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Perfiles NBA

Scottie Pippen en 33 momentos

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1 – Un pequeño base de Arkansas

Scottie Pippen nació en 1965 en un minúsculo pueblo al sur de Arkansas, en la América profunda. Lejos del físico privilegiado que pasearía durante los 80 y los 90 por las pistas de la NBA, Pippen apenas superaba el 1,75 al comenzar su periodo en High School. Allí, en Hamburg, estaría bajo las ordenes de Donald Wayne, que tiraría de contactos para que pudiese jugar en la Universidad, después de no recibir ninguna beca, a pesar de ser el base estrella de su equipo, que alcanzó los Play-off del estado.

2 – Rumbo a una universidad de segunda

En 1983 recala en la Universidad de Central  Arkansas, un centro semi desconocido y ajeno a la tradición de grandes nombres de colleges americanos. Apartado de miradas y altas expectativas, Pippen da un cambio brutal tanto técnico como físico (en su segundo año ya sobrepasa los dos metros de altura) y se convierte en la indiscutible estrella del equipo.

En la temporada de su graduación el anonimato ya es cosa del pasado gracias a su casi 24 puntos por partido y su nombre sube como la espuma en draft del 87.

3 – Jerry Krause y el traspaso necesario

Pippen fue escogido en quinto lugar por los Bulls, posición que lograron en un traspaso con los Sonics. Que el alero jugara para una universidad de segunda fila lo convirtió en una de las revelaciones del draft, y por tanto, en una de las elecciones con las que Jerry Krause más presumió de buen ojo. Sin embargo, Pippen, siempre decía, con cierta sorna, que “no sería tan desconocido cuando tuvo que hacer varios traspasos y conseguir el quinto pick para poder escogerme”.

Efectivamente, su relación con Krause no fue demasiado cordial.

4 – Una complicada temporada de novato

En su primera temporada como jugador de los Bulls no logró hacerse con la confianza de un tambaleante Doug Collins, muy cuestionado, y que empezaba a ver peligrar su silla en favor de su bigotudo ayudante, Phil Jackson.

Scottie debutó el 7 de noviembre de 1987 ante los Philadelphia 76ers de Charles Barkley y Maurice Cheeks anotando diez puntos. Esa temporada promediaría 7,9 puntos por partido y no sería titular ni una sola vez.

5 – Su hermano Horace Grant

Horace Grant llegó al mismo tiempo que Pippen a los Bulls y pronto congeniaron. Con muchos puntos personales en común, constituyeron un apoyo mutuo durante los primeros y duros años en Chicago, en los cuales dejaban muchas dudas de su verdadera valía ante aficionados, prensa e incluso Michael Jordan, que tenía a Grant como objeto continuo de burlas. Uno de los peores momentos de la carrera de Pippen fue cuando Horace no renovó con los Bulls para marcharse a uno de sus grandes rivales por aquel entonces, los Magic de Orlando.

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6 – Básico en el triángulo… y en la defensa

Cuando Phil Jackson se decide a implantar el famoso triángulo mágico de Winter en los Bulls, y a sabiendas de la complejidad de lograrlo, requiere de los servicios de su ayudante en materias defensiva Johnny Bach para que diseñe un sistema defensivo que permita al equipo sobrevivir mientras se ajusta el revolucionario ataque.

Bach diseña un sistema de presión con el que ahoga las líneas de pase del rival, y que se suministra de la maravillosa capacidad de Pippen para este cometido, gracias al cual será considerado uno de los mejores defensores de la liga durante toda una década.

7 – Una inoportuna jaqueca ante los Pistons

Uno de los episodios que más lastraron al Pippen pre-anillos ocurrió durante la final de la Conferencia Este de 1990. Antes del séptimo partido que los Bulls jugarían en Detroit ante los odiados Pistons, el alero llegó al estadio quejándose de un fuerte dolor de cabeza.

Fruto de esa jaqueca, Pippen jugó a un nivel bajísimo y fue señalado como uno de los principales culpables de la debacle que sufrieron los de Chicago (el otro fue Horace Grant). Los medios de comunicación consideraron ese repentino dolor de cabeza una excusa ante la presión (y el miedo) que supuso ese partido final ante los Pistons, y señalarían a Pippen durante muchos años con la sospecha de que en los momentos importantes no aparecía, dejando sin ayuda a un Michal Jordan que acabó llorando a solas en el autobús del equipo tras perder por más de 20 puntos.

8 – Redención ante Magic y primer anillo

Un año después tuvo la primera oportunidad de redimirse. Tras una temporada fabulosa, los Bulls llegaban a su primera final de la NBA ante los Lakers de Magic y Divac. Pese a que los de Illinois eran ampliamente favoritos, los californianos se llevaron el primer partido en el Chicago Stadium gracias a un triple de Sam Perkins. Sin embargo, en el segundo, Pippen se hizo cargo de la defensa de Magic, algo que sorprendió al base (y a todo el que presenció el partido) cambiando el rumbo con el que había comenzado la final.

Una vez conseguido el anillo, Phil Jackson reconoció que hubo mucho de casualidad en ese emparejamiento, y que se trató de un fallo comunicativo… que acabó saliendo genial.

9 – Toni Kukoc y su venganza personal

Toni Kukoc no fue un compañero más de Pippen. El croata, de forma indirecta, provocó fuertes turbulencias en el vestuario de los Bulls a principios de 1991, momento en el que el interés por el europeo se tomó por parte de la plantilla como un capricho de la franquicia, más pendiente de buscar tesoros improbables que en cubrir las necesidades reales de un equipo campeón.

El caso más paradigmático de esto ocurrió con la renovación de Pippen, que fue retrasada en distintas ocasiones por  la indecisión de Kukoc, que no terminaba de aceptar la mareante oferta que Krause le había puesto sobre la mesa, a costa de congelar una parte del salary cap del equipo, que, en otras circunstancias, hubiese servido para renovar de forma más sencilla a un Pippen, que incluso, se vio amenazado por Krause cuando fue a quejarse de la situación: “Nunca olvides que fue cosa mía sacarte de Seattle. Me lo debes todo”

Scottie Pippen

Foto: NBA

10 – Jordan se retira y llega el momento de dar un paso al frente

Jordan, tras la muerte de su padre y una temporada de acoso y derribo por parte de la prensa sobre su vida privada, se marcha a jugar al béisbol. En ese momento, todas las miradas recaen sobre Pippen, que da un paso al frente y juega para la que muchos es su mejor temporada como profesional, firmando su tope de anotador (22 puntos por partido) y confirmándose como el líder del equipo en sustitución de Air.

