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Costa a costa

Vacante en La Gran Muralla China

jakonako10@gmail.com'

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La irrupción de Yao Ming en la NBA allá por 2002 supuso un antes y un después en la apertura del baloncesto asiático, un gran desconocido hasta entonces, al mundo occidental. Y viceversa.

Si bien fue Wang Zhizhi el gran pionero en la mejor liga de baloncesto del planeta coincidiendo con el inicio de siglo, en un testigo recogido por Mengke Bateer, único jugador asiático con un anillo de campeón, un año después, no fue hasta la llegada de ‘La dinastía Ming’ cuando oriente aterrizó con fuerza en la cuna de la canasta.

Yao se asentó  instantáneamente como una de las grandes estrellas de la NBA, despertando, además, un interés sin precedente en su país de origen, donde se convirtió en un auténtico ídolo de masas.

Gracias al apoyo de sus congéneres, la torre de Shangai vio como su nombre fue catapultado al Monte Olimpo del baloncesto contemporáneo, siendo elegido para disputar el All-Star Game en todas y cada una de las temporadas en las que estuvo presente en la NBA, con salvedad de la edición de 2010, un año aciago a causa de las lesiones que supondría el principio del fin de su carrera.

El 20 de julio de 2011, la NBA añadió a sus filas a un prolífico embajador que ha trabajado, desde entonces, de forma incansable con el fin de extender el nombre de la competición por el continente asiático. En su lugar, perdía a uno de los mejores pívots del siglo XXI e icono magnánimo de un país cada vez más entusiasta y ligado con el deporte de la canasta.

Sin embargo, la ascensión de Asia dentro de la mejor liga de baloncesto del mundo se vio abruptamente cortada desde la marcha de éste último, en un vacío imposible de rellenar desde entonces pese a las altas expectativas creadas y los numerosos intentos de la federación por encontrarle digno sucesor.

De hecho, de dos octavos puestos en Atenas 2004 y Pekín 2008, mejores resultados en su historia, la selección china, ya sin Yao entre sus filas, ha pasado a abandonar sus breves periplos en Londres y, más recientemente, en Río de Janeiro, sin conocer la victoria. Mientras, una decepcionante actuación en el FIBA Asia de 2013, torneo en el que concluyeron en quinta posición, les privó de disputar el Mundial de España de 2014 en detrimento de los combinados de Irán, Filipinas y Corea del Sur.

Nueve años han tenido que pasar para que un nuevo producto del baloncesto oriental, Zhuo Qui, haya visto su nombre en la noche del Draft tras ser seleccionado en la 43ª posición por Houston Rockets en la cita celebrada hace apenas dos meses en el Barclays Center de Brooklyn, morada de unos Nets en horas bajas.

Curiosamente, la CBA, liga doméstica del gigante asiático, se ha convertido en los últimos años en una de las competiciones más atractivas para una nutrida cuadrilla de figuras de la NBA que, por una razón u otra, no han podido mantener su nivel ni garantizar un puesto en ninguna franquicia y que han optado por hacer las maletas sin renunciar, por otro lado, a un suculento contrato en un territorio muy alejado de su hábitat natural.

Mientras esperamos la evolución de esta nueva camada de jugadores ansiosa por triunfar y devolver al continente asiático a la primera línea del panorama mundial, desde SkyHook hemos querido realizar un pequeño repaso, más allá del ya mencionado Yao Ming, por los distintos ‘combatientes’ nacidos en el lejano Oriente que han llegado a disputar algún partido oficial en la NBA.

WANG ZHIZHI

Foto: NBA

WANG ZHIZHI (2000-05)

Hace apenas unos meses confirmó su retirada de las canchas de baloncesto el primer jugador asiático en jugar en la NBA.

Nacido en Pekín, Wang fue seleccionado en la 36ª posición del Draft de 1999 por Dallas Mavericks después de que Don Nelson quedará impresionado con su altura durante un torneo de categorías inferiores celebrado en Rusia unos años atrás.

