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Perfiles

Despedida y agradecimiento a un mago: Raül López

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3 de marzo de 2016. El día que los aficionados al baloncesto nacidos a finales de los años 80 y principios de los 90 empezaron a sentirse un poco menos jóvenes. El día que esa generación de españoles en constante lucha contra el ninismo hizo un ejercicio de introspección y pensó que lo mismo habría que aprender a cocinar algo que no fuese pasta, lo mismo habría que moverse un poco porque la tripa ni salió por arte de magia ni así va a desaparecer, lo mismo hay palabras que los jóvenes de verdad ya no usan o lo mismo está empezando a ser ese viejo del bar al que hace años miraba extrañado preguntándose qué hacía ahí.

El día que Raül López anunció su retirada al final de la presente temporada. Te odio, 3 de marzo de 2016.

Raül es el primero de esa maravillosa generación de jugadores de baloncesto españoles nacidos en 1980 que dice adiós. El más lastrado físicamente a lo largo de su carrera, también. Aunque a él no le guste, siempre se le recordará con aquel “¿y si…?”. ¿Y si no se hubiese roto el ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha cuando con 21 años era el líder de un Real Madrid que rápido le había reclutado de la fábrica de churros de la Penya? ¿Y si meses más tarde de recuperarse no hubiese vuelto a destrozarse la misma rodilla poco antes de volar a Estados Unidos para disputar el Mundial de Indianápolis 2002? El propio Charly Sainz de Aja, entrenador de aquellos Juniors de Oro que ganaron el mundial de su categoría en 1999, reconoce a Gigantes que “sin lesiones y sin Pau hubiera sido el mejor jugador de la historia de España”. Su primer año en la NBA lo pasó entero en blanco, recuperándose otra vez de aquel palo tan gordo, esta vez tomando apuntes en la temporada de despedida de John Stockton, a quien pretendían en Salt Lake City que diese relevo, y ya eran casi dos años sin jugar.

Pero se recuperó. Y en su primer año como jugador NBA fue el único Jazz en participar en los 82 partidos de temporada regular. Sin embargo, en su segunda temporada, y cuando parecía remontar el vuelo… lesión de rodilla en el Staples Center de Los Ángeles, cuando venía haciendo un gran partido contra los Lakers. Fin a la temporada y a su carrera NBA. Era el momento de volver a Europa, donde se labraría su sólida carrera, mucho más duradera de lo que cabría esperar tras aquella infausta racha de lesiones en las rodillas. Formaría parte del proyecto Akasvayu que más tarde haría desaparecer el baloncesto de élite en Girona, retornaría al Real Madrid que volvía a ganar títulos y a hacerse respetar en Europa, viviría dos años la experiencia rusa con el incipiente Khimki de Moscú y más tarde haría grande a un Bilbao Basket en el que ya lleva cinco temporadas y donde no ha querido dar la espantada pese a los problemas económicos. Un jugador comprometido, un jugador diferente.

Y es que siempre fue distinto a los demás. Como jugador de baloncesto y seguramente como persona fuera de la pista también. Nunca le preocupó perderse en la impopularidad si sentía que debía decir o hacer algo que no fuese del agrado general o le fuese a cerrar alguna puerta.

Raül siempre fue (y es) uno de mis grandes ídolos. Pero como mío, de muchos jugadores amateurs y aficionados al baloncesto de mi generación. Uno de esos jugadores que transmiten algo especial, diferente. Ese algo inexplicable inherente al sentimiento de admiración. Uno puede conocer a muchas chicas que le resulten guapas, inteligentes o interesantes. Pero cuando hay una que te gusta por encima del resto es por ese algo inexplicable. Supongo que algo así pasa con ciertos ídolos del deporte. Podemos ver sobre la cancha a diez jugadores de baloncesto, pero a veces surge uno que nos transmite ese algo inexplicable que no vemos en los demás. Y eso fue siempre lo mejor que tuvo Raül.

El baloncesto español presume ahora de haberle visto jugar o, quienes tuvieron la suerte de compartir vestuario con él, de haber sido su compañero. Y le da gracias. ¿Gracias? Siempre me resultó llamativo cuando algún destacado deportista se retira y aficionados, compañeros y rivales le dan las gracias por tanto. No es por ser desagradecido, pero nunca he dejado de preguntarme “¿por qué gracias?”. Ese jugador que hoy se retira se labró una carrera plagada de éxitos y reconocimientos, pero por sí mismo, fundamentalmente. Cuando de niño empezó a jugar a esto, lo hizo porque le gustaba. Siguió porque amaba el deporte y se le daba más que bien. Firmó grandes contratos porque tuvo la oportunidad de ganar mucho dinero haciendo lo más que le gustaba. Para vivir su vida. Sin que se quiera interpretar mal, creo que es legítimo concluir que ese deportista al que tanto agradecemos hizo todo aquello por él mismo. Por quien lo debía hacer.

Foto: ACB Photo

Foto: ACB Photo

Sin embargo, ante el anuncio de retirada de Raül López, uno mira dentro de sí mismo y no puede evitar sentirse agradecido y afortunado. Yo siempre daré las gracias al mago de Vic por dar un soplo de aire fresco con su desenfadado estilo de juego a un baloncesto que, para cuando él empezaba su carrera, miraba con recelo a aquellos que querían tirar sin esperar a que pasaran veinte segundos de posesión o pasaba el balón mirando al tendido en una arriesgada transición. Que preferían botar a la altura del hombro para correr más rápido o que se pasaban el balón entre las piernas para hipnotismo del defensor. Y me sentiré afortunado por haber sido contemporáneo de su juego, por tener la edad en la que debía engancharme o renunciar al baloncesto cuando surgió su estrella o por haber visto a uno de mis grandes ídolos ganar títulos y medallas cuando poco antes muchos pensaron que era un juguete roto para siempre.

