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Costa a costa

Diez razones para no perderte el Eurobasket

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A punto de lanzarse el balón a lo alto en el Eurobasket que se disputará durante las dos siguientes semanas en Francia, Alemania, Croacia y Letonia, se habla mucho de las ausencias de ciertos nombres ilustres, ya sea bien por lesión o porque prefieren tomarse un descanso para afrontar con mayor frescura la próxima temporada. Pero en Superbasket somos optimistas y preferimos centrarnos en los que sí están, que son muchos y muy buenos. Y por ello hemos elaborado nuestra particular lista con diez nombres que por un motivo u otro no debes perder de vista desde que se inicie la competición. ¡Disfruten!

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  1. Tony Parker (FRANCIA)

Comenzamos con el líder natural de la selección gala y uno de los mejores jugadores europeos de todos los tiempos, el ya veterano base afronta el europeo con la inquietante mezcla de satisfacción y presión que supone el llegar a una cita de estas características sabiéndose favorito para levantar el trofeo. Habiendo tenido tiempo de descanso tras la pronta eliminación en los playoff de la NBA a manos de los Clippers, Parker llegará fresco a un torneo donde guiará a les bleus con su habilidosa dirección de juego, tiros veloces y penetraciones imposibles, siendo sin duda uno de los jugadores más difíciles de defender de todo el campeonato y con el que más de uno tendrá pesadillas. Como decimos, encabezará una selección que, a pesar de la ilustre baja de Noah, presenta un equipo pleno de garantías para revalidar el título obtenido hace dos años, y con el que todo el mundo tratará de cruzarse lo más tarde posible.

  1. Pau Gasol (ESPAÑA)

Una de esas personas con las que casi cualquier español querría compartir unas cañas, uno de los mejores deportistas de este país y sin duda el mejor jugador de baloncesto que ha habido dentro de nuestras fronteras. A pesar de la exigencia de ser un jugador importante año tras año en la mejor liga del mundo, que le ha apartado algún verano del conjunto nacional, Pau Gasol vuelve a presentarse este septiembre como el claro líder y faro de la selección española, donde un gran porcentaje de las opciones de éxito pasan por sus manos. Siempre dentro de los máximos anotadores y mejores jugadores de las competiciones por selecciones, el center de los Bulls se encuentra dentro de uno de sus últimos servicios con el equipo español, con la firme intención de lograr como mínimo la clasificación (directa a ser posible) para los Juegos Olímpicos de Río, donde colgar el ‘4’ que tantos veranos ha llevado ya a su espalda. Referencia clara en el ataque español, su participación, acierto y mayor implicación si cabe en defensa (ante la ausencia de su hermano Marc) será clave desde el comienzo de la cita continental, donde el complicado grupo en el que se encuentra España hace que no se pueda ni pestañear para no acabar sudando más de la cuenta para llegar a los cruces.

  1. Dirk Nowitzki (ALEMANIA)

¿Hay algo que quede por decir de Dirk Nowitzki a estas alturas? Probablemente el mejor jugador europeo de la historia (con permiso de don Arvydas Sabonis), el séptimo máximo anotador de toda la historia de la NBA (actualmente, aún podría subir algún peldaño más antes de retirarse), 13 participaciones en el All Star de la NBA, ha sido MVP de la liga regular y de las finales NBA en las que guió a su equipo al anillo… No tiene mal currículum el chaval. Tras unos años de ausencia en el combinado germano, este verano volverá a atarse las zapatillas en el vestuario alemán con el propósito de guiar a sus compatriotas hasta, al menos, el preolímpico, aunque lo cierto es que las opciones alemanas de hacer algo importante no son muy elevadas. No obstante, cuando cuentas con un jugador como Dirk Nowitzki en tu rotación, cualquier cosa puede pasar. Estando mínimamente inspirado se transforma en un arma imparable y gracias a él los teutones pueden dejar alguna sorpresa en forma de eliminación ilustre por el camino.

  1. Sasha Djordjevic (SERBIA)

¿Cómo? ¿Pero no se había retirado ya? ¡Voy volando a ficharle en el Supermánager! Tranquilidad, querido lector, reserva tus millones del Supermánager para otros jugadores con proyección como Víctor Claver. Efectivamente Sasha Djordjevic, todo un histórico del basket europeo, ya no se encuentra en activo como jugador, pero se ha colado en nuestra lista porque, seguramente, es el rostro que mejor refleja actualmente a la selección balcánica. La mano y duro carácter de Djordjevic ha sabido lavar la cara y redirigir desde el banquillo a un combinado serbio que derrocha talento por los cuatro costados pero que en los últimos tiempos deambulaba sin consistencia ni un claro rumbo fijo por las citas internacionales. Tachando de su diccionario las palabras fragilidad, desidia y pusilanimidad, y subrayando en fosforito las de intensidad, agresividad y coraje, la calva más ilustre (y lustrosa) de las pistas en los 90 ha conjuntado brillantemente a una selección que destelló con luz propia en el pasado mundial, hincando la rodilla únicamente en la final ante la constelación estadounidense, y sin duda se encuentran entre el elenco de favoritos para alzarse con el entorchado continental o, al menos, para obtener billete directo para la cita olímpica del próximo verano, a pesar de la baja final del recién llegado a la NBA Bojan Marjanovic, que hubiera subido muchos enteros el dominio de ambas zonas de los serbios. La gran labor en los dos años que lleva como seleccionador serbio le ha valido a Sasha para ser contratado como entrenador desde esta temporada de todo un histórico del baloncesto europeo como Panathinaikos.

