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Análisis

Cuando el baloncesto dejó de ser para gigantes

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Small Ball

Foto: NBA

¿Por qué en la NBA las cosas cada vez suceden más rápido?, ¿Por qué los jugadores de hoy en día meten triples como churros?, ¿Por qué hay equipos que juegan con una superioridad digna de los Harlem Globe Trotters?, ¿Por qué el MVP de la liga es un base? Estas serían las preguntas que se haría cualquier aficionado a la NBA al que hubieran criogenizado 10 años y se acabase de despertar. Hay una corriente de pensamiento táctico que está consiguiendo cambiar la inercia de la competición de un modo increíble. Al igual que Superman conseguía que la tierra rotase al revés, el “Small Ball” está consiguiendo que se tambaleen las tendencias tradicionales de juego, intentando acabar con el reinado de los grandes Pívots, pero….

¿Qué es el Small Ball?

Sistema de juego también conocido como “jugar con un falso 4”. Ese supuesto falso pívot, suele ser un 4 abierto que en realidad es un 3, y que aprovecha su superior velocidad y tiro exterior para superar a rivales más grandes. Dicho jugador, debe tener capacidad para rebotear y defender hombres más grandes que él en el poste bajo.El sistema que se caracteriza por jugar sin un juego interior “real” y con un quinteto más bajo, está especialmente pensado para correr más, tanto en ataque como en defensa, y mejorar la circulación de balón. El Small Ball ofrece al entrenador la posibilidad de incrementar su anotación sustancialmente (caso de contar con buenos artilleros)  pues si se ejecuta bien, ofrece constantes posibilidades de tiro exterior en buenas posiciones. También constituye  una alternativa sencilla si tu equipo no dispone de hombres altos de calidad.

Tiene como puntos débiles:

  • Teórica inferioridad en el rebote
  • Mayores dificultades en la defensa de poste bajo
  • Desgaste físico alto

Tiene como puntos fuertes:

  • Imprime velocidad y ritmo de juego altos. Circulación de balón dinámica y fluida, así como contraataque siempre que sea posible. Cuanto más tiempo se esté corriendo, mejor. Si el equipo rival detiene el ritmo de partido y los ataques se vuelven más estáticos, el equipo sufrirá en ataque y en defensa.
  • Capacidad de sacar a los hombres altos rivales de la zona y así generar espacios.Los pívots altos, se ven forzados a salir a defender al exterior a sus pares, que son más rápidos y tienen capacidad de anotar con fiabilidad desde el perímetro
  • Presión defensiva comenzando en líneas de pase, evitando que el balón llegue a los pívots rivales, donde hay supuesta inferioridad por tener interiores más pequeños. Así se consigue el agotamiento del pívot alto rival que debe hacer esfuerzos extra para poder recibir balón.
  • La presión defensiva en líneas de pase genera robos de balón que se traducen en rápidos contraataques que son difíciles de defender por un equipo que se encuentra en medio de un sistema de ataque estático, pues el balance defensivo les coge en posición muy atrasada como para llegar a defender a tiempo.
  • Anotación exterior, que debe ser condición sin ecuánime para que el sistema funcione. La gran mayoría de los jugadores (o todos) deben tener capacidad de tiro exterior, pues la mayor parte de los puntos llegará desde fuera.
  • Verticalidad y gran movilidad. Todos los jugadores corren con y sin balón.
  • El hombre más alto del quinteto debe ser inteligente y buscar los huecos que van a generarse por las ayudas que hay que realizar para intentar detener la rápida circulación de balón y los tiros exteriores. Esos huecos le generarán canastas fáciles en las inmediaciones del aro rival. También debe ser un buen pasador para doblar el balón cuando reciba un 2 contra 1 en el poste, buscando al jugador exterior al que la ayuda haya dejado libre de marca.

Hal Wissell, antiguo entrenador colegial que ejerció en la NBA de asistente, ojeador y entrenador técnico, entre otras cosas, fundamenta la instauración del Small Ball con estos dos factores:

  • Adopción general de estrategias basadas en análisis. (usar las tácticas que estadísticamente ofrecen mejores resultados)
  • Fracaso en desarrollar jugadores altos talentosos.

Si nos ceñimos al primer factor, podríamos afirmar con bastante seguridad que la instauración de dicho sistema, responde a un determinado periodo dentro de un ciclo que empieza y termina. Los fines de ciclo vienen marcados por la necesidad de cambio de tácticas, técnicas y procedimientos  por parte de los entrenadores, en sus intentos de mejorar las aspiraciones de sus equipos. Varias décadas de dominio de equipos que contaban con hombres altos de mucha calidad (Abdul-Jabbar, Ewing, Olajuwon, Robinson, O´Neal, Duncan, Garnett, Gasol, etc.) y la posterior carencia de ellos en los Drafts, forzaron a las mentes privilegiadas de la liga a buscar soluciones del “David contra Goliat”

En cuanto al segundo factor, la poca presencia de hombres altos cualificados en las elecciones del draft, obedecía al tremendo cambio de tendencia que sufrió la liga, en cuanto a la idealización de jugadores se refiere. Cuando yo era pequeño, algunos querían ser como Michael Jordan, otros como David Robinson, y algunos como Jason Kidd. La cosa en cuanto a aspiraciones se refiere, se repartía equitativamente entre el “Frontcourt y el Backcourt”. Años después, todo el mundo quería ser Kobe Bryant o Lebron James, y eran pocos los que querían ser como Tim Duncan. Los trabajosos y poco espectaculares fundamentos interiores y la defensa, obviamente no eran tan atractivos como volar varios metros para hundirla con fuerza en el aro, o tirar triples en suspensión cayendo hacia atrás de esos que deciden partidos sobre la bocina. La consecución de logros personales y reconocimiento público, comenzó a ser prioritario para los jóvenes y con ello, la cantera de pívots veía como se resquebrajaban parte de sus cimientos.Comenzaba la época de “sequía de pívots” y con ella se formaba el caldo de cultivo definitivo para los sistemas de juego de hombres más pequeños. El “maldito Small Ball” (como lo llama Charles Barkley cariñosamente) había llegado para quedarse.

LeBron James

Foto: NBA

Según Mike D´Antoni, la implantación del sistema en cuestión, se debe más al incremento del acierto del tiro de larga distancia, que a la pérdida de calidad o escasez de hombres altos. Realmente yo creo que una cosa lleva a la otra y viceversa. Según palabras del técnico: “No tiene sentido tirar triples por tirar, pero ahora que los porcentajes de tiro de tres de los jugadores, son superiores al 40%, estadísticamente es mejor opción que darle un pase a un interior. Pero D´Antoni no cree que sea el final de los pívots: “Simplemente las jugadas comenzarán con los hombres grandes haciendo pantallas lejos del aro, para así iniciar las jugadas”. Alejar al “Center” de la zona, implica que si no se adapta y desarrolla un tiro solvente desde la media/larga distancia, sus probabilidades de su empleo ofensivo se ven muy reducidas.