11 – El tiempo muerto que le bajó a los infiernos

Ese liderazgo quedó en entredicho la tarde del viernes 13 de mayo de 1994, durante los últimos instantes del tercer partido de segunda ronda ante New York Knicks, que, tras ir perdiendo durante casi todo el partido, consiguen empatar el partido a 1,8 segundos de que concluya. Phil Jackson pide tiempo muerto y prepara una última jugada… ¡para Kukoc! La sorpresa, que ya es generalizada, se hace mayúscula cuando Pippen se niega a saltar a la pista. Myers pone el balón en manos del croata y la media vuelta de Kukoc ya es historia. Pippen estuvo cerca de ser traspasado ese verano por el ala-pívot Shawn Kemp.

12 – Un arbitraje lamentable le saca de ‘sus’ Playoffs

Pero sigamos con esa serie de Playoffs, ahora en el quinto y durísimo partido, como no podía ser de otra forma, ante el cemento que eran los Knicks. De nuevo, y gracias a un sensacional Pippen, los Bulls arriba en el marcador, hasta que llega el momento caliente.  Con 7’6 en el electrónico y empate a 86, sacan los Knicks de banda. Starks recibe la pelota, bota con problemas hacia la zona y saca un pase abierto para Davis, que se levanta de tres… y recibe una falta de Pippen cuando ya ha saltado la bola para un triple imposible. Jackson clama a Buda por la banda, mientras que Pippen se sienta en la mesa de anotación, incrédulo. Los Knicks ganarían la serie y mandarían a casa el sueño de Pippen como líder indiscutible.

13 – Un dedo, una silueta y la vuelta del mito

Durante la siguiente temporada los rumores de la vuelta de Michael Jordan, tras su discreto paso por el béisbol, fueron creciendo de forma exponencial cada semana. Tras un encuentro amistoso en el viejo Chicago Stadium, practicamente se daba por hecho el retorno del mito, que fue “reclamado” por su compañero Pippen de una forma muy símbolica. Señalándose las suelas de sus zapatillas Nike, de las que emergía la silueta del mejor jugador de todos los tiempos.

14 – Aterrizaje en Jamaica

A lo largo de su carrera, Scottie Pippen ha protagonizado cientos de acciones espectaculares, producto de un alero con un físico único como el suyo. Sin embargo, quizá la acción más espectacular, plástica y simbólica de su carrera sea un mate sobre Patrick Ewing, santo y seña de los Knicks que tan fieramente pelearon ante los Bulls, y que como vimos en el punto anterior, tanto sufrió el jugador de Arkansas.

El mate se produce tras un contragolpe Bull, y tras hundir la pelota por encima del jamaicano, Pippen se encara y deja aflorar toda su rabia. Al pívot no le sentó demasiado bien.

15 – Dream Team del 92…  y 96

El alero estuvo presente en el equipo que maravilló al mundo un verano de 1992, el Dream Team que se llevó el oro en Barcelona y que juntó a la mayor colección de estrellas jamás vistas. Pippen, que reconoció años después su sorpresa por la llamada para el equipo USA -no pocos pidieron la entrada de Dominique Wilkins en su puesto- no tuvo una actuación excesivamente brillante, salvo en un partido, contra Croacia. En ese choque, el jugador de los Bulls se tomó como algo personal la defensa sobre Toni Kukoc, y a fé que lo consiguió, sacando por completo de partido al croata, que tuvo un primer contacto sobre lo que le esperaba si se decidía a cruzar el charco.

También logró el oro cuatro años después, en Atlanta 96, en lo que fue llamado el Dream Team III.

16 – 1996, el año más convulso en lo personal

1996 fue un gran año en lo deportivo. Los Bulls, tras la vuelta de Jordan, el fichaje de Rodman y la aclimatación definitiva de Kukoc a la liga, volvían a ser el equipo más fuerte de la liga y muestra de ello fue el anillo que se consiguió ese año. Sin embargo para Pippen fue un año especialmente complicado,tras ser acusado de violencia doméstica (llegó a ser arrestado), y para colmo, una modelo presentó una demanda de paternidad a “Pip”, que acabó pagando manutención al niño pese a que siempre negó que fuera el padre.

17 – Logra su tope anotador con 47 puntos ante Denver Nuggets

El 18 de febrero de 1997 Pippen destrozó a los Nuggets en lo que fue su mayor hit ofensivo durante los casi tres lustros de carrera que amontonó el alero de Arkansas. Ese partido, irónicamente,  acabó con los pitos del público del United Center, que se quedaron con las ganas de ver a Scottie alcanzar los 50 puntos porque Jackson decidió cambiarlo cuando quedaba algo más de un minuto para el final. Cosas del Zen.

18 – “Michael Jordan era Dios, Scottie Pippen era Jesús y yo… el diablo

El gran temor que tenían en la gerencia de los Bulls cuando se tanteó el fichaje de Dennis Rodman en 1995 no era, ni de lejos, el deportivo. Todo el mundo en la NBA conocía de sobra las cualidades del gusano. El gran temor era introducir a un tipo tan “especial” como Rodman  en un vestuario con los roles bien definidos y con no pocos egos y personalidades dispares. El resultado deportivo fue inmejorable, y, aunque Pippen confesó que apenas había hablado con Rodman en las tres temporadas que estuvieron juntos en los Chicago Bulls, Rodman quitó años después hierro al asunto. “Lo importante era salir a la cancha, jugar y ganar y lo hicimos. Yo no trabajo para hablar con la gente.” Rodman apagando fuegos, caray.

19 – Los carteros no reparten los domingos

Sin duda, una de las acciones más famosas de trash talking en la historia de la NBA se produjo el domingo 1 de junio de 1997, durante el primer partido de las finales de la NBA de ese año entre Chicago Bulls y Utah Jazz. Con el encuentro empatado y a poco de concluir,  Karl Malone, alias “Mailman”, se encontraba en la línea de tiros libres tras recibir una falta, cuando Pippen se acerca por allí y le susurra al ala-pivot de Utah una frase que pasará a la historia: “Recuerda: el cartero no reparte los domingos.” 