  1. Jonas Valanciunas (LITUANIA)

Jonas Valanciunas se muestra como una de las piezas claves en una Lituania (actual subcampeona continental), que ha juntado un buen bloque de jugadores con gran talento en una buena mezcla de experiencia y juventud, que seguro que también se encuentra entre los aspirantes a llegar muy lejos en el Europeo. Valanciunas ha ido ganando peso en su selección año tras año para ser el jugador más valioso de los suyos el pasado mundial, en el que alcanzaron las semifinales. Sus larguísimos brazos le hacen temible para los atacantes rivales bajo los aros, mientras que su cada vez mayor aportación ofensiva le hacen aportar sistemáticamente dobles figuras a la estadística de su equipo. Aún joven (23 años), año tras año va adquiriendo experiencia en unos Toronto Raptors en los que disfruta de minutos, experiencia que sin duda se refleja con su rendimiento en una selección lituana en la que cada vez va ganando más galones, y en la que seguro tendrá un grandísimo protagonismo durante, al menos, la próxima década.

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  1. Mario Hezonja (CROACIA)

Hambre. Posiblemente si hubiera que resumir a Mario Hezonja con una palabra sería esa. Porque a ganas de comerse el mundo no le gana nadie. Si a eso le sumamos un talento desmesurado y una potencia atlética prodigiosa, no cabe duda de que estamos ante un jugador único, y que puede ser uno de los mejores en la mejor liga del mundo en cuanto sume experiencia y orden en su cabeza. Y si hambre es la palabra que mejor le define, hambre, pero de minutos, es también con lo que se quedó este año en el banquillo del Barcelona de Pascual; hambre que tratará de saciar en este Eurobasket en una selección croata más preocupada por atacar el aro rival que por defender el propio (Tomic, Bogdanovic, Saric, Simon), y en la que Super Mario seguro que contará con minutos y oportunidades para sumar puntos y, en cuanto tenga la mínima oportunidad, buenas dosis de espectáculo. Llamado a ser el jugador estrella de los croatas de los próximos años, este verano tratará de ayudar a su selección a avanzar en un Eurobasket en la que confiarán en tener algo de fortuna en los cruces para avanzar lo más lejos posible.

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  1. Sergio Llull (ESPAÑA)

Desde que debutó con la selección en el Europeo de 2009, Sergio Llull ha ido adquiriendo cada vez mayor protagonismo en el combinado nacional a medida que ha ido creciendo como jugador temporada tras temporada hasta haberse consolidado como uno de los mejores dorsales de Europa en su posición. Tras haber completado una temporada redonda con su equipo, Sergio Llull llega a la concentración de la selección con la responsabilidad de recoger gran parte de la cuota de protagonismo nada menos que del ausente Juan Carlos Navarro. Si bien es un jugador muy diferente al catalán, cuya ausencia es insustituible, del menorquín se espera que en momentos complicados y partidos trabados sea capaz de echarse el equipo a la espalda mediante su entrega y derroche físico para desatascar la situación mediante sus veloces transiciones y acierto en los tiros exteriores (incluyendo las correspondientes famosas mandarinas cuando la bocina de posesión o partido esté cerca de sonar). Jugador versátil, seguramente le veamos disfrutar muchos minutos jugando tanto de 1, como de 2 al lado de su compañero de equipo Sergio Rodríguez.

  1. Giannis Antetokounmpo (GRECIA)

The Greek Freak, como se le conoce en Estados Unidos por sus increíbles medidas y envergadura, es un jugador joven que por cualidades físicas y calidad está llamado a ser la referencia de la selección mediterránea los próximos años, tomando el testigo de los Spanoulis, Diamantidis y otros ilustres jugadores que hicieron de esta selección un temible rival en campeonatos ya pasados, pero que en las últimas competiciones no han conseguido cuajar buenos resultados. Consolidado en la NBA, el alero de Milwaukee Bucks destaca por su versatilidad y habilidad para su altura y, en virtud de sus cualidades físicas, una gran proyección por delante con sus 20 años de edad. El segundo de cuatro hermanos, no sería de extrañar que pronto más miembros de la familia Antetokounmpo estuvieran vistiendo la camiseta helena. Su hermano mayor, Thanasis, está a punto de comenzar su primera campaña en los Knicks de Phil Jackson, mientras que a Kostas, de 16 años, se lo rifan en las high school americanas.


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  1. Danilo Gallinari (ITALIA)

El jugador de los Nuggets llega muy en forma a la cita continental, comandando un talentoso plantel transalpino (Belinelli, Datome, Bargnani, Gentile…) dirigido por Pianigiani, de los que se espera que cuajen una buena actuación llegando lejos en el torneo tras un buen puñado de años alejados de los puestos de privilegio. Aunque sin duda los italianos destacan por ser un conjunto donde muchos hombres pueden adquirir galones de líder, una buena versión de “Il Gallo” será fundamental para acercarles al objetivo del Preolímpico y, a partir de ahí, ver si es posible llegar más arriba. Si llega igual de inspirado y concentrado que en los partidos de preparación, el 8 azzurro será un buen quebradero de cabeza para las pizarras rivales.

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  1. Jan Vesely (REPÚBLICA CHECA)

Cual tiburón que se lanza hacia su presa como una exhalación con una mezcla de decisión, hambre y furia, Vesely es uno de esos jugadores que, cuando atisban un balón en las inmediaciones del aro, se le inyectan los ojos en sangre y se abalanza sobre él para sumergirlo en las profundidades de la cesta. Con sus 2,10 y una portentosa capacidad atlética, supone un  gran atractivo para el espectador, siendo capaz de brindar mates de concurso en pleno juego. Tras su paso en la NBA, se ha consolidado como uno de los hombres fuertes de la competición de la mano del genio de la lámpara Zelko Obradovic, quien le ha hecho mejorar su implicación en el juego colectivo para ayudar en la histórica clasificación del Fenerbahce para la Final Four, sin olvidar sus cualidades naturales en ambas zonas que le han convertido en un fijo del top-10 de cada jornada europea. Merodeando las proximidades de ambas zonas bajo los colores de la República Checa, probablemente no llegue muy lejos en el torneo europeo, pero junto con Satoransky se convierte en un buen motivo para no perder de vista al combinado centroeuropeo.

