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Análisis

Los jóvenes del All Star Weekend, uno a uno.

cabrera.vfx@gmail.com'

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Ya sabemos quienes serán los participantes del clásico partido de novatos contra jugadores de segundo año, para este All Star 2015 en New York.

Sin embargo, como ya sucediera el año pasado, volverá a ser un partido con olor a simulacro, dado que desde la dirección de la NBA están probando diferentes modelos de partido para intentar encontrar nuevos alicientes para su seguimiento. Si el año pasado se hizo un concurso de selección, alternando elecciones entre Shaquille O’Neal y Charles Barkley, este año han decidido hacer un espectáculo muy americano: Equipo USA vs Equipo Resto del Mundo.

Ya conocemos a los participantes, por lo que pasamos a dar unas pinceladas de lo que ha sido esta temporada para estos jóvenes, y también mencionar las ausencias más destacadas.Logo All Star NYC 2015

Equipo USA

Jugadores de segundo año.

Trey Burke. Una de las grandes sorpresas del encuentro. Su temporada ha sido particularmente floja. No logra encontrar una regularidad y alterna partidos realmente prometedores con rachas horribles con gran volumen de lanzamientos y poco acierto. Su defensa no es su punto fuerte, en gran parte por su físico, y además no es del perfil de base clásico que compensa una mala noche en el tiro con juego colectivo. Últimamente sale del banco y realmente podría ser un acierto empezar a pensar en él como un jugador microondas desde la segunda unidad.

Victor Oladipo. Tras perderse muchos partidos por una lesión facial, el jugador está encontrando una regularidad. Se aprecia una mejora en su lanzamiento, lo cual unido a su defensa y su perfil polifacético nos deja un jugador a seguir a lo largo de su carrera. Es un enorme atleta y también competirá en el concurso de mates.

Shabazz Muhammad. Alejado de las canchas por una lesión abdominal actualmente, Muhammad ha mostrado un nivel increíble respecto a su primer año. La falta de oportunidades del año pasado, sumado a su entrenamiento especial de verano (donde perdió peso y ganó explosividad) y una mejora en su lanzamiento, le han hecho un jugador con hambre. Es un alero al que le gusta jugar al poste, rebotear en campo ofensivo, tener contacto con el rival. Está demostrando por qué pasó años considerado el mejor proyecto de su generación.

Cody Zeller. Un jugador algo infravalorado por su aspecto, pero nada más lejos de la realidad. Sus atributos físicos no aparentan, para nada, que estemos ante un gran atleta. Sin ser un jugador que destaque mucho en algo, más allá de la movilidad para su altura, Zeller ha encontrado su sitio en Charlotte y se muestra muy correcto en todas las facetas. Si coge tamaño, puede ser un jugador a seguir.

Mason Plumlee. Tras pasar semanas como sustituto de Brook López, Mason ha empezado a jugar como titular, y con buenas sensaciones. Su equipo ahora mismo no tiene muy buena pinta, pero él está siendo de lo mejor de la plantilla. Todavía joven y con un perfil de pívot como los que se llevan hoy en día: gran atleta, finaliza hacia abajo, intimidador. También participará en el concurso de mates.

Michael Carter-Williams. El novato del año de la pasada temporada ha empezado su segundo año lesionado, pero volvió con ganas de mantener su estatus. Su tiro no muestra mejoría por el momento y tiene noches donde sólo el hecho de ser polifacético le salva del banquillo, porque puede asumir más lanzamientos de los convenientes. Aun así, el equipo está creciendo y él es capaz de aportar de muchas maneras, siendo un candidato constante al triple doble. No es un gran director, pero sí es capaz de atacar el aro y encontrar al hombre libre, algo que le ha dado algún partido a los Sixers en instantes finales. Es muy poco cuidadoso con el balón y no parece un jugador mejorado respecto a su año de novato, pero sigue estando entre los mejores de su promoción.

Kentavious Caldwell-Pope. Un jugador que brilló en la liga de verano mostrando su otra cara, la anotadora. Sin embargo, aún no le ha pillado el truco a la NBA. Es un escolta que ha aportado defensivamente desde el primer día y puede llegar a ser un gran jugador de perfil “3&D”, es decir, tirador de corte defensivo. Stan van Gundy está muy cerca de este jugador, indicándole todo lo que espera de él en la pista. Si mejora su tiro de tres puntos (34% con 5.3 intentos por noche), se puede convertir en algo muy valioso.

Equipación equipo USA

Equipación USA

Jugadores de primer año.

Elfrid Payton. Un enorme jugador en potencia. Es muy buen defensor y aporta en todo. Entiende el juego, no comete muchos errores y sólo su tiro le puede frenar su proyección. Un base a tener muy en cuenta y con un merecido sitio en este encuentro.

Zach Lavine. Probablemente el mejor atleta del draft, y el favorito para ganar el concurso de mates. Lavine se ha encontrado ante una oportunidad inesperada. Llegó a la NBA como el #13 del draft, siendo posiblemente uno de los jugadores menos hechos pero con mayor potencial de su generación. Con solo 19 años, se ha encontrado con una lesión de Ricky Rubio (que lleva media temporada fuera) que le deja como el segundo base, o incluso como el único base del equipo, dado que Mo Williams también ha sufrido lesiones. Para un jugador extremadamente por hacer, tener que asumir ese rol, en un equipo lleno de jóvenes, es muy duro en su primer año. Si ahora indicamos que ni siquiera es base, sino que es un escolta forzado a dirigir un equipo, igual se entiende que es posiblemente el jugador más puesto a prueba en su primer año. Con exhibiciones como los 28 puntos ante Lakers que dieron la victoria a su equipo, Lavine está dando señales de gran potencial, pese a mostrarse claramente incómodo ejerciendo de director de juego. Sigan a este chico, que no era un fijo para este partido, pero se ha vuelto a colar entre los grandes.

