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Reflejos

Los diez mejores jugadores de la historia de los Seattle Supersonics

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Lenny Wilkens Sonics

Lenny Wilkens (28-10-1937)

Posición: Base | Estatura: 1,85 m

A pesar de llegar al equipo con 30 años, procedente de los Sant Louis Hawks, el base iba a imponer su ritmo y sus conocimientos a la franquicia. En su primera temporada en Seattle promedió 22,4 puntos, 6,2 rebotes y 8,2 asistencias en 42,2 minutos y para la siguiente era nombrado entrenador-jugador. Haciendo las veces de entrenador y jugador bajó cinco minutos su presencia en el juego pero le bastaron para liderar en asistencias la liga (9,1). La tercera y la cuarta temporada fueron estadísticamente por el estilo pero también en lo colectivo, sin clasificarse para playoffs en ninguna de las cuatro. En lo individual disputó tres All-Star representando al equipo.

Fue enviado a Cleveland junto a Barry Clemens por Butch Beard dejando a la franquicia sin base y sin entrenador; pero volvió a finales de 1977 para ocupar ya con 40 años solamente el puesto de entrenador; llegó con un balance de 5-17 en contra y el equipo logró acabar con 47 victorias y 35 derrotas, alcanzando incluso las finales, perdiendo en ellas 4-3 frente a los Bullets.

Wilkens siguió dirigiendo fantásticamente al equipo y lograron alzarse con el campeonato al año siguiente (1979), venciendo esta vez a los Bullets por 4-1. Estuvo de entrenador en Seattle hasta 1985.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Puntos
4 308 38.6 5.0 9.0 19.5

 

Spencer Haywood

Spencer Haywood (22-4-1949)

Posición: Ala-pívot | Estatura: 2,03 m

Tras arrasar con 20 años en su primer año en la liga ABA el 30 de de diciembre de 1970 firmaba como agente libre con los Seattle SuperSonics. La NBA demandó a Seattle porque Haywood violó las normas que disponían que un jugador no podía unirse a la liga hasta que no estuviera cuatro años fuera de la escuela secundaria; finalmente el Tribunal Supremo falló a favor de Seattle el 8 de marzo. En 33 partidos que pudo disputar demostró de lo que iba a ser capaz en las siguientes temporadas.

Su talento y sus movimientos para ser un jugador de más de dos metros eran poco defendibles y no bajó de los 20 puntos en las cinco temporadas que vistió la camiseta de los SuperSonics. En su primera emporada completa promedió 26,2 puntos y 12,7 rebotes en 43,4 minutos, siendo seleccionado para su primer All-Star de los cuatro que jugaría perteneciendo a la franquicia. La temporada siguiente (1972-1973) subió más sus números, anotando 29,2 puntos y cogiendo 12,9 rebotes, consiguiendo 51 puntos el 3 de enero 1973, la máxima anotación de la franquicia hasta esa fecha.  Formó parte de los mejore quinteto de la liga en esas dos temporadas.

Colectivamente hablando no fue hasta su quinta temporada en la que el equipo, liderado en puntos y rebotes por él, lograba clasificarse para sus primeros playoffs venciendo incluso en primera ronda a los Pistons.

Antes de comenzar la siguiente temporada fue traspasado a los New York Knicks por Gene Short y una primera ronda del Draft.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
5 326 40.4 12.1 2.4 0.8 1.5 24.9

 

Fred Brown

Fred Brown (7-8-1948)

Posición: Escolta/base | Estatura: 1,91m

Los Seattle SuperSonics seleccionaron a Brown en sexta posición del draft de 1971 y aunque su primera temporada fue decepcionante, después aceptó galones y se adaptó a distintos roles, y acabó siendo uno de los jugadores legendarios de la franquicia pasando toda su carrera profesional (12 temporadas) en Seattle.

El 23 de marzo de 1974 alcanzó los 58 puntos (10/13 t1, 24 t2) en una victoria frente a los Warriors, superando así la marca de Haywood y estableciendo la máxima anotación en la historia de la franquicia.

Fue el punto de enlace entre los dos jugadores anteriores y los que llegarían después para ganar el único campeonato de la franquicia. Vivió los primeros playoffs del equipo, fue máximo anotador del equipo en 1976 (23,1 puntos) y disputó su único All-Star, perdió la final de 1978 y ganó el campeonato de 1979 como capitán del equipo.

Con los años se convirtió en un buen anotador suplente, gracias a su buen lanzamiento exterior; así quedó reflejado para la historia en la primera temporada que se instauró la línea de tres puntos (1979-1980) como el jugador con mejor porcentaje en triples, con un 44,3% de acierto.

