3 de marzo de 2016. El día que los aficionados al baloncesto nacidos a finales de los años 80 y principios de los 90 empezaron a sentirse un poco menos jóvenes. El día que esa generación de españoles en constante lucha contra el ninismo hizo un ejercicio de introspección y pensó que lo mismo habría que aprender a cocinar algo que no fuese pasta, lo mismo habría que moverse un poco porque la tripa ni salió por arte de magia ni así va a desaparecer, lo mismo hay palabras que los jóvenes de verdad ya no usan o lo mismo está empezando a ser ese viejo del bar al que hace años miraba extrañado preguntándose qué hacía ahí.

El día que Raül López anunció su retirada al final de la presente temporada. Te odio, 3 de marzo de 2016.

Raül es el primero de esa maravillosa generación de jugadores de baloncesto españoles nacidos en 1980 que dice adiós. El más lastrado físicamente a lo largo de su carrera, también. Aunque a él no le guste, siempre se le recordará con aquel “¿y si…?”. ¿Y si no se hubiese roto el ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha cuando con 21 años era el líder de un Real Madrid que rápido le había reclutado de la fábrica de churros de la Penya? ¿Y si meses más tarde de recuperarse no hubiese vuelto a destrozarse la misma rodilla poco antes de volar a Estados Unidos para disputar el Mundial de Indianápolis 2002? El propio Charly Sainz de Aja, entrenador de aquellos Juniors de Oro que ganaron el mundial de su categoría en 1999, reconoce a Gigantes que “sin lesiones y sin Pau hubiera sido el mejor jugador de la historia de España”. Su primer año en la NBA lo pasó entero en blanco, recuperándose otra vez de aquel palo tan gordo, esta vez tomando apuntes en la temporada de despedida de John Stockton, a quien pretendían en Salt Lake City que diese relevo, y ya eran casi dos años sin jugar.

Pero se recuperó. Y en su primer año como jugador NBA fue el único Jazz en participar en los 82 partidos de temporada regular. Sin embargo, en su segunda temporada, y cuando parecía remontar el vuelo… lesión de rodilla en el Staples Center de Los Ángeles, cuando venía haciendo un gran partido contra los Lakers. Fin a la temporada y a su carrera NBA. Era el momento de volver a Europa, donde se labraría su sólida carrera, mucho más duradera de lo que cabría esperar tras aquella infausta racha de lesiones en las rodillas. Formaría parte del proyecto Akasvayu que más tarde haría desaparecer el baloncesto de élite en Girona, retornaría al Real Madrid que volvía a ganar títulos y a hacerse respetar en Europa, viviría dos años la experiencia rusa con el incipiente Khimki de Moscú y más tarde haría grande a un Bilbao Basket en el que ya lleva cinco temporadas y donde no ha querido dar la espantada pese a los problemas económicos. Un jugador comprometido, un jugador diferente.

Y es que siempre fue distinto a los demás. Como jugador de baloncesto y seguramente como persona fuera de la pista también. Nunca le preocupó perderse en la impopularidad si sentía que debía decir o hacer algo que no fuese del agrado general o le fuese a cerrar alguna puerta.

Raül siempre fue (y es) uno de mis grandes ídolos. Pero como mío, de muchos jugadores amateurs y aficionados al baloncesto de mi generación. Uno de esos jugadores que transmiten algo especial, diferente. Ese algo inexplicable inherente al sentimiento de admiración. Uno puede conocer a muchas chicas que le resulten guapas, inteligentes o interesantes. Pero cuando hay una que te gusta por encima del resto es por ese algo inexplicable. Supongo que algo así pasa con ciertos ídolos del deporte. Podemos ver sobre la cancha a diez jugadores de baloncesto, pero a veces surge uno que nos transmite ese algo inexplicable que no vemos en los demás. Y eso fue siempre lo mejor que tuvo Raül.

