A los nueve meses del famoso apagón de New York de 1965 se produjo el primer gran ‘baby boom’ de la historia moderna. Tuvo que venir la oscuridad a justificar que el amor es ciego. En un alarde de creatividad, ironía y humor verdadero, algunos de aquellos padres llamaron a sus hijas Mariluz, Iluminada o Marisol. Incluso Estrella. En España pasó algo parecido aquel fatídico septiembre de 2010 en el que España perdió su condición de campeona del mundo ante la Serbia de un tal Teodosic. Fue tal el apagón que muchos de los cachorros de pitbull nacidos por aquellos días fueron bautizados con el nombre de ‘Milos’.

Para ponerles en situación haremos flashback, que en esta sección tenemos verdadera devoción por Faulkner:

Turquía. Sinam Erdem Spor Salonu de Estambul. Empate a 89 y casi 26 segundos para el final del partido. Si en 26 segundos caben dos coitos, qué no podrá pasar en un partido de baloncesto. Ataca el serbio (o ‘ebrios’, como diría un disléxico), que había metido solamente uno de los siete triples que había intentado. Garbajosa le defiende cerca de la línea de tres, por si intentara el octavo.

Empate a 89 y ocho metros de distancia. Ocho metros son muchos si es la distancia que hay entre el inodoro y el rollo de papel higiénico, pero muy pocos para lanzar el balón a una canasta si el lanzador hace tratos con el mismísimo Satanás, como es el caso. A ocho metros, el de Olimpiacos saltó, armó el brazo y… nos la clavó. Nos la clavó a todos los españoles mientras a Scariolo, impertérrito, no se le movía un pelo (en sentido figurado, claro está).

El de Valjevo, como un moderno Prometeo subió hasta el Olimpo, nos robó el fuego y se lo entregó a los hombres. A sus hombres. Y por mucho que media España lo deseara profundamente, ningún buitre vino a morderle el hígado para toda la eternidad. David derrotó a Goliath con una honda que más bien parecía una vespino. Goliath derrotado con una pedrada de ocho metros.

Si Garbajosa hubiera hecho caso de lo que gritaban los aficionados españoles desde sus casas, desde los bares, a día de hoy Teodosic no tendría brazos. Se los habría arrancado en bueno de Jorge de un sutil zarpazo. Desde aquel día Garbajosa vive en una casa sin balcones porque le suena a Balcanes.

Desde aquel día, la leyenda del triple de Herreros ante el Baskonia quedó en mera anécdota de madridista furibundo. Desde aquel día las leyes de Murphy se escriben en serbio…

…porque Milos es el típico que tira las tostadas al suelo y siempre caen boca arriba. Es el que siempre se pone en la cola del supermercado que va más rápida. Es el que pasa por delante de un gato negro y le caen mil desgracias al pobre minino. Es el que come caracoles sin babero y nunca se mancha. Es el que abre paraguas dentro de su casa y llueve sobre Scariolo cuando está en Almería de vacaciones. Teodosic es el que, al pasar bajo una escalera se encuentra un billete de 500 pavos en la puerta de su casa, al entrar le está esperando Ferrá Adriá para darle la merendilla y en el salón, Sofía Vergara preparada para darle un masaje turco. Y tuvo que ser en Turquía. Y tuvo que ser él.

Aquel triple demuestra que las ciencias exactas pueden equivocarse, que el baloncesto es mucha química, todo física, pero matemática impura. Hasta un cero a la izquierda tiene un valor incalculable si es el dorsal de Parish (la Hilton no, el Robert) y la lógica, como en la vida, se viste demasiadas veces de terrible casualidad.

La ley fundamental de Murphy es que si algo puede salir mal, saldrá mal. Para todos lo demás, un genio: Milos Teodosic.

Triple Milos Teodosic