Pese a crecer admirando a auténticos maestros de la canasta como Hakeem Olajuwon y Charles Barkley, su odisea en el baloncesto norteamericano fue intranscendente, actuando como pívot reserva.

Aún así, Wang pudo prolongar su sueño americano durante un total de cinco temporadas, durante las cuales disputó un total de 137 partidos, mientras defendía la camiseta de tres franquicias diferentes (Dallas Mavericks, Los Ángeles Clippers y Miami Heat).

Posteriormente, haría las maletas de regreso a su país natal y, más concretamente, a las filas de los Bayi Rockets, equipo donde debutó como profesional en 1995 y en el que se retiraría dos décadas después.

MENGKE BATEER (2001-04)

Nunca tan poca participación e impacto en el juego de un equipo obtuvo una recompensa tan grande.

Después de una más que discreta temporada debut en los Nuggets, en la que se convirtió, por otro lado, en el primer jugador chino en ser titular en un partido oficial de la NBA, su buena actuación en el Mundial de Indianápolis en 2002 fue suficiente para que Gregg Popovich le diera una nueva oportunidad en unos Spurs en los que Tony Parker y Manu Ginóbili daban sus primeros pasos.

Su presencia volvió a ser meramente anecdótica debido a sus carencias técnicas y dificultades para adaptarse al alto ritmo de la liga pero suficiente para sumar el primer, y único, campeonato de la NBA para el baloncesto chino.

Tras ello, tan solo disputaría siete partidos más, esta vez con la camiseta de Toronto Raptors, regresando, meses después, a su país natal, donde alternaría diversas distinciones individuales, como el de MVP del All-Star de la CBA en 2005, con incidentes deportivos, entre los que destaca su sanción de dos partidos y, por ende, exclusión del premio al MVP de la temporada tras una acalorada discusión con un árbitro.

En resumen, un total de 46 partidos en la NBA con unos promedios de 3.4 puntos y 2.5 rebotes en poco más de diez minutos por encuentro.

YUTA TABUSE (2004)

Tan fugaz como llamativo fue el paso de este menudo base japonés por la NBA.

Después de brillar en el Noshito Technical High School, a cuyo equipo lideró a tres campeonatos consecutivos sin perder ni un solo partido fruto de su energía, explosividad y descaro con el balón, impropios del baloncesto asiático ‘estándar’, el training camp de los Suns en verano de 2004 le abrió las puertas de la NBA.

En la cálida Arizona su desparpajo, velocidad y facilidad para repartir el juego sorprendieron gratamente a Mike D’Antoni y su cuerpo técnico, recompensando su rendimiento con un puesto en el equipo.

Sin embargo, y a pesar de anotar siete puntos en apenas diez minutos en su partido de debut ante Atlanta, Tabuse solo disputaría otros tres partidos, promediando menos de tres minutos en cada uno de ellos.

Tras ver reducida su importancia a la mínima expresión y caer relegado al ostracismo en forma de despido apenas unas semanas después, Tabuse compaginó la D-League con la liga de su país mientras luchaba por una nueva oportunidad en la élite que nunca llegó a recibir.

HA SEUNG-YIN (2004-06)

Otra ‘Gran Muralla China’ que pasó con bastante más pena que gloria por la NBA, aunque con el imborrable honor de haberse convertido en el primer surcoreano en disputar un partido en la mejor liga de baloncesto del planeta.

Pese a brillar en el circuito universitario de su país natal, sus 2.21 centímetros de altura fueron insuficientes para solventar sus preocupantes limitaciones y su odisea en la competición se prolongó apenas dos temporadas y un total de 70 puntos en 46 partidos tras ser ‘crucificado’ por Nate McMillan, ampliamente reconocido por no poner la mano en el fuego por los recién llegados a la liga.

Sin sitio en la NBA y tras una corta experiencia en la D-League, Seung-Yin regresó a Corea del Sur, país en el que es todo un ídolo y con cuya selección conquistó sendas medallas de plata y bronce en los Juegos Asiáticos y el Campeonato FIBA Asia de 2010 y 2011, respectivamente.

