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Perfiles NBA

Scottie Pippen en 33 momentos

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1 – Un pequeño base de Arkansas

Scottie Pippen nació en 1965 en un minúsculo pueblo al sur de Arkansas, en la América profunda. Lejos del físico privilegiado que pasearía durante los 80 y los 90 por las pistas de la NBA, Pippen apenas superaba el 1,75 al comenzar su periodo en High School. Allí, en Hamburg, estaría bajo las ordenes de Donald Wayne, que tiraría de contactos para que pudiese jugar en la Universidad, después de no recibir ninguna beca, a pesar de ser el base estrella de su equipo, que alcanzó los Play-off del estado.

2 – Rumbo a una universidad de segunda

En 1983 recala en la Universidad de Central  Arkansas, un centro semi desconocido y ajeno a la tradición de grandes nombres de colleges americanos. Apartado de miradas y altas expectativas, Pippen da un cambio brutal tanto técnico como físico (en su segundo año ya sobrepasa los dos metros de altura) y se convierte en la indiscutible estrella del equipo.

En la temporada de su graduación el anonimato ya es cosa del pasado gracias a su casi 24 puntos por partido y su nombre sube como la espuma en draft del 87.

3 – Jerry Krause y el traspaso necesario

Pippen fue escogido en quinto lugar por los Bulls, posición que lograron en un traspaso con los Sonics. Que el alero jugara para una universidad de segunda fila lo convirtió en una de las revelaciones del draft, y por tanto, en una de las elecciones con las que Jerry Krause más presumió de buen ojo. Sin embargo, Pippen, siempre decía, con cierta sorna, que “no sería tan desconocido cuando tuvo que hacer varios traspasos y conseguir el quinto pick para poder escogerme”.

Efectivamente, su relación con Krause no fue demasiado cordial.

4 – Una complicada temporada de novato

En su primera temporada como jugador de los Bulls no logró hacerse con la confianza de un tambaleante Doug Collins, muy cuestionado, y que empezaba a ver peligrar su silla en favor de su bigotudo ayudante, Phil Jackson.

Scottie debutó el 7 de noviembre de 1987 ante los Philadelphia 76ers de Charles Barkley y Maurice Cheeks anotando diez puntos. Esa temporada promediaría 7,9 puntos por partido y no sería titular ni una sola vez.

5 – Su hermano Horace Grant

Horace Grant llegó al mismo tiempo que Pippen a los Bulls y pronto congeniaron. Con muchos puntos personales en común, constituyeron un apoyo mutuo durante los primeros y duros años en Chicago, en los cuales dejaban muchas dudas de su verdadera valía ante aficionados, prensa e incluso Michael Jordan, que tenía a Grant como objeto continuo de burlas. Uno de los peores momentos de la carrera de Pippen fue cuando Horace no renovó con los Bulls para marcharse a uno de sus grandes rivales por aquel entonces, los Magic de Orlando.

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6 – Básico en el triángulo… y en la defensa

Cuando Phil Jackson se decide a implantar el famoso triángulo mágico de Winter en los Bulls, y a sabiendas de la complejidad de lograrlo, requiere de los servicios de su ayudante en materias defensiva Johnny Bach para que diseñe un sistema defensivo que permita al equipo sobrevivir mientras se ajusta el revolucionario ataque.

Bach diseña un sistema de presión con el que ahoga las líneas de pase del rival, y que se suministra de la maravillosa capacidad de Pippen para este cometido, gracias al cual será considerado uno de los mejores defensores de la liga durante toda una década.

7 – Una inoportuna jaqueca ante los Pistons

Uno de los episodios que más lastraron al Pippen pre-anillos ocurrió durante la final de la Conferencia Este de 1990. Antes del séptimo partido que los Bulls jugarían en Detroit ante los odiados Pistons, el alero llegó al estadio quejándose de un fuerte dolor de cabeza.

Fruto de esa jaqueca, Pippen jugó a un nivel bajísimo y fue señalado como uno de los principales culpables de la debacle que sufrieron los de Chicago (el otro fue Horace Grant). Los medios de comunicación consideraron ese repentino dolor de cabeza una excusa ante la presión (y el miedo) que supuso ese partido final ante los Pistons, y señalarían a Pippen durante muchos años con la sospecha de que en los momentos importantes no aparecía, dejando sin ayuda a un Michal Jordan que acabó llorando a solas en el autobús del equipo tras perder por más de 20 puntos.

8 – Redención ante Magic y primer anillo

Un año después tuvo la primera oportunidad de redimirse. Tras una temporada fabulosa, los Bulls llegaban a su primera final de la NBA ante los Lakers de Magic y Divac. Pese a que los de Illinois eran ampliamente favoritos, los californianos se llevaron el primer partido en el Chicago Stadium gracias a un triple de Sam Perkins. Sin embargo, en el segundo, Pippen se hizo cargo de la defensa de Magic, algo que sorprendió al base (y a todo el que presenció el partido) cambiando el rumbo con el que había comenzado la final.

Una vez conseguido el anillo, Phil Jackson reconoció que hubo mucho de casualidad en ese emparejamiento, y que se trató de un fallo comunicativo… que acabó saliendo genial.

9 – Toni Kukoc y su venganza personal

Toni Kukoc no fue un compañero más de Pippen. El croata, de forma indirecta, provocó fuertes turbulencias en el vestuario de los Bulls a principios de 1991, momento en el que el interés por el europeo se tomó por parte de la plantilla como un capricho de la franquicia, más pendiente de buscar tesoros improbables que en cubrir las necesidades reales de un equipo campeón.

El caso más paradigmático de esto ocurrió con la renovación de Pippen, que fue retrasada en distintas ocasiones por  la indecisión de Kukoc, que no terminaba de aceptar la mareante oferta que Krause le había puesto sobre la mesa, a costa de congelar una parte del salary cap del equipo, que, en otras circunstancias, hubiese servido para renovar de forma más sencilla a un Pippen, que incluso, se vio amenazado por Krause cuando fue a quejarse de la situación: “Nunca olvides que fue cosa mía sacarte de Seattle. Me lo debes todo”

Scottie Pippen

Foto: NBA

10 – Jordan se retira y llega el momento de dar un paso al frente

Jordan, tras la muerte de su padre y una temporada de acoso y derribo por parte de la prensa sobre su vida privada, se marcha a jugar al béisbol. En ese momento, todas las miradas recaen sobre Pippen, que da un paso al frente y juega para la que muchos es su mejor temporada como profesional, firmando su tope de anotador (22 puntos por partido) y confirmándose como el líder del equipo en sustitución de Air.

