final2015

20 años después de nuevo en una ciudad española y también con Olympiakos como último oponente. Con estas credenciales el Real Madrid ya tiene la novena Euroliga en sus vitrinas y lo hace con la sensación de haberse quitado un importante lastre de encima para una generación irrepetible. Con un núcleo duro formado por jugadores nacionales el equipo blanco se quitó la espina de las dos últimas finales perdidas y lo hizo a lo grande.

Con la resaca emocional todavía fresca en la retina de la plantilla, nadie puede olvidar que el conjunto entrenado por Pablo Laso lleva camino de una temporada perfecta, ya que hasta la fecha han conquistado todos los títulos que han disputdo. Abrieron la temporada llevándose la Supercopa ante el FC Barcelona, hicieron lo mismo en la Copa del Rey y han cazado el cetro continental tras muchas espinas clavadas. Queda la Liga Endesa pero, hoy por hoy, los blancos van directos a por el pleno.

Para llegar a este escenario idílico ha sido necesario para dos décadas de travesía por el desierto con muchos tumbos en la sección, acompañados todos ellos por múltiples cambios de entrenadores y un desgfile eterno de jugadores. Desde la marcha de Obradovic (antecesor de Laso alzando la Euroliga), ni Sergio Scariolo, ni Bozidar Maljkovic ni Joan Plaza ni Messina fueron capaces de ensamblar un equipo con un estilo de juego reconocible y que fuera capaz de enganchar al aficionado. Todo eso queda en el haber de un discutido Pablo Laso, quien el pasado verano tuvo muchos números para dejar la casa blanca y ahora saborea las mieles de la gloria. Pero como el deporte no entiende de memoria, ahora el técnico vasco es flamante campeón de Europa. Ha pasado de recibir críticas por sus rotaciones a sorprender a sus rivales cambiando el rol de muchos jugadores durante la Final Four.

Posiblemente desde la serenidad y el término medio se podría valorar mejor a este equipo histórico. Un bloque que oposita a ser único porque pocas veces un equipo moderno volverá a reunir en sus filas a jugadores como Llull, Felipe Reyes, Sergio Rodríguez o Rudy Fernández. Pero dentro de esta fuente infinita de talento han emergido hombres como Maciulis, Nocioni, Rivers o Ayón (los cuatro fichados el último verano) que han terminado por ser claves para reinar en Europa.

Los dolorosos tropiezos en Londres y Milán hicieron ver a Alberto Herreros y Pablo Laso la necesidad de tener jugadores aguerridos y físicos que dieran descansos de calidad y, al mismo tiempo, aportaran la dureza que enterrara pájaras e inseguridades. Con este equilibrio el Real Madrid ha reinado con puño de hierro.

El reto de la hegemonía europea
Los blancos tienen todos los elementos para poder iniciar un ciclo con el que dominar a nivel doméstico y europeo. Sólo la insaciable NBA puede privar al Real Madrid de seguir disfrutando de sus mejores galas. Aunque incluso ante esta amenaza tienen cartas ganadoras, puesto que sólo Sergio Llull parece empezar a sopesar los cantos de sirena que llegan desde el otro lado del Atlántico. Parece muy difícil que Rudy, con una espalda no apta para la competición estadounidense, Chacho, Ayón, Nocioni o Reyes tomen el camino que lleva a Estados Unidos.

Con la conservación de la base actual y las presumibles bajas de Bourousis y Mejri (con Willy Hernangómez esperando turno) sólo serían necesarias un par de retoques para aspirar a conservar el dominio en todos los frentes. No son fórmulas exactas, entre otras cosas por el poder económico que llega cada periodo estival desde Turquía y Rusia, pero nadie puede dudar actualmente que las mejores armas están en el Real Madrid y no en el mercado.