Demasiado estaba tardando el dedo acusador en señalar al entrenador ‘rookie’ como culpable oficial del mal primer tercio de temporada de los Cavs. Pero ya lo ha hecho. Las declaraciones de LeBron han provocado ríos de tinta en la NBA.

“Yeah, I mean, he’s our coach, what other coach do we have?” (“Sí, quiero decir, es nuestro entrenador, es el que tenemos”).

Así se despachaba LeBron James ante la pregunta de si era David Blatt el entrenador adecuado para su nuevo equipo, o al menos así lo recogía Dave McMenamin, el periodista encargado de cubrir la marcha de Cleveland Cavaliers para ESPN, en su cuenta personal de Twitter (@mcten). Una cita que, rondando ya cerca de los 800 retweets, ha hecho que todo el mundo quiera aprovechar la ocasión para hacer un poco más de sangre en el blanco favorito de los haters.

Unas declaraciones por parte de LeBron que, sin querer pensar mal del astro rey de la NBA, como mínimo sí quedan abiertas al debate y la especulación, sobre todo en el mal momento que atraviesa la franquicia de Ohio, que marcha en quinta posición de la Conferencia Este con un flojo balance de 18-14 habiendo jugado cuatro partidos más en casa que fuera, un baloncesto desplegado que deja mucho que desear (tanto en ataque como en defensa), y que ha perdido a Anderson Varejao, su ‘center’ titular y único de garantías para lo que resta de temporada por una rotura del tendón de Aquiles. La guinda al desastre, la derrota por 23 puntos de diferencia la noche del domingo ante la atónita mirada de su afición a manos de los débiles Detroit Pistons, uno de los peores equipos de la liga.

James, minutos después de sus declaraciones iniciales, y advertido sobre el peso que podrían llevar sus palabras sobre su entrenador, salía al paso intentando desmentir cualquier conato de trifulca entre el vestuario y Blatt, acusando a la prensa de querer montar una artimaña con la que vender una historia morbosa, animando a los periodistas a “escribir lo mismo cuando ganamos”, pero que lo hacían cuando perdían porque “queda mejor”.

Puntualizaba además que el éxito requiere de un tiempo para un equipo con tantas piezas clave nuevas, entrenador incluido, y que todo el mundo está feliz con Blatt, aunque no quería ser más detallista al respecto ni rompía una lanza en su favor de forma clarividente. Sí mostraba un apoyo más fuerte Kyrie Irving, que llegaba a decir que hará “cualquier cosa por el entrenador Blatt” y que sus compañeros comparten el mismo sentimiento.

Por si no estaba el debate ya abierto, una nueva bomba de rumorología caía al día siguiente, con el periodista Chris Haynes, del ‘The Plain Dealer” de Cleveland, publicando que LeBron James abandonaría el hogar nuevamente si eso fuese lo más conveniente (para él, claro).

Y en estas se recuerda que el contrato que James firmó el verano pasado con los Cavs tiene garantizada únicamente la presente temporada, siendo la siguiente a opción unilateral del jugador, y habiendo de estrenar contrato para la 2016/17, justo cuando la NBA estrenará su nuevo y multimillonario contrato televisivo con Disney y Turner. ¿Le convertiría una nueva marcha en el mayor villano de la historia del deporte? ¿Se trata sólo de una treta con la que forzar a la franquicia a despedir prematuramente al entrenador israelí-estadounidense, de realmente existir ese supuesto distanciamiento? La imagen que dan no es de estar unidos, precisamente.

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Pero el escepticismo es grande desde el primer segundo en que se van a juntar el dominador más absoluto del baloncesto en los últimos tiempos, en plena vuelta a casa, y un entrenador novato y sin nombre en la NBA. Y la presión, inmensa. Una presión con la que Blatt no contaba cuando llegó a Cleveland –la vuelta de LeBron fue a posterior del fichaje del entrenador- y que pondría a prueba su capacidad. Y lo cierto es que esta no es la primera vez que el enrarecido ambiente de los Cavs llama la atención.

A poco de empezar la temporada, Kyrie Irving, que tampoco está rindiendo como se esperaba, le pasaba una pequeña patata caliente a su entrenador diciendo que “no sólo nosotros nos tenemos que adaptar a Blatt, sino él también a nosotros”, ya que “a veces el entrenador tiene unas jugadas en mente y yo, como base, tengo otras, por lo que ambos debemos adaptarnos”.

Poco después llegaría la hasta ahora mantenida suplencia de Dion Waiters, jugador de fuerte carácter y que había empezado la temporada como escolta titular y tras haber manifestado que Wall y Beal (Washington Wizards) no eran el mejor “back-court” de la NBA, sino Irving y él. Por lo pronto, Blatt instó al número 4 del Draft de 2012 a “hacer menos tiros y compartir más el balón”.

Otro a quien le está costando la adaptación al estilo de juego de Cleveland es la otra gran estrella del equipo, Kevin Love, que ha dejado de ser cabeza de ratón en Minnesota y está registrando sus peores números en puntos y rebotes por partido desde “sophomore” y “rookie”, respectivamente. Verle jugar en ataque apartado en una esquina sin molestar la mayor parte del tiempo, duele, la verdad.

Corren tiempos difíciles en Cleveland. El equipo no juega bien, le juegan muy cómodo (Blatt se definió en su presentación como un “entrenador defensivo” y su equipo es el sexto en cuanto a mejores porcentajes de acierto en el tiro permite al rival), Blatt y jugadores no parecen ir de la mano y todos los ojos están pendientes en el devenir de la franquicia, a quien se le empieza a quedar grande la etiqueta de “contender”. Una etiqueta de la que King James huía cuando redactó su famosa carta I’m coming home, pero por la que un competidor pelearía después de haber cambiado por completo el mapa NBA con su decisión.

Por cierto, que LeBron cumplió el martes 30 años. Felicidades, rey.