“Lucha de gigantes

Convierte

El aire en gas natural.

Un duelo salvaje advierte

Lo cerca que ando de entrar.”

Lucha de gigantes – Nacha Pop.

La temporada regular recién finalizada ha pasado a la historia del baloncesto con letras doradas, dejando ojipláticos a todos los aficionados del planeta. La persecución delirante de Westbrook, en pos de igualar uno de los récords más alucinantes de todos los tiempos (la temporada promediando un triple-doble del mítico Oscar Robertson), pasó de quimera a realidad: el monstruo de los Thunder cerró su hoja estadística de 81 partidos en 31’6 puntos (liderando la NBA), 10’7 rebotes y 10’4 asistencias, amén de acumular 42 triples-dobles y superar los 41 de “The Big O” en la 61/62.

Gargantuesco.

Harden, LeBron, los Warriors, Popovich y sus eternos Spurs… muchos protagonistas acompañaron a Russell en la apasionante novela de una brillante regular season, pero de entre todos ellos llama poderosamente la atención una diminuta figura que ha hecho historia, tanto en la competición como en una de sus más gloriosas franquicias. Un tipo de 1’75 metros, en un entorno competitivo en el que el róster de menor altura media (sus Celtics, evidentemente) se sitúa en los 1’98.

Un David entre Goliats, que percute una y otra vez, atacándolos con su mezcla de corazón y talento a modo de honda.

Isaiah Thomas ha cerrado el curso con el segundo mejor promedio anotador (28’93 puntos por noche) de la historia de los Boston Celtics, tras los 29’9 que firmara un tal Larry Bird en 1988 y superando los 28’86 de Havlicek en 1971. Y destrozó el récord de “Hondo” de partidos consecutivos anotando 20 o más puntos, dejándolo en 43 el último día del mes de febrero. Hasta aquí los milagros del pequeño diablo en el riquísimo ecosistema de los Orgullosos Verdes, a los que acaudilló hasta el primer puesto de la Conferencia Este. Pero hay más, y esta vez circunstrito a la historia de la NBA en su conjunto…

En los últimos 40 años únicamente Michael Jordan superó (con 66 partidos) los 42 consecutivos en los que Isaiah lideró a su equipo en anotación esta campaña, y sus alucinantes 9’9 puntos de promedio en los últimos cuartos son el mejor registro contabilizado de siempre. A la hora de la verdad, con los partidos en el alambre, las estructuras defensivas rivales se veían incapaces de detener a un pigmeo nacido en Tacoma que, a base de triplazos y aventuras fructíferas entre los bosques de kilos y centímetros de las pinturas adversarias (726 puntos totales producidos en la zona), decidía a su antojo el destino de los duelos. Los 29 puntos del último cuarto ante Miami Heat (el 30 de diciembre) supusieron el epítome de tamaña barbaridad, sostenida durante el global de la temporada por el minúsculo pero letal martillo pilón.

“En un mundo descomunal

Siento mi fragilidad”.

Isaiah Thomas Celtics

Foto: NBA

Los Celtics abrieron los Playoffs con la terrible noticia de la muerte en accidente de tráfico de la hermana pequeña de Isaiah. Y la reacción de un Thomas devastado, inundado en lágrimas durante varias fases de la previa y del propio partido, resultaría de una valentía y entrega indescriptibles: sus 33 puntos totales no se materializarían en victoria, pero el playmaker de los Celtics terminaría liderando (pese a la falta de precisión desde el triple) la reacción de los de Brad Stevens, igualando la serie a 2 en Chicago y culminando la remontada en los siguientes partidos. Cuatro victorias seguidas, para un barrido parcial en pleno proceso de asimilación y cicatrización de una herida monumental.

A sus 28 años, la ejemplaridad de nuestro pequeño coloso humaniza una competición plagada de freaks físicos que podrán hacer la pista pequeña, pero nunca el corazón del heredero de Allen Iverson. Un más que legítimo candidato a MVP, entre monstruos como Westbrook, Leonard o “The King” James (con Harden como perfil más difícilmente clasificable).

Un gigante entre gigantes.