Cuando se retiró en 1984, era el primero en muchas categorías totales de la franquicia, actualmente es el segundo en partidos y tercero en minutos, puntos y robos de la historia de los SuperSonics.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
12 963 25.4 2.7 3.3 1.4 0.2 14.6

 

Dennis Johnson Sonics

Dennis Johnson (18-9-1954 / 22-2-2007)

Posición: Escolta | Estatura: 1,93 m

La elección número 29 del draft de 1976 no tuvo un protagonismo rápido pero su progresión iba en aumento. Tras perder la final en su segundo año, encaró con ambición la tercera temporada y alcanzó promedios de 15,9 puntos 4,7 rebotes 3,5 asistencias 1,3 robos y 1,2 tapones y disputó el  All-Star. Llegados a postemporada sumó a su buena defensa más puntos de lo habitual y en las finales, de nuevo ante los Bullets, se multiplicó en los cinco partidos con una presencia en cancha de 44,8 minutos por encuentro, aportando 22,6 puntos, 6 rebotes, 6 asistencias, 1,8 robos y 2,2 tapones, recibiendo el premio MVP de la final.

Continuó una temporada más y con mejores números: 19 puntos, 5,1 rebotes, 4,1 asistencias, 1,8 robos, 1 tapón y el equipo perdió en la final de conferencia.

En junio le traspasaron a los Phoenix Suns a cambio de Paul Westphal. En solo cuatro temporadas con la franquicia consiguió ser el MVP de la final del campeonato, fue el mejor taponador del equipo en dos temporadas (jugando de escolta) y formó parte de los mejores quintetos defensivos de 1979 y 1980. Acabaría siendo un pilar fundamental de los Celtics ochenteros

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
4 323 29.5 4.3 3.0 1.5 0.9 14.2

 

Jack Sikma

Jack Sikma (14-11-1955)

Posición: Pívot | Estatura: 2,11 m

Sikma apareció en la NBA al año siguiente de llegar Johnson, también drafteado (8ª puesto) por los SuperSonics. Buscaban un pívot de futuro para completar una plantilla que pudiera regresar a playoffs, tras no alcanzarlos en 1976, y Sikma tajo consigo un éxito colectivo inmediato. Como novato (10,7 puntos, 8,3 rebotes) ya disputó las finales antes mencionadas y en su segundo año (15,6 puntos, 12,4 rebotes, 3,2 asistencias) ya ganaba el anillo de campeón. Era un buen reboteador y defensor, el jugador de referencia en la pintura.

Quizá su mejor temporada estadísticamente hablando fue la de 1981-1982, en la que aportó 19,6 puntos, 12,7 rebotes, 3,4 asistencias, 1,2 robos y 1,3 tapones. Alcanzó 25 rebotes en dos partidos de la temporada de 1982-1983, el mejor registro de la franquicia.

Después de nueve temporadas y siete All-Star seguidos se veía involucrado en un traspaso junto a dos 2ª rondas de draft a cambio de Alton Lister y dos 1ª rondas.

Es el máximo reboteador de la franquicia y mejor pívot que ha vestido la equipación de los Sonics.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
9 715 34.6 10.8 3.3 1.1 1.0 16.8

 

Gus Williams Sonics

Gus Williams (10-10-1953)

Posición: Base | Estatura: 1,88 m

Sus dos primeras temporadas las disputó con los Warriors hasta que fue fichado por los Sonics, seguramente para ser el recambio de Slick Watts. Con su nuevo equipo desplegó su mejor juego y sorprendió con su cualidad anotadora, venía de anotar en torno a los 10 puntos y ahora anotaba 18,1 para los de Seattle, ayudando mucho para alcanzar las finales. Watts fue traspasado a mitad de temporada.

La siguiente temporada fue la del campeonato y buena parte del título es a gracias a sus puntos, fue el mejor anotador del equipo en todos los playoffs (26,7), incluyendo unas finales en su máximo despliegue anotador (28,6). Sin duda, merecedor de haber sido el MVP tanto como Johnson.

Después de promediar en 1980 mejores números (22,1 puntos, 3,4 rebotes, 4,8 asistencias, 2,4 robos) quedó descontento con la nueva oferta de contrato de los SuperSonics y no participó en toda la temporada siguiente y los de Seattle no lograron clasificarse para los playoffs. Williams regresó, disputó su primer All-Star, formó parte del mejor quinteto de la liga por primera y única vez y tuvo su mejor promedio de puntos (23,4). El equipo regresó a los playoffs y perdió en semifinales de conferencia.

Continuó dos temporadas hasta que en 1984 era enviado a por Tim McCormick y Ricky Sobers.

En su última temporada dejó el récord de robos en un partido de la franquicia (8).

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
6 477 34.1 3.0 6.0 2.3 0.4 20.3

 

Dalle Ellis

Dale Ellis (6-8-1960)

Posición: Escolta/alero | Estatura: 2,01 m

Tras tres temporadas en Dallas anotando 8,2 puntos, recaló en los Sonics a cambio de Al Wood. No pudo salirles mejor el traspaso a los de Seattle cuando vieron que Ellis comenzaba con un ritmo alto de anotación saliendo de suplente (18,5 puntos en los primeros seis partidos). Tras ese inicio se ganó la titularidad y terminó la temporada como el mejor anotador del equipo; pasó de 7,1 puntos en 15,1 minutos con los Mavericks a 24,9 puntos en 37,5 minutos y recibió el premio de `Jugador con mayor progresión´.

