fbpx
Síguenos también en...

Reflejos

Los diez mejores jugadores de la historia de los Milwaukee Bucks

Publicado

-

Lew Alcindor
Lew Alcindor

Foto:NBA

Lew Alcindor/Kareem Abdul-Jabbar (16-4-1947)

Posición: Pívot | Estatura: 2,18 m

La franquicia de los Milwaukee Bucks se fundó en 1968 y la primera temporada, como es lógico, fue de adaptación. Con 27 victorias y 55 derrotas fueron el segundo peor equipo de la liga. Consiguieron  la primera selección del draft en un sorteo a cara o cruz con los Phoenix Suns y el elegido fue Lew Alcindor, el pívot que dominaba y acaparaba premios en la universidad.

Su llegada al equipo fue triunfal, se hizo con el mando liderando en puntos (28,8) y rebotes (14,5) al equipo. Recibió el premio de `Novato del año´y los Bucks pasaron a ser el segundo equipo con más victorias de la liga (56-26), disputando la postemporada.

Se dice que el 18 de febrero de 1970 puso 18 tapones a los Warriors, cuenta el Oakland Tribune que: “bloqueó tantos tiros que lanzó la ofensiva de Warriors al nerviosismo”.

En la tercera temporada de la franquicia (segunda de Alcindor) alcanzaron nada menos que 66 victorias y solo 16 derrotas. Tras 48 temporadas disputadas por los Bucks sigue siendo el mejor registro de su historia.

Con la llegada del genial Robertson al equipo, Alcindor, se vio más surtido de balones y realizó una gran temporada: 31,7 puntos, 16 rebotes y 3,3 asistencias. Era el máximo anotador de la liga y fue elegido MVP.

Llegados los playoffs se deshacieron de los Warriors y los Lakers y en la final arrasaron 4-0 a los Bullets. Alcindor aportó 27 puntos, 18,5 rebotes y 2,8 asistencias en los cuatro partidos y fue nombrado MVP de la final. El 1 de mayo de 1971, el día después de que los Bucks ganaran el campeonato de la NBA, adoptó el nombre musulmán Kareem Abdul-Jabbar.

En la siguiente temporada incrementó, si cabe, sus números, dejando actuaciones excelentes como los 55 puntos que endosó a los Celtics  (10-12-1971) o el cuádruple doble no oficial (44 puntos, 20 rebotes, 11 asistencias, 10 tapones) que supuestamente hizo contra los Phoenix Suns el 26 de febrero de 1972.

Sus estadísticas al finalizar la temporada eran espectaculares: 34,8 puntos, 16,6 rebotes y 4,6 asistencias en 44,2 minutos. Nuevamente máximo anotador de la liga y MVP. Su estatura, sus mates y su sky-hook eran poco defendibles.

Tras superar otra vez los 30 puntos y 16 rebotes de media en su cuarta temporada llegó la de 1973-74, en la que recibió su tercer MVP de la temporada y también fue seleccionado en el quinteto defensivo, merced a sus 27 puntos, 14,5 rebotes, 4,8 asistencias, 1,4 robos y 3,5 tapones. Los Bucks alcanzaron la final pero perdieron en el séptimo partido contra los Celtics.

En la siguiente campaña, Abdul-Jabbar, lideró los tapones (3,3) y volvió a promediar 30 puntos pero el equipo sorprendentemente no se clasificó para los playoffs.

En 1975 llegaba el traspaso deseado por los Lakers, Kareem era enviado a junto con Walt Wesley a Los Ángeles Lakers a cambio de Junior Bridgeman, Dave Meyers, Elmore Smith y Brian Winters. Con solo seis temporadas que estuvo en Milwaukee aun es el jugador que más puntos y rebotes totales ha conseguido para la franquicia.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
6 467 42.7 15.3 4.3 1.2 3.4 30.4

 

Bob Dandridge

Foto: NBA

Bob Dandridge (15-11-1947)

Posición: Alero | Estatura: 1,98 m

Este jugador llegó a la competición el mismo año (1969) que Abdul-Jabbar, solo que los Bucks le seleccionaron en el puesto 45 y, desde luego, acabaría siendo todo un acierto.

Estuvo entre los cinco mejores novatos de la temporada (13,2 puntos, 7,7 rebotes, 3,6 asistencias) junto a su compañero y `Novato del año´ Alcindor El 30 de diciembre de 1969, según el Milwaukee Journal, consiguió 10 robos en el partido ante Baltimore.

Fue pieza clave en las 66 victorias y la consecución del anillo en 1971, siendo el segundo en puntos y rebotes de su equipo en playoffs. Era un anotador fiable y aportaba en todas las facetas del juego.

En su cuarta temporada fue All-Star y su máximo nivel individual llegó tras la marcha de Abdul-Jabbar en 1975, quedando Dandridge como referente anotador del equipo durante dos temporadas; 21,5 puntos en 1976 y 20,8 puntos en 1977.

