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The king of the Kings

Los Kings han sido en los últimos 15 años la franquicia peor manejada. No solo de la NBA sino de las otras tres grandes ligas americanas (NFL, NHL Y MLB) para los expertos. Desde el final de su última época dorada, el famoso equipo ye-yé, los californianos han buscado desesperadamente una identidad, con un jugador diferencial, pero no ha funcionado.

Cousins ha sido el faro de los Kings en los últimos años, pero el nefasto trabajo de la gerencia, en cuanto a elecciones de draft, firmas, traspasos y cambio de entrenadores, hizo que la franquicia púrpura nunca viese la luz de su reconstrucción. Además de perder los mejores años de un talento ofensivo desmedido pero con mal carácter que tampoco ayuda.

Con el traspaso del actual jugador de los Warriors, los de la capital de California volvían a empezar de cero y en el día del draft intentaron buscar al jugador referencia para los próximos años y la suerte de la lotería le hicieron subir hasta el número 5 y encontrarse con un chico nacido en New Orleans llamado De’Aaron Fox.

La promesa tapada

De’Aaron Martez Fox siempre se le ha considerado uno de los mejores jugadores de su clase, 2017, desde el principio ha estado arriba en los rankings de High School (en ESPN lo colocaban el número 6 ) y en los mocks cuando estaba en la universidad nunca bajaba del top 10. Pero nunca ha sido “la estrella”, siempre había gente por delante de él. En cuanto a sus compañeros de Kentucky, Bam Adebayo era el mejor rankeado en High School y en la NCAA había tramos donde los focos se los llevaba más Malik Monk que el propio De’Aaron.

Lo mismo ocurre con la camada del draft. Hasta el March Madness muchos ponían a Fox como el quinto mejor proyecto de base. Entre la gran temporada universitaria de Markelle Fultz, el talento y popularidad de Lonzo Ball y el potencial de Dennis Smith Jr y Frank Ntilikina, hacían ver al de los Wildcats como un gran point guard pero siempre se hablaba de mejores opciones que él, hasta que llegó el torneo del KO de la NCAA.

Fox se consagró como el gran líder de Kentucky y uno de los talentos más prometedores de la camada. Su punto álgido fue en el sweet sixteen, donde se enfrentaba a la UCLA de su amigo pero también rival, Lonzo Ball. Fox brilló como nadie en aquel partido anotando 39 puntos ante el actual base de los Lakers, catapultando su stock hasta el top 5 de los mocks de draft. Algo que no estábamos viendo en el transcurso de la temporada universitaria. Tras ello llegarían los combines, entrenos con equipos y el posterior draft donde fue seleccionado por los Sacramento Kings.

El matrimonio perfecto

Con la lotería hecha y Sacramento subiendo del octavo puesto al quinto (era top 3 pero un traspaso anterior con Philadelphia les hacía intercambiar los picks), se presentaba el Draft Combine. Un evento donde las franquicias NBA tienen el primer contacto con las promesas que se presentan al draft.

Pruebas físicas, entrevistas, simulaciones de tiro, etc. De eso se trata el evento de que no todos los prospects se presentan. Nuestro protagonista en dicho acto tenía claro donde quería jugar, hablando muy bien de los Kings y que le gustaría ser seleccionado por ellos. Sacramento en esa época no estaba bien considerado como buen destino para los jóvenes. Muchos agentes intentaban que sus jugadores no se reuniesen con la franquicia debido a la disfuncionalidad de su gerencia en los últimos años. Por lo tanto, que un posible top 5 de draft se dignara a reunirse con ellos y hablase bien de la franquicia era un punto positivo para los Kings.

Históricamente Sacramento siempre ha destacado por tener mucho talento en el puesto de base. Oscar Roberson, Nate Archibald, Jason Williams o Mike Bibby han sido jugadores que en mayor o menor medida han sido importantes en la NBA y curiosamente han estado en los mejores momentos de los Kings o Royals como era conocida anteriormente la franquicia.

