Tobias Harris era uno más entre miles de jóvenes estadounidenses talentosos que soñaban con jugar en la NBA. El baloncesto es parte de su genética -su padre y su hermana mayor jugaron en la universidad, su hermano es profesional en Francia y Channing Frye es su primo- y las etapas de su vida no se entienden sin canchas y canastas por el camino. Desde tiempos en los que apenas podía abarcar la pelota con sus brazos tuvo claro su objetivo, pero fue un revés de los que da la vida sin preguntar el que hizo que Harris pasara de soñador a luchador. El hombre que hoy se codea con la élite es incombustible en su motivación por una tragedia y un número que han marcado su vida.

Desde que se conocieron a los ocho años, Harris tuvo en Morgan Childs a un amigo inseparable. La pasión del joven Tobias por el baloncesto encontró su par en Morgan, y con el nexo del balón naranja forjaron una fuerte unión. Tenían talento, ganas de comerse el mundo y el apoyo de un colega para alcanzar el gran objetivo de sus vidas: llegar a la NBA.

Entrenados por Torrel Harris, padre de Tobias, llegaron a ganar un campeonato nacional jugando en los Unique All-Stars, un equipo infantil de Long Island. Los trayectos en coche a los partidos solían ser monotemáticos: “Todo sobre lo que hablábamos giraba en torno al baloncesto”, recordaba el hoy jugador de los Pistons en un reportaje para NBA TV.

Pasaron años desarrollando su juego y atando aún más fuerte sus lazos, hasta que la bendita rutina de baloncesto y amigos se les escapó de las manos en un abrir y cerrar de ojos. Antes de la etapa de high school, Morgan empezó a sufrir extraños dolores que condicionaron la práctica del deporte y su día a día hasta ser motivo de preocupación. La familia Childs tuvo que recorrer Estados Unidos de hospital en hospital en busca de un diagnóstico preciso de los síntomas que el chico padecía, y finalmente los médicos apuntaron a la leucemia como causa.

Morgan se trasladó a California con sus padres y su hermana, donde recibió tratamiento para luchar contra su enfermedad. A pesar de la distancia, no perdió el contacto con Tobias, aunque sólo Harris pudo seguir jugando al baloncesto al mismo nivel: el cuerpo de Childs era una losa demasiado pesada. Reggie, padre de Morgan, guarda en su mente lo que su hijo decía tras verse obligado a apartar su sueño, aún convencido de su talento a pesar de las circunstancias: “Siempre solía decirme que la gente no sabía lo bueno que iba a ser“.

Con 17 años, aquel enemigo implacable se llevó al compañero de batallas de Tobias. Morgan no pudo superar la leucemia y falleció. Junto a otros compañeros de equipo, Harris fue uno de los que portó el ataúd de Childs en su despedida. Aquello resultó devastador para él, forzado por las circunstancias a afrontar semejante golpe sin que nada pudiera prepararlo. Sin embargo, fue al mismo tiempo el mayor punto de inflexión de su carrera. “Desde entonces se lo tomó realmente en serio”, relata Torrel mientras reproduce lo que su hijo prometió al salir del entierro: “Voy a llevar su número, voy a llegar a la NBA, voy a continuar con la forma en la que Morgan sentía y soñaba el juego, y si está viéndome desde ahí arriba estará orgulloso porque lo conseguí“.

Dos dígitos pasaron entonces a ser símbolos fundamentales para Harris en su escalada hacia la élite del baloncesto. El 12, dorsal de Morgan, sería su eterno homenaje a su amigo perdido; la mejor forma de hacer partícipe a Childs del sueño que ambos compartían. Reggie Childs lo supo de primera mano: “Me miró y me dijo que conseguiría llegar a la cima, y que lo haría vistiendo el dorsal de Morgan. Sabía lo mucho que amaba el baloncesto y se hizo esa promesa para mantener su espíritu con él”.

En los años que decidieron si Tobias se quedaba a mitad de camino o tenía lo que la NBA requería, el 12 no se separó de su pecho: lo portó en high school y college. Sólo estuvo un año en la Universidad de Tennessee, pero sus 15’3 puntos y 7’3 rebotes por partido fueron la confirmación definitiva de que el camino recorrido no había sido en vano: estaba preparado para el gran salto al cielo del baloncesto. Con sólo 18 años, fue el más joven de la camada del Draft de 2011 y fue elegido en el puesto 19 por los Charlotte Bobcats.

Tobias Harris NCAA

Foto: Long Island Press

Inmediatamente traspasado a los Milwaukee Bucks en una operación a tres bandas que incluyó a los Sacramento Kings, el salto a la NBA no pudo ir de la mano con su promesa de llevar el 12, pues el número ya estaba cogido. Obligado por las circunstancias a portar el 15, Harris no tuvo demasiado protagonismo en su etapa en Wisconsin, pero un traspaso en 2013 en la que era su segunda temporada con los Bucks mandó a Tobias a los Magic. Y su carrera despegó.

En Orlando se sintió por fin importante, sus estadísticas mejoraron acordes a su rendimiento y la liga supo de qué estaba hecho el niño del Draft de 2011. En su salto a Florida, Harris pudo vestir el 12 por primera vez en su carrera NBA, aunque no sin polémica. Dwight Howard, con sus ocho temporadas como estrella de los Magic como aval en las que alcanzaron unas Finales (2009) y las Finales de Conferencia al año siguiente, reconoció estar decepcionado al recibir la noticia de que alguien se había apropiado de un dorsal que esperaba que le fuese retirado tarde o temprano en su nombre. En favor de Superman hay que decir que con toda probabilidad no conocía la historia detrás de ese número y Harris. Y es que precisamente fue en esa época y a raíz de aquella polémica cuando la historia de Tobias y Morgan salió a la luz pública.

En 2015, el Half Hollow Hills West High School de Nueva York organizó una ceremonia de homenaje al equipo de la temporada 2007/08 y, como sorpresa final, retiraron el dorsal de Harris conmemorando toda una etapa en la que el 12 fue su motivación diaria. Tobias, entre lágrimas, se emocionó por el reconocimiento a su trabajo y el recuerdo de su amigo.

“El fallecimiento de Morgan fue un golpe de realidad para mí. Si quería esto, tenía que perseguirlo. Me inspiró para establecer mis objetivos a partir de entonces y hacerlos realidad. Por eso llevo su número”, recordó ese mismo año en una entrevista para Good Men Project.

Ahora en los Detroit Pistons después de ser traspasado en febrero de 2016, Tobias viste el 34 a falta de disponibilidad del 12, en poder de Aron Baynes cuando llegó a la franquicia. En un equipo en busca de su identidad perdida, ha sido especialmente útil cuando Stan Van Gundy ha decidido apartarlo del quinteto titular para pasar a ser un arma desde el banquillo. Aún está por ver dónde está el techo de Harris y cuán lejos evolucionará su carrera, pero el sueño puede considerarse cumplido. Por él, por Morgan, por los dos.

Como dijo Reggie Childs en NBA TV, “Tobias tiene un ángel sobre sus hombros que el resto no puede ver“. Y es que es una historia sin la que no se puede entender la carrera de un soñador como Harris.