Nerlens Noel. Tras su año en blanco, Noel está esperando a ver si su compañero Embiid se estrena en la NBA para formar una pareja defensiva de élite. Noel es espectacular, muy esforzado en defensa y con un impacto inmediato. Sus números defensivos son impropios de un novato y sin duda merece estar en este partido. Su principal problema está en no llevarse bien con el aro, siendo muy ineficiente y con unos tiros libres pésimos. Si esto llega a mejorar, que suele ser bastante difícil para hombres grandes, Noel va a darle muchas alegrías a los Sixers. Ya las va a dar, en el campo defensivo.

 

Equipo Resto del Mundo.

Jugadores de segundo año.

Dennis Schröder. Es difícil valorar el impacto de este jugador en un equipo que parece tocado por una varita. No se puede decir nada malo de nadie que juegue en Atlanta a día de hoy. Cumple su papel de dar rotación a Teague y de cara a este partido no tiene mucha competencia. No hay jugadores exteriores de gran nivel que no sean estadounidenses.

Giannis Antetokounmpo. Otro gran proyecto de jugador. Es un espectáculo ver la movilidad que tiene este joven, que está cerca de los 2’13m y además es excepcionalmente largo. Tiene 20 años y ya ha dado un salto cualitativo respecto al año pasado. Le encanta acabar en mate, es casi imparable jugando de fuera hacia dentro o en contraataque y ayuda bastante al rebote, siendo un jugador exterior. Tiene buen bote y visión de juego; le falta mejorar su tiro. Defensivamente tiene un potencial tremendo, con unos brazos eternos y una agilidad de videojuego para un físico como el suyo.

Kelly Olynyk. Su asistencia al partido está en duda por un problema de tobillo. Olynyk es un hombre grande que sale desde el banquillo de Boston y aporta de varias maneras. No es un gran reboteador, pero sí decente. Buen pasador, buena técnica en general… Pero defensivamente tiene mucho por hacer. Es limitado físicamente y su permanencia en pista muchas veces va subordinada a las faltas que comete. El origen es una falta de explosividad y unos brazos cortos. Como primer relevo interior está bastante bien y es comprensible su presencia en este encuentro.

Gorgui Dieng. Otro jugador que se ha visto obligado a dar un paso adelante en Minnesota debido a las lesiones. Se ha encontrado solo en la zona, sin relevo ni más ayuda que la de un Thaddeus Young que suficiente tiene con lo suyo. Buen intimidador al que le falta fuerza para resistir al poste. Ha introducido movimientos ofensivos muy interesantes, como el tiro a tabla o el “fade away” que tanto ha empleado Nowitzki en su carrera. Muy buen lanzador de media distancia y con movimientos de pies que invitan al optimismo. Un pasador buenísimo e inteligente. Dieng tiene 25 años y es uno de los mejores jugadores del pasado draft, aunque cayera hasta el #21, en buena medida por su edad.

Rudy Gobert. El francés está muy de moda últimamente. Es larguísimo y tiene un impacto en el juego que muy pocos interiores tienen. Juega por encima del aro, tapona y cambia muchísimos tiros, rebotea, la hunde con facilidad… En Utah están ilusionados con este jugador. Un robo para una elección #27.

Steven Adams. Trabajo sucio, donde ya es élite. Un jugador especialmente duro, muy grande y altamente molesto en la zona. Su juego ofensivo depende totalmente de balones doblados y algún rebote ofensivo. Tampoco tiene buena mano desde el tiro libre, pero defensivamente se va a pegar con cualquiera. Y únicamente tiene 21 años. Grandísima aportación para cualquier equipo.

Equipación del equipo

Equipación “Resto del Mundo”

Jugadores de primer año.

Bojan Bogdanovic. Un jugador muy irregular en una plantilla que, como ya hemos dicho, no tiene demasiadas buenas noticias esta temporada. Su presencia en este partido se debe a la falta de competencia en el puesto. A sus 25 años, Bojan no se ha mostrado especialmente eficiente en el tiro, que es la mayor parte de su juego. Como hombre de rotación es útil, pero en un partido de posibles futuras estrellas, el Bosnio se ha colado en la fiesta.

Dante Exum. Un caso similar al de Zach Lavine. Un jugador sin hacer, sin experiencia profesional y poca competición a sus espaldas. Ha mejorado el tiro, respecto a lo que se esperaba de él, y puede desbordar, aunque no se está mostrando muy incisivo. Todo el potencial del mundo, para un jugador alto, capaz defensivamente, agil, con buen bote… Simplemente está perdido en el ataque, le viene fenomenal compartir pista con Joe Ingles, el cual entiende muy bien el juego y le ayuda a distribuir.

Nikola Mirotic. Un novato con trampa, dada su experiencia en Europa. Pese a su reciente bajón, ha mostrado un nivel altísimo anotando desde el exterior y aportando en el rebote. Defensivamente sufre mucho con los físicos NBA, pero para un recién llegado está ganándose el respeto de los fans de Chicago. Como hombre de rotación es muy válido desde ya. Merecida su invitación.

Andrew Wiggins. El número 1 del draft empezó muy tímido, pero le ha tocado asumir responsabilidades con las lesiones de Rubio, Kevin Martin y Pekovic, además del traspaso de Brewer. Cada mes ha dado un salto de calidad hasta el punto de que en los últimos 25 partidos promedia 18 puntos y 5 rebotes, con unos porcentajes muy buenos para un novato. Da muestras de calidad todas las noches y genera mucho en el poste, además de tener un tiro realmente único para un novato de corte atlético. Un jugador que llegaba a la NBA con un cartel importante, pero sobre todo como una futura estrella de la cual no cabía esperar un impacto inmediato. La verdad es que el más que probable novato del año ha tenido ya un impacto en la NBA e invita a ser optimista con su futuro.