El baloncesto español presume ahora de haberle visto jugar o, quienes tuvieron la suerte de compartir vestuario con él, de haber sido su compañero. Y le da gracias. ¿Gracias? Siempre me resultó llamativo cuando algún destacado deportista se retira y aficionados, compañeros y rivales le dan las gracias por tanto. No es por ser desagradecido, pero nunca he dejado de preguntarme “¿por qué gracias?”. Ese jugador que hoy se retira se labró una carrera plagada de éxitos y reconocimientos, pero por sí mismo, fundamentalmente. Cuando de niño empezó a jugar a esto, lo hizo porque le gustaba. Siguió porque amaba el deporte y se le daba más que bien. Firmó grandes contratos porque tuvo la oportunidad de ganar mucho dinero haciendo lo más que le gustaba. Para vivir su vida. Sin que se quiera interpretar mal, creo que es legítimo concluir que ese deportista al que tanto agradecemos hizo todo aquello por él mismo. Por quien lo debía hacer.

Foto: ACB Photo

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Sin embargo, ante el anuncio de retirada de Raül López, uno mira dentro de sí mismo y no puede evitar sentirse agradecido y afortunado. Yo siempre daré las gracias al mago de Vic por dar un soplo de aire fresco con su desenfadado estilo de juego a un baloncesto que, para cuando él empezaba su carrera, miraba con recelo a aquellos que querían tirar sin esperar a que pasaran veinte segundos de posesión o pasaba el balón mirando al tendido en una arriesgada transición. Que preferían botar a la altura del hombro para correr más rápido o que se pasaban el balón entre las piernas para hipnotismo del defensor. Y me sentiré afortunado por haber sido contemporáneo de su juego, por tener la edad en la que debía engancharme o renunciar al baloncesto cuando surgió su estrella o por haber visto a uno de mis grandes ídolos ganar títulos y medallas cuando poco antes muchos pensaron que era un juguete roto para siempre.

Resulta difícil pararse a escribir sobre Raül López. Es tanto lo que puede significar, lo que puede representar, que temes no ser fiel a su grandeza o dejarte algo en el tintero. Pero vamos a intentarlo. ¿Qué es Raül López? Raül es…

 

… Talento puro

Seguramente sea lo primero que viene a la cabeza de la mayoría cuando se habla de Raül López. Puede que, junto a Juan Carlos Navarro, sea el jugador de baloncesto español que más veces ha sido asociado a un reconocimiento tan especial, lejos de las cualidades físicas con las que haya podido nacer uno y sí con lo que es capaz de hacer. La magia transmitida de Raül con un balón en las manos es algo al alcance de muy pocos. Prodigio de la técnica individual, su manejo de balón, su bella mecánica de lanzamiento, esas asistencias que sólo él ve… todo en él es talento.

… Fuerza de voluntad

Algunos jugadores son capaces de recuperarse de una rotura de ligamento cruzado anterior en la rodilla y labrarse una digna carrera deportiva. Muy pocos serían capaces de sufrir esa misma lesión pocos meses después de volver y, además del físico, superar el componente mental de un revés así. Pero de hacerlo tres veces, la historia es escéptica de dar con más nombres aparte del de Raül López. Un jugador que, después de todo eso, ha sido campeón de Copa ULEB y liga ACB con el Real Madrid, subcampeón olímpico y campeón de Europa con la selección española, campeón de la VTB League y Superliga rusas con el Khimki de Moscú y ha llevado al hasta entonces modesto Bilbao Basket al subcampeonato ACB y cuartos de final de la Euroliga.

… Constancia

Un elemento indispensable para sobreponerse a tanto. La fuerza de voluntad viene de la unión entre la fortaleza mental y la capacidad de trabajo cuando el cuerpo más te lo impide. Cuando sufrió su primera rotura, Raül se pasó seis meses casi sin salir del antiguo Raimundo Saporta: practicaba el tiro sentado en una silla, tiros libres sin flexionar las piernas, a una mano, duras sesiones de musculación (¿preparándose para la NBA?), largos y más largos en la piscina… ah, y clases de inglés. La NBA estaba cerca, había sido elegido en el Draft antes que Tony Parker y el francés ya estaba destacando en unos Spurs que trabajaban por su dinastía.