Malone falló los dos lanzamientos y Jordan se encargó del resto.

20 – Un último baile

Durante la temporada 97-98 reina en los Bulls una sensación de fin de ciclo, sensación que se cristaliza tras el segundo anillo ante los Jazz, la retirada de Jordan y la marcha de Phil Jackson a su rancho de Montana. Pippen, quizá el único peso pesado que sí quería continuar al 100% un año más, es traspasado a los Houston Rockets, a cambio de Roy Rogers, en lo que sería la demolición final de una de las máquinas más perfectas de ganar que ha dado la NBA.

21 – Experimento fallido en los Rockets

Pippen llegó a unos Rockets que se habían reforzado también con Charles Barkley y en el que continuaba Hakeen Olajuwon, el enorme soporte de los dos anillos logrados por los texanos en el periplo beisbolero de Michael Jordan. Los Rockets fueron un equipo muy irregular, al que nada ayudó la comprimida temporada que quedó en 199 producto del lockout, y que acabó perdiendo en primera ronda de Play-Offs frente a Lakers de Shaq y Kobe Bryant.

Al acabar la temporada y durante el siguiente verano, Barkley y Pippen cruzaron declaraciones muy pocas amistosas, y el proyecto acabó antes de tiempo con el traspaso de Scottie a los Blazers a cambio de Walt Williams, Stacey Augmon, Ed Gray, Carlos Rogers, Brian Shaw y Kelvin Cato. Así es la vida, un día ganas un anillo y otro te traspasan por Kelvin Cato.

22 – Jail Blazers

Conducción temeraria, marihuana, armas, abusos sexuales… No, no es un episodio de Banshee, son los antecedentes de Zach Randolph, el más claro exponente de ese equipo repleto de calidad que eran los Jail Blazers. Con elementos tales como Ruben Patterson, Damon Stoudemire o Rasheed Wallace, la plantilla parecía estar configurada para explotar en cualquier momento. Los veteranos Sabonis y Pippen seguramente intercambiaron miradas en más de una ocasión, perplejos de estar en un equipo que lo tenía todo, y que no podía dar ese extra necesario por un componente extra deportivo que arrojaba a  sus compañeros  una y otra vez a las páginas de sucesos.

23 – La remontada imposible

Esos Jail Blazers vivieron su momento cumbre durante las finales de la Conferencia Oeste, cuando en el séptimo partido ganaban por 15 puntos de diferencia llegados al último cuarto. Una remontada que pasaría  a la historia de la NBA, culminada con un mate de O´Neal con apenas 41 segundos de juego, alejaría a Pippen para siempre de su séptimo anillo y de la alargada sombra de Jordan.

24 – Vuelta a los Bulls y retirada

Pippen tuvo un arrebato romántico y tres años después regresó a unos Bulls que no se parecían en nada a los de un lustro antes. En plena reconstrucción, un equipo lleno de espinillas, y mucho futuro (o eso parecía) recibieron a Pippen como una especie de maestro, un líder espiritual que debía enseñarles a ganar. Sin embargo, Pippen estaba lejos de poder ofrecer demasiado a sus jóvenes compañeros, y después de 23 partidos, tuvo que decir adiós para siempre. O eso parecía.

 25 – Una loca aventura en Finlandia

Tras especular mucho con su vuelta a la NBA, Pippen ficha por un equipo… ¡finlandés!, el Torpan Pojat, jugando su primer partido el 3 de enero de 2008, día en el que anotaría 12 puntos. Curiosamente, en este desconocido equipo también había jugado tres años antes su compañero Dennis Rodman. Dios los cría y los fineses los juntan.

26 – Ingreso en el Hall of Fame

Jordan fue el encargado de presentarlo en su entrada al Hall of Fame, durante el 2010.“No hay nadie mejor para hacerlo”, añadió con una sonrisa Pippen. “Con Michael he compartido gran parte de mi carrera y junto a él he conseguido casi todo lo que tengo. Fue un gran compañero, maestro y admirador”.

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Foto: NBA

27 – Un 33 en el techo del United Center

Su número “33” fue retirado por los Chicago Bulls  y acompañaría desde entonces al 23 de Jordan, el 4 de Jerry Sloan y el 10 de Bob Love. También en Central Arkansas el 33 reposa en el techo del pabellón

28 – Fijo en el All Star

Scottie Pippen fue un fijo del partido de las estrellas durante la década de los 90 (1990, 1992, 1993, 1994, 1995, 1996 y 1997). En 1994 además logró ser el MVP del partido después de lograr 29 puntos y 11 rebotes.

29 – Tercer jugador con más apariciones en los Play Off

Es el jugador que más partidos ha disputado en Play-Offs tras Horry y Abdul-Jabbar (208) y el segundo con más minutos tras el propio Kareem (8105). Logró llegar a las eliminatorias por el título durante todas sus temporadas en la NBA, excepto la última con Chicago Bulls en 2004

30 – Miembro de un selecto club… y de otro más selecto todavía

Es uno de los 4 jugadores en la historia que ha conseguido liderar a su equipo a final de temporada en puntos, rebotes, asistencias, tapones y robos, junto a Dave Cowens, Kevin Garnett y Lebron James. Esta salvajada estadística la logró, efectivamente, el año del retiro de Jordan (94/95) y en él varias voces pidieron para el alero el MVP de la temporada. Acabó tercero en las votaciones, por detrás de Olajuwon y Robinson.

Además, Pippen puede presumir de ser socio único de un club al que difícilmente se va a poder unir otro jugador en un corto periodo de tiempo: Es el único jugador de la historia en ser dos veces campeón de la NBA y de unas Olimpiadas el mismo año.

31 – Money

En 2007 surgieron rumores acerca de los problemas económicos que sufría Pippen después de varias inversiones desastrosas, en las que perdió cerca de 25 millones de dólares. Según desveló el ‘Chicago Tribune’, Pippen entregó 17 millones de dólares en el 2000 a su asesor personal, Robert J. Lunn, y su firma de inversiones pero nunca se los devolvieron y el dinero se perdió en financiar negocios ruinosos de aviación, comida para gourmets y en la construcción de un complejo de lujo que resultó un fracaso.