Actualmente milita en las filas del Jenjou KCC Egis, donde recaló en 2008.

YI JIANLIAN

Foto: ESPN

YI JIANLIAN (2007-12, 2016-ACTUALIDAD)

Seleccionado en la sexta posición del Draft de 2007 por los Bucks, Jianlian volverá a vestirse de corto en la NBA esta próxima temporada de la mano de Los Ángeles Lakers después de completar una notable actuación en los Juegos Olímpicos y de dominar con autoridad la competición doméstica china durante el último lustro (cuatro premios al MVP de la temporada).

Si bien nunca llegó a cumplir con las altas expectativas que lo situaban como el sucesor natural de Yao Ming, su innegable calidad y nutrido abanico de recursos en ataque lo convierten en un jugador más que interesante.

En sus cinco temporadas en la NBA, Jianlian disfrutó de una gran cantidad, principalmente en unos Nets en los que se asentó como el ‘4’ titular durante dos años. También defendió la camiseta de Bucks, Wizards y Mavericks. A sus 31 años, el gigante de Heshan regreso a la élite del baloncesto mundial en el mejor momento de su carrera y con una oportunidad inmejorable de demostrar su talento.

SUN YUE (2008-09)

Los Lakers intentaron a finales de la pasada década su asalto particular al mercado asiático con la contratación de Sun Yue, un versátil y disciplinado jugador que podía ocupar todas las posiciones exteriores de la cancha gracias a su altura (206 centímetros) y visión de juego.

Sin embargo, las esperanzas californianas de los entrenamientos privados predraft se difuminaron de inmediato fruto, a partes iguales. de un rendimiento cuestionable y de una mala suerte con las lesiones. De hecho, Yue no firmó su debut en la NBA hasta diciembre de 2008 a causa de una mononucleosis  que lo mantuvo en el dique seco durante casi cuatro meses.

En definitiva, mucho ruido y pocas nueces de un jugador cuya experiencia en la NBA se limitó a 28 minutos y al que un grave esguince de tobillo privó también de ganarse un hueco en la Liga de Desarrollo.

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A las puertas de lo imposible

sergiconcha@skyhook.es'

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El 22 de junio de 2017, el CB Prat anunció la contratación de Arturo Álvarez como entrenador principal. Un técnico con experiencia incluso en Brasil y Portugal que llegaba con una gran temporada en Araberri bajo el brazo. Ese 22 de junio, aunque nadie lo podría suponer, cambió la historia reciente de un club con 86 años a sus espaldas y que ha llegado en este curso a su cénit deportivo.

Esta era la cuarta temporada consecutiva del equipo en LEB Oro, una competición exigente con un gran nivel de jugadores ilustres como Jordi Trias, Dani Rodríguez, Ricardo Úriz o Nacho Martín, junto a jóvenes promesas que esperan un trampolín para alcanzar la ACB. Hasta la fecha, el mejor resultado obtenido por el conjunto potablava (nombre de un ave muy común en el Prat) había sido un decimotercer puesto, logrado el pasado curso todavía bajo el paraguas de una estrecha colaboración con el Joventut de Badalona, una colaboración que este año se puso en stand-by con miras a retomarla en un futuro cercano. La realidad de la entidad, con el presupuesto más bajo de la competición, era luchar por salvar la categoría, como lo ha venido haciendo desde que consumaron el ascenso en 2014, pero Arturo ha catapultado al equipo a un nivel jamás visto que les ha situado en el foco del baloncesto español y a estar a un paso de disputar la gran final por el ascenso a la mejor competición europea de clubes.

Dentro de unos parámetros muy marcados y unas pretensiones muy ajustadas, el técnico asturiano, junto a la directiva, confeccionó una plantilla de nivel con una mezcla entre jugadores jóvenes y veteranos que ha resultado decisiva. Al proyecto se unieron nombres del calibre de: Josep Pérez, Marc Blanch, Emanuel Cate y Martynas Andriuskevicius, ya con experiencia en España o jugadores que aterrizaban aquí por primera vez como: Alex Campbell, Marlon Johnson y Caleb Agada. El inicio de curso fue fulgurante y aúpo al equipo catalán a la primera plaza con once victorias en los primeros doce encuentros.