11 – El tiempo muerto que le bajó a los infiernos

Ese liderazgo quedó en entredicho la tarde del viernes 13 de mayo de 1994, durante los últimos instantes del tercer partido de segunda ronda ante New York Knicks, que, tras ir perdiendo durante casi todo el partido, consiguen empatar el partido a 1,8 segundos de que concluya. Phil Jackson pide tiempo muerto y prepara una última jugada… ¡para Kukoc! La sorpresa, que ya es generalizada, se hace mayúscula cuando Pippen se niega a saltar a la pista. Myers pone el balón en manos del croata y la media vuelta de Kukoc ya es historia. Pippen estuvo cerca de ser traspasado ese verano por el ala-pívot Shawn Kemp.

12 – Un arbitraje lamentable le saca de ‘sus’ Playoffs

Pero sigamos con esa serie de Playoffs, ahora en el quinto y durísimo partido, como no podía ser de otra forma, ante el cemento que eran los Knicks. De nuevo, y gracias a un sensacional Pippen, los Bulls arriba en el marcador, hasta que llega el momento caliente.  Con 7’6 en el electrónico y empate a 86, sacan los Knicks de banda. Starks recibe la pelota, bota con problemas hacia la zona y saca un pase abierto para Davis, que se levanta de tres… y recibe una falta de Pippen cuando ya ha saltado la bola para un triple imposible. Jackson clama a Buda por la banda, mientras que Pippen se sienta en la mesa de anotación, incrédulo. Los Knicks ganarían la serie y mandarían a casa el sueño de Pippen como líder indiscutible.

13 – Un dedo, una silueta y la vuelta del mito

Durante la siguiente temporada los rumores de la vuelta de Michael Jordan, tras su discreto paso por el béisbol, fueron creciendo de forma exponencial cada semana. Tras un encuentro amistoso en el viejo Chicago Stadium, practicamente se daba por hecho el retorno del mito, que fue “reclamado” por su compañero Pippen de una forma muy símbolica. Señalándose las suelas de sus zapatillas Nike, de las que emergía la silueta del mejor jugador de todos los tiempos.

14 – Aterrizaje en Jamaica

A lo largo de su carrera, Scottie Pippen ha protagonizado cientos de acciones espectaculares, producto de un alero con un físico único como el suyo. Sin embargo, quizá la acción más espectacular, plástica y simbólica de su carrera sea un mate sobre Patrick Ewing, santo y seña de los Knicks que tan fieramente pelearon ante los Bulls, y que como vimos en el punto anterior, tanto sufrió el jugador de Arkansas.

El mate se produce tras un contragolpe Bull, y tras hundir la pelota por encima del jamaicano, Pippen se encara y deja aflorar toda su rabia. Al pívot no le sentó demasiado bien.

15 – Dream Team del 92…  y 96

El alero estuvo presente en el equipo que maravilló al mundo un verano de 1992, el Dream Team que se llevó el oro en Barcelona y que juntó a la mayor colección de estrellas jamás vistas. Pippen, que reconoció años después su sorpresa por la llamada para el equipo USA -no pocos pidieron la entrada de Dominique Wilkins en su puesto- no tuvo una actuación excesivamente brillante, salvo en un partido, contra Croacia. En ese choque, el jugador de los Bulls se tomó como algo personal la defensa sobre Toni Kukoc, y a fé que lo consiguió, sacando por completo de partido al croata, que tuvo un primer contacto sobre lo que le esperaba si se decidía a cruzar el charco.

También logró el oro cuatro años después, en Atlanta 96, en lo que fue llamado el Dream Team III.

16 – 1996, el año más convulso en lo personal

1996 fue un gran año en lo deportivo. Los Bulls, tras la vuelta de Jordan, el fichaje de Rodman y la aclimatación definitiva de Kukoc a la liga, volvían a ser el equipo más fuerte de la liga y muestra de ello fue el anillo que se consiguió ese año. Sin embargo para Pippen fue un año especialmente complicado,tras ser acusado de violencia doméstica (llegó a ser arrestado), y para colmo, una modelo presentó una demanda de paternidad a “Pip”, que acabó pagando manutención al niño pese a que siempre negó que fuera el padre.

17 – Logra su tope anotador con 47 puntos ante Denver Nuggets

El 18 de febrero de 1997 Pippen destrozó a los Nuggets en lo que fue su mayor hit ofensivo durante los casi tres lustros de carrera que amontonó el alero de Arkansas. Ese partido, irónicamente,  acabó con los pitos del público del United Center, que se quedaron con las ganas de ver a Scottie alcanzar los 50 puntos porque Jackson decidió cambiarlo cuando quedaba algo más de un minuto para el final. Cosas del Zen.

18 – “Michael Jordan era Dios, Scottie Pippen era Jesús y yo… el diablo

El gran temor que tenían en la gerencia de los Bulls cuando se tanteó el fichaje de Dennis Rodman en 1995 no era, ni de lejos, el deportivo. Todo el mundo en la NBA conocía de sobra las cualidades del gusano. El gran temor era introducir a un tipo tan “especial” como Rodman  en un vestuario con los roles bien definidos y con no pocos egos y personalidades dispares. El resultado deportivo fue inmejorable, y, aunque Pippen confesó que apenas había hablado con Rodman en las tres temporadas que estuvieron juntos en los Chicago Bulls, Rodman quitó años después hierro al asunto. “Lo importante era salir a la cancha, jugar y ganar y lo hicimos. Yo no trabajo para hablar con la gente.” Rodman apagando fuegos, caray.