32 – Un trabajador incansable

“Recuerdo cuando llegó a la Liga,cada vez que nos enfrentábamos mejoraba respecto al duelo anterior. Siempre progresaba. – Larry Bird” Si alguien sin novia se pone a ver partidos del Pippen ochentero, le costará reconocer al jugador que asombró al mundo unos años más tarde. La capacidad de trabajo que poseía, probablemente inspirado por otro obseso de la perfección como Jordan, es una de las grandes cualidades del alero, que mejoró ostensiblemente su manejo de balón y tiro durante todos los años que permaneció en los Bulls

33 – Legado

Cuando se habla de la figura Pippen es imposible despegarla de un mito como Jordan, con el que, por fortuna o por desgracia, tuvo que convivir durante gran parte de su carrera. Qué hubiese pasado del uno sin el otro es una de las grandes preguntas que siempre quedan en el aire. Probablemente Jordan hubiese ganado, hubiese ganado mucho, pero lo hubiese tenido más difícil sin otra mega estrella a su lado que comprendiera que su compañero, sencillamente no era humano, era la sombra del aire.

Foto: NBA

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NBA

Daniel Biasone, el santo patrón de la NBA

1918. Un barco llega a la Isla de Eli cargado de inmigrantes europeos que huían de la Primera Guerra Mundial. En él viajaba la familia Biasone.

Andres.weiss99@gmail.com'

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Al Campanie / The Post-Standard / Syracuse.com

La vida en Miglianico, un pueblo que se encuentra a unos kilómetros de distancia del Adriático y que pertenece a la provincia de Chieti, transcurre con tranquilidad. La gente del lugar dedica su día y su noche a trabajar en el campo, sin olvidarse de seguir desarrollando los cultivos que, históricamente, pertenecen a la tradición de esta región, y que tinta de tonalidades monótonas y sencillas el discurrir del tiempo. El buen clima acompaña a la gente que pasa su vida en este pequeño poblamiento que a día de hoy no llega a los 5000 habitantes, y que además observa los Apeninos con todo su esplendor con cada amanecer.

El Abruzzo, la región que da nombre al vino que aquí se cultiva, es el hogar del 75% de las especies animales que se encuentran en el continente europeo, y se conoce como la “Región verde de Europa”. Una región en la que el tiempo no pasa, en la que la calma toma la actividad de las gentes de a pie, que se dedican a esquivar los problemas derivados del cultivo en la incomodidad del terreno. Y tal y como describió Primo Levi en 1883, en su libro “Abruzzo, forte e gentile”, el terreno describe a su gente, y a su historia. Una historia que les ha moldeado, y caracterizado, como un pueblo que sigue para adelante sin tener en cuenta todo lo que sucede alrededor, o en sus propias fronteras. Por no hablar de lo que pasa a 6986 kilómetros de distancia.

Y es que a 4341 millas de la villa italiana, hace poco más de un siglo, un efecto cercano al conocido “Efecto mariposa” comenzaba, cuando Leo Biasone arribaba a Syracuse, que tomó el conocimiento que venía de Europa para establecer una comparativa entre esta tierra del norte de Nueva York y una pequeña localidad de la isla de Sicilia, para dotarle de un nombre a la nueva tierra descubierta en Norte América. Una llegada que se produjo en 1913, 5 años antes de que la historia del baloncesto profesional cambiase para siempre, sin siquiera haber comenzado a florecer.

Estamos en 1918, cuando un barco llega a Ellis Island, conocida en España como “La Isla de Eli”, lugar de llegada habitual para los inmigrantes que partían de distintos puntos de Europa, y recibían una inscripción previa antes de poder comenzar una nueva vida desde cero. En este barco, que se halla repleto de migrantes italianos, hay muchas familias que, por lo difícil que es la vida en Europa a posteriori de la 1ª Guerra Mundial, tratan de encontrar un nuevo hogar en el que arraigar sus tradiciones y linajes.

Y este es el caso de los Biasone, que llegaban a Estados Unidos con la madre, Bambina, como cabeza de familia. Por ello, cuando se queden atrapados aquí durante varios días de letargo y sopor debido a un brote de gripe que preocupaba a las autoridades norteamericanas y que les hacía pensar en la deportación de los recién llegados, la esperanza no desaparecerá del ánimo de los jóvenes Biasone. Joseph y Danny escuchaban insistentemente a su madre decir que sabía que su padre aparecería, tal y como acabó sucediendo tras unos pocos días que asemejaron ser toda una vida.

Danny, que tenía 10 años cuando llega a Estados Unidos, apenas recordaba a su padre, pues habían estado 5 años sin verle. Entonces, haciendo honor a sus orígenes, se establecen en Syracuse, pues no estaban muy contentos con la idea de vivir en “la gran ciudad” que suponía mudarse a Nueva York. Este rechazo, este recelo, será algo que le acompañará durante toda la vida, y uno de los motivos por los que comenzará a estar ligado, casi 30 años después de su llegada, al baloncesto profesional.

Damos un salto en el tiempo en nuestro DeLorean particular, llegando hasta 1946, año 0 en la relación de Biasone y el baloncesto. Y es que Danny, que había sido una estrella de Instituto jugando de “Quarterback”, nunca se había dedicado al baloncesto profesional, y había tomado caminos en la vida que no estaban asociados al deporte.

Emprender, crecer y convertirse en leyenda

En 1936 compró y abrió un restaurante, y 5 años después se hizo con el local que acabaría transformando en bolera, su verdadero hogar a lo largo de toda su existencia. Y, casi como si estuviera previsto, 10 años después de lanzarse al mundo de las inversiones, realizó una jugada maestra que cambiaría el mundo del baloncesto para siempre. Con 1.000$ en las manos, cantidad que probablemente le costó sudor y sangre ahorrar e invertir, saltó al vacío y le dio a Syracuse lo que le había prometido. Compromiso adquirido tras la negativa de los Rochester Royals de disputar un partido en la localidad de Nueva York, fundando en 1946 los Syracuse Nationals, que entrarían a competir en la National Basketball League.

Esta cifra, la de los 1.000$, que con el foco de la actualidad parece minúsculo, resulta incluso difícil de comprender tras el pertinente cálculo de la inflación que ha habido tras más de 50 años. Y es que esos 1.000$, en 2019, habrían sido una ínfima cantidad de 13.000$, cifra cuanto menos ridícula en comparación con los 2 mil millones que se pagaron por los Rockets o los Clippers hace menos de 5 años.

