anicet lavodrama

Foto: El País (2009)

Anicet Lavodrama (nacido el 4 de julio de 1963 en Bangui, República Centroafricana) es un tipo especial. Su voz profunda pronto te contagia de un optimismo natural, una mentalidad que llevó por las pistas de España en Valladolid, Badalona y sobre todo Ferrol, donde se convirtió en una leyenda de aquella tierra y en una figura emblemática de la ACB que todavía no sabemos donde se nos extravió.

Háblanos del comienzo de todo. Del chaval que juega al baloncesto en África a finales de los setenta.

En la República Centroafricana, el baloncesto era un deporte ya muy practicado, que se había implantado tanto en las escuelas secundarias como en las organizaciones religiosas. El deporte se utilizaba mucho como parte complementaria a la educación académica. Tendría unos doce o trece años, y por entonces mi padre trabajaba como diplomático en Costa de Marfil cuando empecé a jugar, animado porque mis dos hermanos mayores y mi hermana también lo practicaban.

¿Cuál es la reacción de tu familia cuando planteas la posibilidad de ir a EEUU?

Bueno, cuando hablamos en 2016 tenemos otros datos para entender la situación. Como te digo, en mi país, al igual que en otros países de África se practica mucho el baloncesto. En el año 73 nuestra selección participó en el Afrobasket, y un año a después en el Mundial. Aquello fueron unos logros extraordinarios para nuestra selección y para la nación.

Como muchos otros países africanos, existían muchos intercambios con distintos gobiernos. En nuestro país había con Francia, con Alemania, con Estados Unidos… A finales de los setenta llegó a la República Centroafricana para ser asesor deportivo un entrenador americano, Christopher Pond. Por aquel entonces yo estaba acabando el COU, y cuando me preguntó si quería seguir jugando baloncesto le dije que sí, pero que también quería estudiar. El me comentó la posibilidad de ir a estudiar a Estados Unidos con una beca, y fue algo que tanto a mí como a mis padres nos interesó mucho.

Y en 1981, pasas de vivir con tu familia en la República Centroafricana, a vivir solo en Houston.

No fue un cambio dramático. Mi padre era embajador y eso significaba estar destinado a un país durante cuatro años. Yo ya había viajado bastante por aquel entonces, no a Estados Unidos, pero sí a Europa. Llegué a Houston contento e ilusionado por una experiencia nueva.
Por aquel entonces se dio una casualidad muy interesante. Con nuestra selección junior jugamos contra Nigeria, en la que estaba Hakeen Olajuwon, y Christopher Pond también habló con él. Olajuwon acabaría también en Houston, pero en otra universidad

¿Crees que ese espíritu formativo y de respeto que siempre ha acompañado a la NCAA se ha perdido?

En España se habla muchas veces de este tema de forma tópica. Yo conozco el entorno, y es imposible que comparta esos tópicos. Para mi es la plataforma idónea para todo joven. El problema que tenemos aquí en España es que muchos jóvenes acaban la temporada junior, y en la ACB solo tenemos 18 equipos, con LEB no hay más de treinta, por lo que es muy difícil. Y para entonces muchos chavales han abandonando los estudios y no tiene una salida clara.

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Acabas tu periplo universitario y sales elegido en tercera ronda del draft del 85 por los Clippers. ¿Se queda una espina clavada cuando eres drafteado pero no llegas a ser un NBA?

Tú me conoces como un jugador de baloncesto, pero a decisión que yo tomé antes de irme a EEUU con mi familia no era con esa mentalidad. Era para ser médico, o ser corredor de bolsa, o trabajar en banca. Ése era mi objetivo.
Ser jugador profesional de baloncesto fue una casualidad. No fue hasta mi tercer año de universidad cuando me empezaron a decir que podía llegar a ser profesional. Pero mi objetivo real hasta entonces era el diploma universitaria.

Una de las razones por las que me quedé en Ferrol mucho tiempo fue esa la importancia del descubrimiento personal y cultural, más que los logros deportivos. No me quedó ninguna espina con la NBA, sé que lo podría haber hecho si hubiese sido mi objetivo personal, pero no lo era.

Llegas en noviembre del 85 a España, sustituyendo a Terry Martin ¿Por qué Ferrol?