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El angolazo… tierra quemada

Antes de ser dobles campeones del mundo, España estaba lejos de ser una potencia mundial. De hecho, si hay un lunar que ha quedado para la historia ha sido, sin duda, el Angolazo.

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Aquí el problema es que estáis muy mal acostumbrados.

Dos veces campeones del mundo, dos.

Tres campeonatos europeos.

Dos platas históricas, osando alterar el sistema nervioso de un par de “dream teams” (entre comillas; el único que se merece su ausencia es el original) durante ambas finales.

Chorrocientas medallas de diverso pelaje en cualquier competición oficial que se os ocurra. Solo les ha faltado un Globo de Oro, Miss Universo y Gran Hermano VIP.

Por encima del mero factor generacional, las dos últimas décadas de la selección española conforman el legado del que, con bastante probabilidad, es el equipo nacional más competitivo de la historia FIBA, y a quien pretenda discutirlo, bien, le ampara el derecho constitucional de estar equivocado. Esta última Copa del Mundo es un reflejo cristalino de la exasperante, contumaz competitividad de un núcleo de jugadores cuyo modelo de gestión, posiblemente, no sea el más adecuado para enseñar en las escuelas, pero que ha funcionado clamorosa e indiscutiblemente durante los últimos veinte años. Con o sin Navarro, con o sin Pau Gasol (no ha estado en ninguna de las dos finales mundialistas conquistadas), con o sin Scariolo. Siendo favoritos y sin serlo. Siempre ahí arriba. Up, up and away.

No siempre, por supuesto, ha sido así.

Cuando (no) éramos los mejores

Pensadlo de nuevo. Quedaos con esa horquilla de tiempo: veinte años. Comparadla con el periodo que transcurrió entre aquellos JJOO de Los Angeles, históricamente considerados como el punto de implosión de lo que se denominó, snif, el boom del baloncesto español, hasta el espectacular descenso a los infiernos que supuso el torneo olímpico de Barcelona: apenas ocho añitos de nada. Una visita a los aposentos de Satán que fue bautizada con un término que hizo singular suerte en su momento y que aún hoy en día es capaz de reconocer y asociar cualquier españolito de a pie: el angolazo.

Hagamos camino al andar. La final olímpica angelina acabó siendo el canto del cisne de un colectivo histórico; colectivo que abrió los cielos baloncestísticos a toda una generación (aquí un representante de la susodicha: hola) de jóvenes y menos jóvenes ávidos de una alternativa al rudo, omnipotente y más bien rijoso fútbol hispano, absolutamente intrascendente a nivel de selecciones, esposado aún a la carpetovetónica “furia”.

Después del cuarto puesto del mundial del 82 en Cali y del exuberante subcampeonato del europeo del 83 en Francia, nadie podía prever que desde la plata de Los Angeles no se iba a tocar chapa hasta el europeo de 1991 en Italia, el de la última victoria de Yugoslavia como país unificado (recuerde el querido lector la espantada de Jure Zdovc en pleno torneo). Fue un bronce agridulce, empero; vista la composición de los grupos, se daba por sentada la clasificación entre los cuatro primeros, así que la medalla no sirvió para calmar los encorajinados ánimos de la prensa contra Díaz-Miguel*, cada vez más enrocado en su pedestal, cada vez más devorado por su ego.

*Curioso lo de Díaz Miguel. En apenas 6-8 años había pasado de ser un innovador, gracias a sus contactos americanos, a ser adelantado por la derecha por toda la élite europea de técnicos. Nadie en la FEB supo verlo, o si lo vieron, carecían del poder necesario para moverle la silla al bueno de Antonio, convertido en todo un poder fáctico en el deporte español, entre otras cosas gracias a su amistad íntima con José María García. Ese poder fáctico.

El malrollismo crónico que arrastraba la selección se multiplicó exponencialmente durante las semanas previas a los Juegos Olímpicos de Barcelona. Mientras la ciudad, y el país, se engalanaban disfrazados de jolgorio y modernidad, y el baloncesto mundial chillaba cual fan adolescente de Harry Styles ante lo que se avecinaba con ese circo itinerante llamado Dream Team; mientras, digo, el equipo nacional, sus técnicos, sus directivos, y cualquiera que vistiese alguna prenda con escudo de la FEB, se dedicaban a pisar todo charco disponible en los alrededores.

Por si no fuesen suficientes las guerrillas que Antonio mantenía contra (casi toda la) prensa, (algunos) directivos o (algunos) jugadores, agudizadas por una polémica lista de seleccionados a la que le faltaban centímetros (Antonio Martín, el mejor del europeo anterior, estaba lesionado, al igual que Juanan Morales; se descartó a Fernando Romay y a Ferran Martínez en beneficio de Santi Aldama), talento y suerte (Epi y Biriukov se lesionaron con la lista cerrada y sin posibilidad de sustituciones); y por una esperpéntica huelga de jugadores a cuenta de la aprobación del tercer extranjero en ACB. Por si fuera poco, el sorteo nos había situado en un grupo bastante complicado, en el que se encontraban, sin ir más lejos, los dos equipos que acabarían siendo finalistas del torneo. Aquello no podía acabar bien de ninguna manera.

Spoiler: no lo hizo.