Llegada la hora inevitable de tener que hablar de los equipos que lo fueron introduciendo sucesivamente como “modus operandi”, tenemos que caer en nuestra primera y única contradicción temporal de todo el artículo, que nos viene impuesta de manera taxativa por los Bulls de Michael Jordan y Phill Jackson, pioneros en remar a contracorriente hace casi 20 años. En una época dominada por equipos con hombres altos, los Bulls del segundo “Threepeat” establecieron el récord absoluto de victorias en una temporada (72) jugando durante muchos minutos con un quinteto singular que sorprendía a propios y a extraños. Aunque Jackson contaba con auténticos “Leñadores” como Luc Longley o Bill Wennington, los que se batían el cobre en la pista la mayor parte del tiempo, eran Michael Jordan, Scottie Pippen, Tony Kukoc y Dennis Rodman, alternando de base a Ron Harper o Steve Kerr, dependiendo de las necesidades del momento. Precisamente sería este último, el mayor precursor del resurgir del sistema en nuestros días como luego veremos.

Aquellos cuatro jugadores con tanta movilidad, versatilidad, capacidad defensiva y tiro, eran una auténtica pesadilla para las defensas que sufrían lo indecible para hacer ajustes y recuperar posiciones en los balances. La presión constante en líneas de pase forzaba en sus rivales, error tras error que convertían en robos y veloces contraataques en los que todos corrían como postas. Además no hay que olvidar que tenían al mejor jugador del mundo, y como tal, aparte de ser un anotador descomunal, generaba muchos espacios, provocados por los 2 contra 1 a los que era sometido constantemente por los rivales en sus desesperados intentos por detenerle. Esas ayudas defensivas se traducían en superioridades numéricas en el otro lado de la pista, las cuales muchas veces no hacía falta materializar, dada la monstruosa capacidad resolutiva del señor Jordan.

A la diestra de Jordan estaba el señor Scottie Pippen, probablemente el mejor defensor individual exterior de la liga (con el permiso de Jordan) y el compañero perfecto para el 23 de los Bulls, pues podía subir el balón mejor que muchos bases, tenía un más que fiable tiro, era agresivo de cara a canasta y otras muchas condiciones que le hacían ser una estrella a la sombra de otra mayor. Un gregario de lujo, como dicen los entendidos. A la siniestra (por aquello de la zurda) “la pantera rosa”  Tony Kukoc, se adelantaba a su tiempo, mostrándole al mundo como debía ser el prototipo de jugador que encarnase el rol de “4 abierto”. Alto, ágil, elegante y con un tiro demoledor, tampoco le planteaba ningún problema el tener que subir el balón y jugar al poste la siguiente posesión.

Foto: Sport Illustrated

Foto: Sport Illustrated

La defensa sobre ataques posicionales más estáticos, debería haber sido uno de sus talones de Aquiles, pero la gran baza de los Phill Jackson era el controvertido y polémico Dennis Rodman. Se le pueden reprochar muchas cosas a Rodman, pero su voluntad y capacidad defensivas están por encima de todas ellas. Con escasos 2 metros, Rodman ha sido capaz de anular y desesperar a auténticas bestias como Shaquille O´Neal, Karl Malone, Alonzo Mourning o Shawn Kemp. Su ausencia total de necesidad de anotar para sentirse realizado le convirtió en el complemento perfecto. Con el “gusano” cerrando el camino al aro, Jordan ejerciendo de dominador absoluto y Pippen alternándose con Kukoc para jugar hasta en 4 posiciones diferentes, lo de menos era quien subiera el balón. Aún así y como guinda para el pastel, Steve Kerr (uno de los protegidos de Jackson) resultó un arma perfecta desde el perímetro, mostrándose como un certero tirador que aún hoy conserva el récord histórico en porcentaje de tiros de tres.

El resultado final fueron tres anillos consecutivos con total y absoluta superioridad sobre el resto de equipos de la liga.Pero Jordan se fue y los Bulls se desmantelaron. Con ellos desapareció momentáneamente el sistema y la liga volvió a estar dominada por equipos con kilos y centímetros en la zona.

No hace mucho tiempo, optar por jugadores físicamente inferiores era prácticamente un suicidio, por lo menos en los playoffs. Los equipos que contaban con “Torres” conseguían campeonatos con tremenda superioridad y miraban con desprecio a los primeros precursores del falso 4. Tex Winter, que paradójicamente fue asistente de Phill Jackson, decía que: “Small Ball es un concepto interesante, hasta que llegas a playoffs”.

Los Spurs con Robinson y Duncan (1999, 2003, 2005,2007 y 2014), los Lakers con O´Neal (2000, 2001 y 2002), los Heat con O´Neal (2006), los Pistons de Rasheed y Ben Wallace (2004), se reparten la mayor parte del pastel en los siguientes 15 años, dejando como excepción a los Mavericks de Nowitzky (2011) y a los Celtics de Garnett (2008) que no llegaron nunca a tener Pívots puros de calidad, pero aún así, no los hicieron desaparecer de las rotaciones.

Como excepción especial aparte, están Los Lakers de Phill Jackson que fueron campeones en 2009 y 2010, saliendo de inicio con Gasol y Bynum, pero jugando la mayor parte del tiempo con Odom de 4 abierto y sólo uno de los dos pívots, generalmente Gasol.

Algunos equipos intentaron volver a jugar con quintetos pequeños como plan de contingencia contra los equipos dominantes, pero no todos tuvieron éxito ni mucho menos.  Los más destacados fueron los Golden State Warriors de Don Nelson y los Phoenix Suns de Mike D´Antoni.

Los Warriors de Don Nelson en la temporada 2006-2007, llevaron el concepto a una nueva dimensión, llegando a jugar con Stephen Jackson (alero de 2.03m) como ala-pívot abierto, y al Harrington (ala-pívot 2.06) como hombre más alto, ambos poseían buena mano desde el perímetro.Completando el quinteto con Baron Davis, Monta Ellis y Jason Richardson, consiguieron llevarse por delante en 1ª ronda de playoffs a los Dallas Mavericks de Nowitzky, que eran los primeros clasificados de la conferencia Oeste.

Los Suns de D´Antoni, que jugaban con Nash, Barbosa, Joe Johnson, Diaw y Stoudamire, eran puro espectáculo y fueron los precursores del “Run & Gun”, enamorando a una generación bajo la batuta del mago canadiense.

Estos equipos, causaron un gran impacto en el juego, pero nunca llegaron a ser serios candidatos al título. El motivo principal era que el desgaste acumulado de la temporada que provoca el Small Ball, unido al intenso ritmo de playoffs, favorecía a los equipos más estáticos (ofensivamente hablando) y con mayores rotaciones.

Corría el año 2010 y sonaban trompetas de cambio. Lebrón cogía las maletas rumbo a Miami, harto de ser un rey sin corona, pero en su primer año de tripleta con Wade y Bosh, son derrotados en las finales por los Mavericks de Nowitzky, que con Tyson Chandler, Brendan Haywood, Ian Mahinmi y el propio Dirk, fueron muy superiores al juego interior de Miami (Bosh y Joel Anthony) y anularon el efecto del “Big Three”. Erik Spoelstra aprendió la lección y pasó a jugar con Bosh de 5 abierto, rotando como 4 a Shane Battier o al propio James.

Miami ganó los dos siguientes años (2012 y 2013) llevando el Small Ball de nuevo a lo más alto, hasta que San Antonio (curiosamente un equipo de tradicional presencia interior), de la mano del maestro Popovich, da un giro de 180 grados a su planteamiento táctico y combate el fuego con el fuego.La sorpresa inesperada fue el cambio de Tiago Splitter por Boris Diaw yel resultado fue la eliminación de los Heat de Lebrón en 5 partidos, dando una de las mejores lecciones de juego colectivo de la historia. Erik Spoelstra y el “Big Three“aprendían su 2ª lección en 4 años.