Cuando me draftea los Clippers, me marcho de Houston a Los Ángeles para entrenar durante el verano del 85, y más tarde a las ligas de verano. Por allí apareció un señor alto, con mucho pelo, que se llamaba Moncho Monsalve, que me dijo: Anicet, vengo de España, y si no te quedas con los Clippers, tengo un equipo al que le gustaría firmarte. No tenía ni idea de donde estaba Ferrol, pero me quedé con la forma de ser de Moncho, encantadora. Es una persona que aprecio y quiero mucho.

La Galicia de finales de los 80 y principios de los 90 es un hervidero de huelgas, protestas sindicales, movimientos obreros… ¿Le llega todo eso al jugador?

Yo aprendí de mi padre y de mi madre que si eres un personaje público tienes que contribuir, tienes una responsabilidad con la gente. En esa época se vivía en un periodo de transición en España y en particular en Ferrol, que tenía un entorno social y político basado en los astilleros, en el movimiento obrero, con mucha construcción naval. Y por supuesto que todo esos movimientos sociales se notan. Me lo transmitían los compañeros, los directivos con los que hablaba. Para mi Ferrol era una ciudad con mucho potencial por su ubicación geográfica, de puerto.

Hablemos de baloncesto. Aquel Ferrol tenía una idiosincrasia muy particular, con jugadores de la tierra como Manolo Aller o Ricardo Aldrey, y extranjeros como tú o Nate Davis, que conectaban muy bien con el público.

Yo creo que uno de los aciertos de los clubes de aquella época, en Ferrol, en Zaragoza, en Valladolid, es que los directivos hacían que los clubes fueran como una familia. Yo llegué a un club en el que me integré de forma extraordinaria, por la forma de ser de mis compañeros, de Moncho Molsave y de la directiva.

Los jugadores de la tierra como Manolito Aller, que era de Ponferrada pero que llegó a Ferrol muy joven, eran gente que sentía lo que era la ciudad, por el gran apoyo que tenían de la gente. El grupo que yo me encontré era un grupo que comprendía la idiosincrasia de las familias de Ferrol, y aquello hacía que se viviese mucho.
Yo creo que hicimos un buen baloncesto con el cual el público de Ferrol se identificaba, incluso hasta hoy. Para mí fue junto a mi época universitaria uno de los momentos más importantes a nivel personal.

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Pero esa virtud de ser una familia y un club al mismo tiempo ¿No se convierte también en un pecado? Al final muchos clubes de aquella época, como Ferrol, como Salamanca, como Lliria, han acabado desapareciendo.

El entorno deportivo no es un entorno individual. Es decir, el deporte, la liga de baloncesto está dentro del entorno económico. Tiene que estar amparado por el ministerio correspondiente. Si los clubes no tienen éxito, o no sobreviven por su mala gestión, es porque no se llega a construir el entorno para que eso suceda.
Es una responsabilidad del ente organizador. Esos clubes han desaparecido no por ellos, sino por culpa de la ACB y del entorno de la ciudad, que ha fallado.

Preparando esta entrevista he revisado el célebre concurso de mates de Don Benito. Gradas de plástico, el público mezclándose con los americanos, la canasta al borde de desintegrarse en cada mate… Tan amateur como maravilloso.

Fue una época maravillosa, muy bonita. Me encontré con David Russell en Detroit y aquello lo recordamos con mucho cariño. El concurso para mí fue extraordinario. Me gusta que la gente me lo recuerde, aunque tendría que haber sido segundo, pero entonces no me conocían, era más famosos Russell y Wayne Robinson. Para el público fue algo extraordinario, supuso un algo muy excitante, y que sirvió para equiparse al espectáculo de la NBA.

Y tras casi diez años allí, el OAR Ferrol desaparece. ¿Qué supone para un jugador tan identificado con la ciudad y el club como tú?

Mucha tristeza y dolor. Yo había tenido propuestas de clubes de Italia y Francia, también de España, pero me identificaba con el público y la ciudad de Ferrol. Fue una gran tristeza, y siempre estamos con entre todos los antiguos compañeros, viendo la posibilidad de tener un club en la ciudad Ferrol, aunque no para recuperar ese nivel, ya que no sería económicamente sostenible.

Más tarde llegas al Forum de Valladolid, y compartes vestuario con otro mito, Lalo García, otro mito de la época.

Una personas extraordinaria. Un fabuloso embajador de su ciudad.
Para mí un fallo en el sistema es que hay muchos chavales que entre los 16 y los 18 años tienen la ilusión de llegar ser un profesional en la ACB. Sacrifican los estudios por el deporte, y eso no puede ser. Por eso, como te decía antes, es el modelo de la NCAA, que puede tener sus fallos, pero te da la oportunidad de poder formarte. Si luego escoges el camino del deporte, fantástico. Para mi Lalo es víctima del sistema. El tenía la responsabilidad de formarse, pero también el sistema tiene que ofrecer esa posibilidad.