Tras ocho temporadas, los Washington Bullets se interesaron en él para terminar de formar un equipo, a la postre campeón.El alero regresaría en 1981 para vestir la camiseta de los Bucks en 11 partidos y retirarse. Es el jugador con más minutos, el segundo en rebotes y el tercero en partidos en la historia de Milwaukee Bucks.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
9 618 35.8 7.3 3.2 1.5 0.5 18.6

 

Oscar Robertson

Oscar Robertson (24-11-1938)

Posición: Base | Estatura: 1,96m

En abril de 1970 los Bucks cerraron el fichaje del mejor base de la década, a cambio de Charlie Paulk y Flynn Robinson. Robertson (31 años) había ganado todo a nivel individual con los Cincinnati Royals pero nada a nivel colectivo y buscaba el anillo.

Ya no era el que promediaba 29 puntos, 8 rebotes y 10 asistencias y permanecía en pista 44 minutos, pero seguía teniendo mucha calidad y liderazgo.

Dicho y hecho, llegó y, junto a Alcindor y Dandridge formó un trío imparable, llevando al equipo a su mejor temporada regular y a conseguir su primer y único campeonato. Sus 19,4 puntos, 5,7 rebotes y 8,2 asistencias ayudaron mucho y en playoffs dio un paso más, especialmente en los cuatro partidos de la final frente a los Bullets, incluyendo los 30 puntos anotados en el último partido.

Sus estadísticas iban bajando pero era una pieza fundamental para que los Bucks fueran aspirantes cada año, alcanzando de nuevo la Final en 1974, aunque perdiéndola ante los Celtics. Tras cuatro temporadas, un anillo y un subcampeonato, decidió retirarse.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
4 288 37.5 4.9 7.5 1.1 0.1 16.3

 

Marques Johnson

Marques Johnson (8-2-1956)

Posición: Alero | Estatura: 2,01m

En el draft de 1977 los Bucks tenían en sus manos la primera y la tercera elección. En primera posición seleccionaron al pívot Kent Benson y en tercera posición a Marques Johnson. Benson solo permanecería dos años y medio en el equipo, mientras que Johnson garantizó muchos puntos durante siete años.

En su temporada de novato ya demostró lo buen anotador (19,5) y reboteador (10,6) que era, formando parte del quinteto de novatos. Él y Brian Winters eran el dúo anotador que hizo que los Bucks lograran 14 triunfos más que en la anterior temporada, devolviendo al equipo a los playoffs.

En su segundo año sorprendió con un despliegue anotador eficaz que le colocó el tercer jugador de la liga en puntos (25,6), con un 55% de acierto en el lanzamiento. Además también aportaba  7,6 rebotes, 3 asistencias, 1,5 robos y 1,2 tapones, una temporada que le hizo estar presente en el mejor quinteto de la liga y participar en el All-Star.

En otras cuatro temporadas promedió más de 20 puntos y disputó postemporada en seis de las siete temporadas que estuvo en Milwaukee.

En 1984, él, Junior Bridgeman y Harvey Catchings fueron enviados a Los Ángeles Clippers a cambio de Terry Cummings, Craig Hodges y Ricky Pierce.

Actualmente está el tercero en rebotes conseguidos para los Bucks.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
7 524 34.8 7.5 3.7 1.3 0.8 21.0

 

Sidney Moncrief

Sidney Moncrief (21-9-1957)

Posición: Escolta/base | Estatura: 1,91 m

La quinta elección del draft de 1979 también iba a ser importante en el equipo, uno de los mejores jugadores de la década de los 80, no solo de los Bucks sino de la liga. En sus diez temporadas con los Bucks disputó en todas ellas los playoffs, viviendo dos finales de conferencia, en una buena etapa de la franquicia.

Se le recuerda como uno de los mejores defensores de la época, por algo recibió los dos primeros premios de `Jugador defensivo del año´ en 1983 y 1984 y formó parte del quinteto defensivo durante cuatro temporadas.

No solo eres un gran defensor, también anotaba con facilidad, superando los 20 puntos de media en cuatro temporadas y además era uno de los mejores repartiendo asistencias en el equipo.

En su cuarta temporada (1982-1983) fue elegido en el mejor quinteto de la liga, con unas estadísticas de 22,5 puntos, 5,8 rebotes, 3,9 asistencias, 1,5 robos y 0,3 tapones. Disputó cinco All-Star consecutivos desde 1982 a 1986. Un histórico de los Bucks que se sitúa como segundo en partidos jugados, minutos disputados y asistencias repartidas y el tercero en puntos anotados.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
10 695 31.7 5.0 3.9 1.3 0.3 16.7

 

Paul Pressey

Paul Pressey (24-12-1958)

Posición: Escolta/alero | Estatura: 1,96 m

En 1982 llegaba a través del puesto número 20 del draft para unirse a Moncrief y Johnson en la buena etapa de los 80 de los Bucks.