 

 

Ausencias destacadas.

Jabari Parker. Su primer año se truncó en diciembre, con una lesión de ligamentos que le impide competir hasta la próxima temporada. Era un claro candidato al novato del año y no hubiera faltado a la cita.

K.J. McDaniels. Atleta espectacular con mucho esfuerzo defensivo y que está intentando aportar desde el exterior. Sus mates están haciendo mucho ruido, así como sus tapones. Un jugador espectacular que se ha quedado fuera, pero podía haber entrado perfectamente.

Robert Covington. Alero tirador de Sixers que con 24 años juega su segunda temporada (sobre el papel, puesto que el año pasado jugó 34 minutos para Houston). Importantísima labor en el equipo, abre espacios con su tiro (casi 40% en triples, con 5.6 intentos por noche), con mucho tamaño. Una de las ausencias más destacables.

Tim Hardaway Jr. El escolta de New York Knicks es muy ineficiente y no se puede decir que haya mejorado respecto a su año de novato, pero el año pasado fue un espectáculo verlo en este mismo encuentro y, el hecho de que el All Star se juegue en New York, podía sugerir que sería invitado. No ha sido el caso, y por otro lado es algo justo.

Ben McLemore. Muy buen año del escolta de Sacramento. Casi imperdonable su ausencia. Muchísimo más eficiente que en su primer año y con un gran futuro por delante.

Alex Len. Buena temporada del ucraniano, que es posiblemente el jugador que reemplace a Olynyk si finalmente no asiste al partido. Len es un pívot enorme que tuvo un primer año lleno de lesiones y que está cumpliendo muy bien en Phoenix, tanto que Plumlee ha sido relegado al banquillo.

Jusuf Nurkic. Enorme pívot de Nuggets, que ha recibido la titularidad tras el traspaso de Mozgov a Cleveland. Derrocha potencial, tiene buena mano, es muy productivo cuando está en pista, buen defensor… Pero tiene un grave problema con las faltas. Cada 5 minutos comete una falta, aproximadamente, con lo cual jugar más de 20 minutos en una noche es todo un reto para él. Proyecto de jugador muy dominante, en cualquier caso. Posible sustituto de Olynyk, si no lo es Len.

Marcus Smart. Un base muy físico, con un potencial defensivo casi sin precedentes. Sufrió una lesión de tobillo a mitad de temporada. No se le ha visto especialmente acertado, pese a ser un jugador más hecho que llegaba a la NBA como uno de los más preparados para tener un impacto desde el primer día. Sin embargo, ni aun con el traspaso de Rondo se ha hecho Smart con un puesto en este partido, ni es competición directa de los que aspiran al novato del año.

 

Hay que decir que ha sido un año especialmente sacudido por las lesiones. Julius Randle, Joel Embiid, Jabari Parker, Aaron Gordon, Noah Voleh, Doug McDermott, Marcus Smart… Todos ellos han tenido que lidiar con ellas, muchas de las cuales han sido de larga recuperación. No veremos jugar esta temporada a varios de esos nombres, nombres que estuvieron entre los 11 primeros puestos del draft.

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Análisis

L.A. 2020: la gran batalla de nuestro tiempo

La rivalidad en Los Ángeles, por llamarla de alguna forma, ha sido siempre la gran omitida por la historia. Los Clippers nunca representaron una amenaza para los Lakers… Hasta que Kawhi Leonard, el ‘matarreyes’ apareció en la ciudad.

jon@skyhook.es'

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Getty Images

Desde sus lujosos sillones esparcidos por todos los rincones de Estados Unidos, los aspirantes observaron con asombro la caída del Rey que los había sometido sin piedad. Kevin Durant, que había forzado para estar en el quinto choque de las Finales, veía como su tendón de Aquiles se rompía y, para más inri, privaba a su equipo de conseguir el tan ansiado three-peat. Los Warriors habían gobernado con puño de hierro la Conferencia Oeste durante el último lustro, entrando en el debate del mejor equipo de todos los tiempos por derecho propio. Sin embargo, ahora que las campanas tañían para anunciar el desplome de su reinado, todos los aspirantes volverían a tomar las armas.

Se había erigido un nuevo monarca en el Norte. Kawhi Leonard, tras sus vaivenes con Popovich y los Spurs, puso rumbo a Toronto para llevar a Canadá el primer anillo de su historia, en un relato con aires épicos que quedará grabado en los anales de la NBA. Lo tenía todo al alcance de la mano: el estrellato, un equipo compacto y potencial para revalidar el título. No obstante, los atractivos de los Raptors no fueron suficientes para retener a su jugador franquicia, que, bajo un secretismo sin precedentes, decidió retornar a casa.

Unidos por California

Oriundo de Riverside, nunca fue un secreto que Kawhi Leonard algún día volvería a su California natal. Como a todo gran jugador, siempre se le relacionaba directamente con Los Angeles Lakers, franquicia que ha acogido a varios de los más grandes a lo largo de los años. El glamour, la historia, la influencia de leyendas como Kobe Bryant o Magic Johnson, etc. Muchas son las razones por las que The Claw hubiera podido acabar vistiendo el púrpura y oro. En un intenso pulso que se prolongó más de lo esperado, Lakers, Clippers y los propios Raports trataron de hacerse con los talentos de Leonard, quien desojó la margarita hasta el último instante.