La huelga acabó siendo un simple amago, pero el rastro de malas vibraciones fue el único camino que siguió el combinado nacional; Thelma y Louise y Díaz Miguel y doce jugadores, sin frenos ni atajos hacia el acantilado. Como un vallista que se tropieza en todos y cada uno de los obstáculos, así fue la absurda andadura del equipo español durante los Juegos Olímpicos de Barcelona.

La primera valla que no supimos saltar fue la alemana. Una selección limitada en talento pero con la garantía de Schrempf en la pista y la de, atención, Svetislav Pesic fuera de ella, fue capaz de dejar a la española en paños menores en la primera jornada de grupos, y dejarnos ya, así de entrada, con la soga al cuello. Era un partido que, teniendo en cuenta que las citas con Croacia y USA se daban por perdidas, había que ganar. Perdón: HABÍA QUE GANAR.

Pero a los alemanes les bastó con una actuación aseada del jugador de los Pacers, la astuta dirección del zorro serbio, y 20 rebotes de Hansi Gnad (hurgando en la herida de nuestra falta de centímetros), para imponerse (74-83) y desesperar a un pabellón badalonés que se pasó buena parte del encuentro exigiendo a golpe de cántico a Tomás Jofresa, al que Díaz Miguel le dio… los últimos tres minutos. Al técnico de Ciudad Real le iba la marcha, no me lo negaréis.

La segunda valla sí se superó: a fin de cuentas, incluso un reloj estropeado etcétera. Una victoria afanosa y agónica contra Brasil, 101-100, recargaba un poco las pilas de la esperanza, gracias a un tiro libre de Santi Aldama a falta de 7 segundos. El buen partido de Villacampa y Jiménez y la defensa coherentemente carnavalesca de los brasileños se combinaron para contrarrestar, a duras penas, los 44 puntazos de Oscar Schmidt, el antebrazo de dios. La clasificación para los cruces aún era posible.

La tercera valla era casi insuperable, pero se tropezó con dignidad. Fue, posiblemente, el mejor partido de la selección en aquellos juegos, pero Croacia era un obstáculo demasiado ampuloso: Petrovic, Kukoc, Radja, Perasovic, Vrankovic, Komazec… España aguantó 35 minutos antes de entregar la cuchara (79-88), pero había combinaciones de resultados que posibilitaban la clasificación para la siguiente fase, dando por sentada la derrota en la última jornada contra el Dream Team… y la victoria contra la cenicienta del grupo, esa Angola de la que Charles Barkley había dejado una de sus múltiples perlas antes de su enfrentamiento: “No conozco a Angola, pero Angola tiene un problema”. Pero no, el problema lo tuvo España.

¡Que viene el lobo!

Una de las recurrentes armas arrojadizas que se le echaban en cara a Antonio Díaz Miguel era su insistencia en hiperbolizar las virtudes de sus rivales hasta lo casi ridículo. Daba igual si se iba a enfrentar a Estados Unidos o a el equipo de la orquesta sinfónica de Liechtenstein, Antonio pintaba al adversario de turno como un rival temible, de excelsos tiradores y poderoso rebote, y cada potencial victoria como una gesta digna de ser relatada por Homero.

Si a esta característica del técnico español le aplicamos el factor corrector “Pedro y el lobo”, entenderá el lector que nadie hiciera caso a sus voces de alerta: “los angoleños no son mancos ni cojos, tienen una defensa muy dura y buen tiro”. Todo el mundo pensaba que la Angola liderada por un tal Jean-Jacques Conceiçao (nombre enquistado en la cultura popular desde entonces) era una fruslería, incluso a pesar de sus derrotas por la mínima ante Alemania, Brasil y Croacia, y su status de multicampeona africana. Pero no lo era.

En la cuarta valla la selección española se dejó las rodillas, los tobillos y la mayor parte de su dignidad. El partido es legendario por lo que significó y no tanto por su desarrollo, así que probablemente pocos recuerden que al descanso solo se perdía por un punto (36-37), jugando mal pero con la sensación de que la victoria no era más que cuestión de tiempo. Y era cierto: en concreto, el que transcurrió desde la reanudación hasta el 41-61 a falta de 7 minutos, durante el cual el combinado hispano fue incapaz de anotar una sola canasta de campo.

Ese último tramo, con todo ya resuelto (hasta el 63-83 definitivo), fue un festival africano de mates, triples y pases jaleados por un público que, falto de alegrías propias, decidió volcar en el escarnio de sus jugadores las frustraciones de los últimos ocho años. De poco sirvió la pizca de decoro recobrado en el histórico partido contra USA (81-122): la atmósfera, como prueba esta entrevista a cuchillo de Quique Guasch al pobre Epi, o esta portada de “Gigantes” a la semana siguiente, estaba cargada de radioactividad tóxica. A su lado, “Chernobyl” era un parque temático.

Las consecuencias no se hicieron esperar, más allá del remate del torneo en un partido con el noveno puesto en juego… contra Angola, una pírrica victoria (78-75) que acabó a puñetazos, más cerca de una precuela de “John Wick” que de un encuentro de baloncesto, porque era lo que a esas alturas le pedía el cuerpo a todos. Juan Antonio San Epifanio se retiraba (o eso creía él: aún volvería para un par de campeonatos más) de la selección con el sabor agridulce del descalabro después de ser el último relevista de la antorcha olímpica. Antonio Díaz Miguel, que en la rueda de prensa posterior al angolazo negaba rotundamente la posibilidad de dimitir, fue obligado a no emborronar más su legendaria carrera por la FEB, no renovándole y designando seleccionador a otro tótem, de similar casta pero mucho mejor pelo: Lolo Sáinz. El mítico técnico de Tetuán fue el encargado de portear al baloncesto español durante su etapa de transición hasta la generación del 99.

