fbpx
Síguenos también en...

Entrevistas

Scott Wood, el líder silencioso

Publicado

-

“En 49 estados es sólo baloncesto, pero esto es Indiana”

Sí, parece que fue el baloncesto quien llegó a Wood. Y si no, hubiese sido él quien se hubiese acercado. Tampoco tenía mucha escapatoria un nativo de Marion, Indiana, hijo de jugador de baloncesto universitario y que iba a medir en torno a los dos metros de altura.

Y es que en Indiana “todo el mundo juega el baloncesto y a todo el mundo se le da bien, algo así como el fútbol en España”, explica el propio Scott Wood. Influenciado por la gran estrella de los Pacers del momento, Reggie Miller, y el jugador más legendario nacido en su estado, Larry Bird, nuestro protagonista tuvo claro desde el principio que quería ser un gran tirador: “Solía hacer al menos 500 tiros al día”.

Sin embargo, su jugador favorito por aquel entonces era Vince Carter, como el de la gran mayoría de pre-adolescentes neófitos en el seguimiento del baloncesto profesional, prendados ante su show en el concurso de mates del All-Star del año 2000. Suya es la camiseta de Toronto Raptors que viste en su foto de perfil en Twitter, “la razón por la que llevo el número 15”, en pleno concurso de tiros libres, y con unos pantalones de Indiana Pacers. “¡No sabía combinar!”, recuerda con cierta vergüenza.

No es de extrañar que con tal volumen de entrenamiento, el joven Wood empezase a comprobar el resultado del esfuerzo, siendo capaz de anotar 214 tiros libres consecutivos con tan sólo doce años, la edad a la que los niños empiezan su primera temporada con canasta a 3’05 metros de altura. Probablemente, la primera de las disparatadas marcas que su lanzamiento registraría.

Scott Wood durante su periplo en High School

Scott Wood durante su periplo en High School

Los primeros grandes pasos de Wood se darían en los Giants del Marion High School, instituto siete veces ganador del campeonato estatal y donde también se formase el dos veces all-star de la NBA Zach Randolph, probablemente el jugador de baloncesto que más agradecido puede estar a Marc Gasol. Antes del salto al baloncesto universitario, Wood ya triunfaría como uno de los mejores jugadores de instituto de Indiana, siendo nombrado all-state first-team (quinteto ideal del estado) y liderando a los Giants a un récord de 21-4 en su último año en Marion. En esa temporada a Wood le tocó en ocasiones desempeñar la posición de base, y fue probablemente ese el momento en que el recientemente retirado Steve Nash se convirtiese en su jugador favorito en detrimento de Carter. Pero si le preguntas por el mejor de la historia, no hay dudas: “Michael Jordan”. Se siente, Larry.

Y de Marion, a Raleigh.

No fue difícil para Wood decantarse por North Carolina State, encuadrada en la Atlantic Coast Conference (en adelante ACC). “El entrenador asistente (Monte Towe) es de mi ciudad, un gran tío que nos visitó mucho a mí y a mi familia para convencerme”. Después de haber jugado para un instituto de gran tradición e historia, en su siguiente escalón quería vivir dentro de un contexto de exigencia similar, ya que los Wolfpack “han ganado dos campeonatos nacionales (1974 y 1983) y siempre quise jugar en la ACC para enfrentarme a universidades como Duke o North Carolina”.

Era la temporada 2009/10 y su primer entrenador en NC State durante sus años freshman y sophomore sería Sidney Lowe, un viejo conocido para el aficionado español a la NBA por ser el primer entrenador de Pau Gasol en su aterrizaje a la mejor liga del mundo, allá por 2001. Rápidamente se ganaría su confianza para convertirse en titular indiscutible a pesar de ser un imberbe novato recién salido del instituto (sólo saldría desde el banquillo en dos partidos durante sus cuatro años en NC State). De Lowe guarda un gran recuerdo Wood, ya que “siempre me ayudaba a mejorar y no me dejaba que me conformase con ser un jugador de nivel medio, empuja a todo el mundo a ser lo mejor que cada uno pueda ser. Es una gran persona al tiempo que un gran entrenador”. Por cierto, actualmente hay otro español beneficiándose de los conocimientos de Lowe, que ejerce de entrenador asistente en los Timberwolves de Ricky Rubio.

Tras una primera temporada como titular pero sin gran protagonismo en el juego ofensivo del equipo, la 2010/11 sería la de su consagración, promediando 9’7 puntos por partido y estableciendo el récord de porcentaje de tiros libres en una temporada para su universidad y segunda mejor marca en la historia de la ACC, un 92’3%.

Pero su nombre tan sólo estaba empezando a aparecer en los libros de historia de NC State y la ACC. En su año junior, la temporada 2011/12, ya con Mark Gottfried como entrenador, registraría la racha más larga de tiros libres consecutivos anotados en su conferencia, con 66. Y triples. Muchos triples. Hasta 95, la segunda mejor marca en una temporada en su universidad, acercándose al récord que más tarde alcanzaría, garantizando 2’6 por partido. Wood era ya toda una amenaza ofensiva, uno de esos jugadores, que, si bien pueden tildarse en ocasiones de unidimensionales por ser especialistas, con el temor que desprende su presencia en pista en la defensa rival ya genera puntos para su equipo. Así, el rating ofensivo del número 15 de los Wolfpack fue de 128’04 (puntos por cada 100 posesiones) y su porcentaje de true shooting[1] del 62’8%, los más altos de la ACC, guiando a NC State hasta el Sweet 16 después de cinco años de ausencia en el torneo final. Gottfried le había pedido un paso adelante en liderazgo y los resultados parecían corroborar el éxito de la demanda.

Con el rol de adalid llegaría su año senior. El mejor de su carrera y el que le dispararía irremediablemente hacia el profesionalismo. Aquel chico de Indiana valía para esto. En la temporada 2012/13 superaría el centenar de triples anotados con su mejor porcentaje (44’1%), igualando la mejor marca de 104 triples anotados en una temporada de Rodney Monroe y batiendo la total con 334, superando al propio Monroe (que jugó en la temporada 2005/06 en el Plasencia Galco español de LEB) en un mítico partido del ACC Tournament ante Virginia en el que “jugué realmente bien, metí siete triples y ganamos”. “Mi mejor recuerdo”, según reconoce. Por supuesto, nadie en su conferencia anotó ni intentó más triples que él, ni con mejor porcentaje.

La estadística avanzada volvía a estar del lado de Wood. En 2013 repetiría como el jugador que más puntos garantizaba a su equipo por cada cien posesiones, esta vez con un rating de 133’91 pero ahora liderando toda la NCAA. Nadie en el baloncesto universitario americano podía superarle. Además, su porcentaje de true shooting  se disparó hasta el 66’2%, el mejor de la ACC en una estadística con protagonismo para hombres interiores que tiran cerca del aro. Una absoluta barbaridad para alguien que lanzaba 82 de cada 100 tiros desde más allá del triple. Así, se ganaría el reconocimiento popular y sería incluido en el segundo mejor quinteto de la temporada de su conferencia. Era el líder absoluto de un equipo en el que estaban los hoy NBA Lorenzo Brown (Minnesota Timberwolves) y T.J. Warren (Phoenix Suns, número 14 del último Draft) y otros profesionales como C.J. Leslie (Mets de Guaynabo, Puerto Rico) y Richard Howell (Pasta Reggia Caserta, Lega italiana).

Esa temporada los Wolfpack no llegarían tan lejos como la anterior y serían eliminados en segunda ronda, pero Scott Wood tenía garantizado un futuro en el profesionalismo. Él es uno de esos jugadores, cada vez más considerados rara avis, que con capacidad para ganarse la vida sin problemas con el baloncesto, decidió completar su ciclo universitario. Paso a paso, sin querer llamar la atención más de lo que sus triples lo hiciesen. Tras cuatro años jugando para NC State, el resumen estadístico de su etapa universitaria es digno de enmarcar:

  • Récord de triples anotados en una temporada (104) y en su etapa universitaria (334).
  • Récord de tiros libres consecutivos anotados, en su universidad y en la ACC (66).
  • Mejor porcentaje de tiros libres en una temporada (92’3%) y en su etapa universitaria (88’6%).
  • Mayor número de partidos disputados como titular (136 de 138 posibles).
  • Dos temporadas seguidas liderando la ACC en rating ofensivo (128’04 en la 2011/12 y 133’91 en la 2012/13), siendo el mejor de la NCAA en su última campaña.
  • Dos temporadas seguidas liderando la ACC en true shooting (62’8% en la 2011/12 y 66’2% en la 2012/13).