Finalmente, y para sorpresa de gran parte de los seguidores, optó por los Clippers. Una franquicia históricamente denostada, considerada el “patito feo” de la liga durante muchos años. No estaría solo en su misión, ya que Paul George, otro californiano con ansias de volver a competir por el anillo, pondría rumbo a Los Ángeles tras su fallido idilio con Russell Westbrook y los Thunder. Después de su mejor campaña en la liga, el de Palmdale decidió unir fuerzas con Leonard para suplantar a los Lakers como equipo principal de la ciudad.

El eterno segundón

Afincada previamente en San Diego, la franquicia de los Clippers se mudó a L.A. en 1984, después de seis campañas. En aquel momento, la existencia de dos equipos en la ciudad generó una expectación que no se convertiría en realidad en los años siguientes, dadas las notorias diferencias competitivas. Los Lakers representaban el poder, con una plantilla plagada de estrellas, mientras que los Clips se posicionaron como “el equipo del pueblo”, poniendo incluso precios más asequibles para los espectadores.

Entre 1986 y 1999, jugaron como locales tanto en el Los Angeles Memorial Sports Arena como en el Arrowhead Pond de Anaheim. Realmente nunca hubo una gran rivalidad, ya que el balance era inmensamente favorable para su equipo vecino. De esta forma, en 1996 la franquicia angelina declinó un acuerdo para establecerse en Anaheim, para después unirse a los Lakers en el Staples Center, que se inauguraría en 1999. Desde entonces ambos equipos han compartido pabellón. La superioridad de los de púrpura y oro no dejó de existir e incluso tuvo el culmen de cinco campeonatos desde que comenzara el nuevo milenio. Una preeminencia inmutable hasta la llegada de Glenn Rivers al banquillo clipper.

El otrora entrenador de los Celtics, y verdugo de los Lakers en 2008, arribó con las ideas claras para cambiar la cultura de aquel equipo sumido en un eterno segundo plano. Desde que el técnico de Chicago cogiera los mandos, siempre han quedado por delante en temporada regular. Al mismo tiempo, en el otro bando todo se volvió dolor y sufrimiento, con cinco cursos consecutivos sin disputar la postemporada. La inercia se había invertido por primera vez.

Los Clippers se colocaron en el mapa NBA bajo el nombre de Lob City. Sus aficionados por fin saboreaban las victorias con asiduidad. Por su parte, en octubre de 2013 Doc decidió tapar con posters los títulos de los Lakers colgados de lo alto del Staples. Decisión que generó gran controversia en el seno de la ciudad y de la liga. Lo veía como algo humillante, reflejo de la situación que había vivido aquel humilde conjunto, siempre a la sombra. Si querían establecer una identidad ganadora, no podían esgrimir los éxitos de su enemigo dentro sus propios muros. Al mismo tiempo, la filtración de unas declaraciones racistas vertidas por Donald Sterling, propietario desde 1981 hasta 2014, no ayudaron lo más mínimo a mejorar la imagen de la franquicia. Más bien tuvieron el efecto contrario. Finalmente, la NBA decidió suspender de por vida al magnate norteamericano, viéndose obligado a poner los Clippers en venta.

Con el paso del tiempo, el proyecto fue quedándose sin margen, cayendo antes de tiempo en playoffs en más de una ocasión. Los Paul, Griffin y Jordan harían las maletas para poder reconstruir el equipo. Una reestructuración con la mirada puesta en el pasado mercado estival, en el que fueron los grandes ganadores. A un plantel que se mostró muy competitivo el último año frente a Golden State, se le unen dos superestrellas superlativas. Probablemente los dos mejores two-way players de la competición a día de hoy. Acompañados de Beverly, Harkless o Harrell, el potencial defensivo de los Clippers es uno de los más elevados de toda la competición. El mundo los mira con otros ojos, de modo que su objetivo es claro: asaltar el Campeonato.

El reto para Leonard será mayúsculo, más incluso que el alcanzado la última temporada portando la elástica de los Raptors. Los Clippers nunca han jugado unas Finales de Conferencia. Kawhi, de la mano de un escudero de lujo como George, deberá rebasar esa barrera para poder brindar a su nueva familia el primer anillo de su historia. Ya lo hizo en Toronto, neutralizando grandes potencias como los Sixers o los Bucks por el camino. Esta vez, la competencia será más dura que nunca, empezando por su rival más cercano e inmediato.

Tras la estela de Jordan

Frente a Leonard estará un hombre en busca de la leyenda. Un rey que perdió su corona, si bien su reinado está aún por concluir. Tras una primera temporada tumultuosa en la disciplina laker, LeBron James regresa más descansado que nunca. El de Akron no se perdía las eliminatorias por el título desde su segunda campaña en la NBA. Su físico lo agradecerá, ya que el año pasado mostró por primera vez síntomas de que el tiempo pasa para todos. El ‘23’ sufrió una lesión en la ingle justo el día de Navidad, en un triunfo ante los Warriors. Por aquel entonces, el equipo se había mostrado notable bajo su liderazgo. No obstante, el problema se dilató en el tiempo e impidió ver al mejor James de vuelta.

En esta ocasión no estará solo al timón. Anthony Davis, gran deseado por la franquicia, llegó para formar una de las mejores parejas de la liga. El coste fue elevado, teniendo que deshacerse del núcleo joven de la plantilla casi al completo, a excepción de Kyle Kuzma. La ceja, talento diferencial en ambos lados de la pista, aterriza como pupilo de un James que podrá delegar en él gran parte del peso ofensivo del equipo. Una vez este decida colgar las botas, los Lakers serán del ex de los Pelicans.