Resulta difícil pararse a escribir sobre Raül López. Es tanto lo que puede significar, lo que puede representar, que temes no ser fiel a su grandeza o dejarte algo en el tintero. Pero vamos a intentarlo. ¿Qué es Raül López? Raül es…

 

… Talento puro

Seguramente sea lo primero que viene a la cabeza de la mayoría cuando se habla de Raül López. Puede que, junto a Juan Carlos Navarro, sea el jugador de baloncesto español que más veces ha sido asociado a un reconocimiento tan especial, lejos de las cualidades físicas con las que haya podido nacer uno y sí con lo que es capaz de hacer. La magia transmitida de Raül con un balón en las manos es algo al alcance de muy pocos. Prodigio de la técnica individual, su manejo de balón, su bella mecánica de lanzamiento, esas asistencias que sólo él ve… todo en él es talento.

… Fuerza de voluntad

Algunos jugadores son capaces de recuperarse de una rotura de ligamento cruzado anterior en la rodilla y labrarse una digna carrera deportiva. Muy pocos serían capaces de sufrir esa misma lesión pocos meses después de volver y, además del físico, superar el componente mental de un revés así. Pero de hacerlo tres veces, la historia es escéptica de dar con más nombres aparte del de Raül López. Un jugador que, después de todo eso, ha sido campeón de Copa ULEB y liga ACB con el Real Madrid, subcampeón olímpico y campeón de Europa con la selección española, campeón de la VTB League y Superliga rusas con el Khimki de Moscú y ha llevado al hasta entonces modesto Bilbao Basket al subcampeonato ACB y cuartos de final de la Euroliga.

… Constancia

Un elemento indispensable para sobreponerse a tanto. La fuerza de voluntad viene de la unión entre la fortaleza mental y la capacidad de trabajo cuando el cuerpo más te lo impide. Cuando sufrió su primera rotura, Raül se pasó seis meses casi sin salir del antiguo Raimundo Saporta: practicaba el tiro sentado en una silla, tiros libres sin flexionar las piernas, a una mano, duras sesiones de musculación (¿preparándose para la NBA?), largos y más largos en la piscina… ah, y clases de inglés. La NBA estaba cerca, había sido elegido en el Draft antes que Tony Parker y el francés ya estaba destacando en unos Spurs que trabajaban por su dinastía.

* Extraído del número 852 de Gigantes del Basket (26 de febrero al 4 de marzo de 2002), en una entrevista del hoy director deportivo de Río Natura Monbus Obradoiro, José Luis Mateo.

… Salvación

Como se ha mencionado anteriormente, Raül López llegó cuando más le necesitaba España. El baloncesto de este país pasaba por una crisis importante, carente de una generación de garantías que mantuviese vivo el interés por este deporte después de que los Romay, Corbalán, Epi, Iturriaga y compañía ganasen la mítica plata olímpica de Los Ángeles ’84. A partir de entonces, las decepciones no fueron pocas hasta 1999, año en que la “generación maldita” ganó la última medalla pre Juniors de Oro (plata en el Eurobasket de Francia) y, sobre todo, apareció aquella prole de baloncestistas españoles nacidos en 1980, liderada por unos fantasiosos Juan Carlos Navarro, Germán Gabriel o Raül López, con un estilo de juego como aquí no se conocía, más propio de aquellos americanos que tan inalcanzables parecían. Hasta entonces.

… Fantasía

Raül López y sus coetáneos surgieron como una salvación para el baloncesto español, pero en el caso del mago de Vic esa acepción contendría matices fantasiosos por su estilo de juego. En el baloncesto patrio, y como reconocería Iván Corrales, uno de aquellos grandes jugadores españoles que tuvieron la “desgracia” de nacer antes de 1980, se vivían unos momentos de crisis mediática que bien tenían que ver con los estilos que se venían adaptando y que, ante la falta de talento ofensivo (tanto de jugadores como de entrenadores), provocó que la famosa máxima de que los campeonatos se ganan en defensa “hizo que mucha gente se volviera loca, a veces no se podía ni jugar”. Entiéndase por el lado en que se menosprecia el ataque. Y es que ante la poca capacidad de construcción, se optaba por la destrucción: defensas al límite de la violencia, marcadores que rara vez alcanzaban los 80 puntos, posesiones interminables, bote bajo y protector a diez metros del aro, etc. Crisis de resultados y atención. Fue entonces cuando Raül se mostraría pionero en el arte de jugar corriendo, desafiar a la lógica imperante del momento con la intención de aunar diversión y resultados, show y efectividad, talento y rendimiento. Un pase por la espalda por aquí. Otro mirando al lado contrario por allá. Traspiés, finta de pase y bandeja cambiando el balón de mano. Me la paso un par de veces entre las piernas, otra por la espalda y rompo al defensor.

… Una persona normal

El gran dominador actual del baloncesto mundial parece claro que es, y lo seguirá siendo unos cuantos años más, Stephen Curry. Parte de la buena prensa y popularidad del reinante MVP de la NBA reside en su apariencia de persona normal. Alto, pero no tanto como para que la gente le señale por la calle como a los gigantes a los que se enfrenta noche tras noche, no demasiado fuerte, poco explosivo y ningún prodigio atlético más allá de lo necesario para jugar en la mejor liga del mundo. Supongo que Raül López siempre ha transmitido algo similar entre nosotros, sus seguidores. Apenas pasa los 180 centímetros, su torso no es para nada intimidante, es rápido pero no el que más y de no haber sido jugador de baloncesto tampoco se habría ganado la vida como saltador de altura. Es uno de los nuestros. Un tío normal. Pero capaz de hacer maravillas con un balón que sólo su trabajado talento le permite.

ACB Photo

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… Inteligencia

Raül siempre fue un base de lo más vistoso, con un sentido del espectáculo que jamás perdió en su carrera. Pero supo evolucionar, transformarse en un base más cerebral con el paso de los años (tal vez también algo que exigía su condición física después de tantas lesiones). Un gran lector del juego estático que también obsequiaba con mágicos destellos ocasionales. Responsabilidad y diversión en la extensión del entrenador en la cancha, con el don de la anticipación a lo que va a pasar en la jugada y líder para sus compañeros, que siempre destacaron de él un cerebro con un procesamiento más veloz que el de la media. Un base puro, oficio en peligro de extinción en el baloncesto, más amenazado si cabe a partir de la temporada 2016/17.

