La historia del Draft de la NBA se compone de un sinfín de muchas de ellas en su trasfondo. Unas sin mucha transcendencia, y otras que de manera directa han hecho tambalear y cambiar los cimientos de la misma NBA. El de esta es uno de esos casos.

Prácticamente desde que el Draft es Draft, la NBA se había regido por un sistema superfluo, pero que sin embargo atraía muchísimo interés desde el lado de los aficionados, y a su vez acercaba importantes cuantías para las arcas de la competición. Hablamos de la época del Draft territorial, de las inacabables elecciones, la aparición de los primeros drafts de expansión, la era en la que el número uno se elegía mediante el lanzamiento de una moneda… y también la eterna lucha de poder entre la propia NBA y la emergente y popular ABA a finales de la década de los sesenta y principios de los setenta. Una normativa cerrada y ciertamente estricta, pero que en cierto modo formaba parte de la cultura de la época.

Por entonces, la NCAA era una competición en auge, muy popular en los reductos universitarios, pero sin la trascendencia nacional que tiene hoy en día en Estados Unidos. Eso sí, la competición era muchísimo más disputada, los jugadores compaginaban sus estudios con el sistema competitivo al más alto nivel, y solo cuando terminaban sus compromisos académicos buscaban el tan ansiado puesto en la elección de novatos. Esta ha sido siempre una de las normativas más criticadas por los propios estudiantes-atletas, jugadores de gran proyección profesional que tenían que esperar un mínimo de cuatro años para poder dar el salto a la NBA.

Y la normativa cambió, y eso le costó a la NBA un bochornoso juicio a nivel nacional en la que acabaría hincando la rodilla ante un único chaval de 20 años, que tuvo el valor de hacerle frente.

Spencer Haywood fue un prometedor ala-pívot de principio de los setenta que acabaría convirtiéndose en miembro del Hall of Fame de la NBA… pero que también acabaría formando parte de la historia del Draft de la misma. Haywood había disputado un año en un Junior College tras su graduación en el instituto, un año donde promedió más de 28 puntos y 22 rebotes que le valió una merecida beca deportiva con la Universidad de Detroit. Con 19 años, su excepcional campaña en la NJCAA le valió para alcanzar un puesto en la selección de los Juegos Olímpicos de 1968 en México, donde se proclamó máximo anotador del equipo nacional, logrando colgarse la medalla de oro.

Haywood continuó imparable tras el verano en su debut en la NCAA con los Titans de Detroit, promediando más de 32 puntos y 21 rebotes de media. Pero tras su espectacular año sophomore tomó una decisión que cambiaría el devenir de toda la NBA: decidió hacerse profesional. No podía entrar en la NBA, como él quería, por lo que decidió probar fortuna en la popular ABA, donde además ya percibiría un salario por jugar al baloncesto, algo que él y su familia -que vivía en precarias condicionesnecesitaban.

Spencer Haywood

Foto: Associated Press

Al igual que sucedió en la NJCAA y la NCAA, la ABA se le acabó quedando pequeña a Haywood. Firmó por los Denver Nuggets con 20 años, y sus promediados estadísticos continuaron siendo devastadores: 30 puntos y 19’5 rebotes por partido. Estaba ya más que preparado para saltar al siguiente nivel.

Pero con la llegada a la NBA la temporada siguiente, en 1971, llegaron los problemas, puesto que Haywood no cumplía con los requisitos existentes de cumplir cuatro años una vez te gradúas de High School para entrar a formar parte del draft de la NBA. Para más inri, los Seattle Supersonics -franquicia que le había ‘drafteado’ y conocedora de la normativa- se saltaron a la ligera el reglamento NBA y le firmaron por seis temporadas.

Y la NBA estalló en cólera. El comisionado Walter Kennedy amenazó a la franquicia con sanciones de diversa índole, y el propio Haywood entró a formar parte de la disputa interponiendo una demanda antimonopolio contra la NBA, argumentando que la conducta de la NBA era un boicot general de la competición hacia él y que incumplía la Ley Sherman de creación y prevención de monopolios en los Estados Unidos. El caso acabó llegando hasta el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos en California, resolviendo la acción a favor de Haywood alegando que “si Haywood no juega con los Supersonics, su carrera como profesional acabaría disipándose, y sus habilidades se deteriorarían por la falta de competencia de alto nivel”. Una decisión sorprendente e inusual que fue ratificada posteriormente en el Tribunal Supremo, y que abriría las puertas a la NBA de jugadores que no hubiesen finalizado su etapa universitaria.

Esta nueva normativa, conocida como ‘hardship rule’, no permitía que exactamente cualquier jugador pudiese saltarse los cuatro años desde su graduación de High School para disputar la NBA, sino únicamente aquellos que tuviesen importantes necesidades económicas, aunque a la larga acabaría extendiéndose para prácticamente cualquier jugador.

Con motivo de la ya aplicable ‘regla Haywood’, como se le denominaba informalmente, hasta ocho jugadores universitarios fueron elegidos en el Draft de 1972 sin finalizar sus cuatro años universitarios, entre los que destacó por encima de todos el junior de North Carolina Bob McAdoo, en un Draft donde también fueron elegidos leyendas como Julius Erving o Paul Westphal. Pero ni McAdoo (#2), ni Westphal (#10), ni Erving (#12) ocuparían la primera posición de este Draft tan especial, un honor que recayó en el semi-desconocido LaRue Martin, un pívot de la Universidad de Loyola (IL), con cierta fama inmerecida desde su época universitaria, que solo estaría cuatro temporadas en la NBA, donde promediaría apenas cinco puntos y cuatro rebotes por encuentro, convirtiéndose en el primer gran draft bust de la historia del Draft de la NBA.

Haywood cambió la manera de acceder a la NBA, fue un pionero de lo que se convertiría en un debate de candente actualidad fuera cual fuera el modo de ingreso en una liga que ha ido cambiando los requisitos de su entrada con el pasar de los años y que ahora discute sobre lo ideal del famoso ‘one-and-done’.