Un James que continúa persiguiendo aquel fantasma de Chicago. La influencia de Michael Jordan en él ha sido algo recurrente durante su largo trayecto hacia el Olimpo. Entró en la competición antes de cumplir los 19, con una presión absolutamente ridícula para un pipiolo de su edad. Pese a los críticos, superó las expectativas. En su sueño por convertirse en el mejor de todos los tiempos, sabe que este puede ser su último viaje y no quiere retirarse antes de lograr otro anillo. Sería el cuarto para él, tercero con una franquicia distinta.

En una mezcla de talento y veteranía, los Lakers han rearmado el equipo de cara al presente curso. Todavía con la herida del rechazo de Kawhi reciente, firmaron a jugadores de renombre como Danny Green, Avery Bradley o Dwight Howard. Gente experimentada que dará un plus defensivo al plantel. El propio Frank Vogel, nuevo entrenador tras la abrupta salida de Luke Walton, aseveró recientemente que pretende construir un cuadro duro. “Quiero ver jugadores por el suelo, si no es que no estamos haciendo nuestro trabajo”, aseguró.

Tras aquel fatídico 13 de abril de 2013, en el que Kobe Bryant se rompió el tendón de Aquiles, los Lakers han vagado sin rumbo por el desierto. Malas decisiones en los despachos, unidas a la baja competitividad de una plantilla huérfana de líderes. Por ello, la presión que James y Davis tendrán que soportar será mayor que nunca. Este año no habrá excusas para no lograr el billete para los playoffs y, además, tendrán que hacerlo en posiciones nobles.

Los detractores estarán ahí, a la espera en su trinchera. Para una institución con 16 anillos de campeón y 15 Finales en su haber la exigencia siempre es máxima. Más aún si se trata de la franquicia más atractiva de la NBA. West, Jabbar, Magic, Shaq o Kobe lograron alzarse victoriosos soportando el peso de la camiseta dorada. LeBron no quiere ser menos.

Con los Warriors (aparentemente) un peldaño por debajo del nivel establecido desde 2015, los Lakers ingresan de lleno en la terna de favoritos al título. Pese a su gran plantilla, también miran de reojo como sus vecinos, los Clippers, han creado otro equipo capaz de competirles de tú a tú. Cada encuentro será una batalla sin cuartel en la que la victoria no será lo único que esté en juego.

Las guerras venideras

Dos hombres en una misma misión. Uno, devolver la grandeza a una franquicia que perdió su luz hace más de un lustro. El otro, como ya hiciera en Toronto, brindar a un equipo su primera gran gloria. Si la empresa de cualquiera de los dos resultase exitosa, elevaría al jugador a un altar nunca antes hollado: 3 anillos y 3 MVPs de las Finales (siempre que lo lograsen) con tres equipos distintos. Un hito sin precedentes.

Sobre el papel, los Lakers partirán con un mayor potencial ofensivo, teniendo enfrente a lo que aspira a ser una trituradora en defensa. Las opciones en el perímetro del combo Beverly-George-Leonard serán determinantes. Un trío perfecto para intentar neutralizar a LeBron, el mejor generador de los suyos. A sus casi 35 primaveras, King James tendrá un nuevo reto que superar, acostumbrado a lidiar con grandes redes defensivas como las de los Warriors o los antiguos Spurs. Pese a su previsible capacidad anotadora, los de Vogel también pueden presentarse como un gran equipo atrás, con protectores de aro del calibre de Howard o Davis, además de los Bradley, Green o Caldwell-Pope en tareas exteriores. El botín para el vencedor podría ser el trono del Oeste.

Hubo un tiempo en el que James convirtió la Conferencia Este en su coto de caza privado. No tuvo oposición durante ocho campañas consecutivas hasta que Kawhi recogió su testigo por un año. “Por ahora solo pienso en llevar a los Clippers a las Finales”, afirmaba el propio Leonard hace escasos días. Esta vez se verán las caras hasta en cuatro ocasiones en temporada regular, en  la carrera más feroz que se recuerda en la Conferencia Oeste. Nuggets, Rockets, Jazz o los propios Warriors completarán una lucha en la que no se vislumbra un vencedor claro.

La NBA, referente indiscutible en el cuidado de los aficionados, pensó oportuno comenzar la temporada programando uno de sus platos fuertes para su jornada inaugural. Una fecha marcada en el calendario: 22 de octubre, con los Clippers con el cartel de locales. El segundo capítulo, el día de Navidad. Serán cuatro noches en total. Un mismo campo de batalla para una lid que puede definir el sino de la temporada.

Como diría un viejo mago de barba desaliñada y sombrero picudo: “el tablero está listo”.

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Análisis

Vuelve la burbuja inmobiliaria a la NBA: la moda de las hipotecas

Concentración de mercado, hipotecas, proyectos de capital riesgo a corto plazo, sobrecostes en forma de impuestsos de lujo… La NBA se mueve y la burbuja del mercado no deja de crecer.

acarretero@skyhook.es'

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Allá por 2013, cuando los informativos aún nos recordaban que había una crisis económica, había una expresión que monopolizaba todas las conversaciones. Seguramente, el ciudadano de a pie no sabría definir a ciencia cierta qué era aquella burbuja inmobiliaria, pero qué más daba. Le habían inoculado el término y sabía lo que tenía que saber: era malo. Oda al simplismo de la sociedad.

Una vez más, nos remontamos a aquel fatídico traspaso, al que ahora, tras la reconstrucción de récord Guinness de Sean Marks, ya sí puede ser nombrado. Cuatro primeras rondas que viajaron a Boston y que hipotecaron el futuro a corto plazo de los Nets pero, sobre todo, cuatro picks que marcaron un punto de inflexión en la NBA. Nunca antes se habían evidenciado de forma tan salvaje las consecuencias de traspasar el máximo de rondas permitidas. Nunca… Salvo con los Cavaliers de los 80.