Era, al igual que Moncrief, un buen defensor y formó, junto a su compañero, parte del quinteto defensivo de la liga en 1985 y 1986.

Su juego era completo, en su tercera temporada se hizo con la titularidad y acabó promediando 16,1 puntos, 5,4 rebotes, 6,8 asistencias, 1,6 robos y 0,7 tapones.

A pesar de no ser el base del equipo, tuvo el mejor promedio de asistencias de los Bucks durante cinco temporadas y también fue el mejor en robos cuatro años. Realizó siete triples-dobles en su carrera.

En sus ocho temporadas con los Bucks disputó en siete de ellas los playoffs, viviendo dos finales de conferencia, en una buena etapa de la franquicia. En 1990 terminó su estancia en Milwaukee y fue traspasado a San Antonio Spurs por Frank Brickowski. Es el jugador con más asistencias de la historia de la franquicia.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
8 580 29.2 4.3 5.6 1.5 0.6 11.9

 

Ricky Pierce

Ricky Pierce (19-8-1959)

Posición: Escolta | Estatura: 1,93 m

El mejor suplente de la franquicia aterrizó en Milwaukee en 1984 junto a sus compañeros en los Clippers, Terry Cummings y Craig Hodges, en el cambio que hizo que Marques Johnson, Junior Bridgeman y Harvey Catchings dejaran el equipo.

Llegó como jugador de banquillo y se fue ganando minutos gracias a su buen lanzamiento y capacidad de anotación. En la tercera temporada (1986-1987) alcanzó casi los 32 minutos disputados por partido, en 31 partidos como titular y 48 de suplente; su 54,5% en tiros de dos le ayudó a meter 19,5 puntos de media y quedar como segundo anotador del equipo, lo que le hizo recibir el premio de `Sexto hombre del año´.

Pierce seguía aportando puntos en la segunda unidad los siguientes años y en la temporada 1989-1990 consiguió cifras históricas. Disputó 59 partidos, ninguno de inicio, y aprovechó al máximo los 29 minutos de media en cancha de los que dispuso para lograr anotar 23 puntos por partido. Fue el máximo anotador del equipo siendo suplente y es el mayor promedio de puntos en la historia de un sexto hombre. Un auténtico revolucionario de partidos. Claro está, fue elegido de nuevo `Sexto hombre del año´.

Al año siguiente, en febrero de 1991, le ficharon los Seattle SuperSonics a cambio de Dale Ellis. En diciembre de 1997 volvería a los 38 años para disputar una temporada y retirarse en Milwaukee.

 

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
8 460 26.2 2.7 2.0 0.8 0.2 16.5

 

Glenn Robinson

Foto: NBA

Glenn Robinson (10-1-1973)

Posición: Alero | Estatura: 2,01 m

La tercera primera elección del draft que tuvieron los Milwaukee Bucks llegó en 1994 y el elegido fue Glenn Robinson. Un alero anotador que ya como novato lideró al equipo en puntos (21,9) y fue el segundo en rebotes (6,4).

En cuatro temporadas fue el máximo anotador del equipo y en siete de las ocho que disputó superó los 20 puntos por partido y representó al equipo en dos All-Star.

En la temporada 2000-2001 promedió 22 puntos al igual que su compañero Ray Allen y junto al base Sam Cassell, auparon a los Bucks a la segunda plaza de la conferencia Este. En playoffs eliminaron a los Magic y a los Hornets y cayeron en el séptimo partido de las finales de conferencia ante los 76ers.

En el 2002 se cerró su ciclo siendo traspasado a los Atlanta Hawks por Toni Kukoc, Leon Smith y una 1ª ronda de draft. Su regularidad anotadora le mantiene segundo en puntos conseguidos de la franquicia y también es el tercero que más minutos ha disputado.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
8 568 37.4 6.2 2.8 1.2 0.6 21.1

Ray Allen

Ray Allen (20-7-1975)

Posición: Escolta | Estatura: 1,96 m

La misma tarde del draft de 1996, Allen que había sido seleccionado en quinto lugar por los  Timberwolves, acabaría recalando en los Bucks para que Stephon Marbury jugara en Minnesota.

Desde el primer día fue el escolta titular y en sus primeros años fue mostrando su especialidad en el lanzamiento de tres puntos. Tras tres temporadas promediando 16,6 puntos y 1,5 triples por encuentro iba a dar un paso más a partir de la cuarta (1999-2000). En las siguientes tres temporadas se erigía como líder del equipo y con un promedio de 22 puntos y 2,6 triples con un 43% de acierto. Fue el máximo anotador de los Bucks los tres años y se hizo asiduo al All-Star.

