David Blatt the coach of the Maccabi Electra Tel Aviv reacts during the top 16 Euroleague basketball match against BC Zalgiris in Kaunas, Lithuania, Thursday, Jan. 19, 2012. (AP Photo/Mindaugas Kulbis)

Foto: NBA

El despido de David Blatt cayó como una bomba en el universo NBA, sediento de noticias como esta que justifiquen la cantidad de altavoces conectados a la rutinaria temporada regular. Enviar a casa a un entrenador cuyo equipo lidera su conferencia, y que hace unos meses se batió en duelo contra los históricos Warriors y cayó con honor, es un acto que abre de par en par las puertas de ese mundo oculto, escondido tras los fríos números y estadísticas de la compleja NBA. En Skyhook no contamos con fuentes que puedan filtrarnos los pensamientos de un vestuario, ni tenemos línea con los teléfonos más calientes cuando sucede un acontecimiento como este, pero podemos tomarnos un tiempo para pensar y dar forma a todo lo sucedido.

A mediados de Mayo de 2014, David Blatt añadió otra muesca a su historial de leyenda del baloncesto FIBA. Su Maccabi de Tel Aviv, el equipo de su vida, conseguía derrotar en la final de la Euroliga a su enemigo histórico, el Real Madrid. Un Madrid que venía de aplastar a su propio archienemigo por casi 40 puntos en semifinales, y que parecía que no iba a tener rival en los israelitas, pues parecían haber agotado el cupo de milagros contra el CSKA en su semifinal. Sin embargo con un planteamiento muy inteligente, torturando al equipo de Laso con 4 pequeños y Alex Tyus controlando la zona, el limitado pero competitivo Maccabi consiguió llegar a la prórroga, donde Rice se encargó de destruir el partido definitivamente y llevar el título a territorio judío. Después de aquello, el siguiente paso natural para Blatt era volver a su país y a la mejor liga del mundo, y las puertas de los Cleveland Cavaliers, a través de su propietario Gilbert, estaban abiertas.

Lo que iba a ser un cómodo desembarco en una franquicia en reconstrucción, con jóvenes como Irving y el futuro número 1 del draft, Wiggins, rápidamente se convirtió en el foco de atención de toda la liga cuando LeBron James decidió que era el momento de regresar a casa. Blatt pasó de ser un histórico FIBA que llegaba para aleccionar a los jóvenes Cavaliers, a ser un entrenador “novato” que debía competir por el anillo desde el primer momento. Un apelativo de rookie que le irritaba, sin hacer nada por disimularlo.

Blatt no es un entrenador cómodo para nadie. El ejercicio de adaptación que ha tenido que hacer ha hecho virar su imagen de esto

a esto

Es difícil visualizar más gráficamente las diferencias que Blatt se iba a encontrar entre el mundo FIBA y lo que significa una franquicia NBA, que cuenta (o se ha encontrado) con el jugador más poderoso del momento, LeBron James. Es posible que la persona menos cómoda con Blatt haya sido él mismo.

Insiders

Los ecos que podemos captar de lo que ha sucedido durante estos meses en Ohio vienen a través de lo que unos y otros han querido filtrar a las figuras de la prensa baloncestística americana, como es el caso de Wojnarowski. Tras adelantar la noticia del despido, publicó una pieza donde explica los motivos del oscuro futuro que David Blatt tenía desde antes de aterrizar. Según él, el entorno de James (en este caso el entorno puede resumirse en su agente, el influyente Rich Paul), una vez que se plantearon el regreso del hijo pródigo, tenían en mente el nombre de Mark Jackson como entrenador para su proyecto. El ex entrenador de los Warriors, no obstante, tiene una imagen desastrosa entre los GMs de la liga, y David Griffin no iba a ceder en ese extremo, con lo que se llegó a una especie de solución de compromiso: Darle a Tyron Lue, un hombre del agrado de James, el cargo de segundo entrenador. El problema es que Lue aspiraba al puesto de entrenador principal, y a parte de convertirle en el asistente mejor pagado de la competición, estaban sentando al lado de Blatt a alguien que, podríamos pensar, celebraría su caída con gusto.

Por tanto, James no estuvo realmente involucrado en la contratación de nuestro protagonista, y si sus planes eran tomar el control de la franquicia, a buen seguro que esto no fue plato de buen gusto. Con este punto de partida, con nulos apoyos en la franquicia más allá del propietario – que no debería ser poco, con la superestrella del equipo ejerciendo una presión pasiva pero constante, parece que el proyecto nacía con las alas cortadas.

