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Perfiles NBA

Scottie Pippen en 33 momentos

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1 – Un pequeño base de Arkansas

Scottie Pippen nació en 1965 en un minúsculo pueblo al sur de Arkansas, en la América profunda. Lejos del físico privilegiado que pasearía durante los 80 y los 90 por las pistas de la NBA, Pippen apenas superaba el 1,75 al comenzar su periodo en High School. Allí, en Hamburg, estaría bajo las ordenes de Donald Wayne, que tiraría de contactos para que pudiese jugar en la Universidad, después de no recibir ninguna beca, a pesar de ser el base estrella de su equipo, que alcanzó los Play-off del estado.

2 – Rumbo a una universidad de segunda

En 1983 recala en la Universidad de Central  Arkansas, un centro semi desconocido y ajeno a la tradición de grandes nombres de colleges americanos. Apartado de miradas y altas expectativas, Pippen da un cambio brutal tanto técnico como físico (en su segundo año ya sobrepasa los dos metros de altura) y se convierte en la indiscutible estrella del equipo.

En la temporada de su graduación el anonimato ya es cosa del pasado gracias a su casi 24 puntos por partido y su nombre sube como la espuma en draft del 87.

3 – Jerry Krause y el traspaso necesario

Pippen fue escogido en quinto lugar por los Bulls, posición que lograron en un traspaso con los Sonics. Que el alero jugara para una universidad de segunda fila lo convirtió en una de las revelaciones del draft, y por tanto, en una de las elecciones con las que Jerry Krause más presumió de buen ojo. Sin embargo, Pippen, siempre decía, con cierta sorna, que “no sería tan desconocido cuando tuvo que hacer varios traspasos y conseguir el quinto pick para poder escogerme”.

Efectivamente, su relación con Krause no fue demasiado cordial.

4 – Una complicada temporada de novato

En su primera temporada como jugador de los Bulls no logró hacerse con la confianza de un tambaleante Doug Collins, muy cuestionado, y que empezaba a ver peligrar su silla en favor de su bigotudo ayudante, Phil Jackson.

Scottie debutó el 7 de noviembre de 1987 ante los Philadelphia 76ers de Charles Barkley y Maurice Cheeks anotando diez puntos. Esa temporada promediaría 7,9 puntos por partido y no sería titular ni una sola vez.

5 – Su hermano Horace Grant

Horace Grant llegó al mismo tiempo que Pippen a los Bulls y pronto congeniaron. Con muchos puntos personales en común, constituyeron un apoyo mutuo durante los primeros y duros años en Chicago, en los cuales dejaban muchas dudas de su verdadera valía ante aficionados, prensa e incluso Michael Jordan, que tenía a Grant como objeto continuo de burlas. Uno de los peores momentos de la carrera de Pippen fue cuando Horace no renovó con los Bulls para marcharse a uno de sus grandes rivales por aquel entonces, los Magic de Orlando.

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6 – Básico en el triángulo… y en la defensa

Cuando Phil Jackson se decide a implantar el famoso triángulo mágico de Winter en los Bulls, y a sabiendas de la complejidad de lograrlo, requiere de los servicios de su ayudante en materias defensiva Johnny Bach para que diseñe un sistema defensivo que permita al equipo sobrevivir mientras se ajusta el revolucionario ataque.

Bach diseña un sistema de presión con el que ahoga las líneas de pase del rival, y que se suministra de la maravillosa capacidad de Pippen para este cometido, gracias al cual será considerado uno de los mejores defensores de la liga durante toda una década.

7 – Una inoportuna jaqueca ante los Pistons

Uno de los episodios que más lastraron al Pippen pre-anillos ocurrió durante la final de la Conferencia Este de 1990. Antes del séptimo partido que los Bulls jugarían en Detroit ante los odiados Pistons, el alero llegó al estadio quejándose de un fuerte dolor de cabeza.

Fruto de esa jaqueca, Pippen jugó a un nivel bajísimo y fue señalado como uno de los principales culpables de la debacle que sufrieron los de Chicago (el otro fue Horace Grant). Los medios de comunicación consideraron ese repentino dolor de cabeza una excusa ante la presión (y el miedo) que supuso ese partido final ante los Pistons, y señalarían a Pippen durante muchos años con la sospecha de que en los momentos importantes no aparecía, dejando sin ayuda a un Michal Jordan que acabó llorando a solas en el autobús del equipo tras perder por más de 20 puntos.

8 – Redención ante Magic y primer anillo

Un año después tuvo la primera oportunidad de redimirse. Tras una temporada fabulosa, los Bulls llegaban a su primera final de la NBA ante los Lakers de Magic y Divac. Pese a que los de Illinois eran ampliamente favoritos, los californianos se llevaron el primer partido en el Chicago Stadium gracias a un triple de Sam Perkins. Sin embargo, en el segundo, Pippen se hizo cargo de la defensa de Magic, algo que sorprendió al base (y a todo el que presenció el partido) cambiando el rumbo con el que había comenzado la final.

Una vez conseguido el anillo, Phil Jackson reconoció que hubo mucho de casualidad en ese emparejamiento, y que se trató de un fallo comunicativo… que acabó saliendo genial.

9 – Toni Kukoc y su venganza personal

Toni Kukoc no fue un compañero más de Pippen. El croata, de forma indirecta, provocó fuertes turbulencias en el vestuario de los Bulls a principios de 1991, momento en el que el interés por el europeo se tomó por parte de la plantilla como un capricho de la franquicia, más pendiente de buscar tesoros improbables que en cubrir las necesidades reales de un equipo campeón.

