“En 49 estados es sólo baloncesto, pero esto es Indiana”

Sí, parece que fue el baloncesto quien llegó a Wood. Y si no, hubiese sido él quien se hubiese acercado. Tampoco tenía mucha escapatoria un nativo de Marion, Indiana, hijo de jugador de baloncesto universitario y que iba a medir en torno a los dos metros de altura.

Y es que en Indiana “todo el mundo juega el baloncesto y a todo el mundo se le da bien, algo así como el fútbol en España”, explica el propio Scott Wood. Influenciado por la gran estrella de los Pacers del momento, Reggie Miller, y el jugador más legendario nacido en su estado, Larry Bird, nuestro protagonista tuvo claro desde el principio que quería ser un gran tirador: “Solía hacer al menos 500 tiros al día”.

Sin embargo, su jugador favorito por aquel entonces era Vince Carter, como el de la gran mayoría de pre-adolescentes neófitos en el seguimiento del baloncesto profesional, prendados ante su show en el concurso de mates del All-Star del año 2000. Suya es la camiseta de Toronto Raptors que viste en su foto de perfil en Twitter, “la razón por la que llevo el número 15”, en pleno concurso de tiros libres, y con unos pantalones de Indiana Pacers. “¡No sabía combinar!”, recuerda con cierta vergüenza.

No es de extrañar que con tal volumen de entrenamiento, el joven Wood empezase a comprobar el resultado del esfuerzo, siendo capaz de anotar 214 tiros libres consecutivos con tan sólo doce años, la edad a la que los niños empiezan su primera temporada con canasta a 3’05 metros de altura. Probablemente, la primera de las disparatadas marcas que su lanzamiento registraría.

Scott Wood durante su periplo en High School

Scott Wood durante su periplo en High School

Los primeros grandes pasos de Wood se darían en los Giants del Marion High School, instituto siete veces ganador del campeonato estatal y donde también se formase el dos veces all-star de la NBA Zach Randolph, probablemente el jugador de baloncesto que más agradecido puede estar a Marc Gasol. Antes del salto al baloncesto universitario, Wood ya triunfaría como uno de los mejores jugadores de instituto de Indiana, siendo nombrado all-state first-team (quinteto ideal del estado) y liderando a los Giants a un récord de 21-4 en su último año en Marion. En esa temporada a Wood le tocó en ocasiones desempeñar la posición de base, y fue probablemente ese el momento en que el recientemente retirado Steve Nash se convirtiese en su jugador favorito en detrimento de Carter. Pero si le preguntas por el mejor de la historia, no hay dudas: “Michael Jordan”. Se siente, Larry.

Y de Marion, a Raleigh.

No fue difícil para Wood decantarse por North Carolina State, encuadrada en la Atlantic Coast Conference (en adelante ACC). “El entrenador asistente (Monte Towe) es de mi ciudad, un gran tío que nos visitó mucho a mí y a mi familia para convencerme”. Después de haber jugado para un instituto de gran tradición e historia, en su siguiente escalón quería vivir dentro de un contexto de exigencia similar, ya que los Wolfpack “han ganado dos campeonatos nacionales (1974 y 1983) y siempre quise jugar en la ACC para enfrentarme a universidades como Duke o North Carolina”.

Era la temporada 2009/10 y su primer entrenador en NC State durante sus años freshman y sophomore sería Sidney Lowe, un viejo conocido para el aficionado español a la NBA por ser el primer entrenador de Pau Gasol en su aterrizaje a la mejor liga del mundo, allá por 2001. Rápidamente se ganaría su confianza para convertirse en titular indiscutible a pesar de ser un imberbe novato recién salido del instituto (sólo saldría desde el banquillo en dos partidos durante sus cuatro años en NC State). De Lowe guarda un gran recuerdo Wood, ya que “siempre me ayudaba a mejorar y no me dejaba que me conformase con ser un jugador de nivel medio, empuja a todo el mundo a ser lo mejor que cada uno pueda ser. Es una gran persona al tiempo que un gran entrenador”. Por cierto, actualmente hay otro español beneficiándose de los conocimientos de Lowe, que ejerce de entrenador asistente en los Timberwolves de Ricky Rubio.

Tras una primera temporada como titular pero sin gran protagonismo en el juego ofensivo del equipo, la 2010/11 sería la de su consagración, promediando 9’7 puntos por partido y estableciendo el récord de porcentaje de tiros libres en una temporada para su universidad y segunda mejor marca en la historia de la ACC, un 92’3%.