No fue fruto de ese año y fue aumentando sus promedios, anotando 27,5 puntos en la tercera temporada, números que le llevaron al All-Star.

En su cuarta temporada con el equipo dejó dos registros históricos:

9 de noviembre de 1989 – Los Sonics pierden con los Bucks (155-154) en un partido con cinco prórrogas, en el que Ellis anota 53 puntos en ¡69 minutos!, récord oficial de minutos jugados en un partido por un jugador en la NBA.

20 de abril de 1990 – Derrotan 121-99 a los Clippers con 9 de 11 en triples del explosivo lanzador Ellis. Tope de triples de la franquicia.

Después de ser el máximo anotador las cuatro temporadas, tras 30 partidos de la quinta puso rumbo a Milwaukee a cambio de Ricky Pierce. Regresaría al equipo en 1997, con 37 años, procedente de los Nuggets, sin ser el anotador de antaño pero con un lanzamiento aun más afinado. Esa misma temporada logra el mejor porcentaje de triples (46,4%) de la liga. Una temporada más disputó antes de volver a cambiar de equipo.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
7 451 33.4 3.9 2.0 1.0 0.2 20.9

 

Nate McMillan

Nate McMillan (3-8-1964)

Posición: Base/escolta | Estatura: 1,96 m

Este jugador no ha sido de los mejores individualmente y no fue ninguna estrella, ni un anotador ni disputó ningún All-Star pero fue pieza importante en la historia del equipo.

Su juego en equipo, su especialidad defensiva y sus asistencias estuvieron 12 temporadas dedicadas a los Supersonics.

McMillan fue la elección número 30 del draft de 1986 y sin alardes en su juego se fue ganando la titularidad. El partido del 23 de febrero de 1987 muestra su estilo de juego de aportar en todos los ámbitos del baloncesto, y es que sumó 8 puntos, 8 rebotes, 25 asistencias, 1 robo y 4 tapones en la victoria sobre los Clippers. Las 25 asistencias igualaron el récord de un novato y se convirtió en el mejor registro de la franquicia. Durante su carrera era conocido por sus robos de balón, destacando los 8 realizados en un partido de noviembre de 1993 y los 3 por partido que promedió esa temporada (1993-1994) y que le hicieron el líder de la competición.

En 1996 era parte integrante del equipo que hizo la mejor temporada regular de la franquicia (64 victorias 18 derrotas) que terminó sucumbiendo en las finales frente a los Bulls. Una temporada después de su retirada entraba en el cuerpo técnico como entrenador asistente y en el año 2000 pasó a ser oficialmente el entrenador principal hasta 2005.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
12 796 25.7 4.0 6.1 1.9 0.4 5.9

 

Shawn Kemp

Shawn Kemp (26-11-1969)

Posición: Ala-pívot| Estatura: 2,08 m

Los Seattle SuperSonics confiaron en este chico atlético que no había disputado ni un partido en la universidad y le eligieron en el puesto 17 del draft de 1989.

Una temporada de adaptación le valió para empezar a mostrar su potencia y espectáculo en las alturas. Se convirtió en un ala-pívot fuerte, con gran salto para el rebote, los tapones y mates espectaculares. Formó un buen dúo con Payton y lideraron la segunda mejor etapa de la franquicia.

El 18 de enero de 1991 puso 10 tapones a los Lakers, consiguiendo el mejor registro de los Sonics (más tarde igualaría Calvin Booth). Sus mates estaban siempre entre las mejores jugadas de la semana mientras lideraba al equipo durante seis temporadas seguidas en rebotes y cinco en tapones. Su cima llegó en la 1995-1996, con sus 19,6 puntos (56,3% t2), 11,4 rebotes y 1,6 tapones, aupó al equipo a lograr el mejor balance de la franquicia (64-18) y escalar hasta la final contra los Bulls. Disputaron el anillo pero acabaron cediendo, siendo derrotados por 4-2.

Descontento con el contrato, su tensión con la directiva le llevó a protagonizar un traspaso a tres bandas, recalando en Cleveland y sustituido por Vin Baker. Llevaba cinco All-Star seguidos y con los Cavaliers también lo jugó.

 

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
8 625 29.8 9.6 1.8 1.2 1.5 16.2

 

Gary Payton

Gary Payton (23-7-1968)

Posición: Base | Estatura: 1,93 m

La elección más alta de Draft que han dispuesto los Seattle SuperSonics llegó en 1990, era la segunda posición y eligieron a Gary Payton. Fue la más alta y él es el jugador insignia de la franquicia, sus contraataques representaban la velocidad supersónica, sus asistencias y movimientos a canasta están grabados  en la memoria de los aficionados que le vieron durante las 13 temporadas que permaneció en el equipo.

Ante todo era un gran defensor, y anotador y pasador a partes iguales, según requiriera el equipo. Pero no fue así desde el principio, hasta su cuarta temporada no comenzó a destacar, en ella ya fue elegido en el mejor quinteto defensivo, el primero de nueve consecutivos.

