Sky’s The Limit

Polivalencia. Polivalencia y ritmo. Polivalencia, ritmo y espacio. Una sucesión de tres palabras que no deja de rebotar en los tabiques del cerebro de cualquier entrenador de la NBA. La primera de ellas porque, ineludiblemente, economizar personas en favor de sus aptitudes es una prioridad a día de hoy, pues quién no gozaría de un arma de destrucción masiva que realizase las tareas de tres o cuatro jugadores. Todo un lujo, vaya. La segunda tiene que ver con la inyección de ritmo que vive el baloncesto americano. Un dopaje en las revoluciones del juego que roza el colapso. La última de ellas se define por sí sola: espacio (‘spacing’). El espacio o espaciado es un elemento fundamental en la composición de una ofensiva completa en la NBA. Y que todo jugador sobre el parqué sea capaz de explotar cualquiera de los rangos habidos y por haber es, más que un complemento, una necesidad.

Tratar de contextualizar estos conceptos era necesario para definir con todo lujo de detalles la figura de Pascal Siakam. Y la realidad es, además de empírica, aún más compleja en todos los aspectos, pues el forward camerunés aglutina estas características en un molde digno de un robot.

La polivalencia, por Pascal Siakam

La polivalencia desde su definición más primitiva nos evoca a la siguiente palabra: polivalente. Y esta, a su vez, trae consigo un significado muy revelador: que vale para muchas cosas. Ahí se encuentra clave de Pascal Siakam en el engranaje, tanto ofensivo como defensivo, de Toronto, en esa capacidad para producir efectos en diferentes puntos de la estructura.

Siendo más específico y apuntando de forma directa al objetivo es crucial señalar un aspecto en el que Siakam es diferencial para el sistema Raptor’:

Cambios de asignación de defensa. Esta situación o lance del partido por el cual, y tras sufrir una alteración en la propia jugada, el defensor decide, por voluntad propia u orden del técnico, cambiar la asignación defensiva, es tan esencial dentro de un esquema completo que puede llegar a condicionar la composición de un quinteto. Aquí es donde entra de lleno la figura de Siakam, un forward de 206cm y más de 104 kilos con una velocidad de manos y pies impropia en un jugador de su talla y peso. Y si a esto le sumamos un desplazamiento lateral prodigioso obtenemos la fórmula perfecta que defina al defensor que vale para muchas cosas. Su nivel para mutar de una defensa perimetral frente a un guard de primer nivel a un enfrentamiento al poste bajo contra un interior de siete pies es asombroso. Y salvando las secuencias, que al fin y al cabo se vive de los resultados y no de las sensaciones.

El continuo contacto visual para no perder los estímulos de atacante; la posición de los pies, sin llegar a un ángulo que impida rectificar tras un movimiento de su par, y la permanente extensión del brazo, con el fin de exprimir su envergadura — 2.22m, propia de un dibujo animado— para dificultar la visión y un posterior lanzamiento. Todo, absolutamente todo, aglutinado en un perfil que podría asemejarse a un antiaéreo en el apartado defensivo.

El ritmo, por Pascal Siakam

El ritmo (pace) como dato que refleja el número de posesiones que juega un equipo en cada partido estableciendo una media entre todos ellos, también es otro de los pilares sobre los que se sostiene la liga en estos últimos tiempos. Y sí, el camerunés también es determinante en esta parcela. Quizás no lo sea de forma directa, pues él no interviene de forma directa en el número de posesiones que juega Toronto, pero sí en la calidad de las mismas.

Retomando el apartado del ritmo como concepto, es necesario resaltar que la liga vive en un constante exponente en lo referido al número de veces que el crono se reinicia para cada uno de los equipos, y Toronto, a pesar de no multiplicar este número tanto como otros combinados (entorno a cien posesiones por noche), también sufre esta revolución en sus propias carnes. Ahora bien, ¿en qué influye este apartado a la figura de Siakam? Sencillo: la transición. Y en ambos lados la cancha, faltaría más. Pues Pascal Siakam es, con casi total seguridad, el jugador que mejor dinamiza las transiciones ofensivas sin balón. Es un proyectil tras intercepción, un cohete con dirección al aro y un final anticipado.

La velocidad con la que abarca todo el campo es inverosímil, hace de cualquier intento de balance defensivo eso, un intento. Y la inteligencia con la que se emplea, con la vista puesta sobre el esférico en todo momento para, llegado el momento de la captura, poder corregir la carrera y poner rumbo a la red. Es un dinamizador único en la liga, el comodín
—o arma, puesto el caso— de mayor fiabiliad para las transiciones planteadas por Nurse. A fin de cuentas, un seguro de vida.

El spacing, por Pascal Siakam

Llegados a este punto toca tratar un tema que podría considerarse la cúspide del jugador NBA, pues indudablemente la liga, tal y como la conocemos, desprende un aroma a perímetro como nunca antes había pasado. Es prácticamente una ley que todo roster esté plagado de nombres con la capacidad para poblar todos los rangos, incluido, como no, el triple.

Recién llegado a la máxima competición del baloncesto americano, Siakam arrastraba ciertas dudas en lo referido a sus capacidades para abrir la pista y atacar las distancias largas. Y el aterrizaje a la liga con vistas al perímetro, como no podía ser de otra forma, fue un tanto rocambolesco, ya sea como catch-and-shooter o en situaciones de lanzamiento tras bote. Ahora bien, su incesante hacer por mejorar ha terminado por cincelar un perfil que permite al equipo ganar en imprevisión, peligro y riqueza ofensiva. Tal es esta mejoría que, sin llegar a ser un lanzador medio-alto, la confianza de sus compañeros en él es plena.

Acompaña las secuencias respetando la visión del jugador que inicia, complementa con una postura ideal para el catch-and-shoot y finaliza con el reloj sobre los hombros. Un uso de las esquinas que hace de su arsenal un elemento esencial en la composición de la estructura Raptor’, pues en estas situaciones es donde reside el verdadero valor de cada jugador en el espaciado de su equipo. Concreto, sí, pero efectivo en su apartado.

El broche de su figura llega en el gimnasio, los vestuarios y las horas de más, pues un perfil no se construye en temporada regular —época para purificar y ejercer la puesta en escena—. Siakam es (y era) un molde físico soñado por cualquier jugador y para cualquier director, pero sin un trabajo desmesurado detrás de las cámaras jamás hubiéramos conocido esta versión, que, sin querer sonar presuntuoso, aún la concebimos como una fase beta del proyecto final. Porque con esmero, confianza y talento, como cantaba una y otra vez el difunto rapero Christopher George Latore Wallace (The Notorius B.I.G.): Sky’s The Limit.