A medida que la temporada avanzaba y el objetivo de mantener la categoría ya parecía encaminado, era cuestión de batir récords. A mediados de enero el equipo ya había superado los 13 triunfos cosechados en la 16/17, justo antes de quedar apeados, solo por el basket average, de disputar la Copa Princesa, que enfrentó casualmente a los dos equipos que han logrado el ascenso: Breogán y Manresa. En vistas que los playoffs eran un hito alcanzable, el club se reforzó en miras de un crecimiento inesperado con Saúl Blanco y Pep Ortega, que cumplía su tercera etapa en el equipo.

Foto: Luiggi García

La temporada regular acabó con 25 victorias y solo 9 derrotas, doce más que la anterior y un segundo puesto histórico que les otorgaba el factor cancha a favor en todas las eliminatorias por el ascenso. “Es algo irrepetible”, se escuchaba entre los aficionados que acudían al pabellón Joan Busquets a animar a su equipo. Una cancha, que con una capacidad cercana a las 600 personas, era la más pequeña de la categoría. Desde su humilde morada, el equipo liderado en la cancha por Agada y Cate, dos jugadores que veremos en categorías superiores muy pronto, se impuso 3-0 a Carramimbre Valladolid y compraba así su ticket para semifinales.

Allí esperaba todo un portentoso Melilla Baloncesto, uno de los equipos históricos de la LEB Oro que disputaba su sexta semifinal con Mamadou Samb, Diego Kapelan, Fran Guerra o Dani Rodríguez en sus filas. Tras ganar cada uno un partido en casa y a domicilio, el decisivo encuentro se iba a disputar en un Busquets que prácticamente doblaba su aforo permitido, registrando la mejor entrada de su historia por encima de las 800 personas. Caprichoso el destino, el partido iba a decidirse en los últimos segundos a favor de un Melilla que fue perdiendo durante más de 39 minutos, pero que tuvo la suerte y experiencia necesaria para darle la vuelta al marcador y apear del sueño a un Prat que había obrado por encima de sus expectativas.

Pese a quedar a las puertas de disputar la final por el ascenso a ACB, las posibilidades eran remotas. “No tenemos ninguna opción de jugar en ACB, es imposible. Si acabamos subiendo, renunciaremos”. Declaraba el presidente del club, Arseni Conde, cuando todavía se estaban disputando las semifinales al Diari Ara. Para la temporada que viene, el club deberá volver a reinventarse una vez despertados del sueño. Arturo Álvarez ya ha hecho oficial que no seguirá en el club, en parte debido a un presupuesto que debe ajustarse más si cabe tras el esfuerzo presente. Además, muchos de los jugadores importantes cuentan con ofertas muy superiores tras brillar en un Prat que ha escrito una de las páginas más bonitas del baloncesto español este año.

“Hay que hacer un paréntesis en la historia del club para valorar este año”, decía Arturo en su última rueda de prensa. Una historia que ha llevado a jugadores como: Guillem Vives, Pau Ribas, Henk Norel o Christian Eyenga, a defender los colores del CB Prat gracias a un vínculo con la Penya que empezó en 2004. Curiosidades del baloncesto, ha sido el año de la desvinculación cuando el proyecto ha tocado techo para ahora quedar en un futuro incierto, donde al menos ya se han ganado el respeto de toda la competición y donde ahora los aficionados esperan poder seguir celebrando victorias hasta que algún día, quien sabe, puedan derrumbar la barrera imposible de jugar en ACB.