El caso más paradigmático de esto ocurrió con la renovación de Pippen, que fue retrasada en distintas ocasiones por  la indecisión de Kukoc, que no terminaba de aceptar la mareante oferta que Krause le había puesto sobre la mesa, a costa de congelar una parte del salary cap del equipo, que, en otras circunstancias, hubiese servido para renovar de forma más sencilla a un Pippen, que incluso, se vio amenazado por Krause cuando fue a quejarse de la situación: “Nunca olvides que fue cosa mía sacarte de Seattle. Me lo debes todo”

Scottie Pippen

Foto: NBA

10 – Jordan se retira y llega el momento de dar un paso al frente

Jordan, tras la muerte de su padre y una temporada de acoso y derribo por parte de la prensa sobre su vida privada, se marcha a jugar al béisbol. En ese momento, todas las miradas recaen sobre Pippen, que da un paso al frente y juega para la que muchos es su mejor temporada como profesional, firmando su tope de anotador (22 puntos por partido) y confirmándose como el líder del equipo en sustitución de Air.

11 – El tiempo muerto que le bajó a los infiernos

Ese liderazgo quedó en entredicho la tarde del viernes 13 de mayo de 1994, durante los últimos instantes del tercer partido de segunda ronda ante New York Knicks, que, tras ir perdiendo durante casi todo el partido, consiguen empatar el partido a 1,8 segundos de que concluya. Phil Jackson pide tiempo muerto y prepara una última jugada… ¡para Kukoc! La sorpresa, que ya es generalizada, se hace mayúscula cuando Pippen se niega a saltar a la pista. Myers pone el balón en manos del croata y la media vuelta de Kukoc ya es historia. Pippen estuvo cerca de ser traspasado ese verano por el ala-pívot Shawn Kemp.

12 – Un arbitraje lamentable le saca de ‘sus’ Playoffs

Pero sigamos con esa serie de Playoffs, ahora en el quinto y durísimo partido, como no podía ser de otra forma, ante el cemento que eran los Knicks. De nuevo, y gracias a un sensacional Pippen, los Bulls arriba en el marcador, hasta que llega el momento caliente.  Con 7’6 en el electrónico y empate a 86, sacan los Knicks de banda. Starks recibe la pelota, bota con problemas hacia la zona y saca un pase abierto para Davis, que se levanta de tres… y recibe una falta de Pippen cuando ya ha saltado la bola para un triple imposible. Jackson clama a Buda por la banda, mientras que Pippen se sienta en la mesa de anotación, incrédulo. Los Knicks ganarían la serie y mandarían a casa el sueño de Pippen como líder indiscutible.

13 – Un dedo, una silueta y la vuelta del mito

Durante la siguiente temporada los rumores de la vuelta de Michael Jordan, tras su discreto paso por el béisbol, fueron creciendo de forma exponencial cada semana. Tras un encuentro amistoso en el viejo Chicago Stadium, practicamente se daba por hecho el retorno del mito, que fue “reclamado” por su compañero Pippen de una forma muy símbolica. Señalándose las suelas de sus zapatillas Nike, de las que emergía la silueta del mejor jugador de todos los tiempos.

14 – Aterrizaje en Jamaica

A lo largo de su carrera, Scottie Pippen ha protagonizado cientos de acciones espectaculares, producto de un alero con un físico único como el suyo. Sin embargo, quizá la acción más espectacular, plástica y simbólica de su carrera sea un mate sobre Patrick Ewing, santo y seña de los Knicks que tan fieramente pelearon ante los Bulls, y que como vimos en el punto anterior, tanto sufrió el jugador de Arkansas.

El mate se produce tras un contragolpe Bull, y tras hundir la pelota por encima del jamaicano, Pippen se encara y deja aflorar toda su rabia. Al pívot no le sentó demasiado bien.

15 – Dream Team del 92…  y 96

El alero estuvo presente en el equipo que maravilló al mundo un verano de 1992, el Dream Team que se llevó el oro en Barcelona y que juntó a la mayor colección de estrellas jamás vistas. Pippen, que reconoció años después su sorpresa por la llamada para el equipo USA -no pocos pidieron la entrada de Dominique Wilkins en su puesto- no tuvo una actuación excesivamente brillante, salvo en un partido, contra Croacia. En ese choque, el jugador de los Bulls se tomó como algo personal la defensa sobre Toni Kukoc, y a fé que lo consiguió, sacando por completo de partido al croata, que tuvo un primer contacto sobre lo que le esperaba si se decidía a cruzar el charco.

También logró el oro cuatro años después, en Atlanta 96, en lo que fue llamado el Dream Team III.

16 – 1996, el año más convulso en lo personal

1996 fue un gran año en lo deportivo. Los Bulls, tras la vuelta de Jordan, el fichaje de Rodman y la aclimatación definitiva de Kukoc a la liga, volvían a ser el equipo más fuerte de la liga y muestra de ello fue el anillo que se consiguió ese año. Sin embargo para Pippen fue un año especialmente complicado,tras ser acusado de violencia doméstica (llegó a ser arrestado), y para colmo, una modelo presentó una demanda de paternidad a “Pip”, que acabó pagando manutención al niño pese a que siempre negó que fuera el padre.

17 – Logra su tope anotador con 47 puntos ante Denver Nuggets

El 18 de febrero de 1997 Pippen destrozó a los Nuggets en lo que fue su mayor hit ofensivo durante los casi tres lustros de carrera que amontonó el alero de Arkansas. Ese partido, irónicamente,  acabó con los pitos del público del United Center, que se quedaron con las ganas de ver a Scottie alcanzar los 50 puntos porque Jackson decidió cambiarlo cuando quedaba algo más de un minuto para el final. Cosas del Zen.

