En 1865, el científico austríaco Gregor Mendel, considerado posteriormente el padre de la genética, observó que los organismos heredan caracteres de manera diferenciada, a los que se denominan genes.  Esos genes contienen características biológicas, físicas, de apariencia y hasta de personalidad. A lo largo de la historia, estos estudios han demostrado empíricamente su veracidad, y pueden señalarse muchos ejemplos de hijos que han guardado muchas similitudes con sus padres, no sólo físicamente sino profesionalmente, a lo largo de su vida. Si nos ceñimos al mundo del baloncesto, multitud de jugadores han tenido un legado deportivo dejado por sus padres, y un buen número de ellos han pasado o pasarán a la historia por su excelente trayectoria. Aquí damos comienzo a una serie de tres artículos en que repasaremos historias de padres e hijos en el deporte de la canasta.

En este tercer y último viaje por la herencia genética haremos un recorrido por el Viejo Continente, donde se han producido numerosos casos de padres e hijos dedicándose profesionalmente al baloncesto. Aquí mencionaremos a los casos más destacados, y para ello comenzaremos por la zona más oriental de Europa. La primera parada será en San Petersburgo, donde en 1971 nació Vasili Karasiov. Profesional del baloncesto desde 1990, este base ruso jugó en once equipos diferentes, entre los que destacaron el CSKA Moscú, el Efes Pilsen y el Alba Berlín. Vasili desarrolló prácticamente la totalidad de su carrera deportiva en Rusia, pero fue con la selección con quien consiguió mayores éxitos. Karasiov cuenta en su palmarés con dos platas mundiales (1994 y 1998), una plata europea (1993) y un bronce europeo (1997). Su hijo, Serguéi Karasiov, siguió los pasos de su padre y también se dedica actualmente al baloncesto. Debutó como profesional con el Triumph Lyubertsy, realizando una buena actuación que le sirvió para que se fijaran en él desde el otro lado del charco. Elegido en el puesto 19 del draft por Cleveland Cavaliers, la temporada pasada apenas disfrutó de minutos en la franquicia de Ohio, que lo traspasó el pasado verano a Brooklyn Nets, donde mantiene la esperanza por hacerse un futuro en la NBA.

Sergey Karasev

Foto: youtube

La segunda parada de este viaje es a los Países Bálticos, y más concretamente a Letonia. Allí encontramos a Valdis Valters, uno de los jugadores más destacados de la Unión Soviética en la década de los 80. Con la selección, Valdis conquistó un oro (1982) y una plata mundial (1986), además de dos oros europeos (1981 y 1985), una plata (1987) y un bronce (1983). El mejor jugador de Letonia en esa década tuvo dos hijos que también se dedican actualmente al mundo de la canasta. El más conocido es Kristaps, viejo conocido de la afición española tras pasar por Fuenlabrada, Badalona y Málaga. El menor de los Valters ha jugado también en otras ligas como la alemana, la turca, la griega y la letona, además de disputar con su selección los Eurobaskets de 2001, 2003 y 2005. Su hermano mayor, Sandis, no ha llegado al nivel de su hermano, pero aún juega al baloncesto en su país natal, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera deportiva.

La tercera parada de este recorrido por Europa nos lleva a Francia, donde nos encontramos a Jean-Paul Beugnot. Considerado como uno de los mejores jugadores de la historia del baloncesto francés, desarrolló toda su carrera en el país galo, donde conquistó la liga en dos ocasiones (1958 y 1960) y la Copa en otras dos ocasiones (1958 y 1959). Fue internacional 98 veces con la selección francesa, si bien no pudo lograr ninguna medalla en los Juegos Olímpicos ni el Campeonato de Europa. Sus dos hijos, Éric y Gregor, también jugaron profesionalmente al baloncesto. El primero, al igual que su padre, jugó toda su carrera en Francia, conquistando tres títulos ligueros (1978, 1979 y 1982). Además, fue internacional francés durante 12 años y acumuló 212 partidos con la camiseta del combinado galo, y llegó a ser designado en dos ocasiones mejor jugador francés. Su hermano también jugó siempre en tierras francesas, consiguiendo una Copa Saporta y un Campeonato de Francia.