Por aquel entonces, los Golden State Warriors, a las órdenes de Marc Jackson, ya gestaban un embrión del exitoso proyecto del que hoy en día disfrutan. Pero fue la llegada de Steve Kerr, conocedor del sistema de primera mano, la que catapultó al equipo a lo que es actualmente, logrando el anillo en su primera temporada, de manera brillante.

Kerr sabía que había dos condiciones indispensables para que el sistema triunfase de nuevo. El primero era tener un jugador fuera de serie que supusiese una amenaza perimetral constante para todas las defensas, como lo fue en su día Michael Jordan. Stephen Curry era el candidato perfecto. Su insultante capacidad para anotar triples desde cualquier punto de la cancha, su bestial rapidez para pulverizar los movimientos y su excepcional manejo del balón, hacían de él un jugador extremadamente difícil de defender, y que por lo tanto iba a generar ayudas por doquier, que se traducirían en hombres desmarcados y ocasiones de canasta más fáciles.

Klay Thompson multiplicaba por 2 la amenaza exterior de los Warriors con su letal tiro exterior, y por ende, también aumentaba exponencialmente la necesidad de ayudas defensivas por parte del rival. Cierto es que Harrison Barnes e Iguodala, no eran Pippen ni Kukoc, pero la amenaza de los “Splash Brothers”, basada en su tremenda capacidad para el tiro de larga distancia, comenzaba desde mucho más atrás que la de Jordan, por lo que las defensas se abrirían mucho, generando huecos de mayor magnitud. Eso supliría la diferencia de calidad con creces.

Foto: ESPN

Foto: ESPN

La otra condición imprescindible era tener algo parecido a Dennis Rodman, pero con algo más de cabeza y más completo técnicamente. Draymond Green se convirtió en la pieza clave, el arma secreta de los Warriors, “el quinto elemento” como yo le suelo llamar. Green es un pívot con cuerpo de alero y capacidades de base. Domina el bote, tiene buen tiro exterior y es el que más pases da de todo el equipo. Su impacto en el juego de los Warriors es tan súbito, que según las estadísticas avanzadas, es el 2º de liga en “Net Ranking”. Esto significa que con él en pista, es cuando su equipo alcanza la máxima diferencia de puntos a favor (+21,5), por detrás de su compañero Curry (+23). De todos modos, la gran virtud de Green, emana de la incapacidad manifiesta del resto de las franquicias para concienciarse de la necesidad de emplear jugadores en ese rol, a efectos de contrarrestar su juego. Si continuamos el paralelismo con los Bulls de Jordan, Green vendría a ser algo parecido (salvando las distancias) a un experimento resultante de mezclar genes de Pippen y Rodman a ver que sale. El propio Kerr declaró sobre Green que “Hay mucho de Rodman dentro de él”.

Green puede Subir el balón con destreza mientras Curry sale a la velocidad de la luz de bloqueos indirectos y reinventa el engaño, fintando que va a fintar, para recibir y tirar desde cualquier posición, mientras en otro lugar de la cancha, Thompson espera que le llegue el balón para ejecutar una y otra vez el “Cash & Shoot”  de manera impecable.Esta circulación exterior es desarrollada con celeridad, generando un desorden defensivo inicial, difícil de corregir por el rival, y generando tal cantidad de desajustes, que en muchas ocasiones, hay, incluso más de un jugador totalmente sólo, esperando recibirpara anotar.La temporada regular fue un paseo triunfal, pero Kerr aún podía dar alguna vuelta de tuerca. El Small Ball de los Warriors, alcanzaría su punto culminante, al llegar a las finales contra los Cavaliers de Lebrón.

Los de Cleveland parecían haberle cogido la medida a los Warriors al inicio de las series, pero al igual que Popovich había hecho con los Heat, Kerr sentó a Bogut y dejó a Lee y Green como interiores, dándole entrada a Iguodala y emparejándolo con Lebrón para intentar neutralizarlo.Con Lebrón acosado por Iguodala y los “Splash Broters” anotando sin parar, David Blatt, al igual que Spoelstra el año anterior, se quedó sin ideas y no pudo contrarrestar el imparable torrente ofensivo generado por los Warriors con el MVP Curry a la cabeza, demostrando porqué era el jugador más determinante de la liga. Lebron perdía otra final casi de manera idéntica, pero con otro enemigo.

Durante el quinto partido de las finales, un comentarista de televisión exclamaba: ¡Los pívots han muerto!, mientras veía como los Warriors y los Cavs, recurrían cada vez a jugadores más pequeños, llevando el concepto de Small Ball al mayor extremo conocido por la liga. Lo que habían comenzado los Bulls, lo rescataron los Heat, lo reinventaron los Spurs y lo elevaron a la enésima potencia  los Warriors. Pero, ¿Han muerto los pívots realmente?

Hoy en día, son muy pocos son los pívots que atesoran la calidad de las torres de las pasadas décadas. La posición de pívot parece condenada a la devaluación, pues en algunos equipos, únicamente tienen la función de ser un complemento del resto del equipo, cuya misión es coger rebotes, intimidar, y poner bloqueos. La pérdida de importancia táctica del pívot es tal, que si echamos un poco la vista atrás, obtenemos una comparativa aterradora. En el año 1995, 4 de los 6 primeros máximos anotadores de la liga, eran pívots, mientras que en la pasada campaña, el primer pívot de la misma lista, lo encontramos en el puesto 16.Andrés Monje asegura en su serial “Darwinismo posicional” que el desarrollo de los pívots dominantes, entiende de picos generacionales. Lo cual nos lleva a pensar que volveremos a ver jugadores de más 2,10m con talento, antes o después.También hay que tener en cuenta, que no va a haber muchas veces, equipos que sean capaces de reunir a una pareja de tiradores tan sumamente efectiva como Curry y Thompson, que sustente la base del sistema a base de bombardear el aro rival,  por lo que es lógico y normal, que el peso de los equipos comience a recaer de nuevo de manera más equitativa, sobre los hombros de jugadores más altos.

En una NBA que evoluciona de manera imparable hacia las canastas conseguidas en los extremos (triples o mates), está claro que los pívots con buena mano desde la casi extinta media distancia, tendrán más probabilidades de no desaparecer. La adaptación de los hombres altos para su supervivencia, pasa por tener un tiro aceptable, a ser posible también desde la línea de tiros libres (…) La esperanza es lo último que se pierde, y jugadores como DeMarcus Cousins, Karl Anthony Towns, Andre Drummond, Nicola Vucevic o Hassan Whiteside, ofrecen una dosis de ella bastante importante, como para pensar que algún día no muy lejano, se restablecerá el orden lógico de las cosas.

Mientras tanto, Greg Popovich, vuelve a nadar a contracorriente y ficha a tres pívots, pero eso es otra historia…

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8 Comentarios

8 Comments

  1. pivotworld9@gmail.com'

    pivotworld9

    25 febrero, 2016 at 7:19 am

    sin duda es una forma de jugar efectiva, pero personalmente me aburre, y transforma el partido en un concurso de tiro, a mi los equipos que juegan asi no me gustan

    • IvanRuiz

      25 febrero, 2016 at 3:57 pm

      Yo creo que el ciclo finalizará, y pronto se restablecerá el orden natural de las cosas.