18 – “Michael Jordan era Dios, Scottie Pippen era Jesús y yo… el diablo

El gran temor que tenían en la gerencia de los Bulls cuando se tanteó el fichaje de Dennis Rodman en 1995 no era, ni de lejos, el deportivo. Todo el mundo en la NBA conocía de sobra las cualidades del gusano. El gran temor era introducir a un tipo tan “especial” como Rodman  en un vestuario con los roles bien definidos y con no pocos egos y personalidades dispares. El resultado deportivo fue inmejorable, y, aunque Pippen confesó que apenas había hablado con Rodman en las tres temporadas que estuvieron juntos en los Chicago Bulls, Rodman quitó años después hierro al asunto. “Lo importante era salir a la cancha, jugar y ganar y lo hicimos. Yo no trabajo para hablar con la gente.” Rodman apagando fuegos, caray.

19 – Los carteros no reparten los domingos

Sin duda, una de las acciones más famosas de trash talking en la historia de la NBA se produjo el domingo 1 de junio de 1997, durante el primer partido de las finales de la NBA de ese año entre Chicago Bulls y Utah Jazz. Con el encuentro empatado y a poco de concluir,  Karl Malone, alias “Mailman”, se encontraba en la línea de tiros libres tras recibir una falta, cuando Pippen se acerca por allí y le susurra al ala-pivot de Utah una frase que pasará a la historia: “Recuerda: el cartero no reparte los domingos.” 

Malone falló los dos lanzamientos y Jordan se encargó del resto.

20 – Un último baile

Durante la temporada 97-98 reina en los Bulls una sensación de fin de ciclo, sensación que se cristaliza tras el segundo anillo ante los Jazz, la retirada de Jordan y la marcha de Phil Jackson a su rancho de Montana. Pippen, quizá el único peso pesado que sí quería continuar al 100% un año más, es traspasado a los Houston Rockets, a cambio de Roy Rogers, en lo que sería la demolición final de una de las máquinas más perfectas de ganar que ha dado la NBA.

21 – Experimento fallido en los Rockets

Pippen llegó a unos Rockets que se habían reforzado también con Charles Barkley y en el que continuaba Hakeen Olajuwon, el enorme soporte de los dos anillos logrados por los texanos en el periplo beisbolero de Michael Jordan. Los Rockets fueron un equipo muy irregular, al que nada ayudó la comprimida temporada que quedó en 199 producto del lockout, y que acabó perdiendo en primera ronda de Play-Offs frente a Lakers de Shaq y Kobe Bryant.

Al acabar la temporada y durante el siguiente verano, Barkley y Pippen cruzaron declaraciones muy pocas amistosas, y el proyecto acabó antes de tiempo con el traspaso de Scottie a los Blazers a cambio de Walt Williams, Stacey Augmon, Ed Gray, Carlos Rogers, Brian Shaw y Kelvin Cato. Así es la vida, un día ganas un anillo y otro te traspasan por Kelvin Cato.

22 – Jail Blazers

Conducción temeraria, marihuana, armas, abusos sexuales… No, no es un episodio de Banshee, son los antecedentes de Zach Randolph, el más claro exponente de ese equipo repleto de calidad que eran los Jail Blazers. Con elementos tales como Ruben Patterson, Damon Stoudemire o Rasheed Wallace, la plantilla parecía estar configurada para explotar en cualquier momento. Los veteranos Sabonis y Pippen seguramente intercambiaron miradas en más de una ocasión, perplejos de estar en un equipo que lo tenía todo, y que no podía dar ese extra necesario por un componente extra deportivo que arrojaba a  sus compañeros  una y otra vez a las páginas de sucesos.

23 – La remontada imposible

Esos Jail Blazers vivieron su momento cumbre durante las finales de la Conferencia Oeste, cuando en el séptimo partido ganaban por 15 puntos de diferencia llegados al último cuarto. Una remontada que pasaría  a la historia de la NBA, culminada con un mate de O´Neal con apenas 41 segundos de juego, alejaría a Pippen para siempre de su séptimo anillo y de la alargada sombra de Jordan.

24 – Vuelta a los Bulls y retirada

Pippen tuvo un arrebato romántico y tres años después regresó a unos Bulls que no se parecían en nada a los de un lustro antes. En plena reconstrucción, un equipo lleno de espinillas, y mucho futuro (o eso parecía) recibieron a Pippen como una especie de maestro, un líder espiritual que debía enseñarles a ganar. Sin embargo, Pippen estaba lejos de poder ofrecer demasiado a sus jóvenes compañeros, y después de 23 partidos, tuvo que decir adiós para siempre. O eso parecía.

 25 – Una loca aventura en Finlandia

Tras especular mucho con su vuelta a la NBA, Pippen ficha por un equipo… ¡finlandés!, el Torpan Pojat, jugando su primer partido el 3 de enero de 2008, día en el que anotaría 12 puntos. Curiosamente, en este desconocido equipo también había jugado tres años antes su compañero Dennis Rodman. Dios los cría y los fineses los juntan.

26 – Ingreso en el Hall of Fame

Jordan fue el encargado de presentarlo en su entrada al Hall of Fame, durante el 2010.“No hay nadie mejor para hacerlo”, añadió con una sonrisa Pippen. “Con Michael he compartido gran parte de mi carrera y junto a él he conseguido casi todo lo que tengo. Fue un gran compañero, maestro y admirador”.

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Foto: NBA

27 – Un 33 en el techo del United Center

Su número “33” fue retirado por los Chicago Bulls  y acompañaría desde entonces al 23 de Jordan, el 4 de Jerry Sloan y el 10 de Bob Love. También en Central Arkansas el 33 reposa en el techo del pabellón

28 – Fijo en el All Star

Scottie Pippen fue un fijo del partido de las estrellas durante la década de los 90 (1990, 1992, 1993, 1994, 1995, 1996 y 1997). En 1994 además logró ser el MVP del partido después de lograr 29 puntos y 11 rebotes.

