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Tyrese Rice, all you need is love

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Tyrese Rice encontró el amor. No fue un camino fácil, pero pasó de humano a divino en un fin de semana mágico, que lo encumbró al estrellato europeo. Tyrese Rice luchó por ello. Tyrese Rice creció. Se sobrepuso al olvido. Y se hizo eterno.

No, no todo comenzó en Milán. Fue tiempo atrás. En casa, con su madre Allison, quien había jugado al baloncesto en el instituto e incluso fue nombrada jugadora del año en 1984. Allí Tyrese comenzó a jugar. Un niño que pasó a formar parte del equipo que dirigía su madre en el colegio y donde se enamoró de este deporte.

Tyrese comenzó a quemar etapas a una velocidad endiablada. De jugar con el equipo del colegio, al instituto, donde se convirtió en leyenda. Rice dejó huella en el L.C Bird High School, donde se graduó en el año 2005, siendo el máximo anotador de la historia. 2328 puntos a sus espaldas, 27 puntos, 6.2 asistencias y 5 rebotes de media como senior, además del primer título regional del instituto.

Hizo méritos para lograr entrar en una universidad de renombre. Y fue Boston College la que apostó por él. Por ese menudo base, de apenas 1.85 y 83 kilos, veloz como el rayo, un finalizador magnífico que aguantaba todos los contactos. Una bestia que ya demostraba una capacidad anotadora fuera de lo común.

Su talento se hizo notar. Pasó de salir del banquillo en su año rookie, donde ya deslumbró ante Wake Forest (17 puntos, con 7-9 en tiros y seis triples), a la titularidad en su año sophomore. De ahí, a la locura ante North Carolina, tercera en el ranking NCAA, ante la que anotó 46 puntos (34 puntos en la primera mitad) en una exhibición que aún recuerdan en Boston.

Rice estaba preparado. Sus méritos individuales y colectivos eran un hecho. Sólo quedaba que la NBA llamara a su puerta. La noche del draft era la noche de sus sueños. Pero no pudo ser. Elección tras elección pasaban por alto el nombre de Tyrese Rice. Bleacher Report se preguntaba el porqué, con un artículo titulado “Can Tyrese Rice Get Some Love, Please?” [¿Puede tener Tyrese Rice algo de amor, por favor?”].

Con las puertas de la NBA cerradas, Europa se antojaba clave. Su destino, Grecia. Tyrese Rice aterrizaba en el Panionios. Y su debut no pudo ser mejor: 17 puntos ante el Peristeri. Rice encontraría la regularidad hasta bien entrada la temporada, pero dejó otras buenas actuaciones, como los 17 puntos ante Olympiakos, los 18 contra Trikala, los 19 frente a Panathinaikos o su tope anotador de 24 puntos, en el encuentro que enfrentó a Panionios con Olympia Larissa. Una temporada que no pasaría desapercibida en Alemania, su siguiente destino.

Se desató la locura con Rice. El base brilló con luz propia, siendo el segundo máximo anotador de la Beko Bundesliga con 16.6 puntos, a los que añadió 5.5 asistencias. Rice dominó a su antojo, con actuaciones memorables tras un comienzo tímido, colocó su tope anotador en 33 puntos (en dos ocasiones, la primera ante el Hagen y la segunda frente al Bremerhaven), y llevó a un equipo humilde lo más lejos que pudo. El Artland Dragons llegaba a playoffs gracias a Rice, que no bajaría su rendimiento en playoffs, anotando 20 puntos de media en los cinco partidos que duró la serie de cuartos de final, con doble doble incluido en el primer encuentro de la eliminatoria (13 puntos y 10 asistencias).

En semifinales tocaba verse las caras con el Brose Baskets, que ya comenzaba su tiranía en Alemania. Pero Rice no lo iba a poner fácil, no iba a vender la victoria con tanta rapidez. El segundo partido iría para los suyos, con 24 puntos, 7 rebotes y 5 asistencias del base. Igual que el cuarto, donde Tyrese subiría sus prestaciones hasta los 30 puntos. Pero no pudo ser. El Brose terminaba llevándose la eliminatoria y Rice se quedaba con la miel en los labios.

Foto: Eurocup

Foto: EuroCup

Europa ya llamaba a su puerta. El Lietuvos Rytas contaba con el pequeño base para su nuevo proyecto, y Rice pasaría a disputar Eurocup y VTB. En VTB, el equipo llegaría a playoff, pero los equipos rusos fueron demasiado y no lograban llegar a la final. Rice acababa con 13.5 puntos de media en su primera experiencia en VTB, algo nada desdeñable.

