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Análisis

El día de la marmota

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Joe Dumars, ex-general manager de Detroit, destruyendo el futuro de su franquicia a manos llenas

Joe Dumars, ex-general manager de Detroit, destruyendo el futuro de su franquicia eficientemente

Como todos los años por estas fechas, el Trade Deadline de finales de febrero se acerca siendo la época del año más ajetreada mientras el balón vuela para una fauna muy particular de la NBA. Se trata de los General Managers, empleados de tanto poder como fragilidad en sus puestos, encargados de gestionar toda la parte deportiva, económica y de recursos humanos de una franquicia, con mayor o menor injerencia de un propietario que pone a su disposición un presupuesto. Teniendo en cuenta una cantidad de variables ridícula, desde los pormenores del límite salarial a la aleatoria felicidad de los jugadores, deben decidir en estos días si quieren hacer o no cambios en el roster, con el peligro de que sus elecciones se vuelvan en su contra en el corto o el largo plazo.

En Skyhook vamos a analizar a algunos de los casos más flagrantes, dentro de lo imprevisible del negocio, donde cualquiera puede acabar moviéndose.

Compro, compro

Si bien es obvio que a nadie le amarga un dulce, hay ciertos equipos que por estar en buena disposición, quieren dar un salto más que les acerque a sus más directos rivales. Cargados de optimismo estas franquicias piensan que con un pequeño arreglo pueden competir de igual a igual con cualquiera. Pertenecen a este grupo equipos de playoff, o que quieren serlo, con mayores o menores pretensiones. Nominamos a varios de ellos y proponemos ciertos movimientos que podrían tener sentido y alguna posibilidad de suceder.

Toronto Raptors

Los canadienses han conseguido asomar la cabeza entre el igualado este y ven la matrícula de Cleveland más cerca que a sus perseguidores por detrás, con lo que están legitimados para pensar que podrían tener una serie larga contra ellos. Aunque algunos dirán que con superar una ronda de play off ya sería bonito, de acuerdo a amargas experiencias pasadas, esto puede hacer que intenten mover alguna de sus dos primeras rondas – la propia y la de New York – por mejorar alguno de sus puestos débiles, sobre todo el ala-pívot donde sobreviven con Scola y Patterson, y algún alero más ante la ausencia de Demarre Carroll.

Oklahoma City Thunder

3 troncos en un parque de Oklahoma. Autor anónimo

3 troncos en un parque de Oklahoma. Autor anónimo

Después de un año desafortunado donde parecen haberse quedado atrás de todo, Oklahoma va de tapado pese a contar probablemente con 2 de los mejores 5 jugadores de la liga. Parte de ese desfase incluye el haber rodeado a KD y Westbrook de jugadores enormes al margen de lo que necesitan para enfrentarse a los escandalosos Warriors, más aleros versátiles que permitan moverse a Durant hacia el ala-pívot. Es de esperar que intenten pescar algún jugador de ese perfil aunque tienen poco que ofrecer.

Boston Celtics

El tan manido arsenal de picks de los Celtics consiste en una 1ª ronda propia,  la 1ª Dallas, la 1ª Brooklyn, y segundas rondas de Philly, Wolves, Heat, Mavs y Cavs. Es obvio que todos esos picks no van a poder tener hueco en la plantilla de los Celtics y que Danny Ainge va a intentar moverlos, pero lo cierto es que el único con valor es el de Brooklyn, que podría acabar entre las 3 primeras elecciones y ese caramelo no se regala sin tener a cambio una estrella. El problema de los Celtics es que esas rondas no son muy altas y necesitan ir acompañadas de uno de sus buenos-pero-no-grandes jugadores para ser ofertas atractivas, con el riesgo de romper la dinámica de un equipo en gran forma. Es de esperar en cualquier caso algún movimiento pequeño con Lee o Zeller.

Utah Jazz

Los de Salt Lake City han arrancado en el mejor momento posible tras estar algo descolgados de play-off y parecen los favoritos para la octava plaza del oeste, y veremos si más arriba. Acostumbran a ser tremendamente conservadores en todas sus operaciones, pero quizá ha llegado el momento de mostrarse más allá de abril y buscar un base algo mejor que el meritorio Raulzinho Neto.

Vendedores

La temporada ha terminado antes de tiempo y en los partidos que faltan a los GMs sólo les importa soltar lastre y rezar porque ninguno de sus clavos ardientes se lesione y pierda valor. Hay que ponerse en la piel de la mayoría de estos personajes, que conviven siempre mirando de reojo como justificar a su propietario, prensa y graderío los posibles fracasos deportivos. “Reconstrucción” es la palabra mágica en estos casos, y deshacerse de contratos y minutos de veteranos también suele ser la estrategia más recurrente. Otra vertiente de la reconstrucción y que suele aplicar a managers con historial de éxitos  y con cierto crédito es la de hacer ciertos cambios que pese a suponer un paso atrás puedan hacer ganar dos en el futuro.