Empezaba a rondar los 20 puntos por partido y a su vez incrementaban sus asistencias y robos. En la temporada del mejor balance de victorias mencionada con anterioridad promedió 19,3 puntos, 7,5 asistencias y 2,9  robos, esta última cifra le hizo líder de la temporada y le ayudó a recibir el premio de `Mejor defensor´.

En 1998 y en el 2000 (24,2 puntos) también fue elegido en el mejor quinteto de la liga y jugó 9 All-Star. Igualó en dos ocasiones los 8 robos en un partido y realizó 16 triples dobles.

En febrero de 2003 se rompió el idilio y junto a Desmond Mason llegó a Milwaukee Bucks a cambio de Ray AllenRonald MurrayKevin Ollie y una 1ª ronda de draft. Payton es el jugador de los SuperSonics con más partidos y minutos disputados, más puntos conseguidos y más asistencias y robos realizados.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
13 999 36.9 4.2 7.4 2.1 0.2 18.2

 

1 Comentario

1 Comentario

  1. guildani8@gmail.com'

    Dani Guil

    3 julio, 2016 at 8:06 pm

    buenísimo artículo! keep it up !!!

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Reflejos

Hijos de un mismo padre

Manute Bol, con su condición de experimento, abrió las puertas a la América más chovinista. Olajuwon demostró que podía ser el mejor. Y, desde entonces, la historia se escribe sola.

nachoanayac2@gmail.com'

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Wikimedia

Para cualquier entendido de la historia de la NBA, la de los 80 es una década prodigiosa, capaz de resucitar una liga medio muerta y de refinar el baloncesto hasta hacer de él un espectáculo nunca visto antes. De lo que pocos se percataron fue que, al mismo tiempo, la liga abría sus puertas de forma gradual a un mundo nuevo, sentando las bases de lo que hoy es un espectáculo global en el que participan agentes de todos los rincones del planeta.

Si hablamos sobre la “vía africana”, la apertura de puertas de la liga a los jugadores de este continente, probablemente el primer nombre que se nos venga a la cabeza sea el de Manute Bol. Aquel dinka más largo que un día sin pan, delgado como un alfiler y que pasó en unos pocos años de empuñar una lanza en el sur de Sudán a sudar la camiseta de los Washington Bullets. Y sin embargo, no fue el primer africano en la liga. Un año antes de su debut, en 1984, el primer puesto del Draft había extendido la relación de larga duración entre la ciudad de Houston y un nigeriano de nombre Akeem, luego Hakeem Olajuwon. Primero en los Cougars, luego en los Rockets.

Son importantes ambos casos, a pesar de todas sus diferencias de forma y fondo. La llegada de Hakeem a Houston, en 1981, no fue más que una invitación para probar con los Cougars. Incluso, el propio jugador reconocería que nadie de la organización fue a buscarle al aeropuerto y tuvo que coger un taxi. Eran tiempos de un scouting primigenio, cuyo alcance rara vez traspasaba el Atlántico. Las palabras de un amigo o compañero entrenador bastaban para conseguir al chaval en cuestión poco más que eso, una prueba. El resto habría que ganárselo. Y Hakeem lo haría en la pista.

Con Manute, la historia era distinta. Su carta de presentación eran sus 2.31 de estatura, haciendo de él un ejemplar único por el que merecía la pena apostar. Sin conocerle de nada y con solo unos meses de baloncesto organizado a sus espaldas, los Clippers mordieron el anzuelo en 1983. La NBA echó atrás aquella elección en el Draft, que se tomó poco menos que a broma (era la primera vez que el mundo baloncestístico escuchaba ese nombre, altura y peso).

Tuvo que esperar hasta 1985, pero para entonces Manute ya era todo un precursor. Aterrizaba en una liga en la que la llegada de jugadores del otro lado del charco se limitaba al holandés Swen Nater y el islandés Petur Gudmunsson. Ambos, pese a su origen foráneo, de formación americana. Y, para el caso, tampoco contaremos como extranjeros a los nacidos fuera de Estados Unidos, pero criados en el país (Ernie Grunfeld, Kiki Vandeweghe, Dominique Wilkins, Tom Meschery, etc.).

Huelga decir que el experimento africano saldría bien. Olajuwon ganaría dos anillos con los Rockets, a lo que añadir un MVP en la deliciosa temporada de 1994. Bol estiraría al máximo una carrera para la que parecía estar destinado. Porque cuando apareció en escena, vestido de corto, quedó claro que aquel hombre eterno nació para taponar.

A Manute no le enseñó nadie. Solo unos años después de descubrir el baloncesto, lideraba la NBA con 5 tapones por partido, en su primera temporada en la NBA. Y todo lo divertido y carismático de su personalidad, la de un niño grande (muy grande) que a través del baloncesto descubría un mundo donde todo era posible, calaría hondo entre el público americano. Manute Bol, con su condición de experimento, abrió las mentes de la América más chovinista. Mostró que había jugadores por descubrir más allá del Atlántico. Y por eso el imaginario colectivo le sitúa a él como el primero. Porque lo fue.