Foto: Luiggi García

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Michael Porter y el dilema del Draft

periz.oscar@gmail.com'

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Nuevo entrenador, equipo renovado y con el mejor prospect de la nación. Eran los primeros instantes de una nueva e ilusionante era en Columbia, Missouri. Los Tigers empezaban un año esperanzador y con objetivos diferentes y opuestos a lo que estaban acostumbrados en los últimos años. Esa reconstrucción sin rumbo, con la llegada de Cuonzo Martin al banquillo, en Mizzou se empezó a ver algo de luz al final del túnel, pero aquello no sería lo único que cambiaría el programa de Columbia en verano.

Michael Porter Jr, considerado el mejor jugador de su generación, rompía su compromiso con la Universidad de Washington una vez conocida la noticia de que Lorenzo Romar era despedido como entrenador de los Huskies después de 15 temporadas en el cargo. Unos últimos años en la intemperie y más bien discretos pasaron factura. A la vez, con el despido de Romar, Michael Porter Sr, padre de Michael Jr. y miembro del staff técnico, tampoco continuaría en el proyecto de Washington. Ese sería un movimiento decisivo, porque con Michael Sr. uniéndose al staff de Cuonzo Martin, la posibilidad de que la estrella del instituto Nathan Hale recalara en Mizzou era una posibilidad más que real.

El siguiente paso de Porter ya estaba marcado. Regresaba a su tierra, Columbia, para unirse a los Tigers tal y como se especulaba una vez sabido que no acudiría a Washington. Todo quedaba en familia y en casa. Michael Jr coincidiría en Mizzou con su padre (Michael Sr), hermanas (Bri y Cierra) y también con su hermano menor (Jontay), que se comprometería con los Tigers un poco después de hacerlo Michael.

La llegada de un recruit de la talla de Michael Porter Jr catapultaba hacia arriba las aspiraciones de Missouri a corto plazo, porque todos –incluso él mismo- sabían que esa etapa no iba a durar mucho. Las cualidades de MPJ estaban muy bien consideradas por los scouts NBA incluso desde mucho antes de pisar la universidad, y su potencial, algo que se valora al alza en estos tiempos, ya era de súperestrella. Su dominio y sus números en Nathan Hale HS no hacían más que confirmarlo.

Llegó el día del gran estreno de los Tigers ante su afición. Missouri pasó por encima de una endeble Iowa State que no pasa sus mejores días, pero el triunfo de los de Cuonzo Martin quedó en un segundo plano. ¿El motivo? Michael Porter Jr, tras dos minutos de partido en los que anotó un mate, se sentó en el banquillo y no volvió a jugar. Sintió unas molestias que, por precaución, le dejaron sin jugar los siguientes partidos a la espera de obtener más pruebas.

Foto: NCAA.com

La peor de las noticias llegó: Michael Porter Jr. no jugaría más en su primer (y posiblemente último) año con Missouri. Se le diagnosticó un problema en dos vértebras que le dejarían en el dique seco hasta final de temporada, y dicha lesión requería pasar por el quirófano. La lesión de MPJ dejó, por otro lado, algunos frentes abiertos y libres para la especulación, como el de cómo habría sido su etapa en Mizzou o, por otra parte, cómo afectaría esta situación a su futuro más cercano: el Draft.

Un caso familiar

Esta situación tiene sus paralelismos con el caso reciente de Ben Simmons en LSU, incluso como el de Markelle Fultz en Washington. Jugador TOP de la Class se compromete con una universidad fuera del universo de las powerhouse del estilo de Kentucky, Duke, Kansas o Arizona.

Estaba claro que el australiano iba a ser el jugador por el que iban a pasar prácticamente todos los balones, y el plan de juego tampoco sugería un cambio hacia otra dirección. En resumidas cuentas: un gameplan limitado y previsible centrado en la gran estrella. La falta de un ‘plan B’ y ‘plan C’ de Johnny Jones, entonces técnico de LSU, mermó seriamente a unos Tigers que, salvando a Simmons, ni siquiera pisaron el March Madness cuando las previsiones les situaban arriba. La realidad era otra.