El nombre, por cierto, de Nationals llegó como otro compromiso a añadir al objetivo de dotar a la ciudad de un equipo profesional del que pudieran sentirse aficionados, propios y orgullosos. Y es que les dio ese apodo pues su primer y único objetivo era hacer campeones -nacionales- al equipo que acababa de fundar. Dándose cuenta años más tarde de que esto no sería posible si continuaban en la NBL, pues era una liga de ciudades y regiones pequeñas, que acabó siendo absorbida por la Basketball Asociation of America (BAA) en 1949, conformando la NBA que conocemos a día de hoy.

Y aunque era consciente del bajo nivel de la competición, pues Lester Harrison -dueño de los Royals- se había encargado de asegurárselo por activa y por pasiva, él decidió continuar en la liga que le había acogido en primer lugar, y aceptar la fusión que se llevó a cabo en el último año de la década de los 40.

El estilo de Biasone a la hora de llevar el negocio era diferente al resto de propietarios. Es decir, muy diferente. Él era de un pequeño pueblo, con pequeñas aspiraciones y negocios a su altura y al nivel de sus expectativas, y por eso siempre se había decantado por Syracuse, por la cercanía de la “familia”. Un lazo que creó con los jugadores que visitaban su hogar. Que tomaban de su comida. Y que formaban parte de su rutina diaria en la bolera o sobre la pista de baloncesto.

Cuentan (Syracuse.com) que cuando Dolph Schayes le reclamó 7.500$ en su contrato rookie las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, pues Schayes estaba llamado a dominar la competición sin miramientos y no podía dejar que Nueva York, la gran ciudad, ese símbolo contra el que siempre había peleado, le ganara la partida. Pero finalmente lo consiguió. Y juntos formaron una pareja que cambiaría la NBA para siempre.

Biasone y su esposa no dejaron hijos, pero sí un legado que no podrá ser borrado ni olvidado nunca. Y Schayes lo sabía. Este es el motivo de que su hijo, Danny, recibiera su nombre. La cercanía en la vida de Biasone lo era todo. Al igual que el baloncesto.

El baloncesto, una especie en peligro de extinción en los años 50

Por ello, cuando entraron en la recién nacida competición que recibió el apelativo de NBA el objetivo continuó siendo el mismo. Y muy cerca estuvieron de conseguirlo en su primer intento, si no llega a ser por el legendario George Mikan. Los Minneapolis Lakers, que habían acabado con el segundo mejor porcentaje de victorias de la competición, pues el primero lo ostentaban los Nationals, llegaban como favoritos tras haber logrado imponerse en la NBL 2 años antes y en la BAA el año previo.

No era para menos. Mikan había conseguido sumar 27 puntos por noche siendo el máximo anotador de los 17 equipos que aquí se encontraban, y estaba bien rodeado de compañeros eficientes como Jim Pollard o Vern Mikkelsen. En cambio, los Nats’ tenían un bloque de buenos jugadores pero Schayes todavía no había explotado todo su potencial de súperestrella.

Y tal y como se esperaba, los Lakers vencieron 4 a 2 en las primeras Finales de la historia de la NBA. Mikan, que llegó a promediar más de 32 puntos durante la eliminatoria, anotó 40 puntos en el último encuentro de la serie, certificando en un partido de proporciones históricas la victoria de su equipo. Y cerrándole las puertas “en la cara” a unos Nationals que ya se habían visto con su objetivo cumplido en la punta de los dedos.

Tras este curso la liga bajó a 11 equipos la temporada siguiente, empezó a perder popularidad y audiencia y los pabellones -o locales “de segunda” en los que se jugara- ya no se llenaban con tal facilidad. Y Biasone tenía la causa, y la solución, con claridad en su mente. El baloncesto se había convertido en un pasatiempo aburrido.

Bases muy bien dotados para el juego, como Bob Cousy o Andy Philip, no hacían más que driblar en los últimos cuartos de los partidos una vez conseguían una ventaja en el marcador, y solamente soltaban la pelota cuando recibían una falta del contrario, y se dirigían a la línea de la personal a agrandar esta distancia a base de tiros libres.

El mejor ejemplo de este problema tuvo lugar precisamente cuando los Minneapolis Lakers de Mikan se enfrentaron a los Fort Wayne Pistons en noviembre de 1950. Este partido, que se saldó con un tanteo mínimo en toda la historia de la competición de 19 a 18 favorable para los de Michigan, solamente contó con 8 tiros de campo anotados en total. Teniendo en cuenta que únicamente había canastas de dos puntos, y que esto confirma que 16 puntos fueron completados en juego… 21 puntos vinieron desde el tiro libre.

Pero este no es el único caso destacable, para mal. Y es que 3 años después, en 1953, con los Nationals y los Celtics como protagonistas, el “aburrimiento” se apoderó de una serie que se presuponía iba a ser entretenida. El partido, que acabó con un Cousy por encima de los 30 puntos solamente desde los libres, tuvo 106 faltas señalizadas y 128 tiros libres intentados. Un año más tarde, como punto definitivo a añadir, Syracuse estuvo presente en otro terrible partido de PlayOffs en el que los tiros libres le ganaron la partida a las canastas 75 a 34.

Biasone, por tanto, sabía de lo que hablaba. Había vivido en sus carnes como propietario el declive de algo que todavía no había acabado de arrancar y que podía vivir un final absolutamente prematuro si no se le ponía una solución de inmediato. Y esa solución era ponerle un “tiempo” a los partidos, más allá de que contaran con su propia duración.

La revolución “italiana” de 1954

El cálculo fue sencillo, o eso le parecía a él, que había visto como a Howard Hobson se le había hecho imposible que le tomaran en serio cuando en Yale propuso que los partidos universitarios recibieran una limitación de 30 segundos por posesión. Danny, que se dio cuenta de que cada partido tenía una media estimada de 120 lanzamientos, introdujo estos 60 tiros por equipo en los 2880 segundos que tenía el partido, dando así con una media de un lanzamiento por cada 24 segundos.