En los playoffs de 2001 sus 25,1 puntos (3,2 triples, 47,9%) y 6 asistencias fueron claves en su intento de llegar a la final de la NBA. El 14 de febrero de 2002 consiguió el tope de triples de la franquicia, al convertir 10 triples de 14 intentos. Acabó con 47 puntos en el triunfo 98-91 sobre los Hornets.

En febrero de 2003 los Bucks y los Seattle SuperSonics acordaron el traspaso de Allen, Ronald Murray, Kevin Ollie y una 1ª ronda de draft a cambio de Desmond Mason y Gary Payton.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
7 494 36.3 4.6 3.8 1.3 0.2 19.6

 

Michael Redd

Michael Redd (24-8-1979)

Posición: Escolta/alero | Estatura: 1,98 m

No sé si los Bucks pensaron alguna vez que su elección 43 del draft del 2000 acabaría convirtiéndose en uno de los mejores anotadores de la franquicia. Tras una primera temporada aciaga en la que apenas jugó seis partidos, tuvo una buena progresión en las dos siguientes, y fue ya en su cuarta temporada (2003-2004) en la que alcanzó la titularidad y ser All-Star; promedió 21,7 puntos y 5 rebotes.

Durante seis temporadas fue el máximo anotador del equipo, alcanzando los 26,7 puntos en la temporada 2006-2007. Al inicio de esa temporada, el 11 de noviembre de 2006, anotó 57 puntos (15/17 t1, 12/20 t2, 6/12 t3) frente a los Jazz, superando así la marca de Abdul-Jabbar y estableciendo la máxima anotación en la historia de la franquicia.

Tuvo una lesión en los ligamentos de su rodilla izquierda y aunque se recuperaba la rodilla volvía a recaer y después de tres años de lesiones en la rodilla que le hicieron disputar tan solo 61 partidos en total, jugó su último partido en abril de 2011. Volvería para jugar con los Suns pero apenas pudo jugar 51 partidos y se retiró a los 32 años.

Temporadas Partidos Minutos Rebotes Asistencias Robos Tapones Puntos
11 578 33.4 4.0 2.3 1.0 0.1 20.0

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Deja tu comentario

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Reflejos

Gramos y asfalto

Leyenda del asfalto, de la Rucker, de la esencia del baloncesto. De los coqueteos con las drogas a los escarceos con la NBA. Una historia de cuando el baloncesto no sólo se escribía en las páginas oficiales.

Publicado

-

“Cientos de parques y canchas repartidas por toda la ciudad, docenas de torneos al aire libre cada verano, miles de jugadores gastando la suela de sus zapatillas en el cemento de los playgrounds. New York City es la meca del deporte de la canasta y el epicentro del streetball cada época estival. (…) Los términos partidillo, pachanga o exhibición se quedan fuera de las verjas que normalmente rodean las canchas, como también deberían hacerlo todos aquellos que se empeñan en utilizarlos para referirse a una de las versiones más competitivas del baloncesto a la que están desprestigiando por culpa de un total desconocimiento”. – Antonio Gil en el libro El partido que cambió la historia.

No atrae a los medios de todo el globo, tampoco lleva a personas de todo el mundo a sentarse en sus gradas ni genera millones. Pero, ciertamente, no lo necesita. Porque desde que viera su origen (al cual los expertos aseguran tener dificultad para fijar una fecha) se ha expresado a su peculiar forma. Tan única y distinta que hace pensar de un deporte distinto al que vemos entre profesionales. De verso libre, talento y expectación local. De estrellas y leyendas que parecen reservadas a un público selecto.

Aún estaba en el instituto y ya apostaba con frecuencia mil dólares ante aquellos que, con osadía, le retaban a un uno contra uno. Asegura no haber perdido nunca. En una ocasión, la situación escaló con tal velocidad y agresividad que “lo siguiente que supe es que la apuesta fue de mil a diez mil porque toda la gente en las gradas se empezó a unir”. Marchó a casa con un maletín lleno y la cabeza bien alta.

“Legend in two games like I’m Pee Wee Kirkland”. – Pusha T en Grindin’, del grupo Clipse.

Richard Kirkland hoy es entrenador en el Dwight School de Manhattan. También de clases de filosofía de entrenamiento en la Long Island University. Como lema, suele repetir a los jugadores que “así se juega al baloncesto, un juego al que siempre he ganado y así es como lidias con la vida, un juego en el que una vez perdí”. Las palabras ganan fuerza con los hechos y las lecciones hacen lo propio mediante la experiencia. Pee Wee fue, a finales de los sesenta, “probablemente el jugador más rápido del baloncesto universitario” para Sports Illustrated. Lo reservado para pocos genera por inercia comentarios que engrandecen figuras. Posiblemente partan de la verdad más absoluta o simplemente nazcan y mueran como habladurías. Sea como fuere, la gente habla. Y a él hace años se le colgó la etiqueta de ser el primer jugador en Nueva York en realizar un giro de 360 grados en el aire para finalizar cara al aro y de inventar el crossover. El público se apilaba para verle. De pie, subidos en tejados, enganchados a rejas… El Rucker se encendía cuando lo pisaba. “Entonces, la grada era mi sexto hombre. Porque eran el grupo de gente más educada que he visto en mi vida en el baloncesto. No les podías engañar. O eras real o te abucheaban”.