Algo que nunca sabremos con Porter Jr bajo la batuta de Cuonzo Martin. Si jugamos a especular, es cierto que entre esa LSU y la actual Missouri existen ciertas similitudes justo antes de conocer el alcance de la lesión de Porter, pero la lesión del jugador distorsiona tal relato. Ambos casos contaban como objetivo llegar al March Madness, pero también es verdad que Mizzou cuenta con mejor presencia y reputación en el banquillo y, por inri, más (y mejor) talento en la plantilla que esa LSU, carente de otras figuras trascendentes.

Ser o no ser pick #1

Con Porter estando en plenitud de condiciones, el próximo número 1 del Draft no tenía color, fuese cual fuese el primer equipo en elegir. Michael Porter Jr representa el tipo de prospect ideal para el baloncesto moderno: gran técnica para jugar por fuera, con la altura y movilidad de un alero y con la envergadura de un pívot. Porter, junto a Ayton, es considerado el mejor proyecto de estrella de la próxima generación y es probable que su lesión afecte a su stock en el Draft, aunque de hacerlo, afectará mínimamente. Y en un escenario excepcional como este, Porter caería como mucho uno o dos puestos en el Draft.

Ante un proyecto de futuro de ese calibre, resulta improbable que Porter caiga más allá del ‘Top 3’ incluso a sabiendas de que ha jugado solamente dos minutos en toda la temporada y de las temporadas que están realizando DeAndre Ayton, Marvin Bagley, Luka Doncic o Mo Bamba, que son los otros candidatos que van a estar en las quinielas para estar entre los tres primeros. Cualquier otra cosa que no sea figurar entre los tres primeros picks sería una sorpresa mayúscula, y también un regalo.

Otra variante decisiva será la de si Porter se ha recuperado plenamente de su lesión o no, pero todo hace indicar que MPJ estará 100% recuperado una vez lleguen las fechas para realizar workouts con franquicias NBA.

Tampoco está descartado el frente en el que MPJ decida seguir un año más en Missouri, pero a día de hoy es un escenario que parece difícil que se cumpla. Aunque su falta de ritmo competitivo puede ser un inconveniente en sus primeros días como profesional, su cartel en la NBA es elevado y será difícil dejar pasar ese tren.

Cualquier cosa que acabe sucediendo, una cosa es cierta: Michael Porter Jr. ya es, al igual que Kyrie Irving en su día o incluso Joel Embiid, uno de los grandes “qué hubiera pasado si…” de los últimos años en la NCAA. En una class tan abierta como la que se presenta próximamente, va a ser difícil dejar pasar a tal talento debido a una lesión.

La presión será para el primero en elegir. Y mientras, el resto ya se está frotando las manos.

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Collin Sexton, el mundo a su merced

bryangn@gmail.com'

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Hay un popular dicho que dice que «donde menos se piensa, salta la liebre», algo que le viene como anillo a esta competición, y que nos podría valer para identificar la llegada a la liga de Collin Sexton. El de Atlanta se ha convertido en uno de los grandes atractivos de esta nueva temporada universitaria, y con apenas 18 años tiene todo lo necesario para triunfar al nivel que él mismo se exija.

Sexton no es el modelo de base anotador empedernido que buscar desquiciar a su rival para la canasta fácil, ni el típico jugador que busca destacar a base de highlights, y ni mucho menos un base sensato y sosegado que busca gestionar la distribución de balones a sus compañeros en ataque. Es más, no existe a día de hoy un modelo predeterminado para encasillar a Sexton como base. Es un artista con el balón en su poder, uno de esos jugadores anárquicos que parece que deambulan como pollo sin cabeza, pero con altas dosis de creatividad y talento en vena. Es, sencillamente, un jugador diferente a los demás.

Desde los suburbios de Atlanta a ser considerado uno de los grandes nombres del próximo draft de rookies. La historia de Collin Sexton comenzó a forjarse en su Pebblebrook High School, donde ya comenzaba a llamar la atención de muchos ojeadores de todo el país con apenas 16 años, un pequeño y rápido base de gran ética de trabajo y un físico demoledor que resultaba imparable para la defensa rival, y que ya había liderado con maestría a su High School a cotas importantes a nivel estatal. Pero fue una llamada la que realmente le hizo ver que podía aspirar a ser alguien relevante para su comunidad, su instituto y también para sí mismo.