19 – Los carteros no reparten los domingos

Sin duda, una de las acciones más famosas de trash talking en la historia de la NBA se produjo el domingo 1 de junio de 1997, durante el primer partido de las finales de la NBA de ese año entre Chicago Bulls y Utah Jazz. Con el encuentro empatado y a poco de concluir,  Karl Malone, alias “Mailman”, se encontraba en la línea de tiros libres tras recibir una falta, cuando Pippen se acerca por allí y le susurra al ala-pivot de Utah una frase que pasará a la historia: “Recuerda: el cartero no reparte los domingos.” 

Malone falló los dos lanzamientos y Jordan se encargó del resto.

20 – Un último baile

Durante la temporada 97-98 reina en los Bulls una sensación de fin de ciclo, sensación que se cristaliza tras el segundo anillo ante los Jazz, la retirada de Jordan y la marcha de Phil Jackson a su rancho de Montana. Pippen, quizá el único peso pesado que sí quería continuar al 100% un año más, es traspasado a los Houston Rockets, a cambio de Roy Rogers, en lo que sería la demolición final de una de las máquinas más perfectas de ganar que ha dado la NBA.

21 – Experimento fallido en los Rockets

Pippen llegó a unos Rockets que se habían reforzado también con Charles Barkley y en el que continuaba Hakeen Olajuwon, el enorme soporte de los dos anillos logrados por los texanos en el periplo beisbolero de Michael Jordan. Los Rockets fueron un equipo muy irregular, al que nada ayudó la comprimida temporada que quedó en 199 producto del lockout, y que acabó perdiendo en primera ronda de Play-Offs frente a Lakers de Shaq y Kobe Bryant.

Al acabar la temporada y durante el siguiente verano, Barkley y Pippen cruzaron declaraciones muy pocas amistosas, y el proyecto acabó antes de tiempo con el traspaso de Scottie a los Blazers a cambio de Walt Williams, Stacey Augmon, Ed Gray, Carlos Rogers, Brian Shaw y Kelvin Cato. Así es la vida, un día ganas un anillo y otro te traspasan por Kelvin Cato.

22 – Jail Blazers

Conducción temeraria, marihuana, armas, abusos sexuales… No, no es un episodio de Banshee, son los antecedentes de Zach Randolph, el más claro exponente de ese equipo repleto de calidad que eran los Jail Blazers. Con elementos tales como Ruben Patterson, Damon Stoudemire o Rasheed Wallace, la plantilla parecía estar configurada para explotar en cualquier momento. Los veteranos Sabonis y Pippen seguramente intercambiaron miradas en más de una ocasión, perplejos de estar en un equipo que lo tenía todo, y que no podía dar ese extra necesario por un componente extra deportivo que arrojaba a  sus compañeros  una y otra vez a las páginas de sucesos.

23 – La remontada imposible

Esos Jail Blazers vivieron su momento cumbre durante las finales de la Conferencia Oeste, cuando en el séptimo partido ganaban por 15 puntos de diferencia llegados al último cuarto. Una remontada que pasaría  a la historia de la NBA, culminada con un mate de O´Neal con apenas 41 segundos de juego, alejaría a Pippen para siempre de su séptimo anillo y de la alargada sombra de Jordan.

24 – Vuelta a los Bulls y retirada

Pippen tuvo un arrebato romántico y tres años después regresó a unos Bulls que no se parecían en nada a los de un lustro antes. En plena reconstrucción, un equipo lleno de espinillas, y mucho futuro (o eso parecía) recibieron a Pippen como una especie de maestro, un líder espiritual que debía enseñarles a ganar. Sin embargo, Pippen estaba lejos de poder ofrecer demasiado a sus jóvenes compañeros, y después de 23 partidos, tuvo que decir adiós para siempre. O eso parecía.

 25 – Una loca aventura en Finlandia

Tras especular mucho con su vuelta a la NBA, Pippen ficha por un equipo… ¡finlandés!, el Torpan Pojat, jugando su primer partido el 3 de enero de 2008, día en el que anotaría 12 puntos. Curiosamente, en este desconocido equipo también había jugado tres años antes su compañero Dennis Rodman. Dios los cría y los fineses los juntan.

26 – Ingreso en el Hall of Fame

Jordan fue el encargado de presentarlo en su entrada al Hall of Fame, durante el 2010.“No hay nadie mejor para hacerlo”, añadió con una sonrisa Pippen. “Con Michael he compartido gran parte de mi carrera y junto a él he conseguido casi todo lo que tengo. Fue un gran compañero, maestro y admirador”.

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Foto: NBA

27 – Un 33 en el techo del United Center

Su número “33” fue retirado por los Chicago Bulls  y acompañaría desde entonces al 23 de Jordan, el 4 de Jerry Sloan y el 10 de Bob Love. También en Central Arkansas el 33 reposa en el techo del pabellón

28 – Fijo en el All Star

Scottie Pippen fue un fijo del partido de las estrellas durante la década de los 90 (1990, 1992, 1993, 1994, 1995, 1996 y 1997). En 1994 además logró ser el MVP del partido después de lograr 29 puntos y 11 rebotes.

29 – Tercer jugador con más apariciones en los Play Off

Es el jugador que más partidos ha disputado en Play-Offs tras Horry y Abdul-Jabbar (208) y el segundo con más minutos tras el propio Kareem (8105). Logró llegar a las eliminatorias por el título durante todas sus temporadas en la NBA, excepto la última con Chicago Bulls en 2004

30 – Miembro de un selecto club… y de otro más selecto todavía

Es uno de los 4 jugadores en la historia que ha conseguido liderar a su equipo a final de temporada en puntos, rebotes, asistencias, tapones y robos, junto a Dave Cowens, Kevin Garnett y Lebron James. Esta salvajada estadística la logró, efectivamente, el año del retiro de Jordan (94/95) y en él varias voces pidieron para el alero el MVP de la temporada. Acabó tercero en las votaciones, por detrás de Olajuwon y Robinson.

Además, Pippen puede presumir de ser socio único de un club al que difícilmente se va a poder unir otro jugador en un corto periodo de tiempo: Es el único jugador de la historia en ser dos veces campeón de la NBA y de unas Olimpiadas el mismo año.