Phoenix Suns

El absoluto desastre de temporada de Phoenix ha terminado con su GM, Ryan McDonagheu, despidiendo al otrora admirado Jeff Hornacek, tras años de bailar entre el “tanking” y los éxitos inesperados, sin ser capaz de pulsar el botón de reset completamente ni de acertar en sus movimientos para llegar a los playoffs. Si bien pasará las noches rezando para que algún alma caritativa se lleve a Tyson Chandler y su contrato (4 años, 52 millones para un jugador de 33 años), parece más factible que sea alguno de los otros veteranos los que salgan, como PJ Tucker o el ofendido y alienado Markieff Morris.

"Bájate el sueldo para jugar con tu hermano", decían...

“Bájate el sueldo para jugar con tu hermano”, decían…

Minnesota Timberwolves

Dos elementos extraños habitan el vestuario de los jóvenes Wolves: Kevin Martin y Nikola Pekovic, que ni por edad ni por rol tienen mucho sentido puesto que limitarían la participación de las “promesas” de Minnesota. Su valor está por los suelos, sobre todo el de Pekovic por su poca capacidad defensiva y lo old-school de su juego de espaldas a canasta. Kevin Martin podría tener hueco como anotador desde el banquillo en algún equipo de play off, pero parece que cada vez tiene menos fans en la liga por la poca variedad de su juego.

Houston Rockets

Un año después de haber llegado de alguna forma más o menos inexplicable a la final de conferencia Oeste, Houston parece un grupo inconexo capaz de dominar y desaparecer de cualquier partido contra cualquier rival en cualquier momento. Harden ha recuperado sus dudosos hábitos defensivos, Howard tiene un juego demasiado irregular, Lawson no ha aportado prácticamente nada y la llegada de Josh Smith es como tirar un dado en la cancha. En esa situación, quizá Morey piense que es momento de pasar a un segundo plano y conseguir algún valor para el futuro, teniendo en cuenta que Howard termina contrato y no parece que esté disfrutando mucho en Houston, y que otro expiring como el otrora prometedor Terrence Jones está en el dique seco.

Atlanta Hawks

Una situación parecida a la de Houston pero con más victorias y menos sonrojo es la de Atlanta, que puede haber llegado a su techo tras las enormes 60 victorias de 2015. Los rumores cuentan que podrían estar preparados para desprenderse de Teague para darle el liderazgo a Schröder, y en ese caso todo haría presagiar la salida de Al Horford, antes de que abandone a toda prisa el barco en verano sin dejar nada a cambio.

Milwaukee Bucks

La bonita historia del equipo joven, atractivo y sorprendente de la pasada temporada se ha transformado en una experiencia infumable sobre la cancha, con su fichaje estrella Monroe haciendo buenos números mientras mucha gente piensa que es el principal responsable de tal destrucción. El bueno de Greg es bueno jugando al baloncesto, pero su lentitud de movimientos es una lacra para un equipo que además lo empareja con Jabari Parker en defensa; y su ausencia de tiro exterior le obliga a habitar cerca del aro constantemente en ataque. Su adquisición por estas fechas de hace un año, Carter-Williams, sigue sin mostrar progresión en el tiro y para un base poco rodeado de tiradores la vida se hace muy complicada. Los rumores hacen pensar que estos dos jugadores están disponibles para el valiente que se atreva a integrarlos en su sistema.

Apuestas de traspaso

Nos lanzamos a la piscina y proponemos ciertos traspasos que podrían tener sentido más allá de cuadrar en la Trade Machine

La guinda de Oklahoma

Dos propuestas para esa pieza que falta en OKC para acompañar a Durant y a Westbrook en sus batallas. Mi favorito para este puesto es PJ Tucker, que tiene poco recorrido en la actual situación de Phoenix. Un hombre capaz de anotar de 3 con regularidad y con un muy buen nivel defensivo tanto frente a grandes como a pequeños, y sobre todo de dureza, sería un gran complemento para descargar a Durant y dar soluciones con el tiro exterior.

Durant consolando a RW tras la última jugada de Waiters

Durant consolando a RW tras la última jugada de Waiters

Gerald Henderson se me ocurre como otro jugador sólido que podría encajar en Oklahoma. Nunca ha sido un gran tirador ni un gran defensor, pero sí da un nivel sólido en ambas facetas que podría ser suficiente para mejorar lo presente por su mayor seriedad y competitividad. Portland está concentrado en desarrollar a sus jóvenes y Henderson no encaja demasiado en esa situación.

Lo que podría ofrecer Oklahoma por estos pequeños refuerzos son un pack de Mitch McGary, un pívot de segundo año que puede ser interesante por su intensidad y su movilidad, y el expiring de DJ Augustine. A esto habría que añadir una ronda de draft, sobre todo en el caso de Tucker. Si yo fuera el GM de Phoenix, apostaría a una posible destrucción de la franquicia a 2 años vista, quien sabe. Sin embargo es un pack flojo que puede saber a poco a los vendedores.

Un alero para Toronto

El mencionado Tucker podría ser una opción pero aparte de una de las rondas de draft, seguramente la de los Knicks, tendrían que desprenderse de algún jugador como versátil Patterson, para cuadrar salarios y valor. Toronto vería esto con buenos ojos si además consiguieran a Markieff Morris, pero Phoenix parece que busca algo más que ese jugador de rotación y una sóla ronda por ese pack. En cualquier caso debería ser el caladero más factible para Toronto, no obstante, que podría ofrecer a uno de sus jóvenes e inmaculados proyectos como Nogueira, Caboclo o Norman Powell para engrasar la operación sin comprometer demasiado su futuro.