La vida le dio un giro de 180 grados después de que la mismísima USA Basketball le invitase a formar parte del campus de entrenamiento para el próximo Mundial U17 que se iba a celebrar en España en 2016. Una oportunidad única a la que sólo unos pocos privilegiados tenían acceso, y que a diferencia de otros compañeros de generación que ya habían hecho sus pinitos con el uniforme nacional, para Sexton era algo totalmente novedoso. Esto le motivó notablemente, y cambió su actitud y su forma de trabajar.


«Quería estar en ese equipo costase lo que costase», aseguraba su entrenador en el instituto, George Washington. «Muchos de esos jugadores ya eran conocidos, y tenían mucho ganado. Yo le decía a Collin: ‘tu trabajo es ser el más duro de todos, trabajar más que nadie, y así nadie te puede negar estar en ese equipo’».

Su duro entrenamiento personal para estar en Colorado Springs, lugar designado para el campus, fue tremendamente exigente. Su jornada constaba de tres entrenamientos diarios, comenzando el primero a las seis de la mañana con un trabajo específico en la cancha con un asistente del equipo de baloncesto, para retomarlo por la tarde para trabajar en el gimnasio con pesas y cardio y finalizar por la noche con ejercicios de tiro a canasta. Un menú que se repitió durante varios meses y al que Sexton no falló ni un solo día. Recordemos, todo esto viniendo de un chaval de 16 años que aún estaba en su año junior de instituto, y al que le había tocado madurar a la velocidad de la luz.

Cuando llegó a Colorado Springs, vio que todo el esfuerzo había merecido la pena, y su nombre era uno de los elegidos para defender a su país en Zaragoza ese mismo verano. Pero esto no iba a ser más que el comienzo de un ascenso en el que –a día de hoy– no ha visualizado todavía la cima.

Ese número 8 del combinado USA no pasó inadvertido para nadie en Zaragoza. Ese equipo orquestado por Donald Showalter estaba hecho a la medida de Sexton: jugadores muy abiertos con muchísimo espacio para correr, un ritmo de juego altísimo, una agresividad e intensidad en ataque y defensa inusitada y muchísimo poderío físico. Y hay que decirlo, un grupo de jugadores que también formaban una cohesión de grupo y una fuerza coral dignas de mención.

Lo más sorprendente de todo, es que Collin Sexton se había coronado en lo más alto de esa pirámide de talento y fama internacional en la que se había convertido este combinado USA. Su habilidad para romper la defensa rival a base de potencia de piernas, de transiciones donde tardaba nanosegundos en llegar a la pintura rival desde su propio campo, de intensidad en defensa para robar balones y también para lanzar desde cualquier punto de la pista. Pero, sobre todo, magia con el balón entre las manos y auténtico espectáculo destrozando el aro rival. Un MVP más que merecido.

Sin lugar a dudas, Zaragoza fue la ciudad que encumbró definitivamente a Sexton y lo hizo saltar a la palestra de los nombres más destacado de la próxima clase de 2017, y su gran actuación posterior en el circuito EYBL –donde rompió el récord anotador del mismo de ese mismo año– no hizo más que confirmar que estábamos ante un talento en ciernes. Collin Sexton había pasado de ser un pequeño base unranked del que pocos habían oído hablar a ser un prodigioso base de cinco estrellas por el que las universidades se iban a dar golpes, todo en apenas doce meses.

«Nada ha cambiado», dijo Sexton en una entrevista el pasado verano. «Solo tenía que ponerme en frente de las personas adecuadas para mostrar mis talentos y hacer lo que mejor hago: jugar duro todo el tiempo».