29 – Tercer jugador con más apariciones en los Play Off

Es el jugador que más partidos ha disputado en Play-Offs tras Horry y Abdul-Jabbar (208) y el segundo con más minutos tras el propio Kareem (8105). Logró llegar a las eliminatorias por el título durante todas sus temporadas en la NBA, excepto la última con Chicago Bulls en 2004

30 – Miembro de un selecto club… y de otro más selecto todavía

Es uno de los 4 jugadores en la historia que ha conseguido liderar a su equipo a final de temporada en puntos, rebotes, asistencias, tapones y robos, junto a Dave Cowens, Kevin Garnett y Lebron James. Esta salvajada estadística la logró, efectivamente, el año del retiro de Jordan (94/95) y en él varias voces pidieron para el alero el MVP de la temporada. Acabó tercero en las votaciones, por detrás de Olajuwon y Robinson.

Además, Pippen puede presumir de ser socio único de un club al que difícilmente se va a poder unir otro jugador en un corto periodo de tiempo: Es el único jugador de la historia en ser dos veces campeón de la NBA y de unas Olimpiadas el mismo año.

31 – Money

En 2007 surgieron rumores acerca de los problemas económicos que sufría Pippen después de varias inversiones desastrosas, en las que perdió cerca de 25 millones de dólares. Según desveló el ‘Chicago Tribune’, Pippen entregó 17 millones de dólares en el 2000 a su asesor personal, Robert J. Lunn, y su firma de inversiones pero nunca se los devolvieron y el dinero se perdió en financiar negocios ruinosos de aviación, comida para gourmets y en la construcción de un complejo de lujo que resultó un fracaso.

32 – Un trabajador incansable

“Recuerdo cuando llegó a la Liga,cada vez que nos enfrentábamos mejoraba respecto al duelo anterior. Siempre progresaba. – Larry Bird” Si alguien sin novia se pone a ver partidos del Pippen ochentero, le costará reconocer al jugador que asombró al mundo unos años más tarde. La capacidad de trabajo que poseía, probablemente inspirado por otro obseso de la perfección como Jordan, es una de las grandes cualidades del alero, que mejoró ostensiblemente su manejo de balón y tiro durante todos los años que permaneció en los Bulls

33 – Legado

Cuando se habla de la figura Pippen es imposible despegarla de un mito como Jordan, con el que, por fortuna o por desgracia, tuvo que convivir durante gran parte de su carrera. Qué hubiese pasado del uno sin el otro es una de las grandes preguntas que siempre quedan en el aire. Probablemente Jordan hubiese ganado, hubiese ganado mucho, pero lo hubiese tenido más difícil sin otra mega estrella a su lado que comprendiera que su compañero, sencillamente no era humano, era la sombra del aire.

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NBA

Al Bianchi, un hombre de baloncesto

Al Bianchi nos dejó hace dos semanas. Una de esas personas cuya vida giró siempre por y para el baloncesto. Ni siquiera tras su retiro se desligó del todo de este mundo.

rjimenez@skyhook.es'

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Fallecido el pasado 28 de octubre en Phoenix, Arizona, de una insuficiencia cardíaca por causas naturales a los 87 años, Al Bianchi fue un tipo vinculado al baloncesto profesional norteamericano durante casi setenta años. Héroe universitario en los 50 y sólido jugador NBA hasta mediados de los 60. Entrenó en la ABA y rozó el anillo en los banquillos de la NBA  a mediados de los 70. Resucitó brevemente a los Knicks a finales de los 80 desde la gerencia general. Y compartió su idiosincrática visión del juego como consultor y ojeador hasta el final de sus días. Érase una vez un hombre a un balón de baloncesto pegado…

Nacido el 26 de marzo de 1932 en el neoyorquino barrio de Long Island City, Queens, Alfred «Al» Bianchi, uno de los tres hijos de los inmigrantes italianos Alfredo y Rose (Sciallo) Bianchi, fue un flacucho y letal francotirador —también un joven tenista de primer nivel pero, afortunadamente, escogió el baloncesto— con aparato dental, que en 1948 sería fundamental para llevar a su instituto de Long Island City a las semifinales de la liga de institutos públicos de Nueva York City, celebradas en el Madison Square Garden. Un lugar que llegaría a conocer como pocos en su vastísima trayectoria.

En las canchas

Bianchi fue reclutado por la Universidad Bowling Green State de Ohio en 1950, donde se convirtió en prolífico anotador desde su posición de base, en la que aprovechaba su entonces notable altura de 1,90 y un juego cada vez más agresivo y físico. Durante sus cuatro temporadas promedió 19,3 puntos por partido, con sus dos últimos años entrando en la historia de la institución —miembro de su Salón de la Fama desde 1965— con promedios récords de 22,1 puntos como junior (1952-53), y de 25 como senior (1953-54), y noches para el recuerdo como los 42 puntos endosados a Western Michigan, récord absoluto de los de Ohio. En esa temporada, Bianchi, apodado «Blinky», que formaba una temible dupla junto a otro icono de la universidad, James Gerber, llevó a los Falcons a un 17-7, lo que les valió una aparición en el National Invitation Tournament de la NCAA. Además de su segundo MVP consecutivo del equipo, Bianchi fue incluido en el All Ohio Team y recibió una mención honorífica en el All American Team. La NBA aguardaba.

