Cuando uno de los grandes deportistas se retira, rápidamente corremos a hacer balance. Normalmente, los detractores no suelen decir mucho. Y los partidarios escriben hagiografías. Pero en las cabezas de unos y en los textos de los otros, siempre resuena la misma frase, un mismo lamento. ¡Cuánto pierde el baloncesto!

Pero con Sarunas Jasikevicius no pasó eso. Evidentemente, estamos ante uno de los mejores jugadores que ha dado el deporte de la canasta en el Viejo Continente. Un pionero, de los que se fueron a Estados Unidos cuando no estaba de moda. Que se formó allí antes de que las becas universitarias se extendiesen a este lado del Atlántico. Que volvió a Europa y jugó a un gran nivel en Lietuvos Rytas y Olimpija Ljubljana antes de fichar por el Barcelona y el Maccabi, en un lustro donde pocos pudieron discutir su dominio. Pacers, Warriors y de nuevo vuelta a Europa. Al Panathinaikos, donde volvió a ganar. Paso por Lietuvos – de nuevo – y muy brevemente por un Fenerbahçe pre-éxitos para recalar otra vez en Panathinaikos, Barcelona y, por fin, en el equipo de su ciudad, el Zalgiris Kaunas. Y, a la vez, durante todos esos años, liderando a la selección lituana pos-Sabonis. Fue de los pocos que tumbó a la España de Pau, en el Eurobasket de 2003. Casi nada. Su palmarés es tan extenso que da vértigo. Logró cuatro triples coronas, con el Barcelona en 2003, con el Maccabi en 2004 y 2005 y con el Panathinaikos en 2009. Definirle como ganador es quedarse corto.

Por eso, cuando en 2014 Saras se retiró y llegó el momento de hacer balance, todos – los pocos detractores y los muchos partidarios de su juego – llegaron a una conclusión. Un jugador tan bueno, tan cerebral, con tan excelente lectura del baloncesto, tenía que ser un entrenador maravilloso.

No tuvieron que esperar mucho tiempo para comprobar esta afirmación. Inmediatamente cambió la camiseta sin mangas por el polo de manga corta del entrenador. Dio el salto de la cancha al puesto de ayudante, sin tomarse un día de vacaciones. En casi todas las noticias sobre la retirada de Saras, como no podía ser de otra manera, que el lituano fuese entrenador ayudante solo ocupaba una línea, opacado por su genial trayectoria como jugador.

Poco a poco fueron pasando los meses y parecía que Saras se había diluido. Ya nadie hablaba de él. El Zalgiris, dirigido por Gintaras Krapikas, no iba bien en Europa. Evidentemente, seguía tiranizando el baloncesto lituano. Pero si en Euroliga no funcionas, no vale de nada. En la segunda mejor competición baloncestística del mundo, el Zalgiris perdía el 8 de enero de 2016 por 96-63. Al día siguiente, Krapikas era despedido y Sarunas Jasikevicius volvía a sonar en el baloncesto europeo. Se hacía cargo de manera interina del equipo. Su primer partido, un triunfo ante el Vytautas, quizás hizo ver a la directiva que él, que lo había sido todo sobre la cancha, podría ser la solución para la crisis del Zalgiris. El 13 de enero era nombrado nuevo entrenador principal del equipo de Kaunas y no precisamente con un contrato cortoplacista. Saras se estrenaba de traje y corbata con un acuerdo hasta final de temporada y dos años más. La confianza era total. Una semana después, el Zalgiris ganaba por 20 puntos a Olympiacos.

Foto: Domantas Pipas / Fotodiena

La temporada de Euroliga no acabó bien para los lituanos. Solo dos triunfos y doce derrotas en el Top 16, últimos de grupo. Pero ya no daban la impresión de ser un caramelito.

Un nuevo Zalgiris

Para el equipo de la 2016-17 el Zalgiris traía cambios. Sustituía a Kalnietis por Kevin Pangos, firmaba a Léo Westermann y llegaba cedido Augusto César Lima. Seguían los eternos Jankunas y Javtokas, pero lo que más variaba era tener a Jasikevicius como líder desde el comienzo de la temporada. En el nuevo formato liguero de la Euroliga – una eterna fase de grupos en forma de liga regular -, Saras dejó su sello. Viajar a Kaunas ya no era sinónimo de victoria. Recibir a los verdes no era un trámite. No, no clasificó a su equipo para los cuartos de final, pero hizo que terminase los 30 partidos con un dignísimo balance de 14 victorias y 16 derrotas, a dos triunfos de meterse en los clubes. Los lituanos quedaron por delante de potencias como el Barcelona o el Maccabi y por encima de equipos teóricamente superiores como el Galatasaray, el Brose Bamberg, el EA7 de Milán o el UNICS Kazan.