Durante la siguiente década, la liga fue extendiendo sus tentáculos. Sobre todo hacia Europa, aunque el continente africano también dejaría el hallazgo de un estudiante de medicina en Georgetown, nacido en la República Democrática del Congo y de 2.18 de estatura. En los años de apogeo del fenómeno Manute Bol, John Thompson quiso hacer de Dikembe Mutombo su propio Manute. Y en 1988 arrancaría una carrera que duraría hasta 2009, cumplidos los 43. Mutombo refinaría el rol de especialista defensivo, hasta el punto de ser cuatro veces el mejor defensor de la liga. Pero el congoleño iría un paso más adelante que Manute, siendo también un jugador altamente efectivo en ataque, lo que le valió para participar hasta en 8 ocasiones en el All-Star.

La historia de ‘Los Otros’

También habría proyectos fallidos. Michael Olowakandi, Mamadou N’Diaye, Ruben Boumtje-Boumtje, Pape Sow, DJ Mbenga… Jugadores que, de no ser por aquel NBA Live viejo al que de vez en cuando quitamos el polvo, ni sabríamos de su existencia. Pero el mero hecho de que aquellos jugadores no tan preparados tuvieran su oportunidad constituye un capítulo más de esta historia. Una historia que también dejaría una categoría intermedia entre los Olajuwon o Mutombo y el resto. Porque sí hubo jugadores de cierto éxito.

DeSagana Diop sería el center titular de los Mavericks en sus primeras Finales (2006), codo con codo con Dirk Nowitzki. Ime Udoka (nigeriano, aunque nacido y criado en EE.UU) alargaría siete años su carrera, antes de pasar por España y convertirse en uno de los asistentes más cotizados de la liga. Kelenna Azubuike dejaría ramalazos de anotador total en los Warriors.

Luol Deng, Luc Mbah a Moute, Al-Farouq Aminu, Bismack Biyombo, Gorgui Dieng, el propio Ibaka…los últimos 10 años nos dejan multitud de ejemplos de africanos que se hacen sitio en la liga. Son, en muchos casos, jugadores de formación americana, como prueba de que cada vez hay menos secretos y el talento se capta antes. Pero en la actualidad, incluso, hemos vivido un paso adelante marcado por Embiid y Siakam.

Y es que, si el jugador africano se veía normalmente asociado a un rol de especialista defensivo, o de su potencial se destacaban sus habilidades físicas, los dos cameruneses no van tampoco cortos de capacidades atléticas. Pero hay mucho más. Las tres temporadas de Embiid en la liga son las de una superestrella, capaz de combinar la movilidad de Olajuwon con el rango de tiro de la era moderna, algo imprescindible para jugar en la NBA de hoy día. A Embiid le falta el anillo que ya logró Siakam, aunque de este último aún no se conoce el techo. Su arranque de temporada no deja dudas: es el líder de estos Raptors y así lo atesora su extensión de contrato.

Para cuando llegue la temporada 2023-24, Siakam se embolsará casi 36 millones de dólares. Embiid estrenará ese año un nuevo contrato, quizá superior a los 33 que ganará en la 2022-23. Cifras a las que nunca se acercó Olajuwon y con las que Manute ni siquiera soñó. El sudanés, ya fallecido, cobró un total de 6 millones de dólares en sus 9 años en la liga. Y de entre los muchos africanos que tocan la puerta de la liga destaca hoy su propio hijo. Bol Bol le debe a su padre ese premio genético que le ha llevado a alcanzar los 2.18 de estatura. Pero también esa formación americana que le ha enseñado a jugar como un alero.

La carrera de Bol Bol arrancará en la G-League, una competición de por sí inimaginable en la época de su padre. Competición donde se medirá seguramente a Tacko Fall, el último ejemplar de 2.26 de estatura atado por los Celtics. La figura del senegalés, a pesar de su formación americana, sigue evocando el recuerdo del primer Manute, aquel cuya sola presencia era capaz de encender un pabellón. Y el que ya está en la NBA y disfruta de minutos en los Hawks es Bruno Fernando, el primer jugador de Angola que debuta en la NBA. Quizá ahora Charles Barkley sea capaz de ubicar el país africano en el mapa.

Las puertas de la liga nunca estuvieron tan abiertas. Y la última temporada, donde Siakam (Camerún) logró el premio a Jugador más Mejorado, añadido al anillo que compartió con Masai Ujiri (Nigeria) y Serge Ibaka (Congo) invitan a la apertura. Una apertura iniciada por aquel dinka interminable, que sigue sujetando la puerta desde lo más alto de sus 2.31 de estatura.