Los intentos de Boston

No hay una situación más emocionante ahora mismo en la NBA que la de los Celtics. Actualmente peleando por ser cabezas de serie en el Este, jugando a gran nivel, con la mejor defensa de la liga, y esto combinado con ese arsenal de rondas de draft que año tras año hace frotarse las manos a los aficionados verdes, aunque de momento siguen esperándolo.

Stevens escuchando a Ainge como ha conseguido otra segunda ronda

Stevens escuchando a Ainge como ha conseguido otra segunda ronda

¿Es el momento de ir a por todas? Quizá uno de esos jugadores que terminan contrato como Howard o Horford, si llegaran a Boston quisieran quedarse para enfrentarse a LeBron en esta histórica franquicia. El problema que se encontrará Ainge es que no va a poder sacar a esos jugadores, ni a ningún otro (¿Gallinari?), sin utilizar la ronda de Brooklyn o su jugador más valioso del momento, Jae Crowder.

Un pack del expiring de Lee, Sullinger y Crowder o ese pick, y Horford o incluso Howard acaban la temporada en Boston, sólo hay que apretar el gatillo. Muy improbable, pero veremos. 

El paso delante de Utah

Salt Lake City no es un lugar para buscar emociones fuertes, más allá de perderse en el desierto y esperar 1 semana a ser encontrado, es complicado que la producción de adrenalina se dispare en territorio Mormón. Sin embargo quien sabe si a esta sobria organización le apetece un poco de marcha y por fin intentar competir de verdad, algo que tras la marcha de Deron Williams a los Nets hace lo que parece 20 años, no hacen de verdad.

Sabiendo que Teague podría estar en el mercado, que Exum está a años de poder alcanzar su supuesto potencial, y que ninguno de los bases del equipo tiene nivel de titular, ¿por qué no ir a por él? Quizá un pack de Burks – el eterno sexto hombre con problemas de lesiones, Burke ( ¿el eterno base suplente?) y su ronda de draft media, con un valor discutible para Utah ya que su stock de jóvenes está a tope, sea suficiente para convencer a Atlanta de soltar al bueno de Jeff. Puede que no sea un base top, pero si con suficiente calidad como para darle el paso definitivo a los Jazz de cara al playoff.

En cualquier caso, esperemos que los GMs pierdan el miedo por un día, hagan caso a esa marmota que predijo una buena primavera, y se lancen al mercado dejándonos un Trade Deadline al menos tan divertido como el anterior.

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Análisis

Dwight Howard y su camino a la redención

“Mi ego ha muerto”. Tras años vagabundeando por la NBA, alejado del cariño que antaño le profesaban los fans, Dwitght Howard regresa a la ciudad donde todo se precipitó.

jaime.eguen@gmail.com'

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Conocemos la redención como el camino a tomar para liberarse de algo. En la doctrina cristiana, por ejemplo, se usa este término para referirse al perdón de los pecados y el objetivo de alcanzar la vida eterna. Según cuenta el cristianismo, Jesús murió en la cruz para salvar el mundo y, con su muerte, poder vencer la imperfección humana. Una tarea que fue desarrollando a lo largo de su vida y culminó con su crucifixión. Como Jesús, son muchos los que inician caminos de expiación para limpiar los malos actos pasados y comenzar en paz una vida nueva.

Dwight Howard, una persona profundamente religiosa, ha iniciado su propia peregrinación. El pívot que tanto dominó la NBA durante su etapa en los Orlando Magic, nunca escondió su intención de evangelizar la liga y su profunda relación con Dios. En una entrevista concedida a The Undefeated, el ahora jugador de los Lakers reconoció sentirse perseguido cuando cometió errores a lo largo de su vida y carrera profesional. Su asesor espiritual, el pastor Calvin Simmons es una figura clave en su día a día y según cuenta Howard, su fe actualmente está pasando por su mejor etapa.

“Ahora es más fuerte, mucho más fuerte de lo que era en aquel entonces. He pasado por tantas pruebas. No tienes más remedio que hacerte fuerte”.

Dwight Howard hablando de su fé (víaThe Undefeated’ ).

Dejando a un lado la moral cristiana, el pívot ha regresado a la ciudad de Los Ángeles y ha comenzado su propia redención con la camiseta ‘oro-púrpura’. Como si se tratase de un cuentagotas, se ha ido filtrando información acerca de cuáles fueron los motivos que llevaron a esos Lakers a fracasar de manera tan estrepitosa en su primera etapa en la franquicia angelina. Un quinteto formado por Steve Nash, Kobe Bryant, Metta World Peace, Pau Gasol y el propio Howard, que estaba llamado a marcar una época en la NBA y acabó disolviéndose por la puerta de atrás del Staples Center. La conversión de ‘Superman’ ha sido larga, desde su salida hasta su regreso como hijo pródigo.