Pero los éxitos vendrían en Europa. El Lietuvos funcionaba, con Rice al mando. 19 puntos en su debut, 16 ante el Azovmash. El desastre ante el Lokomotiv Kuban, con un -8. La irregularidad aparecía y los nervios también. Pero el equipo lituano continuaba pasando rondas y no parecían flaquear. Hasta que Valencia Basket se interpuso en su camino.

Fue un visto y no visto. Un parcial de 29 a 15 en el primer cuarto que noqueaba a los lituanos y los dejaba sin poder reaccionar. La Final Four de la Eurocup como primer reto, y fuera a las primeras de cambio. No pudo ser. Valencia era superior. Además, Rice se retiraba lesionado por un golpe en la rodilla, que lo dejaba también fuera del partido por el tercer y cuarto puesto. El Lietuvos finalizaría tercero, aunque sabía a poco.

Rice no se encontraba del todo cómodo en Lituania, y su año marcado por la irregularidad permitiría su salida. A un proyecto nuevo y con ganas de victoria: Rice firmaba por el Bayern.

El equipo bávaro iniciaba un proyecto ambicioso con el objetivo de dominar la BBL. Un proyecto que se ha visto boicoteado por el buen hacer del Brose Baskets, pero que ha llevado a la liga alemana a estrellas de primer nivel. Entre ellas, un Rice que hizo las delicias en Múnich.

Como titular en 19 de los 30 partidos que disputó, Rice aportó 15.3 puntos por encuentro, llevando a su equipo de nuevo al playoff, como ya ocurriera con su primera experiencia en tierras alemanas. Y volvió a suceder lo mismo: el Brose Baskets se cruzaba en su camino y lo apeaba a pesar de firmar unos playoffs espectaculares, con 17.9 puntos de media y un 51% en tiros de dos.

Los títulos se le resistían a un Tyrese Rice que quería ganar. Un Rice que pasaba desapercibido para la mayor parte de Europa, a pesar de su espectacular nivel en una de las ligas más pujantes de toda Europa. Rice revivía su época universitaria, en la que su rendimiento quedaba en nada. Hasta que llegó el día. Maccabi llamaba a su puerta.

Sin embargo, no fue todo un camino de rosas. Rice intentaba despegar en un Maccabi que funcionaba solo, con un Ricky Hickman estelar que hacía las delicias de la afición de “La Mano de Elías”. Los israelías dominaban en liga y Euroliga, donde pasaban al Top 16 sin pasar apuros.

Rice buscaba su sitio e intentaba demostrar su auténtico nivel. Un par de partidos ante Zalgiris (20 y 19 puntos) dejaban entrever algo de su potencial. Los 18 puntos ante el Bayern lo confirmaban dentro del esquema de Blatt. Y los 15 puntos al CSKA lo ratificaban.

Pero la locura vino en el Mediolanum Forum. No, no en ese partido ante el CSKA. No, tampoco la final ante el Madrid. Vino antes. Tyrese Rice marcó su propio camino mucho antes. De hecho, en el primer partido de octavos de final, cuando Maccabi asaltaba la cancha de Milán en la prórroga, venciendo por 99 a 101. Rice anotaba 17 puntos, 9 en el último cuarto, a lo que había que sumar un dos más uno para colocar a Maccabi con un punto de ventaja. La prórroga tuvo como protagonistas al propio Rice y a un Hickman desatado. La Final Four era posible. Y tres encuentros después, por un 3-1, después que los de David Blatt lograran defender su feudo en los dos partidos que tuvieron en Israel.

Y aún así, nadie se percató. Nadie vio venir a Rice. Ni tan siquiera Milos Teodosic cuando veía al pequeño base dirigirse derecho al aro, sin importar nada ni nadie que se interpusiera en su camino. Rice anotó seis puntos, repartió dos asistencias, capturó dos rebotes y robó un balón, todo en el último cuarto. Y anotó una canasta que pasó a la historia. Después de un balón perdido de Khryapa, que nadie esperaba. Ni tan siquiera el propio Khryapa. Después de recorrer media pista como alma que lleva el diablo.

Ni tan siquiera en ese momento alguien se percató de Rice, héroe de aquella remontada ante el CSKA. Un base menudo, desconocido, con pasaporte montenegrino. Una maravilla baloncestística que sólo estaba escribiendo el principio de la historia que todos conocemos.

Su ópera magna vino 48 horas después. En otra lección de juego, de cómo cortocircuitar a uno de los mejores equipos que ha visto Europa. Un Real Madrid que se veía campeón, con un arsenal ofensivo pocas veces visto. Entonces Rice tuvo respuesta. Entonces Rice se supo importante. Peligroso. El Madrid se había dado un festín en semifinales ante el eterno rival, el F.C Barcelona, al que venció por 100 a 62. Todo estaba preparado para que el Real Madrid celebrara una nueva Euroliga.