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Reflejos

Redención en púrpura y oro

A Magic Johnson aún le quedaba una última bala. La amarga derrota contra los Rockets el año anterior había puesto en jaque un proyecto que parecía acercarse a su fin.

juanluis_num7@hotmail.com'

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Getty Images

El planeta basket aguardaba ansioso la anticipada revancha entre los grandes rivales de toda una era, un choque entre dos potencias baloncestísticas que se extendía a confrontación entre dos ciudades cultural y climatológicamente antagónicas. Los Lakers del Showtime se impusieron en la última batalla por el anillo el 9 de junio de 1985, con Kareem Abdul-Jabbar dominando el sexto partido en el Boston Garden a sus 38 primaveras, y los Celtics de Larry Bird rumiaron su venganza durante todo el periodo estival y fueron plantando semillas de cara a su materialización. Con 67 arrolladoras victorias durante la temporada regular (MVP incluido para el Pájaro) y apenas una derrota en las eliminatorias de playoffs en la Conferencia Este, los Orgullosos Verdes aseguraron su plaza en la final de 1986.

Pero los otros invitados acabarían por no presentarse a la cita.

El colosal Hakeem Olajuwon (31 puntos, 11.2 rebotes, 4 tapones y 2.2 robos de balón como promedios en la serie) y Ralph Sampson (20.4 puntos, 8.8 rebotes y 2.2 tapones) dominaron la final de la Conferencia Oeste ante unos Lakers que cayeron con estrépito tras imponerse en el primer duelo: las 16.2 asistencias por partido firmadas por Magic Johnson no evitarían 4 derrotas consecutivas de los angelinos. Y la penitencia en Hollywood consistiría en presenciar por televisión la victoria de sus archienemigos.

Así pues, la temporada 1986/87 comenzaba con muchos interrogantes a despejar para el imperio púrpura y oro, y la derrota en el partido inaugural de nuevo ante los Rockets (112-102) distaba mucho de ser la mejor manera de arrancar. Pero las dudas del grupo comandado por Riley murieron junto a aquellos primeros 48 minutos, que dieron inicio a una racha de 9 victorias consecutivas. Kareem Abdul-Jabbar resultaría capital (14 puntos en el último cuarto) para acabar con imbatibilidad casera de unos Celtics que sumaban 48 duelos invictos en su guarida del Boston Garden, y, ante los problemas oculares del veterano gigante (inflamación de la córnea de su ojo derecho), Magic asumió el mando anotador de la tropa con 38 puntos en Houston o 46 ante los Sacramento Kings.

Tres representantes en el All Star Game (Jabbar, Johnson y Worthy), Kareem alcanzando los 36.000 puntos totales en el Chicago Stadium, 4 triples-dobles consecutivos con la firma de Earving en otra arrolladora racha de 11 victorias, el primer y único triple anotado por el gigante neoyorquino en toda su carrera (en Phoenix)… Las 65 victorias abrochaban una temporada regular para el recuerdo. Pero la prueba definitiva llegaría, como siempre, en el tránsito por la jungla de los playoffs.

Los Denver Nuggets de Doug Moe y su apuesta fanática por el baloncesto ofensivo no generarían problemas reales a los Lakers, con Worthy dominando a Alex English, y los Golden State Warriors de George Karl únicamente serían capaces de infringirles una derrota en la 2ª ronda, gracias a la colosal actuación de Sleepy Floyd (51 puntos en el 4º partido de la serie, 29 de ellos en el último cuarto). Las primeras dificultades serias aparecerían en la final de la Conferencia Oeste, con los Seattle Supersonics desafiando a los angelinos.

Que el aplastante resultado de la serie (4-0 para los Lakers) no nos lleve a equívocos: el trío formado por Xavier McDaniel, Tom Chambers y el tirador Dale Ellis planteó una dura resistencia a la tropa de Riley hasta venirse abajo en el cuarto partido. En el tercero fue necesario un milagroso tapón de Michael Cooper a un triple de Ellis para ganar in extremis (122-121), y James Worthy sometió a los Sonics ejerciendo de martillo pilón de la ofensiva californiana durante toda la final de conferencia (30.5 puntos de promedio, con un excelente 59.8% de acierto en sus tiros de campo).

Y así, con una única derrota en su aventura por el Salvaje Oeste, llegaba la hora de la redención. Con la némesis verde fiel a la cita.

Los Lakers jamás cedieron el control de la final (2-0 de inicio, 3-1 tras una emocionante cuarta velada resuelta por un mísero punto con los visitantes remontando hasta 16 de desventaja en el Boston Garden) y sentenciaron a los de Larry Bird en el sexto gracias a un extraordinario ejercicio defensivo (apenas 93 puntos anotados por el equipo de Boston) a mayor gloria de un bloque más conocido por su vertiente lúdica y de ataque en transición. La multitudinaria pelea desatada durante el igualado cuarto partido, con el trío arbitral separando a los contendientes para impedir que la cosa fuera a mayores tras el puñetazo de Worthy a un batallador Greg Kite, en respuesta a una dura falta ejecutada a la limón entre Dennis Johnson y el pívot procedente de la universidad de Brigham Young en pleno contraataque visitante, fue el único borrón de una cita para el recuerdo.

