En 1995, Vancouver se colocó en el mapa del baloncesto mundial. La ciudad canadiense se convirtió por primera vez en su historia en la sede de una franquicia de la NBA, acompañando a Toronto como representantes de Canadá en la mejor liga de baloncesto del mundo. Sin embargo, esta ciudad costera situada en el suroeste del país norteamericano aumentó su popularidad y el cariño de la gente del baloncesto por ella gracias a un jugador que apuntaba a uno de los grandes dominadores de la competición y que acabó pagando caro sus descuidos en el aspecto físico. Bryant Reeves se convirtió en uno de los jugadores más famosos de los últimos años del siglo XX en el baloncesto norteamericano y mundial, pues su carisma y sus cualidades baloncestísticas despertaron la atención de los aficionados desde el primer momento.

En el draft de 1995, Bryant Reeves se convirtió en la primera elección de Vancouver Grizzlies en su historia. Elegido en la sexta posición, el jugador nacido en Arkansas llegó a la NBA tras asombrar en su etapa universitaria. Su combinación de tamaño y habilidad atrajo a grandes entrenadores de las universidades, decantándose finalmente por la opción de Oklahoma State para ponerse en manos de Eddie Sutton. Bajo la tutela de su entrenador, Reeves fue mejorando sus habilidades a una gran velocidad y, tras un primer año más tranquilo, fue en su segundo curso cuando comenzó a demostrar su potencial, firmando 19.5 puntos y 10 rebotes por partido con un 62.1% en tiros de campo.

Además, Bryant Reeves había recibido de su compañero de universidad Byron Houston el apodo de “Big Country”, pues el pívot había quedado impresionado en su primer vuelo en avión. Reeves continuó mejorando su rendimiento sobre la cancha y llevó a Oklahoma State a la Final Four de la NCAA de 1995 como cuarta cabeza de serie. Pese a perder ante la gran favorita (UCLA), el jugador estadounidense siguió asombrando al mundo del baloncesto no sólo por sus luchas en la pintura con futuras estrellas de la NBA, sino también por realizar un mate que dejó el tablero hecho mil pedazos.

Con una plantilla formada a partir de jugadores procedentes del draft de expansión, Bryant Reeves se convirtió rápidamente en el jugador más popular de la franquicia y más querido por los aficionados de los Grizzlies. Además de por su carisma, “Big Country” también se ganó el cariño de los seguidores canadienses por su trabajo en la pintura. En una NBA dominada por grandes jugadores, con permiso de Michael Jordan (Shaquille O’Neal, Alonzo Mourning, Patrick Ewing, Hakeem Olajuwon, David Robinson y Dikembe Mutombo), Reeves promedió 13.3 puntos y 7.4 rebotes en 31.9 minutos por partido, siendo el gran referente de un equipo que en su primera temporada sólo sumó 15 victorias.

Vancouver Grizzlies

Foto: NBA

Mientras el equipo se esforzaba por hacerse con jugadores experimentados y con talento para lograr un mayor número de triunfos, Bryant Reeves crecía a pasos agigantados. El pívot formado en Oklahoma State atravesaba una trayectoria diametralmente opuesta a la de la franquicia canadiense. Pese a tener unas condiciones aparentemente complicadas para hacerse un sitio en la NBA, pues su falta de explosividad contrastaba con la mayoría de jugadores de su posición, que se caracterizaban por ser atléticos, Reeves tuvo la capacidad de destacar y consiguió un promedio de 16,2 puntos, 8,1 rebotes y 2,1 asistencias en su segundo año, lo que le sirvió para que la franquicia de Vancouver le ofreció una extensión de contrato para las siguientes siete temporadas por un total de  61,8 millones de dólares.

Tras esta firma, Bryant Reeves continuó progresando estadísticamente, firmando en su tercera temporada 16.3 puntos (52.3% en tiros de campo), 7.9 rebotes, 2.1 asistencias y 1.1 tapones el próximo año, logrando además unas cifras de 20 puntos y 10 rebotes en 25 partidos. Sin embargo, el ‘lockout’ de la temporada 1998/1999 supuso un punto de inflexión en la carrera deportiva de “Big Country”. Y es que cuando se reanudó la competición, Reeves estaba 18 kilos por encima de su peso normal, lo que también le acarreó problemas crónicos de espalda. Ante esta situación, el pívot nacido en Arkansas sólo pudo disputar 25 partidos, disminuyendo notablemente su porcentaje en lanzamientos de campo (40,6%). En las dos últimas temporadas, debido a su exceso de peso y, sobre todo, a sus problemas en la espalda y en las rodillas, sus números se redujeron a 8,6 puntos y 5,8 rebotes hasta que sucumbió a los dolores de espalda y terminó retirándose en 2002.

Un jugador con unos fundamentos espectaculares en el poste bajo y un talento innegociable vio truncada una carrera directa al estrellato por sus problemas físicos. Quizá la historia hubiera sido diferente si Bryant Reeves no hubiera sido una elección tan alta en el draft, o si no hubiera abandonado su ciudad para cambiar de país. Incluso la realidad podría haber sido diferente si los Grizzlies hubieran contado con jugadores más veteranos y con mucha experiencia para facilitar la adaptación de los jugadores novatos. La presión de ser el líder tanto en status como en salario de una plantilla tan inexperta como la de Vancouver Grizzlies acabó pasándole factura a un jugador que siempre añoró su lugar de origen, un pequeño pueblo situado en el centro de Arkansas, y que tras retirarse del baloncesto profesional se trasladó muy cerca de su lugar de origen para vivir en un rancho y llevar la vida que siempre había soñado.

bryant reeves

Foto: Rocky Widner