No sin disfrutar, en primera persona y con asiento premium, de la secuela “El angolazo 2: ahora, con China”.

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Los tres segundos que pararon la Guerra Fría

Un atentado terrorista, un escenario sociopolítico de posguerra al borde del abismo nuclear y una jugada final que, al más puro estilo Simpsons, se repitió hasta tres veces.

Andres.weiss99@gmail.com'

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Hay lugares en el mundo que, por estar donde están, cuentan con un privilegio inesperado. Comunicación, recursos, disponibilidad y facilidad de movimiento. “Vecinos” que, en caso de necesidad, acuden a tu rescate. Aunque también lo harán en caso de necedad, sirviendo de rescate para el resto del continente. Y Alemania es uno de ellos, aunque no necesariamente en un escenario positivo, pues puedes estar en un lugar privilegiado, pero usar esta situación geográfica de forma incorrecta, equívoca o, simplemente, con maldad.

La historia de las Guerras Mundiales nos la sabemos todos. La de la unificación, quizá algunos menos. Pero el dominio que durante gran parte de la historia contemporánea ha ejercido Alemania, en lo militar, lo político y lo económico, ha marcado el devenir de Europa, tanto en los años de conflicto armado, con en la etapa de relaciones diplomáticas actual, en la que no gana quien más tanques tiene, sino quien mejor despliega sus influencias. En el caso del país bávaro, es un “don” que, además, se extiende a lo deportivo.

Se suele decir que el fútbol es ese deporte en el que se enfrentan 11 contra 11 y siempre gana Alemania. Y el baloncesto es ese deporte en el que se enfrentan 5 contra 5 y suele suceder lo contrario. Estas son reglas no escritas que, a pesar de todo, llevan confirmándose desde que fueron impuestas con la creación del propio deporte. Y esta capacidad casual con la que cuenta Alemania no es innata del baloncesto o del fútbol, sino que toca todos los palos de la sociedad deportiva. A todos los atletas. Algo que las Olimpiadas del 72, que tuvieron lugar en Munich, dejaron ver con mucha facilidad. Y es que el contexto estaba ya creado, y la oportunidad servida.

La Guerra Fría en tiempos del cólera

Alemania, uno de los países que más sucesos catastróficos había protagonizado en toda Europa en lo que se llevaba de centuria, sería la anfitriona de un torneo deportivo internacional en el fulgor de la Guerra Fría. La ciudad escogida sería Munich, donde ambas potencias medirían sus fuerzas en un nuevo campo de batalla, el rectángulo del baloncesto, al que ambas llegaban como las dos selecciones más grandes del mundo, aunque con evidentes limitaciones que las diferenciaban.

Estados Unidos, siguiendo las normas de las federaciones, no podía llevar atletas profesionales. Especialmente, en el baloncesto, cabría añadir. Y es que más allá de ser los “divulgadores” del deporte ideado por John Naismith, tenían -y tienen- la liga más poderosa y a los mejores jugadores de todos los continentes. Y cada cuatro años enviaban a los mejores jugadores NCAA, es decir, amateurs, que aceptaban la invitación y se unían a un combinado que estaba siempre en constante reconstrucción. Pero la Unión Soviética había ideado la forma de ir un paso más allá.

Incluyendo a sus jugadores en el registro como soldados o obreros, podían mantener virgen su vitola de no-profesionales y continuar acudiendo a los torneos que se disputaban. Y así acababan acumulando internacionalidades, experiencias conjuntas y química, formando un vestuario unido y que había aprendido a jugar “de memoria”, pues la continuidad de un proyecto permitía que esto sucediera. Así habían vencido a los norteamericanos en los World University Games 2 años antes, y 8 de 9 partidos que disputaron en una gira por el país inglés durante 1971 con el combinado que disputaría las Olimpiadas.

Aún así, USA llegaba como favorita al torneo baloncestístico, pues en pocas cosas podía superar a una URSS que dominaba física -y burocráticamente- cada aspecto de la competición, y que buscaba alcanzar las 50 medallas en el torneo para conmemorar los 50 años de existencia del país comunista. Y por eso había hecho todo lo posible para que los regidores del torneo estuvieran de su parte. Sobornos, amenazas, chantajes… todo lo que estaba en su mano había sido pulsado para que los astros se alinearan y lograran su objetivo.

Y es que la competición estaba salpicada, manchada, corrompida en definitiva. Y entre toda la corrupción, se alzaba Renato Williams Jones. Inglés nacido en Italia, Jones había sido uno de los fundadores de la FIBA, el que había ideado la creación de una competición Mundial de baloncesto y el que había logrado que se creara un torneo ubicado dentro de la realización de los Juegos Olímpicos por primera vez en 1936 en Berlín. Otra ciudad alemana, aunque con diferencias sustanciales en su dominio, poder, control y funcionamiento.

Y 36 años después, el baloncesto había vuelto a Alemania. Bajo el lema del torneo, Die Heiteren Spiele -Los Juegos Joviales-, el gobierno de la República Federal Alemana (FDR), quería mostrar una Alemania democrática, controlada y optimista, por así decirlo, y con buenas perspectivas de futuro. Pero no fueron capaces, ya que la localización de la capital bávara, en la región inferior al territorio dominado por la DDR, pero perteneciente a la otra facción que controlaba el país, permitía a los soviéticos influir en ella sin necesidad de tener el control gubernamental de la misma.

Esto, unido al hecho de estar en el lugar -menos- adecuado en el momento -menos- oportuno tuvo consecuencias negativas para el baloncesto, el resto de atletas allí presentes y, en definitiva, el correcto devenir de la competición. Y es que el deporte es parte de la vida, y como tal, la vida afecta al deporte. Y cuando hay un conflicto de magnitudes considerables la actividad deportiva es tocada inevitablemente. Tal y como sucedió el día 5 de septiembre de 1972, en el Olympic Village de Munich.