Respecto a la vida, la vuelta ha sido a la mitad y hoy le permite mirar a otro lado.

Ya empezó a los 13. Él mismo afirma que, aunque sus padres eran duros trabajadores, nació y vivió en la pobreza y rodeado de “perdedores, adictos a las drogas y alcohólicos”. Preadolescente y ya camello entre canastas. Así creció y aun así, su habilidad para anotar era innegable. Tanto que recibió una beca para estudiar en el Kittrell Junior College de North Carolina a los 18. Un año después, se movió a Norfolk State tras promediar una media de 41 puntos por noche. Bob McAdoo aún narra con asombro lo que vio brotar de aquel cuerpo. “Jugué en esos Lakers de los 80, pero Pee Wee orquestraba en Norfolk State el showtime 20 años antes.” “Podía volar, te lo juro. Iba botando desde línea de fondo a línea de fondo en 3 segundos”.

La vida doble, casi como si tuviera un alter ego fuera de las canchas, atraía casi tanto como la heroína a sus compradores. “Se suponía que debía ser un estudiante y lo era. Pero era más un joven genio del crimen que tenía el suficiente sentido para entender cómo romper los códigos”. Solía andar con joyas, un séquito del gremio, mucho dinero en efectivo y dos pistolas. “Esa vida es como arenas movedizas. Sabía, por supuesto, que estaba mal. Pero una vez que entras es casi imposible salir.” Además, la progresión era totalmente ascendente. Pee Wee vendía más y más. Reconoce haber tenido a la policía detrás suya desde los dieciséis. No le frenó, claro.

UCLA quiso su traslado para tenerle junto a Kareem. Lo habría hecho como jugador de primer año. Entonces, las universidades pequeñas no contaban como experiencia y John Wooden había quedado prendado de su estilo. Ágil hasta la unicidad, fue el máximo anotador del país en el 1968, en Norfolk. Pero en su mente dibujaba un destino diferente. Algo más grande. En el centro de tal vorágine de idas y venidas, de un huracán de dos velocidades (a cada cual más elevada), surgió la NBA. Abrazó la idea. Asombró a los Bulls en el trainning camp y acabaría siendo elegido por la franquicia de Illinois en la 13ª ronda del Draft de 1969. Sobre la mesa ponían 40.000 dólares y el rol de salir desde el banquillo. Kirkland negó con el ceño fruncido. Sentía que se le faltaba al respeto, que su talento no merecía tales condiciones. Para colmo, discutió con el entrenador Dick Motta. “En la calle gano más dinero del que me podéis ofrecer.” Y sin más, marchó de vuelta a Harlem. El profesionalismo fue un gancho en el que su codicia y ambición no picaron.

Fue entonces cuando creó su leyenda. Corta pero intensa. En asfalto, acaparando las miradas de decenas de personas de pie. Aparecía amasando el volante de un Rolls Royce y las bocas se abrían. Pee Wee estaba en el Rucker Park neoyorquino y la muchedumbre se apiñaba para verle. Se quitaba el abrigo de piel, se calzaba unas Converse y anotaba 50, con un revólver dentro de su mochila observando sus hazañas. Julius Erving, Tiny Archibal y otros mitos NBA compartieron allí espacio con él. Para Archibal, Kirkland fue, ni más ni menos que el “rival más duro al que me he enfrentado.” Red Holzman, entonces entrenador de los Knicks, le escribió invitándole a unos entrenamientos a los que nunca fue. Prefirió ganarse un nuevo apodo; el de The Bank of Harlem. Lo hizo a través de préstamos a pequeños camellos. Aquellos que querían vender cocaína o heroína acudían a él en busca de dinero para comprarla a los productores. A los treinta días, Kirkland se llevaba un porcentaje (además de lo prestado) como interés.

Pee Wee convivió con otra figura del streetball y el narcotráfico. Joe Hammond también dijo no a la NBA (este dos años después) por similar motivo y se hizo grande en las pistas al aire libre. Fruto de la ambición, de infancias que acabaron por normalizarlo y de la cruel inercia, tanto Joe como Richard se alejaban de la figura del pequeño vendedor. Estos controlaban manzanas enteras y tenían bajo sus mandos a séquitos de trabajadores sin contrato.

