Carlos Suárez busca irse de Nicholls

Foto: Euroleague/Getty

Punto de inflexión. El domingo 12 de abril el Unicaja gana su partido ante Estudiantes, tres días antes de dejar fuera de la Euroliga al Laboral Kutxa Baskonia. Sábado 25 de abril, Trece días después, Unicaja pierde su partido en Sevilla. Ya sin partidos por Europa. A partir de ahí cuatro derrotas consecutivas con una imagen lamentable, indolente e impotente tanto de jugadores como de cuerpo técnico. ¿Qué ha pasado? Plaza ha dicho que el equipo no tiene la madurez suficiente para ganar en ambientes hostiles. Yo puntualizo, este equipo no está preparado para ganar con presión. Presión interna o externa, ya que después de ir casi toda la temporada líderes, al equipo se le ha exigido ser campeón de la regular, y ante cualquier imprevisto se le ha atizado como si de un fracaso se tratara. Y hablando de presión, quizá el haber acabado primeros obligaba a volver a exigir, en este caso jugar la final. Y esa presión se acaba convirtiendo en depresión, que junto a las ganas de los poderosos por enterrar a los sublevados y con la cruz de las licencias a cuestas, torna el panorama en pesimista.

Precisamente esta semana se cumplen 20 años del famoso no triple de Ansley y de la mítica final contra el Barça. Aquel descarado Unicaja aprendió a soñar. Toda Andalucía y media España se convirtió al Unicajismo. La cuidad se pintó de verde y todo parecía ser posible por aquellos días. Tomando como ejemplo ese Subcampeonato, Unicaja debe afrontar desde el domingo un cambio de dinámica si quiere renovar sus aspiraciones. Las constantes vitales son débiles pero el Carpena, con homenaje a los héroes del 95 incluido, puede reanimar al paciente. Si los de Plaza se inspiran en los Ansley, Babkov, Miller, Ávalos, Nacho Rodríguez y compañía, tendrán opciones de ganarle al Barça. Si no, el Barça los barrerá de la pista.

La última preocupación de los de Plaza ahora, debe ser acabar segundos. Mucho más importantes son las sensaciones y la confianza para no ser una “perita en dulce” para el equipo al que se enfrente en cuartos de final. Sin embargo, una victoria, además de asegurar la segunda plaza debería servir para reconducir la situación y volver a la senda de ese equipo poderoso y fiable de gran parte de la temporada. Por el bien de la salud del baloncesto, esta liga necesita una alternativa que le plante cara al Madrid y al Barça y por qué no (¿volveremos a soñar?), que lo haga en una final.