Ocho miembros del grupo terrorista palestino Black September entraron en los apartamentos de los representantes israelíes, encontrando once miembros entre jugadores, oficiales y entrenadores, llevándose nueve con ellos al dejar a dos fallecidos que se resistieron a ser capturados. Entonces comenzó un absoluto infierno que terminó a la tarde en el aeropuerto de Fürstenfeldbruck con los nueve israelís restantes asesinados junto a cinco de los terroristas. Los otros tres fueron capturados y usados como moneda de cambio en el rescate.

La decisión de cancelar los Juegos fue prácticamente unánime. Salvo Avery Brundage, el ambiente que rodeaba lo que restaba de competición se había enrarecido y entristecido. Pero al igual que Freddie Mercury, el presidente del COI alzó su voz y dictaminó que el show debía continuar.

Aquellos nueve segundos

Cuatro días después, cerca de la medianoche, el misticismo sería citado para una noche que pasaría a la historia. La Guerra Fría, la eterna pelea de la Unión Soviética por ser mejor que nadie, su objetivo personal, la juventud de los estadounidenses, el trágico fallecimiento de los 11 israelís, y una grada que parecía estar en contra de los Estados Unidos eran el aderezo que llevaría este partido durante 40 minutos que, verdaderamente, parecerían 3 segundos. tres segundos que, en este caso, acabarían siendo nueve.

La URSS comenzó muy fuerte, sorprendiendo a un equipo entrenado por el exitoso pero “atrasado” Hank Iba, que no había conseguido adaptarse a las nuevas tácticas de los años 70. Y por eso los constantes cambios de ritmo de sus rivales les mantuvieron a distancia todo el partido. Hasta que en un esfuerzo mayúsculo en el último cuarto, donde Iba dio una vuelta de tuerca a su sistema estableciendo una presión a toda cancha y un juego veloz y sorprendente, se acercaron en el marcador. Y, a falta de tres segundos, se pusieron un punto por encima en el electrónico.

Aleksandr Belov, estrella y líder de los soviéticos, se disponía a recibir un balón cuando Doug Collins se hizo con el mismo, recibió una falta que le hizo lesionarse la muñeca, y acudió a la línea de personal. Estaban uno abajo, quedaban tres segundos, y tenía el oro, la cima de su carrera, a 4,60 metros. Tal y como había soñado cuando entrenaba en el patio de su casa, en Benton, Illinois. Imaginándose leyenda y salvador de su equipo, y sabiéndose un campeón. Algo más que un simple vencedor.

Olvidándose del dolor, siguió el mismo ritual que le había acompañado desde que comenzara a jugar al baloncesto, y certificó la momentánea victoria de su equipo. Y entonces comenzaron cinco minutos de desazón, rabia, desconcierto y dolor que terminaron con una decisión dictatorial, y con una historia de venganza.

La Unión Soviética puso en marcha el balón, fue robado y entonces el partido terminó, pero volvió a recibir tres segundos y un nuevo saque de fondo porque no se les había concedido un tiempo muerto. Nadie entendió aquella decisión, pero se reintentó la jugada. El balón voló de las manos de Ivan Edeshko a las de Modestas Paulaskas, que trató de dárselo a Belov, pero no le fue posible llegar y capturarlo, perdiendo así la posibilidad de efectuar un último lanzamiento. La URSS había perdido. Estados Unidos había certificado la remontada.

La locura, entonces, se abrió paso en el Rudi-Sedlmayer-Halle, con los 6.500 aficionados que estaban en las gradas ocupando lo que podían de pista y los jugadores americanos celebrando su victoria en el centro de la misma. Camisetas fueron robadas, lágrimas de felicidad brotaban de sus ojos y parecía que todo el sufrimiento había llegado a su fin. Pero no era así. Y es que en un supuesto error, el encargado del marcador, Andre Chopard, había colocado 50 segundos restantes, cuando la cifra correcta debía haber sido 3.

Por ello, Renato William Jones, que ya se había puesto de parte de la Unión Soviética con la resolución de su tiempo muerto fallido previo, y se encontraba a pie de cancha, ordenó que se volviera a repetir la jugada por tercera vez. Saltándose, de esta forma, las reglas del Comité Olímpico, pues no tenía el poder ni la potestad para hacer algo de este calibre.

Se recobró el control de la cancha, los jugadores se dispusieron y Edeshko ejecutó un pase que, esta vez sí, pudo encontrar directamente a Belov, pues McMillen, su defensor en el saque anterior, había interpretado un gesto del árbitro como una orden de darle espacio a Edeshko. Algo que, en teoría, no podían hacer, pero no quería arriesgarse a recibir una técnica.

Belov, tras atrapar el balón y dejar atrás a la intensa defensa americana, estaba libre de marcajes, y anotó a placer una bandeja histórica y, ahora sí, absolutamente definitiva. La victoria americana había sido un sueño, la Unión Soviética sería galardonada con la medalla de oro.

La Federación estadounidense, incrédula y verdaderamente dolida, emitió una queja formal y un jurado de cinco miembros decretó, finalmente, la victoria soviética. Eran las tres de la mañana, y ya todo hacía sospechar. Aunque había motivos para ello. Y es que de estos 5 jueces, 3 eran de la URSS. El resultado podía haber sido amañado. Y Jones también había tenido algo que ver en ello.