Pero, entonces sí, paró. Forzado a ello por un chivatazo. En 1971, Kirkland sería pillado in fraganti en Boston, detenido e interrogado; en balde. No abriría la boca. Acabó siendo condenado a unos quince años por cuatro delitos distintos. Evasión fiscal, tenencia ilícita de armas, narcotráfico y obstrucción a la justicia. El autor Ron Chepesiuk (Gangsters of Harlem) afirma que su madre le ayudaba a lavar dinero, pero Pee Wee solo responde con evasivas a tales preguntas. Eso sí, aunque no se sepan cifras con exactitud (se especula que llegó a poseer alrededor de 30 millones de dólares) él afirma que “Harlem nunca había visto tanto dinero”.

Entre rejas, el neoyorquino seguiría jugando en la Anthracite Basketball League, una liga semiprofesional de Pennsylvania que incluía a equipos de reclusos. En una ocasión, Kirkland llegó a anotar 135 puntos en un partido ante un equipo lituano. El Philadelphia Inquirer publicó: “¿Es Kirkland otro Chamberlain?”

No. Tampoco quiso serlo. Prefirió ser (al menos así lo bautizó el portal norteamericano VladTV en una entrevista) el primer millonario de la droga en Harlem.

Poco después recibió una carta de los Seattle Supersonics. “Decía: ‘Quiero que vengas a Seattle a enseñarle a nuestros bases lo que es ser un verdadero base.’ Eso es la esencia de lo que era el Rucker.” Aún era presidiario, pero no uno más. Seguía haciendo a todo su entorno mirar pasmado aquello que hacía entre las líneas de fondo y banda. Pasar desapercibido nunca fue con él.

Antes de cumplir diez años de condena, Pee Wee saldría a la calle. Volvería a la cárcel entre 1981 y 1988 por evasión fiscal. Desde entonces, se ha centrado en aportar a la comunidad para que los jóvenes no repitan sus errores.

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Continue Reading

Reflejos

El último hurra

En los momentos más tormentosos de la historia reciente de los Lakers (y los ha habido de todos los colores en la última década), recordamos el crepúsculo de Kareem Abdul Jabbar y sus últimas Finales frente a los Bad Boys.

theobaldphilips@hotmail.com'

Publicado

-

Andrew D. Bernstein/NBAE via Getty Images

Aquella temporada 1988-1989 había sido extraña para él, obligado contra su naturaleza a ser el centro de la atención popular y a recibir, en cada partido como visitante, un homenaje que engrosaba una lista de regalos tan bizarra que, vista en perspectiva, parece el catálogo de un bazar o una tienda de decomisos. También había visto cómo se exacerbaba aún más la tendencia seguida por sus minutos de juego los últimos años, disminuyendo (22,9) al mismo ritmo que la elasticidad y velocidad de sus movimientos y cómo, por primera vez en su dilatada carrera había fallado más de la mitad de los tiros que había intentado (47,5%), logrando a duras penas superar la decena de puntos de media (10,1).

Aun así, aquellos números de Kareem Abdul-Jabbar, a los que añadía 4,5 rebotes, una asistencia y algo más de un tapón (1,1), constituían una nada despreciable tarjeta para un jugador con 42 años cumplidos, cuyo protagonismo, eclipsado por el físico y agresividad del bahameño Mychal Thomson (el padre de Klay), que se ajustaban más al signo de los tiempos y al ritmo del Showtime, se iba limitando cada vez más a algunas jugadas al poste al inicio de los partidos, y a un aporte de experiencia en los minutos finales.

La liga regular, de la que Kareem, prototipo del profesional que se cuida al máximo, se perdió solo 8 partidos, se saldó con un registro de 57 victorias y 25 derrotas para los de púrpura y oro que, convertidos definitivamente en el equipo de Magic, se dieron además un paseo impoluto por el territorio de los playoff (Portland 3-0, Seattle 4-0 y Phoenix 4-0). Todos en Los Angeles exhalaban el optimismo de dos campeonatos consecutivos y un dominio casi férreo de la década de los 80, tanto que parecía que el guion de Hollywood solo podía acabar con un anillo de despedida para el número 33.

Hasta se dice que Pat Riley llegó a registrar el lema “Three-peat” como marca, para poder embolsarse algunos millones en concepto de royalties por todo merchandising que estaba por llegar… En ese clima, mientras los Bad Boys de Detroit se desangraban a golpes contra los nacientes Chicago Bulls de Jordan, no se sabe si para asegurar su inversión o por un afán cada vez más controlador que le impulsaba a no dejar nada al azar, el técnico concentró a los suyos de cara a las finales en una dura mini-pretemporada en Santa Mónica, con tan mala suerte que, el último día antes del primer partido, Byron Scott sufrió una grave rotura en los isquiotibiales.