Este cambio, aparentamente sencillo, no gustó entre los “grandes” propietarios, millonarios escépticos que se estaban jugando sus inversiones con un cambio sin precedentes. Pero como no tenían otras opciones, al final acabaron aceptando esta decisión en 1954, pero no sin pelear. Tras la exposición de sus argumentos en la reunión que tenía lugar en Nueva York cada verano, Daniel Biasone se dio cuenta de que sus compañeros todavía no estaban del todo seguros. Esto desencadenó que se realizara una “prueba amistosa” que demostrase el cambio a positivo que supondría esto. Una prueba acabó siendo todo un éxito.

Era 10 de agosto, en Syracuse, y el calor húmedo de Nueva York asolaba como nunca se había visto. Entonces, en el norte de la ciudad, en el Vocational High School, 10 propietarios entraron en un campo en el que había un grupo de 10 jugadores que se someterían a la prueba, y así comprobar cuán efectiva resultaba esta solución. Dolph Schayes y Paul Seymour, integrantes de los Nationals, se encontraban entre estos 10 nombres.

El partido transcurrió rápido, se intentaron muchos tiros, hubo muchas posesiones y, lo más necesario, espectáculo. El encuentro nunca se paró, los jugadores corrían de un lado para otro sin parangón y cuando se acercaban al final de la posesión, el italiano se encargaba de recordar que tenían que efectuar un lanzamiento contando los últimos 5 segundos a voz en grito. Y así consiguió demostrar que era justo lo que necesitaban.

Esa campaña el promedio anotador pasó de 79 a 93 puntos, lo que supuso una mejora del 18%, y la cantidad de conjuntos que sobrepasaron los 100 puntos en la post-temporada se elevó de 3 a 18. 3 años más tarde, todos los equipos promediaban más de una centena de tantos por noche, habiendo sido los Celtics de Red Auerbach los primeros en hacerlo. Un hombre, el verde, que reclamó toda su vida que Biasone debía tener su sitio en el Olimpo de la NBA.

La revolución temporal había llegado, la liga despegó, y el espectáculo no ha decaído desde entonces. Y todo gracias a la idea de un italiano bajito que, tomando las propias palabras del otrora comisionado Maurice Podoloff, es el Santo Patrón de la NBA, pues llegó con una idea única y acabó salvando la competición.

Y como todas las historias, las buenas historias, a Danny Biasone aún le esperaba un logro más, un hecho que acabara de certificar que todo lo que siempre había pretendido había sido logrado. Ya que en la misma campaña en que “su” reloj se implementó, su Syracuse se hizo con su primer y único título de campeones. Al final, los Nationals acabaron haciendo honor a su nombre, y a su hombre, una santidad que salvó la NBA sin pedir nada a cambio.

Fuentes: New York Times / NBA.com / Syracuse.com

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Perfiles NBA

Al Horford, la cuarta hoja del trébol

De las 300 especies de tréboles identificadas, el más famoso es el de las cuatro hojas debido a la anomalía genética que esconde. Y ese ADN es precisamente el que los Celtics tratan de descifrar con Al Horford como el auténtico líder.

jaime.eguen@gmail.com'

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Se dice que la bandera de Irlanda es tricolor debido a que está compuesta por tres franjas cuyo significado es verde simbolizando a los nacionalistas católicos; naranja a los protestantes; y el blanco la paz, que debería reinar entre unos y otros. Sin embargo, en esta ocasión nos centraremos en el verde. Cada 17 de marzo – con motivo de la celebración de San Patricio – los irlandeses se reúnen en un día destinado a beber cerveza, realizar llamativos desfiles y lucir ropas de color verde Kelly.

Según cuentan, dicho color evita que los ‘leprachaun’ aparezcan y te pellizquen las piernas en San Patricio. Eso sí, aquí no acaban las historias y leyendas que unen a Irlanda con este color, el trébol de cuatro hojas también tiene un significado místico que une genética, suerte y fantasía. La primera hoja simboliza la riqueza, la segunda es la fama, luego está el amor y por último la salud. Su rareza lo ha convertido en un presagio de buena suerte e incluso como una señal que indica que encontrarás un tesoro. Aunque, su existencia, se debe a un gen muy especial.

Al Horford, una rareza biológica

Hoy en día se han identificado unas trescientas especies de tréboles, una planta que cuenta con el doble de cromosomas que la especie humana. Sin duda, el más famoso de todos estos es el de cuatro hojas, debido a la mística que lo rodea y la complejidad de avistar uno. La estadística dice que, por cada 10.000 tréboles, hay uno que tiene un folio más. Una excentricidad botánica que reside en una mutación genética, concretamente en el gen PALM1, que es bautizado como el “gen de la buena suerte”.

Abordando el tema que nos trae, los Boston Celtics han encontrado su propio trébol de cuatro hojas. Una anomalía genética al servicio de Brad Stevens y que, año tras año, hace las delicias de los aficionados de los Celtics. Este no es otro que Al Horford, el pívot de origen dominicano que reina en la pintura y es clave en sistema tejido por su entrenador. Estos Playoffs han sido la confirmación (si es que era necesaria) de su figura y han servido para reafirmar su rol en el equipo.

Con los Celtics naufragando en el Este y con un futuro ligado a la incertidumbre, Al Horford ha sido una de las pocas cosas positivas que se llevan de esta nefasta temporada. Con él bien físicamente e imponiendo su ley en el duelo personal, todo es más fácil para el equipo verde. No es un hombre de grandes estridencias, acciones espectaculares o vistosas estadísticas. Horford es un caballero dispuesto a sacrificar todo por el bien común y capaz de realizar concesiones si resultan beneficiosas para el conjunto. Un rol genéticamente extraño de ver y que viene de la mano de una de las mentes más prodigiosas del baloncesto actual.

Al Horford tiene ‘player option’ y podría renunciar a su contrato en el caso de no estar contento con el rumbo que tome la franquicia

De salir de su contrato renunciaría a cobrar $30,123,015

Porque sí, el ‘42’ de los Celtics es la calma dentro de la anarquía, la esperanza en un océano de oscuridad. Para darse cuenta de esto, tan solo hay que echar un vistazo a los Playoffs y entender la coherencia que daba el pívot a cada posesión que pasaba por sus manos. Horford apostó por los Celtics cuando por entonces era complicado y firmó un máximo que fue criticado por muchos, un contrato que se ganó día a día junto con el corazón de la afición de Boston. Muy probablemente, su principal defecto a día de hoy, es que ya tiene 32 años. Una cifra demasiado abultada y que hace realidad las pesadillas de los Celtics.