Sin duda, el ciclo universitario fue una etapa prolífica en la vida de Scott Wood, convertido en leyenda de NC State a la que pronto otros jugadores pedirán consejo, como él hace ahora con otros grandes salidos de la universidad ubicada en Raleigh. “De entre los mejores jugadores que han pasado por mi universidad a quienes más conozco son Dereck Whittenburg, director de desarrollo de jugadores actualmente, y a Chris Corchiani, que es el líder histórico de asistencias y tiene a su hijo jugando ahora en el equipo”. Corchiani, que jugó en Girona en la temporada 1996/97 y en el Baskonia desde abril de 2000 a 2002, fue el primer jugador de la NCAA en llegar a las 1.000 asistencias, sólo superado más tarde por Bobby Hurley. “Charlé un rato con él el otro día, es de los que más conocimiento trato de sacar, por haber jugado en Europa”. Un feedback entre leyendas y jugadores actuales realmente interesante. “Cuando vuelvo a casa en verano y me paso por la universidad, siempre hay alguien en el gimnasio o en el pabellón con quien puedes charlar, es algo que aprovecho”.

A Wood le toca seguir ahora los progresos de sus Wolfpack desde España, entusiasmado por haber dado la enésima sorpresa, colándose contra todo pronóstico en el Sweet 16 de la March Madness de este 2015, tras eliminar en primera ronda a Louisiana State remontando un déficit de dieciséis puntos y después enviar prematuramente a casa a Villanova, toda una top seed favorita a Final Four tras liderar la Big East y haber logrado un balance de 32-2 durante el curso. En semifinales regionales acabaría su avance, cediendo ante la Louisville de Rick Pitino, a quien mantuvieron contra las cuerdas durante buena parte del encuentro.

Scott Wood, Lorenzo Brown

Esa facilidad para que se produzcan sorpresas es lo que hace que “todos los fans del baloncesto sigan el torneo, hagan sus brackets y mantengan sus ojos pegados a la televisión. Es realmente excitante, compiten 64 equipos y en cualquier momento el peor puede eliminar al mejor”. Wood recuerda este fenómeno con una sonrisa de añoranza, “el mayor espectáculo del mundo”. Este año, además, la Final Four es en Indiana, “el lugar donde debería celebrarse todos los años, sus fans son los que más locos están y más aman el baloncesto”.

Y tras terminada su etapa universitaria y no ser seleccionado por ninguna franquicia NBA en el Draft de 2013, para disgusto de Zach Randolph, tocaba labrarse un futuro que estaba al otro lado del charco. Y ahí entró en escena el UCAM Murcia, algo “inesperado”. Como todo americano medio, Wood reconoce que “conocía muy poco sobre las competiciones extranjeras, pero sí que la ACB era una liga realmente dura y de gran nivel, probablemente la segunda mejor del mundo”. Por tanto, con la oferta sobre la mesa, la búsqueda parecía haber terminado. “Estaba encantado por la oportunidad recibida y agradecido por que quisieran que viniese aquí a jugar”.

El impacto de Wood fue inmediato. En Murcia hacía mucho que no se veía un tirador así, probablemente desde Ralph McPherson, y puede que jamás con una ejecución tan estéticamente perfecta. En el primer partido de liga se presentaba ante su nueva afición con 4/6 triples frente a Baloncesto Fuenlabrada, y en la segunda jornada, 6/10 en la cancha de Herbalife Gran Canaria. Estaba claro a lo que había venido. Acabaría la temporada con 91 triples –incluido el ganador en la decimosegunda jornada contra Bilbao Basket-, siendo el segundo máximo conversor de la liga (40% de acierto) e inscribiendo la segunda mejor marca del club en una temporada ACB tras los 107 de Taquan Dean en la 2008/09, metiendo en trece partidos cuatro triples o más, con un máximo de siete ante el Gipuzkoa Basket.

Como todo debutante en una alta competición, tuvo que hacer frente a su particular rookie wall. Fue mediada la temporada, precisamente coincidiendo con la salida del equipo del entrenador Óscar Quintana y la llegada de un tercer extracomunitario, el veterano Pete Mickeal, y que obligaba a que cada semana el cuerpo técnico tuviese que descartar a él o a su compañero Dwayne Davis, otro debutante salido de la NCAA (Southern Mississippi).

Una situación “obviamente difícil” para un novato lejos de casa por primera vez. Su entrenador, Quintana, era el centro de unos feos rumores sobre veteranos que querían hacerle la cama, hasta que la derrota por 36 puntos de margen en casa frente al Obradoiro (47-83), en el debut de Mickeal en la decimosexta jornada de liga, terminó por sacarle del equipo. “Era muy bueno, pero tuvo mala suerte y no pudo continuar. Fue muy importante para mí en el principio de mi carrera, me ayudó a adaptarme y ser un buen jugador ACB”. Los cambios enrocaron la que estaba siendo una buena temporada, para el equipo y Wood, que en los dos primeros partidos con Mickeal de compañero se quedó sin anotar por primera vez en la temporada, acumulando un -15 de valoración, y fue descartado para el que habría sido el tercero.

El desconcierto sobre si sería él o Davis el elegido fue “el momento más duro, pero al mismo tiempo tienes que ser consciente de lo que supone ser un deportista profesional. La dirección deportiva decidió traer otro jugador extracomunitario y yo debo respetar esa decisión”. La única opción restante para Wood era la ya conocida, la que había estado empleando toda su vida y que le había llevado a donde está, “seguir trabajando duro”.  Todo por el equipo. “Si juego estaré agradecido por la oportunidad, y si me toca sentarme seré el mejor cheerleader posible”, comenta con humor. Un ejemplo de profesionalidad.

UCAM Murcia perdió los cinco partidos en que contó con los servicios de Pete Mickeal y se llegaron a encadenar hasta ocho derrotas consecutivas. Una situación volteada gracias a un apoyo fundamental, el de “los aficionados”, la rápida respuesta de Wood cuando se le pregunta por lo mejor de Murcia. “Aman el baloncesto y siempre vienen a vernos preparados para ser lo más ruidosos posibles, da igual que el rival sea el Real Madrid u otro de menor entidad”.

Por suerte, la temporada consiguió salvarse y se afrontaba la nueva con un equipo reforzado, un vestuario unido y ganas de seguir haciendo historia, y es que tras haber quedado fuera de la Copa del Rey por un bache de mitad de temporada, el equipo afronta con optimismo la posibilidad de alcanzar los playoffs, algo que el propio Wood sabe que nunca se ha logrado pero que ve posible porque “tenemos un buen equipo, grandes jugadores y sólo tenemos que continuar siendo capaces de jugar duro 40 minutos”, la misma receta empleada al ganar en el último partido en casa al Real Madrid, veinte años después. “¡Fue alucinante, tío!”, una de las grandes sorpresas de la temporada, en la jornada inmediatamente siguiente al descalabro santiagués en que se perdió por 52 puntos de diferencia, y menos de 24 horas después de que sus Wolfpack eliminasen a Villanova. “Jugamos muy bien, y creo que le enseñamos a todo el mundo que si jugamos juntos y con dureza podemos ganar a quien sea”, avisa el tirador, que fue clave con dos triples y tres tiros libres en el parcial de 25-5 que remontó los doce puntos en contra y reventó el partido para júbilo de un pabellón entregado a su equipo. No pudieron repetir gesta visitando al líder en Málaga, Unicaja, pero el próximo domingo tendrán una nueva cita con la historia recibiendo al otro grande que les queda, el F.C. Barcelona, llegando al pico del Tourmalet de la temporada.