Con la marcha de este último a Atlanta en 2008, los Kings han buscado desesperadamente un organizador que encajase y que fuese importante en la franquicia. Beno Udrih, Sergio Rodriguez, Tyreke Evans, Jimmer Fredette, Isaiah Thomas, Aaron Brooks, Darren Collison Rajon Rondo o George Hill, han estado en la palestra. Pero por una razón u otra nunca llegaron a asentarse en el equipo.

En cambio De’Aaron Fox ha caído de pie en la capital californiana, su talento, atributos físicos, velocidad, agilidad, defensa y potencial le han hecho convertirse en jugador franquicia y la pieza principal de los Kings para construir un equipo competitivo de presente y futuro. Pero lo que más se valora de Fox es su personalidad y hambre para ganar.

Fox-Mamba Mentality

Desde el minuto uno se vio que De’Aaron Fox era un jugador especial, con un carácter de querer triunfar en la NBA. Como he comentado antes, en el Draft Combine declaraba sus intenciones de querer jugar con los Sacramento Kings y argumentaba sus razones.

La primera, porque en ese momento la división pacífica tenía gran talento de point guards. Curry en GSW, Paul que en esas fechas aún seguía en LAC, Bledose en Suns y su rival, Lonzo Ball que todo el mundo daba por hecho que los Lakers lo cogerían en el pick número 2. La segunda porque quería romper la maldición que estaba sumida la franquicia con 11 años de sequía sin playoffs, y hacer otra vez grandes a los Kings.

Su primer año en la NBA fue complicado, empezó saliendo desde el banquillo ya que Sacramento firmó a George Hill en verano para que fuese el titular mientras Fox completaba su proceso de adaptación poco a poco con el paso de los encuentros. En febrero con la marcha del mencionado Hill se convertía en titular pero su temporada, pero su año en general nos dejó bastante fríos no cumpliendo las expectativas y siendo superado por otros compañeros de draft como Lonzo Ball o Dennis Smith en el puesto de base. Por lo que en verano decidió trabajar para mejorar, principalmente musculatura y el tiro. En este último apartado, estuvo entrando con Kobe Bryant, sin duda el base de los Kings eligió un buen instructor.

Pero el dorsal 5 de los Kings no era el único que tenía que cambiar y mejorar. Sacramento la temporada pasada era el equipo más lento de la NBA con un 94’9 en ritmo. Joerger sabía el dato y que había que cambiar de estilo para que los jóvenes demostrasen todo el talento que llevan dentro, sobretodo Fox. “Es nuestro jugador franquicia” declaraba el entrenador de los Kings “y lo mejor que puede hacer por él es jugar rápido y darle el mayor espacio posible. Tanto él como los demás están de acuerdo con ello”.

Dicho y hecho, los Kings pasaron de ser el peor equipo al primero con mayor ritmo de la liga con 103’5, haciendo que los de Sacramento estén haciendo su mejor temporada en los últimos 11 años. Respecto al base también ha mejorado en todas las facetas, anotación pasando de 11’6 a 17’6 puntos por partidos, rebotes de 2’3 a 3’3, asistencias de 4’4 a 7’3 y en defensa bajando de 113 a 110 en el defensive rating. Pero su cambio se ve en los tiros pasando de 41’2% a 45’6% en tiros de campo y triples de un pobre 30’7% a 36’7%.

Todavía el chico tiene mucho que aprender y mejorar, sobretodo en cuanto a saber detenerse cuando el partido necesita pausa. Fox empieza con sexta marcha y hasta el final sigue con ella sin bajar el pistón. Muy bueno en momentos de encuentro ,sobretodo en el inicio ya que marcas el ritmo de juego, pero malos en las partes finales donde las piernas están más cansadas y puede haber fallos e impreciosiones como hemos visto esta temporada en el mes de febrero y principios de marzo. Pero paciencia, son situaciones que se mejoran con la edad y el paso de los encuentros.

Lo que parece claro es que los Kings han encontrado por fin a un jugador que lidere un proyecto que pinta apetecible para presente y futuro. Larga vida al nuevo rey.

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