… Clutch

Son varias las ocasiones en que Raül López ha sobresalido por una actuación destacada en los últimos y apretados momentos de un partido. Jugador de carácter, es de los que se crecen cuando más quema el balón. La canasta de la semifinal ante Grecia del Europeo junior de Varna que terminarían ganando, un triple con 19 años sobre la bocina para derrotar al F.C. Barcelona en la Liga Catalana de 1999 cuando aún jugaba para el Joventut, alguna que otra jugando para los Jazz con que matar un partido, chicharrazos con el Real Madrid, el triple desde su propio campo en 2013 en Eurocup contra el Dinamo Sassari para forzar la prórroga, jugando ya para Bilbao… Aunque, seguramente, la más mítica por su significado fuese la que anotó bajo la bocina en febrero de 2012, en Euroliga, para clasificar a Bilbao Basket a unos históricos cuartos de final, eliminando al Montepaschi de Siena.

… Respeto

Raül López siempre se ha considerado a sí mismo una persona que no se sabe vender. Sin embargo, el enorme respeto que se ha granjeado en el baloncesto mundial habla por sí solo. Cómo se ha levantado de tan duras caídas en su carrera, la cátedra que sienta cada vez que salta a la cancha de baloncesto, ese talento tan natural y a la vez tan inalcanzable para el resto de mortales… Su honestidad y humildad siempre se ganaron ese respeto de compañeros, rivales y árbitros, por poco que él se preocupase de poner la otra mejilla ante la prensa para ganar popularidad. Es lo que tienen personajes de esta talla, que no necesitan más que ser ellos mismos. Ahí habita su grandeza.

… Personalidad

En una entrevista con Quique Peinado, en el número 1.093 de Gigantes del Basket (10 al 16 de octubre de 2006), Raül sorprendía con una increíble muestra de cruda honestidad. Bien sabido ha sido siempre su poca afición a la parafernalia, y admitía darle igual decir algo que sabía que le podía perjudicar si era lo que pensaba, o considerar que no caía en gracia a los demás. Era 2006, pocos meses después de coronarse España campeona mundial en Japón con una selección de la que él no formó parte. También era su vuelta al Real Madrid y por entonces, con 26 años, aún serían hasta diez más los años que tendría por delante en su carrera. Está claro que había que darle la razón en que decía lo que pensaba, en un momento en el que además estaba de moda la famosa serie de televisión House, la del “brutalmente honesto” doctor interpretado por Hugh Laurie. Estaba harto de que, hiciese lo que hiciese, sus méritos siempre viniesen acompañados del ‘antes’.

“Muchas veces pienso: ‘¡Hostia! Por mucho que haga siempre va a ser poco. La gente va a decir que era mejor antes’. Siempre es ‘antes, antes, antes’… Hay jugadores que regresan de lesiones graves y están al mismo nivel, pero de otra manera. Antes intentaba hacer las mismas cosas que hago ahora. Le pongo la misma mentalidad y ganas que cuando tenía 20 años. Unas veces me sale bien y otras no. Mira, si después de cuatro lesiones me tuviera que preocupar por lo que dice la gente, habría acabado deprimido”.

Lucio Angulo, amigo y compañero suyo en su etapa pre NBA en el Real Madrid, destacaba de él su honestidad con todo el mundo pero sobre todo consigo mismo. Es fácil ver al Raül de la cancha, con un estilo de juego alegre y desenfadado, pero la capacidad de sacrificio que venía detrás, cuando las cámaras no graban, es digna de reconocimiento. Sesiones de cinco horas de trabajo estando lesionado, para él y no para que nadie lo viera. Una persona que no hace nada de cara a la galería en un mundo donde parece que siempre haya una cámara apuntando. Supo despreocuparse de las críticas y los escepticismos, como después relativizar los elogios.

… Sentido del humor

Dicen que las personas introvertidas son quienes tienen un más agudo sentido del humor. Eso queremos pensar cuando le preguntaron por su película favorita y respondió “Fue a por trabajo y le comieron lo de abajo”, destacando a Rocco Siffredi como su intérprete favorito.

#YovijugaraRaülLópez. Y este ha sido mi pequeño homenaje.

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1 Comment

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  1. alvarorth@hotmail.com'

    Álvaro Bravo

    6 abril, 2016 at 10:59 am

    Excelente artículo Emilio, el mejor que he encontrado en internet sin duda. No has podido expresar mejor el cariño que sentimos por este irrepetible jugador y persona. Ojalá en los años venideros sigamos hablando de Don Raül López Molist, el mago de Vic. Tuve la suerte de conocerle hace unas semanas y de decirle que gracias a él me enamoré del deporte de la canasta.

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Análisis

Elfrid Payton: El regreso a casa

A menudo, los cambios de look no sólo entrañan un cambio físico, sino también emocional. Payton, a diferencia de Sansón, se cortó el matojo de pelo como símbolo de madurez y fuerza.

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Prácticamente todo el mundo hemos pasado por esa etapa de jóvenes, cuando hacemos cosas solo porque no es lo que se supone que tenemos que hacer. Un jugador de baloncesto profesional no debería tener el pelo golpeándole y cubriéndole la cara constantemente, pero Elfrid Payton, en la veintena, jugó más de 200 partidos en la mejor liga del planeta de esta guisa.

Durante su época en los Magic de Orlando, equipo en el que recaló después de ser traspasado por los 76ers la noche del Draft de 2014, estuvo envuelto en esa aura tan familiar con los deportistas de élite que nos hace pensar en lo que podrían llegar a ser y por un motivo desconocido no consiguen alcanzar.

