La mala suerte de una tremenda lesión nos impidió disfrutar más tiempo de este excelente jugador, cuya carrera analizamos en profundidad.

Oded Katash nacía el día 10 de octubre del año 1974 en Giv’atayim, Israel. Comenzó muy pronto a jugar al deporte de la canasta, a los cinco años de edad, aunque no fue fácil. Su padre tuvo que convencer a Nir Rechlis (exjugador de la liga israelí), el responsable del club, para que le aceptaran, debido a que Oded era un año menor que los más pequeños del grupo. Aquella decisión del bueno de Rechlis en 1979 de aceptar a aquel chaval delgado fue una de las más acertadas de su vida.

Enseguida se dieron cuenta en la escuela de que el pequeño Oded tenía un talento natural impresionante para el baloncesto, destacando rápidamente entre sus compañeros, a pesar de la diferencia de edad y físico. Por ello, el equipo más poderoso de Israel, el Maccabi de Tel-Aviv, le fichó siendo Katash un juvenil.

Sin embargo, la categoría juvenil se le quedó pequeña muy pronto, por lo que fue cedido a varios equipos de la máxima competición de Israel, pasando por Maccabi Darom, Maccabi Ramat-Gan -donde se reencontraría con su viejo entrenador Rechlis- y, por último, Hapoel Galil Eyon, donde el hebreo se convirtió en la gran sorpresa de la competición israelí, con unas medias de más de 18 puntos por partido.

Evidentemente, tras esa magnífica temporada, el Maccabi le recuperaría en 1994 para tenerle en su primera plantilla.

Al principio, el joven Katash era un mero jugador de rotación, con mucho aún por aprender, por lo que el banquillo era su sitio natural la mayor parte del tiempo en su primera temporada. La segunda tuvo la oportunidad de ganarse unos minutos, fundamentalmente debido a una lesión de rodilla de Guy Goodes, base titular del equipo. Sin embargo, a la tercera fue la vencida (1997/98), cuando Oded se convirtió en titular indiscutible, mostrando un nivel de juego espectacular, siendo uno de los líderes del conjunto macabeo, con unas magníficas medias de 21 puntos y 5 asistencias por partido.

Aquellos números le llevaron a la selección israelí, donde formó una pareja exterior formidable junto a Doron Sheffer, además de atraer los focos del mundo, que se fijó en el joven base hebreo, NBA incluida, por supuesto.

Con el combinado hebreo disputaría el Eurobasket de 1997, celebrado en España, donde Oded fue el máximo anotador (22 puntos por encuentro), siendo además elegido para formar parte del quinteto ideal del torneo, junto a Predrag Danilovic, Arturas Karnisovas, Gregor Fucka y Mikhail Mikhailov, aunque la selección israelí finalizaría con un más que discreto noveno puesto en la competición.

Katash era un base alto (1’92 metros), con una gran velocidad y unos indefendibles cambios de ritmo, pero además tenía capacidad  de tiro exterior y, sobre todo, una facilidad pasmosa para las penetraciones, por lo que se convirtió en el mejor jugador israelí y el objeto de deseo de todos los grandes de Europa. Además era un jugador determinante y muy inteligente, con una gran técnica y manejo de balón, un líder nato, sin miedo en ningún momento a tomar las riendas de su equipo y asumir las bolas calientes en el momento preciso, lo que hacía que su valor fuera tremendo para cualquier conjunto. Uno de esos jugadores que sólo aparecen de cuando en cuando, destinados a ser grandes del deporte de la canasta.

Oded no llegó a pasar por el Draft de la NBA, pero sí que recibió interés por parte de la mejor liga de baloncesto del mundo. Y es que los responsables de hasta seis equipos (Raptors, Spurs, Clippers, Celtics, Heat y Knicks) llamaron a su puerta en 1997, siendo finalmente invitado por el equipo de la Gran Manzana a entrenar con ellos en verano. Katash trabajó duro, convenciendo al cuerpo técnico de su valía. Le llegaba la oportunidad de estar con los mejores.

Foto: Noam Galai

Por desgracia, aquella temporada no era normal.  Y es que ese año hubo lockout en la NBA, debido a las negociaciones por un nuevo convenio laboral, lo que tuvo como consecuencia que los equipos no pudieran contratar a ningún jugador. Así pues, el jugador no podía fichar por los Knicks, que le ofrecían un contrato asegurado cuando llegara el fin de la huelga. La inseguridad de la situación, unido a un deseo por competir y una buena oferta del Maccabi, hicieron que Katash se decidiera por volver a Tel Aviv, donde jugaría esa temporada 1997/98.

Fin del periplo israelita. Rumbo a Atenas

Al año siguiente, sin embargo, llegaría el momento de la salida de Israel del jugador, cuyas pretensiones económicas chocaron con la postura del técnico del Maccabi, Pini Gershon, lo que hizo que Katash pusiera rumbo a Atenas, recalando en uno de los equipos más poderosos de Europa, el Panathinaikos.

En el conjunto heleno las cosas le fueron muy bien al israelí, que llegaba hasta la final de la Euroliga, donde el rival, paradojas de la vida, sería el Maccabi Tel Aviv. El equipo dirigido por Zeljko Obradovic se llevó el triunfo y el cetro de la máxima competición continental, con un sobresaliente partido de nuestro protagonista ante el equipo de sus amores, anotando 17 puntos que serían claves, saliendo del banquillo.

La frase del jugador al finalizar el encuentro resumía los sentimientos encontrados: “Es el día más feliz de mi carrera, y también el más triste”.

Había llegado el máximo como deportista para Katash ese mismo año. Porque en agosto llegaría el desastre. Oded cae lesionado en el transcurso de un entrenamiento con su equipo en pretemporada, siendo al principio considerada por los médicos una lesión menor de la rodilla.

Sin embargo, pese a los, en principio buenos pronósticos, nada volvería a ser lo mismo. Y es que los problemas de la rodilla se hicieron crónicos, con constantes recaídas y la consiguiente desmoralización del jugador, que intentó por todos los medios volver a jugar. Finalmente, tras cuatro años de calvario físico y mental y un total de cinco operaciones sin resultado, no fue posible darle una solución, yéndose la carrera de Oded Katash al traste con tan solo 25 años.

Aquel chaval que parecía ir directo a comerse el mundo, a ser uno de los reyes del Viejo Continente era destronado por los problemas físicos, cuando aún tenía todo por delante.

En el anuncio de su retirada, con una multitudinaria rueda de prensa incluída, Oded Katash expresaba su sufrimiento con esta frase, que resume perfectamente lo que había dentro del chico de Giv’atayim:

“Se acabó, he cerrado un capítulo de mi vida. Ni en mis peores sueños podría haber imaginado que jugaría mi último partido con 25 años”.

Una verdadera pena no haber podido disfrutar más de las cualidades de este excepcional jugador, que pudo haber marcado una época en el baloncesto europeo. Otro desgraciado ejemplo de “qué hubiera pasado si…”

La mala suerte y esa horrible lesión nos impidieron verle en toda su plenitud. Aun así, le recordamos siempre en su estado natural, las canchas.