Foto: Eurocup

Foto: EuroCup

Rice entraba en el segundo cuarto de la peor forma posible: perdía un balón, cometía una falta y fallaba su primer lanzamiento. Con su entrada a pista, el Madrid despegaba, al son de Sergio Rodríguez y Rudy. David Blu salía al rescate del Maccabi, como siempre, ejerciendo de clutch cuando más lo necesitaba su equipo.

El resultado de Rice antes del descanso era de cinco puntos con 2/6 en tiros de campo. Rice erraría dos tiros más al iniciar el tercer cuarto. Su actuación no estaba siendo, desde luego, la más destacada. No había miedo. Se había desinflado. 2/9 para cerrar el cuarto y el Madrid se marchaba con dos puntos de ventaja, 55-53.

La igualdad era máxima y Rice quería volver a ser el héroe. Pero no daba con la tecla. Siete puntos en el último cuarto le daban aire, pero era insuficiente. El Madrid no podía con la ansiedad. Blu volvía a vestirse de héroe y Rice, ahora sí, parecía dar un golpe definitivo. Pero los blancos se rearmaban y lograban empatar, con Bourousis desde la línea. 73-73, un triple de Rice que se salía y el palmeo de Tyus no entraba. Prórroga.

Y entonces llegó su momento. La ansiedad del Real Madrid fue una motivación extra para Tyrese Rice, que olía la sangre. Nada más empezar, anotaba un triple. El inicio de un show anotador histórico, con 14 puntos en la prórroga que dejaron sin opciones al Real Madrid. 96-86. 23 puntos del Maccabi en la prórroga, que reinaba en Europa de nuevo. La guinda de una temporada que sumaba los títulos habituales, liga y copa.

Rice se sintió querido. Los titulares volaban, el interés de los grandes equipos aparecía. ¿Un base de este nivel y, además, con pasaporte europeo? Una ganga. El Maccabi campeón quedaba desmontado, desde David Blatt, que se aventuraba en la NBA, hasta Hickman, que se marchaba al Fenerbahçe. Rice no sería menos, y recibía una oferta irrechazable desde Moscú. No, no era el CSKA. El Khimki quería contar con él.

El idilio de Tyrese Rice con el baloncesto desde aquel día en el Mediolanum es por todos sabidos. El base ha sido el brazo ejecutor y el líder de un Khimki que volvió a la Euroliga tras ser campeón de Eurocup, arrasando en la final a un Herbalife Gran Canaria que pagaba la novatada. Todo ello con un Rice que se alzaba MVP, logrando un hecho histórico: ser MVP de las Final Four de Euroleague y Eurocup de forma consecutiva.

El Khimki volvía a la Euroliga con la intención de ganarla, desembolsando una importante cantidad de dinero. Shved y Dragic como fichajes de relumbrón. Josh Boone de sustituto de un Paul Davis que no aguantaba la exigencia física. Pero no fue suficiente, a pesar de la excepcional temporada del base, que ha firmado 16.2 puntos y 6.3 asistencias en esta campaña, en la que también acabaron cayendo en semifinales de la VTB ante el CSKA.

Y ahora llega un reto mayor: la ACB se cruza en su camino. El FC Barcelona ha puesto su confianza en las manos de Tyrese Rice, con la intención de volver a coronar Europa. Una apuesta segura para intentar terminar la tiranía del Real Madrid de Pablo Laso.

Tyrese Rice pasó de su Virginia natal a la gloria en Milán. De ser campeón con su modesto instituto a ser MVP de toda una Final Four. Tyrese Rice también se preguntaba, como hizo Bleacher Report, si podía tener algo de amor. Y vaya si lo ha tenido. Y el que te espera, Tyrese. Ya lo decían los cuatro de Liverpool: all you need is love.

Foto: FCBarcelona

Foto: F.C. Barcelona

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La Bomba Navarro, ahora en formato audiovisual

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Hay jugadores que marcan una era, eso es innegable. Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, LeBron James o Karl Malone serán recordados hasta por aquellos para los que el baloncesto solo es un deporte más. Hay otros que van un paso más allá y ya han escrito su nombre en la historia. Michael Jordan es, sin lugar a dudas, el hombre que lidera este segundo grupo de jugadores. Su trayectoria ha sido tan espectacular, que para muchos es el mejor jugador que la NBA tendrá nunca. Su leyenda es tal, que se ha convertido en el protagonista de videojuegos, libros o cómics y se han hecho infinidad de documentales sobre él, el último de ellos se espera para 2020 y ahondará no solo en su carrera deportiva sino en la vida personal del jugador, en el ámbito más íntimo de una estrella conocida en todo el planeta. “The Last Dance”, apuntaros el título porque esta producción de ESPN dará mucho de qué hablar el próximo año.