Sin embargo, cuando toca volver a casa y uno ya ha crecido y madurado un poco, las formas son importantes. A mediados de mayo de 2018, como si alguien le hubiese chivado desde el futuro lo que iba a ocurrir, el base de Louisiana anunció a través de su cuenta de Instagram que por fin se había quitado el impedimento en forma de flequillo gigantesco que hasta entonces lucía.

Tras cuatro temporadas en Florida, había sido traspasado a Phoenix por apenas una segunda ronda del Draft, ya que terminaba contrato ese verano y los Magic querían sacar algún rédito por él. Allí solamente jugó 19 partidos, y sufrió la primera lesión relevante en su carrera: una tendinopatía en su rodilla izquierda. A pesar de ello, y tal vez por el ambiente distendido que reina en la franquicia desde hace ya varios años, promedió el máximo de puntos por encuentro de su carrera, 11’8, además de mejorar sustancialmente su faceta reboteadora.

Este episodio de transición en Arizona no hacía más que preparar al joven Payton para lo que tendría que afrontar en la temporada 2018/19. En la agencia libre de verano llegó la oferta que más deseaba: un hueco en la plantilla de su ciudad, donde había crecido con su madre y había visto volver a su padre, jugador profesional de fútbol americano en la liga canadiense.

En el suburbio de Gretna, New Orleans, Elfrid Payton Jr. había crecido siendo de los más pequeños del colegio y de las canchas. De complexión muy delgada, había probado varios deportes, pero en el instituto decidió que quería ir a por todas con el baloncesto. Entonces, Payton Sr. empezó a prepararlo para el camino del profesional y, según cuentan ambos en una entrevista para “The Undefeated”, el padre fue bastante duro con el hijo.

A pesar de que al salir del instituto nadie del mundo del baloncesto universitario americano se fijó especialmente en él, tuvo una oferta de la universidad de Louisiana-Lafayette para estudiar becado y así poder jugar a baloncesto en la División I, la más alta de la NCAA. En su segundo año explotó, y fue elegido en el mejor quinteto de la Conferencia Sun Belt, pero eso no era más que el principio.

La extraordinaria temporada que había cuajado lo llevó a ser seleccionado para el combinado americano Sub-19 que disputaría el mundial, y fue titular en todos y cada uno de los partidos hasta conseguir el oro, destacando junto a grandes estrellas universitarias como Aaron Gordon, Marcus Smart o Jahlil Okafor. En ese momento, como remarca su padre, “las cosas se volvieron locas”.

En el tercer año como universitario dejó unas estadísticas admirables, con más de 19 puntos por partido junto con 6 rebotes y otras 6 asistencias. El Lefty Driessel Award, premio al mejor defensor de la NCAA, completaba una carta de presentación extraordinaria que lo llevó a cerrar el top 10 de su camada de Draft.

Y después del viaje que hemos recorrido por fin volvió a su casa, pero esta vez como profesional, de la mano de los New Orleans Pelicans. Firmó un contrato con los de Louisiana por tres millones de dólares para la presente temporada, y ahora ve cada día el barrio que su familia tuvo que abandonar tras el huracán Katrina para recuperarlo después, el barrio donde creció en la ciudad en la que se siente orgulloso de jugar.

Un nuevo comienzo en casa, con un nuevo corte de pelo en una franquicia que a principio de temporada tenía un proyecto prometedor. El arranque de temporada con Anthony Davis, Nikola Mirotic, Julius Randle y Jrue Holiday a niveles extraordinarios parecía indicar que este era su año, que por fin podría disputar su primera serie de Playoffs y competir como siempre ha querido hacer, máxime en su ciudad natal.

Por desgracia, después de unos extraordinarios cinco primeros partidos, un dedo de la mano lo traicionó en la que empezó siendo su temporada de ensueño. Después de romperse el dedo, encadenó otra lesión en el tobillo derecho que ya tenía tocado, y no pudo volver a competir a pleno rendimiento hasta el mes de marzo.

El pelo despejado parecía haber despejado también las incógnitas sobre su juego. Mejoró significativamente su porcentaje de tiros libres, desde el 62% en Orlando hasta el 74% en New Orleans, y al inicio de temporada tiraba con un 42% de acierto desde el triple. Estaba redondeando su juego, y sus compañeros lo alababan como pasador y ayudante de dirección junto a Jrue Holiday.

A pesar de lidiar con las lesiones, en el mes de marzo volvió dejando una estadística para el recuerdo: consiguió cinco triples-dobles consecutivos, una marca solo al alcance de jugadores históricos como Wilt Chamberlain, Oscar Robertson y Michael Jordan, además del hombre que va a pulverizar todas las marcas en este aspecto: Russell Westbrook.

No es común que la temporada de despegue de un jugador y en la que más sufre con las lesiones coincidan, pero Elfrid Payton Jr. ha encontrado en New Orleans el hogar perfecto para su juego. Tal vez los planes de la dirección de la franquicia no pasen por mantener el bloque, sino que parecen más encaminados a empezar una reconstrucción a partir del traspaso de Anthony Davis.

No en vano se armó todo el revuelo días antes de la fecha límite de traspasos en el culebrón con Los Angeles Lakers, que al final resultó fallido. Además, Mirotic abandonó el equipo en su mejor temporada como profesional rumbo a los Milwaukee Bucks, de modo que la franquicia ya dejaba entrever sus intenciones de no ir a por todas, al menos en esta temporada. Sea como fuere, Payton espera una nueva oferta para quedarse un año más en casa y preparar de nuevo la cabeza (por dentro y por fuera, ya sin el matojo de pelo) para continuar creciendo y enorgulleciendo a la ciudad de los pelícanos.

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Objetivo Europa

Milos Teodosic, el ilusionista de Valjevo

Un genio controvertido como pocos. Su actitud siempre ha sido un asterisco en su carrera, al igual que las derrotas en la F4. Pero Teodosic ha sido uno de los mejores bases del continente de la era moderna.

jon@skyhook.es'

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Mayo de 2005. Rondas eliminatorias de la Liga del Adriático. Realmente, nadie esperaba ver a aquel chico disputar ningún minuto. No obstante, en su fugaz participación los congregados pudieron vislumbrar destellos del talento que aquel cuerpo de 1,95 de altura atesoraba, siendo uno de los puntos positivos del torneo de cara al futuro más próximo.

