Foto: thesportsfanjournal.com

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Viene de la primera parte

Después del tremendo varapalo que supuso para Rodman haber perdido el título por un fallo suyo, comenzaba el año siguiente con una mentalización defensiva casi fanática. Pronto comenzó a aportar más rebotes que puntos (9 puntos y 9.4 rebotes por partido) en una clara declaración de intenciones. Sólo iba a hacer lo que mejor se le daba, mientras que el resto deberían hacer lo propio.

Los Pistons continuaron por sus derroteros de juego contundente y los resultados hablaban por sí mismos ya que con 63 victorias y 19 derrotas, firmaban la mejor temporada regular de su historia. Rodman jugó los 82 partidos y fue el mejor del equipo y de toda la liga en porcentaje de tiros de campo (60.1%) quedando segundo en rebotes, casi empatado con Billy Laimbeer. Pese a no tener unos promedios estratosféricos (numéricamente hablando) en robos (0.7) ni tapones (0.9), el impacto que generaba en sus defensores “el gusano” no pasó desapercibido defensivamente en la liga, y sus “intangibles” eran temidos por jugadores y entrenadores. La capacidad del gusano de desestabilizar rivales, tanto física como mentalmente, estaba creciendo a pasos agigantados, y se convertía en el arma secreta de los de Detroit.

Con la confianza por las nubes después de haber completado una temporada regular asombrosa, los Pistons con Rodman a la cabeza, llegan a las finales, pasando por los playoffs como una auténtica apisonadora. Como si de una película del Oeste se tratase, los “Bad Boys” vengaron sus eliminaciones de pasados años, ejecutando a sus rivales sin piedad. Ni Larry Bird en primera ronda (3-0), ni los Bucks en segunda (4-0) fueron rivales dignos para ellos, y solamente los Bulls de Michael Jordan fueron capaces a oponer algo de resistencia (4-2). Si lo del año pasado había sido cerco y batida a Jordan, lo de éste año podía haber sido perfectamente motivo de detención. Rodman no estaba dispuesto a volver a fracasar y se empleó a fondo contra Jordan. Aunque la primera opción para defender al 23 de los Bulls era JoeDumars, al más mínimo indicio de que se podía liberar de su marca, Rodmanaparecía como un rayo para hacer la ayuda e intentar maniatar al astro de los Bulls con la contundencia ya habitual.Los partidos entre estos dos equipos quedaron marcados en historia por la extrema dureza de sus acciones. Los Bulls cayeron por 4 a 2.

En la final, esperaban los Lakers, a los que Rodman no había sido capaz de rematar el año pasado. El guion de la película tuvo su esperado final y los Lakers cayeron por 4 a 0 para finalizar la venganza perfecta del gusano y su pandilla. Rodman defendió a Magic  Johnson y a James Worthy (entre otros) como si le fuese la vida en ello. La NBA se rendía a la dureza y al juego incómodo de los Pistons. Rodman era el máximo exponente de aquel ideal y estaba encantado, su constante necesidad de captar atención y cariño, parecía momentáneamente saciada por aquel grupo que ya era como su familia, y su entrenador Chuck Daly al que pronto comenzó a ver como al padre que nunca tuvo.

Foto: NBA

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Al año siguiente, el draft de expansión alejó del equipo a Ricky Mahorn camino de los Philadelphia 76ers. Mahorn era conocido por el “speaker”de los Pistons  como “el chico más malo de todos ellos”, así que con su marcha, podía peligrar el carácter de los Pistons. No era especialmente bueno en nada, pero era el matón por excelencia. Duro, molesto y pendenciero, había sido el referente en la dura hoja de ruta de conducta seguida por los de Detroit. Cuando una figura así abandona un grupo tan definido, debe ser sustituida por otra de iguales o superiores características o el grupo puede desaparecer. Rodman estaba más que preparado para ocupar el puesto de “matón de matones” dentro de aquel grupo, y ésta era su oportunidad perfecta.

