Había acudido a la consulta de su médico de cabecera porque llevaba un tiempo preocupado por unas molestias en la zona de su ingle. Eran dolores a los que no estaba acostumbrado y la preocupación iba en aumento, así que había llegado el momento de saber qué pasaba exactamente y cortar de raíz el problema. Una vez en la consulta empezó a contar su problema a su médico y éste pasó a hacer una revisión de la zona, al final de la cual pareció haber encontrado la causa de los dolores:

– Bien, parece ser que has estado practicando demasiado sexo.

– ¿De verdad cree usted eso doctor?

– Bueno, ¿cuántas veces al día practicas sexo?

– No lo sé, tres o cuatro veces como mucho.

– Wendell, eso es demasiado.

– Bueno, nunca es con la misma chica

Si al aficionado al baloncesto se le pregunta sobre la figura de Wendell Ladner, probablemente la gran mayoría de ellos no sepan absolutamente nada sobre el tipo en cuestión. Ni sus estadísticas, ni sus logros personales le hicieron ser una figura destacada dentro del baloncesto. Pero en cambio si es recordado de manera emotiva por todos aquellos compañeros, entrenadores y fans que le vieron jugar en aquella jungla variopinta que fue la ABA en la década de los 70, dejando una gran huella en todos ellos, especialmente en el que fue el gran dominador de aquella Liga y uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

Había venido al mundo en 1948, en Necaise Crossing, una pequeñísima comunidad dentro del Condado de Hancock, al sur del Estado de Mississippi, donde creció en la granja de algodón familiar. En un ambiente como aquel, ordeñando vacas y montando a caballo, buscó mantenerse entretenido en sus ratos libres mediante la práctica del baloncesto. Él y sus amigos jugaban a todas horas. Cuando anochecía, cogían sus hachas y cortaban algo de leña de árboles caídos para poder encender una hoguera que iluminase el lugar donde jugaban.

Se ganó un puesto en el equipo de Hancock North Central, el Instituto a donde acudía todos los días, situado en la pequeña localidad de Klin, a unos kilómetros de la granja de sus padres. Allí se labró una buena reputación, siendo All-American, con promedios de 37 puntos por partido, lo que le valió para decantarse posteriormente por la Universidad de Southern Mississippi, siguiendo los pasos de su hermano mayor Berlin y rechazando 83 ofertas de otras Universidades interesadas en él. Lideró al equipo junior en anotación y rebotes en su primer año, algo que le hizo ganarse un puesto en el primer equipo en la temporada 1967-68. A partir de ahí, Wendell empezó a escribir su nombre en el libro de records de la Universidad. En su carrera universitaria logró 1.256 rebotes en 76 partidos, promediando 16.5 por choque, una marca a la que nunca antes nadie se había aproximado. 14 de las 16 mejores marcas reboteadoras en un solo partido en la historia de Southern Miss. llevan su nombre. Pero también era un consumado anotador, promediando 20.5 puntos en tres temporadas.

En esos tres años desarrolló un estilo de juego que le acompañaría más tarde en toda su carrera profesional. Sin ser demasiado alto, 1.96 mts., era un gran rebotador, con una gran capacidad de salto, y un luchador que se fajaba con cualquier rival por cualquier balón suelto. Esa lucha sin tregua, el no dar un balón por perdido, le hizo ganarse la admiración y el fervor de la grada, ganándose el apodo de “Mr Excitement”.

Es el 2º máximo reboteador histórico de Southern Miss., solo superado por Clarence Weatherspoon, y el 11º máximo anotador, siendo su promedio total de 20.5 puntos el más alto en la historia de los Eagles, además de tener el récord de más rebotes (32) en un solo partido, logros que le valieron para ser elegido miembro del Hall of Fame de Southern Miss. en 1978.

El proceder de una Universidad pequeña y de una localidad que apenas se reflejaba en el mapa no jugaron en su favor a la hora de atraer la atención de los ojeadores de la NBA. Ningún equipo apostó por él en el draft de 1970, por lo que parecía que su futuro no parecía estar muy lejos de la granja familiar. Fue Babe McCarthy quien se encargó de darle una oportunidad para llegar a ser profesional. McCarthy había sido entrenador en Mississippi State y recordaba a Wendell de niño en uno de sus campus de entrenamiento. Por aquel entonces era entrenador de los Buccaneers de la ABA, equipo afincado en New Orleans, pero aquel mismo verano la franquicia se mudaría a Memphis, adoptando el nombre de Pros.

