de esta década, tras su fracasado fichaje por los Rockets se convirtió en un jugador más.

Euroleague

No jugar en la NBA fue un golpe duro para él, pero el punto de no retorno representó la pérdida de la capitanía en Milán en favor de Andrea Cinciarini, nada más iniciar la temporada siguiente. Livio Proli, mandamás milanés, avivó el fuego: “Alessandro necesita decidir si sigue siendo un chico o un hombre maduro”. Órdago lanzado, pero hubo más: “Hizo algunos comentarios muy egoístas y dañó al equipo. El año pasado tuvo lesiones, sí, pero perdió confianza en su tiro y durante los playoffs sufrió un colapso psicológico. Ser profesional significa que aprendes para ser una persona madura. Tienes que ser serio y respetuoso con el equipo y fuera de la pista”.

Era evidente: Gentile abandonó el ambiente volcánico de Milán y se marchó, en calidad de cedido, a Grecia, al Panathinaikos. Nada mejoró: Sandro solo jugó ocho partidos en el equipo de Xavi Pascual. En marzo de la misma campaña, otra cesión, al Hapoel de Jerusalén -coincidió con y Amar’e Stoudemire -, y nuevo batacazo con apenas seis encuentros disputados.

Volvió a Italia alegando razones personales y rompió definitivamente con el equipo que le fichó con 19 años, a pesar de que aún les unía un año más de contrato. La situación era insostenible y no había vuelta atrás: Sandro Gentile estaba libre para firmar por cualquier equipo.

El hijo de Ferdinando fichó por un grande venido a menos: la Virtus de Bolonia. Por fin, aparecía un halo de luz entre tanta negrura: 16,8 puntos, 3,4 rebotes y 6,5 asistencias de promedio para liderar al equipo junto con Pietro Aradori. Gentile había recuperado sensaciones, pero no abandonaba hábitos negativos. Tanto deportivos (23% de acierto en triple) como de conducta: se peleó con un rival y le costó dos partidos de sanción. La Virtus no se clasificó para Playoffs y decidieron acabar su relación contractual.

Con la selección italiana tampoco ha tenido grandes alegrías. En sus primeras apariciones cogió el relevo de Gianluca Basile y maravilló a los aficionados. Pero la alta responsabilidad le pasó factura, con dos momentos trágicos en su carrera internacional: tanto en los cuartos de final del Eurobasket 2015 contra Lituania como en la final del preolímpico disputado en julio de aquel año frente a Croacia, Gentile tuvo en sus manos balones importantes a final de los partidos que, de haber anotado, habría clasificado a los azurri a disputar la semifinal del Eurobasket frente a Serbia y, sobre todo, a participar en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Después fue excluido del Eurobasket 2017, aunque regresó más tarde para disputar los partidos de clasificación para el Mundial 2019. Sin embargo, este mismo verano, Gentile decidió volver a probar suerte con los Rockets en la liga de verano. Como en 2016, no hubo firma de contrato. Gentile lo achacó a su famosa lesión en los dedos: “Hace dos años, después de la primera operación, volví antes de tiempo para ganar el ‘scudetto’ y el pulgar no recuperó bien. Después de la segunda operación, el dedo ha recuperado estabilidad. No aceptaba la idea de que el problema fuera tan serio, pero lo era. Reto a cualquiera a sujetar cualquier cosa con la mano sin usar el pulgar.

“Probablemente buscaré equipo fuera de Italia, donde piense que pueda expresarme más fácilmente”, terminó aquella entrevista. En Italia se han creado algunos prejuicios sobre mí, también por mi culpa. De nuevo, en la agencia libre.

Apuesta doble en Serrano

Hasta octubre, Gentile rehacía su vida en una pequeña localidad de Lombardía, Treviglio, entrenando con un equipo de la Serie A2, la Blue Basket. Hablaba diariamente con Pietro Aradori, confiándole sus dudas y temores profesionales. Él fue quien le recomendó el Estudiantes, que no había iniciado bien la temporada en la Liga Endesa.

El conjunto madrileño necesitaba un golpe de efecto y Gentile recuperar su baloncesto. En su cabeza, relanzar -o reordenar- su carrera. Está en el sitio ideal, otros lo han logrado anteriormente: Edwin Jackson, Sylven Landesberg o el propio Pietro Aradori. Hubo firma.

Willy Villar, director deportivo colegial, definió el fichaje como un “efecto llamada”. Acostumbrado a acertar, ésta es su apuesta más arriesgada. Apostar por un jugador como Gentile, con su historial, en plena decadencia profesional: la cabeza del italiano no es la de Jackson o Landesberg. Le otorga, desde hace un mes, las llaves del Ramiro, donde viven semanas convulsas con el descenso acechando.

Gentile también ha sido valiente: aceptar el reto de rescatar a un equipo histórico en la mejor liga de Europa, en la que la posibilidad de adaptación rápida es baja. Cuando se escriben estas líneas, nada ha demostrado. Lejos del ‘hype’ de su llegada a Madrid, los primeros partidos como demente no invitan al optimismo. Se le ve desganado, desacertado, con una lentitud evidente y a la gresca con los colegiados. Él, Sandro, ávido de balones, es un generador y finalizador casi continuo. Necesita paciencia y adaptación a los esquemas de un nuevo equipo, en el que además la continuidad del entrenador está en duda. El proceso será más lento de lo previsto.

ACB Photo / E. Candel

Cunden las alarmas en Magariños, no por Gentile, si no porque esas sensaciones las experimenta todo el grupo. La temporada apremia y el ‘Estu’ necesita sus servicios, más aún cuando se ha truncado el despegue de Edgar Vicedo -que renovó con honores la pasada- y Gian Clavell no es el anotador que se presuponía. Más allá de Darío Brizuela, el equipo madrileño no tiene un referente ofensivo.

En Serrano confían en el currículum y en el talento superlativo de Alessandro, aunque la clave, como en toda actividad humana, está en la testa. El tiempo proveerá las respuestas. Por ahora, la partida está en juego, con Gentile a los mandos de la consola estudiantil. Tras anhelos perdidos y muchas frustraciones, ha decidido pulsar la opción de reinicio. En la pantalla, de manera intermitente, solo una palabra cuyo significado siempre esconde dudas e incógnitas: loading…loading…loading…