Quizá fue demasiada carga de trabajo al final de una temporada, quizá fue que los dioses del baloncesto son caprichosos y castigan a los que quieren elevarse demasiado alto, lo cierto es que, a tan importante baja de inicio en el juego exterior, se añadió mediado el tercer cuarto del segundo partido la de Magic Johnson, que se produjo idéntica lesión mientras intentaba bajar a defender un contrataque cuando el luminoso aun marcaba un esperanzador empate a 75.

Sin el base de Michigan, los Pistons no dieron cuartel y castigaron de forma inmisericorde al equipo angelino, poniendo un preocupante 2 a 0 en una eliminatoria cuyo primer partido no había tenido historia y cuyo segundo, a pesar del esfuerzo de James Worthy por superar la pérdida de su líder, se perdió en un infausto tiro libre del ala-pívot de North Carolina.

“Tenemos que buscarle”

El 11 de junio de 1989 las finales viajaban del Palace de Auburn Hills al mítico Forum de Inglewood y Los Angeles Lakers partían de inicio con 42 puntos y 16 asistencias menos, debido a las ausencias segura de Scott y probable de Johnson, que lo intentó pero que tuvo que retirarse, arrastrando la pierna, transcurridos solo cuatro minutos del tercer partido.

Los Lakers, además de tener que mover a Cooper al puesto de base y usar los improbables recursos de Tony Campbell y David Rivers, necesitaban encontrar un foco de anotación más allá de lo que Worthy pudiera darles. Y Pat Riley se encomendó a Kareem, a pesar de que en los dos partidos de Detroit, especialmente el primero, no había tenido una actuación descollante. “Tenemos que buscarle”, dijo el técnico. “Los tiros tienen que venir de algún sitio ¿por qué no de él? Esperamos un último hurra de Kareem”.

Getty Images

Con sus 42 años a cuestas, “Cap” asumió el reto e hizo un sensacional partido. Los Lakers jugaban para él al poste, y Abdul-Jabbar aprovechaba los balones para anotar con todo su repertorio, desde el mítico skyhook a reversos y bandejas a mano cambiada, mientras que, si los rocosos pívots de Detroit se lo impedían, aprovechaba para sacar el balón a Michael Cooper, prácticamente el único tirador de su equipo. Puso pantallas y cortó al lado contrario para llevarse a los defensores y dejar espacios a Worthy, estelar en toda la serie. Se mostró más agresivo que nunca en el rebote, dominando su tablero y sacando, como tantas veces antaño, el pase más rápido posible para evitar que la telaraña de los de Illinois se tejiese de nuevo en defensa.

En 33 minutos (los dioses de nuevo…) Kareem anotó 24 puntos, con 10/19 en tiros de 2 y 4/4 en tiros libres, atrapó 13 rebotes (3 de ellos ofensivos), dio 2 asistencias y consiguió robar un balón, además de aprovechar su envergadura para intimidar todo lo que le fue posible. Fue la última carga de la caballería pero desgraciadamente, como cuenta la leyenda, nada pudo contra los tanques. Los Lakers perdieron aquel partido (gracias al mítico tapón de Joe Dumars sobre David Rivers) y, en el siguiente, volvieron a caer para consumar un inapelable 4-0.

En la derrota definitiva, Kareem no pudo repetir su actuación del tercer partido, superado en ataque por unos agresivos dos contra uno ordenados por Chuck Daly, que no iba a dejarse sorprender dos veces por la vieja leyenda, y en defensa por la imposibilidad física de su propio cuerpo de recuperar tras las ayudas sobre Isiah Thomas, Joe Dumars y Vinnie Johnson, pequeños rayos que anticiparon en años la llegada del small-ball, lo que dejó la zona libre para que su antiguo guardaespaldas, el Buda Edwards, pusiera a los Lakers la puntilla. A falta de pocos segundos para el pitido final, entre abrazos de sus compañeros y ovaciones tanto de sus fans como de los nuevos campeones de la NBA, Abdul-Jabbar dejó el baloncesto.

La memoria es traicionera y a muchos, especialmente a aquellos que empezamos a conocer el baloncesto americano en aquella época, nos queda solo el recuerdo de un Kareem crepuscular. Quizá recordar lo grande que fue en la caída, la capacidad de lanzar aquel último hurra días antes de su retirada, ayude a calibrarlo un poco mejor.

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Continue Reading

Reflejos

Integridad a prueba de gloria

Horas después del comunicado firmado por Russell, Red Auerbach se puso manos a la obra para diseñar un homenaje a la altura de su recién retirado líder. Pero nada resultaba sencillo con el mítico center de por medio.

juanluis_num7@hotmail.com'

Publicado

-

Wikimedia Commons

26 de mayo de 1999: Bill Cosby (antes de que su verdadera y tenebrosa cara asomara tras el disfraz afable y dicharachero) presenta y ameniza una velada muy especial en Boston, con invitados tan ilustres como Wilt Chamberlain, Kareem Abdul-Jabbar y Oscar Robertson. Un pabellón a rebosar emite al unísono el atronador aplauso que hace brotar lágrimas de los ojos de un gigante solemne, epicentro de la ceremonia, justo en el momento en el que el dorsal que portó durante 13 temporadas (11 anillos de campeón) de dominio incontestable en la liga de ligas se eleva al cielo de la cancha.