El ‘superequipo’ que nunca llegó a ser

Año 2012. La ciudad de Los Ángeles, siempre conocida por su fama y conexión con Hollywood, se preparaba para vivir una emocionante temporada. Los Lakers venían de caer de manera consecutiva en Semifinales de la Conferencia Oeste y se comportaron de manera agresiva en el mercado veraniego. Hecho que les llevó a conseguir Dwight Howard y a Steve Nash, ilusionando a un pabellón que aún tenía recientes los dos Anillos consecutivos. De esta forma, montaban su particular ‘superequipo’, uniendo a uno de los mejores anotadores de la historia, un dos veces MVP, Pau Gasol y el mejor interior del momento, Dwight.

Una plantilla que les colgaba el cartel de favoritos e, incluso, el de equipo invencible. Nada más lejos de la realidad. Los Lakers naufragaron de manera estrepitosa y el proyecto se iba desmoronando a cada día que pasaba. La llegada de una nueva semana conllevaba escándalos que se acabaron traduciendo en la destitución de hasta dos técnicos y el hundimiento de una franquicia que estaba llamada a marcar una época. Un desastre que llevan arrastrando durante muchos años y que, desde esa campaña, les mantiene alejados de Playoffs. Con el paso de los años, poco a poco, han ido saliendo los motivos por los cuales el proyecto no cuajó.

El propio Nash, uno de los tres pilares del proyecto, atendió a ‘The Ringer’ y aportó su propia perspectiva de lo vivido con el conjunto ‘oro-púrpura‘. El base fue autocrítico y reconoció que nunca volvió a ser el mismo tras la lesión que lo mantuvo alejado en el primer tramo de la temporada. A esto se sumó los problemas crónicos que venía arrastrando Howard y la tremenda lesión que apartó a Kobe Bryant de los Playoffs. Además, Pau Gasol, “llegó a esa temporada agotado por jugar con España durante los últimos veranos”, según comentó el canadiense. Una plantilla asolada por las lesiones que, precisamente, no solo contó con ese contratiempo.

Es una realidad que un equipo falto de química está abocado al fracaso. Sin ella, los cambios, las ayudas, la circulación de balón y muchos otros aspectos; resultan tremendamente más complejos. Egos absolutamente incontrolables que dinamitaron un vestuario que no supo adaptarse por el bien común y remar hacia un mismo sentido. El dos veces MVP de la NBA no dudó en señalar la falta de adaptación al principal problema del fiasco: “no sé si habría funcionado. Éramos muchos gallos en el mismo gallinero y todos sabemos lo importante que es la química entre todos los jugadores para que un equipo funcione. Aunque no hubiésemos tenido todos esos problemas, no sé si hubiese funcionado”.

Kobe-Howard, un matrimonio abocado al divorcio

El amor, las relaciones, las amistades… son relaciones que dependen del respeto mutuo y entendimiento por ambas partes. La comunicación y la compatibilidad son la base sobre la que se debe sostener todo, con esas características cumplidas, se puede comenzar a construir. Pues bien, la relación ‘Howard-Kobe’ estuvo ausente en todos estos campos. Dos personalidades muy dispares que jamás gozaron de entendimiento y no supieron comunicarse para poner parches a las numerosas grietas.

Con Dwight Howard ya establecido en Houston, y en una de sus primeras batallas contra Kobe Bryant tras su salida de Lakers. Se vivió una confrontación en la que ambos jugadores discutieron acaloradamente. Precisamente fue en esa ocasión en la que Kobe llamó “soft” al entonces interior de los Rockets. Un jugador que, desde su llegada a la ciudad angelina, vivió una decadencia constante que culminó con su horrendo pasó por los Washington Wizards. De esta forma, Dwight Howard, pasó de ser el pívot más dominante y heredero de Shaquille O’Neal, a buscar equipo y naufragar en la liga.

(Vía @Stadium)

El entonces ‘12’ de los Lakers, siempre estuvo señalado por su actitud infantil y su falta de competitividad. Unas características que contrastaban con todo lo que representaba Kobe Bryant, que siempre fue un competidor obsesivo y un amante de la ética de trabajo. Dwight Howard reconoció encontrarse en una dimensión distinta a la del escolta y no coincidir en la forma de entender el baloncesto: “Nunca había visto a una persona como yo. Alguien que pudiera disfrutar del baloncesto, pero al mismo tiempo no ser tan serio”. Una mezcla que terminó explotando y con el pívot saliendo de la plantilla sin demostrar el nivel alcanzado durante su etapa en los Orlando Magic. Una relación rota y que, hasta hace escasos meses, parecía irreparable.

Los Lakers creen en las segundas oportunidades

Las segundas partes nunca fueron buenas, o al menos eso se suele decir. Cuando una persona te ha fallado una vez, tiende a repetirlo en más ocasiones. En el cine ocurre más o menos lo mismo, son muchos los críticos que reprochan las continuaciones de una buena película y no dudan en criticar esta. Pues bien, los Lakers han roto el tópico y han decidido adoptar a Howard como el hijo pródigo que se equivocó y vuelve a casa con ganas de redención. Una vuelta que cierra el círculo y llega en un momento crucial para la carrera de ‘Superman’.