Por tanto, la plata nunca sería aceptada por parte de los 12 jugadores, y sus técnicos, que conformaron la expedición estadounidense a Munich, y que aún a día de hoy, aguardan una resolución del asunto, en el Museo Olímpico de Suiza. Y así seguirá, hasta que el error sea solventado. Al fin y al cabo, sólo quieren descansar de una lucha que ha alargado 3 segundos a toda una vida, a toda una eternidad. Y que nunca les dejará estar en paz.

Fuentes: LA Times, NY Times, ESPN Classic, Bleacher Report, Huffington Post

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Todo lo que nos dejó el Mundial de China

Dos semanas de baloncesto dan para mucho. Repasamos lo que nos han dejado los treinta y dos participantes del Mundial de Baloncesto de China 2019

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El mundial más numeroso de la historia también ha sido el que más sorpresas por metro cuadrado ha deparado, fruto de un sistema de competición que apenas permitía los errores y los partidos para administrar el desgaste de otras ediciones. España sumó trece año después su segundo título, Argentina tomó una máquina del tiempo para revivir los sentimientos olvidados de la Generación Dorada, mientras que Estados Unidos se veía fuera del torneo en cuartos tras reunir al equipo más vulgar de los últimos quince años. Esto fue todo lo que pasó en el Mundial de China 2019

Alemania (18º)

Batacazo del baloncesto teutón en la cita asiática. Con una plantilla con a priori que contaba con buenos mimbres, y un grupo no excesivamente complicado, quedaron eliminados el segundo día, dando serias muestras de ser un equipo poco trabajado y dependiente de la inspiración de Dennis Schroder, principal foco de las críticas (40% en tiros de campo). Estarán en el Preolímpico.

Angola (27º)

Tenía muy complicado pasar de ronda en un grupo con Serbia e Italia, y al menos pudo llevarse una honorífica victoria ante Filipinas, aunque eso sí, se echó en falta que pudiera competir ante los favoritos. El objetivo era ser el mejor africano y tampoco estuvo cerca de conseguirlo. Urge un relevo de garantías para una generación agotada.

Argentina (Subcampeones)

Un milagro. Los argentinos retrocedieron una década atrás en el tiempo y se volvieron a mostrar como un equipo bravo… que además jugaba al baloncesto de forma maravillosa. Un inconmensurable Scola guió a los suyos en unos cuartos de final históricos ante Serbia. Después eliminarían a Francia de forma brillante para llegar desfondados a la gran final. Histórico.

Australia (4º)

Puede que estemos ante la gran perdedora del Mundial de China. Se plantaron en semifinales sin sufrimiento, y en un duelo a vida o muerte contra España, perdieron tras dos prorrogas. Posiblemente sean la mayor amenaza a día de hoy para un Estados Unidos de primer nivel, pero siguen dejando dudas de su capacidad de sufrimiento en los partidos de pierde paga.

Brasil (13º)

Dejaron una buena imagen, ofreciendo un buen nivel competitivo durante gran parte del torneo. Esa es la buena noticia, la mala, es que lo hicieron tirando de un equipo envejecido y que necesita una renovación urgente. Tendrá complicado estar en la cita olímpica el verano que viene.


Canadá (21º)

Estarán en el Preolímpico, y si para entonces logran reunir a todo el talento que su suponen atesoran, será un equipo distinto completamente. Con todas sus bajas, nadie esperaba nada de ellos, aún así, pobre rendimiento siendo apalizados porLituania y Australia en la primera fase.

China (24º)

Otra decepción. En un grupo hecho a su medida, naufragaron en los partidos clave de Venezuela y Nigeria, perdiendo sus opciones de Juegos. Toca reflexionar en un país del que se esperaba fuera la gran potencia asiática, y que solo ha conseguido tapar el talento nacional en su liga a base de jugadores extranjeros pagados a precio de oro.

Corea del Sur (26º) y Costa de Marfil (29º)

Dos de esos equipos intrascendentes que demuestran el error deportivo de un mundial de treinta y dos equipos.

España (Campeones del Mundo)

Nadie contaba con esto. Trece años después, campeones del mundo. La transición desde los Juniors de Oro se ha culminado de la forma más sorprendente y grandiosa imaginable. Ricky Rubio (MVP), Marc Gasol (partido clave ante Australia) y las labores de intendencia de Llull, Rudy y Víctor Claver, indispensables. Lección de planteamiento y scouting de Sergio Scariolo, que -parece mentira- queda consagrado como una leyenda de nuestro baloncesto tras el mundial. Enormes.

Estados Unidos (7º)

Eran, pese a las innumerables bajas, el máximo favorito al oro. Sin embargo, y pese a que no se atisbó poco trabajo o prepotencia, los americanos vieron enormemente penalizadas sus carencias interiores en el choque de cuartos de final ante Francia, con Rudy Gobert como verdugo. La duda de qué equipo podrán reunir de cara a Tokio condicionará el torneo.

Filipinas (32º)

Paso atrás del baloncesto filipino. Con un Andray Blatche ya muy lejos de su mejor versión, el estilo de juego del combinado asiático demostró ser poco trasladable a una competición de alto nivel. Pese a todo, deberían seguir creciendo si logran una buena política de nacionalizados.

Francia (medalla de bronce)

Irregulares. Ofrecieron su mejor cara en el histórico partido ante Estados Unidos de cuartos, para después volver al suelo en semifinales, donde mostraron las mismas carencias de los últimos años: escaso acierto en el tiro y pobre capacidad de sufrimiento. Evan Fournier realizó su mejor torneo con la selección gala, mientras que Batum certificó su defunción como élite, anunciada previamente en la NBA.