El mismo dorsal que llevaba ya 27 años descansando en aquel nido en las alturas.

Bill Russell, pilar granítico de la mayor dinastía de la historia de la NBA, anunció su retirada (en los dos roles de jugador y entrenador) un 30 de junio de 1969. El motivo detrás de que la multitudinaria elevación de su zamarra céltica tuviera lugar 30 años después es la génesis de una historia con la integridad y la sinceridad como cimientos. Unos cimientos tan sólidos o más que los que el propio gigante supuso para la defensa de los Celtics.

Horas después del comunicado firmado por Russell, aquel día del verano de 1969, Red Auerbach se puso manos a la obra para diseñar un homenaje a la altura de su líder dentro la pista y fuera de ella, sin el cual la hegemonía de los Orgullosos Verdes jamás podría haberse producido. Pero chocó con un muro similar al que el #6 supuso para todos los osados adversarios que pretendieron profanar la pintura de los Celtics: el rechazo total y virulento por parte del homenajeado.

Los problemas de Russell con ciertos grupos de la sociedad de la ciudad de Boston, incluidos unos fans que le idolatraban en la cancha y le atacaban verbalmente fuera de ella, eran públicos y notorios ya desde su aterrizaje en el equipo en 1956. Su antiguo hogar en Reading llegó a ser asaltado, y las cartas de índole racista se amontonaban en su buzón en algunas temporadas del año. Russell apenas asistió a un único partido como espectador en el pabellón de los Celtics durante los 3 años siguientes al anuncio de su retirada.

Auerbach se topó con un obstáculo insalvable en apariencia, pero el legendario entrenador neoyorquino empleó la sagacidad estratégica y riqueza de recursos que marcaron su exitosa carrera, en busca de una solución que acabara con su admirado #6 en el cielo de los verdes. Sabedor del trabajo de Bill como comentarista para la ABC, Red estudió el calendario de partidos televisados por la cadena y subrayó en rojo uno de ellos: la visita de los Knicks al Boston Garden el 12 de marzo de 1972. Y, pese a las protestas continuadas del retirado center, invitó a la familia de Russell a un acto que se pretendía organizar en el descanso del partido.

En ese punto la integridad a prueba de bombas de la leyenda obligó a Auerbach y a los Celtics a ceder ante sus imposiciones: el evento sería discreto al máximo y se celebraría antes de abrir las puertas del pabellón a los espectadores. Tom Heinshon, Tom Sanders, John Havlicek, Don Nelson, Don Chaney, un puñado de escritores, algunos operarios de la ABC y el propio Red fueron los únicos asistentes a la retirada oficial del dorsal del mítico Bill Russell, uno de los más grandes jugadores de toda la historia de la NBA, evitando un teatrillo en el que el golem no estaba dispuesto a ser cabeza de cartel.

Los principios y la honestidad, tesoros de un valor incalculable, siempre por encima de la gloria y los aplausos vacíos de significado para el receptor.

Y, con el salto inicial dando el pistoletazo de salida al partido en el que John Havlicek se convirtió en el máximo anotador de la historia de los Celtics, superando a Bob Cousy, Bill Russell ocupaba ya su asiento de comentarista como cualquier otro día en la oficina. Una fotografía en blanco y negro del grupo de representantes de los Celtics (con Heinshon, entrenador por aquel entonces, Auerbach y el homenajeado vistiendo sus respectivos trajes) sobre un fondo plagado de asientos vacíos quedó como único recuerdo mudo del evento fantasma, hasta que las heridas cicatrizaron y el mito aceptó el abrazo de su público 27 años después.

Porque el tiempo puede acabar curando las llagas y permitiendo ver las cosas con la perspectiva que aportan los años y las experiencias vividas, pero las mujeres y los hombres (independientemente de su tamaño) se visten siempre por los pies. Como lo hizo Russell aquella tarde de 1972, feliz entre sus compañeros de hazañas pero inclemente en su negativa a recibir de la afición la multitudinaria algarabía, cariño y respeto que él siempre consideró impostados.

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Continue Reading

SKYHOOK #16

 

Dossier Gigantes: pasado, presente y futuro de una profesión en peligro

De toscos gigantes a hábiles figuras capaces de hacer casi todo dentro de una pista. La figura del pívot marca el ritmo de su deporte y condiciona épocas, estilos y recuerdos, y a través de ellos viajamos en una travesía de casi ochenta años en el tiempo.

Ya a la venta en papel y digital 

RESUCITA A TUS MITOS

Publicidad

Quinteto Ideal