El pívot de los Lakers presume de haber cambiado todas las actitudes tóxicas que dañaron a la franquicia durante su primera etapa. Abandonado su ego y asumiendo su ‘rol’ de jugador secundario y con labores de ‘albañilería’, se reengancha a la NBA tras tener serios problemas para encontrar equipo durante el verano. Un cambio de actitud que le ha llevado a “enterrar su ego” y declararse al completo servicio del equipo. Un cambio que va acorde con su intención de limpiar su nombre de jugador problemático y que, según ha comentado, viene acompañado del olvido de sus problemas crónicos en el apartado físico. Además, cuenta con la bendición de Kobe Bryant que sorprendió con unas declaraciones en las que mostró su total apoyo a su ex-compañero.

Creo que realmente Dwight aprecia esa oportunidad y que va a tener un gran impacto en el juego“.

kobe bryant sobre el regreso de howard (vía los ángeles times).

Lo cierto es que, en este arranque de campaña, ha demostrado ser un activo valioso para los angelinos y cuenta con la confianza de Frank Vogel. Su futuro dependerá de aprovechar una oportunidad que llegó gracias a la lesión de un Cousins que, probablemente, pueda regresar para los Playoffs (si es que Lakers consigue entrar). La versión que ha mostrado durante este arranque de la temporada es completamente distinta a la de su primera etapa. Ya no cuenta con esa obsesión por demostrar su juego al poste como antaño y Howard deberá, día a día, convencer a sus superiores de su valor en cancha.

De hacerlo, se uniría al selecto grupo de nombres que consiguieron ser ‘una segunda parte de calidad’ como ‘El Imperio Contraataca’, ‘El Caballero Oscuro’, ‘Terminator II’ o la segunda parte de “El Padrino”. Una oportunidad que llega a sus 33 años y que, esta vez sí, puede ser la última. El camino a la redención acaba de comenzar, y muy probablemente sea su prueba más compleja.

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Análisis

L.A. 2020: la gran batalla de nuestro tiempo

La rivalidad en Los Ángeles, por llamarla de alguna forma, ha sido siempre la gran omitida por la historia. Los Clippers nunca representaron una amenaza para los Lakers… Hasta que Kawhi Leonard, el ‘matarreyes’ apareció en la ciudad.

jon@skyhook.es'

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Getty Images

Desde sus lujosos sillones esparcidos por todos los rincones de Estados Unidos, los aspirantes observaron con asombro la caída del Rey que los había sometido sin piedad. Kevin Durant, que había forzado para estar en el quinto choque de las Finales, veía como su tendón de Aquiles se rompía y, para más inri, privaba a su equipo de conseguir el tan ansiado three-peat. Los Warriors habían gobernado con puño de hierro la Conferencia Oeste durante el último lustro, entrando en el debate del mejor equipo de todos los tiempos por derecho propio. Sin embargo, ahora que las campanas tañían para anunciar el desplome de su reinado, todos los aspirantes volverían a tomar las armas.

Se había erigido un nuevo monarca en el Norte. Kawhi Leonard, tras sus vaivenes con Popovich y los Spurs, puso rumbo a Toronto para llevar a Canadá el primer anillo de su historia, en un relato con aires épicos que quedará grabado en los anales de la NBA. Lo tenía todo al alcance de la mano: el estrellato, un equipo compacto y potencial para revalidar el título. No obstante, los atractivos de los Raptors no fueron suficientes para retener a su jugador franquicia, que, bajo un secretismo sin precedentes, decidió retornar a casa.

Unidos por California

Oriundo de Riverside, nunca fue un secreto que Kawhi Leonard algún día volvería a su California natal. Como a todo gran jugador, siempre se le relacionaba directamente con Los Angeles Lakers, franquicia que ha acogido a varios de los más grandes a lo largo de los años. El glamour, la historia, la influencia de leyendas como Kobe Bryant o Magic Johnson, etc. Muchas son las razones por las que The Claw hubiera podido acabar vistiendo el púrpura y oro. En un intenso pulso que se prolongó más de lo esperado, Lakers, Clippers y los propios Raports trataron de hacerse con los talentos de Leonard, quien desojó la margarita hasta el último instante.

Finalmente, y para sorpresa de gran parte de los seguidores, optó por los Clippers. Una franquicia históricamente denostada, considerada el “patito feo” de la liga durante muchos años. No estaría solo en su misión, ya que Paul George, otro californiano con ansias de volver a competir por el anillo, pondría rumbo a Los Ángeles tras su fallido idilio con Russell Westbrook y los Thunder. Después de su mejor campaña en la liga, el de Palmdale decidió unir fuerzas con Leonard para suplantar a los Lakers como equipo principal de la ciudad.

El eterno segundón

Afincada previamente en San Diego, la franquicia de los Clippers se mudó a L.A. en 1984, después de seis campañas. En aquel momento, la existencia de dos equipos en la ciudad generó una expectación que no se convertiría en realidad en los años siguientes, dadas las notorias diferencias competitivas. Los Lakers representaban el poder, con una plantilla plagada de estrellas, mientras que los Clips se posicionaron como “el equipo del pueblo”, poniendo incluso precios más asequibles para los espectadores.