En el plano personal, la presente campaña ha tenido un inicio más costoso para Scott Wood. Un esguince de rodilla le dejaba en el dique seco en torno a mes y medio al poco de iniciarse la pretemporada, por lo que los partidos oficiales empezaron resistiéndosele un poco, con un único triple en las tres primeras jornadas. No tardarían en llover, pero el americano ha tenido que lidiar con la falta de ritmo durante toda la primera vuelta, con cinco partidos sin anotar ningún triple (el año pasado sólo ocurrió tres veces).

Eso sí, desde la jornada 16 no falla a su cita con el triple, y en la vigésimo segunda, la primera después del parón de la Copa del Rey que tan bien sentó a UCAM Murcia, otro récord en sus manos. Con sus cinco triples (en ocho intentos) en la apabullante victoria en cancha de Baloncesto Sevilla, Wood era ya el máximo triplista en la historia del club pimentonero en ACB, superando los 146 de Duane Washington (153 y sumando), hermano del entrenador jefe de New York Knicks Derek Fisher. “Seguramente no hubo antes de mí muy buenos tiradores en Murcia”, bromea al respecto, aunque seriamente añade que “es un honor estar aquí, el club tiene su historia y por él han pasado grandes jugadores, así que estoy contento por tener también este récord”.

Se lo tome a broma o en serio, es fundamental en los esquemas de Diego Ocampo. Lidera al equipo en otra de sus estadísticas avanzadas fetiche, la del porcentaje efectivo[2] de tiros de campo, con un 60’45%, alrededor de seis puntos por encima de Augusto Lima, el alma del equipo. En el global de la liga es decimoquinto, algo que no está nada mal si tenemos en cuenta que el 84’2% de tiros que intenta valen tres puntos, liderando esta estadística de distribución lanzadora. Tercero de la competición en triples anotados otra vez tras la estela de Alberto Corbacho, que lleva 81 jugando más minutos y asumiendo más tiros por partido en Rio Natura Monbus (36’81%), y de Davis Bertans, es el decimotercero en porcentaje desde la larga distancia (41’61%), pero habiendo lanzado entre ¡41 y 95! triples más que once de sus doce predecesores. El mayor divulgador del arte del ‘catch and shoot’ en las canchas españolas.

Triples, triples y más triples. Está claro lo que el aficionado conoce del Scott Wood jugador. ¿Pero y de su persona? En el club aseguran que lejos de lo que pueda parecer, dentro del vestuario es todo un líder. De los que transmiten con el ejemplo y que hablan de puertas hacia dentro, cuando la situación lo requiere. No desmiente su fama de tímido e introvertido, reconociendo que es “muy tranquilo y me encanta estar en casa, es así como soy”. Pasa mucho el tiempo con su perro, un golden retriever llamado Shooter, probablemente el mejor nombre posible para la mascota de un jugador de baloncesto. “¡Es impresionante!”, nos repite sonriente nuestro hombre de Indiana. Wood lleva un régimen de vida ordenado y sereno, alejado de los estándares de un joven de 24 años que vive solo y gana dinero haciendo lo que le gusta, y su mayor afición en Murcia no rompe esa línea. “Me gusta mucho ir con Shooter al valle del Segura y disfrutar de las vistas”, en el entorno del popular santuario de la Fuensanta.

Algo que le agrada de Murcia es su cercanía con el mar. “Cuando me salió la opción de venir aquí reconozco que no sabía ni dónde estaba, lo busqué en Google Maps y pensé ‘oh, está muy cerca de la playa, así que debe estar muy bien’”. Un clima, ambiente y cultura muy diferentes a los de Marion y Raleigh. “Pienso que cada vez que te mudas a otra ciudad hay muchas cosas a las que te tienes que adaptar, pero creo que esta transición ha sido buena para mí y lo estoy disfrutando”.

No le ha costado integrarse en el estilo de vida mediterráneo, pero echa de menos a su familia, que le visitó el año pasado pero este no cree que vaya a ser posible que vengan, y es que “es muy difícil sacar todo el tiempo necesario para hacer un viaje transatlántico y estar unos días aquí. Lo van a intentar, porque el año pasado se divirtieron mucho y disfrutaron de la experiencia de visitar un nuevo país, pero al mismo tiempo tienen que estar con mi hermana, que se va a casar dentro de poco, y deben hacer muchos planes”. Aunque no se prodigue mucho en el turismo urbano, Wood sí parece haberse adaptado a la perfección en el ámbito culinario. “¡Estoy enamorado del jamón y el queso! Cuando regreso a casa siempre me llevo y lo tomo a todas horas: almorzando, cenando… mi familia me lo esconde porque si no, me lo termino enseguida”.

116894_8_123443_8

Foto: imQuality / Javier Bernal

Sobre si el futuro le mantendrá en Murcia o no, Wood no suelta prenda: “no sé nada más allá del contrato”, pero sí deja una puerta abierta a la continuidad. “Mi tiempo aquí ha sido muy bueno, así que sin duda sería una gran oportunidad poder continuar”.

Si el deseo de los dirigentes del club universitario es mutuo, no lo tendrán nada fácil. Los tiradores están de moda, su cotización va al alza y Wood es el mejor tirador puro de la ACB. En el modo en que el baloncesto evoluciona, con cada día más protagonismo para el tiro de tres puntos, se antoja fundamental contar con especialistas de este calibre en plantilla. “Es cierto que cada vez se tira más de tres. Especialmente en Estados Unidos, los niños ya no practican en lanzamiento de media distancia, les enseñan a ir directamente a machacar el aro o tirar el triple, es una lástima”, lamenta Wood, el penúltimo jugador en denunciar este descuido de la AAU (Amateur Athletic Union). “En Europa me he dado cuenta de que les enseñan a tirar desde todas las posiciones de la pista, y es algo que Estados Unidos debería retomar porque, al tiempo que es genial tirar bien de tres, también es importante hacerlo desde unos pasos más cerca de la canasta”.

Pero en el baloncesto profesional la realidad es la que es. El lanzamiento de media distancia está muriendo y se buscan los más precisos francotiradores. Y ahí entran en escena los grandes clubes, con potencial económico importante y un hueco que reservar a tiradores que abran la pista para comodidad de sus estrellas. Se presenta un verano 2015 más que interesante para Wood.

Es así como jugadores que no son atléticos, fuertes, rápidos ni destacan por su capacidad defensiva llegan a ser importantes en los planes de un equipo ganador. El ejemplo más universal a día de hoy es Kyle Korver, en carrera por hacer la mejor temporada de tiro de la historia. “Sí, estoy siguiendo lo que hace”, reconoce Wood, que lamenta la reciente rotura de nariz que ha sufrido el tirador de Atlanta Hawks. El caso de Korver es ejemplificador para jugadores como Wood, más si tenemos en cuenta que, sin cambiar su estilo de juego ni de manera cuantiosa sus prestaciones como baloncestista, ha llegado a ser designado para jugar el All-Star de la NBA a los 33 años, todo un triunfo para los jugadores de su estirpe.

Admirador de Korver, Wood sin embargo prefiere entrenar su mente fuera del baloncesto con métodos más tranquilos que las locuras llevadas a cabo por el alero NBA, que ha realizado entrenamientos al límite humano como empujar una roca de 25 kilos bajo el océano (junto a más personas) o recorrer 40 kilómetros a remo en una piragua de pie. “El golf me ayuda a limpiar mi mente al tiempo que me exige. Creo que es un deporte mucho más duro de lo que la gente piensa porque es muy difícil ser bueno en él”. Depende de cómo se lo tome cada uno, como un simple pasatiempo o un entrenamiento mental. “Ayuda a tomar las cosas en perspectiva: si trabajas duro en algo, puedes llegar a ser bueno”. Y en estas, Wood reivindica la parte de esfuerzo que hay detrás de los tiradores, de quien el aficionado tiende a pensar por error que se trata de un simple don con el que han nacido: “puede parecer fácil para mí, pero detrás hay mucho entrenamiento y sacrificio”.

Y hablando de futuro, aunque le encantaría jugar algún día en la NBA, “es mi objetivo definitivo”, no es algo que considere probable en un futuro cercano, después de haber jugado dos veranos seguidos la Summer League para Clippers y Lakers, sin demasiados minutos ni fortuna. “Ojalá algún día sea lo suficientemente bueno como para que alguien me dé esa oportunidad, pero aún tengo mucho que mejorar y un montón de cosas en las que trabajar”.