No son pocas las normas de la NBA que nacen bajo seudónimo, por la necesidad de adaptar la regulación a fenómenos sin precedentes en la liga. Desde La Jordan Rule, la Rose Rule… reglas que pasan a ser conocidas en el imaginario popular por el jugador que obligó a crearlas y que, dicho sea de paso, favorecen su recuerdo y asociación, en lugar de complejizar los términos. Ahora bien, para que una que limita el traspaso de rondas consecutivas de Draft lleve tu nombre, como sucedió entonces con Ted Stepien, hay que ser muy cenutrio.

El entonces propietario de los Cavs puso en el mercado cuatro picks seguidos, casi lleva el equipo a la quiebra y traspasó la hipoteca a otro dueño antes siquiera de acabar de pagarla. Más o menos, lo que intentó Prokhorov hace cinco años. Tras utilizar a los Nets como activo financiero para especular con otros negocios particulares quiso saltar el barco antes de que se hundiese hasta el fondo del mar.

Hasta aquellos Nets recién llegados a Brooklyn no hubo otro equipo que se atreviese a firmar una hipoteca de semejante magnitud. Como tampoco lo ha habido en estos últimos años. Pero, como siempre pasa en la economía capitalista, es cíclica; la burbuja siempre vuelve. Ahora, a cinco años vista y tras los últimos movimientos del mercado, se puede apreciar que no fue un hecho aislado, sólo desafortunado en su ejecución. Hasta 2018 nadie se ha atrevido a mover tantos activos a futuro por una estrella, acogiéndose al fracaso de los Nets.

Especulación, hipotecas y fondos buitre

El mercado financiero (de traspasos) de la NBA estaba marcado por la incertidumbre y por la presencia de dos fuerzas hegemónicas que aumentaban el riesgo de la inversión, como eran los Warriors y LeBron James, allá donde estuviera. No era, pues, la situación más propicia para pagar hipotecas a futuro, por lo que los proyectos deportivos apretaron el botón del pause hasta que mostrasen los primeros síntomas de debilidad. Y, efectivamente, así ha sido.

Con ambos ejes gravitacionales desplazados y con un tercio de jugadores de la NBA siendo agentes libres este verano, entre ellos cinco top ten de la liga y, al menos, otras diez superestrellas más, alguien tenía que romper la baraja. Ya no hay apuestas seguras, pero la incertidumbre tampoco es un lastre. El riesgo es inherente al nuevo mercado NBA y quienes mejor han sabido jugar con él, han sido los triunfadores.

Ya lo intentó Daryl Morey el año pasado, con sus cuatro picks por Jimmy Butler. Secos, como el vodka en Rusia. También lo previeron este año en Utah, que agilizaron el traspaso de Conley para que Dios cogiera a los mormones confesados en verano. Es cierto que la burbuja crece sin control y que la tendencia alarma a la propia NBA. Pero, por otro lado, qué éxtasis embarga a Silver y su equipo. La NBA más global, la reina del verano. Apenas ha terminado la temporada y no puede haber más expectación porque empiece de nuevo. A quién le importa ahora la burbuja, eso será problema de la futura NBA.

Empoderamiento: una nueva era

Uno a uno, los agentes libres han decidido su futuro en cascada, como un Fantasy Draft en el 2K, que deja tres lecturas claramente diferenciadas. Primero, y más reciente, la especulación, la inflación creciente del precio a pagar por las estrellas tras tres años a la baja. Proyectos corto y medioplacistas, con concentración de estrellas, que vuelven a hipotecar sin miedo el futuro más inmediato, como los Nets o los Clippers. Masai Ujiri y su “alquiler” de Kawhi Leonard han sentado cátedra, como lo hicieron sin suerte Paul George y los Thunder.

Segundo, las apuestas de capital riesgo ya no sólo vienen predeterminadas por el papel de propietarios y general managers, sino que son los propios jugadores los que fuerzan estas operaciones. Son ellos los que han comprendido que tienen el poder de negociación en sus manos, que son los verdaderos y únicos protagonistas; y que, al fin, en vez de ser tratados como meras inversiones inmobiliarias, casas sin caras, sin humanizar, ahora no sólo eligen su futuro, sino el de toda una franquicia. Estamos ante una nueva era de empoderamiento, que en este caso inició LeBron James allá por 2010, no de la mejor forma posible, pero que casi una década después ha alcanzado su clímax.

Finalmente, la tercera lectura y quizá la más destacada desde el punto de vista de las franquicias, es la necesidad de un proyecto. Ya no vale con ser un gran mercado. Las hermanas menores y tradicionalmente apestadas de New York y Los Angeles se han coronado reinas gracias a su gestión. Han saneado sus cuentas de inmuebles tóxicos como Chris Paul, DeAndre Jordan e incluso de los Mozgov y Crabbe para jugar su baza al presente más inmediato, con el futuro en entredicho. Otras como los Warriors decidieron pagar los sobrecostes en forma de impuesto de lujo para preservar su hegemonía. Pero con qué gusto se va a pagar la hipoteca del futuro si el presente sabe a gloria.

Ya lo dijo Homer Simpson, el oráculo omnisapiente de la sociedad moderna: “El futuro ha ganado, el pasado nunca tuvo una oportunidad”.

In memoriam: Sam Hinkie y su gerencia de capital riesgo.