Entre 1986 y 1999, jugaron como locales tanto en el Los Angeles Memorial Sports Arena como en el Arrowhead Pond de Anaheim. Realmente nunca hubo una gran rivalidad, ya que el balance era inmensamente favorable para su equipo vecino. De esta forma, en 1996 la franquicia angelina declinó un acuerdo para establecerse en Anaheim, para después unirse a los Lakers en el Staples Center, que se inauguraría en 1999. Desde entonces ambos equipos han compartido pabellón. La superioridad de los de púrpura y oro no dejó de existir e incluso tuvo el culmen de cinco campeonatos desde que comenzara el nuevo milenio. Una preeminencia inmutable hasta la llegada de Glenn Rivers al banquillo clipper.

El otrora entrenador de los Celtics, y verdugo de los Lakers en 2008, arribó con las ideas claras para cambiar la cultura de aquel equipo sumido en un eterno segundo plano. Desde que el técnico de Chicago cogiera los mandos, siempre han quedado por delante en temporada regular. Al mismo tiempo, en el otro bando todo se volvió dolor y sufrimiento, con cinco cursos consecutivos sin disputar la postemporada. La inercia se había invertido por primera vez.

Los Clippers se colocaron en el mapa NBA bajo el nombre de Lob City. Sus aficionados por fin saboreaban las victorias con asiduidad. Por su parte, en octubre de 2013 Doc decidió tapar con posters los títulos de los Lakers colgados de lo alto del Staples. Decisión que generó gran controversia en el seno de la ciudad y de la liga. Lo veía como algo humillante, reflejo de la situación que había vivido aquel humilde conjunto, siempre a la sombra. Si querían establecer una identidad ganadora, no podían esgrimir los éxitos de su enemigo dentro sus propios muros. Al mismo tiempo, la filtración de unas declaraciones racistas vertidas por Donald Sterling, propietario desde 1981 hasta 2014, no ayudaron lo más mínimo a mejorar la imagen de la franquicia. Más bien tuvieron el efecto contrario. Finalmente, la NBA decidió suspender de por vida al magnate norteamericano, viéndose obligado a poner los Clippers en venta.

Con el paso del tiempo, el proyecto fue quedándose sin margen, cayendo antes de tiempo en playoffs en más de una ocasión. Los Paul, Griffin y Jordan harían las maletas para poder reconstruir el equipo. Una reestructuración con la mirada puesta en el pasado mercado estival, en el que fueron los grandes ganadores. A un plantel que se mostró muy competitivo el último año frente a Golden State, se le unen dos superestrellas superlativas. Probablemente los dos mejores two-way players de la competición a día de hoy. Acompañados de Beverly, Harkless o Harrell, el potencial defensivo de los Clippers es uno de los más elevados de toda la competición. El mundo los mira con otros ojos, de modo que su objetivo es claro: asaltar el Campeonato.

El reto para Leonard será mayúsculo, más incluso que el alcanzado la última temporada portando la elástica de los Raptors. Los Clippers nunca han jugado unas Finales de Conferencia. Kawhi, de la mano de un escudero de lujo como George, deberá rebasar esa barrera para poder brindar a su nueva familia el primer anillo de su historia. Ya lo hizo en Toronto, neutralizando grandes potencias como los Sixers o los Bucks por el camino. Esta vez, la competencia será más dura que nunca, empezando por su rival más cercano e inmediato.

Tras la estela de Jordan

Frente a Leonard estará un hombre en busca de la leyenda. Un rey que perdió su corona, si bien su reinado está aún por concluir. Tras una primera temporada tumultuosa en la disciplina laker, LeBron James regresa más descansado que nunca. El de Akron no se perdía las eliminatorias por el título desde su segunda campaña en la NBA. Su físico lo agradecerá, ya que el año pasado mostró por primera vez síntomas de que el tiempo pasa para todos. El ‘23’ sufrió una lesión en la ingle justo el día de Navidad, en un triunfo ante los Warriors. Por aquel entonces, el equipo se había mostrado notable bajo su liderazgo. No obstante, el problema se dilató en el tiempo e impidió ver al mejor James de vuelta.

En esta ocasión no estará solo al timón. Anthony Davis, gran deseado por la franquicia, llegó para formar una de las mejores parejas de la liga. El coste fue elevado, teniendo que deshacerse del núcleo joven de la plantilla casi al completo, a excepción de Kyle Kuzma. La ceja, talento diferencial en ambos lados de la pista, aterriza como pupilo de un James que podrá delegar en él gran parte del peso ofensivo del equipo. Una vez este decida colgar las botas, los Lakers serán del ex de los Pelicans.

Un James que continúa persiguiendo aquel fantasma de Chicago. La influencia de Michael Jordan en él ha sido algo recurrente durante su largo trayecto hacia el Olimpo. Entró en la competición antes de cumplir los 19, con una presión absolutamente ridícula para un pipiolo de su edad. Pese a los críticos, superó las expectativas. En su sueño por convertirse en el mejor de todos los tiempos, sabe que este puede ser su último viaje y no quiere retirarse antes de lograr otro anillo. Sería el cuarto para él, tercero con una franquicia distinta.

En una mezcla de talento y veteranía, los Lakers han rearmado el equipo de cara al presente curso. Todavía con la herida del rechazo de Kawhi reciente, firmaron a jugadores de renombre como Danny Green, Avery Bradley o Dwight Howard. Gente experimentada que dará un plus defensivo al plantel. El propio Frank Vogel, nuevo entrenador tras la abrupta salida de Luke Walton, aseveró recientemente que pretende construir un cuadro duro. “Quiero ver jugadores por el suelo, si no es que no estamos haciendo nuestro trabajo”, aseguró.