Dadas las circunstancias, Rodman disfrutó al año siguiente de más minutos en pista, lo que le sirvió para seguir demostrando su valía y ganarse su primera elección para un All-Star Game. Sus promedios mejoraron y mientras que su aportación en el rebote seguía subiendo (9.7 por partido) su aportación ofensiva se mantenía en sus mínimos imprescindibles con buen acierto. 8.8 puntos por encuentro con casi un 59% de acierto, significaba que tiraba poco pero bien. Rodman tenía perfectamente asumido su rol y se redefinía partido tras partido. Los Pistons, después de otra “animada” final de conferencia contra Michael Jordan y sus Bulls, se hacían con su segundo anillo consecutivo, ganado a Portland en la final por 4 a 1. En 4 años, Rodman había conseguido dos títulos de la NBA, un título al mejor defensor y una selección para el All-Star Game. Su carrera se encontraba en lo más alto, pero caer de muy alto duele más, y Rodman estaba a punto de experimentar esa situación.

La era de los chicos malos tuvo que dar paso irremisiblemente a la era Jordan, con lo que la pandilla comenzó a desintegrarse a medida que el equipo obtenía malos resultados. Rodman ya era titular indiscutible e incluso obtuvo su segundo título de mejor defensor de la liga, pero poco pudo hacer contra unos Bulls, que hartos de perder y con Jordan en modo “dios” pasaban por encima de ellos en finales de conferencia como un auténtico bulldozer. Al año siguiente, con Rodman promediando 19 rebotes y 10 puntos por partido en un titánico esfuerzo por reflotar a los Pistons, el equipo fue a peor y no pasaron de 1ª ronda. La edad de algunos de los “chicos malos” (Laimbeer 34, Thomas 30, Henderson 36, Aguirre y Woolridge 32, etc) los condenaba a perder la condición de chicos y también la de malos. Para colmo, Chuck Daly, al que Rodman consideraba como un padre, dimite ante la frustrante situación del equipo, para poco después poner rumbo a los Nets de Nueva Jersey. Iba a comenzar uno de los años más oscuros en la vida de Rodman, que le supondría un punto de inflexión en su vida. Ese mismo año, Rodman asombraba al mundo, cuando en un partido contra los Pacers, capturó la espeluznante cifra de 34 rebotes, algo incomprensible para alguien de dos metros.

La marcha de Daly unido a los malos resultados del equipo, hacía caer a Rodman en una profunda depresión. Aquel grupo en el que tan bien había encajado, se desmoronaba por completo, e incluso el entrenador había huido. Para colmo, Annie, su primera esposa y madre de su hija con la que apenas llevaba 3 meses casado, le abandona llevándose su hija a Sacramento. En cuestión de meses había perdido todo lo que le importaba sin poder remediarlo. Nada bueno podía resultar de ésta situación. Un día, a la salida de un entrenamiento, sus compañeros lo encontraron en el parking del pabellón con una escopeta cargada en las manos diciendo: “He asesinado al antiguo Dennis y voy a dejar salir al auténtico” “Voy a vivir mi vida como quiera, para poder ser feliz”.

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Con un bestial cambio de look inspirado en uno de sus personajes favoritos (Wesley Snipes como “Simon Phoenix” en Demolition Man) y un continuo incremento de tatuajes, ponía rumbo a los Spurs de San Antonio en calidad de agente libre, en un intento de reinventar su malograda vida personal y profesional. Aunque la estrella local (David Robinson) era totalmente opuesto a la forma de ser de Rodman, la aportación sobre la cancha de “el gusano” consiguió convencer a Robinson, pues le descargó de trabajo defensivo, permitiéndole centrarse en el ataque casi totalmente. Rodman seguía haciendo lo que mejor sabía, y conseguía ser el mejor reboteador de la liga por tercer año consecutivo, promediando unos brutales 17.3 rebotes por encuentro. También fue incluido en el mejor quinteto defensivo, y su aportación en los Spurs fue de capital importancia para que David Robinson conquistara su primer título de máximo anotador de la liga. Pese al buen año (55 victorias y 27 derrotas) son eliminados en primera ronda por los Jazz de Stockton y Malone.

