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El campeón no dio más de sí

Sergio Rodríguez
Foto: Euroleague

Se acabó el sueño de repetir. Era una ilusión volver a aquel sitio. Era algo bonito y con sensaciones únicas que se querían revivir. El volverte a sentir especial, único. Que todo el mundo te mirase sonriendo. O casi todos. Sentirte la más guapa de la fiesta, con el plus de que llevabas más de veinte años sin sentirlo. Tocaste el cielo, te sentaste en el trono del Olimpo de los elegidos y te gustó la sensación. Y te propusiste y propusieron que había que repetirlo.

La Victoria y el ser el mejor, vamos a asumirlo, es lo raro, la excepción. Casi en cualquier ámbito en la vida. Sin en clase hay 40 compañeros, el mejor será uno, 39 no podrán decir lo mismo. Ni sentirlo. En cualquier competición deportiva, más del 90 por ciento de los que con toda la ilusión del mundo vayan a competir, jamás saborearan las mieles de ser el campeón. Y eso vale para la NBA, y también para la liga municipal de un pequeño pueblo.

Por supuesto, la Euroliga no es distinta. Los actuales reyes del Olimpo baloncestístico europeo despertaron de su sueño de mantener el cetro. Y se encontraron con una pesadilla con nacionalidad turca y esqueleto multinacional, que cual hombre del saco en un sueño infantil, en un visto y no visto acabó con ese título que ya es historia, el mejor equipo de Europa. Ahora se escribirá en pasado, y no en presente. O con una ex  delante.

No ha sido plácido ni reconfortante el sueño. Demasiada intranquilidad, demasiada ansiedad; y siempre desde el principio. Lesiones, derrotas inesperadas, jugando finales desde navidades, con una sensación que con el paso del tiempo se iba acrecentando. Somos los campeones, pero no lo demostramos, se nos suben a las barbas. Nos ganan, perdemos partidos dolorosamente, (Doellman…) y tenemos que aferrarnos a que no suene el despertador antes de tiempo, siempre al límite. A veces demostramos coraje, sacamos dosis de lo que nos llevó a lo más alto, queriendo competir, por minutos nos recuerdan e ilusionan. Pero vuelven los palos, y en tierras helenas, esas que abarcan el Olimpo de los dioses que nos gusta visitar, rozamos el despertar más amargo. Tiene que ser así, hay que seguir en el sueño de esta manera, entrando en la fase rem in extremis, dónde ya sólo los ocho elegidos han logrado acceder. Y allí está el ogro resentido, el que la temporada pasada nos miraba estupefactos, y derrotados (y despiertos) se lamió las heridas y se preparó para volver a verte… y despertarte abruptamente.

Toca coger fuerzas, trabajar, ver errores que los ha habido muchos, y volver a empezar a soñar. Pero dentro de un tiempo. Ahora siguen soñando otros. Sólo uno despertará y se sentirá el mejor, que como ya hemos visto, es lo raro y lo casi inalcanzable en la vida.

Si amigos, así es como pienso que ha sido la temporada del Real Madrid Baloncesto en esta euroliga. Un quiero y no puedo repetir. De ser el campeón, han pasado a uno más. De arrasar a sufrir por pasar ronda. De ir sobrados a tener demasiadas derrotas en su casillero (12-15). De recibir derrotas muy duras, como contra Estrasburgo, Barcelona u Olimpiacos. Y pese a estar finalmente entre los ocho mejores de Europa, ser barridos por el multimillonario Ulker de Estambul. No ha sido buena temporada del campeón. Pero los sueños pueden volver. Y algunas veces se cumplen. Otra vez.