En el caso del baloncesto español es más complicado encontrar jugadores que se engloben en este segundo grupo, pero sí que contamos con deportistas que marcaron toda una época en este deporte. Uno de ellos es Juan Carlos Navarro, a quien su equipo de toda la vida acaba de homenajear con un documental sobre toda su carrera deportiva bajo el título de “Es la bomba”.

Navarro comenzó dando sus primeros pases en la cantera del FC Barcelona de baloncesto para dar el salto al primer equipo de la ACB en 1998. Fue precisamente durante su paso por las categorías inferiores cuando se ganó el apodo de “La bomba”, gracias a su capacidad de cambiar la ruta del partido con tiros lejanos. Conocido ahora como Barça Lassa y situado entre los favoritos para hacerse con el título según medios especializados como Oddschecker, el equipo lo vio crecer como jugador durante 10 temporadas en las que coincidió con otro grande del baloncesto español, Pau Gasol. Fue precisamente el de Sant Boi el que lo animó a dar el salto a la NBA y en la temporada 2007-2008 Navarro pasó a formar parte de los Memphis Grizzlies, el mismo equipo en el que militaba Gasol. Fue una decisión muy comentada en su día, puesto que el experto en triples contrajo una deuda millonaria con el FC Barcelona para poder marcharse a la liga americana, lo que lo convirtió en uno de los jugadores peor pagados de la NBA. No obstante, la estancia de Navarro al otro lado del charco no fue muy dilata en el tiempo, y es que solo duró en la liga americana esa temporada. Aunque muchos aluden a cuestiones económicas como el principal motor de la vuelta de Navarro a España, el jugador afirmó en varias entrevistas que el motivo de su regreso había sido más bien sentimental. De esta forma, en la temporada 2008-2009 la Bomba volvió a lucir la camiseta del FC Barcelona sobre las pistas, y lo haría así en las siguientes 9 campañas. En total fueron 20 las temporadas que el catalán jugó con el equipo que lo formó desde pequeño, años en los que consiguió un total de 35 títulos, entre ellos 8 Ligas, 7 Copas y 2 Euroligas.

En agosto de 2018 el club anunció su retirada y un mes más tarde el Palau Blaugrana se llenó de aficionados, directivos del club, antiguos compañeros y diversas personalidades del mundo del deporte para despedir al que ya ha sido bautizado como el jugador de basket más importante del Barcelona. Fue precisamente durante este homenaje cuando el presidente del club anunció que Navarro contaría con una estatua ante la puerta del Palau y con un documental.

La primera de las promesas del presidente todavía no se ha hecho realidad, pero sí la segunda. El pasado 7 de marzo el canal de televisión del club, Barça TV, estrenó “Es la Bomba”. En poco más de una hora, el documental hace un repaso por la trayectoria profesional del jugador explicada por el propio Navarro. Además, su discurso se apoya en las intervenciones de diferentes jugadores y entrenadores que coincidieron con él durante sus años en el Barça, como Pau y Marc Gasol, Víctor Sada, Gianluca Basile, Miguelito López Abril, Xavi Pascual o Joan Montes.

Tras su estreno, y su reposición los días 8 y 9 de marzo en diversos eventos, “Es la Bomba” está disponible en el sitio web del club para que cualquier persona pueda disfrutar de él. Sin duda una muy buena oportunidad de acercarse a una de las leyendas del baloncesto español.

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2011-2019: la Copa del Rey regresa al Palacio

La Copa del Rey vuelve a Madrid ocho años después. Un período en el que el conjunto de Laso ha dominado Europa y llega para triunfar en casa, como hiciera en la F4 de 2015.

jakonako10@gmail.com'

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La Copa del Rey regresa al Palacio de los Deportes de Madrid –WiZink Center por caprichos del mundo del patrocinio- ocho años después. Casi una década más tarde – y más de 300 partidos entre las distintas competiciones nacionales – el baloncesto español no ha cambiado tanto. O quizá sí. Hagamos un pequeño viaje atrás en el tiempo.

Noches de llantos y alegrías

16 de enero de 2011. Ronda de partidos matinal, apenas media hora después del mediodía. Seis equipos inician la jornada con las esperanzas coperas todavía intactas. Dos horas más tarde el panorama es completamente opuesto para unos y otros.

La mayor fiesta se vive en Valladolid. El Blancos de Rueda no solo asegura su participación en la cita de Madrid, sino que su victoria ante el Baskonia (78-64) le asegura ser cabeza de serie gracias a un balance de 11-6 en la primera vuelta, el mismo que el del conjunto vasco. Bilbao y Valencia – pese a la derrota de este último ante el Estudiantes – acompañarían a los vallisoletanos tras una velada más apacible, mientras el verdadero drama se vivía en Málaga, Badalona y Madrid.