Pero su nombre tan sólo estaba empezando a aparecer en los libros de historia de NC State y la ACC. En su año junior, la temporada 2011/12, ya con Mark Gottfried como entrenador, registraría la racha más larga de tiros libres consecutivos anotados en su conferencia, con 66. Y triples. Muchos triples. Hasta 95, la segunda mejor marca en una temporada en su universidad, acercándose al récord que más tarde alcanzaría, garantizando 2’6 por partido. Wood era ya toda una amenaza ofensiva, uno de esos jugadores, que, si bien pueden tildarse en ocasiones de unidimensionales por ser especialistas, con el temor que desprende su presencia en pista en la defensa rival ya genera puntos para su equipo. Así, el rating ofensivo del número 15 de los Wolfpack fue de 128’04 (puntos por cada 100 posesiones) y su porcentaje de true shooting[1] del 62’8%, los más altos de la ACC, guiando a NC State hasta el Sweet 16 después de cinco años de ausencia en el torneo final. Gottfried le había pedido un paso adelante en liderazgo y los resultados parecían corroborar el éxito de la demanda.

Con el rol de adalid llegaría su año senior. El mejor de su carrera y el que le dispararía irremediablemente hacia el profesionalismo. Aquel chico de Indiana valía para esto. En la temporada 2012/13 superaría el centenar de triples anotados con su mejor porcentaje (44’1%), igualando la mejor marca de 104 triples anotados en una temporada de Rodney Monroe y batiendo la total con 334, superando al propio Monroe (que jugó en la temporada 2005/06 en el Plasencia Galco español de LEB) en un mítico partido del ACC Tournament ante Virginia en el que “jugué realmente bien, metí siete triples y ganamos”. “Mi mejor recuerdo”, según reconoce. Por supuesto, nadie en su conferencia anotó ni intentó más triples que él, ni con mejor porcentaje.

La estadística avanzada volvía a estar del lado de Wood. En 2013 repetiría como el jugador que más puntos garantizaba a su equipo por cada cien posesiones, esta vez con un rating de 133’91 pero ahora liderando toda la NCAA. Nadie en el baloncesto universitario americano podía superarle. Además, su porcentaje de true shooting  se disparó hasta el 66’2%, el mejor de la ACC en una estadística con protagonismo para hombres interiores que tiran cerca del aro. Una absoluta barbaridad para alguien que lanzaba 82 de cada 100 tiros desde más allá del triple. Así, se ganaría el reconocimiento popular y sería incluido en el segundo mejor quinteto de la temporada de su conferencia. Era el líder absoluto de un equipo en el que estaban los hoy NBA Lorenzo Brown (Minnesota Timberwolves) y T.J. Warren (Phoenix Suns, número 14 del último Draft) y otros profesionales como C.J. Leslie (Mets de Guaynabo, Puerto Rico) y Richard Howell (Pasta Reggia Caserta, Lega italiana).

Esa temporada los Wolfpack no llegarían tan lejos como la anterior y serían eliminados en segunda ronda, pero Scott Wood tenía garantizado un futuro en el profesionalismo. Él es uno de esos jugadores, cada vez más considerados rara avis, que con capacidad para ganarse la vida sin problemas con el baloncesto, decidió completar su ciclo universitario. Paso a paso, sin querer llamar la atención más de lo que sus triples lo hiciesen. Tras cuatro años jugando para NC State, el resumen estadístico de su etapa universitaria es digno de enmarcar:

  • Récord de triples anotados en una temporada (104) y en su etapa universitaria (334).
  • Récord de tiros libres consecutivos anotados, en su universidad y en la ACC (66).
  • Mejor porcentaje de tiros libres en una temporada (92’3%) y en su etapa universitaria (88’6%).
  • Mayor número de partidos disputados como titular (136 de 138 posibles).
  • Dos temporadas seguidas liderando la ACC en rating ofensivo (128’04 en la 2011/12 y 133’91 en la 2012/13), siendo el mejor de la NCAA en su última campaña.
  • Dos temporadas seguidas liderando la ACC en true shooting (62’8% en la 2011/12 y 66’2% en la 2012/13).