  2. IvanRuiz

    25 febrero, 2016 at 3:55 pm

    Yo creo que el ciclo finalizará y el orden lógico de las cosas se restablecerá pronto.

  3. marcos_fdez_alrez@yahoo.es'

    Marcos Fernandez Alvarez

    26 febrero, 2016 at 3:56 pm

    Magnífico reportaje! Well done guy! Bonita foto del mítico 23 de los Bulls con kukoc.

    • IvanRuiz

      29 febrero, 2016 at 8:59 pm

      ¡Muchas gracias Marcos! ¡Un abrazo enorme!

  4. jimenez.candel@gmail.com'

    Alfonso J. Candel

    14 junio, 2016 at 4:23 pm

    Qué bien escribes, te seguiré. Pero ojo con escribir mal de los Bulls

  5. kikoarion@yahoo.es'

    Kiko Fdez

    27 julio, 2016 at 8:36 am

    Desde mi punto de vista todo tiene que ver con el triple, hay que alejarlo un poco, muchos equipos tiran más de 3 que de 2. 9 de cada 10 partidos se ganan desde la línea de 3. Antes el triple era un arma, ahora es el 80% del ataque de muchos equipos.

  6. manuelcr@gmail.com'

    Manuel

    27 julio, 2016 at 2:22 pm

    La falta de buenos pivots lleva a buscar las canastas más alejados del aro.
    Y es más fácil encontrar gente más pequeña que tire bien que gente grande con buenos fundamentos.

    Pero mete un buen cinco que sepa jugar abajo, cuándo sacar fuera el balón, cuándo dar un buen pase al jugador que acompaña y tendrás mucha más efectividad que jugando a tirar solo de tres.

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Análisis

Vuelve la burbuja inmobiliaria a la NBA: la moda de las hipotecas

Concentración de mercado, hipotecas, proyectos de capital riesgo a corto plazo, sobrecostes en forma de impuestsos de lujo… La NBA se mueve y la burbuja del mercado no deja de crecer.

acarretero@skyhook.es'

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Allá por 2013, cuando los informativos aún nos recordaban que había una crisis económica, había una expresión que monopolizaba todas las conversaciones. Seguramente, el ciudadano de a pie no sabría definir a ciencia cierta qué era aquella burbuja inmobiliaria, pero qué más daba. Le habían inoculado el término y sabía lo que tenía que saber: era malo. Oda al simplismo de la sociedad.

Una vez más, nos remontamos a aquel fatídico traspaso, al que ahora, tras la reconstrucción de récord Guinness de Sean Marks, ya sí puede ser nombrado. Cuatro primeras rondas que viajaron a Boston y que hipotecaron el futuro a corto plazo de los Nets pero, sobre todo, cuatro picks que marcaron un punto de inflexión en la NBA. Nunca antes se habían evidenciado de forma tan salvaje las consecuencias de traspasar el máximo de rondas permitidas. Nunca… Salvo con los Cavaliers de los 80.

No son pocas las normas de la NBA que nacen bajo seudónimo, por la necesidad de adaptar la regulación a fenómenos sin precedentes en la liga. Desde La Jordan Rule, la Rose Rule… reglas que pasan a ser conocidas en el imaginario popular por el jugador que obligó a crearlas y que, dicho sea de paso, favorecen su recuerdo y asociación, en lugar de complejizar los términos. Ahora bien, para que una que limita el traspaso de rondas consecutivas de Draft lleve tu nombre, como sucedió entonces con Ted Stepien, hay que ser muy cenutrio.

El entonces propietario de los Cavs puso en el mercado cuatro picks seguidos, casi lleva el equipo a la quiebra y traspasó la hipoteca a otro dueño antes siquiera de acabar de pagarla. Más o menos, lo que intentó Prokhorov hace cinco años. Tras utilizar a los Nets como activo financiero para especular con otros negocios particulares quiso saltar el barco antes de que se hundiese hasta el fondo del mar.

Hasta aquellos Nets recién llegados a Brooklyn no hubo otro equipo que se atreviese a firmar una hipoteca de semejante magnitud. Como tampoco lo ha habido en estos últimos años. Pero, como siempre pasa en la economía capitalista, es cíclica; la burbuja siempre vuelve. Ahora, a cinco años vista y tras los últimos movimientos del mercado, se puede apreciar que no fue un hecho aislado, sólo desafortunado en su ejecución. Hasta 2018 nadie se ha atrevido a mover tantos activos a futuro por una estrella, acogiéndose al fracaso de los Nets.

Especulación, hipotecas y fondos buitre

El mercado financiero (de traspasos) de la NBA estaba marcado por la incertidumbre y por la presencia de dos fuerzas hegemónicas que aumentaban el riesgo de la inversión, como eran los Warriors y LeBron James, allá donde estuviera. No era, pues, la situación más propicia para pagar hipotecas a futuro, por lo que los proyectos deportivos apretaron el botón del pause hasta que mostrasen los primeros síntomas de debilidad. Y, efectivamente, así ha sido.

Con ambos ejes gravitacionales desplazados y con un tercio de jugadores de la NBA siendo agentes libres este verano, entre ellos cinco top ten de la liga y, al menos, otras diez superestrellas más, alguien tenía que romper la baraja. Ya no hay apuestas seguras, pero la incertidumbre tampoco es un lastre. El riesgo es inherente al nuevo mercado NBA y quienes mejor han sabido jugar con él, han sido los triunfadores.

Ya lo intentó Daryl Morey el año pasado, con sus cuatro picks por Jimmy Butler. Secos, como el vodka en Rusia. También lo previeron este año en Utah, que agilizaron el traspaso de Conley para que Dios cogiera a los mormones confesados en verano. Es cierto que la burbuja crece sin control y que la tendencia alarma a la propia NBA. Pero, por otro lado, qué éxtasis embarga a Silver y su equipo. La NBA más global, la reina del verano. Apenas ha terminado la temporada y no puede haber más expectación porque empiece de nuevo. A quién le importa ahora la burbuja, eso será problema de la futura NBA.

Empoderamiento: una nueva era

Uno a uno, los agentes libres han decidido su futuro en cascada, como un Fantasy Draft en el 2K, que deja tres lecturas claramente diferenciadas. Primero, y más reciente, la especulación, la inflación creciente del precio a pagar por las estrellas tras tres años a la baja. Proyectos corto y medioplacistas, con concentración de estrellas, que vuelven a hipotecar sin miedo el futuro más inmediato, como los Nets o los Clippers. Masai Ujiri y su “alquiler” de Kawhi Leonard han sentado cátedra, como lo hicieron sin suerte Paul George y los Thunder.

Segundo, las apuestas de capital riesgo ya no sólo vienen predeterminadas por el papel de propietarios y general managers, sino que son los propios jugadores los que fuerzan estas operaciones. Son ellos los que han comprendido que tienen el poder de negociación en sus manos, que son los verdaderos y únicos protagonistas; y que, al fin, en vez de ser tratados como meras inversiones inmobiliarias, casas sin caras, sin humanizar, ahora no sólo eligen su futuro, sino el de toda una franquicia. Estamos ante una nueva era de empoderamiento, que en este caso inició LeBron James allá por 2010, no de la mejor forma posible, pero que casi una década después ha alcanzado su clímax.