Pero no sucedió así. Porque Bianchi, seleccionado en el puesto número 18 —novena selección de la segunda ronda— del Draft de la NBA de 1954 por los Minneapolis Lakers, pasaría los siguientes dos años sirviendo en el Cuerpo Médico del Ejército estadounidense. Y, al reincorporarse a la competición en 1956, los Lakers lo traspasaron a los Syracuse Nationals. Con el equipo del estado de Nueva York jugaría siete años, antes de que este se «mudase» a Filadelfia en 1963, transformándose en los 76ers. En total fueron diez temporadas promediando 8,1 puntos , 2,2 asistencias y 2,5 rebotes por partido en menos de 20 minutos. Un consistente recambio, que destacaba por su fiereza y competitividad, para el excelso backcourt titular de los Nationals formado por Larry Costello y el gran Hal Greer. El 1 de mayo de 1966, los flamantes Chicago Bulls escogieron a Al en el draft de expansión de la NBA, pero nunca llegó a jugar con ellos, retirándose a los 33 años. O, mejor dicho, cambiando las zapatillas y el tiro desde el pecho a dos manos —el two set shot, del que fue uno de sus últimos exponentes— por la pizarra y el libreto de jugadas. 

En los banquillos

Y es que Bianchi pasó a ser el entrenador asistente de su ex-compañero en Syracuse y primer entrenador en la historia de la nueva franquicia de «la ciudad del viento» Johnny «Red» Kerr. Tras un año de formación, Blinky asumió el reto de liderar el banquillo de otro equipo en expansión, los Seattle Supersonics, pese a que en sus dos años en el equipo de Washington tan sólo pudo conseguir una marca perdedora de 53 victorias y 111 derrotas.

En cambio, su siguiente empresa sí sería exitosa y llamativa. Porque Bianchi, un preparador temperamental, con abundantes ataques de ira contra los jugadores que calificaba de «blandos» y los árbitros, con quienes siempre mantuvo una volátil relación de amor-odio, se trasladó a la ABA para ser el entrenador —asumiría su gerencia general posteriormente— de los Washington Caps/Virginia Squires, desde 1969 hasta 1975. En la temporada 1970-1971, la primera en Richmond, Virginia, llevó al equipo al campeonato de la División Este con una marca de 55-29, por lo que fue nombrado Entrenador del Año. Y, al año siguiente, consiguieron hacerse con todo un mito: Julius Erving —a quien Bianchi llamaba «Julie»—, recién salido de la Universidad de Massachusetts. Sin duda alguna, los Squires eran el equipo a seguir de la ABA.

Desgraciadamente, tras la derrota ante los New York Nets en la segunda ronda de los playoffs de 1972, los problemas económicos de los virginianos provocaron la toma de decisiones más que drásticas. Y, una temporada después, convertidos en grandes favoritos al título al juntar al «Dr. J» con George Gervin, los acontecimientos se precipitaron tras la sorpresiva derrota contra Kentucky en primera ronda. «Tuvimos que vender jugadores sólo para sobrevivir», dijo Bianchi a The Richmond Times Dispatch en 2006 sobre la decisión de enviar a Erving a los Nets por «mucho dinero» y George Carter. Y, en 1974, fue Gervin el tradeado a los San Antonio Spurs por 225.000 dólares. Tan sólo sirvió para alargar la agonía. Temporalmente salvados económicamente, pero sin mucho a lo que acogerse —tan sólo contaban con el futuro Hall of Famer Charlie Scott como jugador de renombre—, los aficionados dieron la espalda a los Squires y las derrotas —15-69 en sus dos últimas temporadas— causaron el cese de Bianchi en noviembre de 1975, seis meses antes de que la franquicia desapareciera. «La marcha de Erving me hizo un pésimo entrenador.», afirmó con sorna Blinky tiempo después.

Tras la absorción de la ABA por la NBA en 1976, Jerry Colangelo fichó a Al Bianchi para los Phoenix Suns como entrenador asistente de John MacLeod, en lo que parecía una extraña pareja —emocional y lenguaraz Bianchi, metódico y reflexivo MacLeod—, que funcionó a la perfección. Y es que esa sería su labor más extensa en los banquillos, hasta 1987, aunque su momento de mayor gloria a la vez que frustración llegaría en su primer año, en aquellas fenomenales finales contra los Boston Celtics, mitificadas gracias al quinto partido de la serie, el de la tres prórrogas —para muchos el mejor en la historia de la NBA—, clave para la victoria por 4-2 de los verdes. Al, expulsado en ese encuentro por el árbitro Richie Powers, relataría a The Arizona Republic que «fue mi única oportunidad de ganar un anillo, así que pensé, voy a hacerme uno yo mismo». Era de plata con una piedra turquesa y dos  inscripciones: «Phoenix Suns, 1975-76 World Champs», acompañado de un inapelable «Fuck you, Richie Powers».

En los despachos

Al Bianchi aún tenía varias aventuras que vivir. De hecho, su siguiente singladura fue una de las más relevantes y peliagudas de su carrera, pasando del banquillo de Phoenix al cargo de gerente general de —nada menos— que los New York Knicks. Bianchi tomó las riendas de la gestión knickerbocker en verano de 1987, tras una temporada 1986-87 desastrosa, con tan sólo 24 victorias. A nuestro protagonista no le tembló el pulso en sus primeras decisiones, reemplazando al entrenador Bob Hill —que había sustituido a Hubie Brown— por Rick Pitino, y permitiendo que Bernard King —tras dos años alejado de las canchas tras su gravísima lesión de rodilla— se fuera a los Washington Bullets.

Los cambios salieron bien para ambas partes. Mientras King resucitó su ilustre carrera en Washington, Bianchi acertó con Pitino, cuyo estilo de defensa presionante, ataque a la carrera y mucho tiro exterior, hizo progresar a un equipo cimentado en un joven Patrick Ewing y el rookie Mark Jackson —elegido mejor novato del año—, drafteado por Al desde la universidad de St. John’s. Ese primer año alcanzaron los playoffs, siendo eliminados en primera ronda por los Celtics. No obstante, la temporada 1988-89 sería aún mejor. Bianchi seleccionó a Rod Strickland proveniente de De Paul en la lotería, y se hizo con Charles Oakley y Kiki Vandeweghe vía traspasos. ¿El resultado? 52 triunfos, segundos del Este tras los «Bad Boys» Pistons, y una trayectoria más que notable que sólo truncaría un tal Michael Jordan en las semifinales de conferencia.

