Fuente: ACB Photo / Javier Bernal

Fuente: ACB Photo / Javier Bernal

Una vez más, Fotis Katsikaris arribó a la rueda de prensa extremadamente caliente. Por tercera vez en la temporada sonaba la bocina de Palacio de los Deportes de Murcia y el equipo local se iba de vacío. Y esta vez no eran dos gallos como Unicaja o Barcelona lo que le habían noqueado, era en uno de esos partidos obligatorios para ganar si lo que se pretende es conseguir un objetivo -la Copa del Rey- que ahora pinta más oscuro que nunca.

Un partido que nunca se tuvo que perder, y que estuvo encarrilado para los murcianos hasta el ecuador del tercer cuarto, momento en el que Aíto hizo sonar los tambores de guerra y comenzó a plantar trampas al equipo universitario, que iba cayendo en ellas una y otra vez, desangrándose en forma de ataques estériles y perdidas de balón continuas.

Pero a Katsikaris se lo habían llevado los demonios al Tártaro griego un poco antes. En ese tramo del cuento, el UCAM Murcia todavía mandaba claramente, y parecía preparado para asestar el golpe de gracia a un hasta entonces apagado Gran Canaria. Doce arriba y Facundo Campazzo, el corazón del equipo, que sale como una exhalación en busca del aro insular. Como casi siempre, ningún rival lo alcanza y Antelo ya espera a que su compañero le doble el pase para una bandeja sencilla que sirva para ampliar la ventaja. Sin embargo, el argentino se adorna con un pase por la espalda y manda la pelota a la grada, que murmulla casi en silencio. A partir de ahí, lo ya sabido. Aito saca la artillería y anula el juego de un UCAM Murcia incapaz de otra cosa que no sea un bombardeo desde la larga distancia, tan exagerado como infructuoso.

Katsikaris habría grabado mentalmente esa jugada y no tardó en sacarla a relucir ante los medios de comunicación presentes en la sala de prensa. Todavía caliente, carga contra Campazzo “se ha equivocado mucho a la hora de tomar decisiones”, “no era cuestión de hacer el juego de los Harlem Globetrotters” Los titulares y sus protagonistas no son muy complicados de decidir para la prensa de la capital del Segura.

Campazzo llegó  esta temporada cedido del Real Madrid, donde perdió todo hueco a mitad de temporada, lugar que nunca consiguió recuperar. Allí le achacaban como principal hándicap una pobre defensa, en parte debida a un físico más propio de un luchador grecorromano que de un jugador de baloncesto. Sin embargo, desde que llegó cedido a Murcia está siendo toda una atracción. Descarado, peleón, y con una calidad innata, es la clase de jugador que conecta con la grada rápidamente. Y sin embargo…

Hay un runrún que cada vez suena con más fuerza en el Palacio de los Deportes, y que hace eco en la órbita ACB. El equipo no juega a nada. Campazzo crea, improvisa, y el resto espera. Esperan una genialidad. Un ataque de electricidad del argentino. A veces esperan sin saber que esperar. Y en ocasiones eso es suficiente para ganar, aunque de momento esas ocasiones son minoría. La impresión es que el juego del argentino luce demasiado en los focos, pero poco en cuanto a números y resultados.

Quizás sea el riesgo de contar con jugadores cedidos y aspiraciones lejanas, y a pesar de que es justo reconocer que el juego arriesgado del argentino ha sido una constante durante su corta carrera, también es cierto que si el Facu hubiese puesto en su lista de prioridades primero su nombre, y en segundo el bien común del equipo, su temporada estaría siendo perfecta. Algo que no puede decir un equipo que soñaba con pisar la tierra prometida de los Playoff por primera vez en su historia y que se encuentran inmerso en una historia que ya ha vivida demasiadas veces.