Finalmente, la tercera lectura y quizá la más destacada desde el punto de vista de las franquicias, es la necesidad de un proyecto. Ya no vale con ser un gran mercado. Las hermanas menores y tradicionalmente apestadas de New York y Los Angeles se han coronado reinas gracias a su gestión. Han saneado sus cuentas de inmuebles tóxicos como Chris Paul, DeAndre Jordan e incluso de los Mozgov y Crabbe para jugar su baza al presente más inmediato, con el futuro en entredicho. Otras como los Warriors decidieron pagar los sobrecostes en forma de impuesto de lujo para preservar su hegemonía. Pero con qué gusto se va a pagar la hipoteca del futuro si el presente sabe a gloria.

Ya lo dijo Homer Simpson, el oráculo omnisapiente de la sociedad moderna: “El futuro ha ganado, el pasado nunca tuvo una oportunidad”.

In memoriam: Sam Hinkie y su gerencia de capital riesgo. 

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Análisis

La iniciativa vengadores

No son superhéroes, ni llevan capa. Del Capitán América a Fun Guy, la revolución pasa por Toronto.

fontandelacruz@gmail.com'

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Foto cedida por Martín Santana (@marnsantana)

En la guerra siempre tuvimos vencedores y vencidos. Soldados en batallas épicas e historias legendarias. También se dieron masacres, noches para olvidar. Y las Finales de la NBA, aquello que disfrutamos desde más allá del charco y bien entrado junio, es la prueba de que la guerra tiene mil y una formas de manifestarse. Pero preparar una guerra nunca fue tan complicado, pues para Toronto el precio fue nada más y nada menos que descorazonar el núcleo del equipo para colocarle uno nuevo, lleno de vida y alternativas para un sistema algo desfasado en los tiempos que corren.

Construcción quirúrgica

En el seno de la gerencia Raptor’ surgió una idea. Una idea retorcida en términos sentimentales, pero con todo el trasfondo del mundo en materia deportiva. Con el hedor de la campaña pasada aún fresco, unos Playoffs tildados de fracaso y con la enésima caída frente a Cleveland Cavaliers, se puso en marcha el cambio. Traer a Kawhi Leonard y Danny Green en un único pack con la pérdida de Poeltl y DeRozan en el camino se presumía como un riesgo muy alto, pero con un beneficio posible tan elevado que materializarlo fue cuestión de segundos.

Un «alquiler» el de Kawhi que, con la temporada finalizada y los éxitos cosechados, merece ir acompañado de «el más barato jamás conocido en la historia del deporte». Pero esto no podría terminar aquí, añadir a Marc Gasol sería el plato fuerte preparado por la gerencia ya entrada la temporada, un nombre que cambiaría el sino del equipo en plena postemporada con una cobertura sobre Embiid de magnitudes históricas. Mención especial a la confianza otorgada a Nurse, que jamás dudo de su plan: negarse a seguir exprimiendo la pintura y poblar la media distancia. Él fue quien modernizó la estructura Raptor’ polarizando el uso de los dos interiores en pequeñas dosis y en casos muy concretos.

Todo esto lleva una firma grabada en oro, la de un militar con sangre helada y corazón de piedra: Masai Ujiri. El artífice de esta estructura de plantilla a todos los efectos, el encargado de apretar el gatillo siempre que fue requerido el uso de una mano imperturbable. Porque el negocio es el negocio, y en el negocio las amistades quedan a un lado.

Estructura y planteamiento en las Finales

Las Finales no dejaban de ser un terreno virgen para prácticamente toda la plantilla –a excepción de Leonard y Green, ya campeones en 2014-. Un escenario que sin duda puede catalogarse como el más grande al que se puede ver enfrentado un jugador de la NBA y al que accedían con una serie de cuatro victorias consecutivas frente a los Milwaukee Bucks. Nada desestimable dicho enfrentamiento, pues en él residiría una de las claves de estas Finales: llegar con rodaje y sin excesivo descanso para frenar el ritmo de competición.

El planteamiento de Nurse siempre vino dado por las circunstancias ofrecidas por la plantilla Warrior’, pues la ausencia de Kevin Durant invitó a Toronto, en tramos de descanso para Klay Thompson, a practicar defensas sobre Stephen Curry que le obligasen a sobrecargar su producción y terminasen por consumirle. La joya de la corona terminó por ser la defensa mixta box and one (caja y uno), que consiste en formar la zona con cuatro jugadores y liberar a uno de esta estructura para consumir a Steph. El fin era el de sobrecargarle como generador principal y provocar que sean el resto de piezas que componen el quinteto los que generen todo el juego posible con balón. Un repunte táctico tan dependiente del contexto como determinante en el desenlace general.

Otro de los elementos fundamentales en el buen desenlace Raptor’ consistió en una capacidad inigualable para amoldarse y aprovechar todos y cada uno de los contextos ofrecidos por Golden State Warriors, y hacer cumbre de ellos con la participación individual de todos los perfiles que atesora la plantilla. Gran ejemplo de esto fue el Game 1. Rebosante en acciones a campo abierto y con los balances defensivos de Warriors algo lejos de su mejor versión, una versión despótica de Pascal Siakam señaló el camino de a ritmo de transición.

Una vez más, se reafirmó como el jugador que mejor corre la cancha sin balón. Pero esta serie de ajustes generales no se redujeron única y exclusivamente a casos generales y partidos enteros, prueba de ello fue el reajuste realizado en la segunda mitad el cuarto partido, allí donde un Ibaka sobreexcitado sepultó a los de La Bahía a ritmo de pick and roll y recepciones cerca del aro. Un martillo que tuvo por objetivo castigar las carencias físicas de la pintura Warrior’ con un Looney que aún lastraba ciertos problemas físicos. Una condición camaleónica que le ha atribuido ese factor de mutabilidad, no solo en estas Finales, sino en todo el trayecto recorrido hasta las mismas.

Martín Santana (@marnsantana)

Otra de las bases sobre las que se ha asentado la máquina de destrucción masiva que ha conformado Toronto es el liberado uso del combo guard –un doble base al uso-. Pilotado por Lowry e increíblemente bien acompañado por un VanVleet que decidió aterrizar en Playoffs llegadas las Finales, ha podido ser el arma más punzante de todas las poseídas por Nurse. La combinación de creatividad y spacing es todo aquello que les había faltado por tramos en las eliminatorias frente a Philly u Orlando, un repunte técnico que engrasaba la maquinaria a media pista y dotaba de alternativas y cerebros para producir en acciones tras bloqueo directo –ya sea en pick and roll o doblando al corte-. Un pulmón extra en ataque, para ser más exactos.

Pero la aportación de este recurso no se queda en un gran incremento en la creación, pues el verdadero valor de juntar a Kyle y Fred ha estado en la alternancia con y sin balón que ofrecían estos dos. Una combinación de bote y juego sin balón que hacía imposible a Golden State Warriors coartar con el incesante dos contra uno que recibía Leonard con balón, una carga que, si bien está plenamente justificada y resulta necesaria, con tanto arsenal disponible facilitaba la tarea al entorno.

