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Foto: nbadestiny.com

Si se tuviera que nombrar de manera oficial una “capital del mundo”, una de las firmes candidatas a llevarse el gato al agua sería Nueva York. Y es que aunque solo sea desde nuestra etnocéntrica visión occidental y seguramente la culpa sea de Hollywood, parece que todo pasa en Nueva York.

Visto así, una ciudad como esa debería poder presumir de equipo de baloncesto, y más cuando tienes en tu país la mejor liga del mundo. Nueva York tiene casi la obligación moral de tener un equipazo que sea una personalización de la supuesta magia que la ciudad desprende.

Pero por desgracia, desde hace ya muchos años, los mayores espectáculos en el Madison Square Garden los han brindado o bien artistas en sus conciertos, o bien jugadores que no vestían la camiseta de los Knicks (léase SM Michael Jordan). Desde la época de Walt Frazier no ha habido ningún equipo “Knick” que haya estado a la altura de lo que debería. Puede que los Ewing, Starks y compañía intentaran dignificar la camiseta que defendían, pero se quedaron en eso. En un buen intento (a lo mejor les recordaríamos de otra forma de no ser por el tapón de Olajuwon sobre Starks en el sexto partido de las finales de la 93-94, sin embargo ese tapón existió. Mala suerte, John).

A partir del año 2000 los míticos Knicks se encuentran a la deriva buscando su sitio en la Liga. O mejor dicho, intentando alcanzar el sitio que saben que les corresponde. Puede que si todavía no lo han conseguido sea por una mezcla de buenas decisiones con otras que sorprenden un poco más.

Por ejemplo, Phil Jackson es una buena decisión, se mire por donde se mire. Ganó títulos en Chicago y LA, seguramente sería la opción más acertada cuando tu obsesión por el anillo te convierte poco a poco en el Gollum del mundo NBA. Tu quieres títulos y él sabe como ganarlos. La fórmula es sencilla.

Pero claro, después nos topamos con contradicciones sorprendentes. ¿Como es posible que alguien apodado “El maestro zen” fiche como entrenador a Derek Fisher, seguramente el personaje NBA que menos sabe retener sus instintos primarios, excepción hecha de Dennis Rodman? En un año y medio, Fisher alcanzó un récord de 40-96 con los Knicks. Un trabajo loable si tenemos en cuenta que además de preparar tácticas y analizar a sus rivales, se rumorea que el bueno de Derek se aseguraba personalmente de que las familias de los jugadores se encontraran bien, sobretodo sus esposas. Sumémosle a eso lo duro que tiene que ser combinarlo todo con robarle la pareja a Matt Barnes y pegarse con él y comprenderemos por qué Fisher ha tenido que largarse por donde vino.

Así que con el banquillo “knickerbocker” huérfano  con Kurt Rambis en un papel parecido al que jugaría una tirita con dibujos Disney en una herida de bala, vamos a analizar desde aquí los candidatos a dicho banquillo que suenan con más fuerza para asumir el papel de enderezar esa franquícia de una vez por todas.

LeBron James, David Blatt

David Blatt

Si duda uno de los mejores entrenadores del mundo y un gran incomprendido. Con un 83-40 de balance en Regular Season y liderando tu conferencia, solo hay una manera de que te echen de la manada. Llevarte mal con el “macho alpha”. Y en Cleveland, ese es LeBron. No hay duda de que baloncestísticamente Blatt es un arquitecto, aunque puede que a nivel psicológico no sepa gestionar de manera muy efectiva los “super egos” NBA. Eso no debería suponer un problema en Nueva York  siempre que tu idea sea erigir un equipo alrededor de Porzingis, un jugador que ha nacido para obedecer. Eso sí, si la estrella tiene que ser “Melo” (amigo de LeBron), puede que Blatt tropiece de nuevo con la misma piedra.