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Análisis

La iniciativa vengadores

No son superhéroes, ni llevan capa. Del Capitán América a Fun Guy, la revolución pasa por Toronto.

fontandelacruz@gmail.com'

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Martín Santana

En la guerra siempre tuvimos vencedores y vencidos. Soldados en batallas épicas e historias legendarias. También se dieron masacres, noches para olvidar. Y las Finales de la NBA, aquello que disfrutamos desde más allá del charco y bien entrado junio, es la prueba de que la guerra tiene mil y una formas de manifestarse. Pero preparar una guerra nunca fue tan complicado, pues para Toronto el precio fue nada más y nada menos que descorazonar el núcleo del equipo para colocarle uno nuevo, lleno de vida y alternativas para un sistema algo desfasado en los tiempos que corren.

Construcción quirúrgica

En el seno de la gerencia Raptor’ surgió una idea. Una idea retorcida en términos sentimentales, pero con todo el trasfondo del mundo en materia deportiva. Con el hedor de la campaña pasada aún fresco, unos Playoffs tildados de fracaso y con la enésima caída frente a Cleveland Cavaliers, se puso en marcha el cambio. Traer a Kawhi Leonard y Danny Green en un único pack con la pérdida de Poeltl y DeRozan en el camino se presumía como un riesgo muy alto, pero con un beneficio posible tan elevado que materializarlo fue cuestión de segundos.

Un «alquiler» el de Kawhi que, con la temporada finalizada y los éxitos cosechados, merece ir acompañado de «el más barato jamás conocido en la historia del deporte». Pero esto no podría terminar aquí, añadir a Marc Gasol sería el plato fuerte preparado por la gerencia ya entrada la temporada, un nombre que cambiaría el sino del equipo en plena postemporada con una cobertura sobre Embiid de magnitudes históricas. Mención especial a la confianza otorgada a Nurse, que jamás dudo de su plan: negarse a seguir exprimiendo la pintura y poblar la media distancia. Él fue quien modernizó la estructura Raptor’ polarizando el uso de los dos interiores en pequeñas dosis y en casos muy concretos.

Todo esto lleva una firma grabada en oro, la de un militar con sangre helada y corazón de piedra: Masai Ujiri. El artífice de esta estructura de plantilla a todos los efectos, el encargado de apretar el gatillo siempre que fue requerido el uso de una mano imperturbable. Porque el negocio es el negocio, y en el negocio las amistades quedan a un lado.

Estructura y planteamiento en las Finales

Las Finales no dejaban de ser un terreno virgen para prácticamente toda la plantilla –a excepción de Leonard y Green, ya campeones en 2014-. Un escenario que sin duda puede catalogarse como el más grande al que se puede ver enfrentado un jugador de la NBA y al que accedían con una serie de cuatro victorias consecutivas frente a los Milwaukee Bucks. Nada desestimable dicho enfrentamiento, pues en él residiría una de las claves de estas Finales: llegar con rodaje y sin excesivo descanso para frenar el ritmo de competición.

El planteamiento de Nurse siempre vino dado por las circunstancias ofrecidas por la plantilla Warrior’, pues la ausencia de Kevin Durant invitó a Toronto, en tramos de descanso para Klay Thompson, a practicar defensas sobre Stephen Curry que le obligasen a sobrecargar su producción y terminasen por consumirle. La joya de la corona terminó por ser la defensa mixta box and one (caja y uno), que consiste en formar la zona con cuatro jugadores y liberar a uno de esta estructura para consumir a Steph. El fin era el de sobrecargarle como generador principal y provocar que sean el resto de piezas que componen el quinteto los que generen todo el juego posible con balón. Un repunte táctico tan dependiente del contexto como determinante en el desenlace general.

Otro de los elementos fundamentales en el buen desenlace Raptor’ consistió en una capacidad inigualable para amoldarse y aprovechar todos y cada uno de los contextos ofrecidos por Golden State Warriors, y hacer cumbre de ellos con la participación individual de todos los perfiles que atesora la plantilla. Gran ejemplo de esto fue el Game 1. Rebosante en acciones a campo abierto y con los balances defensivos de Warriors algo lejos de su mejor versión, una versión despótica de Pascal Siakam señaló el camino de a ritmo de transición.

Una vez más, se reafirmó como el jugador que mejor corre la cancha sin balón. Pero esta serie de ajustes generales no se redujeron única y exclusivamente a casos generales y partidos enteros, prueba de ello fue el reajuste realizado en la segunda mitad el cuarto partido, allí donde un Ibaka sobreexcitado sepultó a los de La Bahía a ritmo de pick and roll y recepciones cerca del aro. Un martillo que tuvo por objetivo castigar las carencias físicas de la pintura Warrior’ con un Looney que aún lastraba ciertos problemas físicos. Una condición camaleónica que le ha atribuido ese factor de mutabilidad, no solo en estas Finales, sino en todo el trayecto recorrido hasta las mismas.

Wikimedia

Otra de las bases sobre las que se ha asentado la máquina de destrucción masiva que ha conformado Toronto es el liberado uso del combo guard –un doble base al uso-. Pilotado por Lowry e increíblemente bien acompañado por un VanVleet que decidió aterrizar en Playoffs llegadas las Finales, ha podido ser el arma más punzante de todas las poseídas por Nurse. La combinación de creatividad y spacing es todo aquello que les había faltado por tramos en las eliminatorias frente a Philly u Orlando, un repunte técnico que engrasaba la maquinaria a media pista y dotaba de alternativas y cerebros para producir en acciones tras bloqueo directo –ya sea en pick and roll o doblando al corte-. Un pulmón extra en ataque, para ser más exactos.