* Extraído del número 852 de Gigantes del Basket (26 de febrero al 4 de marzo de 2002), en una entrevista del hoy director deportivo de Río Natura Monbus Obradoiro, José Luis Mateo.

… Salvación

Como se ha mencionado anteriormente, Raül López llegó cuando más le necesitaba España. El baloncesto de este país pasaba por una crisis importante, carente de una generación de garantías que mantuviese vivo el interés por este deporte después de que los Romay, Corbalán, Epi, Iturriaga y compañía ganasen la mítica plata olímpica de Los Ángeles ’84. A partir de entonces, las decepciones no fueron pocas hasta 1999, año en que la “generación maldita” ganó la última medalla pre Juniors de Oro (plata en el Eurobasket de Francia) y, sobre todo, apareció aquella prole de baloncestistas españoles nacidos en 1980, liderada por unos fantasiosos Juan Carlos Navarro, Germán Gabriel o Raül López, con un estilo de juego como aquí no se conocía, más propio de aquellos americanos que tan inalcanzables parecían. Hasta entonces.

… Fantasía

Raül López y sus coetáneos surgieron como una salvación para el baloncesto español, pero en el caso del mago de Vic esa acepción contendría matices fantasiosos por su estilo de juego. En el baloncesto patrio, y como reconocería Iván Corrales, uno de aquellos grandes jugadores españoles que tuvieron la “desgracia” de nacer antes de 1980, se vivían unos momentos de crisis mediática que bien tenían que ver con los estilos que se venían adaptando y que, ante la falta de talento ofensivo (tanto de jugadores como de entrenadores), provocó que la famosa máxima de que los campeonatos se ganan en defensa “hizo que mucha gente se volviera loca, a veces no se podía ni jugar”. Entiéndase por el lado en que se menosprecia el ataque. Y es que ante la poca capacidad de construcción, se optaba por la destrucción: defensas al límite de la violencia, marcadores que rara vez alcanzaban los 80 puntos, posesiones interminables, bote bajo y protector a diez metros del aro, etc. Crisis de resultados y atención. Fue entonces cuando Raül se mostraría pionero en el arte de jugar corriendo, desafiar a la lógica imperante del momento con la intención de aunar diversión y resultados, show y efectividad, talento y rendimiento. Un pase por la espalda por aquí. Otro mirando al lado contrario por allá. Traspiés, finta de pase y bandeja cambiando el balón de mano. Me la paso un par de veces entre las piernas, otra por la espalda y rompo al defensor.

… Una persona normal

El gran dominador actual del baloncesto mundial parece claro que es, y lo seguirá siendo unos cuantos años más, Stephen Curry. Parte de la buena prensa y popularidad del reinante MVP de la NBA reside en su apariencia de persona normal. Alto, pero no tanto como para que la gente le señale por la calle como a los gigantes a los que se enfrenta noche tras noche, no demasiado fuerte, poco explosivo y ningún prodigio atlético más allá de lo necesario para jugar en la mejor liga del mundo. Supongo que Raül López siempre ha transmitido algo similar entre nosotros, sus seguidores. Apenas pasa los 180 centímetros, su torso no es para nada intimidante, es rápido pero no el que más y de no haber sido jugador de baloncesto tampoco se habría ganado la vida como saltador de altura. Es uno de los nuestros. Un tío normal. Pero capaz de hacer maravillas con un balón que sólo su trabajado talento le permite.

ACB Photo

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… Inteligencia

Raül siempre fue un base de lo más vistoso, con un sentido del espectáculo que jamás perdió en su carrera. Pero supo evolucionar, transformarse en un base más cerebral con el paso de los años (tal vez también algo que exigía su condición física después de tantas lesiones). Un gran lector del juego estático que también obsequiaba con mágicos destellos ocasionales. Responsabilidad y diversión en la extensión del entrenador en la cancha, con el don de la anticipación a lo que va a pasar en la jugada y líder para sus compañeros, que siempre destacaron de él un cerebro con un procesamiento más veloz que el de la media. Un base puro, oficio en peligro de extinción en el baloncesto, más amenazado si cabe a partir de la temporada 2016/17.