Sin duda, el ciclo universitario fue una etapa prolífica en la vida de Scott Wood, convertido en leyenda de NC State a la que pronto otros jugadores pedirán consejo, como él hace ahora con otros grandes salidos de la universidad ubicada en Raleigh. “De entre los mejores jugadores que han pasado por mi universidad a quienes más conozco son Dereck Whittenburg, director de desarrollo de jugadores actualmente, y a Chris Corchiani, que es el líder histórico de asistencias y tiene a su hijo jugando ahora en el equipo”. Corchiani, que jugó en Girona en la temporada 1996/97 y en el Baskonia desde abril de 2000 a 2002, fue el primer jugador de la NCAA en llegar a las 1.000 asistencias, sólo superado más tarde por Bobby Hurley. “Charlé un rato con él el otro día, es de los que más conocimiento trato de sacar, por haber jugado en Europa”. Un feedback entre leyendas y jugadores actuales realmente interesante. “Cuando vuelvo a casa en verano y me paso por la universidad, siempre hay alguien en el gimnasio o en el pabellón con quien puedes charlar, es algo que aprovecho”.

A Wood le toca seguir ahora los progresos de sus Wolfpack desde España, entusiasmado por haber dado la enésima sorpresa, colándose contra todo pronóstico en el Sweet 16 de la March Madness de este 2015, tras eliminar en primera ronda a Louisiana State remontando un déficit de dieciséis puntos y después enviar prematuramente a casa a Villanova, toda una top seed favorita a Final Four tras liderar la Big East y haber logrado un balance de 32-2 durante el curso. En semifinales regionales acabaría su avance, cediendo ante la Louisville de Rick Pitino, a quien mantuvieron contra las cuerdas durante buena parte del encuentro.

Scott Wood, Lorenzo Brown

Esa facilidad para que se produzcan sorpresas es lo que hace que “todos los fans del baloncesto sigan el torneo, hagan sus brackets y mantengan sus ojos pegados a la televisión. Es realmente excitante, compiten 64 equipos y en cualquier momento el peor puede eliminar al mejor”. Wood recuerda este fenómeno con una sonrisa de añoranza, “el mayor espectáculo del mundo”. Este año, además, la Final Four es en Indiana, “el lugar donde debería celebrarse todos los años, sus fans son los que más locos están y más aman el baloncesto”.

Y tras terminada su etapa universitaria y no ser seleccionado por ninguna franquicia NBA en el Draft de 2013, para disgusto de Zach Randolph, tocaba labrarse un futuro que estaba al otro lado del charco. Y ahí entró en escena el UCAM Murcia, algo “inesperado”. Como todo americano medio, Wood reconoce que “conocía muy poco sobre las competiciones extranjeras, pero sí que la ACB era una liga realmente dura y de gran nivel, probablemente la segunda mejor del mundo”. Por tanto, con la oferta sobre la mesa, la búsqueda parecía haber terminado. “Estaba encantado por la oportunidad recibida y agradecido por que quisieran que viniese aquí a jugar”.

El impacto de Wood fue inmediato. En Murcia hacía mucho que no se veía un tirador así, probablemente desde Ralph McPherson, y puede que jamás con una ejecución tan estéticamente perfecta. En el primer partido de liga se presentaba ante su nueva afición con 4/6 triples frente a Baloncesto Fuenlabrada, y en la segunda jornada, 6/10 en la cancha de Herbalife Gran Canaria. Estaba claro a lo que había venido. Acabaría la temporada con 91 triples –incluido el ganador en la decimosegunda jornada contra Bilbao Basket-, siendo el segundo máximo conversor de la liga (40% de acierto) e inscribiendo la segunda mejor marca del club en una temporada ACB tras los 107 de Taquan Dean en la 2008/09, metiendo en trece partidos cuatro triples o más, con un máximo de siete ante el Gipuzkoa Basket.

Como todo debutante en una alta competición, tuvo que hacer frente a su particular rookie wall. Fue mediada la temporada, precisamente coincidiendo con la salida del equipo del entrenador Óscar Quintana y la llegada de un tercer extracomunitario, el veterano Pete Mickeal, y que obligaba a que cada semana el cuerpo técnico tuviese que descartar a él o a su compañero Dwayne Davis, otro debutante salido de la NCAA (Southern Mississippi).