Y conectando con la tarea de Leonard es como mejor se entiende todo lo sucedido hasta la fecha, pues salvo unos minutos de completa dominancia histórica en el quinto partido –diez, sí, diez puntos consecutivos para poner un +6 que terminaría por tener valor nulo tras la derrota-, las Finales de Leonard están por lo mucho que ha facilitado la tarea al entorno. Entró a la serie sin apenas poder bajar el balón por la inagotable lluvia de ayudas ofrecidas por Kerr para frenar cualquier vía de mirar al aro, corrigió alternando su juego en un sentido menos autosuficiente y llegó a nutrirse más que nunca de las recepciones y el catch-and-shoot –prácticamente un sueño inalcanzable vistos sus Playoff-.

Todo esto no le exentó de conseguir, por enésima vez, que todo espectador se replantease lo que podía llegar a ser una absorción de contacto en sus penetraciones. Pero sí, un 2×1 algo nocivo vista su mejoría en la toma de decisiones tras recibir el trap es lo que permitió a Leonard generar dos o tres espacios libres según se diese la ayuda (o doble ayuda llegados al caso), y que vista la tónica de las Finales, con polaridad absoluta en términos de porcentajes, jamás pudo ser más peligroso. No obstante, la ausencia cuasi general de Durant también facilitó la tarea defensiva a un Leonard que jamás tuvo que focalizarse al completo en una única figura y pudo entregarse al máximo en las ayudas no-puntuales sobre Curry al perímetro.

Una defensa, la llevada a cabo sobre Steph, que tampoco se puede resumir en el box and one, recurso con una utilidad muy puntual y que no serviría de alternativa con posibilidades tales como Klay Thompson o Kevin Durant sobre el parqué. El desgaste que conlleva una cobertura tan sumamente meticulosa y elevada en gasto de energía y recursos no se puede describir con palabras, es más, sería todo un crimen tatar de hacerlo, pero no deja de ser una proeza que socavar tan fondo en el trap, con la incalculable cantidad de recursos para generar que posee Golden State Warriors –Green o Iguodala como perfiles punteros en esta faceta-, haya terminado por ser la vía más eficiente para frenar a un Curry que, más allá de toda la tormenta que le rodea, ha hecho unas finales a la altura de lo que es: una leyenda de la NBA.

Porque la tarea de cubrir a uno de los perfiles más activos con y sin balón jamás vistos en la liga no puede encomendarse a un solo nombre, y es en este punto cuando salen a la palestra Kyle Lowry y Fred VanVleet. El primero de ellos, consabido y contrastado como defensor de primer nivel en emparejamientos perimetrales. El segundo, en cambio, no ha hecho más que agrandar su perfil y confirmar que más allá de ser un jugador muy notable en un lado de la cancha, es una pieza única en both sides. La cobertura off-ball de un jugador como Curry, que prácticamente promedia una media maratón por noche, solo se entiende con un sistema de ayudas generoso e inagotable.

Marc copó el trap tras bloqueo directo con un alarde de sacrificio y desgaste de piernas inimaginable, blindó también cualquier vía de escape en forma de línea de pase. Por su parte, las ayudas de Kawhi -algo más liberado por el contexto- y Green, entre otros, ponían la guinda a uno de los blindajes más inquebrantables en toda la campaña. Pero no todo podía ser perfecto, pues generar tanta atención abre una infinidad de vías explotables con una circulación rápida, espacios en pintura y en esquinas, un buffet libre de puntos liberados al servicio de una de las máquinas mejor preparadas para explotar desventajas.

Por último, es innegable que un campeonato no se gana solo con una batería de titulares repleta de grandes nombres. Y esta no iba a ser la excepción. Maestría de Nurse en el tacto a la hora de dar minutaje a un Ibaka que dinamitó por completo la eliminatoria en dosis pequeñas para exprimir al máximo el físico en pintura y cerrar el aro –para la historia quedará el cuarto con seis tapones y un flujo imparable de puntos en pintura-.

¿Y qué es de la historia?

La historia del deporte siempre ha sido ambiciosa y retorcida, egoísta por naturaleza, pero una tregua se la merece todo ser humano. Y toda institución, llegados al caso.

Por primera vez el Larry O’Brien sale de Estados Unidos con rumbo a Canadá. Un anillo histórico. Un anillo para la resistencia de aquellos que supieron caer una y mil veces frente al Rey en el Este; hasta que abdicó. Un anillo que lleva consigo la firma más grande jamás vista de jugadores que han pisado la liga de desarrollo, demostración del margen de mejora que posee casi cualquier perfil NBA si es tratado con mimo y a fuego lento. A fin de cuentas, un anillo que se antoja irrepetible.

El reconocimiento a Ujiri, fundirse en un abrazo con Lowry para reconocer lo que es suyo y la posterior entrevista junto a Kawhi solo es la guinda del pastel más sabroso jamás cocinado en el Norte. Porque nunca se llegó a ese extremo de antipatía que se daba por sentado tras dar puerta a DeMar DeRozan, es más, ambos ya maquinaban la idea de «hacer algo grande». Han forjado una amistad grandiosa, la química ha sido inmejorable y el equipo se ha nutrido de ella hasta límites insospechados. Ahora les toca disfrutar, a TODOS, y ya tendrá tiempo Kawhi para reflexionar sobre su futuro cuando no quedé champagne por descorchar en Toronto.
We won, Mr. DeMar. –Kyle Lowry-.

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Análisis

NBA y NCAA: conflicto abierto

La NBA volverá a permitir a jugadores de 18 años presentarse al Draft con el objetivo de dar el salto directamente a la liga profesional

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Flickr / NCAA Basketball

Treinta y tres segundos de juego y la zapatilla Nike de Zion Williamson reventó. El favorito al número 1 del Draft, lesionado, quizá de gravedad. Fue la imagen más icónica de la pasada temporada en la NCAA. La multinacional textil perdió más de 1.100 millones en bolsa (que posteriormente recuperó) pero, lejos de los perjuicios económicos, hubo más actores implicados. Indirectamente, en el despacho de Adam Silver resurgió un antiguo debate que atañe a su campo, la NBA, y a la competición universitaria.

Afortunadamente, la rodilla del jugador de Duke salió airosa del susto. Si no hubiese sido así, la carrera de Williamson en la NBA estaría en duda. Hubiera supuesto un serio traspiés para el futuro de la competición. Porque Zion estaba obligado a permanecer un año en la universidad. No tiene 19 años, no puede jugar en la NBA. Silver quiere eliminar ese año entre el instituto y la NBA. Una medida que permitiría dar el salto directo a los mejores jugadores, como hicieron en su día Kobe, Garnett o LeBron. En definitiva: el one and done, a escena; y el conflicto abierto.

Jaque a la NCAA

Fue en 2005 cuando el entonces comisionado David Stern implementó la norma: todo jugador que quisiera entrar en la NBA debería esperar un año desde su graduación, es decir, haber cumplido los 19 años. Los jugadores que terminaban el college debían permanecer un año como mínimo en una universidad, o buscar fortuna en una liga profesional extranjera, tal y como hicieron Brandon Jennings (Italia) y Emmanuel Mudiay (China), aunque ésta es una tendencia minoritaria.

La mayoría optan por seguir en Estados Unidos, en la NCAA, que ha experimentado un continuo crecimiento de audiencias en los últimos años. El one and done tiene buen parte de la culpa, ya que coloca en el escaparate, al menos durante una temporada, a futuras estrellas del baloncesto americano, como en su día fueron Anthony Davis, Kyrie Irving, Derrick Rose, John Wall o Kevin Durant, entre otros.