Scott Wood no quiere oír hablar de nada más allá del presente, en el que forma parte del plantel que firmará la mejor temporada de la historia de UCAM Murcia si una hecatombe no lo evita, ya que son doce las victorias conseguidas hasta la fecha con ocho jornadas aún por disputarse. “Si la temporada pasada igualamos el récord de victorias del equipo en ACB (13 en formato de 34 partidos) ojalá este año lo mejoremos”. No hay quien le saque del presente, y ante la pregunta de qué imagen querría que quedase de él aquí, aún sin saber si continuará la próxima temporada o no, responde el tópico “lo único que quiero que recuerden de mí es que jugué duro cada partido” antes de desviar el fondo de la pregunta al colectivo, como el líder que es pero intenta no parecer ante el exterior: “independientemente de que vuelva el año que viene aquí o no, espero que pongamos la primera piedra para hacer que el equipo sea cada año más ambicioso y construya una mentalidad ganadora, que los jugadores que vengan aquí tengan la intención de seguir rompiendo récords. Es un buen equipo, con grandes aficionados, y espero que las cosas sigan mejorando en el futuro”.

Sus triples no se olvidarán, pero su carácter tampoco. De momento, disfrutemos del presente, ese mismo del que éste alero que con doce años tiraba a canasta 500 veces al día se niega a salir. ¡Por muchos récords más!

111391_8_121573_8

Foto: ACB Photo

[1] Puntos / 2*(Tiros de campo intentados + 0’44*tiros libres intentados)

[2] Combinación de tiros de campo dando al triple 1’5 veces más valor que al tiro de dos puntos

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Deja tu comentario

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Entrevistas

Tanoka Beard: “De Manel Comas lo que más respetaba era que no escondía nada”

Publicado

-

Tanoka Dwight Beard (Ogden, Utah, 1971) fue una auténtica estrella del baloncesto nacional en España. Fuerte, anotador y carismático, paseó su inconfundible pañuelo por Badalona, Lugo, Madrid y Valencia, además de por media Europa. Dos veces MVP de la ACB, su afabilidad fuera de la pista contrasta con el carácter inflamable que demostraba sobre la pintura y que le costó más de un disgusto durante sus casi veinte años de jugador profesional.

¿A qué se dedica Tanoka Beard casi diez años después de su último partido como profesional?

Me dedico a la formación de jóvenes, enseñando y entrenando a niños en edad escolar. También estoy muy involucrado en un proyecto empresarial. Este año he lanzado una nueva bebida deportiva, que es una versión natural y saludable de Gatorade, llamada Maji: Premium Sports Beverage.

Nunca llegaste  a jugar profesionalmente en tu país. ¿Viste pronto que tu carrera iba a ir por Europa antes que en la CBA, aunque eso significara alejarte del sueño NBA?

Por aquel entonces esperaba que después de un par de años en Europa, y si lo hacía lo suficientemente bien, se abrieran las puertas de mi gran sueño, que era jugar en la NBA. Cuando comprendí que aquello no iba a suceder, decidí hacerlo lo mejor posible y aprovechar la oportunidad que Dios me dio para viajar por el mundo y que me pagaran por jugar al baloncesto.

Llegas al DYC Lugo en febrero de 1994 para jugar el tramo final de la temporada sustituyendo a Tony Martin.

¡Y recuerdo que nada más llegar me enfrenté a Sabonis! El momento de la llegada a España cambió para siempre mi vida y la de mi familia.

Precisamente habías sido cortado en Roma un mes antes. ¿Cómo es esa sensación de no tener claro dónde vas a estar jugando el mes que viene?

Es cierto. No tenía dudas de que tendría un sitio para volver a jugar, pero la cuestión era escoger el lugar correcto donde hacerlo. Fui cortado en Roma de una forma injusta, y que venía como consecuencia de no saber bien a dónde iba. Así que nos aseguramos de ahí en adelante de no repetir esa mala decisión nunca más.

Antes de regresar a España juegas en Francia, donde tienes problemas al defender a un compañero en una pelea con James Voskuil [1]. ¿Qué sucedió?

Fue un error mío. Estábamos jugando un partido amistoso que se volvió demasiado competitivo. Comencé a sufrir demasiadas faltas duras y después de una de ellas, acabé por golpear a James. También es cierto que al instante me arrepentí…

Volvemos a saber de ti en tu vuelta a España, a la Penya. ¿Cómo se gestó el fichaje? ¿Qué recuerdas de aquella época?
Por aquel entonces estaba esperando una oferta para volver a España, concretamente cerca de Barcelona, que es mi ciudad favorita de todo el mundo. Entonces me llama de Barcelona… Alfred Julbe. Y fue una conversación muy divertida. Me preguntó si yo podría defender como él quería que lo hiciera. Después de aquella conversación aceptó que firmara con ellos y regresé a España.

Una de las imágenes que más se recuerda de Tanoka en la ACB es la del día que te pitan una falta en ataque y destrozas la camiseta.

Durante aquella temporada habíamos construido una rivalidad bastante fuerte con Unicaja. Éramos dos equipos que nos respetábamos, pero al mismo tiempo existía una rivalidad especial. Durante aquel partido la sensación que teníamos era que los árbitros estaban impactando en el resultado de una forma que no les correspondía. El día que rompí la camiseta sentí que estábamos jugando un gran partido, a su nivel, y que por la forma en la que estaban arbitrando nos estaba afectando en el resultado de una forma injusta.

De aquel equipo de Andy Toolson, Andre Turner y tú queda la Copa del 97.

Durante aquellos días encontramos nuestro lugar como equipo. Creímos en que era posible y nos aferramos a esa lucha por un objetivo común. Recuerdo lo feliz que estaba Jordi Villacampa por el que sería su último título, el impacto que tuvieron Crespo y Villa pese a que no tuvieran en principio un rol protagonista. Definitivamente eso fue lo mejor de aquella Copa del Rey, y fue el gran mérito de Alfred Julbe, conseguir que fuéramos responsables de cada uno de nosotros y de que el compañero también cumpliese.

Con la perspectiva de casi dos décadas. ¿Cómo valoras tu paso por el Real Madrid?

Para ser sincero, no quería salir de Badalona. Sin embargo una persona de mi confianza me convenció de que era lo mejor, y llegamos a un acuerdo de forma bastante rápida con el Madrid. Después de casi veinte años de mi paso por el Real Madrid es el momento de ser honestos: no fuimos construidos como un equipo capacitado para ganar el campeonato. Nuestros bases no eran lo suficientemente veloces y yo tampoco era el mejor defensor de ayudas. Además, nunca sacamos lo mejor de jugadores tan importantes como Bobby Martin o Lucas Victoriano.

Foto: Real Madrid

En Madrid te acusaban de ser demasiado individualista. Que el equipo no ganaba a pesar de tus buenos números.

Tenía que cumplir con mi impacto ofensivo, esa era mi principal misión. En ese momento en el que las cosas no salían bien, era más fácil culpar a alguien que enfrentarse a la realidad.

En tu segunda época en Badalona coincides con Manel Comas, con el que tuviste una relación muy especial.

Siempre tuvimos una muy buena relación. Lo que más respeté de Manel fue que era directo y que no escondía nada. Hubo días frustrantes, por supuesto, cuando no llegamos al Playoff, pero pese a todo considero que ese año fue positivo. En Badalona me sentía como en casa.

¿Cuándo dejaste de usar el pañuelo?

Después de Pamesa.

¿Y el motivo?

Muy sencillo. Fiché por el Fenerbahçe y en Turquía había una norma que impedía utilizarlo. Me acostumbré a dejar de llevarlo, eso es todo.

En España fuiste dos veces MVP y siempre cumpliste en cada uno de los equipos a los que fuiste. Sin embargo, te pusieron la etiqueta de jugador individualista.