31 – Money

En 2007 surgieron rumores acerca de los problemas económicos que sufría Pippen después de varias inversiones desastrosas, en las que perdió cerca de 25 millones de dólares. Según desveló el ‘Chicago Tribune’, Pippen entregó 17 millones de dólares en el 2000 a su asesor personal, Robert J. Lunn, y su firma de inversiones pero nunca se los devolvieron y el dinero se perdió en financiar negocios ruinosos de aviación, comida para gourmets y en la construcción de un complejo de lujo que resultó un fracaso.

32 – Un trabajador incansable

“Recuerdo cuando llegó a la Liga,cada vez que nos enfrentábamos mejoraba respecto al duelo anterior. Siempre progresaba. – Larry Bird” Si alguien sin novia se pone a ver partidos del Pippen ochentero, le costará reconocer al jugador que asombró al mundo unos años más tarde. La capacidad de trabajo que poseía, probablemente inspirado por otro obseso de la perfección como Jordan, es una de las grandes cualidades del alero, que mejoró ostensiblemente su manejo de balón y tiro durante todos los años que permaneció en los Bulls

33 – Legado

Cuando se habla de la figura Pippen es imposible despegarla de un mito como Jordan, con el que, por fortuna o por desgracia, tuvo que convivir durante gran parte de su carrera. Qué hubiese pasado del uno sin el otro es una de las grandes preguntas que siempre quedan en el aire. Probablemente Jordan hubiese ganado, hubiese ganado mucho, pero lo hubiese tenido más difícil sin otra mega estrella a su lado que comprendiera que su compañero, sencillamente no era humano, era la sombra del aire.

Foto: NBA

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NBA

Exponiendo el ‘Fenómeno Cowens’

“Nunca pensé en mí mismo como una estrella de la liga. Yo represento a la clase obrera en la NBA”.

jakonako10@gmail.com'

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Dave Cowens es, posiblemente, uno de los componentes de la prestigiosa lista de los 50 mejores jugadores de la historia de la NBA que menor interés y entusiasmo despierta entre los seguidores de la mejor liga de baloncesto del planeta.

En una década dominada por auténticas leyendas de los tableros como Wilt Chamberlain, Kareem Abdul-Jabbar, Bob McAdoo, Bill Walton, Elvin Hayes o Nate Thurmond, Cowens nunca poseyó el aura de estrellato de sus contemporáneos pese a combatir de tú a tú con todos ellos tanto en premios colectivos como en distinciones individuales.

Su conocimiento del juego, su ética de trabajo, su versatilidad y energía en la cancha lo convirtieron no solo en uno de los ‘5’ más determinantes y respetados de la época, sino que incluso, en muchos momentos, hizo olvidar la ausencia del jugador que había conquistado su undécimo campeonato con los Celtics apenas unos años antes de su llegada a la liga: Bill Russell.

Más allá de sus éxitos como jugador, Cowens era una figura particularmente extravagante e impredecible, notablemente despegada de la masificación multitudinaria de una NBA que, por otro lado, no pasaba por sus mejores años.

“Nunca pensé en mí mismo como una estrella de la liga. Yo represento a la clase obrera en la NBA”, reconocería el exjugador en 1991 durante la ceremonia en la que sería incluido en el ilustre Hall Of Fame. Una frase que resumiría el carácter humilde de un jugador que, a base de una entrega y una fortaleza inconmensurables, se ganaría el respeto de toda la afición de Boston y de sus compañeros de equipo, así como de la gran mayoría de sus rivales repartidos por todos los rincones de la geografía norteamericana.

Curiosamente, y como tantos otros jugadores cuyos testimonios han dado constancia de ello, la vida de Cowens podría haber seguido unos derroteros completamente distintos. Con apenas ocho años de edad, el pequeño Dave dio sus primeros pasos en el mundo de la canasta aunque un enfrentamiento con su entrenador durante su primer año de instituto en la Newport Catholic le hizo abandonar prematuramente el baloncesto para dedicarse al atletismo y la natación.

Su trayectoria deportiva amenazaba con seguir por esta nueva senda y con mínimas opciones de salir de su ciudad natal en el estado de Kentucky de no ser por un sorprendente crecimiento de 13 centímetros en apenas un año, tras lo cual alcanzaría los casi dos metros de estatura.

Una figura mucho más intimidante, curtida durante sus exigentes entrenamientos en ambas disciplinas deportivas, que le abrió de nuevo las puertas del equipo de baloncesto coincidiendo con la llegada de un nuevo entrenador.

El nacimiento del fenómeno

En apenas dos partidos, el novato se ganó la confianza de su técnico y su presencia inamovible en el quinteto inicial. Sus 13 puntos y 20 rebotes de promedio durante su último año ya auguraban un prometedor futuro que se confirmaría años después en la élite norteamericana fruto de su destreza cerca del aro.

El ‘Fenómeno Cowens’ se hallaba en plena ebullición y no pocas fueron las universidades que mostraron interés en reclutar a una de las mayores promesas del país. Sin embargo, la Universidad de Kentucky del legendario coach Adolph Rupp, destino que anhelaba el imberbe Cowens, nunca llegó a llamar a su puerta. Especialmente dolido ante la indiferencia exhibida por el equipo de su estado natal, el jugador optó por hacer las maletas rumbo a la Universidad de Florida State, donde su entrenador Hugh Durham, con quien cuajaría una gran amistad, le prometió la titularidad desde el primer minuto.

El center respondió a esta confianza con creces con unos números globales de 19.2 puntos y 17.0 rebotes en sus tres años con los Seminoles, quienes, sin embargo, no llegaron a firmar ninguna aparición en el torneo final de la NCAA. Su dorsal número 13 es, a día de hoy, el único, en el apartado masculino, que ha sido retirado por la institución deportiva en sus más de cien años de historia.

Su extraordinario rendimiento no pasaría desapercibido en los despachos de Boston. Red Auerbach, todo un maestro en las artes del baloncesto y un genio a la hora de reclutar talento para su equipo, no dudó ni un segundo en seleccionar a Cowens en la cuarta selección del Draft de 1970 en su difícil propósito de hacer olvidar a toda una institución en el lugar como lo fue Bill Russell, retirado un año antes.