“Jugué en los Lakers del año 72, pero éste es el mejor equipo de la historia de la franquicia porque tiene corazón, a Magic y a Kareem”.

Pat RILEY

Y un magnífico Magic (26.2 puntos, 8 rebotes, 13 asistencias y 2.3 robos de balón, MVP de la final) se impuso en este capítulo de su eterno duelo con el Pájaro (24.2 puntos, 10 rebotes, 5.5 asistencias y 1.2 tapones como promedios para el de French Lick en la final), gracias a la ayuda de Worthy (33 puntos en el primer partido) y del eterno Jabbar (21.7 puntos y 2.5 tapones en la final, rozando ya los 40).

Las palabras de Pat Riley que sirven como broche de oro (y púrpura) a un equipo que culminó su redención como parte del camino hacia la leyenda.

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Reflejos

Gramos y asfalto

Leyenda del asfalto, de la Rucker, de la esencia del baloncesto. De los coqueteos con las drogas a los escarceos con la NBA. Una historia de cuando el baloncesto no sólo se escribía en las páginas oficiales.

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“Cientos de parques y canchas repartidas por toda la ciudad, docenas de torneos al aire libre cada verano, miles de jugadores gastando la suela de sus zapatillas en el cemento de los playgrounds. New York City es la meca del deporte de la canasta y el epicentro del streetball cada época estival. (…) Los términos partidillo, pachanga o exhibición se quedan fuera de las verjas que normalmente rodean las canchas, como también deberían hacerlo todos aquellos que se empeñan en utilizarlos para referirse a una de las versiones más competitivas del baloncesto a la que están desprestigiando por culpa de un total desconocimiento”. – Antonio Gil en el libro El partido que cambió la historia.

No atrae a los medios de todo el globo, tampoco lleva a personas de todo el mundo a sentarse en sus gradas ni genera millones. Pero, ciertamente, no lo necesita. Porque desde que viera su origen (al cual los expertos aseguran tener dificultad para fijar una fecha) se ha expresado a su peculiar forma. Tan única y distinta que hace pensar de un deporte distinto al que vemos entre profesionales. De verso libre, talento y expectación local. De estrellas y leyendas que parecen reservadas a un público selecto.

Aún estaba en el instituto y ya apostaba con frecuencia mil dólares ante aquellos que, con osadía, le retaban a un uno contra uno. Asegura no haber perdido nunca. En una ocasión, la situación escaló con tal velocidad y agresividad que “lo siguiente que supe es que la apuesta fue de mil a diez mil porque toda la gente en las gradas se empezó a unir”. Marchó a casa con un maletín lleno y la cabeza bien alta.

“Legend in two games like I’m Pee Wee Kirkland”. – Pusha T en Grindin’, del grupo Clipse.

Richard Kirkland hoy es entrenador en el Dwight School de Manhattan. También de clases de filosofía de entrenamiento en la Long Island University. Como lema, suele repetir a los jugadores que “así se juega al baloncesto, un juego al que siempre he ganado y así es como lidias con la vida, un juego en el que una vez perdí”. Las palabras ganan fuerza con los hechos y las lecciones hacen lo propio mediante la experiencia. Pee Wee fue, a finales de los sesenta, “probablemente el jugador más rápido del baloncesto universitario” para Sports Illustrated. Lo reservado para pocos genera por inercia comentarios que engrandecen figuras. Posiblemente partan de la verdad más absoluta o simplemente nazcan y mueran como habladurías. Sea como fuere, la gente habla. Y a él hace años se le colgó la etiqueta de ser el primer jugador en Nueva York en realizar un giro de 360 grados en el aire para finalizar cara al aro y de inventar el crossover. El público se apilaba para verle. De pie, subidos en tejados, enganchados a rejas… El Rucker se encendía cuando lo pisaba. “Entonces, la grada era mi sexto hombre. Porque eran el grupo de gente más educada que he visto en mi vida en el baloncesto. No les podías engañar. O eras real o te abucheaban”.

Respecto a la vida, la vuelta ha sido a la mitad y hoy le permite mirar a otro lado.

Ya empezó a los 13. Él mismo afirma que, aunque sus padres eran duros trabajadores, nació y vivió en la pobreza y rodeado de “perdedores, adictos a las drogas y alcohólicos”. Preadolescente y ya camello entre canastas. Así creció y aun así, su habilidad para anotar era innegable. Tanto que recibió una beca para estudiar en el Kittrell Junior College de North Carolina a los 18. Un año después, se movió a Norfolk State tras promediar una media de 41 puntos por noche. Bob McAdoo aún narra con asombro lo que vio brotar de aquel cuerpo. “Jugué en esos Lakers de los 80, pero Pee Wee orquestraba en Norfolk State el showtime 20 años antes.” “Podía volar, te lo juro. Iba botando desde línea de fondo a línea de fondo en 3 segundos”.

