fbpx
Connect with us

Suscríbete a la newsletter

Perfiles NBA

Al Bianchi, un hombre de baloncesto

Al Bianchi nos dejó hace dos semanas. Una de esas personas cuya vida giró siempre por y para el baloncesto. Ni siquiera tras su retiro se desligó del todo de este mundo.

Fallecido el pasado 28 de octubre en Phoenix, Arizona, de una insuficiencia cardíaca por causas naturales a los 87 años, Al Bianchi fue un tipo vinculado al baloncesto profesional norteamericano durante casi setenta años. Héroe universitario en los 50 y sólido jugador NBA hasta mediados de los 60. Entrenó en la ABA y rozó el anillo en los banquillos de la NBA  a mediados de los 70. Resucitó brevemente a los Knicks a finales de los 80 desde la gerencia general. Y compartió su idiosincrática visión del juego como consultor y ojeador hasta el final de sus días. Érase una vez un hombre a un balón de baloncesto pegado…

Nacido el 26 de marzo de 1932 en el neoyorquino barrio de Long Island City, Queens, Alfred «Al» Bianchi, uno de los tres hijos de los inmigrantes italianos Alfredo y Rose (Sciallo) Bianchi, fue un flacucho y letal francotirador —también un joven tenista de primer nivel pero, afortunadamente, escogió el baloncesto— con aparato dental, que en 1948 sería fundamental para llevar a su instituto de Long Island City a las semifinales de la liga de institutos públicos de Nueva York City, celebradas en el Madison Square Garden. Un lugar que llegaría a conocer como pocos en su vastísima trayectoria.

En las canchas

Bianchi fue reclutado por la Universidad Bowling Green State de Ohio en 1950, donde se convirtió en prolífico anotador desde su posición de base, en la que aprovechaba su entonces notable altura de 1,90 y un juego cada vez más agresivo y físico. Durante sus cuatro temporadas promedió 19,3 puntos por partido, con sus dos últimos años entrando en la historia de la institución —miembro de su Salón de la Fama desde 1965— con promedios récords de 22,1 puntos como junior (1952-53), y de 25 como senior (1953-54), y noches para el recuerdo como los 42 puntos endosados a Western Michigan, récord absoluto de los de Ohio. En esa temporada, Bianchi, apodado «Blinky», que formaba una temible dupla junto a otro icono de la universidad, James Gerber, llevó a los Falcons a un 17-7, lo que les valió una aparición en el National Invitation Tournament de la NCAA. Además de su segundo MVP consecutivo del equipo, Bianchi fue incluido en el All Ohio Team y recibió una mención honorífica en el All American Team. La NBA aguardaba.

Pero no sucedió así. Porque Bianchi, seleccionado en el puesto número 18 —novena selección de la segunda ronda— del Draft de la NBA de 1954 por los Minneapolis Lakers, pasaría los siguientes dos años sirviendo en el Cuerpo Médico del Ejército estadounidense. Y, al reincorporarse a la competición en 1956, los Lakers lo traspasaron a los Syracuse Nationals. Con el equipo del estado de Nueva York jugaría siete años, antes de que este se «mudase» a Filadelfia en 1963, transformándose en los 76ers. En total fueron diez temporadas promediando 8,1 puntos , 2,2 asistencias y 2,5 rebotes por partido en menos de 20 minutos. Un consistente recambio, que destacaba por su fiereza y competitividad, para el excelso backcourt titular de los Nationals formado por Larry Costello y el gran Hal Greer. El 1 de mayo de 1966, los flamantes Chicago Bulls escogieron a Al en el draft de expansión de la NBA, pero nunca llegó a jugar con ellos, retirándose a los 33 años. O, mejor dicho, cambiando las zapatillas y el tiro desde el pecho a dos manos —el two set shot, del que fue uno de sus últimos exponentes— por la pizarra y el libreto de jugadas. 