Por enésima vez en su carrera, la excelsa intuición de Red dio en la diana con un jugador que, nada más aterrizar en la competición, recibiría el premio al Rookie del Año tras promediar 17.0 puntos y 15.0 rebotes por noche. Unos números que mantendría inamovibles durante sus siete siguientes temporadas en la competición, durante las cuales sería elegido para disputar el All-Star Game en todas y cada una de ellas, además de recibir el galardón al MVP de la temporada en 1973. Aún así no sería hasta un año después cuando la gloria aterrizara de nuevo en Boston en modo de duodécimo campeonato.

En aquellas Finales de 1974, Cowens escribió uno de los capítulos más recordados de su carrera. En el séptimo y definitivo partido, con la cancha de los Bucks de un tal Lew Alcindor como escenario de lujo, el interior dio un auténtico recital en ambos lados de la cancha que se saldó con un doble-doble de 28 puntos y 14 rebotes, y, principalmente, una victoria que devolvía a los Celtics a lo más alto del pabellón baloncestístico norteamericano.

Dos años después, con un tropiezo en medio ante los Washington Bullets de Wes Unseld y Elvin Hayes, los Celtics recuperarían el trono de la NBA tras vencer a Phoenix Suns en unas Finales que se prolongaron hasta el sexto partido y en las que Cowens fue uno de los principales referentes de su equipo con unos números de 21.0 puntos y 16.4 rebotes por partido.

El declive

Sin embargo, ese nuevo campeonato supuso el comienzo del fin de la carrera del de Ketucky. Ese mismo verano, la salida de su gran amigo Paul Silas rumbo a Denver no sentó nada bien a un Cowens que se reunió con Auerbach para comunicarle su “pérdida de entusiasmo por el juego.” Una situación que desencadenó en una de las anécdotas más excéntricas del jugador. Después de confirmar su marcha del equipo al gerente y despedirse de sus compañeros, Dave regresó a su granja familiar para iniciar un negocio de venta de árboles de Navidad.

Curiosamente, apenas unos meses antes había sido protagonista de una historia que el mismo relataría años después a ESPN. Aprovechando la llegada a Boston de un gran amigo de la infancia, el pívot de los Celtics tuvo una idea tan original como excéntrica para mostrarle la ciudad a su invitado. Ni corto ni perezoso, Cowens acudió a una oficina de la Asociación de Taxistas Independientes de Boston y compró, por la módica cantidad de 35 dólares, una licencia profesional. Sería taxista por una noche.

Durante toda la noche, el jugador guió a su amigo por los rincones más emblemáticos de la ciudad e incluso se atrevió a llevar a algunos transeúntes a su lugar de destino. “Hicimos algunos trayectos largos por la ciudad. Nadie me reconoció”, reconocería entre risas durante la entrevista.

Volviendo al caso, ya sea por el mal rumbo del negocio o por la creciente nostalgia del caluroso ambiente del legendario Boston Garden, el periplo emprendedor de Cowens apenas duraría unos meses, tras lo cual regresaría al equipo para completar 50 partidos ese año y otras tres temporadas más en la franquicia de Massachussets.

Unos Celtics que no duraron en honrar a una de las grandes estrellas de su historia con la retirada de su dorsal número 18, el cual ondea en lo más alto del pabellón del equipo junto al de ilustres como Bill Russell, Larry Bird, Bob Cousy o los propios Jo Jo White, John Havlicek y Red Auerbach.

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NBA

Gigantes a hombros de gigantes

Antes de Antetokounmpo y Doncic, antes incluso de Nowitzki y Petrovic, hubo un pionero que desafió a toda una liga. El primer europeo de la historia de la NBA.

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Los galardones de final de temporada tienen este año, más que nunca, sabor europeo. Por primera vez en la historia de la liga, el jugador más valorado y el novato del año vienen desde el otro lado del charco. Los más valientes pueden opinar que los europeos (o al menos los no-americanos) están reinando en la NBA. El griego Giannis Antetokounmpo ha deslumbrado al planeta entero con su potencia y capacidad atlética fuera de lo normal. Luka Doncic, esloveno, al que ya habíamos visto hacer de las suyas en Europa, ha maravillado a la liga americana a pesar de las dudas que suscitaba a ambos lados del Atlántico. Además, en la misma temporada, Marc Gasol, Serge Ibaka, OG Anunoby y Sergio Scariolo se han llevado a casa (en Europa) un anillo de campeones de la NBA.

Ya no recordamos los tiempos en los que ver a un europeo partir hacia la gran liga era todo un hito, cuando los primeros hicieron historia. En nuestra memoria está un imberbe Pau Gasol haciendo un mate por la línea de fondo y poniendo en el póster a Kevin Garnett, está Jorge Garbajosa levantándose desde el triple con el 15 de los Raptors en la espalda y también Rudy Fernández en el concurso de mates con la camiseta de Fernando Martín. Pero antes que todos ellos, antes que Sabonis, que Drazen Petrovic y que Dirk Nowitzki, estuvieron los pioneros, los que abrieron el camino desde el viejo continente hacia las américas. Esos gigantes a los que nuestros gigantes están encaramados.

Algunos, alumnos aventajados nacidos en Europa, recorrieron ese camino años antes, en su etapa universitaria o prácticamente de niños, y pusieron las primeras notas europeas en la liga. A partir de principios de la década de los 80 se instalaron nombres como Uwe Blab o la leyenda alemana Detlef Schrempf. También los pívots Swen Nater (neerlandés) y Petur Gudmundsson (islandés) estuvieron en la NBA después de la transición desde la ABA en 1976. Aun así, todavía nadie había visto a un jugador ser fichado o drafteado directamente desde un equipo europeo. Hasta que ocurrió.

La técnica del goteo

Georgi Glouchkov asfaltó el camino en 1985. El primer europeo en partir hacia la NBA era pívot, búlgaro y firmaba con los Phoenix Suns tras ser elegido por los de Arizona en la séptima ronda del Draft de ese mismo año. La primera intentona, como suele ocurrir con los experimentos, no salió según lo esperado. Glouchkov (2,05 m) era demasiado pequeño para jugar en su posición natural, y demasiado lento para la línea exterior. Además, ganó mucho peso durante esa temporada, y al año siguiente tuvo que regresar por donde había venido, dejando una discreta marca de 4,9 puntos y 3,3 rebotes de media en los 49 partidos que jugó, pero también una huella histórica que abriría la puerta a la otra mitad del mundo del baloncesto.