Una situación “obviamente difícil” para un novato lejos de casa por primera vez. Su entrenador, Quintana, era el centro de unos feos rumores sobre veteranos que querían hacerle la cama, hasta que la derrota por 36 puntos de margen en casa frente al Obradoiro (47-83), en el debut de Mickeal en la decimosexta jornada de liga, terminó por sacarle del equipo. “Era muy bueno, pero tuvo mala suerte y no pudo continuar. Fue muy importante para mí en el principio de mi carrera, me ayudó a adaptarme y ser un buen jugador ACB”. Los cambios enrocaron la que estaba siendo una buena temporada, para el equipo y Wood, que en los dos primeros partidos con Mickeal de compañero se quedó sin anotar por primera vez en la temporada, acumulando un -15 de valoración, y fue descartado para el que habría sido el tercero.

El desconcierto sobre si sería él o Davis el elegido fue “el momento más duro, pero al mismo tiempo tienes que ser consciente de lo que supone ser un deportista profesional. La dirección deportiva decidió traer otro jugador extracomunitario y yo debo respetar esa decisión”. La única opción restante para Wood era la ya conocida, la que había estado empleando toda su vida y que le había llevado a donde está, “seguir trabajando duro”.  Todo por el equipo. “Si juego estaré agradecido por la oportunidad, y si me toca sentarme seré el mejor cheerleader posible”, comenta con humor. Un ejemplo de profesionalidad.

UCAM Murcia perdió los cinco partidos en que contó con los servicios de Pete Mickeal y se llegaron a encadenar hasta ocho derrotas consecutivas. Una situación volteada gracias a un apoyo fundamental, el de “los aficionados”, la rápida respuesta de Wood cuando se le pregunta por lo mejor de Murcia. “Aman el baloncesto y siempre vienen a vernos preparados para ser lo más ruidosos posibles, da igual que el rival sea el Real Madrid u otro de menor entidad”.

Por suerte, la temporada consiguió salvarse y se afrontaba la nueva con un equipo reforzado, un vestuario unido y ganas de seguir haciendo historia, y es que tras haber quedado fuera de la Copa del Rey por un bache de mitad de temporada, el equipo afronta con optimismo la posibilidad de alcanzar los playoffs, algo que el propio Wood sabe que nunca se ha logrado pero que ve posible porque “tenemos un buen equipo, grandes jugadores y sólo tenemos que continuar siendo capaces de jugar duro 40 minutos”, la misma receta empleada al ganar en el último partido en casa al Real Madrid, veinte años después. “¡Fue alucinante, tío!”, una de las grandes sorpresas de la temporada, en la jornada inmediatamente siguiente al descalabro santiagués en que se perdió por 52 puntos de diferencia, y menos de 24 horas después de que sus Wolfpack eliminasen a Villanova. “Jugamos muy bien, y creo que le enseñamos a todo el mundo que si jugamos juntos y con dureza podemos ganar a quien sea”, avisa el tirador, que fue clave con dos triples y tres tiros libres en el parcial de 25-5 que remontó los doce puntos en contra y reventó el partido para júbilo de un pabellón entregado a su equipo. No pudieron repetir gesta visitando al líder en Málaga, Unicaja, pero el próximo domingo tendrán una nueva cita con la historia recibiendo al otro grande que les queda, el F.C. Barcelona, llegando al pico del Tourmalet de la temporada.

En el plano personal, la presente campaña ha tenido un inicio más costoso para Scott Wood. Un esguince de rodilla le dejaba en el dique seco en torno a mes y medio al poco de iniciarse la pretemporada, por lo que los partidos oficiales empezaron resistiéndosele un poco, con un único triple en las tres primeras jornadas. No tardarían en llover, pero el americano ha tenido que lidiar con la falta de ritmo durante toda la primera vuelta, con cinco partidos sin anotar ningún triple (el año pasado sólo ocurrió tres veces).

Eso sí, desde la jornada 16 no falla a su cita con el triple, y en la vigésimo segunda, la primera después del parón de la Copa del Rey que tan bien sentó a UCAM Murcia, otro récord en sus manos. Con sus cinco triples (en ocho intentos) en la apabullante victoria en cancha de Baloncesto Sevilla, Wood era ya el máximo triplista en la historia del club pimentonero en ACB, superando los 146 de Duane Washington (153 y sumando), hermano del entrenador jefe de New York Knicks Derek Fisher. “Seguramente no hubo antes de mí muy buenos tiradores en Murcia”, bromea al respecto, aunque seriamente añade que “es un honor estar aquí, el club tiene su historia y por él han pasado grandes jugadores, así que estoy contento por tener también este récord”.