Grecia (11º)

Siguen sin tener ni la más remota idea de como aprovechar todo el potencial de Giannis Antetokounmpo. Da la impresión de que hay dos estilos de juego en la selección helena que luchan por imponerse, y hasta que no se de respuesta a eso llevando un equipo hecho a la medida de su estrella, no llegarán a ninguna parte. Por favor, que Nick Calathes y Giannis no vuelvan a coincidir nunca más sobre una pista de baloncesto.


Irán (23º)

Premio gordo para Irán, que consigue billete olímpico como mejor equipo asiático, donde posiblemente sean el rival más asequible de todo el torneo de lejos. Los de Hamed Haddadi practican un baloncesto arcaico, casi entrañable, pero saben disimular sus carencias ante equipos de similar nivel. Y eso en un torneo un tanto flojo como este tiene mucho valor.

Italia (10º)

La generación de los Belinelli, Gallinari y Datome se nos han hecho mayores sin apenas ningún indicio de evolución en su nivel competitivo. Se cruzaron con dos rivales importantes -Serbia y España- y antes los dos naufragaron. Especialmente hiriente resultó con los que campeones, con los que empataban a tres minutos para el final del partido y acabaron sin competir. Pocas opciones de estar en Tokio 2020

Japón (31º)

Mucho que progresar y poco tiempo para hacerlo. Los nipones perdieron todos sus partidos, algunos de forma escandalosa, y dejaron pocas notas para el optimismo, a excepción del NBA Hachimura. Será interesante comprobar el plan que hay de cara a la cita olímpica, si es que existe alguno.

Jordania (28º)

Consiguieron una histórica victoria ante Senegal en un partidazo de Dar Tucker. Básicamente eso es lo único reseñable de uno de los equipos más débiles de los presentes en China, y que debería tardar en volver a asomarse en una cita de primer nivel.

Lituania (9º)

De acuerdo, los echaron del Mundial en parte a un fallo arbitral ridículo, pero eso no debería servir como obstáculo para advertir que el nivel del baloncesto lituano sigue descendiendo inexorablemente desde hace años. Decepcionante torneo de Sabonis en su primera gran cita internacional con galones de jugador importante.

Montenegro (25º)

Vucevic en torneos FIBA es un jugador mucho mejor que el que solemos ver en la NBA, y el segundo hombre de mayor nivel es su suplente, lo cual es un serio problema. Poca brillantez y menos acierto, justo lo que no necesitaban en un grupo complicado.

Nigeria (17º)

Billete olímpico para un grupo que llegó con problemas extra deportivos a China y sale con una sonrisa. Brillante torneo del joven Josh Okogie, que será la gran referencia ofensiva en Tokio.

Nueva Zelanda (19º)

Lejos queda ya la edad dorada de los kiwis, sin embargo, siguen siendo un grupo de guerreros al que hay que matar mil veces. Estuvieron a centímetros de dar la sorpresa del torneo dejando a Grecia fuera en la primera fase, en uno de los mejores partidos de toda la primera fase.

Polonia (8º)

Una de las sensaciones del torneo, si no por juego, sí por resultado. El equipo polaco mostró un gran sentido del juego colectivo y alcanzó unos sorprendentes cuartos de final con un equipo sin apenas individualidades. El objetivo (complicado) será refrendar la hazaña llegando a los Juegos.

Puerto Rico (15º)

Talento e irregularidad. Puerto Rico cumplió llegando a segunda fase, el máximo que por nivel podían alcanzar. Estupenda actuación de David Huertas, un anotador que ha alcanzado el punto más alto de su carrera a los 32 años. Sería interesante ver que papel asume en un equipo europeo.

República Checa (6º)

La gran sorpresa. Los de Tomas Satoranski se cargaron en su camino a Turquí y Grecia, alcanzado un histórico sexto puesto. Atentos a este equipo si sigue su progresión y logran añadir a Jan Vesely a la plantilla, tienen capacidad de dar un susto en los cruces de un gran torneo.

República Dominicana (16º)

La gran pregunta del torneo. ¿Hasta dónde podría llegar los del Ché Guevara Dominicana con sus NBA en pista? Quizás- o quizás no- lo comprobemos en el torneo PreOlímpico del próximo verano. Por lo pronto, alcanzaron de forma brillante la segunda fase, muro natural para sus limitaciones en el juego interior.

Rusia (12º)

Salvaron los muebles llegando a la segunda fase, que viendo el nivel mostrado, no está nada mal. La travesía por el desierto del baloncesto ruso se antoja todavía muy larga, sin que la nueva generación haya dado un paso adelante… ni parezca que lo vaya a dar.

Senegal (30º)

Otra de esas selecciones que por nivel, jamás debería pisar nada parecido a una competición que se llame Copa del Mundo. Relleno.

Serbia (5º)

En Serbia iba todo bien… hasta que se cruzaron con España. Arrasaron en la primera fase, pero el sistema de dos interiores grandes se estrelló a la hora de la verdad. Djordjevic, muy señalado, dejará de ser seleccionador de un equipo al que se le intuyen serios problemas de carácter y competitividad en los momentos claves.

Túnez (20º)

Al menos sacaron billete para el Preolímpico, premio de consolación para el que quizás sea el equipo más sólido del continente africano. Su falta de talento exterior les penaliza demasiado en torneos de primer nivel.

Turquía (22º)

De estar a punto de tocar la gloria con cuatro tiros libres fallados ante Estados Unidos, a volverse a casa tras caer con la República Checa en un partido depresivo. Turquía ha resultado una de las grandes perdedoras de este mundial. Tocará revolución si no hay billete a Tokio.

Venezuela (14º)

Aceptable papel de la vino tinto, a la que le faltó un poco más de suerte en la segunda fase. Tienen calidad y sobre todo un estilo. Notable torneo del interior Michael Carrera, otro jugador al que sería interesante volver a tener por Europa de nuevo.

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