Tras aquel fatídico 13 de abril de 2013, en el que Kobe Bryant se rompió el tendón de Aquiles, los Lakers han vagado sin rumbo por el desierto. Malas decisiones en los despachos, unidas a la baja competitividad de una plantilla huérfana de líderes. Por ello, la presión que James y Davis tendrán que soportar será mayor que nunca. Este año no habrá excusas para no lograr el billete para los playoffs y, además, tendrán que hacerlo en posiciones nobles.

Los detractores estarán ahí, a la espera en su trinchera. Para una institución con 16 anillos de campeón y 15 Finales en su haber la exigencia siempre es máxima. Más aún si se trata de la franquicia más atractiva de la NBA. West, Jabbar, Magic, Shaq o Kobe lograron alzarse victoriosos soportando el peso de la camiseta dorada. LeBron no quiere ser menos.

Con los Warriors (aparentemente) un peldaño por debajo del nivel establecido desde 2015, los Lakers ingresan de lleno en la terna de favoritos al título. Pese a su gran plantilla, también miran de reojo como sus vecinos, los Clippers, han creado otro equipo capaz de competirles de tú a tú. Cada encuentro será una batalla sin cuartel en la que la victoria no será lo único que esté en juego.

Las guerras venideras

Dos hombres en una misma misión. Uno, devolver la grandeza a una franquicia que perdió su luz hace más de un lustro. El otro, como ya hiciera en Toronto, brindar a un equipo su primera gran gloria. Si la empresa de cualquiera de los dos resultase exitosa, elevaría al jugador a un altar nunca antes hollado: 3 anillos y 3 MVPs de las Finales (siempre que lo lograsen) con tres equipos distintos. Un hito sin precedentes.

Sobre el papel, los Lakers partirán con un mayor potencial ofensivo, teniendo enfrente a lo que aspira a ser una trituradora en defensa. Las opciones en el perímetro del combo Beverly-George-Leonard serán determinantes. Un trío perfecto para intentar neutralizar a LeBron, el mejor generador de los suyos. A sus casi 35 primaveras, King James tendrá un nuevo reto que superar, acostumbrado a lidiar con grandes redes defensivas como las de los Warriors o los antiguos Spurs. Pese a su previsible capacidad anotadora, los de Vogel también pueden presentarse como un gran equipo atrás, con protectores de aro del calibre de Howard o Davis, además de los Bradley, Green o Caldwell-Pope en tareas exteriores. El botín para el vencedor podría ser el trono del Oeste.

Hubo un tiempo en el que James convirtió la Conferencia Este en su coto de caza privado. No tuvo oposición durante ocho campañas consecutivas hasta que Kawhi recogió su testigo por un año. “Por ahora solo pienso en llevar a los Clippers a las Finales”, afirmaba el propio Leonard hace escasos días. Esta vez se verán las caras hasta en cuatro ocasiones en temporada regular, en  la carrera más feroz que se recuerda en la Conferencia Oeste. Nuggets, Rockets, Jazz o los propios Warriors completarán una lucha en la que no se vislumbra un vencedor claro.

La NBA, referente indiscutible en el cuidado de los aficionados, pensó oportuno comenzar la temporada programando uno de sus platos fuertes para su jornada inaugural. Una fecha marcada en el calendario: 22 de octubre, con los Clippers con el cartel de locales. El segundo capítulo, el día de Navidad. Serán cuatro noches en total. Un mismo campo de batalla para una lid que puede definir el sino de la temporada.

Como diría un viejo mago de barba desaliñada y sombrero picudo: “el tablero está listo”.

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Análisis

Vuelve la burbuja inmobiliaria a la NBA: la moda de las hipotecas

Concentración de mercado, hipotecas, proyectos de capital riesgo a corto plazo, sobrecostes en forma de impuestsos de lujo… La NBA se mueve y la burbuja del mercado no deja de crecer.

acarretero@skyhook.es'

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el

Allá por 2013, cuando los informativos aún nos recordaban que había una crisis económica, había una expresión que monopolizaba todas las conversaciones. Seguramente, el ciudadano de a pie no sabría definir a ciencia cierta qué era aquella burbuja inmobiliaria, pero qué más daba. Le habían inoculado el término y sabía lo que tenía que saber: era malo. Oda al simplismo de la sociedad.

Una vez más, nos remontamos a aquel fatídico traspaso, al que ahora, tras la reconstrucción de récord Guinness de Sean Marks, ya sí puede ser nombrado. Cuatro primeras rondas que viajaron a Boston y que hipotecaron el futuro a corto plazo de los Nets pero, sobre todo, cuatro picks que marcaron un punto de inflexión en la NBA. Nunca antes se habían evidenciado de forma tan salvaje las consecuencias de traspasar el máximo de rondas permitidas. Nunca… Salvo con los Cavaliers de los 80.