Lalo era una persona con mucha energía, con mucha fuerza, que fue utilizado como hijo político de la ciudad para promover muchas cosas. Pero en el momento en el que tuvo que hacer su transición de deportista a ciudadano fue complicado, porque había dejado su formación académica. Perder a Lalo es algo que me duele mucho, por su familia, por la comunidad del baloncesto. No se puede aceptar que algo así ocurra.

Y después de quince años de baloncesto, llega un día que todo se acaba. ¿Cómo el primer día que te despiertas y sabes que no vas a jugar nunca más?

Es algo duro. No es fácil para el deportista, que ha sufrido lesiones, que ha estado con épocas en las que no cobrado durante meses…. Yo había ido a EEUU a estudiar, y cuando comencé en el deporte profesional, sabía que eso tenía un fin. Fui a la universidad y ese era mi objetivo, ir siempre a clase y aprobar los exámenes. No era convertirme en el Doctor J. o en Jabbar. Hice mi último trabajo de la universidad estando en el campus de verano con los Clippers, y es algo de lo que estoy orgulloso, y que siempre cuento a mis hijos o a los más jóvenes cuando tengo oportunidad.Cuando acabas tu época profesional, tienes que tener un plan para tu nueva identidad.

Años más tarde volvemos a saber de ti, cuando traes a España a un joven llamado Serge Ibaka…

Si, en 2005 y 2006 estuve trabajando como ojeador para los Cleveland Cavaliers, y acudí a un Afrobasket sub 18 en Sudáfrica en el que estaba él.

¿Quedan más Ibakas esperando en África?

Igual que en España solo tenemos un Pau Gasol o un Juan Carlos Navarro, hay poca gente que tenga un talento enorme y una personalidad tremenda como él. Pero también hay que entender que en África solo hay seis países que se practique baloncesto a un nivel profesional, y hay mucha gente alta, fuerte y coordinada. Sin embargo, tiene que existir una estrucutra que permita que se desarrolle.
Serge, con el talento y las ganas que tenía de trabajar, había que llevarlo a un entorno que le permitiera crecer. Yo sabía que él se podría haber quedado en Congo y acabaría siendo un jugador de su selección, pero veía en él un talento innato e inexcusable para ser un jugador NBA. Hice lo posible para que llegara su momento.

¿Desde que le ves crees que va ser un jugador NBA?

Tenía todas las características. El talento, el físico… le veías en la mirada algo especial. Era el que más animaba a sus compañeros. El primero para defender. Entonces ya tiraba bastante bien. Con su altura, su elegancia, su versatilidad, para mi tenía una proyección de muy alto. nivel. ¿Hay otros chicos así? Por supuesto, pero el entorno no lo permite. En África hay otras prioridades, hay que construir hospitales, carreteras… No existen los medios que hacen falta para que se puedan formar en deporte y descubrir más Ibakas.

En los últimos años estamos percibiendo el nacimiento de muchas agencias de representación de jugadores. Como alguien que conoce el sector de primera mano (Anicet trabajó para la agencia de representación U1st) ¿Esto es un paso adelante o un peligro para un jugador con entornos que en muchos casos es complicado?

No. Cuando llegué a España no había por ejemplo televisión por cable, ni secadora, que son cosas que tenía en Houston. El país ha ido evolucionando y creciendo, tanto a nivel social como a nivel económico. Es normal que haya también más agencias de este tipo porque hay más clubes profesionales tanto en España como en Europa. Es algo positivo.

Por cierto. Para un pívot con todas las letras como eras tú. ¿Están los grandes en la era del “Small Ball” más en peligro de extinción que nunca?

El pívot típico quizás se ve ahora menos. Hay mejor trabajo táctico y técnico en todos los jugadores. El nivel ha subido mucho, y un jugador de mi altura que en mi época tenía que jugar de pívot, hoy en día podría haber sido base. El jugador ahora es más versátil. Ya no vamos a encontrar muchos Arvydas Sabonis ni Hakeen Olajuwon. Veremos más jugadores como Kevin Garnett o Luis Scola, gente que son diez centímetros más altos que yo, pero que pueden jugar también por fuera.

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