Como era de esperar, muchas fueron las universidades que llamaron a su puerta, restringiendo su interés en seis programas: Alabama, Georgia, Georgia Tech, Kansas, North Carolina State y Oklahoma State, para finalmente decantarse entre los Crimson Tide y los Jayhawks en un programa especial de televisión emitido a nivel nacional por ESPNU, donde finalmente Sexton sorprendería escogiendo al conjunto de Avery Johnson.

«Son geniales y tienen un gran ambiente“, dijo Sexton en una entrevista a 247Sports. “El entrenador Avery Johnson es un entrenador muy bueno, me dijo cómo podía encajar en el programa y cómo podía ayudarme. Heredó el equipo el año pasado, por lo que no pudo traer a sus jugadores, pero fue capaz de convertir a los jugadores que no lo estaban haciendo bien en buenos jugadores. Es algo especial».

El compromiso de Sexton siguió ipso facto el de John Petty, otro talentazo exterior de la clase de 2017 al que John Calipari ya tenía echado el lazo desde hace tiempo. Así, Alabama volvería a resurgir a nivel nacional con estas dos pequeñas perlas comprometidas bajo el estricto Avery Johnson.

Foto: www.hoopseen.com

El último año de Collin en el instituto con Pebblebrook High School fue un paseo militar en lo personal, promediando casi 30 puntos por encuentro y guiando a su instituto al campeonato estatal, donde finalmente acabaría perdiendo. Pero eso sí, conseguiría ese pasado verano sus tres grandes objetivos que se había marcado: liderar la EYBL en anotación, volver a ser invitado por la USA Basketball para defender la camiseta nacional y ser nombrado McDonald’s All-American. Sexton ya lo tenía todo para ir al siguiente nivel.

Sin embargo, la reciente investigación del FBI por corrupción en varios programas universitarios de la NCAA Division I acabó afectando también a su debut como freshman en la competición. El ya ex-administrador de la universidad, Kobie Baker, fue acusado por el FBI de tener un trato ilegal con un asesor financiero para ayudar a ciertos jugadores económicamente a cambio de que éstos firmasen con dicho asesor durante su travesía universitaria y profesional. Según los documentos del FBI, se produjo una cena en un restaurante del área de Atlanta –de donde es Sexton– entre Baker, el asesor financiero y «el padre de un gran jugador de esta clase de reclutamiento», aunque nunca fue probado públicamente que fuese el padre de Collin Sexton.

La NCAA no lo dudó un instante, y suspendió la elegibilidad de Sexton indefinidamente hasta que se esclareciese este hecho.

Por fortuna para los fans de Sexton y de la NCAA, el prometedor base de Atlanta únicamente se perdió el debut oficial ante la universidad de Memphis, además de todos los encuentros de pretemporada, y este año estamos disfrutando de él a pleno interés.

Su paso por los Tide está siendo de todo menos previsible. Promediando más de 20 puntos por noche, su gran actuación personal la tuvo en un partido de locos ante la universidad de Minnesota, donde Alabama acabó jugando durante muchísimos minutos con solo tres jugadores en pista –uno de ellos Sexton– por diversas expulsiones que dejaron en cuadro a los Tide. Sexton se echó el equipo a sus espaldas y mantuvo la tensión del encuentro hasta pocos segundos antes del final, donde finalmente cedió la victoria.

Pero Sexton hizo historia esa noche, ya que sus 40 puntos –31 de ellos en la segunda mitad– son ahora el récord anotador de un jugador de Alabama de primer año desde los 43 de todo un Reggie King en 1973. Y, sobre todo, ha dejado constancia a toda la competición de que este año va en serio en la búsqueda del Bob Cousy Award y de una plaza de privilegio en el próximo draft de rookies.

Su agresividad con el balón, su pasión por el juego y su determinación en la pista son impropias de un jugador de su edad. Su instinto ganador y de superación le puede catapultar entre los cinco mejores de su generación, y la ausencia de bases de gran nivel en este draft puede hacerle subir algún puesto extra en el ranking. Sin techo en el horizonte, es una de las grandes perlas que la NBA explotará en los próximos meses.

 

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