… Clutch

Son varias las ocasiones en que Raül López ha sobresalido por una actuación destacada en los últimos y apretados momentos de un partido. Jugador de carácter, es de los que se crecen cuando más quema el balón. La canasta de la semifinal ante Grecia del Europeo junior de Varna que terminarían ganando, un triple con 19 años sobre la bocina para derrotar al F.C. Barcelona en la Liga Catalana de 1999 cuando aún jugaba para el Joventut, alguna que otra jugando para los Jazz con que matar un partido, chicharrazos con el Real Madrid, el triple desde su propio campo en 2013 en Eurocup contra el Dinamo Sassari para forzar la prórroga, jugando ya para Bilbao… Aunque, seguramente, la más mítica por su significado fuese la que anotó bajo la bocina en febrero de 2012, en Euroliga, para clasificar a Bilbao Basket a unos históricos cuartos de final, eliminando al Montepaschi de Siena.

… Respeto

Raül López siempre se ha considerado a sí mismo una persona que no se sabe vender. Sin embargo, el enorme respeto que se ha granjeado en el baloncesto mundial habla por sí solo. Cómo se ha levantado de tan duras caídas en su carrera, la cátedra que sienta cada vez que salta a la cancha de baloncesto, ese talento tan natural y a la vez tan inalcanzable para el resto de mortales… Su honestidad y humildad siempre se ganaron ese respeto de compañeros, rivales y árbitros, por poco que él se preocupase de poner la otra mejilla ante la prensa para ganar popularidad. Es lo que tienen personajes de esta talla, que no necesitan más que ser ellos mismos. Ahí habita su grandeza.

… Personalidad

En una entrevista con Quique Peinado, en el número 1.093 de Gigantes del Basket (10 al 16 de octubre de 2006), Raül sorprendía con una increíble muestra de cruda honestidad. Bien sabido ha sido siempre su poca afición a la parafernalia, y admitía darle igual decir algo que sabía que le podía perjudicar si era lo que pensaba, o considerar que no caía en gracia a los demás. Era 2006, pocos meses después de coronarse España campeona mundial en Japón con una selección de la que él no formó parte. También era su vuelta al Real Madrid y por entonces, con 26 años, aún serían hasta diez más los años que tendría por delante en su carrera. Está claro que había que darle la razón en que decía lo que pensaba, en un momento en el que además estaba de moda la famosa serie de televisión House, la del “brutalmente honesto” doctor interpretado por Hugh Laurie. Estaba harto de que, hiciese lo que hiciese, sus méritos siempre viniesen acompañados del ‘antes’.

“Muchas veces pienso: ‘¡Hostia! Por mucho que haga siempre va a ser poco. La gente va a decir que era mejor antes’. Siempre es ‘antes, antes, antes’… Hay jugadores que regresan de lesiones graves y están al mismo nivel, pero de otra manera. Antes intentaba hacer las mismas cosas que hago ahora. Le pongo la misma mentalidad y ganas que cuando tenía 20 años. Unas veces me sale bien y otras no. Mira, si después de cuatro lesiones me tuviera que preocupar por lo que dice la gente, habría acabado deprimido”.

Lucio Angulo, amigo y compañero suyo en su etapa pre NBA en el Real Madrid, destacaba de él su honestidad con todo el mundo pero sobre todo consigo mismo. Es fácil ver al Raül de la cancha, con un estilo de juego alegre y desenfadado, pero la capacidad de sacrificio que venía detrás, cuando las cámaras no graban, es digna de reconocimiento. Sesiones de cinco horas de trabajo estando lesionado, para él y no para que nadie lo viera. Una persona que no hace nada de cara a la galería en un mundo donde parece que siempre haya una cámara apuntando. Supo despreocuparse de las críticas y los escepticismos, como después relativizar los elogios.

… Sentido del humor

Dicen que las personas introvertidas son quienes tienen un más agudo sentido del humor. Eso queremos pensar cuando le preguntaron por su película favorita y respondió “Fue a por trabajo y le comieron lo de abajo”, destacando a Rocco Siffredi como su intérprete favorito.

#YovijugaraRaülLópez. Y este ha sido mi pequeño homenaje.