En los banquillos

Y es que Bianchi pasó a ser el entrenador asistente de su ex-compañero en Syracuse y primer entrenador en la historia de la nueva franquicia de «la ciudad del viento» Johnny «Red» Kerr. Tras un año de formación, Blinky asumió el reto de liderar el banquillo de otro equipo en expansión, los Seattle Supersonics, pese a que en sus dos años en el equipo de Washington tan sólo pudo conseguir una marca perdedora de 53 victorias y 111 derrotas.

En cambio, su siguiente empresa sí sería exitosa y llamativa. Porque Bianchi, un preparador temperamental, con abundantes ataques de ira contra los jugadores que calificaba de «blandos» y los árbitros, con quienes siempre mantuvo una volátil relación de amor-odio, se trasladó a la ABA para ser el entrenador —asumiría su gerencia general posteriormente— de los Washington Caps/Virginia Squires, desde 1969 hasta 1975. En la temporada 1970-1971, la primera en Richmond, Virginia, llevó al equipo al campeonato de la División Este con una marca de 55-29, por lo que fue nombrado Entrenador del Año. Y, al año siguiente, consiguieron hacerse con todo un mito: Julius Erving —a quien Bianchi llamaba «Julie»—, recién salido de la Universidad de Massachusetts. Sin duda alguna, los Squires eran el equipo a seguir de la ABA.

Desgraciadamente, tras la derrota ante los New York Nets en la segunda ronda de los playoffs de 1972, los problemas económicos de los virginianos provocaron la toma de decisiones más que drásticas. Y, una temporada después, convertidos en grandes favoritos al título al juntar al «Dr. J» con George Gervin, los acontecimientos se precipitaron tras la sorpresiva derrota contra Kentucky en primera ronda. «Tuvimos que vender jugadores sólo para sobrevivir», dijo Bianchi a The Richmond Times Dispatch en 2006 sobre la decisión de enviar a Erving a los Nets por «mucho dinero» y George Carter. Y, en 1974, fue Gervin el tradeado a los San Antonio Spurs por 225.000 dólares. Tan sólo sirvió para alargar la agonía. Temporalmente salvados económicamente, pero sin mucho a lo que acogerse —tan sólo contaban con el futuro Hall of Famer Charlie Scott como jugador de renombre—, los aficionados dieron la espalda a los Squires y las derrotas —15-69 en sus dos últimas temporadas— causaron el cese de Bianchi en noviembre de 1975, seis meses antes de que la franquicia desapareciera. «La marcha de Erving me hizo un pésimo entrenador.», afirmó con sorna Blinky tiempo después.

Tras la absorción de la ABA por la NBA en 1976, Jerry Colangelo fichó a Al Bianchi para los Phoenix Suns como entrenador asistente de John MacLeod, en lo que parecía una extraña pareja —emocional y lenguaraz Bianchi, metódico y reflexivo MacLeod—, que funcionó a la perfección. Y es que esa sería su labor más extensa en los banquillos, hasta 1987, aunque su momento de mayor gloria a la vez que frustración llegaría en su primer año, en aquellas fenomenales finales contra los Boston Celtics, mitificadas gracias al quinto partido de la serie, el de la tres prórrogas —para muchos el mejor en la historia de la NBA—, clave para la victoria por 4-2 de los verdes. Al, expulsado en ese encuentro por el árbitro Richie Powers, relataría a The Arizona Republic que «fue mi única oportunidad de ganar un anillo, así que pensé, voy a hacerme uno yo mismo». Era de plata con una piedra turquesa y dos  inscripciones: «Phoenix Suns, 1975-76 World Champs», acompañado de un inapelable «Fuck you, Richie Powers».