El siguiente expedicionario nos es muy familiar. El primer español en la NBA, y también el segundo europeo que cruzó el océano para jugar al baloncesto. Fernando Martín se aventuró en la temporada 1986/87 de la liga americana y, como su predecesor, no tuvo el éxito que todo nuestro país deseaba. Martín tuvo un papel muy testimonial en aquella temporada, jugando solo 24 encuentros a razón de 6 minutos por cada uno. El pívot madrileño también regresó al año siguiente a España y, solamente dos años después de aquella gesta histórica, un fatal accidente de coche nos dejó sin el mayor héroe del mundo baloncestístico nacional del siglo XX.

Tarde o temprano, alguien venido del este tenía que triunfar. La mejor liga del planeta no podía ser propiedad exclusiva de los americanos para siempre y, finalmente, a la tercera, haciendo caso al tópico, llegó la vencida. Sarunas Marciulonis, un escolta en aquel entonces soviético, dejó el Statyba Vilnius en 1989 para mudarse a California. Los Golden State Warriors lo esperaban desde hacía dos años, ya que lo habían drafteado en la sexta ronda de 1987. Marciulonis se hizo de rogar, pero finalmente se decidió a intentar hacer historia entre los mejores. Estuvo durante cuatro temporadas en la bahía, y se adaptó al rol de sexto hombre a la perfección. Compartió vestuario con leyendas como Tim Hardaway y Chris Mullin, y entre sus dos últimas temporadas promedió más de 18 puntos por encuentro, siempre desde el banco.

Cuando estaba en la cresta de la ola y ya se había consolidado como el primer aventurero europeo que había conseguido triunfar en la NBA, el azar quiso que un día, jugando en la universidad de Saint Mary, se rompiese el ligamento cruzado de la rodilla. Cuando el New York Times lo anunció ya preveían que se podía perder toda la temporada 1993/94, después de haber sufrido pequeñas lesiones durante la anterior campaña que le permitieron jugar, aunque a gran nivel, solamente 30 partidos. El “sueño americano” se había roto, e iba a necesitar una temporada entera para recuperarlo. Por desgracia, los Warriors dejaron de contar con él, y los últimos tres años de carrera NBA fue saltando por los Sonics, los Kings y los Nuggets, dejando un buen rendimiento pero también mal sabor de boca por “lo que pudo ser”.

Marciulonis no fue otra historia de mala suerte con las lesiones. El primer europeo en triunfar en la NBA, poco antes de que Drazen Petrovic revolucionara Nueva Jersey, demostró que era una buena opción para las franquicias americanas buscar el talento al otro lado del Atlántico. En 2014, la NBA lo reconoció como uno de los pioneros y lo introdujo en el Hall of Fame, en el que ya figuraban los nombres de Petrovic (2002) y Arvydas Sabonis (2011). Además, su notoriedad aumentó fuera de las canchas, ya que estuvo muy involucrado en el crecimiento baloncestístico de Lituania una vez se deshizo la URSS.

Sarunas Marciulonis es el responsable de la creación de la liga de baloncesto lituana, la actual LKL, y fue uno de los principales impulsores de la primera selección nacional. Contando con que Lituania consiguió la independencia en 1990, y en los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 consiguieron la medalla de bronce, podríamos decir que el país báltico está muy en deuda con él en este aspecto. Pero más allá de eso, el valor simbólico de este jugador es histórico. Él extendió la alfombra para que pasara Toni Kukoc hasta ganar el título de Mejor Sexto Hombre en 1996. Él separó las aguas para que Dirk Nowitzki se conviertiese en el primer MVP europeo de la historia de la liga en 2007, y también para que Pau Gasol fuese el primer Rookie del Año europeo en 2002.

Justo ahora, en los Dallas Mavericks, Nowitzki entrega el testigo a Luka Doncic. Cada vez hay más jugadores que triunfan en la liga americana después de haber iniciado su carrera en Europa. Giannis, que estuvo a punto de jugar en el CAI Zaragoza (y la ACB lo presentaba como “Adetocunbo”), recoge ahora el Maurice Podoloff con la expectativa de ser uno de los jugadores más dominantes de la liga en los próximos años. Los hermanos Gasol, Dirk, Antetokounmpo, Jokic… Todos son gigantes subidos a hombros, entre otros, del legado de Marciulonis.

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Perfiles NBA

Daniel Biasone, el santo patrón de la NBA

1918. Un barco llega a la Isla de Eli cargado de inmigrantes europeos que huían de la Primera Guerra Mundial. En él viajaba la familia Biasone.

Andres.weiss99@gmail.com'

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Al Campanie / The Post-Standard / Syracuse.com

La vida en Miglianico, un pueblo que se encuentra a unos kilómetros de distancia del Adriático y que pertenece a la provincia de Chieti, transcurre con tranquilidad. La gente del lugar dedica su día y su noche a trabajar en el campo, sin olvidarse de seguir desarrollando los cultivos que, históricamente, pertenecen a la tradición de esta región, y que tinta de tonalidades monótonas y sencillas el discurrir del tiempo. El buen clima acompaña a la gente que pasa su vida en este pequeño poblamiento que a día de hoy no llega a los 5000 habitantes, y que además observa los Apeninos con todo su esplendor con cada amanecer.

El Abruzzo, la región que da nombre al vino que aquí se cultiva, es el hogar del 75% de las especies animales que se encuentran en el continente europeo, y se conoce como la “Región verde de Europa”. Una región en la que el tiempo no pasa, en la que la calma toma la actividad de las gentes de a pie, que se dedican a esquivar los problemas derivados del cultivo en la incomodidad del terreno. Y tal y como describió Primo Levi en 1883, en su libro “Abruzzo, forte e gentile”, el terreno describe a su gente, y a su historia. Una historia que les ha moldeado, y caracterizado, como un pueblo que sigue para adelante sin tener en cuenta todo lo que sucede alrededor, o en sus propias fronteras. Por no hablar de lo que pasa a 6986 kilómetros de distancia.