Siempre hay una etiqueta. No importa lo que hagas, alguien te pondrá una etiqueta. Estoy más feliz de haber sido etiquetado como un jugador individual que siempre ayudó a sus equipos a ser mejores que un temporero al que nadie quería. En ataque solo entendía una forma de jugar, y si no lo conseguía, intentaba rebotear y aumentar mi defensa. De una forma u otra quería dejar mi huella en cada partido. Eso causa problemas en alguna gente que no tiene esa mentalidad.

¿Sigues en contacto con algún jugador de tu época en ACB?

A través de Facebook muchos de nosotros todavía mantenemos algo de contacto. Sin embargo, sigo esperando contactar con Jackie Espinosa. A él y a Dre [2] son los tipos a los que más extraño.

Durante el primer año en Zalgiris coincides con un crepuscular Arvydas Sabonis, que apenas podía correr pero seguía siendo un jugador diferencial. ¿Cómo lo recuerdas?

Recuerdo la pretemporada de aquel año. Sabas estuvo allí dos días y luego no le volvimos a ver. No estaba demasiado claro, pero finalmente jugó con nosotros. Básicamente buscábamos que Sabas fuera parte importante del ataque, y la verdad es que resultó muy bien. De repente estaba con nosotros, en lo que fue un año mágico.

¿Sigues la actualidad de Zalgiris? ¿Cómo valoras el trabajo de Jasikevicius como entrenador?

Saras es exactamente igual como entrenador que como jugador. Posiblemente mejor.

¿Cómo encajaría el juego de Tanoka en una época en la que prevalece un tipo de jugador más polivalente?

Ahora la mayoría de los jugadores intentan adaptarse a un modelo, yo intentaría que sea el oponente el que se ajuste a mí. En mi juventud fui un poco más rápido de lo que la gente recuerda, así que creo que todavía podría formar parte de alguno de los mejores equipos de la actualidad.


[1] El autor se refiere a la agresión que cometió Tanoka sobre Voskuil durante un partido amistoso y que le costaría una fuerte sanción de la LNB.

[2] André Turner, base de la Penya durante la época de Tanoka en Badalona.

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Continue Reading

Entrevistas

Antonio Herrera: “La estadística avanzada es el siguiente paso a dar en Europa”

Publicado

-

El Martín Carpena permanece callado. Da sensación de soledad, incluso. De encontrarse de vacaciones. Antonio saluda a un empleado del pabellón y nos reconoce, entre risas, que el personal le conoce bien porque pasa “todo el día en la oficina”. El entrenador tiene una presencia imponente y una voz que abre oídos. No es muy alto, pero tampoco lo necesita. Sin saber por qué, de esos que se ganan la atención sin necesidad de esforzarse.

Decide enseñarnos su lugar de trabajo, equipado, cómo no, con sendas pizarras, imágenes motivacionales y material para trabajo de vídeo. Reconoce, después de pedirnos tuteo, ser lector de Skyhook Magazine y se muestra agradecido por que compartamos su experiencia como asistente de Sam Cassell en el equipo de los Clippers en la pasada Summer League de Las Vegas.

Para empezar veo obligatorio esto. ¿Cómo se fijan desde fuera en un entrenador asistente, que es un trabajo difícil de apreciar? ¿Cómo ven, en este caso, desde la NBA, su trabajo?

Yo creo que, a nivel general, la NBA está muy interesada en conocer cada vez más la metodología de trabajo que hay en Europa. Sus entrenadores y por supuesto sus jugadores, especialmente los más jóvenes. Cuando ellos contactan conmigo a través de haber tenido ya un cierto contacto en otras ligas de verano lo hacen precisamente por esto, por lo que ellos puedan ver que hace Unicaja, cómo es nuestro juego, nuestra metodología de trabajo. Ellos tienen scouts por toda Europa y, evidentemente, la mayoría de las franquicias envían sus scouts a los equipos NBA. Algunos de ellos incluso nos ven entrenar y están unos días aquí. Y ese ha sido un poco el motivo por el que ellos se fijan en mí, por el trabajo que hacemos en Unicaja, y me dan esa oportunidad.

Contactan con usted, ¿a través del club?

Ellos contactan conmigo directamente pero luego hay unos requisitos a cumplir a través del club. Hay un primer contacto para saber si estoy interesado y en cuanto empezamos a hablar sobre la posibilidad, ellos contactan con el club y van hablando desde finales de la temporada pasada. Cuando llegamos a un entendimiento por el que podía estar autorizado para ir, se formaliza todo.

Hay algo muy interesante. Antes nos has hablado de cómo la NBA busca expandirse en Europa. Es la experiencia de la Summer League y cómo jugadores europeos van a probarse.

Creo que los jugadores que destacan en Europa quieren estar en el mejor lugar posible y esto en el baloncesto es la NBA, Estados Unidos, y creo que una ambición lógica de cualquiera es probarse con los mejores. Y es allí donde están. Así pues, la liga de verano es un escaparate y una oportunidad para muchos jugadores que juegan en Europa de que estos scouts y estos general managers puedan verles en directo enfrentándose a jugadores que están en la NBA o a punto de entrar.

Foto: Alberto Tenorio

Otro aspecto importante de la Summer League es cómo se mezclan en los equipos jugadores que podríamos llamar currantes y otros que son casi estrellas, o incluso lo son. ¿Hay diferencia en el trato entre estos?

Sí. Hay aspectos muy interesantes. Este que tú dices es una de las inquietudes que yo tenía antes de ir. Ver cómo era el trato y la forma de trabajar con los que ya pertenecen a la franquicia o están a punto de entrar y los demás. Hay otro aspecto que me motivaba muchísimo, ver cómo ellos en ocho o diez días unificaban o intentaban aplicar la visión de juego que tenía el primer equipo con jugadores que no eran de la franquicia, que venían de distintos puntos.

En el caso que yo he observado en mi experiencia de Summer League, viviéndola ahora desde dentro, es que obviamente el jugador que pertenece a la franquicia directamente o alguno que estaba cedido en otro país o en otro equipo tiene más importancia en el entrenamiento y el juego. Es normal que en el entrenamiento tenga un trato diferente porque se conocen de todo el año. Bien porque han entrenado con ellos o bien porque están en otro sitio pero han tenido un seguimiento. Los demás vienen nuevos, así que es normal. En el juego también tiene sentido que los jugadores que más les interesan tengan más oportunidades.

Sobre esto que hablamos de tener jugadores distintos y con distintos papeles, imagino que en la planificación tendrá un papel importante el desarrollo del jugador técnica y tácticamente. ¿Tu papel allí cuál era?

Creo que como todo el proceso que se realiza en Estados Unidos con los entrenadores ayudantes, no solo en NBA, también en NCAA, todo es progresivo. Este primer año hemos querido conocernos y sobre todo mi mayor aportación ha sido explicar cómo hacemos nosotros las cosas que ellos entrenan. Así, yo he estado presente en la vida de ellos, todas las horas que estaban en el pabellón, las sesiones de vídeo, las sesiones dobles…

Digamos que yo no tenía un trabajo específico, sino que estaba en todo; pre-entrenamiento, post-entrenamiento, edición de vídeo, etc. Y cuando explicaban o desarrollaban el entrenamiento querían que interviniese continuamente explicando ese tipo de defensa cómo la trabajamos nosotros, o tal ataque contra tal defensa específica. En el vídeo igual. Tienen un programa de vídeo diferente, ni mejor ni peor, y tanto en el scouting del rival como en el post-partido nuestro querían que les enseñase cómo hacia los vídeos. Yo creo que esa ha sido mi mayor función allí y en lo que más han invertido. Estoy convencido de que esto irá a más en años sucesivos. Espero que sea así.

Leí un artículo muy amplio que escribió en Solobasket en el que hablaba de grupos de trabajo, número de asistentes y entrenadores en general trabajando con cada franquicia. ¿Cómo se organiza eso?

Todo en la franquicia era muy meticuloso. Evidentemente estamos hablando de una realidad diferente. Tengo la fortuna de trabajar en un equipo de primer nivel, de Euroliga, pero hay un abismo respecto a recursos. Allí sí hay un cuerpo técnico muy amplio, pero cada uno con una tarea muy específica, y yo no he visto que ellos se salgan de ahí. Dentro de la distribución que ellos tenían había un entrenador jefe que era Sam Cassell, el primer asistente de Doc Rivers, y aparte de él había dos entrenadores dedicados al ataque, más otros entrenadores de fundamentos, de detalles, e incluso había uno mayor que estaba como asesor.

