119431_8_119522_8 El viernes arranca una de las Final Four más abiertas de los últimos años aunque el Real Madrid cuenta con un plus al disponer del factor cancha. Falta por saber si el calor del Palacio de los Deportes dará un plus para cuando fallen las fuerzas o se acaba convirtiendo en un elemento que inyecte más presión de la cuenta. Fenerbahçe, CSKA y Olympiakos aterrizan en la capital de España con demasiados argumentos como para atreverse a vaticinar una hipotética final.

Real Madrid-Fenerbahçe (21h)
El conjunto blanco lleva conquistadas la Supercopa y la Copa del Rey en lo que va de temporada pero, desde que acabara el último ejercicio, todos en el club tienen subrayado en un rojo potente esta fecha en el calendario. Después de dos intentos, el último con gatillazo incluido ante el Maccabi, la plantilla blanca busca llevarse el cetro continental al tercer intento. El futuro de Pablo Laso depende de ello, ya que sobre sus hombros descansa la responsabilidad de poner fin a 20 años de sequía europea y certificar definitivamente el regreso del Real Madrid al Olimpo. Precisamente enfrente estará Zeljko Obradovic, el último entrenador madridista que consiguió llevarse la Final Four.

El serbio será ahora una amenaza de primer orden en unas semifinales de alto voltaje a pesar de que Fenerbahçe llega con la baja de Ricky Hickman, uno de los verdugos de los blancos en la última final a cuatro. Este año el equipo de Pablo Laso llega en plenitud física, con sólo dos derrotas en los últimos dos meses, después de haber repartido mejor los esfuerzos y vivir alejado de la caza de récords. De hecho, el Real Madrid la temporada pasada a estas alturas presentaba mejor balance (54-7) que en la actualidad (49-11) pero se presentó en la recta final del curso consumido mental y físicamente. También las lesiones han aparecido menos. A excepción de Rudy, no ha habido una continuidad de problemas físicos en los jugadores. La única duda que presentan los anfitriones radica en el juego interior. La mala temporada de Bourousis ha sido compensada por un Felipe Reyes estelar y un Ayón en línea ascendente, pero el play-off de cuartos ante Anadolu ya evidenció que el conjunto madridista deberá poner más atención si no quiere sufrir ante la potencia de Vesely o la envergadura de Erden. El equilibrio interior-exterior debe ser la piedra angular para meterse en la final. Los turcos buscarán romper la buena racha que supone jugar una Final Four como local, puesto que cinco de los últimos siete anfitriones se alzaron campeones ante su afición. En su contra juega la poca experiencia que tiene su plantilla en este tipo de envites. Sólo Nikos Zisis y el lesionado Hickman saben lo que es llegar al último peldaño de la competición. Para compensar Fenerbahçe contará en el banquillo con Obradovic, el técnico más laureado de la competición con ocho Euroligas y un verdadero estratega cuando llega la hora de los títulos.

El talento incansable de Goudelock, la versatilidad de Nemanja Bjelica y el poder de su perímetro, liderado por Bogdanovic y Emir Preldzic; son los principales pilares de la artillería otomana. Pero tras esta acumulación de virtudes se esconde la posición de base, donde ambos conjuntos están en polos opuestos. Mientras que Laso dispone de dos jugadores de primerísimo nivel como Sergio Rodríguez o Llull, el preparador serbio tiene a su disposición a un veterano multiusos como Zisis y al inexperto Kenan Sipahi. Por ahí pueden llegar los males del transatlántico turco. No son las únicas credenciales que llegan desde tierras turcas. Aunque se trata de un novato en la Final Four, Fenerbahçe lleva un año y medio construyendo un plantel que aspire a la corona continental. Y si el rebote puede ser un dolor de cabeza para el Real Madrid es porque los turcos tienen en este apartado una de sus armas más potentes. Dominar la pintura y continuar su excelente 54% en tiros de dos será fundamental para asaltar el fortín español.

CSKA-Olympiakos (18h)
El CSKA rivaliza con el Real Madrid en el papel de favorito de esta Final Four, pero en el fondo de esta batalla emerge un candidato que nadie puede descartar de antemano: Olympiakos. Tras las decepciones con Messina al mando de la nave moscovita, la llegada de Dimitris Itoudis ha dotado al conjunto ruso de una contundencia todavía mayor, pero sobre todo por primera vez han empezado a funcionar como un bloque sólido. El equipo moscovita tiene la oportunidad de vengarse de las Final Four de Londres, en la que los griegos se impusieron en semifinales, y Estambul, a la postre recordada por la canasta al límite de Printezis. Ha estado en 12 de las últimas 13 Final Four pero su cosecha se resume en dos títulos: 2006 y 2008. La sensación es que ya toca, pero son demasiadas ocasiones fallidas. Pero nadie es capaz de prever hasta donde podría llegar su potencial en el caso de quitarse ese lastre de encima.

Sin la dictadura táctica de la temporada pasada y con una mayor libertad para explotar el talento individual, el problema es para quien se enfrenta a ellos. Un equipo cuya rotación la completan hombres como Fridzon, Jackson, o Nichols está al alcance de alzarse con el título sea cual sea el escenario. Su potencial físico, rematado con la superioridad de Kirilenko en el baloncesto europeo, y el tridente formado por Teodosic, De Colo y  Jackson hacen de este equipo un rival verdaderamente poderoso. El rigor defensivo implementado por Itoudis, que ha logrado convencer a las estrellas de la necesidad de sufrir y sacrificarse, conceden mucha más ventaja de la imaginable.

Enfrente estará Olympiakos que llega tras dejar en la cuneta al FC Barcelona, otro de los máximos favoritos a estar en Madrid, y lo hace con menos estrellas que el resto pero posiblemente con el mayor líder de la competición: Spanoulis. Para ellos será su quinta Final Four en siete años y lo hacen con el recuerdo de emular a la mítica Yugoplastika al encadenar dos Euroligas consecutivas en 2012 y 2013. De las plantillas que ganaron en Estambul y Londres faltan Hines, Antic, Dorsey, Law, Keselj, Gecevicius, Papanikolaou, Perperoglou o Shermadini. Lo que no ha cambiado es el músculo y la intimidación. Ahora serán los Dunston, Darden, Petway o Hunter los encargados de facilitar el trabajo al talento de su capitán. El armazón defensivo de Olympiakos le hace ser uno de los mejores conjuntos del continente, algo que han conseguido a base de corazón, rasgo distintivo de los campeones, y oficio. Esto último representado a la perfección en jugadores como Lojeski, Mantzaris o Sloukas. Afirmar o pensar si quiera que el equipo de Sfairopoulos es el tapado de la cita es tan imprudente como irreal. Los hechos son la mejor prueba y los de El Pireo ya saben lo que es dejar su huella en la fiesta de los favoritos. Encuesta: ¿Quién ganará la Final Four?

El Real Madrid y un sueño que dura veinte años