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La ocasión para Ladner había llegado, pero cuando se presentó a la pretemporada dejaba muchas dudas sobre si él era el jugador ideal para el equipo. No demasiado alto y fuera de forma, se le veía sufrir corriendo de un lado a otro de la cancha, muy lejos de aquel chico tan veloz que McCarthy recordaba. En la Universidad nunca se había preocupado por el peso, ni por seguir una dieta, pues competía con jugadores de su misma edad y características. Sin embargo, Wendell prometió que llegado el momento de iniciar la temporada se pondría en forma, y así fue. Se convirtió en una de las sorpresas de aquella temporada, promediando 16.9 puntos y 11.4 rebotes, lo que le hizo ser elegido en el Equipo Ideal de Rookies y participar en el All-Star Game. Y también empezar a forjar su leyenda.

En uno de sus primeros partidos como profesional tuvo la “suerte” de conocer a John Brisker, probablemente el jugador más salvaje que nunca haya pisado una cancha de baloncesto. Brisker apareció en el hotel donde el equipo se alojaba. “ He oído que tenéis un tío blanco bastante fuerte en vuestro equipo. Esta noche lo comprobaremos”. Llegado el partido, en una jugada, Brisker soltó su codo hacia Ladner quien no hizo caso y bajó a defender. Cuando Brisker llegó al otro extremo de la cancha le volvió a soltar el codo, desatando la ira de Ladner y enfrascando a los dos en una tremenda pelea.

Tras un breve paso por Carolina y un breve regreso a Memphis, encontró su lugar en los Kentucky Colonels, compartiendo vestuario con Dan Issell y Artis Gilmore. Fue allí donde empezó a fraguarse muy buena fama por su manera de entender el juego pero también  por su aspecto físico, sobre todo entre el público femenino. Wendell no entendía el significado de la palabra “miedo”. En un partido de playoffs ante Carolina, un balón dividido iba camino del banquillo de los Colones cuando Wendell se lanzó a salvarlo, dándose de lleno contra el recipiente para enfriar el agua que en aquella época era de cristal. Al levantarse estaba lleno de sangre y de pequeños cristales y fue necesario darle 48 puntos de sutura en su brazo. Tras el descanso quiso reincorporarse al juego pero su entrenador lo impidió, aunque para el último partido de la serie al día siguiente ya estaba listo para jugar. Sus piernas aún mostraban numerosos cortes y se negó a cambiarse las medias manchadas de sangre hasta que las series no acabaron. “Era como un niño pequeño con una gran pasión por la vida y un gran deseo por ser jugador profesional”, decía David Vance, general manager de los Colonels. “Si jugaba en tu equipo, era tu favorito. Si jugaba contra ti, era el villano más malo”.

Se labró una buena fama de mujeriego, preocupándose mucho de su aspecto. Era frecuente verle sentado en el vestuario peinándose, echándose laca en el pelo y preguntando a sus compañeros cómo estaba su flequillo, mientras su entrenador daba las instrucciones. Todo lo que pasaba por su cabeza era jugar al baloncesto y citarse con mujeres. Cuando bajaba del avión o al llegar a los hoteles le esperaban decenas de fans ansiosas por darle sus números de teléfonos. Era un feroz competidor en la cancha mientras que fuera de ella era todo un caballero. Esa atracción física que producía fue aprovechada por los Colones. En una liga donde había que conseguir ingresos económicos como fuera, los Colonels pusieron a la venta un poster publicitario donde Ladner aparecía tumbado delante de las taquillas del vestuario vistiendo únicamente el pantalón de juego y sosteniendo un balón. Aquel look propio de la época, con mostacho, gruesas patillas y vello en el pecho, hizo que el poster se vendiese en tan solo unas horas.