Pero ellos se limitaban a sus funciones, y cuando preparábamos el entrenamiento y hablábamos del mismo, cada entrenador en su área comentaba sus impreiones, o Sam Cassell les preguntaba a cada uno dentro sobre algún ejercicio determinado. Y en el entrenamiento igual. Si había un ejercicio de defensa lo explicaban los entrenadores de defensa y Sam intervenía en momentos determinados.

Sobre esa amplia ventaja que tienen respecto a sistemas y programas utilizados, me parece muy interesante la estadística avanzada, su uso allí. ¿La ves, de algún modo, implantada en Europa?

Evidentemente, para mí, el uso de estadística avanzada es el siguiente paso que tenemos que dar en Europa. Es probable que haya equipos que ya la estén utilizando o que estén a punto de utilizarlo, y hay empresas que van a apostar fuerte, pero es que ellos lo tienen en el día a día. A mí me sorprendía muchísimo cómo utilizaban la estadística para, no solo el equipo nuestro de Summer League, cuando había conversaciones sobre el primer equipo y claramente ellos tenían definido cuándo el equipo rendía en la pista, cuándo coincidían tres o dos jugadores concretos en pista, cuándo con un jugador el equipo recibía más puntos aunque él anotase… Y eso me parecía de un valor extraordinario a la hora de gestionar tu equipo y por supuesto a la hora de reclutar, para lo que utilizan muchos recursos.

Herrera, con el trofeo de la pasada EuroCup. Foto: Solobasket

Volviendo al número de asistentes, quería que me comentara, además de la cantidad, cómo de diferente es la planificación y el trabajo de un grupo norteamericano a un europeo.

La principal diferencia es el número. Cuando tienes en un cuerpo técnico ocho entrenadores y en Europa puedes tener tres, o hasta cuatro en el caso de un equipo de máximo nivel, la distribución del trabajo hace que se cuide más el detalle. Ellos tenían distribuidos jugadores a nivel individual, pues no es lo mismo distribuirse una plantilla entre tres entrenadores que entre siete, esto es obvio. Así se le puede dedicar más tiempo al jugador, más tiempo al post-partido para fijarte en jugadores. Nosotros, por ejemplo, en la Summer League, cuando un jugador era sustituido, un entrenador con un iPad podía sentarse a su lado porque le estaba haciendo un seguimiento exclusivo a ese jugador porque le interesaba a la franquicia. Creo que se abarca el mismo tipo de trabajo pero al distribuirlo más pues pueden ir más al detalle y estar más pendiente de un jugador en concreto.

Sobre el número, en Baskonia este año se ha firmado recientemente a un entrenador, Sergio Valdeolmillos, con incluso más nombre que el principal y Prigioni en una entrevista reciente habló de cómo tener más asistentes aumenta la eficiencia porque, por ejemplo, en un ejercicio de tiro hay más pases y por tanto más tiros. ¿Ve en este sentido una americanización en Europa?

Bueno, allí en los Clippers por ejemplo teníamos dos compañeros que ni siquiera intervenían en la pista. Estaban en la oficina, con una pantalla gigante, viendo el entrenamiento desde allí, con el programa de edición de vídeo iban cortando situaciones del entrenamiento que nos valían después en la reunión post-entrenamiento para preparar el del día siguiente. Entonces, aumentar el número de entrenadores hace que tu trabajo sea mejor, más detallista y con mayor rigor en la ejecución.

Luego, el caso de Baskonia no lo conozco desde dentro. Dices que hay un entrenador asistente que tiene incluso más nombre que el principal. Lo que no podemos ocultar es que un exjugador tiene evidentemente una credibilidad inicial, creada por la experiencia, que hace que tenga ese tipo de oportunidades como va a pasar en Baskonia con Pablo Prigioni. Creo que ellos muchas veces tienen esa capacidad de ponerse en lugar del jugador por haber estado allí, pero también, la gestión de grupo requiere una efectividad en el manejo de emociones, saber cuándo tomar distancia, etcétera. Si hay una apuesta por tener un cuerpo técnico más amplio, el resultado va a ser positivo siempre, y no solo en este ejemplo que es claro, el del tiro. A la hora de pasar, de contar, de exigir… Cuantos más haya, mejor. Si no, a la hora de estudiar al rival, porque si nos fijamos en Estados Unidos, que creo que es imprescindible, también del cuerpo técnico había entrenadores que solo se dedicaban al estudio del rival. No sé si Baskonia tiende a una americanización o no, pero bienvenido sea si hay una clara apuesta por tener más entrenadores.

Allí en la Summer League tuvo la presencia de dos entrenadores jefe, como Sam Cassell y Doc Rivers con el que, aunque no trabajó, creo que tuvo contacto. Habiendo un grupo de trabajo tan amplio quizá no se entienda la importancia que tiene un entrenador jefe carismático.

Yo creo que en el volumen de partidos que hay en la NBA y que hay en Euroliga, el entrenador carismático es cada vez más importante. Porque el número de partidos hace que también aumente la preparación del partido, los detalles, los problemas, las lesiones, los jugadores, distintas dinámicas, la obligación de que el equipo reaccione a un mal o buen resultado, y esto lo tiene que hacer un entrenador carismático.

La figura del entrenador que abarca todo en el entrenamiento, en el partido, tiende a desaparecer por completo para que los entrenadores ayudantes cada vez asuman más papel. Y eso tengo la fortuna de vivirlo aquí desde el primer día. Allí, en la Summer League, Doc Rivers intervenía puntualmente y eran intervenciones excelentes. Puntualizaba lo que quería decir claramente, el mensaje adecuado en el tiempo adecuado, mientras Sam Cassell era quien llevaba al equipo con energía, con presión, con todos los detalles, etcétera. Me han parecido muy interesante esas dos características.

Antes hemos hablado sobre los jugadores que son casi estrellas. Los entrenadores carismáticos son, prácticamente, gestores de ego, ¿no?

Es muy importante. Ahora mismo hay un par de entrenadores en la NBA en los que me gusta fijarme mucho. Uno es Brad Stevens, que después de triunfar en una universidad muy pequeña, en Butler, y llevarlos a la Final Four, consigue entrar en una gran franquicia que apuesta por él claramente con un ejemplo de una nueva gestión de jugadores. Él maneja muy bien esos egos, incide mucho en el lado positivo del jugador, más que en los errores, y está llevando al equipo de una manera tan extraordinaria que llama la atención en toda la NBA.

Y hay otro entrenador que, yo creo, está marcando diferencias en esto, que es Erik Spoelstra. Es un entrenador con mucho carácter que lo gestiona, quizá, un poco diferente a Stevens, pero para mí ahora mismo son dos modelos de gestión de egos y, por supuesto, si nos fijamos en los grandes entrenadores europeos: Ettore Messina, Obradovic, Aíto, Joan Plaza, por supuesto… Son entrenadores que saben perfectamente cómo marcar los roles, gestionar los grupos, etc., porque hoy en día creo que esto es lo que realmente puede marcar la diferencia; la buena gestión del grupo. Y esto incluye los egos.

Foto: Alberto Tenorio

En Europa, sobre la NBA, también sobre el ego, hay muchos mitos. Viéndolo desde dentro, ¿qué puede decir sobre estos?

Creo que hay una tendencia clara en la NBA a buscar el espectáculo. Hay una presencia de los medios muy grande y quizá esa orientación tienda un poco hacia el individualismo y el físico. Allí en la Summer League habíamos estado diez días tranquilos en Los Ángeles. Con tranquilos quiero decir en nuestro pabellón, con el restaurante, con la cocina, con todo allí, pero fue llegar a Las Vegas y darse un aluvión de medios de comunicación en los entrenamientos y en los partidos tremendo. Eso es verdad, existe, pero también es cierto que ellos venden el producto de una manera extraordinaria y nosotros deberíamos aprender, porque en julio, en Las Vegas, con 45 grados, que una liga de verano en la que cobran 32$ la entrada tenga diez mil personas para ver a los Lakers cada día es increíble, increíble… Y de esto tenemos que aprender.