La vida doble, casi como si tuviera un alter ego fuera de las canchas, atraía casi tanto como la heroína a sus compradores. “Se suponía que debía ser un estudiante y lo era. Pero era más un joven genio del crimen que tenía el suficiente sentido para entender cómo romper los códigos”. Solía andar con joyas, un séquito del gremio, mucho dinero en efectivo y dos pistolas. “Esa vida es como arenas movedizas. Sabía, por supuesto, que estaba mal. Pero una vez que entras es casi imposible salir.” Además, la progresión era totalmente ascendente. Pee Wee vendía más y más. Reconoce haber tenido a la policía detrás suya desde los dieciséis. No le frenó, claro.

UCLA quiso su traslado para tenerle junto a Kareem. Lo habría hecho como jugador de primer año. Entonces, las universidades pequeñas no contaban como experiencia y John Wooden había quedado prendado de su estilo. Ágil hasta la unicidad, fue el máximo anotador del país en el 1968, en Norfolk. Pero en su mente dibujaba un destino diferente. Algo más grande. En el centro de tal vorágine de idas y venidas, de un huracán de dos velocidades (a cada cual más elevada), surgió la NBA. Abrazó la idea. Asombró a los Bulls en el trainning camp y acabaría siendo elegido por la franquicia de Illinois en la 13ª ronda del Draft de 1969. Sobre la mesa ponían 40.000 dólares y el rol de salir desde el banquillo. Kirkland negó con el ceño fruncido. Sentía que se le faltaba al respeto, que su talento no merecía tales condiciones. Para colmo, discutió con el entrenador Dick Motta. “En la calle gano más dinero del que me podéis ofrecer.” Y sin más, marchó de vuelta a Harlem. El profesionalismo fue un gancho en el que su codicia y ambición no picaron.

Fue entonces cuando creó su leyenda. Corta pero intensa. En asfalto, acaparando las miradas de decenas de personas de pie. Aparecía amasando el volante de un Rolls Royce y las bocas se abrían. Pee Wee estaba en el Rucker Park neoyorquino y la muchedumbre se apiñaba para verle. Se quitaba el abrigo de piel, se calzaba unas Converse y anotaba 50, con un revólver dentro de su mochila observando sus hazañas. Julius Erving, Tiny Archibal y otros mitos NBA compartieron allí espacio con él. Para Archibal, Kirkland fue, ni más ni menos que el “rival más duro al que me he enfrentado.” Red Holzman, entonces entrenador de los Knicks, le escribió invitándole a unos entrenamientos a los que nunca fue. Prefirió ganarse un nuevo apodo; el de The Bank of Harlem. Lo hizo a través de préstamos a pequeños camellos. Aquellos que querían vender cocaína o heroína acudían a él en busca de dinero para comprarla a los productores. A los treinta días, Kirkland se llevaba un porcentaje (además de lo prestado) como interés.

Pee Wee convivió con otra figura del streetball y el narcotráfico. Joe Hammond también dijo no a la NBA (este dos años después) por similar motivo y se hizo grande en las pistas al aire libre. Fruto de la ambición, de infancias que acabaron por normalizarlo y de la cruel inercia, tanto Joe como Richard se alejaban de la figura del pequeño vendedor. Estos controlaban manzanas enteras y tenían bajo sus mandos a séquitos de trabajadores sin contrato.

Pero, entonces sí, paró. Forzado a ello por un chivatazo. En 1971, Kirkland sería pillado in fraganti en Boston, detenido e interrogado; en balde. No abriría la boca. Acabó siendo condenado a unos quince años por cuatro delitos distintos. Evasión fiscal, tenencia ilícita de armas, narcotráfico y obstrucción a la justicia. El autor Ron Chepesiuk (Gangsters of Harlem) afirma que su madre le ayudaba a lavar dinero, pero Pee Wee solo responde con evasivas a tales preguntas. Eso sí, aunque no se sepan cifras con exactitud (se especula que llegó a poseer alrededor de 30 millones de dólares) él afirma que “Harlem nunca había visto tanto dinero”.

Entre rejas, el neoyorquino seguiría jugando en la Anthracite Basketball League, una liga semiprofesional de Pennsylvania que incluía a equipos de reclusos. En una ocasión, Kirkland llegó a anotar 135 puntos en un partido ante un equipo lituano. El Philadelphia Inquirer publicó: “¿Es Kirkland otro Chamberlain?”

No. Tampoco quiso serlo. Prefirió ser (al menos así lo bautizó el portal norteamericano VladTV en una entrevista) el primer millonario de la droga en Harlem.

Poco después recibió una carta de los Seattle Supersonics. “Decía: ‘Quiero que vengas a Seattle a enseñarle a nuestros bases lo que es ser un verdadero base.’ Eso es la esencia de lo que era el Rucker.” Aún era presidiario, pero no uno más. Seguía haciendo a todo su entorno mirar pasmado aquello que hacía entre las líneas de fondo y banda. Pasar desapercibido nunca fue con él.

Antes de cumplir diez años de condena, Pee Wee saldría a la calle. Volvería a la cárcel entre 1981 y 1988 por evasión fiscal. Desde entonces, se ha centrado en aportar a la comunidad para que los jóvenes no repitan sus errores.

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