El Joventut sellaría su clasificación ante el CAI Zaragoza pese al arreón final del conjunto maño, que no se jugaba nada. Un logro que rozó con sus dedos el Fuenlabrada. A dos segundos para el final, eran equipo de copa. Parpadeo, canasta de Sergio Llull, nuevo parpadeo, 76-75 para el Real Madrid. En el Martín Carpena, el Gran Canaria 2014 estallaba en júbilo tras recibir la noticia desde el Palacio. Ellos habían solventado con facilidad su trámite ante Unicaja (50-67). Estarían en la Copa. Un sueño que, una vez más –al igual que en esta edición de 2019- se le escapaba al Fuenlabrada en el último suspiro.

Real Madrid y FC Barcelona, como siempre, miraban al resto por encima del hombro, con un balance similar en lo más alto de la tabla (14-3) y el objetivo culminado varias semanas atrás.

La hora de la verdad

El sorteo deparó dos derbis en cuartos de final y un cuadro que ‘invitaba’ a una nueva final entre Real Madrid y FC Barcelona. Ambos habían luchado por el título en 2010 en Bilbao, aquella misma final de los 14.814 espectadores en el Bizkaia Arena y el doloroso – y récord – +19 a favor de los culés.

FC Barcelona y DKV Joventut, por un lado, y Baskonia y Bilbao Basket, por otro, serían los encargados de poner el morbo en aquella ronda inicial.  Muy fácil para los blaugranas (86-66), bastante menos para los de Vitoria (76-74), pero ambos pasarían a semifinales.

Les acompañarían Real Madrid, tras sobrevivir al Gran Canaria 2014 –y los 30 puntos de un Jaycee Carroll que reclutarían poco después-, y Valencia Basket, quienes destrozarían sin piedad el sueño de los Eulis Báez, Van Lacke, Slaughter, Nacho Martín y compañía (83-60).

Curiosamente, las semifinales volverían a reunir a los cuatro equipos de la anterior edición, pero con distinto emparejamiento. Baskonia y Valencia –con orden invertido en 2010- serían los rivales de Barcelona y Real Madrid, respectivamente. Dos atractivos duelos, sobre el papel, que, sin embargo, terminarían siendo méritos trámites para placer de los vencedores. Y aburrimiento y desidia en las gradas. Al menos para uno de ellos.

Juan Carlos  Navarro borraría cualquier intento de rebelión baskonista con 26 puntos, bien escoltado por Alan Anderson – elegido MVP apenas 24 horas después, con 17 tantos -. 92-73 y los de Ivanovic que regresaban a casa nuevamente humillados después del -28 de Bilbao ante el Real Madrid.

Más sufrió el Real Madrid para doblegar a los de Pesic. Rafa Martínez y Omar Cook fueron una auténtica pesadilla que permitió al Valencia irse al descanso con un buen resultado (27-35).

Sin embargo, la arenga de Messina –si, eran años duros en el seno del club blanco- surtió efecto y el Real Madrid devolvió la bofetada en el tercer cuarto (19-13) y aplicó la estocada final en el último (23-11). Mirotic fue el jugador más valorado de los blancos, con 18 créditos, en un partido en el que también brilló Carlos Suárez, con 16 puntos, y en el que pasaron, con más pena que gloria, Sergio Rodrígurz (cinco puntos) y Ante Tomic (dos puntos).

Por segundo año consecutivo, Real Madrid y FC Barcelona volverían a verse las caras en la lucha por el título.

La gran final

El formato de la Copa del Rey atribuye una condición volátil y azarosa a la competición, cuna de grandes sorpresas y ‘machadas’ a lo largo de la historia.

Aún así, también existe un factor psicológico y el Real Madrid no las tenía todas consigo. Tres derrotas en los últimos dos enfrentamientos ante los blaugranas -incluidas las finales de 2006 y 2010- en un trofeo que no levantaban desde 1993, en La Coruña, con Arlauckas como MVP. Había llovido. Y mucho. La pequeña sequía en liga tampoco ayudaba, mientras el la sala de trofeos del FC Barcelona se llenaba de forma vertiginosa de la mano de Xavi Pascual.

Dudas, complejos, temor. “Vamos a salir al 100%”, conjuraban, sin embargo, todos los componentes de la plantilla blanca, antes del partido, mientras el técnico blaugrana destacaba que “será una final bonita” y Juan Carlos Navarro optaba por un cauto “en una final no hay favoritos”.

Pero el despertador del Real Madrid volvió a sonar a las seis de la mañana con la canción ‘I Got You Babe’ como un deja vú de enfrentamientos previos.

El FC Barcelona asfixio en su telaraña defensiva al Real Madrid y tan solo la inolvidable primera mitad de Juan Carlos Navarro -con -4 de valoración al descanso- y la insistencia de Tomic evitaron que los blaugranan pudieran tomar el control del partido antes de la primera mitad.