Contra todo pronóstico, Bosko Djokic, entrenador del  BC Reflex, había decidido dar algunos minutos a un base canterano con 18 años recién cumplidos. Pudo haberlo hecho meramente por ver cómo respondía el joven ante su primera gran competición profesional, pero la actuación de aquel adolescente callado y de semblante inexpresivo dejó atónito al público.

La forma en la que cuidaba el balón, un excelso tiro exterior y su innata facilidad a la hora crear juego para sus compañeros era algo fuera de lo común. Además, su desparpajo para buscar la canasta quedó patente: 17 puntos en apenas 15 de minutos de juego repartidos en dos noches. “Juega como un veterano, se ve que tiene una gran confianza en sí mismo”, apuntaban algunos scouts por aquel entonces. Los ojeadores ya seguían los pasos del nuevo diamante del baloncesto serbio de cara al Draft de la NBA.

“No debería estar antes de 2007, pero conviene recordar su nombre. Muestra un equilibrio especial en su juego, como si tuviera todo bajo control”.

DraftExpress

No era otro que Milos Teodosic.

Los orígenes

Nacido el 19 de marzo de 1987 en Valjevo (República Federativa Socialista de Yugoslavia), una de las casas tradicionales del baloncesto serbio, Milos estaba destinado a convertirse en un jugador de renombre. Aquella era una pequeña ciudad ubicada en el distrito de Kolubara, y como en el resto del estado yugoslavo, la canasta estaba a la orden del día.

Ya desde muy joven estaría en contacto con la pelota, dada la influencia de su hermano mayor Jovan, también jugador profesional. De esta forma, sus progenitores, Miodrag y Zorana, decidieron apuntar al menor de sus hijos en un equipo local, a la edad de seis años. Milos iría quemando etapas, mostrando unas aptitudes de las que el resto de compañeros carecían. Su ídolo de la infancia: Pedrag Danilovic, de quien admiraba “su forma de pensar en la pista y su gran deseo por ganar”.

“A diferencia de muchos guards, es más un distribuidor de perímetro que otra cosa. No es particularmente atlético, no muestra gran rapidez y, a pesar de tener buen manejo de balón, le cuesta superar las defensas. Por lo general, trata de aprovechar las pantallas o situaciones en las que su defensor está desequilibrado, lo que consigue con la simple amenaza de su tiro exterior. Este es uno de sus déficits más grandes cuando se habla de su potencial para la NBA”.

15 de agosto de 2005

Su carrera echó a andar cuando el modesto Vujic Metalac se fijó en él. Valjevo estaba viendo nacer a su hijo pródigo, alguien que tuviese la proyección como para colocar a la ciudad en el mapa. Siguió superando categorías a la vez que cursaba sus estudios. No sería hasta el año 2001 cuando su vida cambiaría para siempre. El FMP de Belgrado no perdía la pista a un base emergente que apuntaba maneras. Milos se vería obligado a abandonar su hogar por primera vez para emprender un viaje que a día de hoy no ha terminado. En la capital, alejado del núcleo familiar, continúo formándose como estudiante a la vez que dominaba las categorías inferiores del baloncesto serbio. Por otro lado, su condición de deportista de élite le facilitó el acceso a la universidad privada John Naisbitt. Había llegado el momento de firmar su primer contrato profesional. Lo tenía todo de su parte, en especial la confianza del entrenador.

Uno de los escasos documentos visuales del paso de Teodosic por Belgrado

Tras el primer contacto con Djokic su progresión se dispararía. Sin embargo, debido a su corta edad y a la competencia dentro de la plantilla, se decidió ceder a Teodosic por una temporada al KK Borac Čačak, donde el jugador podría curtirse antes de regresar a las filas del club que lo formó. En aquellos momentos, se antojaba complicado que el jugador pudiese continuar progresando sin apenas gozar de minutos. Pese a su juventud, este cumplió con las expectativas y el cuadro belgradense decidió reclamar sus servicios.

2007 sería el año de su eclosión profesional. Si bien su debut en la Copa ULEB fue en la campaña 2004-05 (14 minutos frente al Vertical Vision Cantu italiano), fue entonces cuando Milos empezó a fraguarse un nombre en las plazas europeas. Con Aleksandar Rasic como base titular, Teodosic sería un combo-guard de lujo en aquella plantilla. Tanto fue así, que a sus 20 primaveras atrajo el interés de varios clubes de renombre en Euroliga. Finalmente, el atractivo de Olympiacos lo sedujo, firmando un contrato de cinco temporadas por valor de 2,8 millones de euros.

“No es lo suficientemente rápido. Sufre en defensa. Esto no supone nada que no supiéramos de antemano, es probablemente el jugador al que menos favorece el juego de la NBA entre los jugadores internacionales de gran talento. Alguien podría estar interesado en él en segunda ronda, pero eso no es un hecho”.


4 de abril de 2007

Ante las aguas del Egeo

Eran años difíciles en el Pireo. Pese a sus buenos jugadores, todavía permanecían a la sombra del gran gigante heleno, Panathinaikos. Durante la década de los 2000, Grecia y Europa estuvieron bajo el yugo del equipo de Zeljko Obradovic y Dimitris Diamantidis. Nada más aterrizar en Atenas, Milos empezaría a sufrir las consecuencias de jugar en uno de los equipos pudientes del continente. No siempre hay espacio para los jóvenes al más alto nivel. Olympiacos, en su ansia por equipararse a los más grandes de la competición, firmó al anotador Lynn Greer. Pésima noticia para Teodosic, ya que el norteamericano sería el puntal ofensivo del equipo. Sin embargo, y pese a la competencia con Roderick Blackney, el técnico Pini Gershon utilizó eventualmente al serbio como escolta, aprovechando su tamaño y rango de tiro. Fue una campaña en la que no careció de minutos, pero tuvo menos peso creativo de lo habitual.

