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La cultura del esfuerzo de Romain Sato

Romain Sato jugaría en 2019 un último partido con su selección y, pese a no haber anunciado su retirada, cada año que pasa parece más improbable que volvamos a verle jugar

Vía: ValenciaBasket

El 16 de junio de 2017 será para siempre una fecha marcada en la historia del deporte de la ciudad de València. Un último mate de Joan Sastre cargado de rabia, después de una temporada en la que el equipo había caído en dos finales, sería la culminación de una noche imborrable para el conjunto dirigido por aquel entonces por Pedro Martínez. El Valencia Basket se consagraba por primera vez en su historia como campeón de la liga, ganando al Real Madrid en cuatro partidos y haciendo enloquecer a una Fonteta volcada por el objetivo. Aquella victoria supuso la confirmación de un proyecto que ha crecido durante años bajo el lema de la “Cultura del Esfuerzo”, pero aquel nuevo paso hacia un futuro ilusionaste supuso el último baile sobre la cancha de Romain Sato, algo que pocos podrían haber imaginado en ese momento. 

Este alero centroafricano se convirtió en uno de los mejores representantes de los valores y cultura del equipo taronja desde su aterrizaje en la ciudad del Turia. Romain Sato llegaba en 2013 a València con una Euroliga a sus espaldas de sus años en Panathinaikos y con alguna que otra duda sobre su nivel después de que Obradovic le señalara la puerta de salida en el Fenerbahçe. Contradecir al entrenador serbio se puede considerar casi un sacrilegio, pero Sato demostró que todavía podía ser un gran jugador de nivel Euroliga. En su primera temporada con el equipo valenciano fue nombrado en el mejor quinteto de la ACB junto con su compañero Justin Doellman, que por aquel entonces hacia vibrar a la Fonteta y a toda la liga siendo el MVP de la temporada 13/14, aunque ambos jugadores ya habían compartido cancha en sus años de juventud. 

Sato nació en Bimbo, capital de una de las prefecturas de la República Centroafricana, pero muy pronto dejaría su país natal cruzando el Atlántico para formarse como jugador de baloncesto en los EE.UU. En su última temporada en la Universidad de Xavier coincidiría con un jovencísimo Doellman que se convertiría en su compañero 10 años más tarde, y pues bueno, ya sabemos cómo funcionó aquella relación antes de que el estadounidense marchara rumbo a Barcelona, pero esa es otra historia. Romain fue seleccionado en el número 52 por los San Antonio Spurs en el draft del 2004, aunque no consiguió disputar ni un solo partido oficial con la camiseta después de arrastrar lesiones durante ese año. La NBA le cerró las puertas y la segunda división italiana se convertiría en su refugio, aunque no por mucho tiempo. 

Los grandes de la Euroliga no tardaron en darse cuenta del potencial de ese jugador que estaba siendo dominante en aquella liga secundaria. El Barça se hizo con sus servicios para los playoffs de la temporada 2006, pero aquello quedaría como una experiencia sin futuro en el equipo blaugrana. Tras esa fugaz intervención en la liga española, el Montepaschi de Siena se convertiría en el equipo donde explotaría de manera definitiva. Sato viviría algunos de los años más importantes de la historia del equipo italiano y El Montepaschi, encabezado por él y McIntyre, conseguiría entrar en la Final Four de 2008 disputada en Madrid, aunque no pasaría de semifinales a pesar de la buena actuación del alero. Sus 4 años vistiendo aquellos colores se saldaron con 4 scudettos, 4 supercopas de Italia, 3 copas de Italia y un MVP de la competición en su última temporada. Poca cosa.

Romain cambiaría el imperio romano por la clásica Grecia. El Panathinaikos de Diamantidis y Calathes haría que su lista de títulos por Europa no dejara de crecer. Sato alcanzaría el Olimpo con aquel equipo dirigido por Obradovic. La Euroliga sería la cúspide de su carrera deportiva y con su llegada al Fenerbahçe se comenzó a pensar que aquel jugador ya había dado su máximo nivel competitivo. El mismo entrenador que le permitió ganar la mayor competición europea, ahora le cerraba las puertas de Turquía y le hacía poner rumbo a su segunda aventura en España.

Sato pasó 4 años defendiendo la camiseta de Valencia Basket y fue uno de los estandartes de ese equipo que consiguió disputar 4 finales y levantar una Eurocup y una liga ACB con su aportación. El alero se convirtió en un ciudadano más de la ciudad y su garra sobre la pista hizo que se convirtiera en uno de los favoritos de la afición taronja. Romain y el Valencia Basket establecieron una relación que fue mucho más allá de la cancha, parecía que ambas partes habían encontrado su sitio en el mundo, que luchaban por lo mismo.

“Decidí quedarme porque cada año el club da un paso adelante

Romain Sato para LasProvincias

En una entrevista para el diario Las Provincias en  septiembre de 2016, Sato demostraría su compromiso con los colores y su ambición de llevar al equipo todavía más lejos. “Decidí quedarme porque cada año el club da un paso adelante (…) Siento que nos hemos consolidado. Creo que si seguimos trabajando, si seguimos entrando en semifinales, algún día podremos con estos equipos”. Diez meses después demostraría al mundo que no se equivocaba, Romain Sato y los suyos pudieron con esos equipos que tantas veces les habían cortado las alas. 

Cinco años más tarde, el Valencia Basket está peleando por convertirse en un equipo fijo en Euroliga y su evolución competitiva como club sigue creciendo año a año. Gran parte de ese éxito y ambición reside en aquellos jugadores que consiguieron hacerle un nombre al equipo por todo el continente y Romain Sato fue uno de ellos. Aquel jugador, que llegó casi sentenciado de muerte en el baloncesto de primer nivel, consiguió dar un nuevo rumbo a su carrera y convertirse en una leyenda viva del club valenciano, algo que no consiguió alargar por culpa de unos problemas familiares que lo alejaron definitivamente del club.

Después de convertirse en reyes de la liga ACB en 2017, Sato y el Valencia Basket separaron sus caminos a la fuerza. Durante un tiempo parecía que el alero centroafricano podía volver, que el Valencia cuidaba su número 10 para que la afición siguiera vibrando con él,  pero al final se quedaron en simples especulaciones que no llegaron a materializarse. 

Romain Sato jugaría en 2019 un último partido con su selección y, pese a no haber anunciado su retirada, cada año que pasa parece más improbable que volvamos a verle jugar. A principios de marzo celebraba su 40 cumpleaños en su nueva vida en EE.UU. y el baloncesto parece haber terminado en una carrera en la que las luces se sobreponen a las sombras. Su número 10 no colgará del techo de la Fonteta, pero su juego y sus ganas quedarán en la memoria de todos los aficionados que le vimos jugar en aquellos años de historia taronja. 

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