No cabe duda alguna de que el ya de por sí ajetreado mercado estival en la NBA se ha visto agudizado esta campaña por los nuevos convenios televisivos y el aumento del tope salarial que han conducido al incremento en los salarios de los jugadores. Millones de dólares han sido repartidos este verano como nunca antes habíamos visto. Casos como el de Bradley Beal (128 millones a percibir en 5 campañas), Bismack Biyombo (72 por 4 años) o Timofey Mozgov (64 millones en 4 años para un jugador con medias de carrera inferiores a 7 puntos por partido y 5 rebotes) son varios ejemplos de contratos que ni los mismos beneficiarios habrían soñado hace unos años.

El paradigma de esta realidad no es otro que el acuerdo alcanzado entre Mike Conley y Memphis Grizzlies: el base de Indianápolis y sus agentes han cerrado un contrato de 153 millones de dólares por 5 años. La operación, criticada con ferocidad por gran parte de los medios americanos e internacionales, supone el mayor contrato en la historia del baloncesto por un jugador que ni ha sido ni probablemente sea All-Star en lo que aún resta de su opulenta carrera como profesional.

Sin embargo, y a pesar de lo escalofriante de las cifras, cabe plantearse la posibilidad de que Memphis Grizzlies no tenía quizás más opción que darle a Conley un cheque en blanco.

Tras ver a la ciudad volcada por y para la renovación de “Marc Gasol of Memphis” el verano pasado ($110M por 5), la franquicia de Tennessee suspiraba este verano por la continuidad de su otro pilar para así garantizar la competitividad del equipo en las próximas campañas. Dave Joerger, entrenador de la franquicia durante el último trienio y con resultados deportivos más que aceptables, fue destituido del cargo en favor del anteriormente asistente de Miami Heat, David Fizdale. Mientras tanto, la rumorología le colocaba a Conley la camiseta de diversas franquicias con agujeros en el puesto de base, como New York Knicks o Sacramento Kings (donde precisamente recaló Joerger).

Influido por la simultánea adquisición de Chandler Parsons (95M por 4 años), por el presumible agrado del nuevo entrenador y por esos fajos de dólares, Mike Conley hizo pública su renovación los primeros días de julio. Tampoco le quedaba más opción después de que el siempre inestable Tony Allen le amenazara de manera poco sutil: “Si te veo en Nueva York o en cualquier otro sitio, vas a sufrir una falta flagrante”. Robert Pera, propietario de la franquicia, lo oficializaba con un tuit cargado de ironía, aparente felicidad y quizás la tranquilidad de que a su juicio había tomado la dirección correcta.

Y también a juicio de muchos más.

Nunca fueron los Grizzlies un mercado atractivo. Ni en los años en los que deportivamente el equipo estaba hundido, ni cuando un joven imberbe nacido al otro lado del charco se empeñaba en ponerlos en el mapa, ni tampoco cuando a pesar de ir error tras error en las amargas noches de Draft el equipo crecía hasta alcanzar las 50 victorias en 2004, eliminar a San Antonio Spurs como seed #8 en 2011 o alcanzar las Finales de Conferencia en 2013. Memphis nunca vendió camisetas ni era rentable en televisión. Los agentes libres de interés nunca pronunciaban su interés por los ositos, porque su propietario, del club del puño cerrado, siempre intentó preservar los bloques y tener el mayor rendimiento con los menos dólares posibles.

Y así sigue siendo. Incluso en palabras del propio Conley en la rueda de prensa de su renovación queda patente esta sensación de infravaloración a una franquicia que las últimas 6 temporadas en el duro oeste las cuenta con apariciones en el PlayOff y más de 40 victorias en todas ellas: “Memphis is a basketball town, but we’re not viewed that way on the national map. Maybe it’s because the Grizzlies aren’t on TV as much …. And I’m tired of that. I’m tired of being underrated. I’m tired of being overlooked. We all are. In Memphis we don’t talk. We ball.”

Conley Grizzlies

Foto: SLAM Magazine

Y de aquí se extrae con facilidad la lectura de los que se han pronunciado a favor del traspaso: si Pera no hubiera gastado más de 150 millones de dólares en Conley, podríamos jugar a ser adivinos, pensar mal y con probabilidad acertar que no los habría invertido en nadie más. Porque en primer lugar, desde el punto de vista del propietario y conociendo el rácano pasado en cuanto a la agencia libre se refiere, no habría ofrecido esos millones por alguien que no fuera de la casa: Conley es el jugador que más partidos ha disputado con la camiseta de la franquicia, es el máximo asistente y ladrón y en breve será el máximo anotador histórico de Memphis Grizzlies superando a Pau Gasol. Y en segundo lugar, mirando desde el prisma de los jugadores que cada verano salen a la agencia libre en busca de dinero y mercado, nadie querría ir a una franquicia con poca apariencia televisiva, que compite en el Oeste y que quedaría con un solitario Marc Gasol como único hombre destacado.

Asimismo, la adquisición de Chandler Parsons, que pese a haber estado lastrado por las lesiones en los últimos tiempos puede ser una pieza interesante y hasta ahora desconocida para el esquema del “Grit and Grind” (que nunca ha contado con una referencia clara exterior anotadora más allá de Conley), aporta un futuro esperanzador para la franquicia: tres jugadores en su punto justo de madurez: Conley, Gasol y Parsons están entre los 27 y los 31 años, los tres tienen contratos largos garantizados y el equipo ya cuenta con una filosofía de juego establecida desde la era Hollins. No debemos olvidar la importancia de la experiencia en Playoffs y sobre todo, la de contar con una base de jugadores comprometidos y que encajan a la perfección en el esquema ‘grizzlie’: los veteranos de guerra Zach Randolph, Tony Allen o Vince Carter como paradigma de la garra, la experiencia y el saber hacer que la franquicia ha instaurado como bandera, y los Brandan Wright o JaMychal Green, que a la espera de no sufrir lesiones llaman a las puertas de ser jugadores interiores sólidospara la segunda unidad. Las firmas de James Ennis, Troy Daniels (48% en triples la temporada pasada) o Tony Wroten deben aportar profundidad de banquillo y variabilidad exterior. Y Conley, en la misma rueda de prensa, así dejó claro este pensamiento de continuidad:

“Our guys signing long-term deals will tell you everything you need to know: Marc signed a deal to stay in Memphis because he knew we had work to get done. Tony and Zach are staying, too. They’re here for the long-term. It says a lot about our chemistry. Teams like this aren’t built overnight.

That’s why I’m coming back to Memphis. Not just for a year or two. I signed a five-year deal because we’ve just barely scratched the surface on the things we’re planning to accomplish.”

Que 153 millones son de manera objetiva una locura por un jugador como Conley es muy cierto. Pero es tan cierto como que no había ni más ni mejores opciones reales en el mercado para Memphis que Conley por planificación futura, filosofía de juego y de gestión; que en unos años ese dineral será superado por decenas de contratos; o que, si las lesiones los respetan, se mantiene el bloque empeñado en llevar con pizarra y corazón el juego al barro y en utilizar a las torres como generadores del todo. Se mantiene el bloque al que ganarle cuatro partidos a partir de abril es un quebradero de cabeza desde hace más de un lustro. Se mantienen los Grizzlies.