‘Big Al’, desde los números

Si hablamos de la importancia de Horford en los Celtics, tenemos que trasladarla tanto al apartado ofensivo como defensivo. Este año ha promediado 13.6 puntos, 6.7 rebotes y 4.2 asistencias, números que te pueden resultar indiferentes pero que van mucho más allá. Analizar el rendimiento de Horford desde un punto de vista estadístico tradicional, es parecido a vislumbrar un paisaje sin abrir la ventana.

La salud no ha sido su mejor aliado esta temporada, pero en los 29 minutos por encuentro que ha jugado esta ‘regular season’ ha tenido un ‘Net Rating’ de +6.3. Llevando a los Celtics a obtener con él en pista un 111.8 de ‘Offrtg’ y un 105.5 en el defensivo. Durante los 68 partidos que ha jugado esta campaña, los rivales han visto cómo sus promedios ofensivos bajaban cuando se encontraba en pista.

PlayoffsOffensive RatingDefensive RatingNet Rating
On Court102.798.8+3.9
Off Court87.3102.5-15.2

Tal y como muestra la tabla de arriba, su salida en cancha durante estos Playoffs se traducía en debacle y hundimiento por parte de los Celtics. Un equipo que ha pagado de manera evidente las desconexiones (especialmente en el tercer cuarto). Una tendencia que han seguido durante todo el año y, como suele ser en estos casos, se ha hecho más visible en los Playoffs.

Más allá de las cifras

Por otro lado, analizar el rendimiento de Horford solo enfocándonos en los números sería incorrecto. El pívot tiene cualidades que lo convierten un jugador muy especial, una de ellas –posiblemente la favorita de Brad– es su versatilidad. Su capacidad para defender múltiples posiciones y frenar a jugadores que lo sacan de la pintura, lo convierten en el ancla defensiva del sistema de Stevens. Todo esto sumado a una buena lectura de ayudas y destreza a la hora de hacer correcciones.

Repasando los partidos contra Philadelphia vemos como Embiid sufre de manera muy considerable cuando el ’42’ se queda con él. El ‘Defensive Rating‘ de Boston en los enfrentamientos directos contra Sixers, cuando Al Horford está en pista, es de 102.8 puntos por cada 100 posesiones. Un adversario que esta temporada está promediando 111.5 de ‘Offrtg’ y que (contra Celtics) baja a los 103.4 puntos. Dicho ‘center’ con el tren trasero de un alero, con una capacidad para defender al poste prodigiosa y catalizar la defensa de los Celtics.

Pese a esto, su impacto no solo es visible en defensa, en ataque también desarrolla un papel fundamental. Con él en pista la circulación ofensiva de los Celtics goza de mayor salud y su visión de juego le permite ofrecer soluciones a sus compañeros. Es común verle involucrado en jugadas de ‘pick&pop’ u organizando el ataque desde la cabecera de la bombilla. El año pasado, Tatum y él, mostraron una gran química en ataque y con Irving ha tenido instantes de lucidez ofensiva. Sorprende las pocas veces que este año hemos visto a ‘Al’ y a Hayward ejecutar jugadas de ‘pick&roll’, una combinación que podría haber dado buenos resultados.

Todo esto no fue suficiente para doblegar a unos Bucks que fueron claramente superiores a los Celtics. Un 4-1 que sentó como una losa y despertó muchos fantasmas en el TD Garden, no solo por la derrota, sino por la imagen que dio la plantilla. Un vestuario con problemas y que no supo remar hacia un mismo sentido. Al Horford afrontará la próxima temporada con 33 años, pero antes deberá decidir si mantener su contrato o buscar una vía más sencilla hacia el Anillo. Las declaraciones que hizo acerca de su futuro tranquilizaron a la comunidad y todo hace pensar que seguirá, la gran duda es acerca de quién le acompañará. Además, este muy posiblemente sea su última gran firma en la NBA y cuesta pensar que renuncia a semejante cantidad de billetes.

Al Horford es un trébol de cuatro hojas que brilla en el TD Garden, sin él es complejo imaginar el futuro de la franquicia. Un equipo que tiene que aprovechar los últimos coletazos de una carrera marcada por una anomalía genética que lo han convertido en una figura tan especial. Aunque –como se suele decir por la ciudad de Boston– “It’s not luck’. Lo que está claro es que, el verdadero tesoro, es haber encontrado a ‘Alfredo’.

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Perfiles NBA

Joe Fulks: una leyenda marcada por la II Guerra Mundial

La pequeña Murray State, hoy en boca de todos por Ja’ Morant, es una de las universidades más longevas de la historia. De allí salió una leyenda tardía que interrumpió su formación para unirse a los marines.

maanuf96@gmail.com'

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Carlisle Cutchin, 1925. Una época que se podría catalogar como “basket primitivo”, cuando menos, pero que nos dejó al encargado de instituir uno de los primeros proyectos ambiciosos en el baloncesto. Un estamento deportivo que albergaría sus inicios en Wilson Hall, un lugar que puede pasar desapercibido en el imaginario del lector, pero que fue el primer hogar de uno de los mejores programas de baloncesto universitario que se han conseguido prolongar con el paso de los años. En 1926 este recinto tuvo la suerte de ver nacer a un equipo que ha ido forjando una leyenda sobre su nombre hasta la actualidad, casi un siglo después. Ese conjunto son Los Racers, un claro ejemplo de rozar la gloria desde la humildad.

En Murray State, desde su fundación hasta 1941, fue Carlisle quien estuvo a las órdenes de la que se convertiría en su obra maestra. El entrenador, que solamente había vivido de primera mano la disciplina del fútbol, tuvo una época brillante en el deporte de la pelota naranja y fue fundamental para poner en el mapa a esta universidad.

El legado del coach también quedó reflejado numéricamente con 307 victorias y 106 derrotas, el mejor registro en todos los deportes que dirigió. El entrenador, natural de Calloway County, tiene a día de hoy numerosos récord de la universidad, como el mejor inicio de temporada con 19 victorias y una sola derrota, que llegó además en un apretado encuentro que enturbió una racha impoluta.