El nuevo y pintoresco personaje en el que se estaba convirtiendo Rodman iba cogiendo forma día tras día. A su estrafalaria presencia y pelo de colores pronto empezaron a añadirse extras como un breve pero intenso romance con la diva del pop, Madonna, la cual después de unas sórdidas declaraciones cruzadas, aclaró sobre Rodman que “es un amante decepcionante”. El por su parte, detalló paso por paso sus encuentros sexuales con la cantante en su biografía, a la presentación de la cual acudió vestido de novia. Pero toda esa atención mediática, lo único que conseguía era retroalimentar al “nuevo yo” de Rodman, que pronto comenzó a tener salidas de tono como faltar a entrenamientos, tener accidentes de moto, trifulcas con compañeros, descalzarse en protesta por ser sustituido, o incluso llegar a arrojarle una bolsa de hielo a Bob Hill por encima. Uno de sus nuevos hábitos fue deshacerse de todos sus relojes y medir el tiempo por las horas de sol sin importarle lo más mínimo la hora. Rodman era un personaje imposible de controlar, pero cuando salía a la cancha, nadie defendía como el, y sus 17 rebotes estaban asegurados, así que no quedaba más remedio que lidiar con él. Robinson decía de él que “Si has convivido con Dennis, poco más o menos ves venir el desastre, pero como jugador de baloncesto era único” “No es el mejor compañero que he tenido, pero si estás construyendo un equipo quieres tenerlo contigo por lo que aporta”.

Pero las payasadas de Rodman acabaron con la paciencia del comedido Robinson, que llegó a afirmar que “no quería punks en el equipo” y después de la eliminación de San Antonio en finales de conferencia a manos de los Rockets de Olajuwon, “el gusano” dejaba los Spurs. Al final, los temas extradeportivos inclinaron injustamente la balanza en contra de Rodman, pues había luchado como un poseso, primero contra Malone y luego contra Olajuwon, para conseguir llevar a los suyos a las finales. También sería justo no mencionar que la franquicia tejana obtuvo en liga regular 62 victorias y 20 derrotas, lo cual era récord histórico absoluto. Injusticia o no, el destino se volvía a cebar con Rodman en la que parecía su última oportunidad de hacer algo en la liga. 33 años y un pasado reciente de “sospechoso habitual” parecían ser lastres suficientes como para poner fin a su carrera.

Foto: rantsports.com

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Pero entonces sucedió lo inesperado. Michael Jordan había regresado a las canchas después de su efímera retirada y se apresuró a reclamar refuerzos. Al esbelto chaval croata que no lo había hecho mal ese año, y aprovechando la marcha de Horace Grant, se iba a sumar el indomable Dennis Rodman, el mismo que había luchado contra Jordan en la pista haciéndole sudar la gota gorda en años anteriores. Precisamente por eso, el 23 de los Bulls veía con buenos ojos la llegada del máximo reboteador de la liga de los últimos 4 años, aunque fuese conocedor de sus “andanzas”. El pequeño detalle de dominar la personalidad de Rodman era una tarea que recaía en “el maestro zen”. Phill Jackson, en su primera conversación con el jugador, comprendió que intentar dominar los impulsos del “gusano” era una tarea imposible, así que decidió simplemente utilizarlos en beneficio propio. Cuando Jackson le preguntó si quería formar parte de los Bulls y ser compañero de Jordan, Rodman contestó tajantemente: “Me la suda”.

Jackson debía establecer ciertas concesiones especiales, entre las que destacaba el prestarle una atención especial, como hizo en su día Chuck Daly, a efectos de poder ejercer una relativa autoridad sobre él. Más que como entrenador, tenía que ejercer como un padre. Jackson quería controlarle pero no aplacarle, los Bulls necesitaban la figura del jugador provocador y pendenciero al que todos temían en mayor o menor medida, y que ejercía una atracción mediática tremenda. En palabras del propio Rodman: “No tenían ningún problema conmigo por ser salvaje y loco cuando se trataba de llenar los pabellones”.

