Imagina que el base de tu equipo es el Rookie del Año de 2014. Baja el balón y en el exterior hay dos opciones de pase:  tu 2, un tipo fiable y el mejor anotador que tienes, y en el alero un chico de 21 años con una proyección aún más increíble que sus 211 centímetros de talento puro. Y esperando el rebote tienes al que podría haber sido el Rookie del Año 2015 (nadie puede luchar contra el ligamento cruzado anterior) y a tu gran fichaje de la temporada, un pívot sólido de 15 puntos y 10 rebotes (teóricos) por partido que es el complemento perfecto al despliegue de talento de los otros cuatro.

En el banquillo más juventud, y la experiencia de algún jugador ya muy curtido en la liga que pueda aportar minutos de calidad. Y todos dirigidos por nada más y nada menos que Jason Kidd, que puede suplir su falta de experiencia como “coach” con la mitad de descaro que tenía como jugador.

Visto así, a tu equipo debería irle bien. Deberías estar eufórico. Pero esta temporada solo vas a ver 82 partidos de tu equipo. El problema es que tu equipo son los Bucks.

Si existe alguo en este mundo que suponga un hándicap antes de emprender acto alguno en cualquier ámbito, eso son las expectativas. Cuando alguien espera algo de ti, el listón está establecido, y nada tendrá valor por debajo de ese límite.

Como cuando por algún milagro de la vida logras tener una cita con “esa” persona. La de tus sueños. Nunca le hablaste, pero es tan guapo/a, tan brillante, parece tan inteligente… lo tiene todo. Es la persona que te salvará de la monotonía irremediable que es tu vida. Pero a las dos horas de salir con él o ella, ya son solo “José” o “Marta”, dos seres con muy buenas cualidades pero sin ese “intangible” que tú necesitabas, sin esa fascinación que sí ejercían sobre ti las personas que imaginabas que eran. Juzgaste en base a lo que esperabas. Por tanto, la culpa de tu decepción… ¿es tuya o de ello/as?

Puede que a los Bucks les esté pasando algo parecido este año, pero, sinceramente, tampoco les pedíamos tanto. A estas alturas, y con un récord de 14-21 son el tercer peor equipo del Este ( o el segundo para quien no considere a los Sixers a la altura de la palabra “equipo”). Algo que dista mucho de nuestras expectativas, pero seguramente de las suyas propias también.

¿Y por qué pasa esto? Ojalá pudiéramos saberlo. Porque en nuestra imaginación, los Bucks de este año hubieran sido una mezcla genial de defensa agresiva (como fueron el año pasado) y un contraataque explosivo que culminaría en pases por la espalda de Carter-Williams, “posters” de Antetokounmpo, o matazos de Monroe llegando el primero mientras piensas “¿ese es el pívot?”. Pero las ganas de defender se quedaron la temporada pasada en el United Center, después de encajar 120 puntos antes los Bulls en el último partido. Desde ese día en muy pocos partidos han encajado menos de un centenar. Y aunque a todos nos gusta el juego ofensivo, sin defender no puedes ganar.

Puede ser la falta de experiencia, de tiempo para formar un equipo real o la desidia propia de algunos jóvenes que creen brillar sin ser estrellas. O todo a la vez. Pero en todo caso nos entristece pensar que la temporada pasada fue un espejismo. Este era el año de la consolidación, para lo bueno y para lo malo, y al parecer los Bucks seguirán siendo una temporada más el eterno candidato a equipo candidato.

En lo único en lo que se han mantenido regulares ha sido en seguir siendo el histórico equipo “corta rachas” de la NBA. Los que queríamos presenciar cómo los Warriors entraban en la historia no podíamos creerlo. “¿En serio? Los Bucks?”. Es doblemente dramático, porque realmente una victoria de este calibre nos muestra el potencial real del equipo. Pero había que equilibrarlo, no fuera a ser que su afición se ilusionara por un momento. Nada mejor que perder de 18 tres días después contra los “semi-Lakers” actuales para que se acallen los rumores de que podrían hacerlo bien.

Pero pese a todo seguimos confiando. No en vano, hay un cinco inicial con un potencial indudable, aunque hay que convertir esas posibilidades en realidad. Puede que todo pase por un liderazgo que nadie acaba de asumir. Posiblemente los más preparados (como Antetokounmpo o Parker) sean aún demasiado jóvenes o inmaduros. Los que son más maduros (Mayo) ya han demostrado que puede que lo sean demasiado. Cabe la posibilidad de que todos esperen que otros cojan los mandos.

O bien podría ser que todos queramos ver más de lo que realmente hay y en realidad seamos nosotros los culpables de nuestra propia decepción.

Igual que con la cita de nuestros sueños.