Se lo tome a broma o en serio, es fundamental en los esquemas de Diego Ocampo. Lidera al equipo en otra de sus estadísticas avanzadas fetiche, la del porcentaje efectivo[2] de tiros de campo, con un 60’45%, alrededor de seis puntos por encima de Augusto Lima, el alma del equipo. En el global de la liga es decimoquinto, algo que no está nada mal si tenemos en cuenta que el 84’2% de tiros que intenta valen tres puntos, liderando esta estadística de distribución lanzadora. Tercero de la competición en triples anotados otra vez tras la estela de Alberto Corbacho, que lleva 81 jugando más minutos y asumiendo más tiros por partido en Rio Natura Monbus (36’81%), y de Davis Bertans, es el decimotercero en porcentaje desde la larga distancia (41’61%), pero habiendo lanzado entre ¡41 y 95! triples más que once de sus doce predecesores. El mayor divulgador del arte del ‘catch and shoot’ en las canchas españolas.

Triples, triples y más triples. Está claro lo que el aficionado conoce del Scott Wood jugador. ¿Pero y de su persona? En el club aseguran que lejos de lo que pueda parecer, dentro del vestuario es todo un líder. De los que transmiten con el ejemplo y que hablan de puertas hacia dentro, cuando la situación lo requiere. No desmiente su fama de tímido e introvertido, reconociendo que es “muy tranquilo y me encanta estar en casa, es así como soy”. Pasa mucho el tiempo con su perro, un golden retriever llamado Shooter, probablemente el mejor nombre posible para la mascota de un jugador de baloncesto. “¡Es impresionante!”, nos repite sonriente nuestro hombre de Indiana. Wood lleva un régimen de vida ordenado y sereno, alejado de los estándares de un joven de 24 años que vive solo y gana dinero haciendo lo que le gusta, y su mayor afición en Murcia no rompe esa línea. “Me gusta mucho ir con Shooter al valle del Segura y disfrutar de las vistas”, en el entorno del popular santuario de la Fuensanta.

Algo que le agrada de Murcia es su cercanía con el mar. “Cuando me salió la opción de venir aquí reconozco que no sabía ni dónde estaba, lo busqué en Google Maps y pensé ‘oh, está muy cerca de la playa, así que debe estar muy bien’”. Un clima, ambiente y cultura muy diferentes a los de Marion y Raleigh. “Pienso que cada vez que te mudas a otra ciudad hay muchas cosas a las que te tienes que adaptar, pero creo que esta transición ha sido buena para mí y lo estoy disfrutando”.

No le ha costado integrarse en el estilo de vida mediterráneo, pero echa de menos a su familia, que le visitó el año pasado pero este no cree que vaya a ser posible que vengan, y es que “es muy difícil sacar todo el tiempo necesario para hacer un viaje transatlántico y estar unos días aquí. Lo van a intentar, porque el año pasado se divirtieron mucho y disfrutaron de la experiencia de visitar un nuevo país, pero al mismo tiempo tienen que estar con mi hermana, que se va a casar dentro de poco, y deben hacer muchos planes”. Aunque no se prodigue mucho en el turismo urbano, Wood sí parece haberse adaptado a la perfección en el ámbito culinario. “¡Estoy enamorado del jamón y el queso! Cuando regreso a casa siempre me llevo y lo tomo a todas horas: almorzando, cenando… mi familia me lo esconde porque si no, me lo termino enseguida”.

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Foto: imQuality / Javier Bernal

Sobre si el futuro le mantendrá en Murcia o no, Wood no suelta prenda: “no sé nada más allá del contrato”, pero sí deja una puerta abierta a la continuidad. “Mi tiempo aquí ha sido muy bueno, así que sin duda sería una gran oportunidad poder continuar”.

Si el deseo de los dirigentes del club universitario es mutuo, no lo tendrán nada fácil. Los tiradores están de moda, su cotización va al alza y Wood es el mejor tirador puro de la ACB. En el modo en que el baloncesto evoluciona, con cada día más protagonismo para el tiro de tres puntos, se antoja fundamental contar con especialistas de este calibre en plantilla. “Es cierto que cada vez se tira más de tres. Especialmente en Estados Unidos, los niños ya no practican en lanzamiento de media distancia, les enseñan a ir directamente a machacar el aro o tirar el triple, es una lástima”, lamenta Wood, el penúltimo jugador en denunciar este descuido de la AAU (Amateur Athletic Union). “En Europa me he dado cuenta de que les enseñan a tirar desde todas las posiciones de la pista, y es algo que Estados Unidos debería retomar porque, al tiempo que es genial tirar bien de tres, también es importante hacerlo desde unos pasos más cerca de la canasta”.