Sin embargo, tanto el equipo como la labor de Bianchi se tornaría más errática los dos años siguientes. Pitino renunció en verano del 89 para irse a los Kentucky Wildcats, cruce de declaraciones entre ambos, reflejo de la profunda desconfianza mutua, incluidos. Stu Jackson, su asistente, lo sustituyó al frente de los Knicks y, pese a que el arranque fue bueno, el discutible cambio del prometedor Strickland por el veterano Maurice Cheeks funcionó, y el equipo repitió ronda en playoffs cayendo ante los Pistons, futuros bicampeones, el momentum se esfumó. Al se deshizo de Jackson en diciembre de 1990, dándole el mando a su antiguo colega en Phoenix John MacLeod. Y aunque se apuntó un último tanto fichando al icono del Madison John Starks, tres meses después fue despedido y reemplazado por Dave Checketts.

En 1991, Bianchi regresó a Phoenix para ejercer de ojeador de los Suns, sobre todo en el ámbito universitario, cargo que repitió entre 2004 y 2009 para los Golden State Warriors. Incluido en el New York City Basketball Hall of Fame en septiembre de 2007, en sus últimos años, de nuevo en Arizona, se dedicó a la consultoría y el scouting independientes, labores en las que, no podía ser de otra forma, favorecía al jugador físico y despreciaba la analítica y las estadísticas, puro old school. Estaba preparando sus memorias, Journeyman: Seventy Years Along the Sidelines of Pro-Hoop History, junto a Tom Ambrose —otro tipo de dilatada trayectoria ligada a los Suns—. No podían tener un título más apropiado. Un auténtico hombre de baloncesto.

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NBA

Exponiendo el ‘Fenómeno Dave Cowens’

“Nunca pensé en mí mismo como una estrella de la liga. Yo represento a la clase obrera en la NBA”.

jakonako10@gmail.com'

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Dave Cowens es, posiblemente, uno de los componentes de la prestigiosa lista de los 50 mejores jugadores de la historia de la NBA que menor interés y entusiasmo despierta entre los seguidores de la mejor liga de baloncesto del planeta.

En una década dominada por auténticas leyendas de los tableros como Wilt Chamberlain, Kareem Abdul-Jabbar, Bob McAdoo, Bill Walton, Elvin Hayes o Nate Thurmond, Cowens nunca poseyó el aura de estrellato de sus contemporáneos pese a combatir de tú a tú con todos ellos tanto en premios colectivos como en distinciones individuales.

Su conocimiento del juego, su ética de trabajo, su versatilidad y energía en la cancha lo convirtieron no solo en uno de los ‘5’ más determinantes y respetados de la época, sino que incluso, en muchos momentos, hizo olvidar la ausencia del jugador que había conquistado su undécimo campeonato con los Celtics apenas unos años antes de su llegada a la liga: Bill Russell.

Más allá de sus éxitos como jugador, Dave Cowens era una figura particularmente extravagante e impredecible, notablemente despegada de la masificación multitudinaria de una NBA que, por otro lado, no pasaba por sus mejores años.

“Nunca pensé en mí mismo como una estrella de la liga. Yo represento a la clase obrera en la NBA”, reconocería el exjugador en 1991 durante la ceremonia en la que sería incluido en el ilustre Hall Of Fame. Una frase que resumiría el carácter humilde de un jugador que, a base de una entrega y una fortaleza inconmensurables, se ganaría el respeto de toda la afición de Boston y de sus compañeros de equipo, así como de la gran mayoría de sus rivales repartidos por todos los rincones de la geografía norteamericana.

Curiosamente, y como tantos otros jugadores cuyos testimonios han dado constancia de ello, la vida de Dave Cowens podría haber seguido unos derroteros completamente distintos. Con apenas ocho años de edad, el pequeño dio sus primeros pasos en el mundo de la canasta aunque un enfrentamiento con su entrenador durante su primer año de instituto en la Newport Catholic le hizo abandonar prematuramente el baloncesto para dedicarse al atletismo y la natación.

Su trayectoria deportiva amenazaba con seguir por esta nueva senda y con mínimas opciones de salir de su ciudad natal en el estado de Kentucky de no ser por un sorprendente crecimiento de 13 centímetros en apenas un año, tras lo cual alcanzaría los casi dos metros de estatura.

Una figura mucho más intimidante, curtida durante sus exigentes entrenamientos en ambas disciplinas deportivas, que le abrió de nuevo las puertas del equipo de baloncesto coincidiendo con la llegada de un nuevo entrenador.

El nacimiento del fenómeno

En apenas dos partidos, el novato se ganó la confianza de su técnico y su presencia inamovible en el quinteto inicial. Sus 13 puntos y 20 rebotes de promedio durante su último año ya auguraban un prometedor futuro que se confirmaría años después en la élite norteamericana fruto de su destreza cerca del aro.

El ‘Fenómeno Cowens’ se hallaba en plena ebullición y no pocas fueron las universidades que mostraron interés en reclutar a una de las mayores promesas del país. Sin embargo, la Universidad de Kentucky del legendario coach Adolph Rupp, destino que anhelaba el imberbe Cowens, nunca llegó a llamar a su puerta. Especialmente dolido ante la indiferencia exhibida por el equipo de su estado natal, el jugador optó por hacer las maletas rumbo a la Universidad de Florida State, donde su entrenador Hugh Durham, con quien cuajaría una gran amistad, le prometió la titularidad desde el primer minuto.