Por el momento, el balance positivo. No fue fácil aclimatarse a la actividad en Grecia tras toda una vida en los Balcanes. La incorporación de Yotam Halperin, proveniente del Maccabi, y la sobrepoblación en líneas exteriores restaron protagonismo a Teodosic. Fue un año muy duro para él, pero le sirvió para madurar y ver realmente cual era el coste del éxito. Por tercer curso consecutivo, Olympiacos se tendría que conformar con el subcampeonato liguero, para mayor gloria de su eterno rival. No obstante, una derrota por 82-84 en semifinales de Euroliga, también ante Panathinaikos, fue lo que realmente hizo daño en el Estadio de la Paz y la Amistad. Era hora de cambiar la tendencia. En 2009 se presentaría al Draft de la NBA, sin ser elegido por ningún equipo. Su estilo de juego no gustaba en demasía en la liga norteamericana y las franquicias eran muy escépticas sobre su hipotética adaptación.

Año 2010. Al fin, con 22 años, el mando era suyo. Milos adquirió las riendas de aquella plantilla desde el primer de día de pretemporada. Bajo las órdenes de Panagiotis Giannakis y formando un trío demoledor con Linas Kleiza y Josh Childress, Olympiacos ya provocaba miedo en sus contrarios. Cuajaron una Euroliga casi perfecta, pero tras una gran campaña faltó el broche final. Teodosic no pudo celebrar su MVP de la temporada, ya que en la final de la Euroliga se encontraron con un FC Barcelona muy superior (86-68). Asimismo, fue elegido ‘Jugador del Año Europeo de la FIBA’, por delante de Pau Gasol y Dirk Nowitzki. Su estrellato era una realidad, si bien no faltaban detractores que lo tachaban de ser excesivamente frío, poco menos que indolente a la trascendencia de los partidos.

Milos Teodosic nunca ha renunciado a la selección | FIBA Photo

Aquel verano, Milos grabaría una marca a fuego en la piel de la parroquia española. Copa Mundial de Baloncesto de la FIBA, Turquía. 89-89 en el marcador con 25 segundos por jugarse. Las indicaciones de Dusan Ivkovic no dejan cabos sueltos. Hay que agotar el reloj de posesión. El balón, en manos de la estrella, quema. Llull aprieta, pero un bloqueo de Velickovic permite que Teodosic y Jorge Garbajosa queden emparejados. No hará falta acercarse a canasta.

El serbio se levanta desde nueve metros y anota. La derrota en la final del EuroBasket de 2009 estaba vengada. En semifinales el plantel serbio caería ante la selección anfitriona, pero todavía hay quien sueña con aquella suspensión imposible. “Pensar mientras juegas no te sirve para nada. Todo sale solo. Eso me pasa a mí. Simplemente, vi la canasta enfrente y decidí tirar. Así, sin más. En ese momento es lo que se suponía que debía hacer”, declaró el propio jugador en una entrevista.

La siguiente campaña tocaría reponerse, con la llegada del que, a la postre, sería el mejor jugador de la historia del club: Vassilis Spanoulis, proveniente del mismísimo Panathinaikos. Teodosic compartiría el liderazgo con el heleno, mucho más idolatrado por la parroquia ateniense. La temporada resultó decepcionante, con una Copa griega que supo a poco. Milos bajó sus prestaciones al mismo tiempo que Kill Bill se erigía como la gran estrella del roster. El dúo de bases, por muy atractivo que sonase, no funcionó.

En las filas del Ejército Rojo 

Algunos rumores apuntaban a cierto interés por parte de San Antonio Spurs, que no habían dejado de seguir la pista del jugador balcánico. No parecía un mal momento para cambiar de aires. Con todo, tras cuatro cursos en el Ática, en Moscú se estaba fraguando un proyecto para volver a dominar Europa. Andrei Kirilenko, Alexey Shved, Sasha Kaun, Victor Khryapa, Ramunas Siskauskas o Nenad Krstic. Núcleo soviético rodeado de algunos los mejores nombres del torneo continental. Escuela lituana en el banco con Jonas Kazlauskas. El plan era claro. Revalidar la Euroliga. Cetro que no levantaban desde el año 2008, perdiéndose tan solo la Final Four del año anterior.

El recorrido era un cuento de hadas. Tras eliminar en playoffs a Bilbao Basket (3-1), después se deshicieron de un correoso Panathinaikos. El destino quiso que Milos se enfrentase a su amado Olympiacos en la gran final. Los rusos eran claros favoritos e hicieron gala de ello. Todo eran risas con 53-34 a dos minutos de concluir el tercer cuarto. Pero nunca subestimes el corazón de Olympiacos. Punto a punto, el equipo griego fue acercándose en el luminoso, hasta que Giorgios Printezis convirtió una especie de bomba que es historia del baloncesto contemporáneo (funesto Siskauskas desde la personal). La eventualidad quiso que el conjunto del Pireo volviese a reinar, y lo hiciese sin Teodosic en sus filas.

El propio Milos, denotando una excesiva prisa en su juego cuando debía imperar la calma, fue uno de los grandes señalados en aquella derrota. Además, con 61-58 y 20 segundo por jugarse, erró un tiro libre que hubiera sido decisivo. Los años venideros serían un dejà vú continuo en el seno del equipo ruso.

2013, 2014 y 2015. Las semifinales fueron lo máximo. Aquel equipo que durante los meses que duraba la temporada era una apisonadora ofensiva, se hacía pequeño a la hora de la verdad. Los automatismos colapsaban, las cabezas se nublaban y el nerviosismo ante otro fracaso se apoderaba de los jugadores. Se fichaba a las máximas estrellas para remediarlos, pero en el torneo del K.O. siempre había quien lograba tumbarlos. Su bestia negra en la historia reciente: el Olympiacos de Spanoulis. Aquel que tantas pesadillas ha provocado a Andrey Vatutin, presidente del club ruso.