Pero lejos de estos nombres, los críticos sostienen que el one and done ha propulsado la corrupción y la desvergüenza en el sistema universitario, acabando con la mentalidad deportiva del amateurismo norteamericano. Sonados son los casos de Lousville y Rick Pitino, con el FBI investigando a programas y a jugadores universitarios que recibían dinero negro. Las universidades se disputaban a los mejores prospects para tan solo un año de relación contractual. Jugadores ya relevantes en la NBA como Markell Fultz, Kyle Kuzma o Dennis Smith fueron investigados.

Mientras, la NBA no dejaba de reclutar a ‘freshmens’ o jugadores de primer año. En 2018, los equipos de la NBA eligieron en el Draft a 18 estudiantes de primer año universitario, casi 1 de cada 3. La misma cifra en 2017: ocho de las 10 mejores selecciones de draft fueron estudiantes de primer año. Y esta no es una afluencia anómala de jóvenes talentos: desde 2010, el número 1 del Draft lo ha ostentado un jugador de primer año.

Número de jugadores de primer año elegidos en el Draft.
Fuente y elaboración | NBADRAFT.NET

En este otro gráfico se puede observar la tendencia: los jugadores de primer año dominan sobre otras clases en las elecciones del Draft desde la entrada del one and done.

Clases de jugadores elegidos en el Draft. Fuente y elaboración:
NBADRAFT.NET

Pugna de intereses y pensamientos

Han sido muchas las voces, con más o menos credibilidad, que han opinado sobre la cuestión: ¿deben los talentos más jóvenes esperar a cumplir 19 años para ingresar en la NBA?, ¿es recomendable que cambien el collage por la mejor liga del mundo sin pasar por la universidad?, ¿existe alguna solución intermedia?

Como todo debate que se atañe, encontramos opiniones diversas según el campo en el que busquemos. En la planta noble de la NBA, y más tras el susto de Zion Williamson, Adam Silver fue contundente:

“Mi sensación actual, es que este reglamento no está funcionando para nadie. He hablado con entrenadores y directores deportivos de universidades y me aseguran que no están satisfechos con el sistema actual. También tengo conocimiento de miembros de numerosas franquicias NBA que tampoco están felices con estos jugadores, ya que no creen que estén recibiendo el tipo de entrenamiento que necesitan y que esperan ver en profesionales. Mi visión personal es que estamos listos para bajar a los 18 años la edad mínima para entrar en la NBA.

Adam Silver

Leyendas del baloncesto también se han pronunciado en ese aspecto, siendo aún directos. Karim Abdul-Jabbar, por ejemplo:

“Los chicos están allí menos de seis meses. Bueno, ni siquiera seis meses, y se van. Es una farsa, creo que sólo están usando el sistema de la universidad como un trampolín para la NBA, y eso es realmente lamentable. Creo que una educación es vital para tener una buena vida, y estos chicos no están recibiendo esa oportunidad. Es triste.”

Kareem Abdul Jabbar en TNT.

La falta de educación y madurez que adquieren los jugadores en la NCAA es un argumento recurrente, incluso fuera de Estados Unidos

“Muchos de los equipos de la NBA piensan que los jugadores que optan por el one and done no están recibiendo el entrenamiento necesario que se espera en las elecciones altas del Draft”. Según el directivo, “la importancia de entrar en la NBA con suficiente base de desarrollo de baloncesto, así como de madurez física y emocional, no debería ser subestimada”.

Chus Bueno, vicepresidente de la NBA en Europa, África y Oriente Medio

Uno de los firmes defensores del one and done es Mike Krzyzewski. Voz autorizada y practicante confeso de esta estrategia con la universidad de Duke. Desde 2013, dicha universidad ha incorporado un ‘freshmen’ en las cinco primeras posiciones del Draft. En 2015, Krysewski se alzó con el título con tres one an done en su roster: Jahlil Okafor, Justise Winslow y Tyus Jones. Coack K defiende la norma:

“Jugar en la universidad aporta al jugador madurez y crecimiento, pero también le enseña su exposición, el aspecto de marketing que un programa de alto nivel le da a un joven. Jayson Tatum saliendo de St. Louis Chaminade justo después de la escuela secundaria no sería el mismo Jayson Tatum que estuvo allí después de un año”.

Coach K.

El ex seleccionador estadounidense está convencido del avance de la liga universitaria, aún si el one and done queda eliminado:

“Todavía habrá chicos que vendrán a la universidad y que se irán después de un año, de dos, o tres. Para ser sincero, no veo por qué la NBA cambiaría el límite de edad. Pero hagan lo que hagan, reaccionaremos. Así que todos los que digan que la NCAA saldrá perjudicada, están completamente equivocados”.

Mike Krzyzewski

En esa teoría se sitúa también Dan Gavitt, vicepresidente senior de la NCAA:

“Hay más jugadores que están mejor preparados físicamente (más fuertes, más grandes, más rápidos, mejores habilidades) y logran desarrollar a lo largo de su carrera universitaria unas facultades mentales y emocionales adecuadas para ser un atleta profesional y para lidiar con lo que viene después. No son productos terminados en ningún caso, pero hace 20-25 años podías contar con los dedos de una mano a los jugadores que salían preparados de la universidad”.

Gavitt se muestra tajante, aunque se olvida de otros como LeBron o Kobe:

“Los mejores jugadores en la historia de este deporte han sido parte de la universidad”. Y enumera: “Michael Jordan, Larry Bird, Kareem Abdul-Jabbar, Oscar Robinson”.

El vicepresidente cambia el gesto cuando le preguntan por los salarios. En la liga universitaria, los jugadores no reciben nada, pese a la gran suma de ingresos que genera la competición (891 millones de euros en 2018). Mientras, hay 47 entrenadores que cobran más de 2 millones de dólares al año.

Pero los jugadores, por su condición de amateurs, tienen prohibido recibir pagos de las universidades y de las empresas vinculadas a estas, como pueden ser Nike, Under Armour o Adidas.

“Los salarios y, sin duda, el potencial de ganancias a largo plazo, son tan cambiantes que es algo difícil de resolver para un jugador y su familia. Hace muchos, muchos años, la diferencia en el valor de jugar en la universidad y jugar en la NBA era diferente, pero no dramáticamente diferente. Ahora es dramáticamente diferente”.

Gavitt

Stan Van Gundy, que entrenó un año a la Universidad de Wisconsin (94/95), dispara:

“La NCAA es una de las peores organizaciones del mundo del deporte. Puede que la peor. Desde luego no les importa nada el atleta. La gente que estuvo en contra de que los jugadores llegaran directamente desde el instituto inventó muchas excusas, pero creo que en gran parte fue racismo. Nunca he visto a nadie levantarse a protestar sobre las ligas menores de béisbol o Hockey. Allí no ganan muchísimo dinero y suelen ser chicos blancos, así que nadie tiene ningún problema. Pero de repente tienes a un chico negro que quiere salir del instituto y ganar millones y eso sí es una mala decisión. Pero saltarse la universidad para ganar 800 dólares al mes en una liga menor de béisbol es una buena decisión. ¿Qué narices está pasando?”, expresa el ex técnico de Miami, Orlando y Detroit.