Pocas horas después de conocerse la noticia del despido, el propio Brendan Haywood, miembro de ese vestuario, no perdía el tiempo en sacar a la luz su opinión de lo vivido allí en la emisora Sirius XM. Tras reconocer la calidad humana de Blatt, Haywood apuntaba que su entrenador evitaba en todo momento enfrentarse a LeBron, dando lugar a agravios con otros jugadores a los que corregía o criticaba, y que esto había llevado a que la plantilla le perdiera el respeto. No quedaban ahí las críticas, puesto que también se despachó poniendo en boca de otro compañero la frase “Me encanta David Blatt. Pero si estamos en un final apretado, no puede ayudarnos”. Esto es una clara referencia, como explica después, al cuarto partido de las semifinales de conferencia contra Chicago el pasado año, donde James decide ignorar la jugada planteada por el coach para tener el último tiro, que convirtió y dio la victoria a su equipo. Tras exponer que Blatt no tenía la cualificación suficiente, Haywood zanjaba el tema diciendo que “creo que Tyronn Lue hará un trabajo mejor”.

Más voces han filtrado que Blatt tenía un trato demasiado bondadoso con las estrellas del equipo en contraposición con el resto, y también que cometía errores en la pizarra como preparar jugadas para jugadores fuera de la pista, o dificultades para gestionar los tiempos muertos durante los partidos. Sin embargo, y entrando de lleno en el terreno de la opinión personal, cuando durante una carrera de 20 años se ha demostrado que si algo sobra es la preparación y la cualificación, me reservo el derecho a ser suspicaz y a ver en estas declaraciones y filtraciones un mensaje interesado.

James quizá tiene derecho a controlar la franquicia, por méritos propios probablemente, pero  sin embargo se presenta como intolerable que su entrenador intente darle un trato especial, cuando ese trato ya existe de facto. El jugador legendario necesita que su entrenador le aleccione como a un rookie si se pierde en una rotación, y eso conlleva la ruptura de la química de todo el equipo – un equipo que se pasea en los play-off de su conferencia y que termina la liga de forma arrolladora. Algo no encaja en esta narrativa, si se nos obliga a dejar de lado que James no estaba cómodo con este hombre en el banquillo.

El baloncesto y sus limitaciones

Evaluar a un entrenador es algo muy complicado, puesto que los ejecutores de un plan pésimo o los destructores de un planteamiento brillante son los jugadores, interprétese como se quiera. El gran público suele defenestrar a todo aquel que no consigue sus expectativas en forma de resultados, y engrandece a aquel que las supera, ahorrándose en lo general una reflexión intermedia de causas y efectos. Los inicios de Blatt en Cleveland no son sencillos, con un roster totalmente descompensado y un LeBron en estado físico vacacional, el cuál decide pasar unas semanas en Miami recuperándose al sol de Florida, y preparándose para una larga temporada. A partir de ahí, Mozgov, Shumpert y JR Smith llegan al equipo, James se reincorpora y comienzan a llegar las victorias hasta acabar en la final, frente a los implacables Warriors.

Es precisamente en esta final, sin Love ni Irving, donde los destinos de James y Blatt más fuertemente se unen. Cuando el deseo del jugador de practicar el “hero ball” constante se alineó con la necesidad del entrenador de entregarse a ello, por ser el camino más corto a la victoria. Con eso y con Dellavedova o Tristan Thompson entregados a la causa de la lucha, el barro y la disciplina, consiguen ganar 2 partidos en unas finales donde un barrido hubiera sido lo más lógico, y donde se desbloqueó el “quinteto de la muerte” de los Warriors, con Green jugando de 5 y dejando sin argumentos cualquier posible respuesta del rival.