El center respondió a esta confianza con creces con unos números globales de 19.2 puntos y 17.0 rebotes en sus tres años con los Seminoles, quienes, sin embargo, no llegaron a firmar ninguna aparición en el torneo final de la NCAA. Su dorsal número 13 es, a día de hoy, el único, en el apartado masculino, que ha sido retirado por la institución deportiva en sus más de cien años de historia.

Su extraordinario rendimiento no pasaría desapercibido en los despachos de Boston. Red Auerbach, todo un maestro en las artes del baloncesto y un genio a la hora de reclutar talento para su equipo, no dudó ni un segundo en seleccionar a Cowens en la cuarta selección del Draft de 1970 en su difícil propósito de hacer olvidar a toda una institución en el lugar como lo fue Bill Russell, retirado un año antes.

Por enésima vez en su carrera, la excelsa intuición de Red dio en la diana con un jugador que, nada más aterrizar en la competición, recibiría el premio al Rookie del Año tras promediar 17.0 puntos y 15.0 rebotes por noche. Unos números que mantendría inamovibles durante sus siete siguientes temporadas en la competición, durante las cuales sería elegido para disputar el All-Star Game en todas y cada una de ellas, además de recibir el galardón al MVP de la temporada en 1973. Aún así no sería hasta un año después cuando la gloria aterrizara de nuevo en Boston en modo de duodécimo campeonato.

En aquellas Finales de 1974, Cowens escribió uno de los capítulos más recordados de su carrera. En el séptimo y definitivo partido, con la cancha de los Bucks de un tal Lew Alcindor como escenario de lujo, el interior dio un auténtico recital en ambos lados de la cancha que se saldó con un doble-doble de 28 puntos y 14 rebotes, y, principalmente, una victoria que devolvía a los Celtics a lo más alto del pabellón baloncestístico norteamericano.

Dos años después, con un tropiezo en medio ante los Washington Bullets de Wes Unseld y Elvin Hayes, los Celtics recuperarían el trono de la NBA tras vencer a Phoenix Suns en unas Finales que se prolongaron hasta el sexto partido y en las que Cowens fue uno de los principales referentes de su equipo con unos números de 21.0 puntos y 16.4 rebotes por partido.

El declive

Sin embargo, ese nuevo campeonato supuso el comienzo del fin de la carrera del de Ketucky. Ese mismo verano, la salida de su gran amigo Paul Silas rumbo a Denver no sentó nada bien a un Cowens que se reunió con Auerbach para comunicarle su “pérdida de entusiasmo por el juego.” Una situación que desencadenó en una de las anécdotas más excéntricas del jugador. Después de confirmar su marcha del equipo al gerente y despedirse de sus compañeros, Dave regresó a su granja familiar para iniciar un negocio de venta de árboles de Navidad.

Curiosamente, apenas unos meses antes había sido protagonista de una historia que el mismo relataría años después a ESPN. Aprovechando la llegada a Boston de un gran amigo de la infancia, el pívot de los Celtics tuvo una idea tan original como excéntrica para mostrarle la ciudad a su invitado. Ni corto ni perezoso, Dave Cowens acudió a una oficina de la Asociación de Taxistas Independientes de Boston y compró, por la módica cantidad de 35 dólares, una licencia profesional. Sería taxista por una noche.

Durante toda la noche, el jugador guió a su amigo por los rincones más emblemáticos de la ciudad e incluso se atrevió a llevar a algunos transeúntes a su lugar de destino. “Hicimos algunos trayectos largos por la ciudad. Nadie me reconoció”, reconocería entre risas durante la entrevista.

Volviendo al caso, ya sea por el mal rumbo del negocio o por la creciente nostalgia del caluroso ambiente del legendario Boston Garden, el periplo emprendedor de Dave Cowens apenas duraría unos meses, tras lo cual regresaría al equipo para completar 50 partidos ese año y otras tres temporadas más en la franquicia de Massachussets.

Unos Celtics que no duraron en honrar a una de las grandes estrellas de su historia con la retirada de su dorsal número 18, el cual ondea en lo más alto del pabellón del equipo junto al de ilustres como Bill Russell, Larry Bird, Bob Cousy o los propios Jo Jo White, John Havlicek y Red Auerbach.

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NBA

Gigantes a hombros de gigantes

Antes de Antetokounmpo y Doncic, antes incluso de Nowitzki y Petrovic, hubo un pionero que desafió a toda una liga. El primer europeo de la historia de la NBA.

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Los galardones de final de temporada tienen este año, más que nunca, sabor europeo. Por primera vez en la historia de la liga, el jugador más valorado y el novato del año vienen desde el otro lado del charco. Los más valientes pueden opinar que los europeos (o al menos los no-americanos) están reinando en la NBA. El griego Giannis Antetokounmpo ha deslumbrado al planeta entero con su potencia y capacidad atlética fuera de lo normal. Luka Doncic, esloveno, al que ya habíamos visto hacer de las suyas en Europa, ha maravillado a la liga americana a pesar de las dudas que suscitaba a ambos lados del Atlántico. Además, en la misma temporada, Marc Gasol, Serge Ibaka, OG Anunoby y Sergio Scariolo se han llevado a casa (en Europa) un anillo de campeones de la NBA.

Ya no recordamos los tiempos en los que ver a un europeo partir hacia la gran liga era todo un hito, cuando los primeros hicieron historia. En nuestra memoria está un imberbe Pau Gasol haciendo un mate por la línea de fondo y poniendo en el póster a Kevin Garnett, está Jorge Garbajosa levantándose desde el triple con el 15 de los Raptors en la espalda y también Rudy Fernández en el concurso de mates con la camiseta de Fernando Martín. Pero antes que todos ellos, antes que Sabonis, que Drazen Petrovic y que Dirk Nowitzki, estuvieron los pioneros, los que abrieron el camino desde el viejo continente hacia las américas. Esos gigantes a los que nuestros gigantes están encaramados.