El equipo realizó algunos ajustes con la llegada del Jugador, básicamente la permisividad de Jackson sobre las acciones de Rodman no parecía tener límites. Podía llegar al partido casi cuando quería,se saltaba entrenamientos, no realizaba las ruedas de calentamiento, asistía a las charlas pre-partido totalmente desnudo con una toalla en la cabeza. Para poder permitirle toda la tensión previa al partido era terrible para el jugador, que no era capaz a estarse quieto, por lo que calentaba por su cuenta en un lugar apartado o iba al gimnasio o se duchaba varias veces. Jackson estableció un sistema de multas específico para Rodman que realmente lo que hacía era comprar el derecho a hacer lo que le diera la gana. El “maestro zen” se salía con la suya y dominaba a la bestia hasta la hora de salir a la pista, ahí la cosa cambiaba. En vez de tirar para calentar, Rodman observaba sentado los tiros de sus compañeros e intentaba predecir las trayectorias de los rebotes.

Todos estos esfuerzos por adaptar a Rodman al equipo, tuvieron sus frutos inmediatamente en el parqué. Con el gusano en la pista defendiendo como si estuviera poseído, cogiendo 15 rebotes por noche, e interpretando el triángulo ofensivo de Jackson con una facilidad inusitada, los Bulls establecieron el récord histórico de victorias en temporada regular con 72 partidos ganados y 10 perdidos. El “efecto gusano” unido a la inestimable aportación de Jordan, Pippen y Kukoc, hacía a los Bulls insultantemente superiores. Rodman era un atleta portentoso a sus 34 años, pero lo que le diferenciaba de los demás era su tenacidad para luchar cada balón como si fuera el último reto personal de su vida. Él mismo, afirmaba que estaba más hambriento que muchos y que lo único que le diferenciaba del resto, era que saltaba 4 o 5 veces a por el rebote. La inquebrantable voluntad de luchar de Rodman, le hacía ser un jugador al que pronto nadie quería enfrentarse, porque sabían que era una batalla que tenían perdida de antemano. Más que un jugador, era un guerrero.

El maestro Montes se refería a él como “adivina quién viene ésta noche”, en un perfecto ejemplo de cómo se sentían los rivales que tenían que medirse a él. Rodman desesperó por completo en los playoffs de ese año, a auténticas fuerzas de la naturaleza como Alonzo Mourning (2.08 m y 120 kg), Shaquille O´Neal (2.16 m 147 kg) o Shawn Kemp (2.07 m y 118 kg). El propio Jackson se asombraba de que pudiese soportar las embestidas de estos jugadores durante 48 minutos, pero según el propio Jackson, cuanto más avanzaba el partido, más se crecía. La pista era el terreno en el que Rodman se sentía cómodo y en lo que hacía, era el mejor sin duda alguna. Los Bulls ganaban sin problemas su 4º anillo y comenzaban una nueva época de dominio. La actuación defensiva de Rodman sobre HoraceGrant y ShaquilleO´Neal en playoffs, debería aparecer en los libros de baloncesto.

Aunque Phill Jackson pasaba por alto las excentricidades de Rodman, hubo varios episodios de violencia que le costaron sanciones importantes, como la pérdida del contrato con Nike (“está loco” – dijeron). Todo el mundo recuerda la patada al cámara de televisión en Minnesota, o el cabezazo al árbitro Ted Bernhardt, Pero los Bulls le necesitaban y todo valía. Manteniendo el bloque del primer año y con Rodman siendo máximo reboteador por 6º y 7º año consecutivos, Jackson y los Bulls conquistan otros dos anillos, en dos épicas finales contra los Jazz de Utah, pero los escándalos de Rodman aumentaron de manera exponencial el último año, debido a que fue relegado a un papel secundario en el equipo, circunstancia que provocó  que el eterno niño con necesidad de atención que habita en su interior volviera a hacer de las suyas. Varias demandas por acoso sexual y su aparición en un ring de lucha libre durante las finales del 98 para pelear con Karl Malone, iban a poner fin a su etapa como jugador de Chicago. Ese mismo año, Jordan se retira por 2ª vez y el equipo se desintegra como ya hubiese pasado con los Pistons. La historia se repetía otra vez y Dennis Rodman era apartado de la que había sido su nueva casa y de quien había sido como su nuevo padre.