Yo tengo la fortuna de haber estado con una franquicia en la que el juego en equipo era importante, compartir el balón y defender bien. Y tanto Sam Cassell como Doc Rivers nos incidían mucho en que había que llevarlo así, y al jugador se le ha inculcado desde el primer momento que no queríamos individualismo, que podían ser estrellas en sus equipos, en otro lado, pero no tenían que demostrar más de lo que eran para convencer. Que haciendo lo que sabían hacer ya era suficiente.

Por tanto, yo creo que no son ciertos todos los mitos que hay sobre la NBA. Viéndolo de dentro me han parecido gente con una metodología de trabajo extraordinaria, con un gran cuidado por todos los detalles en la ejecución.

Ahora, sobre el entrenador español en Norteamérica. Tenemos allí a Jordi Fernández, asistente en los Nuggets, ahora tu experiencia. ¿Qué esperas de aquí a unos años vista?

Creo que nosotros estamos lo suficientemente formados como para triunfar en cualquier lugar del mundo, incluido Estados Unidos. Ellos también tienen una cultura en la que no les importa la nacionalidad, la raza, el color… Valoran el esfuerzo, la pasión, el conocimiento, la inteligencia. Y eso nosotros lo tenemos, afortunadamente. Hay una cultura muy fuerte de baloncesto en España y creo que estamos preparados para aportar mucho en la mejor liga del mundo. Ahora está Jordi pero seguro que van a haber más oportunidades para entrenadores españoles y europeos. Ettore Messina está al primer nivel ahí y siempre salen en los veranos rumores de que puede llevar a alguna franquicia, y sin duda la llevará algún día. Yo creo que puede ser una vía muy interesante para nosotros, el poder trabajar allí.

Dice que su papel allí fue, practicamente, exportar conceptos europeos y formas de trabajar. Pero si tuviera que quedarse con algo e importarlo, ¿qué sería?

Yo lo que importaría sería la metodología de trabajo a nivel de grupo, a nivel de staff. Vi mucha organización. Vi al psicólogo perfectamente coordinado con el entrenador para tratar a un jugador o a otro, las reuniones previas al entrenamiento muy bien organizadas con todo el entrenamiento preparado y cada uno interviniendo en su parte. Me quedaría con ese estudio del entrenamiento por parte de dos entrenadores dedicados exclusivamente a esto.

Creo que la estadística avanzada es algo que deberíamos importar aquí lo antes posible y que nuestros clubes y directores deportivos lo deberían valorar y tener en sus presupuestos como cualquier otra partida porque me parece muy importante.

Luego, por último, lo que también me ha marcado muchísimo es la importancia que ellos le dan a la confección del equipo. Por eso ellos invierten en tener scouts por todo el mundo, en tener informadores por todo el mundo, en dedicarle mucho tiempo al conocimiento del jugador. Y yo creo que eso nosotros, aun con menos medios, deberíamos tender a ello. No escatimar en esfuerzos para conocer personalmente y profesionalmente a los jugadores que podemos tener en el club.

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Continue Reading

Entrevistas

Lagarto De La Cruz: “En Madrid no me querían, pero Lolo Sáinz intentó ficharme dos veces”

Publicado

-


Recuperamos esta entrevista al Lagarto De La cruz, de#Skyhook7, un número en el que revelemos la relación histórica y actúal entre la liga ACB y Argentina y que todavía podéis conseguir aquí. 


Llegó a España de casualidad, y casi sin darse cuenta, formaba parte del juego interior de aquel Barcelona ochentero que tantas veces lo intentó en Europa. Le recordaremos siempre por ser miembro del mítico equipo español de Los Ángeles del 84. Tras retirarse, se asomó a los medios de comunicación en aquellas míticas retrasmisiones de La Sexta junto con Andrés Montes. Con Juan Domingo de la Cruz Fermanelli (Pasteur, Buenos Aires, 6 de febrero de 1954) podríamos hablar de una toda una época de nuestro baloncesto, y nos faltarían horas. Él fue el primer argentino en jugar aquí, cuando aquel salto todavía no era ni siquiera probable.

¿Te consideras un pionero?

Creo que al menos a  un nivel de primera división, creo que sí fui el primero. Para nosotros en Argentina en esa época el básquet era un deporte secundario, allí el fútbol , como en toda Sudamérica, era el deporte rey, por lo que no te planteabas jugar al baloncesto como profesional.

¿Se seguía por aquella época el baloncesto europeo en Argentina?

Si te soy sincero, cuando me dijeron Barcelona, miré en un mapa, porque pensaba que era un pueblo de Italia. En esa época, te lo juro, nos metían el NO-DO en Argentina, y todo era Real Madrid, Franco, el fútbol…. Yo no era demasiado seguidor del básquet, pero a raíz de que un tío mío me llevara a ver un torneo en el Luna Park en el que jugaban España y Argentina, tuve un primer contacto directo con el baloncesto. Recuerdo que estábamos allí y un señor, que luego resultó ser Manolo Padilla, el delegado de la selección española durante muchos años, me dio un pin que guardé durante años. En esa selección estaban Rullán, Santillana, Manolo Flores… Yo esa época no tenía pensado ni empezar a jugar, pero me vieron por la calle, me convencieron… y a los dos años estaba por España.

Cuéntame eso. A mitad de los setenta Eduardo Portela viaja a Argentina, a San Lorenzo, y vuelve con un chaval para España, que se pone a jugar con todo un Barcelona.

Yo por entonces jugaba en San Lorenzo de Almagro, éramos la sección del típico club de fútbol, pero por aquella época nos llamaban la catedral del básquet, porque era el equipo campeón. Fue cuando el Barcelona hizo una gira de varios partidos por Argentina, y en un torneo en Mar de Plata, se supone que teníamos que jugar contra ellos. Digo se supone porque no ganamos nuestra semifinal, y no llegué nunca a jugar contra el Barcelona.  El caso es que ahí me vino Ranko Žeravica, y estuvo hablando conmigo, me preguntó si tenía familia en España… Yo pensé que quedaría todo en nada, pero al poco tiempo El Gordo Portela se puso en contacto conmigo y me animó a dar el paso de venirme a Europa.

Y llegas a España como extranjero.

En un primer momento me tuvieron escondido, solo entrenaba, pero el tema de mi nacionalidad salió rapidito. En menos de mes y medio ya tenía los papeles porque era todo muy legal, muy trasparente. Mis abuelos eran de Salamanca, así que soy un oriundo, pero legal, no de los que aparecieron últimamente por aquí. Hubo uno que apareció diciendo que sus padres eran de Celta de Vigo […] En principio la idea era cederme al Manresa, pero Ranko quiso que me quedara en el equipo. Yo llegué con un año de contrato que enseguida se amplió a tres, y así hasta los doce años que estuve.

Llegas en 1975…

Venía con una idea distorsionada de España. Recuerdo que les dije a mis padres: “Tengo ilusión por conocer a Franco”. Fíjate como veníamos nosotros. Estuve diez días en un hotel y luego me metieron en una familia catalana. Entonces un día estoy viendo la tele y pasó lo que pasó. Hubo una fiesta en la casa, cava catalán… Yo estaba alucinando. Luego te vas dando cuenta de por qué te llaman polaco en Madrid, porque en el Palau cantaban un himno que no era el español… Todo eso que ya conocemos, pero para un tipo que viene de Argentina con veinte años, imagínate.

Foto: FC Barcelona

¿Y el salto a nivel baloncestístico?

En Argentina entrenábamos un par de horas por la tarde, después de trabajar. Recuerdo que ya en Barcelona nos regalaron dos pares de zapatillas de Converse, que nosotros no las veíamos ni en foto. Era otra historia. Y luego Ranko, que nos metía tres horas por la mañana y tres por la tarde. Fue un cambio total.