Multitud de decepciones, éxitos en la VTB United League aparte, hasta que llegó el 15 de mayo de 2016. El día que cumplió su misión. CSKA y Fenerbache se enfrentaron en una noche histórica. Los moscovitas llegaron a liderar el marcador por 23 puntos en el tercer periodo, pero hizo falta una heroica canasta de su capitán, Khryapa, para forzar la prórroga y por fin a tantos años de maleficio. Moscú dominaba Europa ocho temporadas después. Milos fue el jugador más valorado de aquel partido (29), pero el MVP fue a parar a manos de su compañero Nando De Colo. No le hacía falta. Su valía estaba demostrada.

Destino L.A.

Una nueva derrota en semifinales frente a Olympiacos en 2017 supondría el adiós de Teodosic a la disciplina rusa. Lo había conseguido casi todo a nivel europeo y la NBA seguía llamando a su puerta. ¿Por qué no intentarlo en plena madurez deportiva? Varios equipos tentaron al serbio con sumas de lo más atractivas, pero se decidió por Los Ángeles Clippers.

La franquicia angelina esperaba ocupar la ausencia de Chris Paul con el IQ baloncestístico del ex del CSKA. Tremenda amenaza desde el triple en pleno auge de la larga distancia, además la mejor capacidad de pase de toda Europa. La NBA, aquella competición que le fue negada desde su eclosión, era un sueño hecho realidad.

Su desembarco en California generó todo tipo de sensaciones. La expectación era alta. Patrick Beverly, antiguo compañero suyo en Olympiacos, dijo que se trataba del “mejor pasador del mundo”. Matadores del calibre de DeAndre Jordan y Blake Griffin estaban deseosos de poder disfrutar de las asistencias imposibles de Milos. Mientras estuvo sano, disfrutó de minutos, siendo titular en 36 (22 victorias) de los 45 partidos que disputó en la 2017-18. Compartió labores de dirección con Austin Rivers y Lou Williams, pero para su desgracia, una fascitis plantar empañaría el primer año bajo los focos del Staples Center.

“En el pasado sentí que jugar en la NBA no era algo muy cercano a mí.  Tal vez ahora esté más listo mentalmente. Sé lo que puedo hacer. Quiero sentirme importante y ver que un equipo tiene un proyecto para mí. No pienso ir a la NBA solamente para decir que he estado allí, quiero ir y contribuir”.

Milos Teodosic, 2017

Las lesiones tampoco desaparecieron el siguiente curso, todavía por concluir. Desde el comienzo de la temporada, Teodosic arrastró molestias en los isquiotibiales, que le dificultaron tener mayor presencia en la rotación del equipo. Con Patrick Beverly recuperado, la adquisición de Shai Gilgeous-Alexander relegaba al serbio a un rol residual. Además, su carencias defensivas provocaban notorios desajustes ante los bases más físicos de la competición. Bagaje final: 15 escasos partidos, en los que apenas fue protagonista.

“Llegué, vi lo que había y de alguna manera me di cuenta de que disfruto más en Europa”.

El propio jugador lo veía con nitidez. Su lugar era otro. Finalmente, tras su completa ausencia en la distribución de minutos, los Clippers cortaron a Teodosic, el 7 de febrero de 2019. Adiós a un sueño de lo más efímero.

LOS ANGELES, CA – OCTOBER 09: Los Angeles Clippers Guard Milos Teodosic (4) looks on during an NBA preseason game between the Denver Nuggets and the Los Angeles Clippers on October 9, 2018 at STAPLES Center in Los Angeles, CA.

Cuando la prensa apuntaba a un inminente retorno a Europa de la mano de un aspirante, el de Valjevo sorprendió a propios y extraños diciendo que no jugaría en ningún club en lo que resta de calendario. Lo hará, en cambio, con su selección en el Mundial de China. Una Serbia capaz de todo: platas en el EuroBasket 2009, Mundial 2014 y Juegos Olímpicos 2016. Solo España y Estados Unidos han evitado que esta generación se cuelgue una medalla de oro. Mientras tanto, Teodosic se dedicará a entrenar por su cuenta, meditando sobre qué hacer la siguiente campaña. Le lloverán las ofertas, pero tiene claro que quiere un compromiso competitivo y a medio plazo.

Después de sacarse la espina de la Euroliga, Milos ya no volverá a jugar con aquella losa que recayó sobre sus hombros durante tanto tiempo. Había cumplido su tarea. Tras aquello, la opinión pública era clara: un jugador de su talento no podía quedarse sin probar suerte en la NBA. Al igual que continúa sucediendo con Sergio Llull, expertos y aficionados querían ver qué tal se desenvolvía en la liga norteamericana. Sin embargo, la realidad ha vuelto a dejar claro que hay tipos hechos para el baloncesto FIBA, como Nando De Colo, Aleksandar Djordjevic, Sarunas Jasikevicius, Sergio Rodríguez o el propio Vassilis Spanoulis. Auténticas estrellas que no brillaron al otro lado del Atlántico.

Lo decían los scouts cuando apenas era mayor de edad. Se trataba de un jugador que podía sufrir mucho contra los exuberantes físicos de la NBA, más de lo proyectado incluso en la actualidad. El caso es que Milos Teodosic ya jugaba por aquel entonces como un auténtico veterano. Pausado, leyendo el juego, amasando balón y sin correr más de lo debido. Su sitio era Europa. Un genio con un don especial para leer el juego, para ver huecos que nadie más percibe. Siguen apareciendo críticos con su estilo de juego. Es cierto, puede pecar de frialdad en ocasiones. Cuando salta al parquet parece recién levantado de la siesta. Pero es lo que tienen los genios, a veces sus mentes son inescrutables.

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Objetivo Europa

Un ogro viene a verme

Un talento capaz de romper una barrera infranqueable hasta entonces: el de la NBA.

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18 de enero de 1950. El frío invierno azota con fuerza al pequeño pueblo de Alano di Piave, situado en un valle en los aledaños de las Dolomitas.