Su traspaso a los Nets durante la temporada 73-74 fue un palo para los aficionados de los Colones pero para Ladner representaba la oportunidad de jugar en un equipazo con jugadores como Larry Kenon, Billy Paultz y el icono de aquella liga, Julius Erving. Ambos cultivaron una gran amistad pues Ladner era como un guardaespaldas para Julius. Todo aquel que tratase de golpear o lesionar a Julius debería vérselas con Ladner, con lo que Julius se sentía muy confiado de poder hacer todo tipo de entradas, mates o vuelos hacia el aro rival. La temporada y los playoffs fueron un paseo para aquellos Nets, alcanzando el triunfo final al derrotar a Utah en las Finales por 4-1.

Wendell Ladner Nets

La siguiente temporada pudo disputar solo 25 partidos lastrado por una lesión, pero para la hora de los playoffs Ladner ya estaba preparado. En el segundo partido de las semifinales de Conferencia ante St. Louis, los Nets estaban sorprendentemente siendo barridos en el marcador. Ladner corría frustrado detrás de Freddie Lewis quien botaba el balón ajeno a lo que pasaba detrás. Ladner se quitó una de sus zapatillas y la arrojó sobre Lewis impactando en su espalda. Cuando Lewis se giró dispuesto a entablar una pelea y vio que era Ladner no pudo hacer otra cosa más que sonreir.

 Wendell y Julius formaban uno de los dúos más atractivos de la ABA y parecía que sus destinos iban a estar unidos muchos años  pero, al igual que la propia ABA, aquello no iba a durar demasiado. A comienzos del verano de 1975, Wendell había viajado a su casa natal de Necaise Crossing para pasar un par de semanas con su familia e intentar olvidar el decepcionante final de la temporada recién acabada. El 24 de junio, un familiar le condujo hasta el aeropuerto de New Orleans donde habría de embarcarse en el Vuelo 66 de la compañía Eastern Air Lines con destino Nueva York.  Una gran tormenta eléctrica azotaba la Gran Manzana aquella tarde y, mientras el avión se aproximaba al Aeropuerto John F. Kennedy, fuertes vientos de cola desataron la tragedia. Tras golpear las luces de aproximación y dar una serie de bandazos, el Boeing 727-200 estalló en llamas. De los 124 pasajeros a bordo, solo 11 lograron sobrevivir. Wendell Ladner no fue uno de ellos. Su cuerpo fue identificado gracias a que en uno de sus dedos llevaba el anillo de campeón de la ABA que había logrado un año antes. Junto a él, estaba su bolsa de mano de los Nets con su número 4 impreso en ella. Tenía 26 años. Durante su funeral en Necaise Crossing, donde era respetado y admirado por todos, entre los cientos de asistentes que acudieron a darle un último adiós, solo había una persona de raza negra. Era Julius.

Aquellos Nets ganarían un año después el último anillo en la historia de la ABA, quedando para el recuerdo como uno de los mejores equipos de aquella Liga, con la figura enorme de Julius al frente, pero también con el recuerdo de su amigo Wendell en el corazón de muchos. Cuatro décadas después, a excepción de Rick Mahorn durante un breve periodo de tiempo, ningún jugador ha vestido el número 4 de Wendell en un partido de los Nets aunque, irónicamente, no está retirado ni cuelga del techo del Barclays Center. Injusto para alguien que se labró el cariño de todos los que le conocieron, algo bien resumido en la frase grabada en su lápida rodeando una foto suya en la que aparece con una amplia sonrisa y vistiendo el uniforme de los Nets: “Siempre recordamos a Wendell, por el 110% que dio a su vida, por su gran amor al baloncesto y por la felicidad que nos dio a todos nosotros”.

Ladner died at the age of 26 in the June 24, 1975 crash of Eastern Air Lines Flight 66, in New York City. He was identified by medical examiners because he was wearing his ABA Championship ring. For many years, the Nets listed his name and number on the list of retired numbers, however it does not hang in the rafters with the other retired numbers. [1] His number was also given to Rick Mahorn during his tenure with the Nets. In October of 2013, the Nets released a statement finally clarifying a 17 year question. According to the Nets, longtime Nets trainer Fritz Massmann wouldn’t issue Ladner’s No. 4 to any other players out of respect. There was never a formal ceremony and his number is not retired.

At the time, it was the deadliest plane crash in the history of the United States until the September 25, 1978 crash of PSA Flight 182 in San Diego.