En los despachos

Al Bianchi aún tenía varias aventuras que vivir. De hecho, su siguiente singladura fue una de las más relevantes y peliagudas de su carrera, pasando del banquillo de Phoenix al cargo de gerente general de —nada menos— que los New York Knicks. Bianchi tomó las riendas de la gestión knickerbocker en verano de 1987, tras una temporada 1986-87 desastrosa, con tan sólo 24 victorias. A nuestro protagonista no le tembló el pulso en sus primeras decisiones, reemplazando al entrenador Bob Hill —que había sustituido a Hubie Brown— por Rick Pitino, y permitiendo que Bernard King —tras dos años alejado de las canchas tras su gravísima lesión de rodilla— se fuera a los Washington Bullets.

Los cambios salieron bien para ambas partes. Mientras King resucitó su ilustre carrera en Washington, Bianchi acertó con Pitino, cuyo estilo de defensa presionante, ataque a la carrera y mucho tiro exterior, hizo progresar a un equipo cimentado en un joven Patrick Ewing y el rookie Mark Jackson —elegido mejor novato del año—, drafteado por Al desde la universidad de St. John’s. Ese primer año alcanzaron los playoffs, siendo eliminados en primera ronda por los Celtics. No obstante, la temporada 1988-89 sería aún mejor. Bianchi seleccionó a Rod Strickland proveniente de De Paul en la lotería, y se hizo con Charles Oakley y Kiki Vandeweghe vía traspasos. ¿El resultado? 52 triunfos, segundos del Este tras los «Bad Boys» Pistons, y una trayectoria más que notable que sólo truncaría un tal Michael Jordan en las semifinales de conferencia.

Sin embargo, tanto el equipo como la labor de Bianchi se tornaría más errática los dos años siguientes. Pitino renunció en verano del 89 para irse a los Kentucky Wildcats, cruce de declaraciones entre ambos, reflejo de la profunda desconfianza mutua, incluidos. Stu Jackson, su asistente, lo sustituyó al frente de los Knicks y, pese a que el arranque fue bueno, el discutible cambio del prometedor Strickland por el veterano Maurice Cheeks funcionó, y el equipo repitió ronda en playoffs cayendo ante los Pistons, futuros bicampeones, el momentum se esfumó. Al se deshizo de Jackson en diciembre de 1990, dándole el mando a su antiguo colega en Phoenix John MacLeod. Y aunque se apuntó un último tanto fichando al icono del Madison John Starks, tres meses después fue despedido y reemplazado por Dave Checketts.

En 1991, Bianchi regresó a Phoenix para ejercer de ojeador de los Suns, sobre todo en el ámbito universitario, cargo que repitió entre 2004 y 2009 para los Golden State Warriors. Incluido en el New York City Basketball Hall of Fame en septiembre de 2007, en sus últimos años, de nuevo en Arizona, se dedicó a la consultoría y el scouting independientes, labores en las que, no podía ser de otra forma, favorecía al jugador físico y despreciaba la analítica y las estadísticas, puro old school. Estaba preparando sus memorias, Journeyman: Seventy Years Along the Sidelines of Pro-Hoop History, junto a Tom Ambrose —otro tipo de dilatada trayectoria ligada a los Suns—. No podían tener un título más apropiado. Un auténtico hombre de baloncesto.

Suscríbete a la newsletter

Suscríbete a nuestras newsletter y no te pierdas ningún artículo, novedad, o menosprecio a Los Ángeles Clippers

Comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

SKYHOOK #19

Diciembre 2019 | 100 páginas

Llevan veinte años peregrinando en el desierto, y lo peor es que no parece que tenga fin. Los Knicks, la franquicia más valiosa, es al mismo tiempo el mayor desastre de la NBA. Ya a la venta

Suscríbete a la newsletter

Suscríbete a nuestras newsletter y no te pierdas ningún artículo, novedad, o menosprecio a Los Ángeles Clippers

Copyright © 2019 Skyhook Magazine | Revista de baloncesto en español

Síguenos
Suscríbete a la newsletter

Suscríbete a nuestras newsletter y no te pierdas ningún artículo, novedad, o menosprecio a Los Ángeles Clippers