Mientras los acerca de 3.000 habitantes del recóndito lugar luchan contra la resaca propia de las fiestas mayores –celebradas en torno a mediados de mes- y las bajas temperaturas, una humilde familia celebra con júbilo y regocijo el nacimiento de un nuevo miembro. Lo que nadie sabía –y ni siquiera, remotamente, imaginaban- es que aquella diminuta criatura se encargaría de poner aquella pequeña localidad de la provincia de Belluno en el mapa y de conectar, de manera inquebrantable y para siempre, el apellido ‘Meneghin’ con el mundo del baloncesto.

Una unión completamente inexistente hasta la irrupción de Dino en la legendaria Varese de la década de los 70. Tan solo la altura de sus dos ascendientes masculinos más próximos -190 centímetros de su padre que quedan difuminados por los 206 que alcanzó su bisabuelo- puede ser considerada una herencia generacional real aprovechada en el mundo de la canasta.

Tal era el nivel de desconocimiento en el seno familiar, que su madre le preguntó a un bisoño Dino “¿qué es eso del baloncesto?” cuando regresó a casa tras su primer entrenamiento con el Varese, ciudad en la que recaló con apenas ocho años por motivos laborales de su padre.

Así, el pequeño Dino completó un meteórico ascenso por las categorías inferiores del club italiano hasta que Vittorio Tracuzzi sorprendía a todos haciéndolo debutar en primera división con apenas 16 años de edad. Previamente, había sido Nico Messina el encargado de ‘rescatarlo’ de las garras de la natación y el atletismo, disciplinas en las que su profesor de educación física se empeñó en introducirlo obviando su destacada altura.

Pese a estar catalogado como un diamante en bruto y una de las mayores promesas del continente, lo que no esperaba el técnico era el gran impacto que tendría aquel imberbe chaval en el baloncesto europeo, en el que el Varese comenzaba a despuntar con dos títulos de liga y una Recopa de Europa, en una antesala del insultante dominio que implantarían en la siguiente década.

Dino Meneghin

Los irrepetibles años setenta

Después de varios años de adaptación en los que fue ganando peso en la plantilla de forma paulatina, los años 70 dieron comienzo con Dino Meneghin completamente asentado en el quinteto inicial con apenas 20 años de edad y un triplete histórico adornado con la primera Copa de Europa.

Un pívot muy físico, duro y belicoso, pero con un talento tan desorbitado que fue capaz de romper una barrera infranqueable hasta entonces: el de la NBA. Aunque nunca llegó a jugar en la mejor liga de baloncesto del mundo, Meneghin se convirtió en el segundo jugador procedente de una liga europea cuyo nombre aparecía en una ceremonia del Draft (1970) después de ser escogido en la undécima ronda por Atlanta Hawks. Curiosamente, Manuel Raga, jugador mexicano y compañero de Meneghin en el Varese, sería elegido una ronda antes por la propia franquicia de Georgia.

Sin embargo, nunca recibiría la llamada del General Manager de los Hawks –Dino se enteraría de su selección en el Draft por los periódicos- y enterró la posibilidad de una NBA que, por aquel entonces, era “otro mundo”, inaccesible para el jugador europeo.

Un callejón sin salida que llevó a Meneghin a continuar en el Viejo Continente y cruzar una puerta que lo convertiría en uno de los mejores jugadores de Europa de todos los tiempos. La final ganada de 1970 dio paso a una década gloriosa en la que el Ignis Varese de Ossola, Zanatta, Raga, Rusconi, Meneghin y compañía alcanzó la gran final de la Copa Europa en todas y cada una de sus ediciones. Un total de cinco campeonatos en diez finales, con duelos legendarios ante el Real Madrid de Corbalán, Brabender y Lluyk y el CSKA de Gomelsky.

El dominio continental también tenía su equivalente en la Lega A, competición que conquistó en seis ocasiones a lo largo de la década, amén de tres copas de Italia de manera casi consecutiva.

Nueva década, nueva vida en Milán

Pero como todo en esta vida, aquel glorioso matrimonio entre Varese y Meneghin llegó a su fin en 1980, cuando el astro italiano se mudó a la ciudad transalpina para fichar por el Olimpia Milano, después de tres finales consecutivas de Copa de Europa perdidas ante Maccabi, Real Madrid y K.K.Bosna, respectivamente.

El Varese se despedía de su hegemonía europea, mientras que Dino aterrizaba en Milán en uno de los mejores momentos de su carrera tras ser elegir Mejor Jugador Europeo del Año y liderar a la selección de Italia a una histórica medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Moscú, en una final en la que serían derrotados por la potente Yugoslavia de Cosic, Slavnic, Dalipagic, Delibasic y Kikanovic, un combinado que acabaría la competición con un inmaculado 8-0 en su haber.

En la urbe italiana, Meneghin prolongaría su leyenda y su consecución masiva de títulos y galardones. Junto a Mike D’Antoni, actual entrenador de Houston Rockets, ‘el ogro’ conquistaría cinco títulos ligueros más, amén de dos copas de Italia, una Copa Korac y, principalmente, dos Copas de Europa de forma consecutiva (1987 y 1988) ante idéntico rival, el Maccabi, para terminar de poner el broche de oro a un palmarés de ensueño. De hecho, los siete entorchados europeos de Dino suponen el tope histórico para un jugador, como lo son los doce títulos de Bill Russell con los Celtics. Tan solo Zeljko Obradovic posee más títulos que el italiano.

El campeonato liguero de 1989 supuso el último título de Meneghin, aunque no sería hasta 1994, con 44 años y después de haber compartido cancha con su propio hijo, Andrea, cuando el astro colgó sus botas tras más de 1.000 partidos a sus espaldas entre clubes y selección y más de 30 títulos en su haber.

Dino Meneghin. Una leyenda irrepetible. Magia, calidad, fortaleza, ímpetu y espíritu ganador. Querido por sus compañeros de equipo y temido por sus rivales. Un jugador que elevó el baloncesto europeo a un nivel superior.

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