Y es que a 4341 millas de la villa italiana, hace poco más de un siglo, un efecto cercano al conocido “Efecto mariposa” comenzaba, cuando Leo Biasone arribaba a Syracuse, que tomó el conocimiento que venía de Europa para establecer una comparativa entre esta tierra del norte de Nueva York y una pequeña localidad de la isla de Sicilia, para dotarle de un nombre a la nueva tierra descubierta en Norte América. Una llegada que se produjo en 1913, 5 años antes de que la historia del baloncesto profesional cambiase para siempre, sin siquiera haber comenzado a florecer.

Estamos en 1918, cuando un barco llega a Ellis Island, conocida en España como “La Isla de Eli”, lugar de llegada habitual para los inmigrantes que partían de distintos puntos de Europa, y recibían una inscripción previa antes de poder comenzar una nueva vida desde cero. En este barco, que se halla repleto de migrantes italianos, hay muchas familias que, por lo difícil que es la vida en Europa a posteriori de la 1ª Guerra Mundial, tratan de encontrar un nuevo hogar en el que arraigar sus tradiciones y linajes.

Y este es el caso de los Biasone, que llegaban a Estados Unidos con la madre, Bambina, como cabeza de familia. Por ello, cuando se queden atrapados aquí durante varios días de letargo y sopor debido a un brote de gripe que preocupaba a las autoridades norteamericanas y que les hacía pensar en la deportación de los recién llegados, la esperanza no desaparecerá del ánimo de los jóvenes Biasone. Joseph y Danny escuchaban insistentemente a su madre decir que sabía que su padre aparecería, tal y como acabó sucediendo tras unos pocos días que asemejaron ser toda una vida.

Danny, que tenía 10 años cuando llega a Estados Unidos, apenas recordaba a su padre, pues habían estado 5 años sin verle. Entonces, haciendo honor a sus orígenes, se establecen en Syracuse, pues no estaban muy contentos con la idea de vivir en “la gran ciudad” que suponía mudarse a Nueva York. Este rechazo, este recelo, será algo que le acompañará durante toda la vida, y uno de los motivos por los que comenzará a estar ligado, casi 30 años después de su llegada, al baloncesto profesional.

Damos un salto en el tiempo en nuestro DeLorean particular, llegando hasta 1946, año 0 en la relación de Biasone y el baloncesto. Y es que Danny, que había sido una estrella de Instituto jugando de “Quarterback”, nunca se había dedicado al baloncesto profesional, y había tomado caminos en la vida que no estaban asociados al deporte.

Emprender, crecer y convertirse en leyenda

En 1936 compró y abrió un restaurante, y 5 años después se hizo con el local que acabaría transformando en bolera, su verdadero hogar a lo largo de toda su existencia. Y, casi como si estuviera previsto, 10 años después de lanzarse al mundo de las inversiones, realizó una jugada maestra que cambiaría el mundo del baloncesto para siempre. Con 1.000$ en las manos, cantidad que probablemente le costó sudor y sangre ahorrar e invertir, saltó al vacío y le dio a Syracuse lo que le había prometido. Compromiso adquirido tras la negativa de los Rochester Royals de disputar un partido en la localidad de Nueva York, fundando en 1946 los Syracuse Nationals, que entrarían a competir en la National Basketball League.

Esta cifra, la de los 1.000$, que con el foco de la actualidad parece minúsculo, resulta incluso difícil de comprender tras el pertinente cálculo de la inflación que ha habido tras más de 50 años. Y es que esos 1.000$, en 2019, habrían sido una ínfima cantidad de 13.000$, cifra cuanto menos ridícula en comparación con los 2 mil millones que se pagaron por los Rockets o los Clippers hace menos de 5 años.

El nombre, por cierto, de Nationals llegó como otro compromiso a añadir al objetivo de dotar a la ciudad de un equipo profesional del que pudieran sentirse aficionados, propios y orgullosos. Y es que les dio ese apodo pues su primer y único objetivo era hacer campeones -nacionales- al equipo que acababa de fundar. Dándose cuenta años más tarde de que esto no sería posible si continuaban en la NBL, pues era una liga de ciudades y regiones pequeñas, que acabó siendo absorbida por la Basketball Asociation of America (BAA) en 1949, conformando la NBA que conocemos a día de hoy.

Y aunque era consciente del bajo nivel de la competición, pues Lester Harrison -dueño de los Royals- se había encargado de asegurárselo por activa y por pasiva, él decidió continuar en la liga que le había acogido en primer lugar, y aceptar la fusión que se llevó a cabo en el último año de la década de los 40.

El estilo de Daniel Biasone a la hora de llevar el negocio era diferente al resto de propietarios. Es decir, muy diferente. Él era de un pequeño pueblo, con pequeñas aspiraciones y negocios a su altura y al nivel de sus expectativas, y por eso siempre se había decantado por Syracuse, por la cercanía de la “familia”. Un lazo que creó con los jugadores que visitaban su hogar. Que tomaban de su comida. Y que formaban parte de su rutina diaria en la bolera o sobre la pista de baloncesto.

Cuentan (Syracuse.com) que cuando Dolph Schayes le reclamó 7.500$ en su contrato rookie las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, pues Schayes estaba llamado a dominar la competición sin miramientos y no podía dejar que Nueva York, la gran ciudad, ese símbolo contra el que siempre había peleado, le ganara la partida. Pero finalmente lo consiguió. Y juntos formaron una pareja que cambiaría la NBA para siempre.

Biasone y su esposa no dejaron hijos, pero sí un legado que no podrá ser borrado ni olvidado nunca. Y Schayes lo sabía. Este es el motivo de que su hijo, Danny, recibiera su nombre. La cercanía en la vida de Biasone lo era todo. Al igual que el baloncesto.

El baloncesto, una especie en peligro de extinción en los años 50

Por ello, cuando entraron en la recién nacida competición que recibió el apelativo de NBA el objetivo continuó siendo el mismo. Y muy cerca estuvieron de conseguirlo en su primer intento, si no llega a ser por el legendario George Mikan. Los Minneapolis Lakers, que habían acabado con el segundo mejor porcentaje de victorias de la competición, pues el primero lo ostentaban los Nationals, llegaban como favoritos tras haber logrado imponerse en la NBL 2 años antes y en la BAA el año previo.