Fueron doce años en Barcelona con muchos cambios. De Liga Nacional a ACB, de la hegemonía del Madrid al Barça…

Yo tuve una etapa para mí que no fue buena, que fue la de Kucharski, en la que casi ni entrenábamos. Recuerdo que nos decía, “si queréis podéis venir a hacer un poquito de tiro, pero en vaqueros…”. Yo lo respeto por todo lo que fue, pero para mí fue muy negativo. Ganamos una Copa del Rey al Zaragoza que le sirvió para que siguiera un año más, que claro, no terminó, porque no hacíamos nada. El resto de etapas bien, yo no me puedo quejar, desde el club siempre he recibido buen trato a nivel directivo, y con los entrenadores, unos mejor, otro peor.  El problema de aquella época es que en la zona solo se fichaban extranjeros. No era normal que se fichara un americano para ser base o alero, así que yo me tenía que ganar el puesto contra ellos. Yo me hice la mentalidad de que tenía que hacerme ver en el campo, y al final casi siempre acababa jugando los minutos importantes.

Y esos últimos años con Aíto…

Fue la última etapa, en la que ya estaba claro que él no contaba conmigo. Lo que pasa es que las cosas hay que decirlas más claras. Cuando traen a Trumbo y se nacionaliza me dijeron que cualquiera se podía quedar fuera, hasta Epi, y eso no te lo comes…

¿Aíto no te llegó a decir directamente que no cuenta contigo?

No. Él me decía que no lo tenía decidido, cuando yo sabía que había hablado con periodistas de que con la llegada de Trumbo me iba a quedar fuera. Pero Núñez me convenció. Yo hablaba directamente con él, porque en esa época no había representantes. Él no entendía cómo yo, siendo internacional, me iba a quedar fuera. Recuerdo que Marcos Alonso, el padre de Marquitos Alonso, me dijo: “Te voy a dar un consejo, del Barcelona, que te echen, nunca te vayas tú”. Núñez me subió la ficha y me dijo que si al siguiente año me quedaba fuera me podía ir a cualquier otro equipo menos a la Penya o al Madrid.

Al final esa generación del Barcelona ha quedado un poco olvidada. Por ejemplo, te he leído en alguna ocasión reivindicando que la camiseta de Chicho Sibilio debería estar retirada.

Me saben mal casos como el suyo, que estuvo allí tantos años. Creo que se lo merecía. A lo mejor luego ves alguna camiseta por ahí que dices… Bien no se portaron. Por ejemplo, yo he tenido que ir a una Final Four en Turquía y acreditarme con una radio. Que no te digo que me paguen el pasaje, simplemente acreditarme para entrar al pabellón. Esos detalles me parecen bastante desagradables que tu club, habiendo estado doce años allí, no te digan, aquí tienes una acreditación…

Háblanos de la época de la selección.

Yo le debo mucho a Díaz Miguel. Me ayudó cuando en mi club no era muy reconocido. Es el entrenador que más me ha marcado, y te puedo decir a otros jugadores igual, como Fernando Romay. Para él los pívots eran sus jugadores, sus niños. Luego cuando me retiré me llevó de ayudante, a Barcelona, a Roma… Y eso es una experiencia que me sirvió para decidir que no quería ser entrenador.  No quiero ser entrenador de estos mamones de profesionales, entre los cuales yo me puedo incluir.

¿Cambia mucho ser un jugador de club, a de repente tener que ir cambiando de equipo casi cada año?

Ahí tuve que cambiar el chip, en el sentido de que tuve que hacer un trabajo específico de pesas para coger más peso, porque donde yo iba tenía que absorber más minutos y jugar en una posición más de cinco puro. Me fui a Valladolid, donde estaba Pesquera en el primer año, y en el segundo Laso. La primera temporada fue muy buena para nosotros. Recuerdo que incluso le ganamos al Barcelona en casa. Era un equipo de currantes. El segundo no estuvo tan bien, con muchos cambios de americanos. Luego me fui a Manresa y el último año… bueno, fue el año en el que me llamó Boza.

¿Y qué pasó?

Yo siempre cuento que Aíto me echó dos veces. Estaba Maljkovic en el Barça y entonces me llamó Manolo Flores, pidiéndome que fuera a entrenar con ellos. Aíto era el director deportivo y recuerdo que esos días estaba también Magic Johnson. Total, que voy a entrenar y al día siguiente veo en el periódico unas declaraciones de Maljkovic sobre mí, poniéndome como un jugador veterano que conoce el club, que si me pongo en forma contaba conmigo…  Yo no entendía nada. Es entonces cuando va a inaugurar el Sant Jordi con un Opel McDonald’s y Maljkovic me invita a jugar. Después de casi cuatro años fuera, era como un sueño.  Como todavía estaba relativamente reciente mi marcha, me encontré con todo el Sant Jordi aplaudiendo.  Yo no podía ni moverme. Para mí fue de las cosas más lindas de mi vida.

Después de ese torneo me llamó Aíto, y en la reunión me dijo: el yugoslavo te quiere, pero yo no lo veo factible. Te vamos a hacer ficha pero no la vamos a presentar.  Me dijo que no sabía si era bueno para el club que volviera a fichar. Al mismo tiempo yo estaba hablando con el Taugrés de Herb Brown, que al parecer estaba loco conmigo. Me comió la cabeza… y al final le digo a Aíto que le agradezco el esfuerzo, aunque no era ninguno, evidentemente, y me fui al Taugrés con Chicho, Arlauckas…

Un equipo mítico.

Pegamos el pelotazo de eliminar al Madrid. Recuerdo que le decía a Chicho que no me creía que volviéramos allí. “¡Con lo que me quieren a mí aquí!”, le decía. En Vitoria jugué mucho tiempo porque Ramón Rivas estaba medio tocado, y le ganamos como de quince.  Para mí eso fue un resurgir.

Foto: FC Barcelona

Hoy le he dicho a un amigo, acérrimo del Madrid, que te iba a entrevistar. Me ha contestado con un el cabrón ese…

¿Sabes qué me pasó a mí? Yo en mi equipo tenía a Chicho o a Epi, que absorbían el 60% del juego del equipo. Luego tenía a los americanos… Me dije, o te despiertas y haces algo más, o no te vas a comer nada. Yo me especialicé en la defensa, en el americano de turno. Recuerdo que un día cogí a Óscar, que metía sesenta por partido. A mí me hizo veinticinco, no me jodas. Defender supone contactar más contra el rival. Pero yo no empezaba la guerra, no era sucio, ni daba codazos. Yo sabía que a los americanos les molestaba mucho que fuera pegajoso. Si no hubiera hecho eso habría jugado muchos menos minutos. A mí en Madrid no me quería la gente, pero yo tuve el honor de que Lolo Sáinz me quiso fichar dos años. El año en que Fernando Martín se fue a la NBA, que Antonio se fue a Pepperdine, ellos necesitaban un pívot  más. Y me ofrecieron, y además bien.

Ha habido épocas de hasta veinte argentinos en la liga, y ahora solo hay cinco. ¿A qué se debe?

Creo que tuvimos la suerte de que coincidió con que tuvimos a la Generación Dorada, y que la mayoría pasaron por España, en el Taugrés, lo que al jugador argentino le dio un plus de reconocimiento. El argentino, ya sea en fútbol o básquet, tiene una garra especial, y ahora además vienen con una clase muy importante. ¿Que ahora falta otra generación? Es ley de vida, y también puede pasar aquí.

¿Qué diferencias ves en uno u otro caso?

Yo lo veo más difícil para Argentina. En España hay más jugadores jóvenes, lo que pasa es que tengo el miedo que tenemos todos cuando ves que en la ACB el jugador joven y con futuro se tiene que buscar la vida en otro sitio, como en las universidades americanas, porque aquí ven a uno o dos jugadores nacionales en cada equipo de ACB con suerte. Eso creo que puede afectar al futuro de la selección.

Foto: FC Barcelona

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Continue Reading

SKYHOOK #16

 

Dossier Gigantes: pasado, presente y futuro de una profesión en peligro

De toscos gigantes a hábiles figuras capaces de hacer casi todo dentro de una pista. La figura del pívot marca el ritmo de su deporte y condiciona épocas, estilos y recuerdos, y a través de ellos viajamos en una travesía de casi ochenta años en el tiempo.

Ya a la venta en papel y digital 

RESUCITA A TUS MITOS

Publicidad

Quinteto Ideal