En la segunda, el escolta entró en escena con siete puntos, aunque recaería en Alan Anderson -quien ya había valorado 40 ante los blancos con el Maccabi- y Víctor Sada el honor de dar la puntilla al eterno rival a comienzos del último cuarto y gestionar las diferencias hasta el 60-68 final.

La desidia y los fantasmas del pasado volvieron a hacer acto de presencia. Un equipo frustrado y entregado, en una situación que refleja a la perfección la actuación de Sergio Llull aquella noche: cero y -2 de valoración.

El FC Barcelona revalidaba el título con un sabor especial: poner punto y final a una hegemonía de más de medio siglo del Real Madrid, con quienes empataban en lo más alto del palmarés de la Copa del Rey, con 22 entorchados -aunque poco duraría la gesta, con cinco títulos de los blancos en las seis siguientes ediciones-.

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Ocho años después, Madrid vuelve a vestirse de gala para recibir la fiesta de la Copa del Rey. Curiosamente, los tres equipos que lideran la clasificación son los mismos que aquel año y en el mismo orden (FC Barcelona, Real Madrid y Baskonia), y el último cabeza de serie, una de las sorpresas de la temporada (Valladolid en 2011, CB Canarias en 2019).

En aquella ocasión, el FC Barcelona revalidaría el título, aunque en una dinámica muy diferente a la actual. El Real Madrid clamará venganza y buscará recuperar el cetro de la mano de un Pablo Laso coleccionista de trofeos.

Mientras tanto, los Baskonia, Valencia, Tenerife, Unicaja, Joventut y Estudiantes tratarán de aprovechar sus respectivas oportunidades y protagonizar ese sorpresa que devuelva a la Copa -y que tanta falta le hace- el denominativo de ‘Torneo del K.O.’, con las mil y unas sorpresas que inundan el recordatorio colectivo.

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Reiniciando a Alessandro Gentile

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Las grandes sagas de videojuegos acostumbran a almacenar enormes datos de información. Cada inicio de partida es precedido por un tiempo de carga. Si es tu primera partida del día, ese momento denota ilusión. Si ya llevas unas cuantas, es un espacio para el sosiego y la pausa mental. Para la paciencia y la planificación futura. ¿Qué he hecho mal en la anterior partida? ¿Ha valido la pena dejar atrás los logros, reiniciar y volver a empezar?

Esperando esa respuesta se encuentra Alessandro Gentile. Él, que ha jugado en las mejores consolas del mercado; él, que alcanzó niveles inmensos a muy corta edad; él, al que le va en la sangre -paterna- esto de jugar; él, que se prometió el cielo y está muy lejos de ni siquiera rozarlo; él, Gentile, sumido ahora en una incesante búsqueda de uno mismo, cual monje budista, en uno de los templos del baloncesto europeo como es el Antonio Magariños.

El italiano, que acaba de cumplir 26 años, iba para superestrella y se ha quedado por el camino. El Estudiantes es el sexto equipo de su carrera, aunque la inestabilidad es reciente: la colegial será la quinta camiseta que defienda en los dos últimos años.

Un ascenso meteórico

Ferdinando Gentile es considerado uno de los mejores jugadores de baloncesto que Italia ha dado al mundo. Él inculcó a Alessandro, desde muy pequeño, la pasión por la canasta. Pronto siguió sus pasos. Gentile junior, desde su etapa infantil en Treviso, fue uno de los mejores jugadores de su generación. El Olimpia Milan le reclutó con 19 años en el año 2011. Un año después, ya era el capitán del equipo.

La proyección de Gentile parecía imparable. Sobrado de talento y con una cualidades físicas inmejorables para el nuevo siglo. Un ‘3’ alto con capacidad de sumar en ambos lados de la pista y con una cabeza, que por aquel entonces, no suponía más problema que el carácter cambiante de un joven rebelde. Nada de lo que preocuparse. Por el momento.

FIBA

Pese a ser el gran foco de atención del basket italiano, Gentile no sintió presión alguna y se convirtió en una pieza fundamental en Milán a los pocos meses de llegar. El alero fue un soplo de aire fresco en el país mediterráneo, que pronto le consagró como uno de sus referentes. Los números no engañaban: valores superiores a los 15 puntos en la liga italiana y en la Euroliga, sin haber cumplido aún los 22 años. Sandro Dell’Agnello, exjugador, exinternacional italiano y luego entrenador de una decena de clubes, llegó a compararle con LeBron James: “Alessandro es un campeón y añado que en Italia marca las diferencias como LeBron lo hace en la NBA”.