Pero en el baloncesto profesional la realidad es la que es. El lanzamiento de media distancia está muriendo y se buscan los más precisos francotiradores. Y ahí entran en escena los grandes clubes, con potencial económico importante y un hueco que reservar a tiradores que abran la pista para comodidad de sus estrellas. Se presenta un verano 2015 más que interesante para Wood.

Es así como jugadores que no son atléticos, fuertes, rápidos ni destacan por su capacidad defensiva llegan a ser importantes en los planes de un equipo ganador. El ejemplo más universal a día de hoy es Kyle Korver, en carrera por hacer la mejor temporada de tiro de la historia. “Sí, estoy siguiendo lo que hace”, reconoce Wood, que lamenta la reciente rotura de nariz que ha sufrido el tirador de Atlanta Hawks. El caso de Korver es ejemplificador para jugadores como Wood, más si tenemos en cuenta que, sin cambiar su estilo de juego ni de manera cuantiosa sus prestaciones como baloncestista, ha llegado a ser designado para jugar el All-Star de la NBA a los 33 años, todo un triunfo para los jugadores de su estirpe.

Admirador de Korver, Wood sin embargo prefiere entrenar su mente fuera del baloncesto con métodos más tranquilos que las locuras llevadas a cabo por el alero NBA, que ha realizado entrenamientos al límite humano como empujar una roca de 25 kilos bajo el océano (junto a más personas) o recorrer 40 kilómetros a remo en una piragua de pie. “El golf me ayuda a limpiar mi mente al tiempo que me exige. Creo que es un deporte mucho más duro de lo que la gente piensa porque es muy difícil ser bueno en él”. Depende de cómo se lo tome cada uno, como un simple pasatiempo o un entrenamiento mental. “Ayuda a tomar las cosas en perspectiva: si trabajas duro en algo, puedes llegar a ser bueno”. Y en estas, Wood reivindica la parte de esfuerzo que hay detrás de los tiradores, de quien el aficionado tiende a pensar por error que se trata de un simple don con el que han nacido: “puede parecer fácil para mí, pero detrás hay mucho entrenamiento y sacrificio”.

Y hablando de futuro, aunque le encantaría jugar algún día en la NBA, “es mi objetivo definitivo”, no es algo que considere probable en un futuro cercano, después de haber jugado dos veranos seguidos la Summer League para Clippers y Lakers, sin demasiados minutos ni fortuna. “Ojalá algún día sea lo suficientemente bueno como para que alguien me dé esa oportunidad, pero aún tengo mucho que mejorar y un montón de cosas en las que trabajar”.

Scott Wood no quiere oír hablar de nada más allá del presente, en el que forma parte del plantel que firmará la mejor temporada de la historia de UCAM Murcia si una hecatombe no lo evita, ya que son doce las victorias conseguidas hasta la fecha con ocho jornadas aún por disputarse. “Si la temporada pasada igualamos el récord de victorias del equipo en ACB (13 en formato de 34 partidos) ojalá este año lo mejoremos”. No hay quien le saque del presente, y ante la pregunta de qué imagen querría que quedase de él aquí, aún sin saber si continuará la próxima temporada o no, responde el tópico “lo único que quiero que recuerden de mí es que jugué duro cada partido” antes de desviar el fondo de la pregunta al colectivo, como el líder que es pero intenta no parecer ante el exterior: “independientemente de que vuelva el año que viene aquí o no, espero que pongamos la primera piedra para hacer que el equipo sea cada año más ambicioso y construya una mentalidad ganadora, que los jugadores que vengan aquí tengan la intención de seguir rompiendo récords. Es un buen equipo, con grandes aficionados, y espero que las cosas sigan mejorando en el futuro”.

Sus triples no se olvidarán, pero su carácter tampoco. De momento, disfrutemos del presente, ese mismo del que éste alero que con doce años tiraba a canasta 500 veces al día se niega a salir. ¡Por muchos récords más!

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Foto: ACB Photo

[1] Puntos / 2*(Tiros de campo intentados + 0’44*tiros libres intentados)

[2] Combinación de tiros de campo dando al triple 1’5 veces más valor que al tiro de dos puntos