LeBron-Cleveland-Cavaliers

Foto: NBA

Como si un gigantesco eclipse se hubiese instalado en el Medio Oeste de los Estados Unidos, la temporada de Cleveland Cavaliers ha transcurrido alejada de los grandes focos, o al menos todo lo apartada que puede estar la franquicia que alberga al que ha sido el mejor jugador de la NBA durante el último lustro.

A excepción del gigantesco terremoto que acabó con David Blatt allá por el mes de enero –pese a que los Cavs habían conquistado ya una cima del Este que nunca abandonaron- el equipo de LeBron James ha quedado ensombrecido durante el curso por el récord y el juego de los Warriors, los halagos eternos hacia los Spurs de Popovich, e incluso por una supuesta perdida de favoritismo en el Este hacia otras franquicias que se está revelando totalmente ficticia.

Esa perdida de atención fue tomada como un reto por una plantilla que creía injustos la mayor parte de los adjetivos que se vertieron sobre ella el pasado mes de junio, situándolos como meros comparsas en un favoritismo, que tanto por nombres en nómina y por nivel, les era legítimo.

Kevin Love quizá sea el jugador que mejor ejemplifique ese cambio de actitud con respecto a 2015 y la era Blatt. Excluido sin miramientos del All Star, convertido en una moneda de cambio para la mitad de la prensa especializada, y casi siendo objeto de mofa por una supuesta marginación de sus compañeros, ha conseguido elevar su nivel físico al mismo tiempo que afilaba su puntería en la larga distancia –estos playoff promedia un 44,5% desde el triple-, alcanzando probablemente su mejor nivel como profesional, y con mucho desde su aterrizaje en Cleveland.

Y no solo Love. Irving, objeto de debate perenne sobre su compatibilidad con LeBron, parece adaptado a ese rol de anotador con menor protagonismo, al menos como amasador de balón. JR Smith directamente ha mutado a otra persona; comprometido con la causa común y recuperando unos cabales que muchos dudaban que tuviese, ahora es un arma ofensiva de primer nivel. Dellavedova, Thompson, Jefferson… cada uno en su escalón están ofreciendo el máximo en el territorio definitivo de la temporada.

Pero el hombre que más ejemplifica el cambio de conducta y el nivel de confianza no viste de corto. Tyronn Lue fue presentado al mundo con el papel del guiñapo de James, una figura predestinada a exclusivamente a figurar, y como mucho, a mostrar autoridad ante los eslabones más débiles de la plantilla. Y pese a que se siga intentando vender esa imagen de títere, el peso de sus decisiones ha tenido una influencia capital en el rumbo inmaculado de los Cavs durante el tramo final de la temporada. Sentar a Timoféi Mozgov, un tipo con un rol importante durante las finales de 2015,  ha acabado por virar el estilo de juego hacia lo que demandaba el perfil del grupo, se convirtió en un movimiento clave en la brillante eliminatoria frente a los Hawks, mejor equipo de lo que deja intuir el sonrojante sweep encajado.

La integración en el hábitat de Cleveland de la última pieza del puzzle, un Channing Frye que parecía abocado a una cuesta abajo sin frenos, también debe apuntarse al haber de Lue, sin que duelan prendas reconocerlo. La apisonadora de la Conferencia Este en la que se han convertido lleva un porcentaje importante de  su firma.

Olvidar a LeBron James sigue saliendo muy caro

Su ya dilatada estancia en la NBA ha demostrado que LeBron quizá James no tenga el carácter competitivo de Michael Jordan o de Kobe Bryant, pero está claro que la unanimidad por el MVP alcanzada por Stephen Curry no le ha hecho ninguna gracia, algo que se puede adivinar no solo por declaraciones en las que acusa veladamente a la estrella de los Warriors de una sobre protección arbitral, sino también por su  forma de encarar los Playoffs, con una agresividad inaudita la temporada pasada y durante su estancia en South Beach.

Estamos asistiendo a la versión más desafiante de un Rey que desea más que nada recuperar a toda costa su corona, y que se ha propuesto aniquilar a todo rival que se ponga por delante. Por el momento ya ha empequeñecido a toda una Conferencia, dejando en amago el supuesto crecimiento de una clase media que ha sido incapaz de cambiar a una marcha más en el momento de la verdad, hecho que se asienta en un dato demoledor, la diferencia media de 13,4 puntos que han encajado los rivales de los Cavs en lo que llevamos de series por el título.

En el horizonte de los Cavs  se divisa la fecha que han estado esperando durante un año en la sombra, un año de rencor, el único motivo de ser de una plantilla casi menospreciada, y que ahora reclama su derecho a ser una alternativa real y tangible a los pluscuamperfectos chicos de Steve Kerr.