Pasaban las temporadas y Gentile gozó de una estabilidad que le permitió aumentar sus galones en el equipo. En Milán ganó dos Legas (2013-14 y 2015-16), una Coppa (2015-16) y una Supercoppa (2016-17). Líder, responsabilidad y mando en un conjunto jerarquizado. Sus compañeros jugaban para él, y él para si mismo. Ese siempre ha sido su baloncesto y no habrá otro. Amasar posesión, crearse sus propios tiros. A su favor, que anota con suma facilidad -salvo en el triple, su gran escollo- y gana partidos. En el baloncesto de Gentile, un egoísta productivo, lo mental guarda un papel fundamental. Se avecinaban delirios de grandeza.

Los nubarrones llegaron para quedarse en la mitad de la temporada 2015-2016, aún siendo ésta la más gloriosa para el equipo de Milán, entrenado por Jasmin Repesa. Gentile vivía su mejor momento profesional, llegando a promediar 20 puntos en la Euroliga. Era uno de los jugadores más determinantes del Viejo Continente…hasta su primera lesión, de la que recayó en tres ocasiones. Problemas en la mano apartaron a Gentile del equipo y su relación con sus compañeros, ya fría de por si, acabó por congelarse.

A los problemas médicos se sumaron los psicológicos. El demonio ganó la partida al ángel en la cabeza bipolar de Gentile: el italiano se ausentó de varios entrenamientos con el Milán, argumentando razones físicas. Las relaciones entre directiva y estrella, hasta entonces cordiales, no fueron lo mismo. Los dirigentes pensaban que Gentile estaba más pendiente de su posible marcha a la NBA que de la temporada actual. Al final de la misma, el Armani Milán se alzó con el título de liga. Gentile, tras el encuentro, habló en rueda de prensa. “Estos cinco años en el equipo han sido muy intensos. He dado todo por esta camiseta ganando dos Ligas y una Copa. Creo que para un jugador de 23 años los resultados son satisfactorios. Y soltó la bomba: “Este campeonato es para mi familia. Mi madre y mi padre siempre han estado conmigo en los momentos más difíciles, cuando todo el mundo me dio la espalda. Sólo yo y mi familia sabemos lo que he sufrido este año

Un sueño truncado

Gentile había sido elegido por Minnesota en el Draft de 2014 (pick 53), aunque sus derechos recayeron en Houston. Los Rockets intentaron su fichaje en el verano de 2016, en el momento cumbre en la carrera de Alessandro. Su principal valedor: Mike D’Antoni, entrenador en la franquicia tejana y leyenda en Milán, donde jugó durante 13 temporadas.

Pero algo no les convenció, y nadie sabe muy bien el qué. Ni siquiera el propio D’Antoni encuentra una respuesta firme: “No sé porque no llegó Gentile. No era mi trabajo hacer que llegase aquí: yo soy el entrenador, no el director deportivo. Y me sabe fatal, me habría encantado tener un italiano más en la NBA. No me lo sé explicar, quizás nuestros dirigentes querían seguir un camino distinto. Me gusta mucho como jugador y creo que habría encajado bien en nuestra plantilla: es un gran atleta y con un gran sentido del juego, y luego viene de la familia del Olimpia…

El sueño americano de Gentile se esfumó y el italiano inició su cuesta abajo. Ya saben: cuanta más alta es la subida, mayor es el descenso. Si Gentile llegó a ser uno de los mejores ‘prospects’ europeos de esta década, tras su fracasado fichaje por los Rockets se convirtió en un jugador más.

Euroleague

No jugar en la NBA fue un golpe duro para él, pero el punto de no retorno representó la pérdida de la capitanía en Milán en favor de Andrea Cinciarini, nada más iniciar la temporada siguiente. Livio Proli, mandamás milanés, avivó el fuego: “Alessandro necesita decidir si sigue siendo un chico o un hombre maduro”. Órdago lanzado, pero hubo más: “Hizo algunos comentarios muy egoístas y dañó al equipo. El año pasado tuvo lesiones, sí, pero perdió confianza en su tiro y durante los playoffs sufrió un colapso psicológico. Ser profesional significa que aprendes para ser una persona madura. Tienes que ser serio y respetuoso con el equipo y fuera de la pista”.

Era evidente: Gentile abandonó el ambiente volcánico de Milán y se marchó, en calidad de cedido, a Grecia, al Panathinaikos. Nada mejoró: Sandro solo jugó ocho partidos en el equipo de Xavi Pascual. En marzo de la misma campaña, otra cesión, al Hapoel de Jerusalén -coincidió con y Amar’e Stoudemire -, y nuevo batacazo con apenas seis encuentros disputados.

Volvió a Italia alegando razones personales y rompió definitivamente con el equipo que le fichó con 19 años, a pesar de que aún les unía un año más de contrato. La situación era insostenible y no había vuelta atrás: Sandro Gentile estaba libre para firmar por cualquier equipo.