Pero la aportación de este recurso no se queda en un gran incremento en la creación, pues el verdadero valor de juntar a Kyle y Fred ha estado en la alternancia con y sin balón que ofrecían estos dos. Una combinación de bote y juego sin balón que hacía imposible a Golden State Warriors coartar con el incesante dos contra uno que recibía Leonard con balón, una carga que, si bien está plenamente justificada y resulta necesaria, con tanto arsenal disponible facilitaba la tarea al entorno.

Y conectando con la tarea de Leonard es como mejor se entiende todo lo sucedido hasta la fecha, pues salvo unos minutos de completa dominancia histórica en el quinto partido –diez, sí, diez puntos consecutivos para poner un +6 que terminaría por tener valor nulo tras la derrota-, las Finales de Leonard están por lo mucho que ha facilitado la tarea al entorno. Entró a la serie sin apenas poder bajar el balón por la inagotable lluvia de ayudas ofrecidas por Kerr para frenar cualquier vía de mirar al aro, corrigió alternando su juego en un sentido menos autosuficiente y llegó a nutrirse más que nunca de las recepciones y el catch-and-shoot –prácticamente un sueño inalcanzable vistos sus Playoff-.

Todo esto no le exentó de conseguir, por enésima vez, que todo espectador se replantease lo que podía llegar a ser una absorción de contacto en sus penetraciones. Pero sí, un 2×1 algo nocivo vista su mejoría en la toma de decisiones tras recibir el trap es lo que permitió a Leonard generar dos o tres espacios libres según se diese la ayuda (o doble ayuda llegados al caso), y que vista la tónica de las Finales, con polaridad absoluta en términos de porcentajes, jamás pudo ser más peligroso. No obstante, la ausencia cuasi general de Durant también facilitó la tarea defensiva a un Leonard que jamás tuvo que focalizarse al completo en una única figura y pudo entregarse al máximo en las ayudas no-puntuales sobre Curry al perímetro.

Una defensa, la llevada a cabo sobre Steph, que tampoco se puede resumir en el box and one, recurso con una utilidad muy puntual y que no serviría de alternativa con posibilidades tales como Klay Thompson o Kevin Durant sobre el parqué. El desgaste que conlleva una cobertura tan sumamente meticulosa y elevada en gasto de energía y recursos no se puede describir con palabras, es más, sería todo un crimen tatar de hacerlo, pero no deja de ser una proeza que socavar tan fondo en el trap, con la incalculable cantidad de recursos para generar que posee Golden State Warriors –Green o Iguodala como perfiles punteros en esta faceta-, haya terminado por ser la vía más eficiente para frenar a un Curry que, más allá de toda la tormenta que le rodea, ha hecho unas finales a la altura de lo que es: una leyenda de la NBA.

Porque la tarea de cubrir a uno de los perfiles más activos con y sin balón jamás vistos en la liga no puede encomendarse a un solo nombre, y es en este punto cuando salen a la palestra Kyle Lowry y Fred VanVleet. El primero de ellos, consabido y contrastado como defensor de primer nivel en emparejamientos perimetrales. El segundo, en cambio, no ha hecho más que agrandar su perfil y confirmar que más allá de ser un jugador muy notable en un lado de la cancha, es una pieza única en both sides. La cobertura off-ball de un jugador como Curry, que prácticamente promedia una media maratón por noche, solo se entiende con un sistema de ayudas generoso e inagotable.

Marc copó el trap tras bloqueo directo con un alarde de sacrificio y desgaste de piernas inimaginable, blindó también cualquier vía de escape en forma de línea de pase. Por su parte, las ayudas de Kawhi -algo más liberado por el contexto- y Green, entre otros, ponían la guinda a uno de los blindajes más inquebrantables en toda la campaña. Pero no todo podía ser perfecto, pues generar tanta atención abre una infinidad de vías explotables con una circulación rápida, espacios en pintura y en esquinas, un buffet libre de puntos liberados al servicio de una de las máquinas mejor preparadas para explotar desventajas.

Por último, es innegable que un campeonato no se gana solo con una batería de titulares repleta de grandes nombres. Y esta no iba a ser la excepción. Maestría de Nurse en el tacto a la hora de dar minutaje a un Ibaka que dinamitó por completo la eliminatoria en dosis pequeñas para exprimir al máximo el físico en pintura y cerrar el aro –para la historia quedará el cuarto con seis tapones y un flujo imparable de puntos en pintura-.

¿Y qué es de la historia?

La historia del deporte siempre ha sido ambiciosa y retorcida, egoísta por naturaleza, pero una tregua se la merece todo ser humano. Y toda institución, llegados al caso.

Por primera vez el Larry O’Brien sale de Estados Unidos con rumbo a Canadá. Un anillo histórico. Un anillo para la resistencia de aquellos que supieron caer una y mil veces frente al Rey en el Este; hasta que abdicó. Un anillo que lleva consigo la firma más grande jamás vista de jugadores que han pisado la liga de desarrollo, demostración del margen de mejora que posee casi cualquier perfil NBA si es tratado con mimo y a fuego lento. A fin de cuentas, un anillo que se antoja irrepetible.

El reconocimiento a Ujiri, fundirse en un abrazo con Lowry para reconocer lo que es suyo y la posterior entrevista junto a Kawhi solo es la guinda del pastel más sabroso jamás cocinado en el Norte. Porque nunca se llegó a ese extremo de antipatía que se daba por sentado tras dar puerta a DeMar DeRozan, es más, ambos ya maquinaban la idea de «hacer algo grande». Han forjado una amistad grandiosa, la química ha sido inmejorable y el equipo se ha nutrido de ella hasta límites insospechados. Ahora les toca disfrutar, a TODOS, y ya tendrá tiempo Kawhi para reflexionar sobre su futuro cuando no quedé champagne por descorchar en Toronto.
We won, Mr. DeMar. –Kyle Lowry-.

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