El hecho de recriminar al entrenador, que en esta trama simplemente parece un peón más, mano dura contra uno de los jugadores más poderosos de la historia, es el desagüe por el que cualquier argumentación baloncestística se desangra. Integrar a Kevin Love, un jugador con evidentes carencias, en un sistema ofensivo donde LeBron James va a jugar aclarados cada vez que le plazca, es una exigencia (muy recurrente entre algunos detractores de Blatt) que roza el heroísmo. Las expectativas de un sistema de ataque brillante a la Spurs chocan de bruces con una presencia tan dominante – y al acecho una no menos ambiciosa como la de Irving. No parece extraño que los colegas de Blatt se hayan lanzado a los balcones a denunciar lo sucedido (“la parte positiva es que se ha liberado”, Carlisle dixit)

Si bien Cleveland disputó con muchas bajas la final y logró ser competitivo, con la plantilla al completo es un grupo con puntos débiles. En otras temporadas, tener “puntos débiles” y ser un equipo de cómodamente 60 victorias podría llevar a la risa, pero justo en este contexto, en la conferencia oeste existe un equipo* (tenía intención de incluir a los Spurs, pero aún estoy en estado de shock tras ver su partido de liga regular) que ha dejado atrás cualquier tipo de fisura posible. Y para combatir contra eso hay que minimizar al máximo las costuras propias.

El quinteto “ideal” de los Cavs arranca con Irving, Shumpert, James, Love y Mozgov, con JR Smith, Dellavedova y Tristan Thompson copando casi en su totalidad el resto de minutos (Tres de estos jugadores, que llegaron a mitad de la primera temporada). Más allá de eso, las aportaciones de Mo Williams, Richard Jefferson o Varejao no pueden pasar de puntuales, puesto que sus mejores días ya pasaron. Un quinteto que puede llegar a ser demoledor en ataque, pero que tiene graves problemas de equilibro en dos de sus mayores sustentos, Love e Irving.

Foto: CBS

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Si bien es Love el foco de la mayoría de los reproches, y no sin razón, porque no es raro sorprenderlo cerrando un rebote al tirador antes de que lance a canasta, Kyrie en el exterior es el habitual objetivo de los ataques rivales. Cuando en el otro equipo existe un par donde poder protegerlo, la penalización no es tan grande. Si en frente está Golden State, es fácil prever el desastre. Unir a un base que resta en defensa, con un interior con carencias de atleticismo y desplazamiento lateral, exige un andamiaje muy complejo pese a tener en James (cuando lo decide) a un defensor multiposicional capaz de barrer toda la pista el sólo. Shumpert también es un buen defensor, y Mozgov es una persona enorme, muy molesta siempre que esté cerca del aro.

Sin embargo todo este conglomerado, con el físico, el rebote y la capacidad de Thompson de defender a pequeños en los cambios de bloqueos directos, o la intensidad hasta el nivel de lo Bowenesco de Dellavedova, ingredientes que podrían compensar las deficiencias de los titulares, tienen ciertos problemas: que sólo puede haber 5 jugadores en la pista simultáneamente, y que dos de los puntos flacos son talentos de primer nivel en ataque (y son pagados como súper estrellas). Sentar a Irving es sentar a un jugador capaz de inventarse una canasta en cualquier situación, ante cualquier defensor.

Juntar a Mozgov con Thompson hará que la zona se llene de jugadores propios y ajenos – Thompson cobra 15 millones de dólares, pero entró en la liga siendo zurdo y se ha cambiado a diestro. No parece que el cambio haya funcionado, y al margen de compartir agente con James, parece difícil entender el por qué de ese contrato. Love y Thompson es una pareja más equilibrada, pero que deja sin ningún verdadero protector del aro propio a su equipo. Sacar a Mozgov de la pintura cuando comparte quinteto con Love significa un camino más o menos limpio a la canasta. ¿Donde está la llave?

LeBron James consiguió ganar 2 anillos siendo omnipresente en la cancha. Lo hemos visto defender a Rose o a Duncan. Ejercer de 5 en ataque estático con Bosh abierto para tirar. La capacidad está ahí, y el jugar con él para complementar a cualquiera de sus compañeros es una opción disponible. Las dudas están en su voluntad para jugar de 4 o incluso de 5 al estilo Draymond Green. Blatt es un técnico versátil ante todo, y esta opción la hemos visto demasiado poco aún, por unos motivos o por otros. Quizá en el futuro ante nuevos desafíos, con la plantilla al completo, podamos comprobarlo.

No hay que llevarse a equívoco. LeBron James es el jugador más determinante de su generación, y es razonable que su cuota de poder exceda a la de un simple miembro más de un equipo. Parece que la situación actual está más cerca de sus deseos que la anterior, y la responsabilidad que en anteriores ocasiones le ha atenazado va a recaer sobre él. Por cierto, buena suerte para Lue.