El hijo de Ferdinando fichó por un grande venido a menos: la Virtus de Bolonia. Por fin, aparecía un halo de luz entre tanta negrura: 16,8 puntos, 3,4 rebotes y 6,5 asistencias de promedio para liderar al equipo junto con Pietro Aradori. Gentile había recuperado sensaciones, pero no abandonaba hábitos negativos. Tanto deportivos (23% de acierto en triple) como de conducta: se peleó con un rival y le costó dos partidos de sanción. La Virtus no se clasificó para Playoffs y decidieron acabar su relación contractual.

Con la selección italiana tampoco ha tenido grandes alegrías. En sus primeras apariciones cogió el relevo de Gianluca Basile y maravilló a los aficionados. Pero la alta responsabilidad le pasó factura, con dos momentos trágicos en su carrera internacional: tanto en los cuartos de final del Eurobasket 2015 contra Lituania como en la final del preolímpico disputado en julio de aquel año frente a Croacia, Gentile tuvo en sus manos balones importantes a final de los partidos que, de haber anotado, habría clasificado a los azurri a disputar la semifinal del Eurobasket frente a Serbia y, sobre todo, a participar en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Después fue excluido del Eurobasket 2017, aunque regresó más tarde para disputar los partidos de clasificación para el Mundial 2019. Sin embargo, este mismo verano, Gentile decidió volver a probar suerte con los Rockets en la liga de verano. Como en 2016, no hubo firma de contrato. Gentile lo achacó a su famosa lesión en los dedos: “Hace dos años, después de la primera operación, volví antes de tiempo para ganar el ‘scudetto’ y el pulgar no recuperó bien. Después de la segunda operación, el dedo ha recuperado estabilidad. No aceptaba la idea de que el problema fuera tan serio, pero lo era. Reto a cualquiera a sujetar cualquier cosa con la mano sin usar el pulgar.

“Probablemente buscaré equipo fuera de Italia, donde piense que pueda expresarme más fácilmente”, terminó aquella entrevista. En Italia se han creado algunos prejuicios sobre mí, también por mi culpa. De nuevo, en la agencia libre.

Apuesta doble en Serrano

Hasta octubre, Gentile rehacía su vida en una pequeña localidad de Lombardía, Treviglio, entrenando con un equipo de la Serie A2, la Blue Basket. Hablaba diariamente con Pietro Aradori, confiándole sus dudas y temores profesionales. Él fue quien le recomendó el Estudiantes, que no había iniciado bien la temporada en la Liga Endesa.

El conjunto madrileño necesitaba un golpe de efecto y Gentile recuperar su baloncesto. En su cabeza, relanzar -o reordenar- su carrera. Está en el sitio ideal, otros lo han logrado anteriormente: Edwin Jackson, Sylven Landesberg o el propio Pietro Aradori. Hubo firma.

Willy Villar, director deportivo colegial, definió el fichaje como un “efecto llamada”. Acostumbrado a acertar, ésta es su apuesta más arriesgada. Apostar por un jugador como Gentile, con su historial, en plena decadencia profesional: la cabeza del italiano no es la de Jackson o Landesberg. Le otorga, desde hace un mes, las llaves del Ramiro, donde viven semanas convulsas con el descenso acechando.

Gentile también ha sido valiente: aceptar el reto de rescatar a un equipo histórico en la mejor liga de Europa, en la que la posibilidad de adaptación rápida es baja. Cuando se escriben estas líneas, nada ha demostrado. Lejos del ‘hype’ de su llegada a Madrid, los primeros partidos como demente no invitan al optimismo. Se le ve desganado, desacertado, con una lentitud evidente y a la gresca con los colegiados. Él, Sandro, ávido de balones, es un generador y finalizador casi continuo. Necesita paciencia y adaptación a los esquemas de un nuevo equipo, en el que además la continuidad del entrenador está en duda. El proceso será más lento de lo previsto.

ACB Photo / E. Candel

Cunden las alarmas en Magariños, no por Gentile, si no porque esas sensaciones las experimenta todo el grupo. La temporada apremia y el ‘Estu’ necesita sus servicios, más aún cuando se ha truncado el despegue de Edgar Vicedo -que renovó con honores la pasada- y Gian Clavell no es el anotador que se presuponía. Más allá de Darío Brizuela, el equipo madrileño no tiene un referente ofensivo.

En Serrano confían en el currículum y en el talento superlativo de Alessandro, aunque la clave, como en toda actividad humana, está en la testa. El tiempo proveerá las respuestas. Por ahora, la partida está en juego, con Gentile a los mandos de la consola estudiantil. Tras anhelos perdidos y muchas frustraciones, ha decidido pulsar la opción de reinicio. En la pantalla, de manera intermitente, solo una palabra cuyo significado siempre esconde dudas e incógnitas: loading…loading…loading…

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