Stan Van Gundy

En un tono más distendido opina Jim Haney, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Entrenadores de Baloncesto, piensa que un año de universidad es muy productivo para los jugadores:

“La gran mayoría de los chicos que ingresan no han aprendido en el baloncesto escolar cómo jugar duro dentro del concepto de equipo porque siempre han sido mejores que los otros niños. Su idea de jugar duro es: ‘Voy a tirar más o voy a conducir más hacia la canasta‘. Eso es un enfoque individual y no colectivo. En la NCAA se demuestra que se necesitan cinco hombres en la cancha trabajando juntos para ser realmente un equipo productivo”.

Jim Haney

Otro de los seguidores confesos del one and done es John Calipari, gran reclutador de talentos. Por sus manos pasaron decenas de jugadores listos para la NBA: Derrick Rose, John Wall, Eric Bledsoe, DeMarcus Cousins, Anthony Davis, Julius Randle , Karl-Anthony Towns y Devin Booker, por ejemplo. El entrenador de Kentucky defiende el contacto directo con el jugador desde edades muy tempranas:

“No les prometemos tiempo de juego, tiros o cuánto tiempo estarán en la universidad. Todos tienen su propio horario, y se lo decimos a todos y cada uno de los chicos y sus familias. Para algunos, eso significa un año; para otros, dos, tres o cuatro. Pero nuestro enfoque es poner a nuestros hijos en la mejor posición para tener éxito en el siguiente nivel, ya sea en la NBA o en algún otro campo, cuando llegue el momento de eso. Creo sinceramente que no hay mejor lugar para crecer, especialmente en el factor humano, que la NCAA”.

Calipari.

Si bien es cierto que son muchos los que eligen seguir desarrollando sus capacidades en cualquiera de las tres divisiones de la NCAA, el número de jugadores dedicados finalmente al baloncesto es mínimo. Según un informe de la revista oficial de la NCAA, Champions Magazine, poco menos de tres cuartas partes de los jugadores de la División I creen que jugarán profesionalmente en la NBA, en la G-League o en el extranjero.

En la División II la cifra no llega al 50%, mientras que solo un 27% de los jugadores en la División III creen que jugaran de manera profesional. Las cifras finales otorgan cierta razón al desazón de los jugadores universitario: solo un 48% de División I llegan a jugar en un equipo profesional, 1 de cada 5 entre todas las divisiones.

Calipari prefiere centrarse en los casos de éxito, y pone como ejemplo a Willie Cauley-Stein, con el que también coincidió:

“Cuando llegó al campus me dijo ‘Odio la escuela’ y cuando se fue lo hizo llorando. Estuvo tres años aquí en Kentucky. Apreció la educación que se le dio, creció emocionalmente y aún hoy está inscrito en el club de lectura de la facultad. Todo eso también es la liga universitaria”.

Willie Cauley Stein

Dan Gavitt también incide en ese argumento romántico de los campus:

“Hemos tenido jugadores de un año que han regresado a su campus de manera regular, que han donado a sus instituciones, que han estado en contacto cercano con sus entrenadores y ex compañeros de equipo y realmente han aceptado ser parte de la comunidad. Incluso si no son graduados de la institución, sigue siendo una gran parte de sus vidas”.

Dan Gavitt, vicepresidente senior de la NCAA.

El comisionado de la Conferencia del Sureste, Greg Sankey, es más práctico.

“Debemos hacer una NCAA más fuerte. El debate del one and done no es asunto de un solo deporte. Debemos parecernos más a la NFL o a la MBL”.

Sankey.

En la liga de fútbol es obligatorio jugar tres años con la universidad, mientras que en el béisbol se permite a los jugadores que se conviertan en profesionales directamente de la escuela secundaria, pero si van a la universidad tienen que quedarse tres años allí.

Tres soluciones sobre la mesa

El debate es creciente y las negociaciones constantes. Por ello no hay una vía de acuerdo oficial entre todas las partes. Eso sí, todo parece indicar que el one and done tal y como lo conocemos hoy, desaparecerá.

La opción preferida de Adam Silver es unificar a los prospects de high-school y a los one-and-done en una sola categoría, que les permitiera o bien presentarse al Draft desde el collegue o bien desarrollarse en la G-League.

Aquí radica la idea de Silver: dotar de una mayor profesionalidad a la G-League. Una expansión que debe permitir sueldos mayores a los 26.000 dólares de máximo que existen ahora mismo. Contratos que alcancen los 125.000 dólares a jugadores que salgan del instituto y eviten así pasar un año sin cobrar en la liga universitaria.

“Condoleezza Rice y su comisión han recomendado a la NBA que los jugadores que están haciendo el llamado one and done entren directamente en la liga, por lo que creo que debemos considerar la reducción de nuestra edad a 18 años”.

Adam Silver

El comisionado de la NBA explico que la idea incluiría iniciar el contacto con los mejores jugadores en sus años de instituto. Un seguimiento pormenorizado del atleta, entrenando y desarrollando sus condiciones tanto dentro como fuera de la cancha con la mirada puesta en un futuro mejor tanto para ellos como para la NBA.

Existe una segunda vía que requiere mucho esfuerzo y coordinación en el tiempo. El pasado verano, la NBA y el Sindicato de Jugadores anunciaron un acuerdo con la Federación (USA Basketball) para ojear y aumentar el número de jugadores juveniles de élite a su equipo nacional junior a más de 80 de una tacada. Los jugadores recibirán atención sanitaria y psicológica, además de entrenamientos específicos y de rendimiento deportivo gestionados por expertos.

Getty Images

A su vez, los jugadores tendrán que enviar informes médicos y deportivos a los equipos de la NBA, a fin de que ingresen directamente en la liga (con 18 años) o utilicen un paso intermedio como la G-League. Por otro lado, la NBA solicita que los jugadores tuvieran que tener cierta asistencia obligatoria a las sesiones de Draft. En estas pruebas previas, los jugadores tienen ocasión de mostrar sus habilidades delante de los principales scouts de las franquicias.

“Llevamos mucho tiempo intentando involucrarnos más en el baloncesto de élite de categorías inferiores. Realmente existe un sentido de urgencia al respecto. Este programa es exactamente lo que hemos estado diciendo que debíamos hacer”.

Kathy Behrens, presidenta de responsabilidad social en la NBA.

Pero claro, estas dos iniciativas olvida por completo el papel de la NCAA en la negociación. Por ello, son más los rumores que apuntan a un simple cambio de regla. Del one and done al zero and two, una idea del sindicato de jugadores (NBPA) que gusta a ambas partes.

Zero and two sería una opción viable para todos los jugadores que decidan dar el salto desde el instituto a la NBA, pero los que se decanten por la universidad, no podrían ser drafteados hasta el final de su segundo curso. La medida no está recogida en el último convenio colectivo presentado por la NBA y la Asociación de Jugadores, pero, según fuentes de la negociación, es una opción muy viable.

¿Y para cuándo?

Adam Silver desveló hace unas semanas que cualquier medida definitiva no entraría en vigor antes de 2022:

“Hay un montón de problemas que deben resolverse entre nosotros y la asociación de jugadores, por lo que es algo sobre lo que estamos en discusiones activas”.

El comisionado aclaró que cambiar el one and done antes de 2022 no sería justo para las franquicias que han realizado intercambios con selecciones de draft: “Me faltan unos años, creo”. Y avisa:

“Esto afectará a las negociaciones entre las franquicias sobre intercambios en puestos del Draft. Espero que sepan elegir bien”.

Conflicto abierto, largo y lleno de interrogantes.

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