Terminamos este viaje en Italia, donde se han producido varios ejemplos importantes de padres e hijos jugando profesionalmente al baloncesto. El primer caso es el de Romeo Sacchetti, uno de los jugadores italianos más destacados en la década de los 80. Militó en tres equipos de la LEGA italiana, pero sus mayores éxitos llegaron con la selección transalpina, conquistando una plata olímpica (1980), un oro (1983) y un bronce europeo (1985), y un oro en los Juegos del Mediterráneo (1993). Actualmente, Romeo entrena en el Dinamo Sassari, donde tiene a sus órdenes a su hijo, Brian Sacchetti. Con el equipo de Sassari, padre e hijo ya han conquistado una Supercoppa y dos Coppas de Italia, además de haber disputado esta temporada la Euroliga.

El segundo ejemplo nos lleva hasta uno de los apellidos italianos más conocidos actualmente en este deporte. Vittorio Gallinari jugó profesionalmente al baloncesto entre 1976 y 1996, desarrollando toda su carrera en Italia. Se retiró con un excelente palmarés: una Euroliga, cuatro Copas, cuatro Ligas, una Recopa y una Copa Korac, logrando todos los títulos con el Olimpia Milano y Virtus Bologna. Su hijo, Danilo, es uno de los mejores jugadores italianos en la actualidad y juega en la NBA, a la que llegó en 2008 tras ser elegido en el puesto nº 8 del draft por New York Knicks, donde estuvo dos años antes de ser traspasado a Denver Nuggets, donde milita en la actualidad.

Otro ejemplo es Ferdinando Gentile, que fue baloncestista profesional durante más de 20 años, estando casi toda su carrera en Italia con la excepción de una estancia de tres años en Panathinaikos. Cuenta n su palmarés con dos Ligas de Italia, tres Ligas de Grecia, una Copa de Italia y una Euroliga, además de una plata europea (1991) y un Oro en los Juegos del Mediterráneo (1993). Sus dos hijos, Stefano y Alessandro, se dedican en la actualidad al baloncesto. El primero de ellos milita en Cantú y acumula diez temporadas en la liga italiana. El segundo es el más conocido y, a sus 22 años, está considerado uno de los mejores jugadores jóvenes de Europa. Alessandro juega actualmente en Armani Jeans Milán, pero se rumorea que podría dar el salto a la NBA en un futuro próximo.

Padres e hijos que jugaron profesionalmente a baloncesto en Europa

Foto: Euroleague

La última parada de este viaje por la herencia genética en el baloncesto nos lleva, probablemente, al apellido más ilustre de la historia del baloncesto italiano. Dino Meneghin jugó al baloncesto desde 1966 hasta 1995, siendo considerado el mejor jugador de su país durante décadas y uno de los mejores jugadores de Europa. Llegó a disputar 836 partidos, jugando el último con 45 años. Con la selección italiana, Dino jugó 271 partidos. Además, fue el primer jugador de una liga europea en ser elegido en el Draft de la NBA (1970), si bien nunca llegó a disputar un partido en la liga norteamericana. Fue elegido MVP de Europa en 1980 y 1983, siendo elegido en 1991 como el mejor jugador europeo de baloncesto de todos los tiempos. Su palmarés habla por sí solo: 12 campeonatos italianos, seis Copas de Italia, siete Euroligas, dos Recopas de Europa, una Copa Korac y cuatro Mundiales de Clubes, además de una plata olímpica (1980), un oro europeo (1983) y dos bronces  (1971 y 1975). Su hijo, Andrea Meneghin, también fue un jugador italiano destacado, llegando a ser elegido tercer mejor jugador de Europa en 1999. Andrea desarrolló toda su carrera profesional entre Varese y Bologna, consiguiendo una Liga italiana y una Supercoa, ambas en 1999, redondeando el año con la medalla de oro en el Eurobasket vistiendo la camiseta de la selección italiana. Lo más curioso de este caso es que padre e hijo se enfrentaron en una cancha de baloncesto, cuando Dino jugaba en Trieste y Andrea en Varese. Y todavía más curioso, fue que Dino propició a Andrea un codazo en la nariz que dejó a su vástago sangrando. Cosas de familia.

Aquí termina el repaso de algunos padres e hijos que jugaron en Europa. En algunos de ellos, el maestro superó al alumno. En otros, fue el joven aprendiz el que superó a su profesor. Pero en todos ellos reina un denominador común: la importancia de los genes y cómo puede marcar la trayectoria profesional el hecho de contar con un espejo cercano en el que mirarse.

Cuestión de familia. Padres e hijos que jugaron profesionalmente. (I)

Cuestión de familia. Padres e hijos que jugaron profesionalmente (II)