Si el Barcelona ya le había tanteado para sustituir a Xavi Pascual al final de la temporada 2015-16 – tras solo unos partidos al frente del Zalgiris -, Saras se convirtió en el principal candidato para sentarse en el banquillo azulgrana en el verano de 2017. Los mentideros del mundo del baloncesto también reflejaban una importante oferta al lituano de otro equipo también conocido, el Maccabi Tel Aviv. Pero Jasikevicius rechazó a catalanes y macabeos y decidió seguir en un proyecto, el suyo en el Zalgiris, con visos de seguir creciendo. Para dejarlo claro, renovó por dos temporadas más. También dijo no a alguien al que nadie suele hacerlo. Gregg Popovich, eterno entrenador de los San Antonio Spurs, le ofreció un puesto en el ‘staff’ técnico para la liga de verano.

Saras declinó todas las ofertas para seguir construyendo un grupo en Kaunas. Un grupo que, como se ha visto en esta temporada, ha sido tremendamente competitivo. Jankunas, Brandon Davies y Pangos fueron de los más destacados en los apartados estadísticos, muy bien acompañados por Arturas Milaknis, Aaron White, Axel Toupane o Edgaras Ulanovas. Un veteranazo como Beno Udrih, con mil batallas libradas, ayudó al equipo. Y en los Playoffs, Davies y Pangos desatados para tumbar a Olympiacos por 3-1 en una de las sorpresas no solo de la temporada, sino de la década. Zalgiris tenía el segundo menor presupuesto de toda la competición.

Huella imborrable

En apenas dos años y medio, Sarunas Jasikevicius ha cambiado totalmente el panorama para el Zalgiris Kaunas. En la 2015-16 acabó el Top 16 con un balance de 2-10 (16’7% de victorias). En la 2016-17, ganó 14 partidos y perdió 16 en la fase de grupos (46’7%), quedando relativamente cerca de meterse en los clubes. En la liga regular que acabamos de dejar atrás, la de la 2017-18, el balance sube a las 18 victorias y 12 derrotas (60%). Un crecimiento espectacular que tiene un nombre y un apellido: Sarunas Jasikevicius.

En una interesante entrevista en el programa Buzzer de la cadena francesa Sport 2 (recogida por la revista Gigantes del Basket), Saras dejaba unas declaraciones acerca de lo que para él significaba ser entrenador. “Todo depende del equipo. Es una pirámide. Yo soy uno de los ladrillos de la pirámide. Realmente creo lo que les digo a mis jugadores: si entrenas duro y juegas bien parezco más inteligente de lo que realmente soy (…). Algunos jugadores serán escogidos dentro de los mejores equipos de la Euroliga y probablemente el entrenador será muy inteligente en este momento. Con tal de que empiezas a perder, el entrenador es tonto y los jugadores ya no valen. Es el espíritu de equipo: tienes que jugar y hacer las cosas el uno por el otro o estás muerto”.

Para Saras, el entrenador es uno más. Y la importancia que le da al bloque se ve dentro de la pista. Su Zalgiris es un equipo coral. Las estrellas – Pangos o Davies – trabajan tanto como el juvenil que se deja la vida por jugar unos segundos. Nadie, ni el propio Jasikevicius, es más importante que el colectivo. Aunque hay veces que el baloncesto pasa a un segundo lugar.

No solo por sus actuaciones desde la banda, sino también por su labor como líder, con Jasikevicius se ha creado en Kaunas una simbiosis difícil de alcanzar. Todos en la nave del Zalgiris van en la misma dirección. Y, liderados por Sarunas, se ha creado un proyecto que al entrenador le va a costar abandonar. En una entrevista realizada este verano por José Ignacio Huguet para Mundo Deportivo, Jasikevicius revelaba haber tenido otras ofertas mejores que la del Zalgiris, pero que había decidido quedarse. “Me quieren mucho, me dejan trabajar, tengo muy buena relación con todo mi ‘staff’, con mi presidente, con mi ‘general manager’, con la gente de Kaunas… Siempre dije que estaría encantado de seguir en el Zalgiris hasta que no llegue algo mucho, mucho mejor”, declaraba en el verano de 2017 un Jasikevicius muy consciente de la realidad del equipo al que entrena. “Zalgiris no es un equipo como CSKA o Fenerbahçe, que están obligados a llegar a los cuartos de final. Para nosotros, cuando ganamos un partido en esta Euroliga ya es una fiesta muy grande. Y luego ir a por el siguiente. Mi idea este año es bastante lo mismo. Me gustaría ganar algo al principio para no perder el tren, y luego ya se verá. A ver si llegamos a marzo con alguna opción como esta última temporada. E ir a por ella”.

Está claro que el Zalgiris de Sarunas Jasikevicius ha aprovechado las oportunidades que se le han puesto por delante. Ahora, está a dos partidos de completar una hazaña increíble: ganar la Euroliga con uno de los equipos más modestos de toda la competición. Aunque, desde luego, nadie podrá exigirle a esta cenicienta lituana nada más de lo que ya ha conseguido.

Foto: Fotodiena