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El cisma entre FIBA y Euroliga por hacerse con el control absoluto de la máxima competición de clubes amenza con despeñar por el barranco más profundo el futuro del baloncesto continental. En un momento en el que sólo las selecciones levantan interés en las audiencias y las diferencias deportivas entre ricos y humildes son cada vez más grandes, lo último que parece necesitar Europa es acabar sufriendo otro cisma.

El constante giro dramático en los acontecimientos de los últimos años ha culminado con la Euroliga cerrando un acuerdo con IMG para repartir 370 millones de euros, garantizados, en los próximos 10 años y, de paso, dejar claro a la FIBA que no piensa ceder el control de la competición.

Más allá de las cifras (cada año los 16 participantes se repartirán 36,5 millones) la realidad invita a pensar que los diferentes actores están más pensando en su propio beneficio que en la salud de un deporte que pasa por uno de sus peores momentos. Con el movimiento de Jordi Bertomeu sólo una élite de privilegiados optará al cetro continental, al mismo tiempo que se imposibilita ganarse una plaza por méritos deportivos inmediatos.

La comparación con una Champions League en versión baloncesto, es más que una utopía ya que en fútbol, año tras año, se puede ver a equipos históricos jugando la Europa League en detrimento de equipos que se han ganado a pulso disputar una competición que alivia muchas arcas maltrechas.

Mezcla explosiva: formato elitista y ventana de selecciones

En lo deportivo el criterio de elaboración de la nueva competición también llama mucho la atención. La futura Euroliga será una liga de todos contra todos con 16 equipos que disputarán una liga regular, a imagen y semejanza de la ligas domésticas. A partir de aquí los ocho primeros disputarán una play-off al mejor de cinco partidos para dilucidar cuáles son los cuatro equipos que tienen pasaporte para la Final Four.

Con estas reglas de juego se antoja muy complicado elaborar un calendario con un mínimo de sentido común, puesto que la competición tendrá 30 jornadas con hasta 2 partidos semanales. Al margen de lo que suceda con los campeonatos nacionales, queda por ver como cuadra con la intención de la FIBA de insertar ventanas de partidos de selecciones durante el año, porque tampoco parece que el máximo organismo tenga ninguna intención de marcha atrás en una idea igual de descabellada.

Papel residual de las ligas nacionales

Mientras continua este pulso entre Euroliga y FIBA, y viceversa, andan liados a disputas nadie piensa qué va a suceder con equipos como Unicaja, Valencia Basket, Khimki, Unics, Lokomotiv Kuban, Galatasaray, Estrella Roja o conjuntos pujantes como Dogus Darussafaka. La única opción para ellos y otros tantos que irrumpan con fuerza es ganar la Eurocup o superar una masificada ronda previa.

Dicho de otra manera, las ligas nacionales pasarán a ser completas comparsas en el nuevo panorama baloncestístico que se dibuja. Queda por ver qué ligas completarán el cartel que ya forman eternamente, salvo descalabro económico impensable, el Armani Milan, CSKA, Barcelona, Fenerbahce Istanbul, Laboral Kutxa, Maccabi, Olympiacos, Panathinaikos, Real Madrid y Zalgiris, los cuales pasaran a jugar en unas condiciones muy poderosas especialmente en temas económicos y de mercado.

Falta por ver en los próximos meses qué liga es la agraciada. Las últimas informaciones apuntan a la Liga Adriática, VTB League y la liga alemana, después que la Federación Francesa se haya posicionado claramente a favor del proyecto de la FIBA.

Es difícil entender que los principales clubes de Europa justifiquen este formato elitista como lo más conveniente para el futuro del baloncesto. Sólo los hechos darán y quitarán razones, pero todo hace indicar que vamos a volver, salvo sorpresa mayúscula, a 14 años atrás y nunca retroceder tanto tiempo fue la mejor opción para construir un futuro sólido.