Foto: NY Times

Foto: NY Times

Luke Walton

Guió a los Warriors al mejor inicio de la historia. ¿Seguro? Puede que sí pero…¿cuanto puedes valorar a un entrenador cuando tienes en pista a Stephen Curry? ¿Hubiera ganado seis títulos Guardiola sin Messi? Nos encontramos con algo parecido.

Es innegable que Walton tiene carisma, tiene imagen y tiene “look” para convertirse en un referente en Nueva York si las cosas le salen bien. Pero sin menospreciar su trayectoria, no es lo mismo ser el interino de uno de los mejores equipos de la historia donde todo parece fluir sin esfuerzo, que encargarte de enderezar más de una década de desorientación de la franquicia con más valor de la NBA.

Si Luke es capaz de trasladar parte de esa inteligencia sobrenatural con la que juegan los Warriors a Nueva York, probablemente arme un equipo como el que todos esperamos. Y aunque en realidad es una incógnita, la verdad es que sería uno de los favoritos por parte de la afición.

Foto: nugglove.com

Foto: nugglove.com

Brian Shaw

Es el candidato con menos galones y realmente analizar su hipotética entrada en los Knicks es sumergirse en un mar de dudas y contradicciones.

Cierto es que tiene un récord negativo con Denver, aunque hay que reconocer que sus Nuggets eran un equipo divertido de ver y que jugaban un baloncesto más que respetable.

Hay que tener en cuenta que probablemente Phil Jackson le ofrecería mejores armas que las que tenía en el medio oeste, pero habría que ver como se desenvuelve en un equipo como los Knicks. En la ciudad de Wall Street lo que cuenta son los números y los balances, así que por muy bien que juegues nadie querrá ir al Madison diciendo ” voy a ver a los Knicks, vamos a perder seguro pero juegan vistoso y me divierto”.

Siendo como es un entrenador serio y respetado en la Liga, es ciertamente difícil adivinar si Nueva York será un reto que le va a ir grande.

Foto: NBA.COM

Foto: NBA.COM

Tom Thibodeau

Thibodeau ha pasado ya sea como asistente o jefe por los mejores banquillos de la NBA (Spurs, 76ers, los mismos Knicks, Celtics, Bulls…). La presión no sería algo nuevo para él ni nada con lo que no pueda lidiar. Conoce la franquicia ya que estuvo durante varios años com entrenador asistente, y sabe gestionar los “egos” del vestuario, como demostró en Chicago. Sacó lo mejor de Rose, Butler y Noah. Com prueba para gestionar “egos”, no está nada mal.

Teniendo en cuenta a los López y Porzingis, el trabajo que podría hacer a nivel defensivo Thibodeau en los Knicks podría llegar a ser muy serio. Y con una buena defensa, Kristaps (sí, otra vez) y Carmelo en ataque y algún fichaje de cierto prestigio (como ese base definitivo por el que suspiran en NY) el proyecto de Phil Jackson podría empezar a parecerse a algo con posibilidades.

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Estos cuatro nombres suenan, pero hay más (Scott Brooks, el eterno D’Antoni…). Seguramente pronto saldremos de dudas.

Y la verdad es que les deseamos suerte a los Knicks. Cualquier buen aficionado sabe que debido al tipo de liga que es y a elementos como el “draft”, las franquicias NBA pasan por ciclos. Solo hace falta fijarse en algunos equipos (mirad a Clippers y Lakers ahora y miradlos hace diez años, los Celtics de ahora en comparación con los del Big Three o los Heat actuales con los del otro Big Three). Muy pocas franquicias escapan de esos círculos cíclicos, algunas para bien (Spurs) y otras para mal (Knicks). Y aunque hay otros equipos que siguen esa tónica negativa constante, creemos que por todo lo que significan, por historia y por ir al compás de la ciudad donde nacieron los Knicks merecen cambiar esa inercia y convertirse en un equipo de referencia.

Deseamos que Porzingis sea la primera de muchas alegrías durante los próximos años y que un entrenador valiente se atreva a hincarle el diente a esa suculenta Gran Manzana que es Nueva York.

¿Estará envenenada? El Madison dictará sentencia.