Claver

Foto: Euroleague

Durante los últimos años, el nombre de Víctor Claver se ha vinculado más con la mofa y el chascarrillo que con lo puramente baloncestístico. El valenciano ha vivido durante un largo tiempo bajo una lupa demasiado grande que le perseguía, como si de una hormiga se tratase, bajo un sol abrasador que estaba a punto de quemarle. Eso le ha llevado a estar cuestionado en casi todo momento y, posiblemente, tal circunstancia consiguió que las expectativas puestas sobre su figura nunca llegaran a cumplirse del todo.

Claver apareció en pleno éxtasis de la Generación Dorada del baloncesto español, un aspecto que le colocaba en un escaparate desmedido, demasiado mediático para alguien que todavía era un proyecto. Esa vorágine de sobre exposición le llevó a andar un camino que, quizás, no era el suyo. Aquel chaval que explotó en unos Playoff ante el Real Madrid en 2007 no quemó las etapas que tenía delante a la velocidad esperada, lo suyo fue un cambio bastante más lento y residual, como si su reloj interno no estuviese preparado para ese salto.

A pesar de tener unas cualidades técnicas y físicas envidiables, Víctor no terminaba de cuajar, parecía que le faltaban un par de pasos más para romper un cascarón que se le resistía y su sí quiero a la NBA frenó de forma brusca su progresión.

En Portland, Claver encontró zozobra y banquillo, se terminó de estrellar contra un muro . De esa manera, tres años en el olvido le llevaron a replantearse su situación hasta que el Khimki le salvó de una caza de brujas que había durado demasiado tiempo. Atrás quedaba la lluvia de Oregon. El darse cuenta de que las cosas no siempre salen a pedir de boca es algo con lo que los deportistas profesionales no suelen saber convivir, pero el pelirrojo rectificó.

NACER OTRA VEZ

Su salida de EEUU era algo necesario, las horas en el banquillo debían pasar a un segundo plano, su sitio era la pista. Así lo entiendo Rimas Kurtinaitis, que fue el primero en devolverle la sonrisa y al mundo de los vivos. En Moscú, el español encontró paz y, sobre todo, pudo comprender que había vida más allá de la NBA, entiendo de una vez por todas que los focos no siempre están hechos a medida de todos.

Unas buenas actuaciones con el conjunto moscovita en aquel final de temporada le bastaron para poner su nombre en boca de muchos. El Baskonia quiso ficharle, pero Valencia se lo impidió, algo que llevó a Claver a elegir la fría ciudad de Krasnodar como nuevo refugio, previo paso por un Eurobasket donde daría las primeras pistas de su metamorfosis, de su paso al frente para convertirse en alguien invisible, pero alguien importante.

EL DÍA QUE ANTETOKOUNMPO Y GRECIA CHOCARON CON CLAVER

Cuartos de Final del Eurobasket y un España-Grecia de aperitivo. Los españoles llegaban con sensaciones raras tras una primera fase dubitativa, mientras que los balcánicos lo hacían en mejor momento. Los grandes elogios de aquella tarde fueron para Pau Gasol, pero es que el de Sant Boi tuvo como mejor aliado a un Claver que se puso el traje de faena para bailar con una bestia como Giannis Antetokounmpo.

Con el partido cuesta arriba, y con el bicho heleno campando a sus anchas, el valenciano salió al rescate de los suyos para frenar en seco al jugador de los Bucks, dotando de más rebote y de más consistencia al juego español. Víctor fue una pieza determinante en el devenir de un partido que parecía escaparse en algunos momentos. Aquella fue una demostración de que el pelirrojo tenía mucho más que ofrecer, que su baloncesto seguía latiendo con fuerza dentro de su pecho.

Claver en el Barcelona

Foto: fcbarcelona.cat

LAS VENTAJAS DE SER UN MARGINADO

Krasnodar esperaba, y Claver llegó allí con un oro colgado del cuello. Empezaba una nueva etapa tras quitarse los grilletes que le habían impedido volar, era su primera temporada completa como pieza importante tras su ostracismo en América. Desde el primer momento, Bartzokas vio en el valenciano a alguien que iba a ser determinante sin aparecer en la estadística, iba a tener un jugador que no iba a pedirle protagonismo ofensivo, que sólo quería sentirse valorado por compañeros, prensa y cuerpo técnico.

Esa sensación de creerse indispensable le devolvió a la realidad y le dio la fuerza suficiente para convertirse en un gregario, en un currante en la sombra que ayudó muchísimo  a que el Lokomotiv Kuban llegara a la Final Four de la Euroleague. Claver se disfrazó de incógnito, nadie le tenía demasiado en cuenta, pero su baloncesto llevó a los rusos a competir en un bólido más rápido, potente y preciso, capaz de competir contra cualquiera.

Probó en sus labios lo que era ser un marginado, pero ahora disfrutaba de las ventajas de serlo, algo que hombres como Anthony Randolph o Malcolm Delaney agradecía como agua de mayo, porque Claver les hacía la vida mucho más fácil. 

Brillar sin brillo, ser importante sin la necesidad de que los focos te iluminen, así fue como Claver recuperó su status y la fe en sí mismo. Aunque suene a tópico, la vida le dio limones y él hizo limonada a miles de kilómetros de su España natal

BARNA, QUERIDA BARNA

Quizás, la vida de Claver podría adaptarse a un guion de Woody Allen, básicamente, porque durante la mayor parte de su carrera ha tenido que convivir con un monstruo que habitaba debajo de su cama. No obstante, el tiempo le ha puesto en el lugar adecuando en el momento idóneo tras muchos pasos en falso, y el Barcelona ha sabido valorar la importancia de alguien al que le ha costado llegar, pero que finalmente apareció.

No siempre el futuro no sale como estaba planeado y las cosas no siempre salen como uno quiere, pero existen muchas maneras de alcanzar la tierra prometida. Seguramente, hay gente que esperaba mucho más de Víctor Claver, esperaban un jugador con mucho más protagonismo y que pudiese pelear por trofeos de MVP, y aunque seguramente tengan razón, lo realmente importante de esta historia es que no todos los jugadores están hechos para jugar el papel de actor principal, pero son necesarios aquellos que lo sostienen todo desde una posición bastante alejada del glamour.

Claver ha aceptado su verdad y la acató hasta el punto de convertirse en un hombre que no decidía partidos, pero que sí que allanaba el terreno para que otros compañeros lo hicieran, y eso es lo que seguirá haciendo con el Barcelona y con la Selección Española, siendo un hombre esencial dentro de un todo mucho más complejo de lo que se ve y se piensa.

No todos los superhéroes llevan capa.