Foto: Geey Images

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Sin duda, la noticia más importante de la NBA en este curso baloncestístico 2015/2016 (en medio toda esta vorágine llamada Stephen Curry) es la retirada del sempiterno escolta de los Lakers, Kobe Bryant. Con la que será su decimonovena y última temporada como jugador-referencia de la mejor liga del mundo, se apaga la estrella más grande de la constelación de jugadores que encarnaban la década inicial del siglo XXI.

Una generación inigualable en muchos aspectos, con un inicio datado muchas veces en el Draft de 1996, uno de los mejores de la historia de la liga. Una generación que tuvo que lidiar con la retirada de los mayores iconos de la historia del baloncesto, tanto en su forma individual (Michael Jordan) como en su forma colectiva (Dream Team). Ése es un listón muy alto que superar y las posibles comparaciones quedan reservadas para el imaginario de aquellos que pudieron disfrutar de ambas décadas.

Sin embargo, lo que es indudable es que esa variedad de estrellas, empezando por el propio Bryant, hasta pasar por los todavía activos Vince Carter o Tim Duncan, incluso jugadores como Steve Nash, Iverson o McGrady, tienen un hueco en el Salón de la Fama por su legado dejado sobre el párquet.

Esta plétora de jugadores recibieron la ardua tarea de mantener el estándar de calidad que MJ y sus contemporáneos habían dejado, además de acompañar a la NBA en ese tránsito a una nueva dimensión, que es la que vemos hoy en día, estelarizada por Stephen Curry, Kevin Durant, LeBron James y Carmelo Anthony y auspiciada por el espectáculo de masas que se forma cada febrero en el All-Star Game.

Los aficionados de los años 2000 disfrutaron, en conjunto, de todo lo que el baloncesto, en todas sus variantes, les podía aportar. Pudieron ver a Kobe en su vertiente más plástica y física (1997-2001), en su faceta ganadora primero con Shaq y después con Pau y en su faceta más anotadora, intercalada entre su etapa con O’Neal y su etapa con el español. Lo que nadie se esperaba tras esos 2 últimos anillos serían los fracasos venideros en las temporadas siguientes, con el experimento Nash-Howard y finalmente con el equipo angelino sumido en el ostracismo. Parece que volver a ver los años dorados de la “fiebre amarilla” es toda una utopía. Viendo la carrera de Bryant en retrospectiva es un final aciago para él, pero cobrar 25 millones anuales tampoco ha ayudado mucho a las aspiraciones del equipo de volver a ser competitivo.

Actualmente, el hecho de ver las últimas versiones de jugadores como Vince Carter (39 años), reconvertido de mejor “dunker” del mundo a triplista y hombre esencial de banquillo, o Tim Duncan (39 años, también) siendo capital en la pintura de los Spurs como hace 15 temporadas, es algo que alcanza la categoría de leyenda y que con el tiempo será apreciado debidamente.

San Antonio Spurs, con 10 jugadores (de 16) por encima de la treintena, está a solo 3 victorias de los Warriors, y es de los pocos equipos que puede plantarles cara en la Conferencia Oeste. Una mente de este deporte como lo es Popovich es capaz de valerse de exponentes de esta generación de inicios de siglo (Parker, Gin

óbili…) para conformar un equipo con expectativas de anillo una temporada más.

Los jugadores europeos también se merecen un hueco, por su importancia para la liga a partir del ya mencionado Draft del 96. Seleccionados del estilo de Peja Stojakovic (nº 14) e Ilgauskas (nº20) continuaron lo que jugadores como Petrovic, Marciulionis, Divac o Kukoc comenzaron. El caso de Sabonis, por su edad -31 años- al llegar a la NBA, es una rara avis y a efectos históricos se le enclava en esta generación de los 2000 a pesar de ser en los 90 cuando su juego alcanzó su mayor esplendor.

Foto: NBA.COM

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Sin embargo, quienes realmente influyeron en esta década fueron 3 jugadores que a día de hoy siguen siendo una referencia: Dirk Nowitzki, Tony Parker y Pau Gasol. Todos ellos han sido campeones de la NBA manteniendo un rol importante, todos ellos han sido All-Stars y todos ellos han cimentado su status de leyendas de la liga con el paso de las temporadas, incluso mejorando con la treintena ya superada.

En la pasada década, gozamos de especialistas del triple como el gran Ray Allen, Mike Miller o Jason Kapono y de la defensa como Shawn Marion o Bruce Bowen. Presenciamos cómo la posición de base alcanzaba su máxima expresión tanto en técnica (Steve Nash, Kidd), como en anotación (Arenas, Iverson) como en espectacularidad (Jason Williams).

Hazañas como los triples finales de Robert Horry, los 13 puntos en 35 segundos de Tracy McGrady, los 81 puntos de Kobe en 2006, equipos como los Pistons de 2004 o dinastías como las de Lakers o Spurs han significado mucho para la historia de la NBA, y la siguiente generación, la de los James, Curry o Leonard, todavía tiene mucha tela que cortar para poder equipararse.