No son pocas las normas de la NBA que nacen bajo seudónimo, por la necesidad de adaptar la regulación a fenómenos sin precedentes en la liga. Desde La Jordan Rule, la Rose Rule… reglas que pasan a ser conocidas en el imaginario popular por el jugador que obligó a crearlas y que, dicho sea de paso, favorecen su recuerdo y asociación, en lugar de complejizar los términos. Ahora bien, para que una que limita el traspaso de rondas consecutivas de Draft lleve tu nombre, como sucedió entonces con Ted Stepien, hay que ser muy cenutrio.

El entonces propietario de los Cavs puso en el mercado cuatro picks seguidos, casi lleva el equipo a la quiebra y traspasó la hipoteca a otro dueño antes siquiera de acabar de pagarla. Más o menos, lo que intentó Prokhorov hace cinco años. Tras utilizar a los Nets como activo financiero para especular con otros negocios particulares quiso saltar el barco antes de que se hundiese hasta el fondo del mar.

Hasta aquellos Nets recién llegados a Brooklyn no hubo otro equipo que se atreviese a firmar una hipoteca de semejante magnitud. Como tampoco lo ha habido en estos últimos años. Pero, como siempre pasa en la economía capitalista, es cíclica; la burbuja siempre vuelve. Ahora, a cinco años vista y tras los últimos movimientos del mercado, se puede apreciar que no fue un hecho aislado, sólo desafortunado en su ejecución. Hasta 2018 nadie se ha atrevido a mover tantos activos a futuro por una estrella, acogiéndose al fracaso de los Nets.

Especulación, hipotecas y fondos buitre

El mercado financiero (de traspasos) de la NBA estaba marcado por la incertidumbre y por la presencia de dos fuerzas hegemónicas que aumentaban el riesgo de la inversión, como eran los Warriors y LeBron James, allá donde estuviera. No era, pues, la situación más propicia para pagar hipotecas a futuro, por lo que los proyectos deportivos apretaron el botón del pause hasta que mostrasen los primeros síntomas de debilidad. Y, efectivamente, así ha sido.

Con ambos ejes gravitacionales desplazados y con un tercio de jugadores de la NBA siendo agentes libres este verano, entre ellos cinco top ten de la liga y, al menos, otras diez superestrellas más, alguien tenía que romper la baraja. Ya no hay apuestas seguras, pero la incertidumbre tampoco es un lastre. El riesgo es inherente al nuevo mercado NBA y quienes mejor han sabido jugar con él, han sido los triunfadores.

Ya lo intentó Daryl Morey el año pasado, con sus cuatro picks por Jimmy Butler. Secos, como el vodka en Rusia. También lo previeron este año en Utah, que agilizaron el traspaso de Conley para que Dios cogiera a los mormones confesados en verano. Es cierto que la burbuja crece sin control y que la tendencia alarma a la propia NBA. Pero, por otro lado, qué éxtasis embarga a Silver y su equipo. La NBA más global, la reina del verano. Apenas ha terminado la temporada y no puede haber más expectación porque empiece de nuevo. A quién le importa ahora la burbuja, eso será problema de la futura NBA.

Empoderamiento: una nueva era

Uno a uno, los agentes libres han decidido su futuro en cascada, como un Fantasy Draft en el 2K, que deja tres lecturas claramente diferenciadas. Primero, y más reciente, la especulación, la inflación creciente del precio a pagar por las estrellas tras tres años a la baja. Proyectos corto y medioplacistas, con concentración de estrellas, que vuelven a hipotecar sin miedo el futuro más inmediato, como los Nets o los Clippers. Masai Ujiri y su “alquiler” de Kawhi Leonard han sentado cátedra, como lo hicieron sin suerte Paul George y los Thunder.

Segundo, las apuestas de capital riesgo ya no sólo vienen predeterminadas por el papel de propietarios y general managers, sino que son los propios jugadores los que fuerzan estas operaciones. Son ellos los que han comprendido que tienen el poder de negociación en sus manos, que son los verdaderos y únicos protagonistas; y que, al fin, en vez de ser tratados como meras inversiones inmobiliarias, casas sin caras, sin humanizar, ahora no sólo eligen su futuro, sino el de toda una franquicia. Estamos ante una nueva era de empoderamiento, que en este caso inició LeBron James allá por 2010, no de la mejor forma posible, pero que casi una década después ha alcanzado su clímax.

Finalmente, la tercera lectura y quizá la más destacada desde el punto de vista de las franquicias, es la necesidad de un proyecto. Ya no vale con ser un gran mercado. Las hermanas menores y tradicionalmente apestadas de New York y Los Angeles se han coronado reinas gracias a su gestión. Han saneado sus cuentas de inmuebles tóxicos como Chris Paul, DeAndre Jordan e incluso de los Mozgov y Crabbe para jugar su baza al presente más inmediato, con el futuro en entredicho. Otras como los Warriors decidieron pagar los sobrecostes en forma de impuesto de lujo para preservar su hegemonía. Pero con qué gusto se va a pagar la hipoteca del futuro si el presente sabe a gloria.

Ya lo dijo Homer Simpson, el oráculo omnisapiente de la sociedad moderna: “El futuro ha ganado, el pasado nunca tuvo una oportunidad”.

In memoriam: Sam Hinkie y su gerencia de capital riesgo.

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