Algunos, alumnos aventajados nacidos en Europa, recorrieron ese camino años antes, en su etapa universitaria o prácticamente de niños, y pusieron las primeras notas europeas en la liga. A partir de principios de la década de los 80 se instalaron nombres como Uwe Blab o la leyenda alemana Detlef Schrempf. También los pívots Swen Nater (neerlandés) y Petur Gudmundsson (islandés) estuvieron en la NBA después de la transición desde la ABA en 1976. Aun así, todavía nadie había visto a un jugador ser fichado o drafteado directamente desde un equipo europeo. Hasta que ocurrió.

La técnica del goteo

Georgi Glouchkov asfaltó el camino en 1985. El primer europeo en partir hacia la NBA era pívot, búlgaro y firmaba con los Phoenix Suns tras ser elegido por los de Arizona en la séptima ronda del Draft de ese mismo año. La primera intentona, como suele ocurrir con los experimentos, no salió según lo esperado. Glouchkov (2,05 m) era demasiado pequeño para jugar en su posición natural, y demasiado lento para la línea exterior. Además, ganó mucho peso durante esa temporada, y al año siguiente tuvo que regresar por donde había venido, dejando una discreta marca de 4,9 puntos y 3,3 rebotes de media en los 49 partidos que jugó, pero también una huella histórica que abriría la puerta a la otra mitad del mundo del baloncesto.

El siguiente expedicionario nos es muy familiar. El primer español en la NBA, y también el segundo europeo que cruzó el océano para jugar al baloncesto. Fernando Martín se aventuró en la temporada 1986/87 de la liga americana y, como su predecesor, no tuvo el éxito que todo nuestro país deseaba. Martín tuvo un papel muy testimonial en aquella temporada, jugando solo 24 encuentros a razón de 6 minutos por cada uno. El pívot madrileño también regresó al año siguiente a España y, solamente dos años después de aquella gesta histórica, un fatal accidente de coche nos dejó sin el mayor héroe del mundo baloncestístico nacional del siglo XX.

Tarde o temprano, alguien venido del este tenía que triunfar. La mejor liga del planeta no podía ser propiedad exclusiva de los americanos para siempre y, finalmente, a la tercera, haciendo caso al tópico, llegó la vencida. Sarunas Marciulonis, un escolta en aquel entonces soviético, dejó el Statyba Vilnius en 1989 para mudarse a California. Los Golden State Warriors lo esperaban desde hacía dos años, ya que lo habían drafteado en la sexta ronda de 1987. Marciulonis se hizo de rogar, pero finalmente se decidió a intentar hacer historia entre los mejores. Estuvo durante cuatro temporadas en la bahía, y se adaptó al rol de sexto hombre a la perfección. Compartió vestuario con leyendas como Tim Hardaway y Chris Mullin, y entre sus dos últimas temporadas promedió más de 18 puntos por encuentro, siempre desde el banco.

Cuando estaba en la cresta de la ola y ya se había consolidado como el primer aventurero europeo que había conseguido triunfar en la NBA, el azar quiso que un día, jugando en la universidad de Saint Mary, se rompiese el ligamento cruzado de la rodilla. Cuando el New York Times lo anunció ya preveían que se podía perder toda la temporada 1993/94, después de haber sufrido pequeñas lesiones durante la anterior campaña que le permitieron jugar, aunque a gran nivel, solamente 30 partidos. El “sueño americano” se había roto, e iba a necesitar una temporada entera para recuperarlo. Por desgracia, los Warriors dejaron de contar con él, y los últimos tres años de carrera NBA fue saltando por los Sonics, los Kings y los Nuggets, dejando un buen rendimiento pero también mal sabor de boca por “lo que pudo ser”.

Marciulonis no fue otra historia de mala suerte con las lesiones. El primer europeo en triunfar en la NBA, poco antes de que Drazen Petrovic revolucionara Nueva Jersey, demostró que era una buena opción para las franquicias americanas buscar el talento al otro lado del Atlántico. En 2014, la NBA lo reconoció como uno de los pioneros y lo introdujo en el Hall of Fame, en el que ya figuraban los nombres de Petrovic (2002) y Arvydas Sabonis (2011). Además, su notoriedad aumentó fuera de las canchas, ya que estuvo muy involucrado en el crecimiento baloncestístico de Lituania una vez se deshizo la URSS.

Sarunas Marciulonis es el responsable de la creación de la liga de baloncesto lituana, la actual LKL, y fue uno de los principales impulsores de la primera selección nacional. Contando con que Lituania consiguió la independencia en 1990, y en los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 consiguieron la medalla de bronce, podríamos decir que el país báltico está muy en deuda con él en este aspecto. Pero más allá de eso, el valor simbólico de este jugador es histórico. Él extendió la alfombra para que pasara Toni Kukoc hasta ganar el título de Mejor Sexto Hombre en 1996. Él separó las aguas para que Dirk Nowitzki se conviertiese en el primer MVP europeo de la historia de la liga en 2007, y también para que Pau Gasol fuese el primer Rookie del Año europeo en 2002.

Justo ahora, en los Dallas Mavericks, Nowitzki entrega el testigo a Luka Doncic. Cada vez hay más jugadores que triunfan en la liga americana después de haber iniciado su carrera en Europa. Giannis, que estuvo a punto de jugar en el CAI Zaragoza (y la ACB lo presentaba como “Adetocunbo”), recoge ahora el Maurice Podoloff con la expectativa de ser uno de los jugadores más dominantes de la liga en los próximos años. Los hermanos Gasol, Dirk, Antetokounmpo, Jokic… Todos son gigantes subidos a hombros, entre otros, del legado de Marciulonis.

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