No era para menos. Mikan había conseguido sumar 27 puntos por noche siendo el máximo anotador de los 17 equipos que aquí se encontraban, y estaba bien rodeado de compañeros eficientes como Jim Pollard o Vern Mikkelsen. En cambio, los Nats’ tenían un bloque de buenos jugadores pero Schayes todavía no había explotado todo su potencial de súperestrella.

Y tal y como se esperaba, los Lakers vencieron 4 a 2 en las primeras Finales de la historia de la NBA. Mikan, que llegó a promediar más de 32 puntos durante la eliminatoria, anotó 40 puntos en el último encuentro de la serie, certificando en un partido de proporciones históricas la victoria de su equipo. Y cerrándole las puertas “en la cara” a unos Nationals que ya se habían visto con su objetivo cumplido en la punta de los dedos.

Tras este curso la liga bajó a 11 equipos la temporada siguiente, empezó a perder popularidad y audiencia y los pabellones -o locales “de segunda” en los que se jugara- ya no se llenaban con tal facilidad. Y Biasone tenía la causa, y la solución, con claridad en su mente. El baloncesto se había convertido en un pasatiempo aburrido.

Bases muy bien dotados para el juego, como Bob Cousy o Andy Philip, no hacían más que driblar en los últimos cuartos de los partidos una vez conseguían una ventaja en el marcador, y solamente soltaban la pelota cuando recibían una falta del contrario, y se dirigían a la línea de la personal a agrandar esta distancia a base de tiros libres.

El mejor ejemplo de este problema tuvo lugar precisamente cuando los Minneapolis Lakers de Mikan se enfrentaron a los Fort Wayne Pistons en noviembre de 1950. Este partido, que se saldó con un tanteo mínimo en toda la historia de la competición de 19 a 18 favorable para los de Michigan, solamente contó con 8 tiros de campo anotados en total. Teniendo en cuenta que únicamente había canastas de dos puntos, y que esto confirma que 16 puntos fueron completados en juego… 21 puntos vinieron desde el tiro libre.

Pero este no es el único caso destacable, para mal. Y es que 3 años después, en 1953, con los Nationals y los Celtics como protagonistas, el “aburrimiento” se apoderó de una serie que se presuponía iba a ser entretenida. El partido, que acabó con un Cousy por encima de los 30 puntos solamente desde los libres, tuvo 106 faltas señalizadas y 128 tiros libres intentados. Un año más tarde, como punto definitivo a añadir, Syracuse estuvo presente en otro terrible partido de PlayOffs en el que los tiros libres le ganaron la partida a las canastas 75 a 34.

Biasone, por tanto, sabía de lo que hablaba. Había vivido en sus carnes como propietario el declive de algo que todavía no había acabado de arrancar y que podía vivir un final absolutamente prematuro si no se le ponía una solución de inmediato. Y esa solución era ponerle un “tiempo” a los partidos, más allá de que contaran con su propia duración.

La revolución “italiana” de 1954

El cálculo fue sencillo, o eso le parecía a él, que había visto como a Howard Hobson se le había hecho imposible que le tomaran en serio cuando en Yale propuso que los partidos universitarios recibieran una limitación de 30 segundos por posesión. Danny, que se dio cuenta de que cada partido tenía una media estimada de 120 lanzamientos, introdujo estos 60 tiros por equipo en los 2880 segundos que tenía el partido, dando así con una media de un lanzamiento por cada 24 segundos.

Este cambio, aparentamente sencillo, no gustó entre los “grandes” propietarios, millonarios escépticos que se estaban jugando sus inversiones con un cambio sin precedentes. Pero como no tenían otras opciones, al final acabaron aceptando esta decisión en 1954, pero no sin pelear. Tras la exposición de sus argumentos en la reunión que tenía lugar en Nueva York cada verano, Daniel Biasone se dio cuenta de que sus compañeros todavía no estaban del todo seguros. Esto desencadenó que se realizara una “prueba amistosa” que demostrase el cambio a positivo que supondría esto. Una prueba acabó siendo todo un éxito.

Era 10 de agosto, en Syracuse, y el calor húmedo de Nueva York asolaba como nunca se había visto. Entonces, en el norte de la ciudad, en el Vocational High School, 10 propietarios entraron en un campo en el que había un grupo de 10 jugadores que se someterían a la prueba, y así comprobar cuán efectiva resultaba esta solución. Dolph Schayes y Paul Seymour, integrantes de los Nationals, se encontraban entre estos 10 nombres.

El partido transcurrió rápido, se intentaron muchos tiros, hubo muchas posesiones y, lo más necesario, espectáculo. El encuentro nunca se paró, los jugadores corrían de un lado para otro sin parangón y cuando se acercaban al final de la posesión, el italiano se encargaba de recordar que tenían que efectuar un lanzamiento contando los últimos 5 segundos a voz en grito. Y así consiguió demostrar que era justo lo que necesitaban.

Esa campaña el promedio anotador pasó de 79 a 93 puntos, lo que supuso una mejora del 18%, y la cantidad de conjuntos que sobrepasaron los 100 puntos en la post-temporada se elevó de 3 a 18. 3 años más tarde, todos los equipos promediaban más de una centena de tantos por noche, habiendo sido los Celtics de Red Auerbach los primeros en hacerlo. Un hombre, el verde, que reclamó toda su vida que Biasone debía tener su sitio en el Olimpo de la NBA.

La revolución temporal había llegado, la liga despegó, y el espectáculo no ha decaído desde entonces. Y todo gracias a la idea de un italiano bajito que, tomando las propias palabras del otrora comisionado Maurice Podoloff, es el Santo Patrón de la NBA, pues llegó con una idea única y acabó salvando la competición.

Y como todas las historias, las buenas historias, a Daniel Biasone aún le esperaba un logro más, un hecho que acabara de certificar que todo lo que siempre había pretendido había sido logrado. Ya que en la misma campaña en que “su” reloj se implementó, su Syracuse se hizo con su primer y único título de campeones. Al final, los Nationals acabaron haciendo honor a su nombre, y a su hombre, una santidad que salvó la NBA sin pedir nada a cambio.

Fuentes: New York Times / NBA.com / Syracuse.com

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