Con 37 años y sin equipo, no fueron pocas las ofertas que recibió ese verano, que se alargó más de lo previsto por el tristemente famoso “lockout”. Finalmente, los Lakers consiguen hacerse con sus servicios. O´Neal, que había tenido desagradables declaraciones cruzadas con Rodman, declaró que “necesito un matón en mi vida” en claro gesto de aprobación por la llegada del jugador. Pero aunque los Lakers pusieron todo de su parte, llegando incluso a ponerle un vestuario independiente, Rodman cogió muchos rebotes (11.2 por partido) pero su cabeza estaba en Hollywood. Su Efímero matrimonio con Carmen Electra y posterior relación tormentosa plagada de denuncias por peleas conyugales, unido a sus primeras apariciones en películas, de la mano de Jean Claude Van-Damme, eclipsaron al jugador devaluando su juego casi por completo. Aquella personalidad exhibicionista y excéntrica que Chuck Daly fue capaz de dominar y Phill Jackson de encauzar, había aflorado del todo, convirtiéndole en un ser grotesco e incómodo. A la vez, la esencia del grandísimo jugador que había sido, iba desapareciendo poco a poco ante la atenta mirada de las cámaras de Hollywood.

Foto: NBA.COM

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Inexplicablemente, al año siguiente, fueron varios los equipos que quisieron hacerse con sus servicios, siendo el también excéntrico (por llamarle algo) Mark Cuban el que consiguiera llevárselo a los Dallas Mavericks. Cuban era el reciente nuevo propietario del equipo tejano y buscaba reclamos para avivar la llama de la afición de un equipo que había perdido gancho y Don Nelson necesitaba alguien que defendiera y cogiera rebotes. Aunque sólo jugó 12 partidos, Rodman tuvo tiempo a retar a David Stern a una pelea, acumular nuevas demandas por escándalos sexuales y conducción bajo los efectos del alcohol, sentarse en la pista a modo de protesta e incluso echarle en cara a Cuban que se entrometiera en todo. Esto último le costó el puesto y como su cese llegó sin avisar, no pudo cumplir su expreso deseo de desnudarse en la pista en el último partido de su carrera. Rodman se iba para siempre, pero en 12 partidos cogió 14.3 rebotes por partido, dando la última pincelada de la  tremenda calidad que atesoraba bajo aquella montaña de traumas y paranoias en la que se convirtió su vida.

Ahí acababa el periplo de éste incomprendido genio que tuvo una corta pero intensa carrera plagada de altibajos. Muchas y muy diversas han sido y son sus andanzas posteriores, las cuales hoy en día colean, pero no veo justo mencionarlas pues no trascienden en lo deportivo. Como todos los genios, Rodman tenía su particular locura, que con el paso del tiempo fue su peor enemiga y le consumió por dentro. Aun así, sus tremendos méritos deportivos fueron capaces de inclinar la balanza de su lado, y en el año 2010 fue elegido como miembro del “Hall Of Fame”. En un último halo de cordura, no acudió a la ceremonia como había prometido (desnudo) y acompañado por Phil Jackson, rompió a llorar al igual que lo hiciera cuando fue nombrado mejor defensor hacía dos décadas. Entre lágrimas y mostrando su lado más humano y sentimental,  pidió perdón a su madre por haber sido un mal hijo, agradeció a sus entrenadores haber sido como padres para él, y lamentó no haber sido mejor padre. Al año siguiente los Pistons retiraron su número 10.

Me gustaría dejarlo ahí y no añadir ningún dato más sobre la vida de Rodman, que no sea recordar tremendos sus logros deportivos, entre los que destacan 5 anillos, 2 veces mejor defensor y 7 veces consecutivas máximo reboteador, además de diversos records individuales. Poco importa lo sucedido después, pues mi principal intención era hacer justicia al gran jugador que fue Dennis Rodman y rendir el merecido tributo al defensor más duro que ha conocido ésta liga, cuya tenacidad y capacidad de luchar  contra quien fuese necesario, le convirtieron en el último gran guerrero de nuestra era y así le recordaré siempre.

Como dije anteriormente, intentar comprender a Rodman era inútil, lo único que podías hacer era disfrutarlo, y por suerte yo tuve ese placer.

 

“Siempre he luchado por no volverme blando. Ser blando es la peor cosa que pueden decir de un jugador de baloncesto” 

Dennis Rodman