Mountjoy a las órdenes del banquillo

Rice Mountjoy había sido director atlético pero en 1941, cuando el mítico Cutchin abandonó el baloncesto para dedicarse al béisbol, fue reclamado para reemplazarle en el banquillo. Este nuevo entrenador llegaría con un gran talento debajo del brazo y muchas ideas para este equipo. El segundo nombre propio, tras el coach, fue el de Joe Fulks. Este jugador nacido en Kentucky estuvo dos temporadas entre las filas de la que se conocía en aquel momento como Murray State Teachers College.

En los dos años de Joe como universitario, solamente uno estuvo dirigido por Rice, dado que tras finalizar el curso decidió emprender una aventura hacía la escuela secundaria de Augusta Tighman. En aquella temporada aún mantendrían el tipo, con 18 triunfos y 4 derrotas. El juego que intentó establecer Mountjoy fue algo diferente a lo que se acostumbraba a ver en esa categoría no profesional.

El técnico tenía en su pizarras jugadas muy físicas que utilizaban como arma principal la fuerza bruta de algunos de sus jugadores. Otros instructores se aferraban a la expresión “más vale maña que fuerza”, pero Rice confiaba en sus ideales. En esos sistemas basados en el juego atlético salió un diamante en bruto que propuso algo diferente. Fulks, aparte de adaptarse a lo que le pedía su entrenador, fue el precursor del tiro en suspensión.

El año de Fulks con Miller

John Miller había sido un jugador de Murray, pero realmente nunca terminó de destacar sobre la pista aunque tuviera una buena forma de entender el deporte. Fue esto lo que le llevó hacía ser el relevo de Mountjoy y el nuevo instructor de ese tirador que había causado tendencia con su mecánica de tiro. El cambio de hombre a las órdenes del vestuario sirvió para darse cuenta del valor real de Fulks.

Con Miller a las riendas solamente firmaron una temporada para el recuerdo de las varias que estuvo allí, y no fue casualidad que coincidiera con el power forward. El impacto de Joe seguía creciendo hasta el punto de mejorar el balance de victorias de su primera season y quedar cuarto en el Torneo Masculino de la primera división de NAIA.

La carrera de Fulks parecía ir en trayectoria ascendente. Un joven chaval que había dominado en la liga universitaria durante dos temporadas y lo mínimo que se esperaba era verle con una elástica de la NBA o BAA en aquella época. El giro de la historia llegó cuando al finalizar el curso donde luchó por ser campeón dejaría de lado el baloncesto para ocupar una profesión distintas unos años.

Adiós a las pistas y hola a las trincheras

En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, por su atletismo y capacidades mentales fue inducido a alistarse como marine en mayo, poco después de haber sido baloncestista semi-profesional. Joe fue introducido en el 3er batallón de la novena infantería, que ya existía desde la Primera Guerra Mundial, pero había cesado en sus operaciones una vez finalizado el primer conflicto.

Fue en febrero, cuando Fulks disputaba la temporada regular con Murray, cuando se reactivó este cuerpo militar. Una de las primeras paradas fue en Cape Paerata (Nueva Zelanda) en 1943, aunque no fue hasta al incursión de Iwo Jima donde realmente destacó este escuadrón de la Marina durante la Guerra del Pacífico.

Mientras Joe luchaba por la bandera de su país no se habían olvidado de su estancia en Murray St. Con el ex-jugador entre las trincheras, su camiseta con el dorsal 26 se colgaba en lo alto del pabellón. Este acto simbólico fue el único momento de relación con el baloncesto mientras era un soldado, pero realmente lo que él quería era volver a disputar otro tipo de guerras donde no había armas sino un balón naranja que rebotaba sin hacer daño a nadie.

NBAE

Jugar al baloncesto no se olvida

Estar en un altercado político-miliar no había hecho olvidar a Fulks cual era su objetivo, ser un profesional del deporte que tanto había amado. En 1946, ya con 25 años, tuvo la oportunidad de firmar con los Philadelphia Warriors, una franquicia que siempre recordará las temporadas que vivieron con el ala-pívot entre sus hombres.

Pese a haber dejado de lado el basket, su regreso no dejó indiferente a nadie en la BAA. Siendo un rookie su huella se empezaba a grabar en la historia de la liga, puesto que anotando 23’2 puntos de media fue el máximo potencial ofensivo. Las ganas por regresar a esta disciplina le armaron de fuerzas para liderar a sus Warriors a conquistar el anillo de 1947.

Desde el año del campeonato hasta 1949, Joe se volvió un fijo en los mejores quintetos de la competición. El parón en el que cambió la pelota por el arma de fuego pareció que jamás existió dado que había vuelto mejor que nunca y rompiendo las expectativa que tenía puesta cuando jugaba en Murray St. La sensación fue de que entre las barricadas dedicó gran parte de su tiempo a perfeccionar sus habilidades baloncestísticas durante todos los ratos libres, y quien pensara eso no se equivocaba.

Petey Rosenberg, un miembro del equipo de Gottlieb en los viejos Sphas, fue quien le habló a Eddie Gottlieb, quien dirigía a los Phila de aquella época, sobre un soldado al que había visto jugando a baloncesto con unas cualidades maravillosas. En Pearl Harbor fue donde nació la oportunidad de Fulks para ir a cumplir “el sueño del jugador de baloncesto americano”. Su primer contrato fue minúsculo, por no decir testimonial, y es que cobró 5.000 dólares al año. Esta cifra le pareció poco y pidió 8.000 dólares, algo que asustó un poco a la directiva del equipo y obligó al jugador a trabajar duro para conseguir el trozo gordo de pastel con el tiempo tras esa poca confianza en su llegada a la profesionalidad.

El resto ya es historia del baloncesto. Esas noches de anotaciones por encima de los 60 puntos como el 10 de febrero de 1949 con un partido de 27 tiros de campo y 9 tiros libres anotados haciendo un récord que estaría años intacto. En esta velada anotó 63 puntos, con 30 de ellos antes del descanso, siendo un récord hasta que Elgin Baylor le superó el 8 de noviembre de 1959.

Una vez retirado del deporte, Joe se dedicó a ser director de recreación en la prisión del Estado de Kentucky. Su novia y él vivían tranquilamente en el Condado de Marshall hasta que el 21 de marzo de 1976 cambiara su suerte. Después de sobrevivir a una guerra, literalmente a una guerra, murió irónicamente a disparos por el hijo de su compañera sentimental en mitad de una discusión. Se podría que decir que… ¿Quién a hierro mata a hierro muere?

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SKYHOOK #16

 

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